miércoles, septiembre 05, 2018

El Mechón hace su chamba

Mexicanos en GL. Agosto 2018

Cuando la temporada regular de las Grandes Ligas en 2018 se acerca a su fin, el paso de los mexicanos se hace cansino. Pocas cosas que contar a casa, a no sea por el regreso de Roberto Osuna luego de su suspensión, el debut del jovencito Luis Urías y el buen paso como cerrador de Sergio Romo, porque El Mechón está haciendo lo que a muchos otros se les dificulta: salvar juegos. Otro dato, que al cambiar de equipo, varios mexicanos están con amplias posibilidades de participar en la postemporada. Habría hasta 10 con oportunidad de hacerlo.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 



Sergio Romo. Tras un arranque de temporada trastabillante, El Mechón acumula tres meses en los que ha estado intratable, recibiendo menos de dos carreras limpias por cada nueve entradas lanzadas. Romo demuestra que el tamaño de un pitcher es lo de menos cuando tiene la habilidad para combinar los lanzamientos. En agosto acumuló, para las Rayas de Tampa dos victorias, una derrota, 6 salvamentos y un rescate desperdiciado. Inició septiembre con otro juego salvado. Se ve que cerrar juegos es lo que se le da mejor. Sus números del año: 3-3, 3.47 de limpias, 19 juegos salvados, 7 rescates desperdiciados, 8 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento)  y 65 despachados por la vía de los strikes.


Joakim Soria, ahora con los Cerveceros de Milwaukee, cambio su función: de cerrador pasó a preparador de cierre. En agosto ganó un juego y empezando septiembre perdió otro, al admitir 4 carreras en una entrada. Lleva récord de 1-4, efectividad  de 2.48 carreras admitidas por cada 9 innings lanzados, y 64 ponches. Tiene 16 salvamentos, 8 holds y cinco rescates desperdiciados.

Roberto Osuna regresó de la suspensión que le decretara MLB, pero incorporándose a los Astros, como cerrador. El de Juan José Ríos ha cubierto con éxito un puesto en el que los de Houston tenían un hueco serio. Con ellos lleva marca de 2-2 y 4 salvados. En la temporada, su  marca es 0-0, 13 partidos salvados, un rescate desperdiciado, 2 holds, 2.45 de PCL y 28 pasados por los strikes.

Oliver Pérez ha sido una de las mejores historias del año. Descartado al principio de la campaña, fue llamado por los Indios de Cleveland para fungir como especialista zurdo y lo ha hecho de maravilla. Tiene record de 0-1, con 12 holds, 30 ponches y 1.07 de efectividad.

Víctor Arano sigue cumpliendo más que bien sus tareas en el relevo de los Filis. El de Cosamaloapan es algo así como la estrella invisible del bullpen. Sus números: 1-2, tres juego salvados, PCL de 2.60, 55 ponches y 9 holds.

Héctor Velázquez se llevó dos derrotas en agosto –una de ellas en una apertura terrible- y no ha estado tan fino como en los otros meses. De cualquier forma, sigue siendo una pieza importante, una suerte de utility de pitcheo, para los Medias Rojas de Boston Tiene marca en el año de 7-2, 3.24 de PCL, un hold y 46 chocolates recetados.

Vidal Nuño salió de la lista de lesionados de Tampa, pero no lo han puesto a lanzar. Sus números: 3-0, 1.50 de efectividad y 17 sopitas de pichón.

Christian Villanueva fue puesto a jugar primera y segunda base con los Padres, aunque su posición natural es la tercera. En eso estaba cuando, al atrapar un tremendo roletazo en segunda, se fracturó un dedo. Pasó a la lista de lesionados y tal vez no regrese. El mes le alcanzó para mejorar su porcentaje, pero bajó su slugging. Sus números: .236 de porcentaje, 20 jonrones, 46 impulsadas y tres robos de base.

Yovani Gallardo ha seguido ganando juegos en los que tira menos mal que el rival, aunque en agosto llegó a tener dos salidas de calidad. Sus números de 2018: 8-3, un feo pero ya no tan horrible 5.97 de carreras limpias, 43 ponches (y casi tantas bases por bolas: 34).

Jorge De la Rosa pasó a los Cachorros de Chicago luego de que los Diamantes de Arizona lo dejaran ir. Funciona como especialista zurdo en el relevo. Lleva 0-2, con 7 holds, 4.08 de PCL  y 38 ponches.

Marco Estrada ha dado una de cal por varias de arena. Tras una gran salida en agosto, donde dejó en un hit a los Marineros de Seattle, tuvo aperturas que van de lo mediocre a lo muy malo. Así ha estado todo el año, y no se sabe si trae una lesión latente. Su marca al momento: 7-11, 5.43 de carreras limpias y 90 ponches  

Fernando Salas, inactivo, tras haber sido dejado fuera por los Diamantes de Arizona. Acumula  4-4, efectividad de 4.50, 30 ponches y 4 holds.

Adrián González en agosto estuvo en una reunión de peloteros con el presidente electo López Obrador, pero ya no jugará. Los numeritos del Titán en 2018: .237 de porcentaje, 6 cuadrangulares y 26 carreras empujadas.

Giovanny Gallegos no ha sido llamado por los Cardenales de San Luis… Sus números (todos con los Yanquis): 0-0, un salvado, 4.50 de limpias y 10 ponches.

Luis Cessa regresó al equipo grande de los Yanquis. El veracruzano, sin embargo, se ha visto inconsistente: Sus dos aperturas fueron muy malas. En cambio logró el primer salvamento de su carrera en un relevo largo. 1-3, 5.34 de limpias, un salvado y 23 ponches.

Alex Verdugo fue llamado por los Dodgers en septiembre. Se pasó octubre en AAA. Batea para .280, con un jonrón y 6 impulsadas.

Jaime García estuvo un ratito en el bullpen de Toronto y rapiño una victoria, pero la química con John Gibbons se había acabado, y lo dejaron ir. Lo recontrataron los Cachorros de Chicago, para reforzar su bullpen con un brazo veterano. Rumbo a la postemporada, el tamaulipeco competirá, en desventaja, con Jorge de la Rosa por el puesto de especialista zurdo. 3-6, PCL de 5.93, 3 holds y 69 ponchados.

Luis Urías. El joven de Magdalena de Kino, Sonora, debutó el 28 de agosto con los Padres de San Diego, jugando la segunda base. En la primera entrada, se lució con un atrapadón. Se dice de él que es un bateador natural, de porcentaje más que de poder. En sus primeros días en las mayores lleva .194 de porcentaje, un jonrón, dos empujadas y un robo.

Daniel Castro Con 176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas, para los Rockies, tiene pocas posibilidades de regresar al equipo grande. Ya está el róster de 40 y el de Guaymas no fue llamado.

Carlos Torres estuvo un rato con los Nacionales de Washington. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González, operado del hombro de lanzar, lo veremos –si acaso- dentro de un año. Numeritos feos en 2018: 0-3, 12.41 de limpias y 5 ponches.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros. Juega en Japón.

miércoles, agosto 29, 2018

1968: el manotazo a Papá Gobierno


Se cumplen 50 años del movimiento estudiantil de 1968 y será útil para la sociedad hacer un ejercicio de memoria colectiva, que sirva no sólo para entender aquella circunstancia y momento, sino también para comprender mejor algunos de los resortes políticos del México de hoy.

Un problema que se ha hecho notar en las nuevas generaciones es la propensión a condensar la historia reciente en una cosa nebulosa llamada “el pasado”. En vez de una visión más o menos ordenada sobre distintos procesos históricos que se sucedieron en orden cronológico, a menudo tenemos una revoltura confusa en la que se mezclan elementos de décadas muy distintas y, encima de eso, se considera que al final no importa, al cabo que ya pasó.

No es así. El largo y sinuoso proceso de democratización de México tuvo sus prolegómenos en los años cincuenta, pero tiene como base aquel movimiento estudiantil que se gestó cuando el sistema autoritario unipartidista estaba en su cénit, y a punto de presumir al mundo sus logros, a través de la organización de los juegos de la XIX Olimpiada.

Lo que empezó como una represión excesiva a desmanes estudiantiles –probablemente, una torpe maniobra gubernamental para tener encarcelados a los comunistas durante los juegos olímpicos–, continuó con un despertar estruendoso de las clases medias escolarizadas, tuvo su momento más negro en la Plaza de las Tres Culturas y desembocó en una sociedad que exigía más participación política y una relación distinta con el poder. El México moderno no se entiende sin ese cambio.

El concepto de gobierno paternalista es ya lugar común en los análisis políticos. Pero si hubo alguna vez un “Papá Gobierno”, ese era el de Díaz Ordaz. No principalmente por el lado de las dádivas, que ha sido una característica de siempre, sino sobre todo por la idea de que la población era considerada como menor de edad en términos políticos. Al gobierno se le debía respeto y obediencia. Un gobierno que era como don Cruz Treviño, el padre atrabiliario de “La Oveja Negra”.

Cuando estalló el movimiento, la primera reacción gubernamental no fue la de dirigirse a los estudiantes, sino a sus padres. Instaba a los progenitores a hacerse responsables del buen comportamiento de sus hijos, a quienes consideraba abiertamente incapaces, auténticos menores de edad. Bajo esa lógica profundamente miope, era imposible que las demandas democratizadoras fueran obra de los estudiantes porque los niños no piensan por sí mismos: alguna mano ajena y adulta (no podía ser sino otro gobierno) era la que los estaba azuzando.

Durante aquellos meses de 1968 la propaganda del gobierno fue tan abrumadora, que en las secciones de sociales de los periódicos se podían leer consejos a las madres, para que les explicaran a sus hijos pequeños que, aunque sus hermanos fueran estudiantes, eso no quería decir que fueran malos.

Se trataba de un gobierno que se había aislado de la realidad de aquel México en acelerado proceso de modernización, que se había intoxicado en su propia retórica nacionalista y que no entendía que las clases medias que había ayudado a crear no se conformaban con tener electrodomésticos, sino que buscaban espacios más amplios de libertad personal y social.

Frente a ese gobierno se plantaron los jóvenes beneficiados por los gobiernos emanados de la revolución, que habían tenido acceso a la educación superior –a menudo, eran los primeros en su familia– y que, para decirlo en palabras de Luis González de Alba, dieron un manotazo en la mesa de las tías.

Porque, más allá de las demandas de cese a la represión, destitución de mandos y derogación de artículos persecutorios, y más allá del proceso de ideologización que acompañó al movimiento, lo que hicieron los estudiantes aquel año fue una fiesta. Fue romper filas ante quienes los querían dóciles y uniformados y bien dispuestos a continuar llevando el país por la senda del desarrollo, bajo la sabia dirección gubernamental.

También fue un despertar como ciudadanos, entendiendo el concepto de ciudadanía como algo colectivo y participativo. Exactamente lo contrario de lo que suponían las autoridades: para ellas, el individuo que se comportaba de manera ordenada era un ciudadano; quien lo hacía de manera colectiva –y no controlada por el PRI– ya no lo era: se convertía en un agente de la disolución social: en un delincuente, contrarrevolucionario y antimexicano.

En otras palabras, cualquier oposición organizada era vista como obstrucción a las tareas patrióticas del gobierno. ¡Qué sociedad civil ni qué ocho cuartos!

El manotazo del 68 fue cultural y político. No fue, en principio, un movimiento de las clases trabajadoras ni tenía en primer lugar a las reivindicaciones sociales, aunque la dirigencia fuera de izquierda. Fue primordialmente clasemediero, y sus efectos fueron permeando al resto de la sociedad a lo largo de los años.

La cruel represión de que fueron objeto los estudiantes –no debemos olvidar, de paso, que los dirigentes pagaron un duro e injusto precio de tortura y cárcel– creyó haber aplastado ese movimiento libertario, y convertirlo en sólo un momento. Pero no fue así. Ya el cambio estaba en marcha, destinado a romper los moldes de un sistema que había dado de sí.

La transformación fue paulatina, pero constante. Los avances en materia democrática se fueron dando, en parte por necesidades de adaptación del sistema, pero sobre todo porque el 68 mexicano había abierto camino a las libertades, originado inquietudes en las conciencias; porque había sido semilla de muchas organizaciones políticas y sociales, de medios de comunicación de nuevo tipo, de grupos organizados de trabajadores del campo y la ciudad.

Antes del 68 había un erial; después, florecieron la nueva sociedad política y la sociedad civil.

No es cualquier cosa. Por lo mismo, vale recordarlo, y no poner todo el pasado revuelto en una misma cubeta. 

jueves, agosto 16, 2018

20 películas de animación

La que sigue es una lista de los filmes de animación que más me han gustado.

           El Viaje de Chihiro

Sen to Chihiro no kamikakushi (2001) -El Viaje de Chihiro-
Belladona de tristeza

Kanashimi no Belladonna (1973) -Belladona de tristeza

Corpse Bride (2005) -El cadáver de la novia-

Kimi no na wa (2016) -Tu nombre-

Yellow Submarine (1968) -Submarino amarillo-

Coco (2017)

Beauty and the Beast (1991)  -La Bella y la Bestia-


Yellow Submarine

Vals im Bachir
(2008) -Vals con Bachir


Hauru no oguko shiro (2004) -El increíble castillo vagabundo-

The Incredibles (2004) -Los Increíbles-

Persépolis (2007)

Finding Nemo (2003) -Buscando a Nemo-

El planeta salvaje

Kirikou et la sorcière (1998) -Kirikou y la hechicera-

The Little Mermaid (1989) -La Sirenita-

Fantasia (1940)

Mononoke-hime (1997) -La princesa Mononoke-

La planète sauvage
(1973) -El planeta salvaje-

Monsters, Inc. (2001)

WALL-E (2008)

Toy Story (1995)

Como puede verse, hay de todo un poco. Disney se lleva la parte del león, pero hay tres de Miyazaki y otras dos de animación japonesa. La mayoría son infantiles, pero hay varias decididamente para adultos: Belladona, El planeta salvaje, Persépolis, Vals con Bachir, Tu nombre. 



Coco





lunes, agosto 06, 2018

México en los JCC Barranquilla 2018, un balance deportivo



Hacer un balance de la actuación mexicana en los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados en Barranquilla, Colombia, es una tarea que debe ir más en el sentido del análisis estricto que el mero sonar de las campanas porque finalmente México superó a Cuba en unos JCC, cosa que no sucedía desde el ya lejano 1966. Esta vez lo hizo más ampliamente que hace 52 años. Tuvimos 132 medallas de oro, 17 más que en Veracruz (y eso que ahora no hubo pelota vasca) y 30 más que la delegación cubana.

Los papeles se trocaron respecto a hace cuatro años. En aquel entonces, las autoridades deportivas de México pecaron de exceso de optimismo y las cubanas hicieron un análisis realista; para Barranquilla fue al revés. Ahora les toca a los cubanos lamerse las heridas.

El primer elemento a analizar es la evolución general de los países. Las glorias del deporte cubano llevan tiempo desvaneciéndose paulatinamente: hace rato que no es la máquina arrasadora de fines del siglo pasado. Pero los principales beneficiarios de esa baja –relativa, porque Cuba sigue siendo una potencia deportiva- habían sido antes Venezuela y Colombia. El anfitrión esperaba seguir en el camino ascendente, y se topó con pared: apenas tuvo 9 medallas de oro más que en Veracruz. La crisis venezolana, se ve, también golpea a su deporte: obtuvo 18 metales dorados de menos. Es en esas circunstancias que México resultó el ganador neto (y, si vemos el medallero, encontraremos que Guatemala también ha hecho sus avances).

En las entregas de las dos justas anteriores, criticábamos el poco avance mexicano en los programas más importantes del programa olímpico. Una parte importante del buen resultado de Barranquilla se encuentra en ellos.

En atletismo, donde Cuba resintió el avance colombiano y la buena prestación de Jamaica, México aguantó y quedó más o menos como en Veracruz. El avance en las pruebas de campo es marginal, pero es una realidad; encontramos una promesa de futuro en el joven Jesús Tonatiu López, corredor de 800 metros, nos defendimos en el semifondo, Juan Luis Barrios parece eterno (no lo es: se retira) y el gran fondo y la marcha se nos dan mejor que a otros (a estas alturas, ya no importó la mañosa cancelación de la caminata femenil).

Natación es una disciplina que ayuda a explicar el repunte. México fue el principal capitalizador del desplome venezolano, llevándose 15 preseas doradas, además de la prueba femenil de aguas abiertas, cuando en Veracruz tuvo 7. En particular, la natación varonil pasó de cero a 7 medallas de oro. Las victorias en relevos hablan de consistencia; las marcas nacionales y los récords de los juegos mejorados, de que los deportistas llegaron en buen momento y no fue por la caída ajena. Por medallas ganadas, destaca la veterana Liliana Ibañez (en la foto); por posibilidades rumbo al futuro, Ricardo Vargas. De todos modos, el nivel regional de la natación no es muy alto.

Ciclismo también sorprendió positivamente, sobre todo el de pista, donde México se llevó 8 oros. Ahí, el gran perdedor fue Colombia: el anfitrión esperaba arrasar, con la baja de nivel venezolana y terminó con 6 oros menos que en Veracruz. Cuba también bajó, marginalmente. El ciclismo de pista requiere de grandes inversiones y de mucho fogueo. Al menos lo segundo se está teniendo. La doble victoria en ciclismo de montaña, aunque esperada, indica que no se ha perdido el paso.

En otros dos deportes de gran presencia olímpica, las cuentas no pueden ser tan alegres. En gimnasia, aunque no tan mal como en Veracruz, México sigue estancado en niveles que no corresponden ni a su desarrollo deportivo ni a las habilidades naturales de los mexicanos. En boxeo, la buena actuación en femenil no debe eclipsar el estancamiento evidente en la rama varonil.

Pasemos a los deportes olímpicos en donde México se considera contendiente mundial. En clavados, la actuación fue buena en general (y, en la lucha de entrenadores, Ma Jin le ganó un round a Iván Bautista. En taekwondo, México no mandó a algunos de sus atletas mejor ranqueados, y se notó: hubo una caída de dos oros respecto a Veracruz (serían 5, de no ser por la introducción de la modalidad de poomsae). En tiro con arco, las mujeres del recurvo estuvieron sensacionales: oro por equipos, oro en equipo mixto y el 1-2-3 en individual. El equipo varonil ya está claramente por debajo –y sólo el bicampeón Abuelo Álvarez puede considerarse de elite- y en arco compuesto se cumplió con las victorias por equipos y medallas individuales.

Hay disciplinas en las que México es, de lejos, la potencia regional: triatlón, nado sincronizado, gimnasia rítmica, squash y racquetbol. Tenía que ratificarlo y lo hizo.

Y hay dos deportes que son clave para explicar la victoria mexicana sobre Cuba. Uno es el remo. En Veracruz, los cubanos se llevaron los diez oros en disputa. En Barranquilla, México volvió por sus fueros y se llevó 6 de 11. El otro es el tiro deportivo. En la edición pasada, México obtuvo 6 medallas doradas, por 14 de Cuba; en esta, la delegación mexicana se quedó con 13, por 12 cubanas.

Con altas y bajas, pero dentro de las expectativas, estuvieron deportes como pentatlón moderno, canotaje, bádminton, equitación, gimnasia de trampolín, tenis, vela, boliche y tenis de mesa. En judo hubo una mejora marginal. Un poco más notable, en halterofilia. En gimnasia artística, igual de retrasados.

Donde las cosas se ponen preocupantes es en esgrima. México poco a poco había escalado peldaños a nivel JCC, Panamericano y Mundial, y ahora todo parece estar viniéndose abajo. Pasamos de 10 medallas a 5 y de tres oros a ninguno. La gran ganadora de esa debacle resultó ser Cuba. Al parecer, en la federación alguien se mareó al pararse en un ladrillo. En lucha, los pocos avances se disiparon en esta edición, particularmente los que había habido en la rama femenina.

Termino con los deportes de conjunto, donde todavía no se ve la que debería ser superioridad nacional. El único oro fue en futbol femenino (los hombres hicieron el ridículo absoluto); en volibol masculino hemos avanzado en la rama varonil, aunque hubiéramos preferido el oro en la pareja de playa; en hockey sobre pasto pudimos haber tenido oro femenino, pero nos quedamos en la raya con dos platas; algo similar pasó con la plata femenina en softbol; en waterpolo hubo avance femenino y retroceso masculino; en balonmano avance marginal; en beisbol enviamos a un equipo pesado y mal manejado; en baloncesto, un partido malo dejó fuera al buen equipo varonil y las damas llegaron hasta donde podían.


Que el Comité Olímpico Mexicano y la CONADE hayan, por una ocasión, decidido trabajar juntos y coordinados ha rendido frutos. Muestra un camino a seguir, en el que no deben caber –sin embargo- displicencias o triunfalismos. Hay varios deportes que todavía requieren mucha mejoría para ser competitivos, incluso a este nivel, donde México nunca debe abandonar el lugar más alto del medallero. El siguiente paso son los Panamericanos de Lima 2019: ahí la comparación debe ser con la edición de Toronto 2015, no vayamos a confundir peras con manzanas. 

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viernes, agosto 03, 2018

El extraño retorno de Yovani Gallardo

Mexicanos en GL. julio 2018

La temporada regular de las Grandes Ligas en 2018 no pintará, sin duda, entre las más exitosas para los peloteros mexicanos. Pero siempre hay historias raras e interesantes. Una de ellas ha sido el efecto del regreso de Yovani Gallardo a los Rangers de Texas, el equipo de sus amores infantiles, tras su desastroso y efímero paso por Cincinnatti. Ha acumulado victorias y amenaza, para el año próximo, si sigue en MLB, con rebasar a Esteban Loaiza como segundo máximo ganador mexicano en la Gran Carpa. Lo más extraño es el cómo se ha agenciado esas victorias.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo coel desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Joakim Soria. El de Monclova estuvo muy bien como cerrador de los Medias Blancas de Chicago, apuntándose 4 salvamentos más para su amplio historial. Tan bien, que los Cterveceros de Milwaukee que han tenido problemas con sus taponeros, lo adquirieron de última hora para ser contendientes en postemporada. Con los Cerveceros, Joakim fungirá como preparador de cierre. Lleva récord de 0-3, mejoró su efectividad a 2.48 carreras admitidas por cada 9 innings lanzados, y 51 ponches. Tiene 16 salvamentos, 5 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento) y tres rescates desperdiciados –que son sus derrotas.

Víctor Arano ha sido factor en el buen desempeño de los Phillies, dando profundidad y consistencia al relevo. El veracruzano se apuntó dos rescates en julio, pero perdió un juego. Sus números: 1-1, tres juego salvados, PCL de 2.21, 45 ponches y 7 holds.

Héctor Velázquez es otro que se ha asentado en un equipo grande. Con los Medias Rojas de Boston, el relevista largo de Ciudad Obregón tuvo un mes decente y se llevó una victoria en un partido maratónico. Tiene marca en el año de 7-0, 2.57 de PCL, un hold y 36 chocolates recetados.

Sergio Romo fue el pelotero mexicano más destacado del mes, poniendo el cerrojo en el último inning para las Rayas de Tampa Bay. Si el mes anterior fue abridor por estrategia, en julio llegó a jugar la tercera base. La táctica, que sí funcionó, fue que entrara a lanzar contra un derecho, dejara su lugar a un especialista zurdo para el out siguiente, pero sin dejar el terreno de juego, y regresara para sacar el out 27. Su PCL en julio fue apenas de 0.75 carreras limpias permitidas por cada 9 entradas. Salvó 4 y mantuvo dos ventajas. Sus números del año: 1-2, 3.47 de limpias, 13 salvamentos, 6 rescates desperdiciados, 7 holds,  y 54 despachados por la vía de los strikes.

Christian Villanueva ha estado pagando el precio de la novatez en la parte adulta de la temporada, que es cuando los lanzadores suelen estar más precisos. En julio, el tercera base de los Padres de San Diego bateó para .222, con 4 jonrones y apenas 6 carreras producidas. Su fildeo ha ido para arriba tanto como su bateo para abajo. En agosto ya se apuntó otro cuadrangular. Sus números en lo que va del año son: .225 de porcentaje, 20 jonrones y 45 impulsadas.

Oliver Pérez ha sido una pieza importante en la buena temporada de los Indios de Cleveland, como especialista zurdo. Continuó mejor lo que había hecho bien en junio. No lleva decisión, pero ha acumulado 8 holds, 17 ponches y un excelente 1.08 de efectividad.

Vidal Nuño se pasó el mes en la lista de lesionados, pero sus números siguen siendo buenos: 3-0, 1.50 de efectividad y 17 sopitas de pichón.

Roberto Osuna está a punto de regresar de la suspensión que le decretara la MLB. En el interin, ha sido traspasado de Toronto a los Astros de Houston, y se presume que su regresó será como cerrador: el sinaloense lleva marca de 0-0, 9 partidos salvados, 2.93 de PCL y 13 pasados por los strikes.

Fernando Salas, inopinadamenete, fue dejado fuera por los Diamantes de Arizona y no ha encontrado equipo. Acumula estos números: 4-4, efectividad de 4.50, 30 ponches y 4 holds.

Marco Estrada, tras un muy buen mes de junio, se pasó casi todo julio en la lista de lesionados, volvió el día 30 y lo sacudieron. Su marca al momento: 4-8, 4.90 de carreras limpias y 70 ponches  

Jorge De la Rosa, estuvo casi todo el mes con los Diamondbacks. En una ocasión lo mandaron a relevar sin calentar –el abridor se lesionó- y lo tundieron inmisericordemente. Eso afectó sus números, pero tal vez éstos fueron la razón por la que el equipo de Arizona lo dejó ir. El zurdo  lleva 0-2, con 6 holds, 4.63 de PCL  y 27 ponches.

Yovani Gallardo, o el abridor con suerte. En la rotación de los Rangers, un equipo de parte baja de la tabla, tuvo en julio cuatro aperturas, y sólo una de calidad, pero se llevó tres victorias y una derrota. En su salida de agosto, lo apalearon, pero duró las cinco entradas de rigor y terminó llevándose la victoria. Los Rangers anotan 9.6 carreras en promedio cada que lanza Yovani. Un extraño regreso, sin duda. Sus números de 2018: 6-1, un feo 6.53 de carreras limpias, 30 ponches (y casi tantas bases por bolas: 23).

Adrián González sigue sin equipo en Grandes Ligas, tras ser dejado en libertad por los Mets.  Los numeritos del Titán en el que probablemente sea su año de retiro: .237 de porcentaje, 6 cuadrangulares y 26 carreras empujadas.

Giovanny Gallegos dejó de estar en la puerta giratoria de los Yanquis y fue negociado a los Cardenales de San Luis… donde está en la puerta giratoria entre AAA y el equipo grande. Con los del Bronx salvó un juego en relevo largo de tres entradas. Sus números: 0-0, un salvado, 4.50 de limpias y 10 ponches.

Luis Cessa ganó el juego que rescató Gallegos, pero igual sigue en la puerta giratoria de los Yanquis. 1-2, 4.50 de limpias y 17 ponches.

Alex Verdugo volvió a reemplazar un rato, en los jardines de los Dodgers, a Yasiel Puig, quien se resintió de su lesión. Conectó su primer cuadrangular de la temporada. Batea para .280, con un jonrón y 6 impulsadas.

Jaime García tiene otro tipo de puerta giratoria, que es entre el roster y la lista de lesionados. En el proceso, perdió su lugar en la rotación de los Azulejos y ahora el zurdo tamaulipeco está en el bullpen. 2-6, PCL de 6.42 y 62 ponchados.

Daniel Castro quisiera que funcionara la puerta giratoria porque sigue en AAA; 176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas, para los Rockies.

Carlos Torres sigue en el desempleo tras ser dejado por los Nacionales de Washington. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González fue operado del hombro de lanzar y se perderá el resto de la temporada y al menos la primera mitad de la del año próximo. En 2018 el Mariachi tuvo numeritos para el olvido: 0-3, 12.41 de limpias y 5 ponches.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros. Juega en Japón.

miércoles, julio 18, 2018

Biopics: un coloquio en Nueva York

En octubre de 1988 asistí a un coloquio en Nueva York. Su principal promotor-organizador era Clemente Díaz Durán, quien había desarrollado una buena amistad profesional con dos economistas relevantes, Hyman Minsky y David Felix, de la Washington University de St. Louis. Yo a Minsky lo había estudiado en Italia y sus textos habían sido importantes para mi tesis y para posteriores análisis sobre la deuda mexicana, como el de “Acreedores y Deudores”. De hecho, ambos académicos habían venido a México y yo fungí una tarde como guía de turistas en el centro de la ciudad para Minsky y su señora.

Aquel coloquio se desarrolló en el Bard College, situado al norte del estado de Nueva York –uno podría decir que era una universidad en medio de la nada, de no ser porque junto corría el río Hudson-, y a mí me tocó comentar un paper de Richard Feinberg, sobre la caída en el financiamiento a América Latina de parte de las agencias multilaterales. Fuimos varios colegas de la facultad y recuerdo que me reí mucho en el camino de ida, platicando con Francisco Hernández y Puente y Francesca Sasso.

De la reunión recuerdo menos. Sé que de nuestra parte participaron, además de mí, el propio Clemente, Rolando Cordera, Julio López, Roberto Cabral, mi tocayo Hernández y Puente y León Bendesky. Nuestro participante estelar era Carlos Tello, en su calidad de exdirector del Banco de México.

Bendesky hacía mucho hincapié en que le dijeran “León”, con acento en la O, y no “Leon”, a la gringa. En cambio, un chileno, Sebastián Edwards, se refería a sí mismo como “Sebastian”. Allí conocí a otros personajes que tenían nombre en el momento, como Jeff Frieden e Ileana Cardoso.

Mentiría si dijera que recuerdo bien mis comentarios a la ponencia de Feinberg. Pero tengo presentes dos detalles. Uno, que lancé un juego de palabras en inglés: “In Latin America, the IMF is a three-letter four-letter word” (En América Latina, el FMI es una grosería de tres letras). El otro, que alguno de los presentes dijo que por fín alguien criticaba a Feinberg desde su izquierda. (En otras palabras, que para los gringos yo era muy ultra, y eso que todavía no escuchaban a Bendesky).

Acabé haciéndome medio cuate de Feinberg –años después sería, con Clinton, Director del Consejo Nacional de Seguridad-, y esa noche en el bar de aquel hotel en medio de la nada, vimos uno de los debates presidenciales entre George Bush y Mike Dukakis. A diferencia de Rolando, que se había entusiasmado con los argumentos del demócrata, Feinberg y yo vimos que había sido incapaz de dar el golpe seco que necesitaba y, también, que perdería la elección. El académico norteamericano estaba verdaderamente deprimido, y con razón.

Después del coloquio fuimos a la ciudad de Nueva York, en donde algunos nos quedamos en el hotel rascuache que había reservado Clemente, otros prefirieron irse a uno mejorcito y no faltó quien –no digo nombres- se fue a uno todavía más pinche para ahorrarse unos dolaritos. Compartí cuarto con Roberto Cabral.

¿Qué hicimos Cabral y yo, dos académicos empobrecidos, en la Gran Manzana durante un par de días? Tomamos el tourcito en barco que te lleva a ver la Estatua de la Libertad y caminamos, caminamos, caminamos y caminamos por esa ciudad interminable. Hicimos un par de mínimas compras y en las noches nos pusimos a ver por televisión la Serie Mundial.  Igual la pasamos bien.


viernes, julio 13, 2018

CDMX. la clase social aparece en las urnas


Se ha hablado, en esta elección, tanto de voto transversal por Andrés Manuel López Obrador, como de voto diferenciado entre las diferentes candidaturas. También se ha hablado de voto de clase y de voto de castigo. Es hora de hacer algunos numeritos, tomando como ejemplo las elecciones en la Ciudad de México, que tienen, además la característica de que la elección presidencial y la de jefatura de gobierno fueron concurrentes, y con campañas bien diferenciadas.
Empecemos por lo obvio. AMLO ganó ampliamente en la capital, pero la Ciudad de México ya no fue el bastión principal de sus votos. Quedó apenas arriba de la media. Los bastiones lopezobradoristas esta vez fueron los estados del sur-sureste y del noroeste.
Lo segundo, López Obrador obtuvo 400 mil votos más que la candidata a la jefatura de gobierno por la coalición Juntos Haremos Historia, Claudia Sheinbaum. Esto significa que hubo mucho voto diferenciado en estas elecciones. Lo interesante será constatar que hubo elementos de clase ligados a esta decisión.
Históricamente, al menos desde 1988, la votación en la capital ha estado claramente diferenciada según el estrato social. En la elección presidencial de aquel año, había una correlación inversa entre nivel de ingresos y votación por Cuauhtémoc Cárdenas, y una correlación directa en el caso de Manuel Clouthier, con la excepción de los estratos más altos. En otras palabras, las colonias más pobres votaban más por el Frente Democrático Nacional y las más pudientes lo hacían más por el PAN. La excepción eran las colonias más ricas, que se decantaban más por el PRI. Este partido tenía en la ciudad un patrón de votación casi plano: aproximadamente los mismos porcentajes en todas las colonias, salvo el chipote positivo de las más ricas.
Este patrón de votación por clase o estrato social se mantuvo desde entonces, variando sólo los porcentajes, hasta el 2015. De hecho uno podía saber en qué tipo de colonia vivía revisando el porcentaje de votación del PAN y comparándolo con otras. Más panista significaba más nice. El caso contrario era cierto con el PRD, aunque a lo largo de los años, la línea del PRI se hizo menos recta, porque se cayó su apoyo en las zonas de clase media-baja.
En las elecciones de 2015 y 2016, con la aparición de Morena, hubo nuevos cambios. Morena y PRD se dividieron a las clases populares, por la diferente implantación territorial de ambos. En términos generales hubo una fuga de voto clasemediero y de colonias de clase trabajadora del PRD hacia Morena, pero este no fue tan grande en las colonias marginadas.
¿Qué pasó en 2018? Las elecciones tenían un ingrediente particular, la alianza entre el PAN y el PRD, que tenían fuentes sociales de voto muy distintas. ¿Hasta qué punto habría una fusión de estas dos bases electorales diferenciadas? ¿Qué tanto pesaría el hecho de que el candidato presidencial del Frente fuera de extracción panista y la candidata a la ciudad fuera perredista? ¿Y el efecto AMLO?
Esa alianza, a su vez, tuvo efectos en las campañas para la jefatura de gobierno. Claudia Sheinbaum decidió centrarse en la identificación con AMLO y agregó el tema de su experiencia como científica, con la idea de una ciudad innovadora; Alejandra Barrales se dirigió casi estrictamente a las bases perredistas, otrora mayoritarias, con lenguaje populachero y propuestas de apoyos sociales; Mikel Arriola consideró que le dejaban un amplio campo a la derecha y hacia allí se movió, sobre todo en temas de seguridad y de derechos de las minorías.
¿Qué fue lo que sucedió? Analizamos una veintena de casillas, de distintas colonias y clases sociales y esto fue lo que encontramos.
En primer lugar, en la elección presidencial encontramos lo de siempre: una correlación positiva entre ingresos y voto por el PAN (por Ricardo Anaya) y una correlación negativa entre nivel de ingresos y voto por Morena (por Andrés Manuel López Obrador). La única diferencia relevante es que las clases más altas abandonaron al PRI –en la casilla de Las Lomas, Anaya obtiene 65%, frente a 20% de Meade– y que el desplome del priísta en algunas colonias de clase media baja es total –en la Unidad Independencia obtiene apenas el 4%-.
El otro dato es que la correlación entre nivel de ingresos y tipo de voto no funcionó tanto en los candidatos a la jefatura de gobierno. También se da, pero no de una manera tan clara.
En particular, la línea para Barrales y Sheinbaum es más plana que para sus respectivos candidatos presidenciales.
Eso significa que muchos ciudadanos de clase media-alta y alta que votaron por Anaya, lo hicieron por Mikel Arriola o por Claudia Sheinbaum en la boleta citadina. También, que muchos electores de clase trabajadora y marginada que votaron por AMLO para la presidencial, lo hicieron por Barrales para la jefatura de gobierno.
De hecho, en las clases altas, Sheinbaum obtiene más votos que López Obrador y en las medias, aproximadamente el mismo porcentaje. La diferencia se explica exclusivamente en las zonas populares, sobre todo allí donde había aparato perredista (que se detecta también en los votos por Anaya bajo el logo del sol azteca).
Barrales tiene hasta 16% menos votos que Anaya en las casillas “ricas” y hasta 22% más que el panista en las zonas pobres. Arriola tiene hasta 14% más que Meade en las zonas ricas y es todavía menos popular que él en las pobres.
Mikel Arriola, al mover al PRI hacia la derecha, llevó hacia sí a los votantes panistas más conservadores y con consciencia de clase (alta), pero no pudo entregarle esos votos a Meade (Mikel se llevó 120 mil votos más que Meade bajo el emblema del PRI). La campaña de Barrales no intentó atraer votantes del lado derecho del Frente; su propósito, más que contribuir a la causa de Anaya, era evitar que el PRD se desfondara totalmente en la capital (aquí sí jugó aquello del “agua y el aceite” de los críticos más elementales del frente).
Finalmente, Claudia Sheinbaum, en una campaña que hacía énfasis en sus credenciales académicas, obtuvo un voto transversal que atrajo a la clase media ilustrada, pero no pegó tanto como AMLO en las zonas populares. Su holgada victoria está más ligada al éxito nacional de Andrés Manuel López Obrador y al voto de castigo hacia Miguel Ángel Mancera que a la campaña misma. Hay que decir que ella lo sabía desde el principio.


En resumen, las clases sociales sí existen. Siguen existiendo. Y la gente, a veces sin proponérselo conscientemente, vota con ellas.