viernes, julio 21, 2023

Tejido descompuesto

 


En la segunda semana de julio de 2023, el crimen organizado mostró su poderío. En algunos casos se trató de acciones violentas, que generan muertes entre el personal de seguridad y los civiles. Esas, desgraciadamente, las estamos normalizando. Pero es más grave lo sucedido con la toma de Chilpancingo de parte de pobladores que obedecen a las consignas de los criminales, porque nos habla de una profunda descomposición del tejido social.

Sin embargo, esa descomposición –la creación de base social a las órdenes de las bandas delincuenciales– no nació de la nada, ni se trata de un suceso repentino. Es producto de una combinación de factores, acumulada a lo largo de los años.

¿Cómo es que un cártel, y no uno de los importantes, logra movilizar masivamente a comunidades enteras? ¿Cómo es capaz de hacer que marchen codo con codo pobladores de pueblos vecinos que estuvieron peleados a muerte durante muchos años? ¿Cómo le hace para que sean capaces de tomar impunemente las principales instalaciones públicas del estado, y luego salir con promesas de parte del gobierno?

La respuesta no es sencilla, pero se deben abordar con seriedad algunas de las causas probables.

En primer lugar, esas comunidades han sufrido durante décadas el abandono de parte del Estado mexicano. Escasa infraestructura pública, malos servicios de salud y educación, pocas oportunidades para salir adelante. Presencia de las autoridades de seguridad sólo por periodos; principalmente para evitar erupciones de violencia colectiva y, sólo como subproducto. para prevenir la criminalidad común. Y eso que no se trata de las comunidades más olvidadas de Guerrero.

Por otra parte, y como resultado de una larga tradición de dependencia política, se trata de comunidades en las que suele haber algún tipo de cacicazgo, o de “liderazgo social determinante” para usar un eufemismo. Hace dos décadas escribí, analizando las elecciones en Guerrero, acerca del “Efecto Quechultenango”, para intentar explicar por qué fallan las encuestas. Sucede que, en ese tipo de comunidades, las preferencias electorales son unas antes de que venga la consigna de por quién votar, y otras después de que llegó la consigna de parte del “líder social”. Así, lo que aparentemente era una división del voto en mitades, acaba siendo una ventaja de 40 puntos porcentuales para el candidato elegido por el “liderazgo social”.

En otras palabras, salvo excepciones individuales (precisamente excepcionales porque individuales), las comunidades suelen moverse colectivamente, y no suelen hacerlo mediante la discusión colectiva, sino siguiendo a algún dirigente.

La pregunta, entonces, es cómo los criminales se convierten en dirigentes sociales. Una primera respuesta es por el miedo que son capaces de generar. Pero es una respuesta incompleta. También lo logran mediante su capacidad para generar diversos tipos de satisfactores materiales, que pueden ser personales o sociales. Si la gente siente que se beneficia más con ellos que con el Estado, los seguirá. (Habría que agregar que a veces hay que hacer la pregunta al revés: ¿cómo es que los dirigentes sociales se convierten en criminales?).

La zona de donde provienen los pobladores que tomaron Chilpancingo por un par de días vive una suerte de auge económico desde que en la sierra colindante se sustituyó la mariguana por la amapola, que es mucho más redituable. La economía ilegal ha tenido un efecto expansivo y redistributivo en la región. Hay mejores casas, mejores caminos, más empleos (y no todos ligados directamente con las actividades ilícitas: es el efecto del crecimiento de la demanda efectiva). También hay más violencia, pero al parecer es un precio que, en la cultura de la supervivencia por encima de los valores, hay mucha gente dispuesta a pagar.

Si a la poca presencia del Estado, la tradición caciquil y los beneficios materiales de la presencia del crimen organizado, le sumamos la conciencia de que hay impunidad, entonces el coctel está servido y los Ardillos son los que mandan, y ya no las autoridades legalmente constituidas.    

Subrayo que el problema de fondo está en que el valor adalid es el de la supervivencia, el de estar mejor económicamente, por encima del respeto a la legalidad, la conciencia que pueda haber de los efectos nocivos del narcotráfico en la sociedad o, incluso, del hecho de que las comunidades se pueden meter en un callejón sin salida. Esos valores, tal vez de manera inconsciente, se están transmitiendo de generación en generación.

El presidente López Obrador, ante los sucesos de Chilpancingo, soltó -extrañado, al parecer- el dato de que Guerrero es el estado en donde más ayudas sociales se reparten. Eso es prueba de que su creencia de que con estos apoyos bajaría la capacidad de cooptación del crimen organizado está totalmente equivocada.

Los apoyos sociales que da el gobierno, en el mejor de los casos –es decir, en el supuesto de que lleguen a gente muy necesitada–, para lo que sirven es para que la pobreza sea un poco más llevadera. Pero no sacan de la pobreza. Y lo que quiere casi toda la gente no es ser un “pobre digno”, sino salir de la pobreza. Y, dependiendo de las circunstancias económicas, sociales y culturales, puede ser capaz de vender su alma al diablo en ese afán.

Es seguro que esas comunidades guerrerenses no son las únicas que han decidido vender su alma. Las hay en varias partes del país, en donde el crimen se ha convertido en un Estado contrapuesto al Estado. Recuperarlas va a costar tiempo, muchos años. Y evitar que proliferen debería ser una prioridad urgente, de un interés nacional que va mucho más de las miopes coyunturas electorales.             

domingo, julio 09, 2023

México en los JCC San Salvador 2023, un balance deportivo

 


La delegación mexicana a los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023 se alzó en la parte más alta del medallero, con 145 oros, 108 platas y 100 bronces. Le llevó amplísima ventaja al segundo lugar, Colombia, que tuvo 87 medallas de oro, con Cuba relegada al tercer lugar. Eso sí, los cubanos se llevaron el primer lugar en cuanto a pronósticos de los metodólogos. Dijeron que Cuba ganaría "entre 70 y 80 medallas de oro" y pelearía con Colombia el segundo lugar, bien atrás de Mëxico. Los cubanos ganaron 74 preseas doradas. Aunque la isla sigue a la baja, producto de la falta de recursos y de la deserción de atletas de elite, me sigue pareciendo una hazaña que gane tanto cuando el país está en una situación de quiebra económica y social.

En México, los pronósticos de los metodólogos, si los hubo, se quedaron dentro del cajón. A lo más que llegó Marijose Alcalá, presidenta del Comité Olímpico Mexicano, fue asegurar que México repetiría en la cima del medallero. Ana Guevara, directora de la CONADE, ni eso, quesque para evitar críticas posteriores. Así su confianza.

Hay que decir que esta victoria de México se da en un momento de poco apoyo gubernamental al deporte. En lo económico y en lo político. Ana Guevara ha preferido centrar su gestión en apoyar federaciones deportivas amigas y golpear a las que considera "enemigas". Muy al estilo 4T. Y de estos juegos, declaró que "algunos piensan que son de relleno". En otras palabras, no se le pueden adjudicar los éxitos. 

México pasó de ganar el 29% de las medallas de oro en disputa en la edición de Barranquilla, al 33% en San Salvador; Cuba, del 24% al 17%; Colombia, del 18% al 20%. En otras palabras, casi toda la baja cubana se repartió entre la delegación tricolor y la cafetera, con el agregado de que los colombianos subieron a pesar de ya no ser sede. Podríamos complementar diciendo que Puerto Rico se llevó lo retrocedido por Venezuela y los locales salvadoreños, lo perdido por Guatemala, con cambios marginales en las demás delegaciones (salvo Jamaica, que pagó por no llevar atletas de primer nivel).

Como siempre, hay que evitar echar las campanas al vuelo. Por un lado se trata de una justa regional, y la región es débil en varios deportes. Por otro, en ella no siempre repiten las mismas disciplinas (esta vez, por ejemplo, no hubo squash, pero sí futbol-playa y ajedrez) y algunas competencias dentro de las disciplinas clásicas aparecen y desaparecen. Finalmente, y más importante, el resultado general rara vez es producto de que todo salga bien: en algunos deportes se avanza y en otros se retrocede.

Revisemos las cosas por deporte y empecemos, como de costumbre, con los más importantes dentro del ciclo olímpico.

En el atletismo, hubo 7 oros, lo que significa que otras delegaciones fueron las beneficiarias de la (relativa) debacle cubana. Junto con a gratas sorpresas, como el salto con garrocha varonil y el hecho increible de que Juan Luis Barrios, con un bronce, sea nombrado por cuarta vez en la serie de JCC de este blog, hubo decepciones, en los 400 metros femeninos y los 800 masculinos. Paola Morán y Tonatiu López siguen siendo grandes promesas, pero fallaron esta vez.

En la natación, con un equipo financiado a través de fideicomisos privados, a falta de apoyo de la CONADE, se tuvo un avance respecto a Barranquilla: dos oros más. Mantuvo la recuperación lograda tras un bache importante. Miguel De Lara dio la marca para París 2024. En lo referente al nado sincronizado, también en abierta pelea con Guevara, se repitieron los 5 oros (pero ahora hubo más pruebas). Nuria Diosdado es la atleta más ganadora de los Juegos.

Otro deporte en donde hubo consolidación fue el ciclismo de pista. México derrotó ampliamente a Colombia, llevándose 9 de los 12 oros en disputa. Al parecer, los problemas dentro de la federación van en rumbo de desaparecer, pero no cantemos victoria. En ciclismo de montaña hubo un oro, pero en ruta nos fuimos en blanco. En BMX, nada que hace ante Colombia.

Buena parte de la mejora mexicana estuvo en la gimnasia. En la gimnasia artística (el equipo femenino, en la foto). Superó el enorme tropezón que tuvo hace cinco años y en Veracruz 2014. Ahora se llevó 8 de los 14 oros en disputa, y los otros seis se repartieron entre cinco países. La figura fue la abanderada Alexa Moreno. En gimnasia rítmica, el equipo mexicano simplemente barrió: está en otro nivel. Y tuvimos dos oros en trampolín.

Pero siempre tiene que haber un negrito en el arroz. En el boxeo, Cuba cayó de manera precipitosa, y México no sólo no aprovechó, sino que pasó de dos preseas doradas a una sola. Quien recogió el bolo fue principalmente Colombia. Hay un claro problema de atraso técnico, que la federación no ha querido resolver.

El turno de análisis es para los deportes en donde México se considera contendiente mundial. En clavados, en medio de la disputa con la CONADE, se mandó a un equipo B, que tuvo resultados B. Sólo 4 oros y arriba de Colombia exclusivamente por las medallas de plata. En el equipo vimos al veterano Germán Sánchez, Duva, quien obviamente está apenas en plan de rehabilitación física, y a dos jovencitos con cualidades. En tiro con arco, el equipo mexicano demostró que es el mandón de la región: cumplió con creces. Donde cayó la actuación decepcionante fue en taekwondo, que había tenido una actuación buena en el reciente mundial, y ahora obtuvo sólo un oro en las disciplinas de combate individual.

El balance es mixto en otras disciplinas olímpicas: en remo, repetimos la amplia victoria sobre Cuba de los juegos pasados; en tiro hubo menos competencias, pero México ganó casi la misma cantidad de oros (y Cuba se vino abajo); en halterofilia hubo un claro retroceso, tal vez porque no se mandó a todos los mejores, lo que permitió a Colombia arrasar; en lucha, estancamiento; en judo, un paso atrás. A cambio, en triatlón México sigue siendo rey absoluto de la región y en pentatlón moderno lo volvió a ser. En badminton, México ahora casi barre (supongo que porque el guatemalteco Kevin Cordon, el único de la elite mundial, se retiró).

Hay otros deportes en donde, con altas y bajas, la delegación mexicana estuvo dentro de las expectativas: equitación, canotaje, tenis, vela, tenis de mesa. surf, golf, esgrima (que es en realidad una mejoría relativa a Barranquilla, a pesar de una posible medalla de oro perdida por el berrinche de un coach). 

En lo referente a los deportes olímpicos de conjunto, la diferencia respecto a Barranquilla es positiva. Entonces fue un desastre, ahora hubo oros en ambos sexos del futbol y, meritoriamente, del hockey sobre pasto. Las mujeres en el basquetbol 3x3 ganaron oro a base de riñones, y también lo hizo la pareja varonil de volibol de playa. En el basquet varonil, actuación decente, y plata. Medallas en rugby, balonmano y waterpolo. El único deporte de este bloque que quedó a deber fue el volibol de sala (en parte por lo disparejo de los grupos).

Pasando a los deportes no olímpicos, un breve resumen: barrida en racquetbol, de la mano de la imprescindible Paola Longoria, oro merecido en beisbol, bronce en softbol (con un equipo muy diferente del que fue a Tokio), un muy buen repunte en boliche, actuación discreta en karate y más aún en patinaje de velocidad. Ridículo en el futbol-playa. ¡Ah, y dos oritos en ajedrez, el deporte-ciencia!

Podemos ver que, a nivel regional, la inercia positiva general del deporte mexicano se mantuvo, a pesar de los problemas en la conducción deportiva del país. Faltan por ver dos cosas. Veremos pronto la primera; si hay de verdad esa inercia a nivel panamericano, en los próximos juegos en Santiago de Chile, o si nos engañan las apariencias por una baja general centro-caribeña. La segunda tardará más en mostrarse, y ojalá no lo haga: cuáles serán los efectos de mediano plazo de la desastrosa conducción de Ana Guevara sobre nuestro deporte. Por lo pronto, México ya no mandará delegación a la Universiada.

 

Aquí el balance de Barranquilla 2018

El de Veracruz 2014

Y el de Mayagüez 2010


jueves, julio 06, 2023

Retrato del periodista adolescente: Raúl Trejo Delarbre


Acaba de publicarse el libro Raúl Trejo Delarbre: 70 años, una celebración. En él aparece la primera versión de un texto mío. Aquí publico la segunda versión, corregida y aumentada (que sí envié muy a tiempo a los coordinadores). Como mi texto fue sobre sólo una etapa de la vida de Raúl, publiqué en Crónica un breve homenaje, a guisa de complemento, donde hago referencia al libro. 


Retrato del periodista adolescente
 

Cuando estaba yo en primero de prepa, en la clase de literatura el maestro -un jesuita místico, y notable poeta, Mauricio Brehm- se puso a hablar de un fenómeno nuevo: la “literatura de la onda”, y en particular de un joven que escribía textos muy interesantes, llamado José Agustín. Preguntó si alguno de nosotros los había leído. Alzamos la mano tres estudiantes: uno era yo, otro era Luciano Peralta y el tercero, un chavo muy serio, muy formal, que respondía al nombre de Raúl Trejo.

El profesor nos recomendó que intercambiáramos los libros que habíamos leído -cada uno lo había hecho con uno diferente- y es la fecha que Peralta no me regresa la precoz Autobiografía de José Agustín. A pesar de ello, salí ganando, porque ese intercambio sirvió como pretexto para el inicio de una amistad con Raúl Trejo que dura ininterrumpida ya más de medio siglo.

Durante los recreos, Raúl y yo nos íbamos a una tortería cercana a platicar sobre mil temas. Él quería ser periodista y se interesaba por todos los asuntos: prueba de su vocación, es que también se interesaba por los asuntos que no le interesaban realmente. De lo que más hablábamos era de literatura, que él devoraba como buen latinoamericano: de manera desordenada. A los pocos días, se nos juntó otro cuate del grupo, una suerte de loner con ideas mafufas e iconoclastas. Se llamaba Raúl González Rodarte.
Un día, caminábamos por la calle de la escuela y yo veía cómo el ancho Trejo, poco expresivo, se movía como ajeno al mundo y a su propio cuerpo; veía cómo el escurrido González Rodarte se movía como con nervios de colibrí, enfundado en un pantalón ajustadísimo, y me parecía, él mismo, un colibrí detrás del escape de un camión. Fue cuando me dije: “Mis cuates son extraterrestres”. Así que de plano le pregunté a Trejo: “Oye, Raúl ¿De veras no eres marciano?”.

Y es que el adolescente Raúl era, de verdad, un tipo raro, que se salía de las normas. Era alguien que caminaba más rápido de lo que corría; un estudiante aparentemente modelo que, sin embargo, discutía con los profesores armado de una lógica filosa que los acababa desarmando; un tipo que, en su avidez por conocer de todo, estaba siempre al día; un cuate que no lo aparentaba, pero era totalmente de vanguardia; un amigo de mirada profunda, no sólo físicamente; un personaje circunspecto que en realidad es una persona muy cálida; una conciencia crítica que desde entonces ya no estaba en ciernes.

Un día Raúl me invitó a su casa. Vivía en Ciudad Satélite cuando todavía era periferia: eran los tiempos en que nos bajábamos del camión y recorríamos la ruta a su casa cruzando lotes baldíos. El cuarto de Raúl tenía dos características que lo hacían diferente: un radio de onda corta y un mimeógrafo de alcohol.

Mediante el radio de onda corta, Raúl escuchaba todo tipo de noticieros. Era un lector voraz d periódicos desde muy temprana edad y un apasionado de la información. Me platicó que su primer periodiquito lo hizo cuando estaba en primer año de primaria: copiaba notas del periódico y se lo vendía a sus papás.

Al mimeógrafo lo usamos para un proyecto de periódico ilegal y contracultural. El nombre, Subterráneo, correspondía al propósito. No se puede decir lo mismo del contenido, que era bastante adolescente y ligerito.

El gesto personal era importante, y por lo que el periodiquito valió la pena. La sensación cuasirevolucionaria de caminar por las calles del centro para comprar los stenciles. El miedito al distribuirlo por la Zona Rosa, los alrededores de Prepa 4 y en C.U. Creo que lo único realmente epatante de Subterráneo eran los poemas “asqueróticos” de González Rodarte. Lo dejamos de publicar luego de tres números (en el último no teníamos con qué llenar media plana y se me ocurrió un dibujo de Pico, la mascota del Mundial del 70, así de subterráneo era).

Otro proyecto que hicimos los dos Raúles y yo fue una obra de teatro, que presentamos en un “retiro espiritual” en el ex seminario de San Cayetano. Tenía un nombre muy chistoso, pero adecuado: “Extraño Coloquio”. Se trataba de una reunión de cuatro chavos muy diferentes, cuatro arquetipos que discutían de todo y de nada: las drogas, el sexo, la desigualdad social y el papel de la iglesia. Dos de los nombres provenían de una novela de Sáinz: Menelao (Raúl Trejo) hacía de chavo fresa (en el sentido antiguo de la palabra), conservador, antimariguana y borracho; Balmori (Kycho Chávez) hacía de hippie. Mi personaje se llamaba Adán y era un marxista. Raúl González Rodarte se hizo su personaje a la medida: se llamaba Marcio y era epicúreo. Adán se burlaba de él: “¿No te maquillaste hoy?”. En la escena final, luego de que Menelao se había ido asqueado porque se iba a fumar mariguana y de que Balmori hablara acerca de sus contradicciones (Adán no tenía, era el bueno de la obra), el proscenio se apagaba, alumbrando sólo a Marcio/González Rodarte, quien decía: “Yo soy el semen perdido en
las entrañas” y hacía la señal de paz y amor.

De los cinco actos de que constaba la obra, yo escribí el más malito, y cada uno de los Raúles escribió dos. Los actos de Trejo eran los que trataban con más detalle la coyuntura política y las preocupaciones sociales del momento: los más informados. Él hizo que los personajes discutieran sobre la guerra de Vietnam, el celibato de los sacerdotes o la relación entre sexos. La presentación fue un éxito: le dimos 20 minutos de conciencia social a los chicos del Patria en el “retiro” (léase cascaritas futboleras y pláticas de los curas) de San Cayetano. Luego unos profes nos pidieron que la representáramos en casa de uno de ellos, frente a los que no fueron al “retiro”.

Para tercero de prepa, nos embarcamos a hacer el periódico Palabra, órgano no oficial de los estudiantes del Instituto Patria. El año anterior, Palabra había estado de capa caída, porque todo lo hacía un solo alumno con vocación de periodista, Alfredo Domínguez Muro. Lo heredó una troika, formada por Raúl Trejo, Pablo Medina Mora y yo. Nuestro primer número fue una hojita de mimeógrafo, con un tiraje de 50 ejemplares. Llegamos a tirar números de doce páginas, con hojas de colores; mil 200
ejemplares, distribuidos en 13 escuelas. Fue muy divertido y formativo. 

Pablo, Raúl y yo hicimos un buen equipo, en el que uno servía de equilibrio a los otros. Medina Mora era el clásico tipo popular, con amigos de todo tipo en todos los salones y en varias escuelas. Su principal tarea era la distribución. Los ejemplares se “encuadernaban” (palabra de Trejo, en realidad se engrapaban) en su casa. Pablo, además, hacía que el periodiquito fuera aceptado por todos, evitando pretensiones excesivas, ya que recordaba la necesidad de publicar algunas notas ñoñas.

Trejo era el único que sabía medir los textos y su influencia y su criterio eran determinantes para definir las prioridades, en la reunión de los martes después de clases, en la cual conveníamos el dummy de Palabra, que realizaba el propio Raúl. Era el más rígido adversario de los textos malos, que Pablo solía defender por razones “comerciales”. Yo me ponía del lado de Pablo, sobre todo si el texto lo firmaba alguna mujer. A mí me tocaba armar el periódico. Lo hacía en casa, tecleando, sin cinta, con mi máquina de escribir Olympia, sobre las hojas de stencil. Ahí yo hacía correcciones de ortografía, enmiendas de redacción, trabajo de edición (las mediciones de Trejo, sobre textos casi siempre escritos a mano, eran impresionantemente buenas, pero no perfectas) y rellenado de espacios vacíos, cuando los había.

En uno de los textos que escribió para Palabra, una crítica a una obra de teatro, Raúl Trejo escribió: “El concepto tradicional de los medios de comunicación tiene que acabar. Deben expresar necesidades reales, existentes. El teatro, como lo conocemos, se vuelve obsoleto. El teatro no necesita acción, necesita verdad” Pedía a los lectores que fueran a ver la obra. “Prepárate a encontrarte con la realidad. Y en cierta forma, hay que ser valientes para aceptarla”. Su reseña tuvo tal éxito que en la prepa se organizó una ida colectiva para verla.

En aquel año, el periódico estudiantil se convirtió en una alternativa política a las organizaciones tradicionales de los preparatorianos, porque habíamos organizado distintos eventos. El cuarto poder. Entre lo que organizamos estuvo un concurso de ensayo. Raúl lo ganó a toda ley (de hecho, era el único texto digno de ser considerado como un ensayo). El título de aquel pequeño ensayo era “La Galaxia McLuhan”. El preparatoriano analizaba los textos del famoso teórico de la comunicación, la relación entre la información y la tecnología, los procesos de globalización (“la aldea global”), la diferencia entre “medios fríos” y “medios calientes”. Todos estos temas de impacto social, y los que se acumularon con ulteriores desarrollos tecnológicos, han sido materia fundamental de trabajo a lo largo de la vida y la fructífera obra de Trejo Delarbre.

En esa época, a Raúl Velasco, conductor del programa Siempre en Domingo, se le ocurrió hacer un concurso mensual de ensayo entre jóvenes menores de 18 años. Tema libre. Como premio, dos dotaciones de libros: una para el ganador; otra, para la institución que él quisiera. A Raúl se le ocurrió concursar con otro ensayo sobre medios de comunicación, así es esto de la vocación. Porsupuesto, resultó triunfador. Me invitó a ir con él a recoger el premio. Tomamos el Metro y recalamos en una oficina en Río de la Loza, donde nos esperaba, afable, Míster Televisión. Igualito que en la pantalla: camisa colorida de solapas anchas, lentes cuadrados de pasta, sonrisa perfecta. Nos recibió. Felicitó a Raúl. Se echó un rollo acerca de la importancia de que la juventud contribuyera al progreso del país. Y luego nos soltó una noticia. Se dirigió a Raúl:

Lo siento, pero, a diferencia de otros concursantes, tú no vas a poder recoger el diploma en el programa.

“Ustedes entienden”, dijo, a guisa de explicación, al ver nuestra cara de extrañeza. Era el viernes 18 de junio de 1971. Ocho días después de la matanza del Jueves de Corpus.

Raúl, con la calma y la cabalidad que le caracterizan, respondió, en voz suave pero firme: 

- Entonces usted tiene miedo de que yo diga algo.

Velasco soltó una risa-mueca: ¿Miedo? ¡No, cómo crees! Son las circunstancias. Comprende. No es momento para presentar a los jóvenes.

Raúl lanzó a su vez una sonrisa, que quise ver como irónica. “Somos peligrosos, entonces”, dijo. Le ofreció la mano a Velasco, que ahora sí sonrió con anchura y procedió a entregarnos los libros del premio. Unos 40, de saldos viejísimos, sacados de alguna bodega polvosa.

Saliendo de la prepa, Raúl se embarcó en otro proyecto protoperiodístico con su cómplice de siempre y con otro cuate nuestro, Hermann Bellinghausen. Un “periódico”, impreso en mimeógrafo, con pretensiones múltiples. Análisis de la guerrilla en México, de las costumbres de la clase media, de la situación internacional (un larguísimo ensayo titulado “El sionismo y los árabes”), crítica de cine, poesía, una suerte de columna crítica y varias cosillas de humor. Como pretendíamos haber superado nuestra etapa más lírica, el periodiquito se llamó Análisis.

Lo vendíamos –a un precio absurdo: 40 centavos, y nos costaba 30 el ejemplar- en escuelas y universidades privadas, en la UNAM, en la Zona Rosa y Coyoacán. Años después, en su libro La Prensa Marginal, Raúl describiría ese esfuerzo adolescente como un acto de catarsis. En efecto, así era. Pero catarsis individual o no, un policía me correteó en la Zona Rosa: intuyó que estaba distribuyendo material peligroso. Tiramos tres números de 300 ejemplares (de los cuales hemos de haber vendido menos de cien, en promedio).

Raúl, claro está, tenía razón en aquello de la catarsis, en el sentido de que, a través de ese y otros proyectos, sacábamos la inconformidad que traíamos dentro. Y hay que decir que Raúl siempre fue un gran inconforme. Un rebelde que escaneaba la realidad, la veía defectuosa e injusta, la describía con precisión y la criticaba. Así desde entonces.

¿Qué tan periodista era ese periodista adolescente? Una ocasión quisimos formar un grupo político-cultural con unos cuates de varios orígenes, y aquello acabó en una reunión en la que todos escuchábamos rock, varios fumábamos, otros fajaban, Pablo se le pasó clavado en un foco azul que tenía yo en la esquina de mi cuarto… y Raúl nos entrevistaba, preguntando acerca de las sensaciones de la pachequez.

¿Y por qué era tan periodista? Porque siempre se preguntaba el por qué de las cosas. Ante una realidad como la de aquel entonces (estoy hablando de los últimos años de Díaz Ordaz y los primeros de Echeverría), en donde la represión política era el pan de cada día y buena parte de la sociedad, aferrada a su conservadurismo, rechazaba a los jóvenes y sus apuestas culturales, entre ellos nacían naturalmente muchas preguntas, muchos “¿Por qué?”. Esas preguntas animaban siempre las inquietudes vitales de Raúl.

Ya cuando estábamos en la UNAM, se nos ocurrió otro proyecto editorial marginal: un periódico de crítica cultural y reseña de espectáculos, una versión proletaria (por no decir tercermundista) de la revista Cue. Para entonces ya éramos bien cinéfilos y Raúl llegó a aventarse más de diez películas por semana.

Los cómplices fueron los mismos. Raúl, quien para entonces ya había desarrollado una larga greña, había instalado con un par de cuates de Políticas una agencia informativa sobre los asuntos y las grillas de la UNAM, que se llamaba Inforuni, -y que ya tenía oficinas, en el edificio de Insurgentes 300- y Hermann, siempre dispuesto a soltar la pluma. A ellos se agregó un cuate mío de Economía, muy cinéfilo, José Luís García Agraz, quien dejaría economía por el cine y años después fuera el primero en darle chamba a Alfonso Cuarón.

La intención era hacer algo más serio que nuestros esfuerzos anteriores, con 300 pesotes de inversión. Esta vez venderíamos el producto al doble de su costo, e iríamos mejorando la impresión, número por número. El mimeógrafo de Inforuni era mejor y mucho más rápido que el personal de Raúl Trejo, pero soltaba demasiada tinta, lo que dio como resultado un número grande de hojas perdidas. Imprimimos varios cientos de ejemplares –no recuerdo cuántos-, pero muchos de ellos tenían hojas casi ilegibles.
El número uno de Lapsus tenía –entre otras cosas- una reseña de Trejo sobre “El Padrino”, yo escribí sobre “Simpatía por el Diablo”, la película de Godard y los Stones, y sobre “Ginecomaquia”, una obra de teatro de Hugo Hiriart; una crónica de Hermann de dos conciertos de Mercedes Sosa: en el Auditorio Che Guevara y en Bellas Artes (donde “se equivocó de choza”, según Bellinghausen) y la primera parte de un ensayo de García Agraz sobre el nuevo cine latinoamericano. Nuestro principal centro de venta fue la Casa del Lago, en Chapultepec. Nos fue más o menos bien, pero resultó demasiada chinga: casi una semana de trabajo y un día entero de distribución para salir a mano, si acaso. Nuestra vocación de promotores alternativos de la cultura no daba para tanto. El número uno de Lapsus fue el único.

Raúl dejaba la adolescencia. Dejaba también la casa paterna. Pero seguiría embarcado en una buena cantidad de proyectos periodísticos y en el análisis profundo del papel social de los medios de comunicación y su evolución tecnológica y de contenidos. A lo largo de su vida, Raúl caminaría más rápido de lo que ha corrido, con paso firme y dirección atinada. Este retrato da cuenta de una vocación y de un carácter crítico. Me hubiera gustado que diera cuenta también, o de mejor forma, de la persona siempre amable, siempre puntual, siempre solidaria que era el joven Raúl Trejo, de cómo esos valores de su persona han sido inmarcesibles.


Raúl Trejo, aniversario y justo homenaje

Tengo el privilegio de ser amigo de Raúl Trejo Delarbre desde hace más de medio siglo. Desde entonces, cuando era adolescente, dos cosas lo caracterizaban: una vocación muy definida por la comunicación y el periodismo, y una profunda convicción moral, de compromiso con la justicia y con la verdad.

A lo largo de las décadas, Trejo ha cumplido al menos tres tareas de gran relevancia para el país. Como luchador por la democracia, iniciando desde la izquierda sindical y pasando por la partidista. Como académico, docente reconocido por sus alumnos, e investigador, autor de una enorme cantidad de textos y libros que hoy son referencia necesaria para entender la evolución de los medios de comunicación en México y el mundo. Como periodista en distintos medios, ya sea como colaborador de opinión que como jefe de redacción o director de suplementos y revistas. En todas ellas lo ha hecho sin ceder un ápice en sus convicciones, pero siempre apoyándose en argumentos difícilmente rebatibles.

Hago sólo una selección de memoria de algunos de los libros que pueblan el “estante Raúl Trejo de mi biblioteca”. La Prensa Marginal, el primero, que habla sobre la prensa de la izquierda política, sindical y social en los tiempos en los que la libertad de expresión estaba sumamente acotada; la serie sobre poderes fácticos que empezó con los libros sobre Televisa, El Quinto Poder, Las Redes de Televisa, así como Mediocracia sin Mediaciones. Fue pionero en español en el análisis del impacto de internet sobre medios y nuevas formas de comunicación, con La Nueva Alfombra Mágica y Viviendo en el Aleph, en un tema sobre el cual ha seguido elaborando. Tiene varios sobre ética y medios, sobre la relación entre el poder político y la prensa, sobre historia del movimiento obrero, sobre asuntos de coyuntura política… y en todos domina lo que es el título de otro de sus libros: un Alegato por la Deliberación Pública, un bien necesario que se está perdiendo, como se pierde también el periodismo tradicional, situación que Trejo disecciona en su reciente Adiós a los Medios. Finalmente, hay varios libros y textos importantes suyos sobre el populismo: el más reciente, Posverdad, Populismo, Pandemia. De veras, toda una biblioteca.

Y en la prensa cotidiana destaco algunos hechos. Raúl empezó a escribir columnas de opinión en diarios nacionales cuando tenía poco más de 20 años (fue en El Sol de México, cuando lo dirigía Benjamín Wong), fue convocante y fundador de La Jornada, donde escribió cotidianamente varios años, dirigió -entre otros- el suplemento Política, durante los años más fructíferos de El Nacional, fundó y dirigió en su primera época la revista etcétera, fue columnista de Crónica en su fundación y -salvo un interregno- ésta ha sido su casa editorial por mucho tiempo. Sus artículos destacan por la claridad, por un cierto afán didáctico, pero, sobre todo, porque siempre están sustentados en datos. Trejo no vuela, ni tira dardos al aire.

Es para mí motivo de orgullo que escriba aquí. Todavía más lo es, que sea mi amigo.

Este lunes fue cumpleaños de Raúl, un número redondo. Para homenajearlo, amigos y colegas hemos colaborado para un libro colectivo, que lo describe desde muchos ángulos. Raúl Trejo Delarbre, 70 años, una celebración. De seguro nos quedamos cortos.

domingo, julio 02, 2023

Serpientes (muchas) y escaleras (unas cuantas)

 

Luis Urías e Isaac Paredes

Mexicanos en GL.  Junio 2023

Es común que los beisbolistas tengan rachas positivas y negativas. Así ha pasado con los peloteros mexicanos en Grandes Ligas durante junio, pero en versión recargada. Mientras unos cuantos tuvieron un mes de consolidación o de plena mejoría (los casos más notables, Isaac Paredes y Taijuan Walker); otros -muchos más- tuvieron un junio problemático, si queremos usar un eufemismo. Los casos más relevantes son los de Luis Urías y Luis Cessa.

Aquí el balance del contingente nacional, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en toda la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel).

Randy Arozarena será titular en los jardines por la Liga Americana en el Juego de Estrellas. El cubano-mexicano no sólo ha estado bien con la majagua y con el guante; ha seguido desplegando su carisma. En junio estuvo ligeramente mejor que en mayo, pero no como en su candente abril. Al momento de escribir estas líneas batea para .284, con 15jonrones, 57 carreras producidas (quinto lugar de la liga en ese departamento) y 9 robos de bases. Su OPS es un muy alto .875 y se está ponchando menos que en la temporada pasada. A la defensiva, su guante y su brazo son garantía.

Isaac Paredes continúa pegándole fuerte, y con asiduidad, a la pelota. Además, ha hecho unas jugadas magistrales en la tercera base. El de la H. disminuyó un poco su contacto en junio, pero aumentó notablemente su poder: En la temporada lleva .261 de porcentaje, 13 cuadrangulares, 51 impulsadas y, también gracias a que se ha convertido en una maquinita de recibir pasaportes, subió su OPS a .846. Arozarena y Paredes hacen un 4-5 temible en el line-up de Tampa Bay.

Alex Verdugo tuvo un buen mes de junio, con mucho bateo de contacto. Al revés de Paredes, mejoró su porcentaje, pero bajó su poder, para asemejarse más al Dugie que todos conocemos. El jardinero de Boston lleva en el año: .297de porcentaje, 5 cuadrangulares, 33 carreras producidas y 52 anotadas, tres bases robadas y elevó su OPS a .822.

Taijuan Walker fue, de lejos, el mejor pelotero del contingente nacional durante junio. Le dio totalmente la vuelta a un mal inició de campaña. En el mes, el lanzador de los Filis estuvo intratable: ganó 5, perdió 1 y tuvo efectividad de 1.50, con cinco salidas de calidad seguidas (6 o más innings, 3 o menos carreras limpias), La marca en ganados y perdidos pasó a 9-3, el PCL bajó más de un punto, a 3.93, y lleva 77 rivales pasados por los strikes.

Jarren Durán. Nos preguntábamos hace un mes si el veloz jardinero novato de los patirrojos iba a superar el slump en el que se metió en mayo. La respuesta es que sí, y se consolidó en la titularidad de los jardines. En el año, .288 de porcentaje, 4 vuelacercas, 29 producidas. 15 estafas y .789 de OPS.

Giovanny Gallegos tenía el puesto de cerrador de los Cardenales con la lesión de Ryan Helsley, pero se vio muy flojo en el mes, y lo perdió ante Jordan Hjcks. En junio tuvo una impresentable efectividad de 11.00, perdió dos juegos, salvó sólo uno y desperdició tres rescates, pero acumuló ventajas sostenidas. El obregonense lleva marca de 1-4, con 4.83 de efectividad, 8 salvamentos (cuatro desperdiciados) y 10 holds.

Joey Meneses sigue siendo uno de los pocos bates consistentes de los Nacionales de Washington, pero el poder parece haber desaparecido como por arte de magia. Sus numeritos: .283 de porcentaje, 2 palos de vuelta entera, 39 producidas y un OPS ya debajo de .700. Es de .693, para ser precisos.

Andrés Muñoz regresó de su lesión y colgó ceros y ponchó rivales al por mayor, hasta que en el último día de junio le pegaron con tubo, en juego que perdió. En la temporada: 0-1, 3.00 de limpias, 18 ponches, un juego salvado y 6 holds.   

Brennan Bernardino se ha quedado, por fin, en el bullpen de Boston, y ha sido gracias a su buena labor en el relevo intermedio. 1-0, un buen 2.25 de efectividad y 23 ponchados..

Julio Urías pasó todo el mes de junio en la lista de lesionados. Abrió el primer duelo de julio contra el flojo equipo de Kansas City… y lo macanearon. Veremos si de verdad ser repuso de su dolencia en la corva: Sus números. 5 ganados y 5 perdidos, PCL mediocre de 4.94 y 55 ponches.

Víctor González ha tenido de cal y de arena en el relevo de los Dodgers. El nayarita suele dominar, pero en otras ocasiones le cuesta trabajo sacar un solo out. Lleva 2 ganado y 3 perdidos, un hold, un nada bueno 4.22 de PCL 3 holds y 21 rivales pasados por los strikes.

Daniel Duarte regresó a Grandes Ligas, de nuevo con los Rojos, en el relevo intermedio, y lo ha hecho decentemente: 1-0, 3.38 de limpias y tres sopitas de pichón a la carta.

Rowdy Téllez. El zurdo de los Cerveceros normalizó a la baja su porcentaje de bateo, con un horrendo junio, en el que su pólvora estuvo tan mojada que no se voló la barda ni una sola vez. Porcentaje de .214, 12 vuelacercas, 35 impulsadas y OPS disminuido a .680.

Ramón Urías, recuperado de su lesión de la corva, se ha lucido en el infield de los Orioles (no por nada es guante de oro)., A la ofensiva no ha sido la gran cosa, pero tampoco malo: .256, 3 jonrones, 24 producidas, tres colchonetas estafadas y .718 de OPS.

Patrick Sandoval es otro que tuvo un mes para el olvido, con una victoria, tres derrotas y 7.71 de PCL: El zurdo de los Angels depende de las bolas con movimiento y, al parecer, demasiadas se le han quedado en la zona. Tiene marca de 4-7, 4.57 de efectividad y sólo 65 ponches en 80 entradas lanzadas. 

Alejandro Kirk se pasó parte del mes en la lista de lesionados, por un bolazo en la muñeca. Ha hecho maravillas con su brazo, sacando corredores, sigue teniendo contacto, pero éste sigue siendo flojo. Eso sí, le encanta recibir pasaportes gratis. .251 de porcentaje, 3 jonrones, 21 impulsadas y OPS de .664

José Urquidy se la pasó en la lista de lesionados por inflamación en el hombro, que explica en parte los resultados. 2-2, 5.20 de carreras limpias (el más malo en su historia en las Mayores) y 23 ponches.

JoJo Romero, jugando para San Luis, no vio acción en junio. 3.52 de limpias y 6 chocolates.

Alek Thomas. Volvió de AAA al equipo de Arizona y mejoró algo con el bat (a la defensa, es garantía). Subió su porcentaje a .216 de porcentaje, 3 jonrones, 14 producidas, 4 robos y OPS de .620

Alan Trejo a principios de mes fue bajado a AAA por los Rockies. El guante, bien. El bat: .241, 13 producidas, sin cuadrangular, .584 de OPS

Javier Assad se ha mantenido en el relevo largo intermedio (vulgo “trapear innings”) de los Cachorros. Mejor a fin de mes que al principio. 0-2, 4.54 de PCL y 25 ponches. Sigue con el problema de control: se le embasa demasiada gente.

Luis Urías regresó a la titularidad de los Cerveceros tras su lesión en el primer día de la campaña regular. Junio fue para el Wicho un largo slump, y tan profundo que, sorpresivamente, fue enviado a AAA a ver si toma ritmo de bateo. .145 de porcentaje, un jonrón, 5 producidas y OPS de .535

Adrián Martínez, con el papel más modesto del pitcheo ligamayorista, que es trapear innings para los Atléticos de Oakland fue enviado a AAA, y no porque lo haya hecho peor que sus colegas. El cachanilla se quedó con 0-0, 5.70 de efectividad y 20 sopitas de pichón.

Austin Barnes, grande detrás del plato, sigue siendo uno de los bateadores más débiles del Gran Circo. El receptor de los Dodgers subió su porcentaje de bateo a un misérrimo .101, con 2 robos y 5 producidas. Su OPS, válgame Dios, es de .329 (aún así, mejor que a fines del mes pasado)

Alfonso Rivas degustó una taza de café con los Padres. En ese rato jugó la primera base y bateó de 7-2, con una anotada y una producida.

César Salazar dejó de ser el tercer receptor de los Astros de Houston, para ir a madurar a AAA. El sonorense batea para .111, con una anotada.

Luis Cessa, contratado por los Rockies tras haber sido dejado libre por los Rojos, no sólo no ha regresado a las Mayores, sino que fue despedido por los de Colorado. En AAA estuvo casi tan mal como con Cinci: el 8.44 de PCL lo dice todo. Sus números en MLB: 1 ganado, 4 perdidos, 9.00 de efectividad, 11 ponches (pero 12 pasaportes) y los rivales le batean para .397.

Gerardo Reyes se tomó, como el año pasado, un buchito de café aguado con los Angeles. Le anotaron una carrera en la única entrada que lanzó.