jueves, mayo 14, 2026

Biopics: El país de reprobados: el fin de la encuesta de educación (y de Datavox)

En mayo de 1990 por fin se levantó la encuesta nacional educativa que habíamos preparado por largo tiempo. El retraso se debió a varias razones: las principales son la tramitología con la SEP y que los expertos en pedagogía contratados por Gilberto Guevara hicieron nuevos cambios a los cuestionarios, haciendo las pruebas todavía más difíciles, en contra de la opinión de los maestros que había conseguido Pepe Zamarripa como nuestros asesores. La versión final era tan difícil que ni Roy Campos, ni Carlos Jarque, presidente del Inegi, ni yo, tuvimos el cien por ciento de aciertos en la de secundaria.

Los resultados generales se pueden encontrar en el artículo que firmó Gilberto, titulado "México ¿un país de reprobados?", aparecido en la edición de mayo de 1991 de Nexos (aquí el link: es de suscripción). Los resultados se parecen mucho a los que aparecieron en la prueba piloto (aquí el link, en este blog): un muy bajo nivel de aprovechamiento promedio, pero también muy desigual según el tipo de escuela y la región del país. 

Era claro que la nueva gramática no la comprendían ni los profesores; que la enseñanza de matemáticas era rutinaria: sacar operaciones, pero sin aplicarlas a la vida diaria; que la ciencia era algo casi ajeno y que los estudiantes tenían un grave problema con la historia: la metían toda en un solo paquete, el pasado, no distinguían entre lo que había pasado antes y después y, por lo tanto, no alcanzaban a comprender causalidades. Lo mismo que en la prueba piloto, pero con porcentajes de acierto todavía más bajos.

Las desigualdades que aparecieron son, sobre todo, derivadas del origen social. Las escuelas privadas obtuvieron cerca de dos puntos más, en promedio, que las públicas. A nivel secundaria, esa diferencia hubiera sido mayor de no haber existido algunas escuelas privadas con resultados inferiores al promedio. Los estudiantes de escuelas federales tuvieron resultados menos malos que los de escuelas estatales y, en el caso de la secundaria, los estudiantes de telesecundaria tenian, en promedio, peores calificaciones. Este último dato está ligado al que tal vez, si hubiéramos hecho más trabajo estadístico, se hubiera demostrado como el principal diferenciador: el aprovechamiento por regiones del país.

Las diferencias más grandes no estaban en el tipo de escuela. Los estudiantes de escuelas públicas del norte y noroeste del país arrojaban mejores resultados que los de escuelas privadas del sur. Los de zonas urbanas o metropolitanas, mejores que los de localidades menores y mucho mejores que los de zonas rurales. Había una gran diferencia en los resultados de escuelas ubicadas en zonas de clase media en la Ciudad de México y las de Chimalhuacán, pero la diferencia entre las de Baja California y Chiapas era aún mayor. Yucatán, Michoacán, Chiapas y, particularmente, Guerrero, tenían un nivel ínfimo de aprovechamiento, casi con independencia del tipo de escuela. 

El trabajo evidenció dos cosas: una es que el sistema educativo no estaba funcionando: no enseñaba a los niños y jovencitos a redactar, a utilizar las herramientas para resolver problemas, a entender el funcionamiento de las cosas y de las sociedades, a pensar por sí mismos... ya no se diga a investigar o a desarrollar su creatividad. La otra es el divorcio entre el discurso y la realidad: el programa dice que el alumno aprenderá en el año tales y cuales habilidades, y la verdad es que muy pocos alcanzan a aprender parte de ellas. Pero el estudiante pasa de grado, los padres están agradecidos con el sistema, y todo se repite. Lo que debíó de evidenciar más es que el sistema tambien servía para reproducir las desigualdades: en el campo y en las zonas pobres, la escuela daba notablemente menos herramientas que en otros lados (al menos para no tronar tan feo un examen así). 

El estudio sirvió como soporte para algunos cambios en el esquema educativo que desarrollaría el gobierno de Salinas de Gortari y sigue siendo un referente para la evaluación de la educación en México... o debería de serlo, porque ahora se ha ensanchado la brecha entre discurso y realidad en materia de educación. Vivimos el reino de la simulación.

La encuesta se levantó en mayo, los resultados estuvieron a finales de junio y yo me tardé un par de meses en hacer el informe sobre el que se basaron, tanto el reporte general, como el artículo de Guevara Niebla en Nexos. El problema fue a la hora de cobrar, más allá de los adelantos que habíamos recibido. Héctor Aguilar Camín adujo que el retraso se debía a nosotros y que por ello tuvo que pagar la oficina de Gilberto y su ayudante por varios meses más, cantidad que le iba a descontar a Datavox. Yo alegué que el grueso del retraso fue porque los asesores de Guevara cambiaban una y otra vez el cuestionario, y que era el propio Gilberto quien debió de haberlos apurado. Decidí que era mejor no pelear con Aguilar Camín y acepté que nos diera una pizcacha de lo que habíamos acordado. Con quien dejé de hablarme por cerca de dos años fue con mi amigo Gilberto.

La idea que teníamos los socios de Datavox era que la encuesta de educación nos sirviera para capitalizar la empresa. No perdimos dinero, pero cada uno de nosotros obtuvo cantidades casi simbólicas (y lo mío terminó yéndose mayoritariamente a impuestos). Ya para entonces, Pepe, Chuy y yo estábamos más metidos en otros proyectos personales. Fue el final de Datavox. Reprobamos como empresarios de la demoscopía.  


viernes, mayo 01, 2026

Poco de qué presumir

 

Mexicanos en GL. 

Marzo-abril 2026

Poco de qué presumir para los mexicanos al inicio de la temporada 2026 en Grandes Ligas. Irregularidad en el pitcheo, sólo dos bateadores estrella a un nivel parecido al que les conocíamos, varios peloteros que perdieron el puesto y algunitos que parecen empezar a consolidarse. Para colmo, uno de nuestros peloteros más relevantes, Alejandro Kirk, se lesionó pronto y todavía tardará unas semanas en regresar.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño en la temporada.

Randy Arozarena ha sido, con facilidad, el mexicano con mejor desempeño en este inicio de campaña. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle ha bateado con consistencia, fildeado con grandes atrapadas y corrido las bases de una manera más que decente, aunque no ha mostrado tanto poder como otros años. Sus números: .289 de porcentaje, un buen .820 de OPS, con 4 jonrones, 11 producidas y 7 bases robadas en 7 intentos. Se está ponchando un poco menos que antes, y eso es bueno.

Jonathan Aranda, primera base de los Rays de Tampa, es pieza clave en la ofensiva de su equipo. Ha funcionado como bateador clutch: pega de hit (o de elevado de sacrificio) a la hora buena, lo que redunda en que es el segundo máximo productor en la Liga Americana, con 25 carreras llevadas al plato. Ha tenido menos suerte en las bolas puestas en juego y eso se refleja en una caída en su porcentaje de bateo. Sus números provisionales son: .220 de porcentaje, .783 de OPS, 7 cuadrangulares, las 25 producidas y una saludable tendencia a recibir más bases por bolas que antes.

Andrés Muñoz no ha estado tan filoso como el año pasado. Si bien casi siempre el cerrador de los Marineros ha podido colgar el cero, tuvo dos ocasiones de implosión total. En una de ellas, le metieron 5 carreras y sólo pudo sacar dos outs. Por lo general, el mochiteco sigue siendo un pitcher muy confiable y ponchador. En el año lleva 3 partidos ganados y 2 perdidos, 6 salvamentos (de 7 oportunidades) y 20 ponches en 12 entradas de labor. Lo feo es su porcentaje de carreras limpias: 6.00, producto de las dos apariciones desastrosas. Es seguro que mejorará.

Brennan Bernardino ha respondido bien ante el difícil reto de lanzar para los Rockies de Colorado. El relevista zurdo ha podido hacerse de 2 victorias sin derrota, además de que cuenta con un hold (ventaja sostenida en situación de salvamento), con un solo rescate desperdiciado. Su PCL, de 0.83, es el mejor entre los lanzadores mexicanos y ha recetado 11 sopitas de pichón.

Nick Gonzales ha estado haciendo contacto constante con la pelota, y eso le ha valido quedarse en la titularidad del infield de los Piratas de Pittsburgh (empezó en las paradas cortas, pero la llegada del súper prospecto Connor Griffith no lo mandó a la banca, sino a tercera base). Batea para .317, con un OPS de .731 (no tiene poder). No tiene jonrón, ha producido 15 carreras y se ha robado dos bases.

Isaac Paredes empezó muy frío la temporada, pero a partir de la segunda mitad de abril su bate se calentó notablemente, con lo que mejoró relativamente sus números y se aseguró más tiempo en la titularidad de la antesala de los alicaídos Astros de Houston. El de Hermosillo batea para .253, OPS de .723, apenas 3 jonrones (dos en un mismo juego) y 15 producidas. Mantiene su característica de saber cuándo tirarle a la bola y recibir una buena cantidad de pasaportes.

Alan Rangel regresó por donde había venido: la puerta giratoria que le inventaron los Filis para tenerlo entre AAA y las Mayores. Lanzó tres entradas de relevo, ponchó a 5 y permitió solamente una carrera.

Robert García no se ganó el puesto de cerrador con los Rangers, y tuvo un desempeño aceptable preparando cierres, hasta que una inflamación en el hombro lo mandó a la lista de lesionados. Marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Marcelo Mayer, infielder de los Medias Rojas, ha mantenido la titularidad contra lanzadores derechos, y poco a poco está tomando ritmo, tras un inicio gélido. El nieto del mítico Chero batea para .253, con OPS de .694, un jonrón, 7 producidas y un robo. Si de verdad coge ritmo, dará razón a los pronósticos optimistas sobre su carrera.

Jarren Durán ha sido la sombra de lo que fue hace dos años, y aún el año pasado. Sigue siendo un mago en los jardines, pero con el bate ha tenido muchos problemas. Batea para sólo .170, con apenas un jonrón en 100 turnos oficiales. OPS bajísimo de .481, 11 carreras empujadas y cinco robos.

Alek Thomas, jardinero central de los Diamondbacks de Arizona, está teniendo una temporada similar a la de Durán (pero de Thomas no se esperaba gran bateo). Genial a la defensiva, pero con números de bateo flojitos: .188, 2 jonrones, 10 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .578.

Jojo Romero perdió la carrera para ser cerrador de los Cardenales de San Luis, y sigue como preparador de cierre, lo que le ayudado a acumular ya 8 holds, El zurdo lleva una derrota sin victoria, un rescate desperdiciado y 4.20 de limpias.

Javier Assad ha vivido una montaña rusa. Inició en AAA, pero pronto fue subido al equipo grande por los Cachorros de Chicago. Tuvo una gran apertura y ganó ese juego. Al siguiente, lo molieron a pelos. La tercera apertura también fue buena, pero salió sin decisión. Fue mandado al bullpen. Allí tuvo, primero, una victoria y, a la siguiente, otra vez lluvia de batazos. Un lanzador, dos versiones. Unos números: 2-1, 11 ponches y un feo 7.58 de efectividad.

Ramón Urías coqueteó con la titularidad en la antesala de los Cardenales de San Luis, pero al final no la consiguió, a pesar de su gran guante. La respuesta está en el bat: .170, 2 vuelacercas, 5 empujadas y OPS de .626.

Joey Ortiz es campocorto titular de los Cerveceros de Milwaukee, enorme defensivo, pero puede perder el puesto debido a lo flojo de su bateo: .197, 6 producidas, OPS de .481. No sólo no ha pegado de cuadrangular: no tiene en su cuenta un solo extrabase.

Víctor Vodnik ha sido una versión reducida de Andrés Muñoz, con el agregado de que le toca jugar la mitad de los juegos en Coors Field, la casa de los Rockies, veneno para los pitchers. Víctor Francisco lleva dos salvamentos, pero igualmente lleva dos derrotas, por sendas implosiones, lo que también disparó su efectividad a un nada bueno 7.82. Ha ponchado a 11.

Valente Bellozo también tiene la carga de lanzar para los Rockies, como relevo largo. Empezó con un relevo decente, seguido de dos ocasiones en que lo apalearon. Eso sirvió para que lo bajaran a AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

Brandon Valenzuela, debutante en MLB, hermosillense. Llegó por la lesión de Alejandro Kirk a la receptoría suplente de los Azulejos de Toronto. Ha comprobado lo que se decía de él en las Menores. Excelente receptor defensivo, pero poca contribución ofensiva. Batea para .200, con .588 de OPS. Dos jonrones y tres impulsadas.

Alejandro Osuna llegó a los Rangers a finales de mes, por la lesión de Wyatt Langoford y es titular ante lanzadores derechos. El sinaloense lo ha hecho bien en el corto ratito que lleva jugando .375 de promedio+ y una carrera producida. Que sea una larga estancia en el equipo grande.

Alejandro Kirk se fracturó el pulgar en uno de los primeros juegos de la temporada. Debe regresar en mayo de la lista de lesionados, pero vio muy poca acción. Le alcanzó para .150, un jonrón y 2 producidas. Esperemos un buen regreso del Capitán Kirk.

José Urquidy no ha sido lo que era antes de su cirugía Tommy John. Lo vimos el año pasado. Ahora, como relevista de los Piratas, tuvo una buena aparición, que le valió el rescate y, a continuación, un desastre tras otro, lo que provocó que el equipo lo bajara a AAA. A cambio de ese salvamento, tiene un perdido, un horroroso 8.53 de efectividad y un WHIP de 2..68: se le embasan casi tantos como a los que le saca out.

Taijuan Walker tuvo 5 aperturas para los Filis: una decente y cuatro horribles. Su desempeño fue tan malo, que el equipo de Filadelfia decidió dejarlo en libertad (eufemismo por despedirlo) y comerse su contrato millonario. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad, se le embasaron por hit o pasaporte más de dos rivales por entrada y ponchó a 17.