martes, julio 31, 2007

Se apaga una luz de invierno














Ha muerto Ingmar Bergman.

Esta es una crítica que escribí, hace décadas, a una de sus cintas.


Luz de Invierno
Un sacerdote en crisis, que ha perdido la fe, celebra misa en una semivacía iglesia nórdica. Rechaza las ofertas de amor de la mujer (atea) que lo ama. No logra convencer a un pescador paranoico de que la vida vale la pena. No logra consolar a la esposa del pescador luego de que éste se suicida. Acaba oficiando una misa a la que sólo asisten el capellán y la mujer que lo ama.
Tema recurrente de Bergman -sobre todo en la época que va de "El Séptimo Sello" a "Silencio"- es el silencio de Dios. El hombre habla con un Dios que insiste en no manifestarse, quizá porque no existe. Y la incomunicación con Dios se reproduce: es incomunicación entre los hombres, es soledad. Bergman habla de esta y otras soledades, de la fatal incomprensión de las cosas a la que el hombre parece estar destinado.
El problema que se deja, ambiguamente, entrever, es la mentira que rodea al pastor, hombre que detenta el poder y efectúa la ceremonia -y la vida como ceremonia-, que se ha casado con las ideas, con las abstracciones, y que éstas se le escapan, dejándolo fuera de la realidad tangible y la mentira que rodea a la mujer que lo ama, incapaz de devolver al pastor al mundo (o, en sus propias, más verídicas palabras, demostrarle que lo ama). Ella es la única fuerza capaz de darle sostén a un hombre que ha ya perdido todo, que se ve frente al espejo y se da cuenta de que detrás de su fachada existe un pequeño ser indefenso, egoísta e incapaz de enfrentar "el mal" (la fealdad, la injusticia, la realidad), pero que prefiere hablarle a los fantasmas de una iglesia desierta, de un templo que el hombre ha dedicado a su idea del absoluto; que a final de cuentas se queda con su poder de utilería y con su soledad.
Marta -la mujer que lo sigue- conoce la fragilidad interior del pastor y lo ama posesiva, un poco maternalmente, pero infundiéndole un ánimo terreno que sería la única posibilidad de salir a la vida, de ser sacado del insoportable silencio de un Dios que sólo se manifiesta en formas feroces. Ella no habita el mundo de las ideas, no es ningún fantasma ideal -a diferencia de la primera mujer del sacerdote, a la que conocemos sólo por referencias-, y si llega a desafiar el silencio de Dios es por cosas concretas (esta característica es general en las mujeres del film: cuando sabe, por boca del pastor, del suicidio de su marido, la mujer del pescador rechaza la oferta ideal de rezar y mejor le da, realista, la noticia a sus hijos).
El hombre no comprende porque está encerrado en las instituciones, en la idea. La mujer sí entiende, pero no puede hacerlo entrar a la vida, porque eso que llamamos vida está dominado por tales abstractas y concretas iglesias. En ese sentido, la mujer sufre de la pasión y de la certeza final de la incomprensión, pero no por eso ceja.
Como se puede deducir, hay muy poca acción en el film, pero Bergman se las arregla para no ser nunca aburrido, dando a la película un tono acompasado, regular, que hace un interesante contrapunto con el ritmo interior de los personajes, que se desarrolla a velocidad desenfrenada. Esta calma exterior, esta aparente estaticidad, evitan que la obra se convierta en un melodrama farragoso y le otorgan, al mismo tiempo, su cualidad grande: una sobria claridad.
Efectivamente, la película nos da una fría, pero muy humana, luz de invierno.

miércoles, julio 04, 2007

Biopics: Buscando chamba

Cuando estábamos en tercer semestre casi todos teníamos unas ganas locas de salirnos de casa. Una especie de himno era la canción “Jugar a la Vida”, de Enrique Ballesté, que decía: “En mi casa las paredes se respetan como a un dios/ en mi casa hay una iglesia que se llama comedor”. Vivir con tus padres era vivir con anclas o grilletes: ser dependiente y, de paso, mantenido. El anhelo era salir, tener un depa chiquito, un estudio, tal vez compartidos. Con dos mil pesos al mes la hacías. El chiste era buscar una chamba que te permitiera seguir estudiando (con el defecto de que en esos tiempos, el concepto chamba descontaba cualquier tipo de trabajo manual: nada de andar mesereando o preparando baguettes).

El hermano de la ex novia de Julián tenía un trabajo padrísimo. Era modelo en San Carlos. Se desnudaba, se ponía en la pose que indicaba el maestro, se quedaba inmóvil y los estudiantes lo dibujaban: ganaba 35 pesos la hora. Me dije: “esa es una buena chamba, te pones a meditar por un par de horas y te llevas 70 baros”. No tomaba en cuenta que este cuate era todo tranquiiilo, leeento, que masticaba 25 veces cada bocaaado.

Y, en vez de hacer lo lógico, que era apersonarme en San Carlos o La Esmeralda, me puse a ver los avisos de ocasión. Así fue que llegué a un estudio de la zona rosa. El cuate me recibió muy amable, me explicó que no era pintor, sino fotógrafo, y que pagaba 40 pesos la hora. Me enseñó algunas de las fotos. Me parecieron medio raras: recuerdo una de un chavo joven, lampiño, desnudo, junto a un maguey muy puntiagudo. Me hizo unas cuantas preguntas, le dije mi edad, que estudiaba, que practicaba atletismo. Me pidió que me desnudara. “Los calzones también”, dijo cuando vio que no me había quitado mis Rinbros. Tenía particular interés en como me veía de espaldas. Yo sé que tengo buena nalga y me veo bien, pero algo no le ha de haber convencido, porque después me dijo que me llamaba y nunca lo hizo. Al salir me hice la siguiente pregunta: “¿Cómo venderá esas fotografías tan raras?”.

Otros anuncios que respondí son los que buscaban maestro de inglés o de literatura para escuela secundaria o preparatoria. Tampoco pagaban mal, para mis pretensiones. En dos escuelas las directoras me hicieron sendas entrevistas, de las que creí haber salido muy bien. Dijeron que me llamaban y no lo hicieron. La única escuela que me ofreció una plaza de profesor de literatura fue la Preparatoria Popular Liverpool (la única y original Prepa Pop, hace rato desaparecida): “qué buena onda”, me dije, pero la buena onda se convirtió en mala cuando aprendí que no pagaban ni quinto.

También concurse para una plaza de ayudante de un investigador gringo que llegaba al Colegio de México, John Coatsworth. Quedé de finalista, ayudado en gran parte por el inglés, pero otro cuate, Pepe Casar, me ganó por un pelito.

Quien finalmente me consiguió chamba fue Oscar Levín, quien trabajaba en la Conasupo, además de dar clases en la UNAM. Un amigo de él estaba haciendo una investigación y necesitaba un ayudante que fuera a las bibliotecas a hacer algunas lecturas en inglés y elaborar las correspondientes fichas bibliográficas en español. Pagaba a cinco pesos la ficha de artículo breve; diez, la de artículo largo y 50, la de libro. Acepté, pensando en que al menos serviría para hacerme un guardadito.

Pasé muchas horas en la biblioteca de Antropología, en la Biblioteca México, en la Biblioteca Central de la UNAM y en la del Colegio de México, leyendo los más extraños artículos de antropología, sobre las costumbres de diversas tribus de Norteamérica, norte de México y alguna que otra de continentes lejanos. Casi todas versaban sobre los efectos económicos de las relaciones familiares –que en algunos casos tenían una complejidad que bordaba con lo portentoso- o sobre los complicados mecanismos de endeudamiento y desendeudamiento social –a través de los regalos, por ejemplo, no importa cuan inútiles.

Mientras leía y resumía, me preguntaba cuál era la relevancia de esos estudios para la distribución de subsistencias populares en México. Al principio me imaginé que Conasupo quería estudiar los efectos de su labor entre las comunidades indígenas del país. Cuando me di cuenta de que había leído demasiada literatura antropológica sobre los Arawak, los Chippewa y los Kikapú, entendí que le estaba ayudando al cuate de Levín con alguna tesis de maestría.

He de confesar que el “guardadito” fue en verdad para viajes. Del dicho al hecho, hay mucho trecho.

martes, julio 03, 2007

Ugalde versus Woldenberg

Luis Carlos Ugalde se pinta solo en la entrevista que le hace Guillermo Ortega.

El Consejero Presidente del IFE parece interesado en dos cosas: en justificar su trabajo en las elecciones de 2006 y en no perder –como inevitablemente le ha sucedido- en la comparación con su predecesor José Woldenberg.

Ugalde dice que las elecciones del año pasado estuvieron organizadas al dedillo. “Teníamos todo muy verificado. Había redundancias múltiples”. Se ufana de que estaban preparados para inundaciones o cortes de luz. Blindados para hacer imposible una caída del sistema. Concluye que “la elección de 2006 fue una mejor elección organizacional y logísticamente hablando” que la de seis años atrás. Woldenberg tuvo suerte porque la diferencia entre Fox y Labastida era notable y porque ganó la oposición. Ugalde lleva ya un año repitiendo ese mezquino leit motiv.

¿De dónde salen la organización y la logística del IFE? ¿Nacen, como Minerva, de la cabeza de Júpiter? Evidentemente nacen del IFE que Ugalde heredó, que a su vez nace del IFE que Woldenberg heredó. Ha sido un proceso. Claro que la organización y la logística tenían que mejorar. No podríamos esperar menos.

Pero ser Consejero Presidente del IFE no se puede agotar en la organización y la logística. Es un puesto político; no un puesto técnico, carajo. Y allí es donde Ugalde deja ver con toda claridad sus limitaciones, su verdadero tamaño.

Cito: “Hacia la una y media de la tarde del 2 de julio, Leo Zuckerman me comentó que la información que estaba recibiendo de casas encuestadoras indicaba que la elección venía cerrada. Mi reacción fue de enorme tranquilidad; yo en ese momento suponía que el IFE podía enfrentar un margen muy estrecho porque las condiciones de la jornada eran insuperables”. En un clima de crispación le dicen que las elecciones venían apretadísimas y él reacciona con “enorme tranquilidad” porque lo técnico va “insuperable”. ¿No era acaso momento para reunirse con los otros consejeros, con asesores, para hacer un ejercicio de posibles escenarios? La soberbia tecnócrata pudo más.

Y a la soberbia se añade la falta de definiciones. Eludir la responsabilidad. Le echa la bolita al “protocolo” que firmaron el 22 de junio para explicar por qué no dio los datos del conteo rápido, como si ese protocolo no se hubiera impulsado desde una presidencia del Consejo reacia a tomar decisiones. Le echa la bolita al Congreso para que determine –sin la opinión de Ugalde- qué adecuaciones se tienen que hacer a la legislación. Le echa la bolita a los contendientes y a los partidos de todo el ambiente postelectoral. Y encima de eso, no da nombres. A López Obrador no lo menciona Ugalde, cisne que cruza el pantano de la política mexicana sin mancharse una pluma. No se atreve a mencionarlo.

Su error más grave, el de no explicar la situación de las actas inconsistentes del PREP, Ugalde lo despacha casi despectivamente: ni a error llega, fue “una falta de previsión y buen diseño”, una motita en un trabajo que no duda en calificar como “excelente”. Alabanza en boca propia es vituperio.

Luego está el elogio de la discreción. Mientras los manifestantes pro-AMLO sacaron, desde el mismísimo primer día, posters con el rostro de Ugalde y la leyenda “Se Busca”, el Consejero Presidente optó por hacer mutis. Lo mismo hicieron sus colegas, a pesar de que se estaba gestando en los medios y en la sociedad –es algo mensurable en las encuestas de aquellos meses- la concepción errónea de que había habido un fraude monumental. En su silencio, los árbitros dejaron el país a la deriva. Ugalde encuentra virtudes en ello.

¿Y quién salió a defender al Consejo General del IFE y la limpieza electoral? Woldenberg, quien dejó de lado sus reticencias a ser personaje y sus simpatías ideológicas personales para defender a la institución, a la legalidad y al país. Para defender a la verdad. Woldenberg, un zoon politikon que sabía lo que estaba en juego.

El poder es atractivo hasta para el más relamido tecnócrata. Pero ejercerlo implica hacer política. Arremangarse la camisa. Es algo para lo que estos catrines no están hechos. Están hechos, en cambio, para la envidia y la insidia chiquita. Es una desgracia que abunden en el país.

Los verdugos de Clemens


 

Mexicanos en GL, junio.

A Roger Clemens los pitchers mexicanos se le indigestan, aunque lance bien. El año pasado, en el Clásico Mundial, Esteban Loaiza y varios relevistas ganaron el duelo clave, y de paso eliminaron a Estados Unidos. Este año, tras de firmar un contrato millonario con los Yanquis de Nueva York, Clemens fue por su triunfo 350 de por vida. Se encontró con Oliver Pérez y perdió un duelazo. En su siguiente salida, se topó con Rodrigo López, volvió a lanzar muy bien, pero volvió a perder ante un mexicano. Estos juegos, junto con el debut fulgurante del michoacano Yovani Gallardo y el regreso de Luis Ayala a la loma de las responsabilidades, fueron las principales noticias de los mexicanos en Grandes Ligas durante junio.

Aquí su seguimiento, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada:

Oliver Pérez. No fue un gran mes para el de Culiacán. Tuvo cinco salidas; tres de ellas fueron de calidad, pero sólo en una –el duelo contra los Yanquis- salió victorioso, y perdió en tres ocasiones. Los bateadores contrarios le siguen bateando basura, pero ha vuelto a tener algunos problemas de control. A fin de mes, se resintió de una dolencia en la espalda, y lo descansarán poco más de una semana. Acumula 7-6 en el año, con 3.14 de carreras limpias y 85 sopitas de pichón.

Adrián González. La majagua del tijuanense anduvo floja en junio. Bateó en el mes para un despreciable .231, con sólo 2 vuelacercas y 14 remolcadas. Esto ha hecho disminuir su porcentaje a .272, con 14 jonrones y 51 producidas. Sigue siendo el mejor bat de los Padres, pero lo que tiene a San Diego en la pelea es su cuerpo de lanzadores.

Joakim Soria. Cuando regresó de una lesión en el hombro, se encontró con que Octavio Dotel ya había regresado a la titularidad como cerrador de los Reales de Kansas City. Lo mandaron a trabajar la octava entrada, preparando los cierres. Y en junio estuvo totalmente hermético. Diez apariciones, 11 entradas lanzadas, cero carreras admitidas, con apenas tres hits y tres bases. Si yo fuera Octavio Dotel, no me sentiría seguro en el puesto.

Yovani Gallardo. El muchacho de La Piedad subió al equipo grande de Milwaukee entre bombos y platillos. Luego subió al montículo contra San Francisco, superó los nervios y ganó. Esa fue su peor salida. Contra Kansas lanzó una joyita; luego otra contra los Cachorros. Dejó ambos juegos ganados y las dos veces los relevistas le echaron a perder la victoria. Hay tres cosas que impresionan de Gallardo: una es su variedad de lanzamientos, inusual en un joven de 21 años, que no depende de una recta de humo o de un lanzamiento quebrador en particular; otra es su inteligencia: parece reconocer automáticamente qué es lo que le duele a un bateador; la tercera son su control y aplomo. El único defecto, hasta ahora, es que se cansa rápido: a la altura de la séptima ya no es el mismo. Al regreso del lesionado Chris Capuano, los Cerveceros, para proteger el brazo de Yovani, lo mandaron al bullpen, ante el enojo de los aficionados de Milwaukee quienes, bajo el grito “¡Viva Gallardo!” piden a gritos que sustituya en la rotación a Claudio Vargas o Dave Bush. Yovani lleva 1-0, con 2.79 y 19 ponches, habiendo lanzado 19 entradas y un tercio.

Rodrigo López. La temporada pintaba color de rosa para el mexiquense. De sus primeras cuatro salidas en junio, dos fueron de calidad (una de ellas, la victoria sobre Clemens) y dos fueron decentes. Iba invicto. Pero sus dos últimas salidas no fueron malas, sino desastrosas: en menos de nueve entradas recibió 14 carreras limpias. Su récord de ganados y perdidos pasó a 4-2, pero el que se resintió más fue el PCL, que ahora es un vulgar 4.77.

Alfredo Amézaga. Si hay un jugador que ha mostrado su valía a lo largo del año, ha sido el sonorense de los Marlines. Nunca será una estrella, pero es un ligamayorista por los cuatro costados. Con pimienta, paciencia y tesón, es un jugador que se ha hecho indispensable. Tuvo un magnífico junio, en el que jugó segunda, tercera y jardines, bateó para .278, impulsó 7 carreras y se robó 5 colchonetas. La temida Línea Mendoza queda atrás: lleva .260 en el año, con un cuadrangular, 19 impulsadas y 9 bases robadas.

Oscar Villarreal. Sigue como relevo largo de los Bravos de Atlanta, con un desempeño discreto, ligeramente inferior al de la temporada pasada. Mantuvo su 3.38 de carreras limpias y su 1-0 en ganados y perdidos.

Edgar González. El de San Nicolás de los Garza se la ha pasado entre la rotación y el bullpen. Abrió en dos ocasiones: una fue buena y la ganó; la otra, mala y lo salvó una reacción de los Diamantes de Arizona. Como relevista se ve menos bien, en dos ocasiones no admitió carrera, y en otra lo molieron a palos. Terminó junio con 3-2 y 4.85

Dennis Reyes. El gordito de El Fuerte ha mostrado notable mejoría, luego de su flojo inicio. Junio fue magnífico: en ocho apariciones al relevo, el zurdo sólo aceptó una carrera. Se llevó una victoria, con lo que empareja su récord a 1-1 y, más importante, mejoró su efectividad a 4.50.

Jorge de la Rosa. Irregularidad ha sido el segundo apellido del regiomontano. Abrió cinco juegos en el mes. En dos de ellos lanzó de manera excepcional. En los otros tres, tiró basura. Perdió una de sus salidas de calidad y se fue sin decisión en una de las de basura. También entró de relevo en un juego larguísimo: no sacó ni un out y cargó con la derrota. Hay un dato muy interesante: De la Rosa tiene 3-0 con 1.46 de carreras limpias cuando lanza de día… y 2-9, con 6.78 cuando lanza de noche. Es una tendencia histórica que se ha exacerbado. Me atrevo a preguntar: ¿Tendrá algún problema visual que le impide trabajar las esquinas de noche? Su marca en el año: 5-9, con 5.38.

Luis Ayala. Luego de someterse a la cirugía Tommy John, y de más de un año de inactividad, el mochiteco ha por fin regresado al bullpen de los Nacionales de Washington. Lo ha hecho bien, con un PCL de 2.70. Pronto lo veremos en la octava entrada… y luego, ejerciendo presión competitiva sobre Chad Cordero.

Jorge Cantú. Es la sombra de lo que fue hace dos años. Mal y –sin duda- de malas, el tamaulipeco ha visto poca acción. En junio bateó para .182, produciendo sólo dos carreras. En el año lleva .231 con 4 producidas.

Juan Castro. Los Rojos siguen usando al sinaloense casi solamente a la defensiva. Con el bat lleva .167 y 4 producidas.

Elmer Dessens: (1-1, 6.60) sigue lesionado, Humberto Cota (.286, 0, 3) está en AAA, Oscar Robles (.238, 0, 2) estaba por regresar a los Padres, pero se fracturó una mano, y Esteban Loaiza no ve la hora para regresar de sus lesiones.

martes, junio 26, 2007

Más viñetas y reflexiones de Italia

Estas son otras observaciones, que no entraron en la entrega anterior (que es la que publicó Crónica).

Un Nuevo Vaticano

Cuando conocí el Vaticano reinaba Paulo VI, y se podía entrar a la Basílica de San Pedro por el centro de la plaza. Había, sí, mucha gente, que se congregaba en un ambiente que podría definirse como "religioso tradicional". Durante el Jubileo de 1975 se abrió la Puerta Sacra, pasando por la cual tienes indulgencia plenaria, si tocas un sellito. En diciembre de ese año, Mapes y yo pasamos por la Puerta Sacra, salimos por el centro de la catedral y regresamos a pasar por la famosa puerta en un lapso de cinco minutos. En otra ocasión, hacíamos visita turística a una iglesia parroquial de Roma. Daban misa, había mucha gente. Nos asomamos y vimos, con sorpresa, que oficiaba Paulo VI.

Ahora, el Vaticano es un bunker. Cuando fuimos, era la canonización de unos santos y la plaza estaba a retacar de peregrinos. Pero era gente muy diferente de la que visitaba la Santa Sede hace dos o tres décadas: veían la ceremonia (más que participar en ella, porque a mí me enseñaron que la misa es una comunión/comunicación) con ojos entintados de fe, de fe ciega. Una mujer, semiencaramada en una columna, mantuvo en alto por largos minutos, entre la lluvia, una bandera de Brasil. ¡Que el carisma del Papa (o del lugar) cubra mi tierra a través de la bandera!

Camiones y camiones de "turismo religioso", en esta suerte de Disneylandia de la Fe. Las mismas señoras beatas, los mismos ojos fanatizados. La Nueva Iglesia, creada por Woytila, contra la cual de nada sirve la falta de carisma personal de Ratzinger.

Controles metálicos para acceder a la plaza (¿Hay, acaso, un Alí Agca entre nosotros?), una fila india interminable para entrar a la Basílica. De plaza de masas, la de San Pedro pasó a ser plaza de rebaños. Harán cola por varias horas hasta llegar al lugar ansiado: la cripta de Woytila.

Es de madrugada. El Vaticano está cercado; una patrulla vigila que nadie entre. Es un Estado sellado herméticamente.


El nuevo Coliseo

En años idos, los autos pasaban junto al Coliseo. Te bajabas del coche, entrabas por uno de los múltiples arcos y estabas ahí, en el Circo Flavio. Te admirabas e imaginabas el festín de cristianos que se daban los leones, entre los gritos de la multitud. Ahora los arcos están cubiertos con malla, hay otra cola gigantesca para entrar, pagas tu entrada y una audio-guía que te dice dos cosas que no sabías: no está comprobado que se hayan sacrificado cristianos en el Coliseo; los mármoles fueron saqueados para construir el Vaticano.

Hay algo que da enorme tristeza. Ya no hay gatos vagabundos. Ya no se entenderá la frase "sei un gatto del Colosseo" ("eres un gato del Coliseo) que se aplica a quienes no cierran la puerta cuando entran o salen.

Cristianos contra Paganos

Taide tiene un ojo clínico. Quedó muy impresionada con las maravillas del Foro Romano, del Mausoleo de Adriano, del Capitolio y de Pompeya. Tras visitar el Vaticano llegó a una conclusión: "Aquí hubo un golpe de Estado y el Vaticano es la sede alterna al Capitolio pagano".

Es algo muy cierto, independientemente de las fechas en las que el Vaticano se convirtió en centro de la vida política y religiosa de Roma. Como católicos, nos vendieron la idea de que el paganismo había muerto de muerte natural, doblegado ante la superioridad del catolicismo.

Si los paganos tuvieron la revelación de Cristo resucitado, fue con una buena ayudadota del poder político. Primero Constantino. Luego, sobre todo, Justiniano. Dice Claudio que la última rebelión pagana fue apagada por el emperador Justiniano a sangre y fuego. Diez mil paganos crucificados. Quizá sea el equivalente a una leyenda urbana de los paganos, pero resulta creíble, toda vez que el cristianismo no siempre se ha significado por ser una religión tolerante; más aún si recordamos las atrocidades de los cruzados en Jerusalem.

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Decía Pasolini que Roma era la más pagana de las ciudades. No sé si confundía pagano con cachondo o con frívolo. Pero sin duda Pasolini conocía Roma mucho mejor que yo.


Los cristianos, antiguos comunistas

Recordé las viejas lecciones de marxismo de Martínez Contreras: el cristianismo como religión de los esclavos.

No es necesario pensar en los excesos de Nerón (el Coliseo está en lo que era el lago artificial de su casa dorada, la Domus Aurea). Basta imaginarse el lujo de las mejores mansiones de Pompeya y tomar en cuenta que todo aquello era posible gracias al trabajo esclavo.

La rebelión cristiana fue de masas empobrecidas, ignorantes, hartas de ser parte de los activos del paterfamilias; hartas de ser una cosa. En el cielo cristiano todos seríamos iguales. De ahí la inicial austeridad, la de los revolucionarios.

Llega un momento en el que el cristianismo toma el poder. Esto sirve para generar un cambio real: la esclavitud paulatinamente desaparece, y se transforma en servidumbre feudal. Pero también para que nada termine cambiando: el fasto y los lujos se transfieren a la jerarquía cristiana y a cristianísimos reyes y señores. El mármol travertino cambia sólo de lugar.

Es como el comunismo triunfante (el "socialismo realmente existente"). Una ideología popular se convierte en el instrumento para que una nueva elite controle a las masas. Lo hace, también, generando grisura. Los colores maravillosos de la era antigua dan lugar a los ocres del cristianismo. La pléyade de ideas filosóficas dan lugar al Pensamiento Único, que es el del Poder.

Bajo esa lógica, podríamos decir que la Edad Media fue como si los soviéticos hubieran controlado occidente por diez siglos. Se entiende el retroceso.

Eso también da nuevas luces sobre el Renacimiento. Cuando estábamos en el Palazzo Pitti, el antiguo castillo de los Medici, Taide hizo una reflexión interesante. En los frescos del techo se veía a uno de los Medici subir al cielo ayudado por el Valor y la Prudencia; lo recibían la Fama y la Gloria. Diversas figuras atléticas parecían soportar el techo. Era una de las salas de espera: ahí aguardaban, tal vez por muchas horas, quienes tenían cita con uno de los Magníficos. Valor, prudencia, fama, gloria, con representaciones humanas. Nuevos dioses del Olimpo. Entonces Taide dice: "fíjate cómo la gente soporta el techo y cómo los Medici se presentan como mediadores entre los humanos y los dioses". Como semidioses. En efecto, la familia Medici tenía a Hércules como protector (un semidios pagano, no un santo cristiano).
La recuperación clásica es también una recuperación pagana en el sentido político: duques, reyes y mecenas varios como intermediarios entre el vulgo y la divinidad.

miércoles, junio 20, 2007

¿Veinte años no es nada? Estampas Italianas

Hace 20 años Italia presumía de haber efectuado “il sorpasso”: su producto interno había rebasado al de Gran Bretaña y era la quinta economía mundial. No habían desaparecido sus problemas históricos –la diferencia entre el norte rico y el sur empobrecido, la corrupción, el enorme endeudamiento público, la inestabilidad de sus gobiernos-, pero se tenía la impresión de que era una sociedad pujante, que avanzaba irresistiblemente a una modernidad de vanguardia, jalada por sus industrias de exportación, la calidad de sus diseños y la vitalidad de su vida política y cultural.

Dos décadas después –y tras el fin, entre escándalos, del régimen partidocrático que caracterizó la república después de la II Guerra Mundial- el ánimo prevaleciente en Italia es diferente. Una suerte de resignada desesperanza ante una economía que lleva rato estancada, brechas sociales que se abren y una clase política alejada del mundo real, pero muy indispuesta al recambio (por no decir, a la mexicana, muy bien aferrada al hueso).

Estas son las impresiones de un viaje que no puede sino comparar esos dos momentos. Y también darse cuenta de sorprendentes similitudes entre Italia y México.


El maledetto Euro

Aceptan que la lira era una moneda débil, y que gracias al Euro hay más estabilidad. Entienden que el malestar económico general no se le puede atribuir directamente a la moneda única europea. Pero todos recuerdan que lo que costaba mil liras a fines del siglo pasado ahora cuesta un euro: es decir, el doble, mientras que los salarios se mantienen prácticamente inalterados. No ha habido control, y sí especulación: la introducción de la nueva moneda sirvió para acelerar un cambio en la distribución del ingreso. Logró lo que nunca pudieron hacer las políticas empresariales tradicionales: doblar a los asalariados italianos.

Lo dicen en el norte y en el sur. Con el Euro ganaron los comerciantes, los profesionistas, la pequeña y la mediana industria. Perdieron quienes reciben un sueldo fijo.

Los asalariados se quejan de los precios de una pizza, de un café, del cine, de la ropa. “Ya sólo los ricos pueden darse el lujo de ir a un restaurante”, dice un profesionista, quien admite que no le va mal.

Todos coinciden: en la última mitad del siglo pasado, desde el “milagro” de los años cincuenta, se había generado en Italia un proceso de igualación de los ingresos familiares. La diferencia entre el patrón y el empleado era, apenas, el tipo de abrigo y de auto. Ahora se vive el proceso contrario.

Y todos miran a Alemania –un país que se ha vuelto más barato- con desconfianza. Sienten que allí, en el motor económico y financiero de la UE, está el verdadero control del Banco Central Europeo. Perciben que la eficiencia teutona está a punto de devorarlos. Tal vez no se equivoquen.


Las pensiones, dolor de cabeza


¿Dónde están aquellos sindicatos combativos que hicieron de la palabra “sciopero” (huelga) una de las primeras que tuvieran que aprenderse en italiano? ¿Qué se fizieron los consejos de fábrica, que no sólo querían mejores salarios, sino incidir en la política industrial? ¿Dónde quedó aquel paso “de explotados a productores” que pretendían encabezar los sindicatos?

Terminaron defendiendo las pensiones.

Se entiende. Con la composición demográfica italiana, resulta que casi el 20 por ciento de la población tiene más de 65 años. Si a eso le agregamos las facilidades para pensionarse en Italia, resulta que, según datos de la OCDE, hay 68 pensionados por cada cien trabajadores activos (en México hay 18). Y resulta que una proporción cada vez mayor de los miembros de los sindicatos son pensionados.

El asunto se complica si tomamos en cuenta que las pensiones en Italia son muy generosas. Es común que un pensionado, a menudo menor de 60 años, reciba mil o mil 500 euros al mes. Esos son los salarios de un obrero o un maestro en activo. Italia gasta en pensiones el 15 por ciento de su Producto Interno Bruto.

Al igual que en México, la mayoría de las centrales sindicales se han opuesto a una reforma al sistema de pensiones. Hasta ahora lo han logrado. Ese, junto con la presión para que el Estado asuma más empleados públicos, es el principal punto en la agenda sindical. En tanto, mientras la productividad de los obreros italianos sigue al alza, de todos modos se pierden puestos de trabajo, debido a la competencia de naciones con más bajos niveles salariales.

Señala un asesor del primer ministro centroizquierdista Romano Prodi: “los sindicatos hacen su trabajo, que es defender a sus afiliados, pero en las condiciones actuales su trabajo es objetivamente conservador: los sindicatos se han convertido en una fuerza contraria a los cambios”.


Los inmigrantes

“Cuando fui a México en 1979 y vi por primera vez a los limpiaparabrisas callejeros no me imaginé que ese fuera el futuro de Italia”, dice mi amigo Claudio.

Los limpiaparabrisas son italianos en su mayoría, pero los africanos dominan el mercado del ambulantaje: los magrebíes venden flores y juguetitos de plástico; los subsaharianos se especializan en bolsas “de marca”. Casi todos son “toreros” ante una autoridad que prefiere cumplir sólo formalmente y, en los hechos, hacerse de la vista gorda. Ellos son sólo la punta más visible del iceberg de casi 3 millones de inmigrantes que viven en Italia. Ya son el 5 por ciento de la población.

Es un cambio notable. Durante siglos Italia fue un exportador neto de recursos humanos. Todavía lo era hace 30 años, cuando muchas familias dependían de los ingresos que les enviaban los italianos que habían ido a trabajar a Suiza. La oleada empezó a cambiar en los años ochenta, y se volvió marejada en los noventa, con el arribo de miles de albaneses, que se lanzaban desde barcos sobrecargados. Marroquíes, chinos, peruanos, filipinos son, junto con los eslavos, los principales nuevos arribos, que cambiaron la fisonomía del país. Se les puede ver asomándose desde las cocinas, platicando en grupo en los parques, comiendo ceviche y fritangas en un descanso dominical. Y se encuentran muchos carteles en español, llenos de faltas de ortografía, invitando a fiestas latinas, donde se baila la cumbia y el vallenato. Ahora abundan las oficinas de Western Union: los envíos de dinero son, sin duda, uno de los más grandes negocios de la globalización.

Como en otras partes del mundo, la contribución de estos extranjeros es vital. La economía italiana está creciendo un poco más que en años pasados: al 1.8 por ciento anual. La Unión Europea calcula que, sin los inmigrantes, la tasa sería negativa: -0.6 por ciento.

El Partido Democrático

El estado prevaleciente de desánimo y de desconfianza de los italianos hacia la política afecta, sin duda, al gobierno nacional de centro-izquierda, resultado de una coalición de más de una decena de partidos que en abril del 2006 venció, por menos del 1 por ciento, a la coalición de centro-derecha encabezada por Silvio Berlusconi.

La respuesta principal ha sido la anunciada fusión del Partido Democrático de Izquierda, heredero del antiguo Partido Comunista Italiano y La Margarita, un partido que viene del ala izquierda de la antigua Democracia Cristiana. A esta iniciativa se han sumado dirigentes y grupos sociales de otros partidos en la coalición, con notable presencia de los Verdes (entre ellos, el ex alcalde de Roma, Francesco Rutelli). La principal idea es crear una organización política que tenga más capacidad de movilización y, sobre todo, más votos, que Forza Italia, la agrupación criptopartidista que encabeza Berlusconi y que hoy presume de ser el partido más votado de Italia.

Hace casi 35 años, después del golpe de Estado en Chile, el histórico dirigente eurocomunista Enrico Berlinguer propuso lo que el llamó “un compromiso histórico”: la colaboración de gobierno del PCI y la DC, como reflejo de las dos grandes franjas ideológicas populares en las que se había dividido la nación.

El compromiso histórico murió porque nunca dejaron a los comunistas entrar al gobierno y porque la ultraizquierda asesinó a Aldo Moro, la principal voz democristiana a favor de tal entendimiento. El Partido Democrático que se propone la nueva generación es estrictamente eso: un partido con pretensiones de ser mayoría, pero no de reflejar a la sociedad italiana por completo.

El PD ya tiene fecha de parto: el 14 de octubre. También tiene un comité promotor de 45 notables, presidido por el primer ministro Romano Prodi. No ha decidido si para el día de su nacimiento tendrá líder, vocero o una dirigencia colectiva temporal. Y ya tiene algunos problemas de credibilidad.

El problema es que casi todos los 45 notables son representantes de la vieja clase política italiana, tradicionalmente apartada del pueblo. Como en México, se ha generado en el lenguaje de la calle la distinción entre “nosotros” y “ellos”, donde ellos son los políticos.

En la lista, dicen, hay poco espacio para el mundo empresarial y obrero del norte, no el suficiente para la sociedad civil –que debería ser el jugo del partido- y casi ninguno para los jóvenes (o no tan jóvenes: cuarentones y cincuentones a los que nunca han dejado tomar encargos de responsabilidad).

De ahí que haya salido de la base una iniciativa inusitada: una reunión que se desarrolló el 2 de junio en un teatro de Roma, en la que los lugares se intercambiaron. En el presidium, junto al alcalde romano -el incansable ex PCI Walter Veltroni-, y al secretario de la Defensa, representantes de la gente, con inmigrante negro incluido. En el auditorio, entre el público, distinguidos miembros de la clase política: en primer lugar, Romano Prodi. Un verdadero encuentro entre los políticos y los ciudadanos, que no careció de momentos ríspidos, pero que parece la única vía para que los ciudadanos hagan suyo, mediante la participación, un proyecto partidario que puede cambiar el rostro de la Italia futura.

El Partido Democrático tiene previsto llevar a cabo elecciones primarias para su dirigencia. Allí se definirá, por la cantidad de participantes y por su capacidad para introducir nuevas caras, si será algo nuevo de verdad... o la misma gata, nada más que revolcada.

La Camorra y el negocio de la basura

Mientras en Roma los políticos discutían, en Nápoles la basura se seguía acumulando.

Salir del hermoso centro napolitano y caminar por los barrios populares de la ciudad es un alucine. Los grandes contenedores de basura parecen estarla vomitando, y se acumula en el suelo debajo de ellos. También hay “’monnezza” (inmundicia) por las calles, por las banquetas, debajo de las mesas de los cafés al aire libre. Las callejuelas parecen sacadas de una película neorrealista de los años cuarenta, con las filas de ropa que sale de los balcones para secarse al sol, mezcladas con una cantidad que parece infinita de banderas del Napoli, el equipo de futbol que está a punto de regresar a primera división y uno que otro póster de Alianza Nacional, el partido neofascista.

Uno piensa: aquí más que pobreza, hay degradación. Y en ese ambiente, la gente ríe, los niños juegan, y todos expresan una simpatía que les nace a flor de piel. ¿Por qué tanta basura, insiste uno?

La respuesta es: por la Camorra, la mafia napolitana que prefiere el negocio de la basura al negocio de la droga. Menos problemas con la ley, pero más redituable. No importa el costo: por ejemplo, que en la zona de Nápoles-Caserta nazcan 80 por ciento más niños con malformaciones que en el promedio de toda Italia. Es un dato revelado por Roberto Saviano, periodista de 27 años, quien ha escrito el libro “Gomorra” que le ha costado la amenaza de muerte y lo ha obligado a vivir con guardaespaldas.

Y sí, Nápoles sigue siendo una ciudad donde se distribuye droga (la Camorra se encarga de crear Pequeños Césares de barrio, adolescentes “triunfadores” en una ciudad con 50 por ciento de desempleo juvenil), también es la capital europea del trabajo clandestino (talleres textiles malpagados) y el mayor puerto de entrada de fayuca china (la camorra controla puerto y estibadores). Pero es, sobre todo, el lugar adonde llega toda la basura posible.

La reciente plétora de basura callejera es resultado de la decisión de la Camorra de rechazar la idea del municipio de construir un nuevo basurero. Basta con el que controlan ellos. Y los contenedores de basura son quemados a mitad de la noche, generando una peste difícil de aguantar.

Pero el control del tiradero no es el verdadero negocio, señala Saviano. El chiste es que la basura de Nápoles no es la basura de Nápoles. Al corredor Nápoles-Caserta llegan desperdicios de toda Italia, y en particular de las muy limpias, muy ordenadas, muy industriales, muy bienpensantes regiones del norte. De Milán, de Brescia, de Pádua.

En particular llegan muchos residuos tóxicos. Si deshacerse de ellos en el norte cuesta entre 21 y 45 centavos de euro el kilo; la Camorra se encarga de ellos por 9 o 10 centavos, con flete incluido (la organización mafiosa provee camión y chofer). Entre Nápoles y Caserta se ven algunas zonas de campo que parecen sembradas de tambos metálicos. Están llenas de desechos: la Camorra ha comprado las tierras –escribe Saviano que busca al campesino enfermo de cáncer, que necesita tratamiento, o al que tiene la hija a punto de casarse, y requiere dinero para la fiesta-. Como los municipios no tienen espacio suficiente en sus tiraderos, le rentan esos lotes a la Camorra. Negocio redondo. También para las autoridades municipales coludidas, normalmente del centro-derecha.

Saviano dice que la Camorra no es una mafia: es un sistema. Es la economía de Nápoles. Todo es mercancía: contrabando, basura, armas, drogas, personas. Un desafío dificilísimo para el Estado.

Por supuesto, hay un programa para atacarla. Se llama “Nápoles Seguro”. ¿Suena conocido ese nombre?

La TV, el otro negocio de la basura… y la cultura

Hace tres décadas, la televisión italiana era un monopolio de Estado, con la RAI. Hace dos, un mercado inicialmente competitivo se estaba convirtiendo claramente en un duopolio: la tele pública, por un lado; los canales propiedad de Berlusconi, por el otro.

Berlusconi llegó al gobierno, desde ahí controló los canales públicos y el duopolio se convirtió en monopolio.

Ha pasado un año desde las elecciones que lo sacaron formalmente del poder, pero los directores de los canales de la RAI que puso Berlusconi todavía siguen ahí. Y se nota: el derechismo del noticiero TG2 se compara solamente al de Fox News en Estados Unidos.

Lo demás es entretenimiento, “programas contenedor”. Italia es el primer importador de series y de formatos de toda Europa. Importa de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, de México –por supuesto-, de España y hasta de Turquía. Al estilo de las “nuevas” series de Televisa, en la RAI series enteras se calcan y se “adaptan” superficialmente, haciendo ganar buen dinero a los productores en ambos lados.

Se ha llegado a la paradoja de que algunos críticos ven la irrupción de sistemas de televisión restringida, como SKY, como la salvación ante la unanimidad. En tanto, los canales de Berlusconi tienen el 80 por ciento del rating y de la publicidad.

Sin embargo, hay un montón de programas de debate. En todos ellos participa la clase política. Hablan y discuten entre ellos. Son los mismos, y en su lenguaje particular.

Me toca ver un programa de la RAI en el que el verde Rutelli critica el llamado de Berlusconi a no pagar impuestos. Llama Berlusconi por teléfono y en vivo dice que no hizo tal llamado, sino un circunloquio en el que simplemente sugiere que no es justo contribuir a un gobierno que no cumple. Luego insiste en que fue víctima de un fraude electoral y, un año después, exige un recuento voto por voto, casilla por casilla. Rutelli dice que el recuento parcial le dio una ventaja mayor a la coalición de centroizquierda, Berlusconi, que se tienen que recontar todos. Regresan al tema y pasan una grabación en la que el ex primer ministro sí llama a no pagar impuestos. Berlusconi, impertérrito, niega la evidencia. Escuchar a Berlusconi es como oír a López Obrador, en lo del recuento; y sólo le faltó decir “puede ser mi voz” para sonar igualito a Mario Marín.

Grupos de intelectuales han insistido en la necesidad de una reforma a las leyes de radio y TV para acabar con el duopolio. Partes fundamentales de esta propuesta son desligar de los partidos políticos el control de la radio y la televisión públicas y llevar a cabo una legislación para acabar con el “conflicto de intereses”, prohibiendo a los propietarios de medios electrónicos tener puestos en el gobierno (una suerte de “Ley Diego” ad hoc). Si bien las medidas antimonopólicas tienen alguna probabilidad de prosperar, lo último parece imposible, porque tiene dedicatoria personal a Berlusconi.

Dicen los críticos que Italia vive una época de “no cultura”, provocada por una televisión “tóxica”, que facilita el trabajo manipulador de los estrategas de la comunicación política, convertidos en spin-doctors.

Basta ver cualquier librería para saber que exageran. Hay muchas, son enormes, con una gran variedad de títulos (pocos de autoayuda o de filosofía new age) y están llenas de consumidores. Según las estadísticas, 13 por ciento de los italianos leen más de un libro al mes.

Algo similar sucede con la prensa. Tanto La Repubblica como Corriere Della Sera venden cerca de un millón de ejemplares al día. Una decena de diarios rebasan largamente el tiraje de 200 mil. Se han desplomado, en cambio, los antiguos periódicos ideológicos. L’Unità solía llegar al millón, hoy tira 60 mil, que de todas formas son muchos más que los de Liberazione o, en supervivencia de milagro, Il Manifesto. La gente apostó por la información completa, no por la ideología.

Además, Italia sigue siendo la gran tierra de los espectáculos. Teatro, ópera, conciertos, muestras, deportes, ferias regionales. En espacios cerrados, en plazas, en iglesias, en la calle. En Roma la asistencia a espectáculos de diverso tipo creció 90 por ciento en los últimos cinco años. Ciertamente, la tele está lejos de ser la única opción.

Sin embargo, hay cierto malestar. Los tiempos cambian.

En los ochentas se veía con desprecio a la década inmediata anterior; los setenta eran “los años del plomo”. Hoy hay un boom nostálgico de los años sesenta y setenta. La época que abrió con La Dolce Vita y se cerró con el asesinato de Moro. Escribe Bernardo Bertolucci en un artículo reciente: “en los años setenta parecía encontrarse un gozo, una magia entre la cultura de este país y su gente”. Concluye que hoy sería imposible filmar su Novecento, o el Saló de Pasolini.

Comenta un joven aspirante a cineasta: “el otro día he ido a ver un film italiano… como de costumbre resultó aburrido. Es más, horripilante”. Abunda, en un soliloquio apasionado: “en los años cincuenta, sesenta y los setenta se hacían películas para decir algo, para la gente; ahora se hacen para justificar los millones de subsidio del Estado… y son siempre los mismos directores, la misma mafia que obtiene dinero para hacer filmes horripilantes, que nadie quiere ver”. Le decimos que Nanni Moretti tiene cierta fama. “Es uno que se ha ganado algunos espacios de libertad, pero igual hace sus películas para cumplir con el expediente… hay que cambiar esto de raíz, o irse a Hollywood”. Replicamos que algo similar pasa en México, pero nos rebate opinando que [González] “Iñárritu es un genio” y sí pudo hacer su “Amores Perros” en México, que igual Cuarón y Del Toro filmaron de jóvenes en México antes de partir.

Bush y la división de la izquierda

Es el día de la visita de Bush a Italia y en la tele pasan escenas de una gran manifestación en contra del presidente estadounidense. Sucede que es también en contra del gobierno de la coalición de centroizquierda. ¿Cómo se atreve Prodi a darle la mano a la cabeza del imperialismo?

En la parte de atrás de la marcha, como de costumbre, grupos ultras tratan de saltar las barricadas. Se les responde con macanazos y manguerazos. Nadie habla de represión.

En Piazza del Popolo hay un mitin contra Bush. Lo organiza el partido Refundación Comunista, heredero del ala dura del viejo PCI. Quieren distinguirse de la megamarcha porque “estamos en el gobierno”, pero también fijar línea contra la política exterior vigente. Un verdadero acto de funambulismo.

El dato relevante es que no hay ni dos mil participantes. Y todos traen cara de güeva. En los años de Berlinguer, las manifestaciones comunistas eran oceánicas, por decir poco: medio millón, setecientas mil personas. Los de Refundación también quieren construir un partido “de izquierda europea”. No se ve con quién.

En fin, llega Bush y una parte de la izquierda lo impugna con violencia, otra hace cabriolas político-mentales, la mayoría se queda en su casa y los periódicos se divierten con doña Laura, quien parada sobre la más alta de las colinas de la ciudad, mira a su alrededor y pregunta a sus anfitrionas: “¿Dónde estar las siete colinas de Roma?”.

Y cuando despertó, la Iglesia todavía estaba allí

Por las colinas romanas transitan yuppies. Bueno, tienen reloj de yuppie, zapatos de yuppie, maletín de yuppie, porte de yuppie, lenguaje corporal de yuppie, actitud total de yuppie. Pero en vez del traje Armani, tienen sotana y collarín. Son un recuerdo de la permanencia del poder temporal de la Iglesia Católica en Italia.

Uno piensa: el poder de la Democracia Cristiana es cosa del pasado, el pueblo italiano –a pesar de la activa oposición eclesiástica- votó a favor de las leyes del divorcio y del aborto en sendos referendum; el Concordato fue revisado en 1984 y la católica dejó de ser la religión oficial del Estado. ¿Porqué estos sacerdotes, tan seguros de sí, caminan como si se sintieran los amos del universo (de éste, no del celestial)?

Habría que recordar que Lampedusa era italiano. “Todo cambia para que todo siga igual”.

Al igual que en México, el 87 por ciento de los italianos se declara católico. Pero se dice practicante el 37 por ciento (frente al 45 por ciento en nuestro país). El porcentaje de italianos que se declaran sin religión es el doble que en México. Pero la Iglesia sigue teniendo una influencia que va más allá de lo espiritual.

Por una parte, en las negociaciones del 84, la Iglesia arrancó del gobierno de Craxi que el 0.8 por ciento de la recaudación fiscal fuera distribuido entre las iglesias aceptadas (otras cinco, que se llevan migajas). En otras palabras, hay financiamiento de Estado.

En toda aula de escuela pública hay un crucifijo. También en toda aula de justicia. La religión es materia optativa en primarias y secundarias públicas (con presión social para asistir, salvo en las “regiones rojas”). Claro, la religión católica, porque los maestros de religión son escogidos directamente por los obispos y el Estado sólo interviene para pagarles (más que a los otros maestros).

Lo del 84 resultó un simulacro. Obispos y sacerdotes intervienen abiertamente en política, como antes. El Vaticano –que es un Estado independiente- también lo hace. Hay cosas que no cambian.

Italia S.A versus Italia horaciana

Una constante italiana ha sido la gran diferencia entre el norte rico y ordenado y el sur empobrecido y caótico. Los indicadores hablan de una brecha que crece.

Los indicadores de calidad de vida del norte italiano lo ubican al nivel de las regiones ricas de Alemania. Las economías de esa región tienen más intercambio comercial y financiero con Suiza que con el sur de la misma Italia. Estos hechos, además del subsidio permanente del norte al sur, a través de impuestos, han generado resentimientos, que son aprovechados por políticos populistas, como los que dirigen la Liga Norte, agrupación “federalista” que tiene la secesión como objetivo final. Es curioso señalar que la secesión no incluye todo el norte, sino que se detiene en el río Po: las provincias ubicadas en el norte de Italia, pero al sur del Po son políticamente progresistas (“el cinturón rojo”).

La tensión entre la lógica eficiente y productiva del norte, la pasión por la grilla del centro y la filosofía de “salí a pescar” del sur está siempre presente en la dialéctica italiana. Es así como el país avanza.

Hace 20 años dominaba el concepto de “la empresa Italia”, el norte parecía querer exportar su eficiencia, pero lo hacía solamente en el discurso. La Italia S.A. de Craxi fue, a final de cuentas, sobre todo un negocio de inmobiliarias y una feria de corruptelas.

Ahora, paradójicamente, una parte de la eficiencia y la productividad han sido efectivamente exportadas (¡Sorpresa, los trenes son puntuales!), pero la contramano cultural está en otro lado. Está en la frontera entre el centro y el sur. Está en Roma.

“Cuando ustedes vivían en chozas, nosotros ya éramos putos”, rezaba una manta en la curva romanista del estadio de San Siro, durante un partido contra el Inter. Es esa expresión de superioridad histórica centra su poder la Roma neobarroca de principios del Siglo XXI.

Los viejos edificios de Roma han sido limpiados de la pátina que los cubrió por años. Se han sustituido los colores obscuros de la época de los Saboya. Es el esplendor renacentista. Dice el lugar común que las épocas de esplendor de la capital –que vive como centro político, no productivo- coinciden con la decadencia del resto de Italia. Será, pero Roma se convierte en una ciudad-museo.

El concepto original era “verde”, de Rutelli cuando era alcalde. Cerrar a los automóviles las calles del centro, difundir el uso de la bicicleta. El resultado fueron grandes estacionamientos fuera de los muros y una enorme isla peatonal, en medio de monumentos de todas las épocas, de la que se apropian los romanos, pero sobre todo los turistas. El turismo en Roma crece a una tasa exorbitante: 12 por ciento anual. Esto hace que la economía de la capital vaya a contracorriente del resto: un robusto 4 por ciento.

En Roma se respiran política y cultura. Y también una actitud que podríamos calificar de horaciana. Horacio, en sus sátiras, pretendía combinar la filosofía griega con el sentido común romano para señalar lo ridículo de la ambición excesiva. Por eso abogaba por la mediocritas aureas, el dorado justo medio.

Así suelen vivir los romanos la actual situación de Italia. No les importa si su país es la quinta, la séptima o la vigésima potencia mundial, sino vivir a gusto, ser parte de una historia eterna, en la que siempre hay decadencia y renacimiento. Un lugar en el que el futuro sí puede esperar.

Es la dolce vita, con otro rostro.

viernes, junio 15, 2007

Oliver renacido


Ni crean que se la iban a perder

Mexicanos en GL. Mayo

Hace tres años, el zurdo Oliver Pérez anunciaba que sería el heredero de las glorias del gran Toro Valenzuela. En 2005, tras un inicio trastabillante y un berrinche, enterró esa posibilidad. Empezó 2006 todavía peor, hasta en AAA se vio mal y terminó la temporada regular con 3-13, antes de un discreto desempeño en los playoffs. Pero este año, el de Culiacán ha renacido. Ya lo podemos asegurar. Esta noticia, junto con la lesión en mal momento de Joakim Soria, la continuación de la buena campaña de Adrián González y los desplomes de Jorge De la Rosa (beisbolístico) y Jorge Cantú (anímico) son las principales noticias de mayo para los mexicanos en Grandes Ligas.

Aquí su seguimiento, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada:

Oliver Pérez. Ha regresado el romance entre la bola y Oliver. Su mecánica de pitcheo se corrigió y lo ha mantenido en control, y su slider nunca fue tan impresionante. Tuvo un mayo magnífico, con 4 ganados, 1 perdido, cinco salidas de calidad y un PCL de 2.01. De hecho, su juego perdido fue por una sucesión alucinante de errores. En la temporada los rivales le batean para menos de .200 y es el tercer mejor lanzador de la Liga Nacional en hits y bases por bolas aceptados por inning lanzado. Acumula 6-3, con 2.69 de carreras limpias y la friolera de 61 ponches. Y por si algo faltara, batea por encima de .300.

Adrián González. El cuarto bat de los Padres estuvo apenas un poco menos productivo que el mes pasado. Mantuvo su porcentaje cerca de los .300, con 5 bambinazos subió su total del año a 12 y produjo 11 carreras, con las que suma 36 y sigue en la pelea por el liderato en la Liga Nacional. Encabeza a San Diego en prácticamente todos los renglones ofensivos.

Joakim Soria. El coahuilense se mantuvo durante casi todo el mes como cerrador de los Reales de Kansas City, incluso después del regreso del anterior titular, Octavio Dotel. Si bien echó a perder 3 salvamentos (su récord pasó a 1-2) y su promedio de carreras limpias admitidas subió a 3.47, aumentó a 10 el número de rescates. Se veía sólido en el puesto hasta que una inflamación en el hombro de lanzar lo puso temporalmente en la lista de lesionados.

Rodrigo López. Otro lanzador irreconocible este año es el de Tlanepantla. Se pasó casi todo mayo en la lista de lesionados, pero regresó dominador, a ganar de nuevo. De cinco salidas, no lleva una mala, Su record es de 2-0, su efectividad de 2.35 y sólo se le embasa, en promedio, un bateador por entrada lanzada.

Oscar Villarreal. El de Nuevo León ha mejorado su rendimiento con los Bravos de Atlanta, donde se está desempeñando, esencialmente como relevo largo. De 10 apariciones en el mes, sólo en tres ocasiones le pegaron, lo que ha incidido en un mejor porcentaje de limpias admitidas: 3.38 y mantiene el 1-0 en ganados y perdidos.

Edgar González. El regreso de Randy Johnson a la rotación de Arizona significó un revés para el de San Nicolás de los Garza, quien fue bajado al bullpen. Como relevista intermedio tuvo suerte desigual. Una dolencia temporal del Big Unit le permitió a Edgar abrir juego y cumplió con creces, derrotando a los Astros. Seguirá tocando la puerta para recibir otro chance: lleva 2-2, con 4.42 de efectividad.

Jorge de la Rosa. El regiomontano de los Reales empezó bien mayo, con dos salidas de calidad y una muy deficiente. La tercera fue regular y las dos últimas han oscilado entre lo malo y lo desastroso. En una lo mató el descontrol; en la otra, por no dar pasaporte, le fonguearon la pelota. Su récord del mes: 2-3, con 6.09 de efectividad. El del año: 4-5, con 4.97

Alfredo Amézaga. El utility de Florida jugó la mayoría de los partidos en mayo, sobre todo en el jardín central. Empezó a robar bases, con 3. Su guante es tan seguro que ha entrado en labores defensivas incluso como outfield. Su bat se ha callado bastante. En mayo su promedio fue apenas de .208 con 5 impulsadas. Lleva .245 en el año, con un cuadrangular y 12 impulsadas.

Elmer Dessens. Apenas vio acción en 3 partidos durante mayo, para los Cerveceros. En uno de ellos le batearon sin misericordia. Problemas en el hombro lo mandaron a la lista de lesionados. Su marca en el año: 1-1, con 6.60 de limpias.

Dennis Reyes. Otro pitcher lesionado y con problemas, aunque mejoró un poco respecto a abril. En el mes, tras seis apariciones irregulares, perdió un juego y terminó lesionado, con una inflamación en el hombro izquierdo. Su marca: 0-1, y 6.57 de efectividad.

Humberto Cota. Regresó a fin de mes de la lista de lesionados. Suficiente como para batear un faul que dejó a Ryan Freel conmocionado (chocó contra la barda al atraparlo) y subir su porcentaje a .286.

Jorge Cantú. Su regreso al equipo grande de Tampa Bay no ha sido amable. Ha jugado esencialmente la primera base (y resulta que Carlos Peña ahora ya batea), pero como sustituto, lo que tiene al de Reynosa visiblemente enojado. Sus declaraciones respecto a su situación (“son pendejadas del equipo”) y su abierto deseo de salir de la organización de las Mantarrayas actúan en contra de sus probabilidades de regresar al equipo titular. En el año lleva .267 de promedio, con solamente dos carreras impulsadas (y una fue con un elevado de sacrificio).

Oscar Robles. Jugando muy de vez en cuando, Robles batea para .238 con los Padres. Ha impulsado dos carreras y cumplido muy bien a la hora de fildear.

Juan Castro. Guante de oro, bate de chicle, Juan de Dios “mejoró” su promedio a .151, con 3 impulsadas, como parte de la debacle de los Rojos de Cincinatti.

Esteban Loaiza estaba curado de sus problemas en la espalda, y a punto de regresar a la rotación de Oakland, cuando se le presentaron problemas en los meniscos. Será en junio su retorno; Luis Ayala iba a regresar en estos días, según los planes iniciales de los Nacionales de Washington; una revisión médica lo pospone a fecha indefinida; Yovani Gallardo está en lista de espera para subir de AAA y –dicen- al estrellato, apenas encuentren una excusa en Milwaukee para hacerlo.