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sábado, diciembre 07, 2024

Struwwelpeter recargado y a la mexicana

 


Conocí a Struwwelpeter -el libro con dibujos de Heinrich Hoffmann- en una de esas larguísimas pláticas de adolescencia con Hermann Bellinghausen. Me enseñó una edición que guardaba su papá. La reacción inmediata fue de horror, porque las ilustraciones eran totalmente gore. La didáctica era muy simple: "si haces algo malo, te va a pasar algo peor". En resumen, la instrucción a través de la imagen de la desgracia (o peor, de la tragedia).

Lo más curioso es que, cuando Struwwelpeter se publicó por primera vez, en 1845, fue presentado con el subtítulo Historias muy divertidas y 15 estampas aún más graciosas para niños de entre 3 y 6 años. Se le consideraba un bonito regalo navideño. Si para un adulto tiene una extraña y repulsiva fascinación morbosa, no me quiero imaginar qué angustias pudo haber causado a los niños a quienes originalmente estaba dirigido.

Otra cosa extraña del librito es la desproporción de los castigos, que no va de acuerdo a la travesura o desobediencia cometida. A un niño muy agresivo y mala onda lo muerde un perro, pero hay varios que se mueren por pecados muy menores. Y no hablemos del pequeño chupadedos, víctima de un auténtico sicópata.

A continuación, un divertimento: una versión mía sobre seis de los diez poemas del librito, con lenguaje coloquial mexicano (no como unas traducciones horribles) que, además, toma en cuenta algunas de sus contradicciones y, de pilón, tiene algo de mala leche. 





Struwwelpeter


Struwwelpeter era un hippioso 
de verdad zarrapastroso.
Con greña afro y sin bañar,
las uñas largas se fue a dejar.
Pinche Struwwel Changoleón,
ser tan guarro está cabrón.
Pura mugre, sarna y roña,
¡Huele peor que Noroña! 



La increíble y triste historia de la pequeña pirómana


 "Si juegas con cerillos te vas a quemar",
le dice Mamá a la niña babosa.
Pero la escuincla se pone a jugar.
Los prende: se cree muy chistosa.

Los gatos maullan: "no no, no lo hagas",
la torpe chamaca los manda a volar,
pero muy pronto la alcanzan las llamas,
todo su vestido se empieza a quemar.

Se quema la espalda, la nariz, la boca,
el pecho, las piernas y hasta el corazón;
pinche niña mensa, pinche niña loca,
ora sí se puso tremendo quemón.

Entre quemaduras, la niña agoniza.
Lo que fue tan bello ahora es un despojo.
Nada queda de ella: tan solo cenizas;
sólo sobreviven sus zapatos rojos.

Y si te preguntas a qué se debe ésto:
a que los zapatos eran hechos de asbesto.


 
Kaspar contra la sopa



Kaspar era un gordazo y también un mamilón. 
"¡No quiero sopa! ¡No quiero sopa!"
gritaba con su vozarrón,
"¡Es que no quepo en mi ropa!"
(es que le daba coraje
que no cambiaran potaje).

"Toy a dieta, ya no como, 
me cae que no abro la boca.
¿Qué tal si me dan un pomo
en vez de esa horrible sopa?"
(pero le servían lo mismo:
la sopa era el catecismo)

El chamaco se hizo flaco 
(no le ofrecieron ni un taco)
Luego parecía un hilo
que no pesaba ni un kilo.
La sopa jamás comió
(sólo eso se cocinó)
y al final se petateó.

---


Niklas y los chamacos de tinta

Tres alemanes racistas
de un negrito se burlaban
El mago Niklas les grita:
"Chamacos no sean gandallas,
el negro no tiene culpa,
ya no le hagan trifulca".
Los muchachos no escucharon 
y al negrito lo bulearon.
Y que el mago los envuelve,
que los mete a un tintero,
que de ahi salen bien negros,
y la tinta es indeleble.

¡Ay qué pinche castigote!
¡Ay que Niklas tan culero!
Racista de capirote
los volvió negros a güevo.
¡Qué va a ser eso un castigo! 
Ora sí lo contradigo:
Negros como la tinta,
se ligan a güeras gringas

---


El Club de los Chupadedos


La mamá dice a Conrado:
"¡Jamás te chupes el dedo!
Pues vendrá un sastre malvado
que te la va a hacer de pedo.
Con tremendas tijerotas
el pulgar te va a cortar.
Conrado, no seas idiota
que cucho vas a quedar."

El niñete, que era tonto,
apenas se va la ñora 
el consejo pronto ignora
y el dedo se chupa a fondo.
Llega el sastre larguirucho,
con tijeras especiales
le tumba los dos pulgares
y el chamaco queda cucho.

Brota sangre, claro está
de esos deditos partidos.
Conradito, malherido,
la sangre se chupará.

---

Instrucciones para cuando sopla el viento

Cuando arrecia el temporal
es mejor quedarse en casa;
si eres poco cerebral
te sales a echar la guasa.

Este muchacho baboso
a dar la vuelta salió,
la tormenta lo envolvió: 
fue algo muy doloroso.

Con el paraguas voló,
fue más alto que las nubes,
ya nunca más regresó:
hoy vuela con los querubes.

La moraleja es muy clara:
si con lluvia has de salir
el paraguas no hay que abrir
o la pagarás muy cara.







 




sábado, mayo 28, 2022

Lizalde, el Tigre

Tuve la fortuna de que mi maestro de literatura en la preparatoria fuera Mauricio Brehm, un místico aspirante a jesuíta, pero sobre todo un poeta. El poeta Brehm tenía una obsesión por la palabra, por el Verbo, en sus dos acepciones. Quería desentrañar el nombre de las cosas, ahí buscar a Dios, a sabiendas de que se encontraba, si acaso, en otro lado.

Tal vez por eso, nos recomendó a sus alumnos avanzados leer a un poeta de su generación, que desde otra posición filosófica y vital, también buscaba desnudar el secreto de las palabras con la herramienta de la poesía. Se llamaba Eduardo Lizalde y había escrito un libro titulado Cada Cosa es Babel, que pude conseguir todavía en su primera edición (1966), porque ya se sabe que la poesía vende poco.

Había una extraña combinación en aquellos poemas. Eran hasta cierto punto culteranos, de no fácil comprensión, y sin embargo exhalaban furia. Los nombres como obstáculo, como tortura. Los que limitan lo ilimitable. Las palabras que disciplinan, y evitan que el jardín obedezca a su vocación de selva. El malestar de la cultura, pues. Y la necesidad del grito.

De ahí, a otro libro, El Tigre en la Casa, en donde el grito era ya de plano encabronado, y Lizalde hacía la fusión entre los exquisitos y los pinchepiedreros. Poemas (o un poema) de desamor, ira y autoconocimiento (porque él es el Tigre, y el que lucha contra él y el minino que bebe su lechita mientras hace un reclamo). La idea de que el amor es la muerte. La posibilidad, como también decía Brehm, de que la palabra "mierda" también puede ser poesía si está bien colocada.

En 1975 adquirí La Zorra Enferma. Lizalde había llegado a su madurez poética y se había convertido en una suerte de Marcial mexicano. Epigramas, sátira, poemínimos irritantes que el pueblo no podrá reconocer como poesía, letras que se quedan estancadas, como en un charco, puercos capaces de amar, críticas pestilentes a la docencia y a la televisión, las relaciones amorosas como peleas de box y la versión pesimista de que el hombre "siempre será el lobo artero del hombre", mientras Dios -quien por fortuna no existe- se devora a sí mismo o es juzgado en los tribunales de Nurenberg por crímenes de lesa humanidad. 

Recuerdo haber leído y releído en voz alta mi ejemplar La Zorra Enferma, junto con Edgar List, quien a su vez lo hacía con Relación de los Hechos, de José Carlos Becerra. Los dos más grandes poetas de esa generación. Edgar y yo, fascinados con ambos, terminamos intercambiando ejemplares, y creo que los dos ganamos. 

Pocos años después, Caza Mayor, un libro donde Lizalde termina de fijar su estilo, y también su impostada misantropía (impostada, porque en realidad no odia al ser humano, sino se burla de sus sueños de grandeza) y su peculiar ateismo (peculiar, porque su Dios existe, sólo que es torpe y malvado y si de verdad fuera Dios durará sólo algunos brillantísimos instantes). Es lo que seguiría en sus otros libros de poesía.

Mucho más tarde, ya en este siglo, leí Manual de Flora Fantástica, que cabe dentro del rubro ancho de "varia invención". Otra de las obsesiones de Lizalde, el jardín y la selva y la perversión (sobre todo la intelectual) intercruzadas. Me quedo con el ciruelo, lento ajedrecista, y, más aún, con la planta de maceta que era en realidad la más grande cantante de ópera que ha existido. 

Hablando de ópera, Lizalde fue un gran conocedor y divulgador de ese género musical. Del programa radial "Memorias y Presencias", que el poeta conducía en Opus 94, me quedó la impresión de que tenía cierta preferencia por las rusas. También, que estaba enamorado de su propia voz. Y que su voz, en un tono engolado propio de tiempos muy pasados, lo devoraba como un Dios revanchista de un poema de Lizalde.

En fin, Eduardo Lizalde fue un enorme poeta. Para mí, uno de los más grandes en la historia de México y una influencia central en la formación de mi canon literario. Ahora que se ha ido, sería de muy mal gusto, pero propio de esa humanidad que el poeta despreció, dedicarle un jardín público, y no una cantina, piquera o bar, como él hubiera querido. 

   

martes, septiembre 24, 2019

Top 20 de Lucio Dalla


Conociendo mi gusto por las listas, y por el grandísimo Lucio Dalla, va una con las 20 canciones que más me gustan de la discografía del cantautor italiano.
En busca de números más o menos redondos, fue fácil escoger las primeras tres, luego no eran 5 grandísimas, sino 6, 7, 8... Y tampoco podían ser 10. Con la veintena todavía quedan fuera enormes rolas.

1. Caruso
2. L'anno che verrà
3. Futura
4. Anna e Marco
5. Come è profondo il mare
6. Le parole incrociate
7. Telefonami tra vent'anni
8. L'ultima luna
9. Ulisse coperto di sale
10. Cara
11. Il motore del duemilla
12. Nuvolari
13. Meri Luis
14. Mambo
15. Disperato erotico stomp
16. Balla balla ballerino
17. Itaca
18. La sera dei miracoli
19. Il cucciolo Alfredo
20. Cosa sarà

jueves, septiembre 22, 2016

Tres strikes

Hace aproximadamente un año mi amigo Jorge Biólogo Hernández, me envió estos tres strikes. Creo que es la temporada adecuada, llega el otoño, para publicarlos.



Walt Whitman (un cosmos, un hijo de Manhattan)

"In our sun-down perambulations, of late, through the outer parts of Brooklyn, we have observed several parties of youngsters playing base, a certain game of ball...Let us go forth awhile, and get better air in our lungs. Let us leave our close rooms... the game of ball is glorious"

(En nuestras recientes deambulaciones del atardecer, por las afueras de Brooklyn, hemos observado diversos grupos de jóvenes jugando beis, un cierto tipo de pelota... Continuemos por un rato, y tomemos mejor aire en nuestros pulmones. Dejemos nuestros cuartos cerrados... el juego de pelota es glorioso)



Paul Auster (en la novela Sunset Park)

"En el segundo domingo de noviembre de 2008, acostado en la cama con Pilar, hojeando la Enciclopedia del Beisbol en busca de nombres raros y divertidos. Ella comprendía el espíritu dickensionano que encierran las dos mil quinientas páginas de la edición de1985, que compró por dos dólares en una librería de segunda mano. Esta mañana va buscando a los lanzadores, porque son lo primero que siempre lo atrae y no tarda dar con su primer hallazgo, Boots Poffernberger. Pili frunce el rostro en un esfuerzo por no reírse ,después de explosivas carcajadas, cuando se calma le quita el libro de las manos, acusándolo de haberlo inventado. Como todo verdadero fanático del rey de los deportes, él afirma: Eso nunca lo haría.
Y ahí está, en medio de la página 1977 : Cletus Elwood "Boots" Poffernberguer, nacido en 1915, en Williamsport, Maryland, era un picher derecho que jugó con los Tigres (1937 y1938) y una temporada con los Dodgers de Brooklyn en 1939.
Continúa leyendo nombres de lanzadores totalmente desconocidos, Whammy Douglas, Cy Slapnicka, Noodles Hahn, Wickey McAvoy, Windy MacCall y Billy McCool. Al oir este último nombre, Pili gruñe de placer..."

("Sin duda Sunset Park es una gran novela, pero para quien sabe busca y gusta del béisbol encontrara sin duda un particular placer", acota el Biólogo).


George Carlin (del libro Brain Droppings

El Beisbol es diferente a cualquier otro deporte; muy diferente.
Por ejemplo, en muchos deportes se anota con puntos o goles; en el beisbol anotas con carreras.
En muchos deportes la pelota, o el objeto del deporte, es puesta en juego por la ofensiva del equipo; en el beisbol la defensiva del equipo pone en juego la bola, y solo la defensiva tiene permitido tocar la pelota. No solo eso, en el beisbol si un jugador de la ofensiva toca la pelota intencionalmente, es puesto fuera; y en algunas ocasiones aunque no se haga intencionalmente, es out..
Además: En el football, basquetbol, soccer, voleibol, y en todos los deportes que se juegan con una pelota, tú anotas con ella, y sin pelota no se puede anotar. En el rey de los deportes la bola impide que marques en el score.

Beisbol vs. futbol (americano)
 
El beisbol es un juego pastoral del Siglo XIX
El americano es una batalla tecnológica del Siglo XX.

El beisbol se juega en un diamante, en un parque. En el parque de beisbol.
El football se juega en un emparrillado, en un estadio, algunas veces llamado Soldier Field o War Memorial Stadium.

El beis empieza en primavera, la estación de la nueva vida.
El americano comienza en el otoño, cuando todo está muriendo.

En el futbol americano usas un casco.
En el baseball, una gorra.

El americano tiene que ver con los downs, ¿en que Down estamos?
En el beis se habla de ups. Who's up? Are you up? I'm not up, he's up!

En el football cuando cometes una falta recibes un castigo.
En el beisbol no hay castigo; se marcan los errores y se contabilizan.

En el americano el especialista viene a patear.
En el beis el especialista viene a relevar a algún compañero.

El football es pegar, golpear por la espalda, jalonear, detener, cometer fouts personales, golpear tardíamente, y hacer rudezas innecesarias.
En el beisbol existe el sacrificio que puede hacer avanzar a un compañero en las bases.

El americano se juega en cualquier clase de clima: lluvia, nieve, niebla…  no puedes ver el juego, no se sabe que está pasando en el campo con neblina, no puedes reconocer los uniformes, menos aún leer sus nombres, no puedes saber tampoco en que yarda se encuentra el balón.
En el beisbol si está lloviendo nadie sale a jugar.  No puedes ir al campo, está lloviendo.

En la séptima entrada el aficionado del béisbol se permite el estiramiento y canta de pie “take me out to the ball came”
El football tiene sus dos minutos de tensión finales.

El beisbol no tiene límite de tiempo: “nunca sabemos cuándo va a terminar”.
El football está regido por el tiempo y en ese momento termina “aun cuando existe la muerte súbita”.

En el beisbol durante el juego, en las gradas, hay un sentimiento de picnic.  Emociones que suben y bajan pero nunca dejan de ser importantes.
En el americano durante el juego en las gradas, tú estás seguro de que al menos durante veintisiete tiempos fuera te sentirás culpable de hablar de la vida o del futuro de la humanidad.

Y finalmente quiero aclarar que los objetivos de estos dos deportes son completamente diferentes:
En el football el objetivo para el quarterback, siempre tiene como misión que su ataque aéreo, penetre la defensa, que sus receptores estén listos para recibir los obuses, incluso a veces usan una escopeta como formación.   Con sus cortas balas y sus largas bombas, hace marchar sus tropas en el territorio enemigo, balanceando su fuerza aérea o sus tropas de ataque terrestre, haciendo orificios en la pared de la defensa de la línea del enemigo. 

El beisbol es otra cosa: En el béisbol el objetivo es llegar a casa ¡y llegar a salvo!; “yo espero, y estaré a salvo en home”.


lunes, julio 04, 2016

La saga de la Eurocopa (una kenning islandesa)




Los hijos de Tyr cruzaron el prado de gaviotas
para la gran tormenta deportiva de espadas.
Taparon sus oídos ante lo que salía de la espada de la boca de Ratatorsk:
que habría lluvia de balones sobre la prole vikinga.

Ante los marineros del fado pusieron muralla,
rechazaron mundos con la piedra de brío en el asiento del halcón.
Al silbatazo del caudillo de negro,
siete rocíos de la pena rodaron de las joyas de la cara
del famoso Cristiano.

Fueron contra los jinetes de la llanura del este.
De nuevo una montaña ante la puerta.
Luna de piratas, pero también varas de ira.
Y es terremoto cuando cae Gunnarson. Once pasos.
Sygurdsson clava la espada vikinga en la telaraña magyar.
¡Gloria a los hijos de Thor!
Mas Loki jugaría en ese campo, convocó a las nornas,
se llevó a Saevarsson de paseo
y una daga se posó por un momento en el asiento de nuestras carcajadas.

¡Tormenta de balones contra los hermanos de Heidi!
Ser pasto de cuervos o compañeros de los Dioses, el dilema.
Cruza el sol de pentágonos el área y Bódvarsson,
con el asiento del corazón ante la luna, lo pone en el fondo.
Tormenta de balones alpinos, una pena máxima que Thor desvía,
pero un aguijonazo de halcón devuelve el alma al enemigo.
En el último suspiro de la tormenta deportiva,
a los vikingos los lleva el lobo de los cordajes:
el objeto del deseo llega a los pies de Traustasson,
(el rapsoda rompe su garganta y hasta su templo del casco)
que lo pone donde las arañas tejen su nido.
Un río azul de dientes y cantos tiñe el templo del juego.
¡La tierra del hielo se funde con el fuego del corazón de sus guerreros!
      
Lluvia de espadas sobre el mar verde
entre vikingos y guerreros del Imperio de la Perfidia.
La odiosa Albión recibe tempranero premio,
desde los once fatídicos el millonario clava su estilete,
pero la reacción es tempestad inmediata
y Sigurdsson hace al balón besar la cuerda del arpa del empate.
¡Se ensancha el tesoro del pecho!
Aluvión de vikingos, árboles de la espada
en pos del rocío enemigo.
Sigthorsson se revuelve en el terreno de los predestinados
y el cancerbero inglés es presa del juguetón Loki.
Humillan los hijos de Thor a los orgullosos hijos de la Rosa,
resisten sus débiles martillazos, destrozan sus tibias esperanzas.
¡El globo entero se les rinde tras esta batalla!
¡Loor a la prole del aniquilador de gigantes!

La incursión vikinga ha llegado al corazón de la grama verde.
Bajo el manto de Frey
se enfrentan a la estirpe de Asterix cuyo suelo han hollado.
Las gargantas son truenos en el templo de la guerra.
Pronto dos serpientes ponzoñosas caen en nuestra red,
mas los guerreros siguen dispuestos a ofrendar la cerveza de la batalla.
Una paloma blanca pasa por encima del madero
y dos cuervos graznantes se acomodan en nuestra cueva.
No llegaremos a Asgard.
El reino anhelado se disuelve, pero no la furia o el honor:
un estruendo sale de los pies de Sigthorsson para demostrarlo.
Pero del negro castillo sale otro tizón directo a nuestra piedra de brío.
Thor dará un martillazo final para mostrar la nobleza
pero la incursión ha encontrado el tejido de la espada.

Las velas del potro de las olas llevan al bosque de picas vikingo
a la tierra del hielo y el fuego.
No tienen la copa de la miel en el puesto del halcón,
pero se han plantado en la dura bellota del pensamiento de la humanidad.




(Hemos reseñado, partido por partido, mal imitando las kenningar islandesas, la actuación de la selección de Islandia en la Eurocopa 2016)

jueves, noviembre 05, 2015

Pasolini y su muerte profética



El Día de Muertos de 1975 –es decir, hace 40 años- en una playa de Ostia, cerca de Roma, un joven marginal de 17 años, llamado Pino Pelosi, asesinó al poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini, golpeándolo primero con un palo y luego haciendo pasar el automóvil del artista sobre su cuerpo, estallándole el corazón. Se truncó así la carrera de un creador excepcional.
 La efeméride sirve para recordar muchas cosas, aparte de la obra del polígrafo fallecido. Algunas de ellas tienen que ver con la capacidad de Pasolini para ver más allá, y de cierto modo adelantar el futuro que venía (cuando menos, las peores partes de ese futuro).

En octubre de ese año había ocurrido en Italia una tragedia que los diarios de la época narraron con fascinación y horror y que fue conocida como “El Crimen del Circeo”: dos jóvenes de barriada romana fueron violadas y torturadas por tres jóvenes fascistas de clase alta. El asunto se supo porque una de las chicas, que los niños ricos habían creído muerta, pudo gemir para pedir ayuda desde la cajuela en la que estaba encerrada, junto al cuerpo inerte de su compañera. La policía rescató a la muchacha y capturó a los asesinos, que regresaban despreocupadamente hacia el auto, después de cenar unas pizzas.

La importancia del suceso reclamaba grandes plumas, como la de Italo Calvino, que hablaba de la facilidad con la que los jóvenes ricos de derecha podían pasar, con la certeza de su impunidad, de las bravatas de café a las golpizas a la salida de la escuela, a las carnicerías en las casas de fin de semana. Pier Paolo Pasolini respondió a Calvino, criticándolo por facilón, diciendo que pretendía fijar la inferioridad humana del “enemigo”, que el fascismo antiguo que Calvino anatemizaba era menos peligroso que el fascismo “de genocidio cultural” de la TV y que la violencia no era exclusiva de los frutos podridos de la burguesía, porque esa misma violencia la podían ejercer –y de hecho la ejercían cotidianamente- los pobres de barriada.

Dos días después de publicado el artículo-respuesta de Pasolini, moriría precisamente a manos de un pobre de barriada. De una manera sorprendente, con su propia muerte, ganaba el debate. La violencia no es exclusiva de una ideología o de un grupo social: es una enfermedad social generalizada que hay que combatir.

Pasolini veía en el proceso de “genocidio cultural” ligado al consumismo una reserva de violencia ciega, no solamente asocial y ni siquiera política, sino una vía de destrucción de todo lo que no es superfluo. 
Para él, la sociedad de consumo que se desarrollaba era un nuevo totalitarismo, que hacía a todos renegar de sus modelos culturales, de su diversidad, para homogeneizarse en un “hedonismo neo-laico” ajeno a los valores humanos. Preveía una sociedad en la que las diferentes maneras de ser persona eran paulatinamente desprovistas de realidad. Preveía el dominio de la sociedad de la imagen, que llevaría a la mercantilización de todos o casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Mercantilización en el sentido de convertirnos nosotros mismos en mercancía.

A esta sociedad de consumo corresponde una democracia “descaradamente formal”. El formalismo democrático se presenta sin pudor alguno, ni siquiera esconde la esencia de convertir también a los electores en mercancía.

Contra esta visión, Pasolini oponía –algunos dicen que de manera bucólica- el mejoramiento de los derechos reales y concretos de las personas en su diversidad, el combate a la desigualdad, la salvaguardia de la salud, del trabajo, de los bienes artísticos y urbanos de todos.

Si vemos el mundo de hoy, encontraremos esa violencia difusa, ciega –al menos en apariencia-, que suele no tener siquiera asidero en ideologías (o sólo en el “neutro” dinero). Encontramos también que, al culto superficial a la diversidad corresponde un culto todavía mayor a las fuerzas que nos homogeneízan, y eso deriva en crecientes dificultades para la organización social.

En las naciones más desarrolladas aparece con cada vez mayor claridad la existencia de múltiples soledades adyacentes, cada una conectada a la red, pero con escasa capacidad para armar redes verdaderas, capaces de cambio. Lo mismo sucede, en la réplica, el eco tercermundista de las naciones emergentes. El reino de la videoesfera, mucho más allá de la TV que Pasolini temía.

También la política ha caído víctima del marketing. En la agenda ya no está el convencer, sino el seducir. Las ideas se reducen a spots de pocos segundos. Y la ideología –a la que tampoco quería mucho Pasolini- ha sido desplazada por la creatividad de los publicistas. La retórica y su hermano el conformismo guían ese camino.

¿El resultado? Una sociedad débil, con dificultades para cambiar en serio: para (re)organizarse de manera integral, que es la única manera de salvarse. Y en esa reorganización el centro está, según el poeta y cineasta, en entender los derechos del otro.

Y para los que dudan de que Pasolini haya sido un profeta, el siguiente poema, que tituló, precisamente,

“Profecía”:

“Alí de los Ojos Azules
uno de los tantos hijos de hijos

Descenderá de Argel, en veleros
y barcos de remos. Con él
estarán miles de hombres

Con los cuerpecitos y los ojos
de perro pobre de sus padres
en barcos encallados en los Reinos del Hambre, traerán consigo a los niños y el pan y el queso, en los papeles amarillos del Lunes de Pascua. Traerán las abuelas y los burros en trirremes robados en los puertos coloniales.

 Desembarcarán en Crotone o en Palmi,
por millones, vestidos de harapos,
asiáticos, y de camisas americanas…”


(Ahí lo dejo, mejor, porque en el poema profético “destruirán Roma”).


Hace 40 años mataron a Pasolini, con martirio y todo. Como a todo buen aspirante a Mesías.