jueves, junio 14, 2018

1988: Cuando calló (y se cayó) el sistema

El día antes de las elecciones de 1988 varios de los amigos del MAP y anexas hicimos pública nuestra decisión de voto. Ese día apareció, media plana en La Jornada, el desplegado “Un voto por la democracia”, que llamaba a votar por Cuauhtémoc Cárdenas. Entre otros, firmábamos, Julia Carabias, Fallo Cordera, Arnaldo Córdova, Alejandro Encinas, Gilberto Guevara Niebla, Pablo Pascual, Fito Sánchez Rebolledo, Raúl Trejo, Arturo Whaley. Pepe Woldenberg y yo, según recuerda Raúl.
En la urna, el 6 de julio, decidí cruzar el emblema del PPS, de entre los partidos que conformaban el FDN. Descubrí que mi tirria con Heberto Castillo impedía cruzar el logo del PMS con su nombre, a pesar de que ese voto contara para Cuauhtémoc.
En aquellos años no existía el Prep, nada de que los ciudadanos pudieran ver cómo iba la votación. Tampoco había IFE,  pues las elecciones las organizaba la secretaría de Gobernación, encabezada por Manuel Bartlett. En la Comisión Federal Electoral el PRI tenía mayoría absoluta (incluso por encima del gobierno). Si iba a haber un conteo rápido nacional era el que pudiera realizar el PMS, con su centro de cómputo electoral encabezado por Enrique Provencio  y tal vez el PAN tendría algo parecido (pero parece que no).
Lo que sucedió esa noche está en los anales de la historia. Empezaron a llegar los datos del Distrito Federal. Se sabía de antemano que ahí Cárdenas estaría fuerte. Resultó que estaba fortísimo. Los primeros datos de provincia venían de Tula, Hidalgo, y ahí se vio que los votos de los petroleros también se decantaban por Cuauhtémoc. Entonces el sistema de cómputo se calló, luego se cayó y a continuación vino el desbarajuste, porque el líder nacional del PRI, Jorge De la Vega Domínguez declaró el triunfo inobjetable, legal y contundente del Licenciado Carlos Salinas de Gortari, y los partidos y candidatos de oposición no aceptaron ese albazo.
La información iría cayendo después, a cuentagotas. Bartlett escribiría, seis años después, que el proceso “se ajustó a la ley y estuvo legítimamente documentado”. Pero hubo un tiempo largo, de muchos días, en el que no se hizo pública la información de la mitad de las casillas. Bartlett entregó a los partidos, en cintas de computadora, datos de cerca de 30 mil casillas; de las otras 25 mil no se sabría nada hasta mucho después. El contenido de las 30 mil y sobre todo el vacío informativo sobre las otras serían fuente de inestabilidad política, y México ha tenido que pagar por ello, todavía décadas después.

Era evidente, para quien tuviera dos dedos de frente, que había habido una manipulación fraudulenta en aquellas elecciones. Lo que no era evidente es que Cuauhtémoc Cárdenas hubiera tenido más votos que Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, Cuauhtémoc también se proclamó ganador, porque llevaba ventaja en los datos de los partidos del FDN, que habían podido constatarlos en 40 por ciento de las casillas.
En esos días, Enrique Provencio me invitó al centro de cómputo electoral del PSUM para que hiciera un análisis de los datos que tenían hasta ese momento –supongo que pensó en mis experiencias de 1982 y 1985-. Lo que hice fue proyectar esos datos por estado en función del porcentaje de casillas cubiertas por entidad. El resultado era una apretadísima ventaja de Salinas. Supuse que la ventaja sería mayor, en la lógica de que los partidos del FDN eran menos fuertes allí donde no tuvieran representante de casilla. Lo comenté a Provencio, quien me dijo que había hecho un ejercicio parecido con resultados similares, pero que el problema era que algunos de esos datos no provenían de los compañeros del PMS.
Le pregunté si lo habían comentado con Cárdenas. Me dijo que sí, pero que “el Ingeniero no lo quiere creer” porque los datos ya estaban “contaminados”.
El caso era que los resultados completos habían sido escamoteados, que se había generado una gran confusión y que las proclamaciones de victoria en nada favorecían a un ambiente democrático. Las reglas del juego se habían resquebrajado. El sistema (o la mascarada) se había caído. Lo que tenía que venir era una renovación democrática, y no un choque.
Había que intentar, por eso, reconstruir lo que realmente había pasado ese 6 de julio, sin filias y sin fobias. Fue lo que traté de hacer en las semanas siguientes.


viernes, junio 01, 2018

Una lección para Osuna





Mexicanos en GL. Mayo 2018










La noticia del mes para los peloteros mexicanos en Grandes Ligas ha sido la suspensión del estelar Roberto Osuna, quien fuera arrestado y acusado de violencia doméstica. Por ahora está en permiso administrativo, cobrando pero sin jugar, en lo que se define su situación en los juzgados, el 18 de junio. Ligas Mayores se toma en serio este tipo de asuntos, dada cuenta que los deportistas son imagen y ejemplo, y es muy probable que tras la sentencia, Osuna sea suspendido hasta 30 partidos. Del asunto han trascendido pocos detalles, salvo que se trató de violencia física. Con esto, Osuna se perderá más de dos meses de campaña y, en los hechos, le habrá dado al traste. Ahora su carrera será cuesta arriba. Sabemos que el lanzador sinaloense sufre de ataques de ansiedad, y es probable que la agresión haya ocurrido durante uno de ellos. Es difícil, pero estos problemas mentales deben ser controlados constantemente. La suspensión será una lección para que este tipo de actitudes no se repitan. Ojalá y el serpertinero aprenda.  

Por lo demás, sólo contadas excepciones pudieron evitar que mayo del 2018 fuera uno de los peores meses en el desempeño de los peloteros mexicanos en los últimos años.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Christian Villanueva, tras un inicio de campaña arrollador, entró en el slump de bateo más grande que yo le recuerde a un mexicano: 37 turnos sin hit (pensemos que hace unos años el Cochito Cruz se fue de 31-0 y con eso dejó las Ligas Mayores para siempre), lo que le tumbó cien puntos en su porcentaje de bateo. Sin embargo, Christian, tras unos juegos en la banca, contra lanzadores derechos, tuvo un buen retorno en la segunda mitad del mes, disparando vuelacercas al por mayor.  En el mes, .170 de porcentaje, con 7 cuadrangulares y 16 producidas. En el año, .241, 15 cuadrangulares y 35 impulsadas. Va en segundo lugar en jonrones en la Liga Nacional y compite para Novato del año. A cambio, es inconstante en el fildeo: tremendos atrapadones, pero ya una decena de errores.

Héctor Velázquez se perdió diez días por un dolor en la espalda, y regresó al relevo en los Medias Rojas. Tras la lesión, sus relevos no han sido tan largos, por lo que ya no ha estado en posición de quedarse con la victoria en los juegos. El sonorense tuvo marca en mayo de 1-0 y 2.35 de efectividad (carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas): En el año, 5-0, 2.12 y 20 ponches.

Roberto Osuna, el lanzador más joven en llegar a cien salvamentos en las mayores, alcanzó a tener un par de rescates más para los Azulejos de Toronto antes de ser puesto de lado por decisión de las Mayores. Su problema, lo sabemos, no está en la lomita de las responsabilidades, sino en la falta de responsabilidad fuera de ella: lleva marca de 0-0, 9 partidos salvados, 2.93 de PCL y 13 pasados por los strikes.

Víctor Arano empezó el mes en la lista de lesionados y regresó al bull-pen de los Phillies. El veracruzano no ha estado tan filoso como a principios de temporada, pero aún así puede presumir de una efectividad de 2.08 y 19 chocolates. Los rivales le batean apenas para .197

Adrián González se aferró a la titularidad en la primera base con los Mets de Nueva York y, sin ser ya una estrella, ha cumplido con creces las expectativas. El Titán de origen tijuanense bateó en mayo para .289, con 3 jonrones y 7 carreras producidas. Sus números en lo que va del año: .261, 6 cuadrangulares y 25 impulsadas. Su guante y su clase siguen siendo deslumbrantes: no lleva un solo error en el fildeo.  De seguro no será campeón de bateo, pero sí puede ser Guante de Oro.

Fernando Salas, tras un abril maravilloso, ha tenido un mayo trastabillante, como todos los Diamantes de Arizona. El relevista intermedio acumuló derrotas en el mes; le anotaron más de una carrera limpia por inning lanzado. Sus números acumulados: 3 ganados, 4 perdidos, efectividad de 4.55 y 22 ponches.

Joakim Soria. El de Monclova perdió el puesto de cerrador con los Medias Blancas de Chicago, luego de desperdiciar un rescate donde llevaba ventaja de tres carreras. En el mes perdió dos juegos. Lleva récord de 0-2, 4.42 de PCL, 20 chocolates recetados, 4 juegos salvados y dos rescates desperdiciados.

Jorge De la Rosa también cargó con una derrota para los Diamondbacks. En el relevo intermedio, el zurdo regiomontano tuvo un mal mes, con 6.94 de limpias. Su marca del año: 0-2, con 6 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento), 3.79 de PCL  y una decena de ponches.

Vidal Nuño fue llamado al bullpen de las Rayas de Tampa a mediados de mes. Le ha dado para ganar un juego. 1-0, con 3.00 de efectividad.

Giovanny Gallegos ya se tomó su primera tacita de café con los Yanquis en este 2018. Lo llamaron, lanzó dos entradas sin permitir carrera y lo regresaron a AAA.

Sergio Romo ha sido la pieza central en la nueva, y extraña, estrategia del manager de las Rayas de Tampa Bay, Kevin Cash. Lo han puesto a abrir juegos, pero en veste de “cerrador”. A él, que había tenido 588 apariciones en relevo en Grandes Ligas antes de abrir un juego. El propósito, que se enfrente a bateadores derechos por una o dos entradas. Las dos primeras ocasiones estuvo excelente; las dos siguientes, del nabo. En medio, tuvo una oportunidad para hacerse de un salvamento. Sus números del año: un ganado, un perdido, un salvado, 3 rescates desperdiciados, 4 holds, un feo 6.33 de PCL,  y, 28 sopas de pichón a los bateadores rivales.  

Jaime García, acumuló en mayo dos aperturas desastrosas, una ida a la lista de lesionados por una inflamación en el hombro, una salida de calidad y una baja en la confianza. No sale de la rotación de los Azulejos porque toda ella es un desastre. En el año el zurdo tamaulipeco lleva 2 victorias, 3 derrotas, PCL de 5.52 y 43 ponchados.

Luis Cessa, con los Yanquis, pero en la lista de lesionados. Efectividad de 4.50 y 5 pasados por los strikes.

Marco Estrada tuvo una salida de calidad en el mes, pero no la ganó. A cambio, tuvo 6 muy malas, y perdió cuatro de ellas. Al igual que García, sólo la penuria general de la rotación de Toronto lo mantiene en el róster. Lleva marca de 2-6, 5.68 de PCL y 42 chocolates.

Alex Verdugo estuvo un rato en los jardines de los Dodgers, supliendo al lesionado Yasiel Puig. Acumuló  .265 de porcentaje, con una producida.

Daniel Castro, en una situación parecida a la de Verdugo, pero con los Rockies y en sustitución de D.J. LeMahieu, jugando la segunda base, se hizo de los siguientes números: .176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas. La buena noticia para el de Guaymas es que LeMahieu regresó y a él no lo reenviaron a AAA.

Carlos Torres no funcionó en el relevo de los Nacionales de Washington y le dieron las gracias. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González fue pasado a la lista de lesionados de 60 días. El Mariachi regresará a los Medias Blancas, si acaso, después del Juego de Estrellas. Sus impresentables números: 0-3, 12.41 de limpias y sólo 5 ponches.

Yovani Gallardo, ya sin chamba, con 30.86 de PCL y un par de ponchecitos.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros.  

miércoles, mayo 23, 2018

Biopics: La segunda encuesta de Datavox: “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”


La segunda encuesta del proyecto Datavox se realizó a principios de junio de 1988. A diferencia de la primera, en esta había copias de un facsímil de la papeleta electoral (impreso en papel revolución) que se depositaban en una urna hechiza. El facsímil lo consiguió Pepe Zamarripa y las impresiones las sacamos en la facultad.

Cuando los muchachos me fueron entregando las urnas, la sorpresa era que Cárdenas iba ganando. Le llevaba dos puntos porcentuales a Salinas de Gortari cuando faltaba la a última, que venía de una colonia marginal, pero ésta acercó notablemente al candidato del PRI. Tuve el prurito de anular una boleta que decía “¡Viva Cárdenas!”. Con todo eso, Cuauhtémoc le había dado la vuelta a los resultados de la encuesta anterior, si bien adelantaba por menos de un punto porcentual.

Deduje que las tendencias decían que Cárdenas ganaría el Distrito Federal por cerca de 10 puntos. “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”: así cabeceó Pepe Carreño su nota-comentario en La Jornada, aunque la encuesta se publicó en Punto. También parecía que el ganón dentro del Frente Democrático Nacional iba a ser el “partido del ferrocarril”, PFCRN, Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. La carrera por los escaños capitalinos del Senado se veía bastante pareja; en la encuesta, los priístas ganaban apretadamente porque el PMS tenía otra fórmula (Rincón Gallardo y el Búho Valle).

En la facultad me encontré a dos compañeros profesorers que eran candidatos. Me preguntaron por la encuesta. A Pedro López, que iba por el Ferrocarril, le dije que sería diputado; a mi amigo Eduardo González, que iba por el PMS, le dije, con la pena, que él no. Así sería.

Debo también decir que varios amigos del exMAP no creyeron los datos de la encuesta, tan acostumbrados estaban a ver ganar al PRI. En realidad, me había quedado corto, por dos razones: la primera, fue la famosa última urna. Debí haber escuchado al estudiante, quien me comentó que había gente que le preguntó si entonces ya no tenía que ir a votar el 6 de julio. Posiblemente, esas personas de colonia marginal creían que las estaban presionando y votaban de acuerdo a ello. La segunda razón fue la muestra misma. Estaba bien hecha técnicamente, pero con mala suerte: en ella cayó una de las cinco secciones que ganó Salinas en la ciudad (en Polanco) y una del puñado que ganó el PRI en la elección para el Senado (en la colonia Navidad, en Cuajimalpa).

Otra cosa menor que no preví fue que, como los facsímiles no tenían nombre de candidato, el grueso de los votantes de Cárdenas cruzó donde estaba la palabra “Cardenista”; es decir, en el logo del PFCRN. A la hora de la verdad, la mayoría lo hizo en el primer lugar donde vio el nombre de Cuauhtémoc; es decir, en el PPS.   

Un par de años después, en una comida, el presidente Salinas me preguntó a qué atribuía yo –el único encuestador mexicano que había puesto a Cárdenas por delante en la capital- que la diferencia a favor de Cuauhtémoc haya sido tan superior. Él tenía la idea de que el asesinato de Javier Ovando, candidato a diputado y cercano colaborador de Cárdenas, había tenido influencia. Le dije que en realidad muy poca gente se enteró de ese crimen el día de la elección y le expliqué mis hipótesis. No quedó muy convencido de que la gente pobre, y solamente ellos, hubieran mentido por miedo.

El tercer ejercicio del proyecto fue un conteo rápido de 40 casillas capitalinas. La idea de Eduardo Torreblanca y mía era presentar los resultados la misma noche del 6 de julio en el noticiero de Canal Once. Pero había que tener el visto bueno de la Secretaría de Educación Pública, cabeza de sector del Canal Once. Fui, con un periodista amigo, a la SEP y nos entrevistamos con Héctor Lie, secretario particular del titular, quien muy amable nos dijo que lo consultaría con su jefe.

Días después Torreblanca me dijo que el tiro nos salió por la culata. Le habían dicho a Pedro Ferriz De Con, ancla del noticiero, que bajo ninguna circunstancia nos permitiera dar resultados.


El conteo rápido acabaría siendo publicado en Punto, gracias a Pepe Carreño. Al final, resultó mejor así. La noche de la elección yo no tuve la muestra completa sino hasta las 4 de la mañana y los resultados que tenía, una ventaja de más de 16 puntos de Cuauhtémoc Cárdenas, sólo hubieran abonado al desmadre que se vendría. 

miércoles, mayo 09, 2018

Biopics: Carlos Pereyra y Riccardo Parboni

Con muy pocos días de distancia, en la primavera de 1988 murieron prematuramente dos personajes que tuvieron influencia en mi vida. Carlos Pereyra Boldrini y Riccardo Parboni.

Carlos Pereyra 
A finales de mayo del 88, estaba en quién sabe qué grilla con Arturo Whaley y Pablo Pascual, y me dicen que van a ir al hospital a visitar al Tuti Pereyra. Tenía cáncer. Los acompañé y cuando llegamos, estaban por llevar a Carlos a algún procedimiento médico. Nos vio. Me dijo: ¡Pancho! Yo le dije: ¡Filósofo! Me tomó con fuerza del antebrazo mientras los camilleros empezaban a moverlo. Fue la última vez que lo vi. Moriría el 4 de junio. Tenía apenas 47 años.

Al Tuti Carlos Pereyra lo conocí primero a través de sus ensayos en Cuadernos Políticos, que era una revista de lectura obligada a fines de los setenta. Cuando él me conocí, le caí muy mal, según luego me contó. Fue en el evento de fundación del MAP y yo conté un chiste sobre la guerrilla y la hermana del presidente López Portillo que a Pereyra le pareció de muy mal gusto. “Este es uno de los ultras que vienen con las otras organizaciones”, me dijo que pensó. Pero muy rápidamente nos hicimos cuates, sobre todo a partir de coincidencias profundas que encontrábamos en nuestros respectivos artículos (porque Pereyra, como buen filósofo, era extraordinario hermeneuta: al leer un texto, parecía que también leía los pensamientos).
Filósofo, historiador, politólogo, militante, Pereyra era, antes que cualquier otra cosa, un pensador libre. Por lo tanto, era un antidogmático. Su paso, a través de los años, del marxismo revolucionario al reformismo socialista y democrático fue sincero y a fondo: más de una de vez ponía los puntos sobre las íes cuando nosotros aplaudíamos una medida vertical pero “democrática en el proyecto” (el ejemplo más notorio, su crítica a la nacionalización de la banca de López Portillo). Estaba contra todo prejuicio, contra todo autoritarismo (aunque de repente le ganaban las ideas tradicionales de disciplina partidaria), contra toda reacción visceral e irreflexiva.
Desde mi punto de vista, el Tuti pasó a desconfiar de los partidos comunistas clásicos por el concepto de “clase en sí”, proveniente del marxismo anquilosado, que tenían algunos militantes. Se burlaba de uno de ellos: “Imagínate, ese piensa que cuando se levanta de la cama, con él lo hace el proletariado, y con ese peso histórico se lava, se peina y se viste”. Por eso, porque entendía que había una relación íntima entre las clases subalternas y la nación, porque éramos reformistas y porque sí nos interesaba la democracia, era referente fundamental dentro del MAP.
La rebelión de Pereyra no era sólo contra la sociedad capitalista; también lo era contra las ideas dominantes en la izquierda, contra sus deformaciones y, sobre todo, contra su conformismo intelectual. Entendió que el quid del socialismo es de participación social más que de propiedad y que el voluntarismo es una magnífica forma de suicidio político.
Puedo agregar dos anécdotas. Una, que nunca probó el chicharrón en salsa verde, según confesión propia. La segunda, que se estacionaba como los dioses: en dos movimientos, su vochito blanco cabía perfectamente donde nadie lo hubiera supuesto (“eres una verga estacionándote”, le dije una vez; su reacción fue de divertida extrañeza ante lo que consideró una vulgaridad extrema de mi parte).
Después de las elecciones de 1988 se extrañaron mucho la agudeza y la precisión crítica de Pereyra. Se extrañarían también en otras coyunturas históricas y quiero imaginarme –pero no me alcanza- las cosas punzantes y con pocos adjetivos que escribiría el Tuti acerca del voluntarismo populista que es el pan de cada en el México de hoy.   


Riccardo Parboni 

Una tarde recibí una llamada de mi amiga Anna Bernardi, me dijo que mi maestro y asesor de tesis Riccardo Parboni había muerto un par de días atrás. Que hacía algunas semanas había tenido un ataque cardiaco y que se quedó esperando un trasplante.
Poco tiempo después, escribí un artículo en La Jornada, titulado con el solo nombre.La imagen de él que más se me ha quedado pegada es verlo caminar torpemente entre la masa que salía del Metro Taxqueña una vez que, cuando estaba en México, lo invité a cenar a mi casa: su cabeza por encima de todas las demás. De su extraña casa-biblioteca, que aquí describí como "una amplísima celda de monje enclaustrado".

Este es el texto.  

El 28 de mayo murió, de una afección cardiaca, Riccardo Parboni, uno de los más importantes expertos europeos en economía internacional, lúcido teórico y hombre de izquierda.
Parboni fue uno de los pocos economistas contemporáneos que supo combinar el análisis estrictamente teórico con estudios profundos y detallados de la realidad económica del momento. Entre las aportaciones teóricas de Parboni destaca Moneta e monetarismo (Il Mulino, 1984); en este libro se reconstruye la evolución de los conceptos fundamentales del monetarismo, desde su origen en la revisión neoclásica de la teoría keynesiana, y se critican sus límites intrínsecos, pero se va más allá todavía: Parboni se enfrenta a Friedman en el terreno favorito de este último: la verificación empírica y econométrica, de la que resultan bastante mal parados los monetaristas. El libro también analiza los límites y las dificultades de la puesta en práctica de políticas de control monetario (que no por nada están siendo abandonadas en la mayor parte de los países). En mi opinión, Moneta e monetarismo está destinado a convertirse en un clásico de la teoría monetaria.
La obra más conocida de Parboni es Finanza e crisi internazionale, traducido al inglés como The Dollar and its rivals (New Left Books, 1982). Si tuviéramos que clasificar a los economistas en dos categorías: los “ingenuos”, que consideran que las crisis provienen fundamentalmente de la anarquía el mercado, así como de la imposibilidad de previsión correcta de parte de los sujetos económicos, y los “maquiavélicos”, que entienden las crisis fundamentalmente como las contradicciones que se dan entre distintas jerarquías de poder y de relaciones dominio-subordinación, entonces Riccardo Parboni podría ser colocado como uno de los paladines de los “maquiavélicos”. Su libro da cuenta de ello, y por él se le considera el más notable economista italiano sobre los temas del imperialismo.
La línea central del trabajo es la siguiente: el elemento conductor de la crisis económica internacional es una lucha de poder (de redistribución del mundo) entre las principales áreas capitalistas: Estados Unidos, Europa occidental y Japón, en la que EU intenta impedir, a toda costa, la disminución de su peso relativo internacional. Esta lucha tiene su principal expresión en el terreno financiero, ya que es en la finanza internacional, a través de la asignación de recursos, en donde se deposita el poder sobre la evolución de la división internacional del trabajo y, por tanto, sobre la transformación de la estructura productiva y del conflicto social en los distintos países.
En ese sentido, Parboni tenía un especial interés en los problemas de los países endeudados, particularmente los de América Latina. Ya en 1980, en la versión italiana de su libro, denunció que la crisis internacional se abatiría sobre los países que carecieran de suficientes recursos financieros internacionales, que la apuesta del capital privado internacional era rechazar una acumulación ampliada a nivel mundial, que la naciente ola neoliberal tendía a romper las políticas de desarrollo autónomo (que más allá de la economía implicaba un efectivo no-alineamiento) para asignar a los países periféricos a las distintas áreas capitalistas. Para impedir su independencia real.
Para Parboni, el compromiso con el saber y el compromiso político eranindisolubles. Académico, observador acusioso, activista de izquierda laica: todo estaba fusionado. El año pasado fue el motor de una iniciativa entre las fuerzas democráticas europeas para enfrentar el problema de la deuda de América Latina, a través de un organismo de asesoría técnica y jurídica y de una campaña permanente, de parte de las organizaciones políticas y sociales, para sensibilizar a la opinión pública europea, que ha tendido a ver las cosas desde la perspectiva de los acreedores. El último ensayo que publicó tenía el título El superávit de los deudores, en el que señalaba que, sin un desistimiento parcial de la deuda de los países subdesarrollados, la economía internacional sucumbiría bajo el doble peso de la deuda externa de los países pobres y la deuda externa de Estados Unidos.
Lobo solitario, los placeres de Parboni eran la buena comida y el trabajo, mucho trabajo minucioso. Su estrella apenas comenzaba a brillar, su carrera apuntaba para largo. Murió días después de cumplir 43 años.
Desgraciadamente, no tengo foto de él.


martes, mayo 01, 2018

Se instala la nueva sangre

Mexicanos en GL. Abril 2018

Al término de la temporada 2016 en Grandes Ligas, dijimos que era momento de un cambio generacional en los peloteros mexicanos. El primer mes de la campaña 2018 nos dice que ese cambio ya está en curso. La sangre nueva irrumpe en la Gran Carpa y va dejando atrás a la mayoría de los veteranos, que hace años nos dieron muchas alegrías. De ahí el rimbombante título de esta entrada. El poder del bate de Christian Villanueva, la variedad de lanzamientos de Héctor Velázquez, el control de Víctor Arano, son el llamado del futuro del beisbol mexicano allende la frontera.

Aquí el balance del contingente nacional en el primer mes de la contienda, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Christian Villanueva se ganó a pulso la titularidad en la tercera base de los Padres de San Diego y se ha convertido en un toletero espectacular. Dio muestras de ello el día que conectó tres jonrones en un juego (su selecta compañía mexicana en esto es un club exclusivo: Beto Ávila, Vinicio Castilla, Erubiel Durazo y Adrián González). Luego tuvo una racha de tres partidos en los que conectó un cuadrangular diario (y no fueron cuatro por un atrapadón de Chris Taylor) y llegó a encabezar las Mayores en OPS (que es el índice que mejor mide la efectividad de un bateador). Como fildeador no es precisamente Aurelio Rodríguez (lleva ya cuatro errores) y tiende a poncharse mucho. Difícilmente sus extraordinarios números de abril podrán extrapolarse para toda la campaña, pero es seguro que brillará en ella. Lleva .321 de porcentaje, con 8 cuadrangulares, 19 carreras producidas y un robo de base. Su OPS, de 1.103 es el cuarto mejor de todas las mayores.

Héctor Velázquez  sabe hacer una cosa: sacar outs. Inició como cuarto abridor de los Medias Rojas de Boston, por las lesiones de Eduardo Rodríguez y Drew Pomeranz. Ganó sus dos juegos y, con la llegada de los titulares, pasó al relevo. Donde lo pongan funciona y, cosas de la vida, relevando dos salidas malitas de Rodríguez y Pomeranz se hizo de otras dos victorias (también porque los patirrojos fueron una máquina de buen bateo). Puede lanzar un inning, dos, tres, cuatro, los que le digan. Su variedad de lanzamientos hace particularmente difícil adivinarlo. En abril, marca de 4-0, un excelente 2.05 de efectividad (carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas) y 15 rivales pasados por los strikes.

Roberto Osuna se convirtió en el lanzador más joven en llegar a cien salvamentos en las mayores. El taponero sinaloense de los Azulejos de Toronto inició el año con nueve apariciones seguidas sin permitir carrera, hasta que desperdició un rescate ante Boston. Lleva marca de 0-0, con 7 partidos salvados, 11 ponches y 2.19 de PCL.

Fernando Salas se ha convertido en una de las razones por las que los Diamantes de Arizona iniciaron tan bien la temporada. En el relevo intermedio ha estado normalmente intratable: lo normal es que, o mantiene la ventaja que le dejaron, o cuelga ceros y su equipo da la vuelta. Sólo en un par de ocasiones le han anotado. Sus numeritos: 3 ganados, 1 perdido, un hold (ventaja sostenida en situación de salvamento) y 1.56 de efectividad.

Víctor Arano coleccionó innings perfectos. Al inicio de la temporada lanzó 8 y un tercio sin que se le embasara un solo jugador (y el primero que se le embasó fue por error de fildeo), y para entonces –tomando en cuenta la campaña anterior- llevaba la friolera de 35 outs consecutivos. El sobrino del enorme Trespatines terminó el mes con 13 ponches en 12 innings, y un minúsculo 0.75 de porcentaje de carreras limpias. Lamentablemente, un tirón en el hombro lo mandó a la lista de lesionados comenzando mayo.

Joakim Soria quiere que a Roberto Osuna le cueste trabajo alcanzarlo como máximo taponero mexicano de la historia. Ahora como cerrador de los Medias Blancas de Chicago se ha apuntado 4 rescates (el equipo es malito) y ha desperdiciado uno. El de Monclova tiene 2.19 de efectividad y 10 chocolates recetados.

Jorge De la Rosa ha sido otra de las piezas importantes de los Diamondbacks. En el relevo intermedio, el veterano ha podido controlar la situación (se le embasan alguito, pero se quedan suspirando sin anotar). Sólo una vez timbraron en su contra, y el zurdo regiomontano se llevó la derrota. Su marca de abril: 0-1, 4 holds, un excelente 0.96 de limpias y 6 ponches.

Adrián González acabó con los Mets de Nueva York y se pensó que, tras la pésima temporada de 2017, sus días ligamayoristas estaban contados. Tiene que hace una sesión diaria de terapia para la espalda para seguir jugando. Llegó con bajas expectativas, pero las ha superado, sin que ello signifique que sea el Titán de antes. Ha jugado la primera base contra pitchers derechos. Su guante sigue siendo exquisito, su poder sigue a la baja, y –sobre todo- sigue siendo un pelotero clutch. Pocos tablazos, pero al momento justo. Eso explica su línea de bateo: .227, 3 jonrones (incluido un Grand Slam) y 17 empujadas.

Jaime García, ahora con los Azulejos, no ha lanzado mal, pero tampoco bien. Cinco salidas, ninguna desastrosa, pero sólo una de calidad. 2 victorias, 2 derrotas, un poco agraciado PCL de 5.40 y 28 ponchados.

Luis Cessa, con los Yanquis, tras un par de actuaciones en el relevo, estuvo por abrir un juego (pero fue suspendido por lluvia), de ahí pasó a AAA y luego a la lista de lesionados. Efectividad de 4.50 y 5 pasados por los strikes.

Carlos Torres llegó a mitad de mes a los Nacionales de Washington (ya se sabe que cambia a cada rato de equipo). En ese lapso, ha lanzado pelota de 4.91, con 4 ponches.

Marco Estrada inició bien y se ha ido lentamente para abajo. El sonorense de los Azulejos tuvo dos salidas de calidad para iniciar la temporada 2018, y luego tres aperturas deficientes. Al hombre del gran cambio de velocidad le siguen pegando poco, pero cuando lo hacen a menudo le vuelan la barda. Sólo en una de sus apariciones –que perdió- no le conectaron jonrón. Lleva marca de 2-2, 6.00 de PCL y 23 sopas de pichón

Sergio Romo está en el bullpen de las Rayas de Tampa Bay y su desempeño ha sido desigual. Cuando estaba empujando para tirarle el puesto de cerrador al inconsistente Alex Colomé, le volvieron a pegar con gusto. Sus números: 5.59 de PCL, un hold, dos rescates desperdiciados y, eso sí, 14 chocolatotes a los bateadores rivales.  

Miguel González obtuvo un buen contrato con los Medias Blancas, pero ha decepcionado. Tres salidas, tres palizas, una peor que la anterior. Al final de mes le diagnosticaron una lesión en el hombro (tal vez fue eso lo que afectó al Mariachi). Horribles números de abril: 0-3, 12.41 de limpias y sólo 5 ponches.

Alex Verdugo se integró a los Dodgers hacia finales de mes. La enfermería en la que se ha convertido ese equipo asegura que se quedará un rato. Le dio tiempo en abril para conectar 2 hits en 5 turnos al bat.

Yovani Gallardo fue dejado libre por los Cerveceros de Milwaukee, con los que había firmado, por su pésimo desempeño en la pretemporada. Lo rescataron los Rojos de Cincinnati, pero sólo para darse cuenta de que no trae nada en la pelota. Le pegaron con tubo al veterano michoacano y los Rojos lo despidieron. Sus números: 0-0, un impresionante, por lo feo, 30.86 de PCL y un par de ponchecitos.

Efrén Navarro es, a los 31 años, el típico pelotero de reemplazo. Esta vez estuvo un rato con los Cachorros de Chicago. Bateó un hit en 6 turnos (y se ponchó cuatro veces) antes de regresar a las Menores.

martes, abril 17, 2018

Biopics: La primera encuesta del Proyecto Datavox

Desde finales de 1987, a invitación de Eduardo Torreblanca, tenía yo una cápsula de comentarios en el noticiero de Canal 11, que conducían Adriana Pérez Cañedo y Pedro Ferriz De Con. La grabación era en mi casa, los domingos poco después del mediodía, cuando yo había regresado del fucho de Xochimilco y estaba bañado y cambiado. Salía al aire ese mismo día, en la noche temprana. Yo creía que absolutamente nadie lo veía, porque estaba a la misma hora que DeporTV, pero no faltaba el papá de Pumitas, el alumno de la Facultad y hasta el vecino que comentaran que me habían visto.

Enterado de que yo tenía cierta experiencia en encuestas (supongo que porque Raúl Trejo le dijo), Torreblanca me hizo una propuesta tentadora a fines de abril de 1988. Él daba clases en la Escuela de Periodismo Carlos Septién, y podía hacer que sus alumnos me ayudaran a levantar encuestas electorales, a modo de servicio social. Me pareció una idea muy atractiva, pero primero yo tenía que asegurarme de dos cosas: tener un programa al que introducir los datos –no iba yo a hacer las cosas con una calculadorcita, como en las encuestas del 85- y tener dónde publicar los resultados.

El programador que conseguí por una módica cantidad, a pesar de que en esos tiempos los expertos en computación eran aves raras, fue Chuy Pérez Cota, hermano de mi amiga Vicky. Y quien se ofreció para publicar la encuesta fue José Carreño Carlón. Pepe era uno de los subdirectores de La Jornada con quienes mejor me llevaba y además, en esa coyuntura, dirigía la revista Punto, donde podía yo publicar. Incluso me ofreció una cantidad decente por el texto. El proyecto incluiría dos encuestas electorales -una sin urna, para hacer cruces por edad, sexo, profesión, etcétera; la otra con urna y boleta simulada- y un conteo rápido. 

Hice una criba elemental con los muchachos de la Septién. Eliminé sólo a los que me parecieron demasiado tímidos o a los que hicieron trampa en una pruebita diseñada precisamente para detectar tramposos. Hubo una sesión única y larga de capacitación (desgraciadamente, a la misma hora que el famoso mítin multitudinario de Cárdenas en Ciudad Universitaria).

El método para escoger los lugares de levantamiento fue aleatorio sistemático. Tomé un número aleatorio (digamos que el 18,402); los cuestionarios se levantarían en la sección donde habitan los ciudadanos 18,402; 188,402; 368,402… etcétera. Los ciudadanos estaban ordenados de acuerdo al número del distrito y de casilla (el ciudadano 1 estaba inscrito en la casilla número 1 del distrito I). Las entrevistas tenían que empezar seis viviendas al norte de la casa que estuviera enfrente del lugar previsto para la casilla y, los encuestadores moverse de seis viviendas en seis. Decidí no trabajar por cuotas de edad o sexo, para evitar dobles y triples visitas, pero utilicé un subterfugio original para evitar un exceso de amas de casa en la muestra: los muchachos tenían que entrevistar, de entre los que estaban en la vivienda ese momento a quien normalmente estuviera menos tiempo en casa. Años después, hice un ejercicio estadístico, y el subterfugio normalizaba bastante la muestra (tenía un ligero sesgo a favor de la segunda persona que más tiempo estaba en casa).

Como el número de muchachos de la Septién no me alcanzaba para cubrir toda la muestra, les pedí a varios de mis alumnos del Seminario de Desarrollo y Planificación que me ayudaran para completar. Lo hicieron –al menos eso me dice Taide- de buena gana.

El día antes del levantamiento en campo, Heberto Castillo declinó a su candidatura y apoyó a Cárdenas (mi amigo Eduardo González, que coordinaba la campaña de Heberto me confió que fue difícil convencerlo, hasta que una encuesta señaló que el PMS estaba en peligro de perder su registro).

Los resultados capitalinos de esa primera encuesta de principios de junio daban una ventaja a Salinas, con 41%, Cárdenas lo seguía con 32% y Manuel Clouthier aparecía con 23%.

Picado con el programa que había hecho Chuy Pérez Cota, hice varios cruces. Recuerdo que causó enojo que la ventaja de Cárdenas fuera mínima entre los empleados públicos. Treinta años después, explico: consideré “públicos” a los empleados bancarios, porque todavía el Estado era el accionista mayoritario.

La encuesta se publicó en Punto y se comentó en La Jornada. Fue una de las primeras encuestas electorales no partidistas en publicarse en la prensa mexicana. Al publicarla, inventé una tentativa de empresa y la firmé con mi nombre, pero realizada por el “Proyecto Datavox”.

Días después de la publicación, me invitaron, junto con otros pioneros de la demoscopia, a una plática en Ciencias Políticas sobre el novedoso tema. Ahí conocí a Ricardo De la Peña, cuya empresa, llamada Gabinete de Estudios de Opinión, llegó a resultados muy similares a los míos. Nos hicimos cuates.


viernes, marzo 23, 2018

Biopics: ¡Prendida!

No todo eran elecciones en esa primera mitad de 1988. Lo más bonito eran mis hijos, que estaban los dos en una edad muy simpática. Camilo era de una enorme ternura. Rayo se quería sentir grande, pero a veces le quedaba grande el papel autoimpuesto.
Al Rayo lo cambiaríamos de escuela, por dos razones: la principal, el pleito de Patricia con el director; la secundaria, que no les permitían llevar balones y los pobres niños en el recreo jugaban futbol con frutsis vacíos.
Lo cambiamos al Colegio Madrid, que estaba lejos, pero tenía camión escolar. El día que hizo su examen de admisión, a principios de marzo, había nevado incluso en las partes bajas del Ajusco. Él estaba muy preocupado porque iba a perderse su partido de Pumitas, que al final se suspendió por cuestiones climáticas. Salió muy bien en el examen y para segundo de primaria estaría en el Madrid.
Hablando de Pumitas, esa temporada los niños tuvieron un muy buen monitor, Adrián García, y el equipo de Conejos se convirtió en un trabuco. No sólo eso, era un equipo con buena vibra, a diferencia de algunos otros, obsesionados por los resultados. En esa temporada, Raymundo encontró la posición que más jugaría a lo largo de su carrera futbolística: defensa central.

En la Facultad, tuve la malhadada idea de hacerle caso a Fallo Cordera y postularme para el Consejo Técnico. Las sesiones, sin ser la tortura de las reuniones del Seminario de Desarrollo y Planificación, que eran la bilis pura, eran farragosas y casi nunca se llegaba a nada. Del lado estudiantil había tres grupos: los radicales, los ultras y los megaultras. Intentábamos hacer alianzas con los radicales –es decir, con los relativamente moderados- que encabezaba Ricardo Becerra, y a la hora de la hora modificaban su postura. Ricardo ha confesado, décadas después, que lo hacían para no parecer reformistas, para que los otros no los acusaran de ello. Lo malo es que yo muchas veces sentía que estaba perdiendo el tiempo miserablemente, y en efecto así era.
Del lado académico, empecé a dirigir varias tesis. Una de ellas la hacía una estudiante boliviana, interesante e inteligente, llamada Verónica Querejazu. Era sobre la hiperinflación que había vivido su país. Ambos aprendimos mucho sobre la marcha, y lo recuerdo como una experiencia enriquecedora.

Tenía yo un buen grupo en el Seminario de Desarrollo y Planificación. Un grupo de esos raros, en los que la mayoría llega con la lectura hecha y con idea de lo que se trataba. Casi todas eran mujeres. Solía sentarme a horcajadas en una silla, abrir la discusión sobre el tema –en el fondo el curso era sobre historia económica y de política económica de los países desarrollados- y platicar con el participativo grupo.
En una ocasión, una estudiante llegó tarde a la clase. Tenía puesto un vestido rojo con un enorme cinturón negro que resaltaba su figura. Quedé deslumbrado. Se me salió del alma una exclamación:
-¡Prendida!
La muchacha se sentó. Su compañera de junto, de apellido Jamaica, le dijo:
-Taide, le gustas al maestro.
Y ella:
-¿Cómo crees? ¿Qué te pasa?
En ese momento, ni Taide ni yo nos imaginábamos que terminaríamos casándonos.