jueves, septiembre 10, 2026

Biopics: La liga de boliche


En 1990, entre las clases que daba en la Facultad y el tiempo cada vez mayor que le dedicaba al periódico, tenía poco tiempo libre. Los sábados estaban dedicados a mis hijos: es decir, ir en la mañana a Pumitas, con el Rayo jugando y Camilo -temporalmente retirado del fut- analizando detalladamente las hojitas que recogía; luego comer con ellos e ir a la casa, donde a veces jugábamos con Taide (recuerdo que nos echábamos un basquet, en el que el balcón del primer piso era la canasta y Camilo jugaba como rechazador de posibles anotaciones, antes de depositarlos de regreso con su mamá. Quedaba el domingo en la mañana, porque al periódico yo iba de domingo a viernes, y entonces Taide y yo nos íbamos a una matiné en el cine y a comer pozole o, cada vez con más frecuencia, a jugar boliche al Bol Bahía.

Jugar boliche nos gustó. Taide lo hacía con una bola que había abandonado una inquilina de mi mamá. Ambos teníamos una técnica correcta, pero elemental. Nos dimos cuenta que a las pocas semanas ya habíamos elevado notablemente nuestro promedio. Uno de esos domingos invitamos a Fernando Cabral, el coordinador de la sección de deportes (buen bolichista de segunda fuerza, con el agregado de que su segundo apellido es Bowling) y nos enseñó algunas cosas, como la utilidad de las flechas y la técnica para tirar de gancho (y, se supone, evitar un split). Me regaló una bola vieja, a la que en el propio bol acomodaron para que se adaptara a mis dedos. En una de esas vemos anunciado un torneo de parejas abierto a jugadores de todas las fuerzas con un horario aceptable para mis tiempos periodísticos: los miércoles a las 11 de la noche. Si me apuraba a la salida del diario, podría llegar. El precio era apenas superior al de rentar líneas de manera normal y además ofrecía premios y trofeos. 

Nos inscribimos y decidimos ponerle al equipo Los Evodios, en honor al santo del 6 de mayo, día de nuestro cumpleaños. En la primera jornada nos tocó contra un par de gorditos muy simpáticos. Ya no recuerdo el nombre de su equipo pero, como a uno de ellos, que era jefe de meseros en un VIPs, le decían Garfield, los recordamos como Los Garfields. Se disputaban tres líneas por sesión, cada victoria daba un punto, había otro punto al equipo que tuviera la suma mayor en los tres juegos, y uno más por asistencia. Esa primera sesión empatamos a 3 con Los Garfields, ayudados por el handicap que te daban a partir del promedio. Quedamos felices y tan picados que las mañanas del domingo se hicieron más bolichísticas que cinéfilas.

Cada equipo de esa liga tenía su propia personalidad. Los Sirgos, que eran una pareja de rubios muy serios, nos apalearon 5-1. También perdimos contra un equipo que se llamaba SyS (Ese y Ese), formado por tres peseros que jugaban dos líneas cada uno. Como a Taide no le gusta poner apodos, dos de ellos eran Viruta y Capulina. Viruta tiraba derechito, sin efecto, tenía bastante suerte y, como el actor, creía ser mejor de lo que era. Capulina nomás se reía de todo. Derrotamos, en cambio, a Las Tribilinas (el equipo de dos jóvenes muy risueñas, que tenían la costumbre de susurrar "cébalo-cébalo" cuando era el turno de los rivales, tenía otro nombre, pero Taide las apodó así y es como lo recuerdo). Otros eran Los Picapiedra (típico nombre de equipo de boliche, junto con el de Búfalos Mojados) , con una parte de la familia Avelar, muy cotorros, a los que derrotamos. Otro de los Avelar hacía equipo con un cuate llamado Manuel Pérez, que era todo un caso. Del equipo no recuerdo el nombre, pero sí a Manuel: tiraba con un gancho gigantesco: la bola se iba casi rozando la cuneta derecha para luego clavarse entre los pinos 1 y 3 para la chuza. Contra Avelar y Pérez perdimos 4-2, porque ganamos el único juego en el que Manuel tiró por debajo de 200.

Pero a Manuel Pérez le pasó algo raro. Conforme avanzaba el torneo, sus tiros dejaron de besar la cuneta antes de quebrar y empezaron a acanalarse. El hombre entró en pánico, se compró una nueva muñequera, pidió consejos a personas cada vez más random. De tirar 200 pasó a scores de 60-65, dejó el liderato y se precipitó. La mente es cabrona. El caso es que a nosotros nos tocó el Manuel Pérez estelar, por desgracia.

Taide y yo le echamos la culpa del maleficio de Manuel Pérez al equipo Olben, constituído por una pareja oaxaqueña: Olivia y Benjamín. Olivia era, de lejos, la peor jugadora de todo el torneo. Benjamín era, si somos amables, un bolichista mediocre. Pero por alguna razón, todos los que jugaban contra ellos tenían esa noche una de sus peores actuaciones. No fuimos la excepción y perdimos 4-2. Taide aseguraba que eran brujos. No era la única, porque los Garfields decían lo mismo. Increiblemente, acabaron ganando el trofeo.

Había más equipos, pero sólo recuerdo otros dos nombres: uno es Los Halcones, que eran dos fortachones que tiraban las bolas de boliche en la consideración de que mientras más fuerte lo hicieran tirarían más pinos. El otro es MyM, al que derrotamos dos veces. La segunda fue memorable, porque, en el segundo juego de esa sesión, encontré sendas manchitas en la duela, apunté ahí las bolas que tiraba y engarcé chuza tras chuza. Siete veces seguidas. Hice la friolera de 243 puntos y ese día me llevé los premios de Tiro Mayor y de Serie Mayor del torneo. Además de divertido, nos salió gratis,

Como el primer torneo había sido una gozadera, nos inscribimos al siguiente. Fuimos Los Orishas. Ahí nos volvimos a topar con los amigos Garfields (y los vapuleamos porque en esa ocasión Taide estuvo inspirada) y con el equipo de un taxista y su pareja, con el que llevamos amable rivalidad en otros campeonatos más. El tonto del Viruta se metió con los de primera fuerza y lo hicieron pinole. Ese segundo torneo fue menos memorable que el anterior. Como equipo volvimos a quedar a media tabla, pero sin premios individuales. Una cosa es tener un buen día y otra, muy diferente, es ser consistente.

Una cosa curiosa es que, a partir de 1991, a veces me llamaban al bol desde la redacción del periódico, para consultar dónde poner una nota de última hora. Preguntaban "por el Doctor Báez" y así me voceaban. Un montón de jugadores creían que yo era medico. 

Los Orishas fuimos luego Los Correcaminos y, algunos nombres y años después, en una liga dominguera, En Línea. En un torneo quedamos en tercer lugar. Esa liga dominguera en 1992 fue la última en la que participamos, porque nos molestamos con las burlas de un tipito amanerado, compañero de equipo de uno que tiró cerca de 300 y porque las responsabilidades en el periódico eran ya tan grandes que las interrupciones impedían el disfrute pleno. 


Posdata: Taide me recordó muchas cosas: que el nombre del equipo de Las Tribilinas era Las Inútiles. Al torneo siguiente cambiaron a Get Up, pero no mejoraron. El equipo de Hugo Avelar y Manuel Pérez se llamaba Ron-pepinos y Manuel llegó a tener promedio de 216 antes de su desplome. El más fornido de Los Halcones era "el gordito Petrie". En el torneo en el que Viruta se pasó a primera fuerza e hizo el ridículo, sus ex-compañeros de SyS se burlaban harto. Todos suponíamos que Los Sirgos iban a ganar ese primer torneo, hasta que inexplicablemente fueron barridos por Olben.

"Estábamos picadísimos", dice. Y asegura que lo que nos sacó en realidad de las ligas de boliche fue el nacimiento de nuestra hija, en 1994. 

El Bol Bahía, como muchos otros, ya no existe. 

martes, septiembre 01, 2026

Randy, de nuevo 20-20


 

Mexicanos en GL. 

julio post all star - agosto 2026

 La temporada regular de Grandes Ligas pasa a su último mes, y hay novedades en el frente de los peloteros mexicanos. La más visible es el regreso por sus fueros bateadores de Alejandro Kirk; la de más expectativa a futuro, ver si el nuevo estilo de bateo de Randy Arozarena le seguirá rindiendo buenos frutos, por lo pronto, el cubano-mexicano repite en el selecto club de 20-20; la de más novedad, la aparición de varios jóvenes relevistas interesantes.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño acumulado en la temporada.

Randy Arozarena llegó a la marca de 20 cuadrangulares y 20 bases robadas por sexto año consecutivo, hazaña que sólo habían conseguido antes que él, ocho peloteros en la historia de MLB. De esos, cuatro están en el Salón de la Fama. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle está teniendo con la majagua uno de los mejores años de su carrera, en parte debido a su nueva disposición en la caja de bateo. Ahora le tira a la pelota unas milésimas de segundo más tarde y hace swings más seguido. Randy antes se ponchaba mucho y, ahora que le tira más, se poncha menos. ¿Por qué? Porque esas milésimas le permiten tener más contacto con la bola, y ahora lo hace hacia todas las partes del terreno: dejó de ser un jalador de pelota, como Isaac Paredes. También está bateando a un ángulo menor: “hacia abajo”, como quien dice. Eso se traduce en más roletazos y menos globitos. Debería traducirse también en menos jonrones, pero no: Randy tiene mucha fuerza. Sus números al terminar agosto: .274 de porcentaje, un sólido .836 de OPS, con 21 jonrones, 62 producidas, 88 anotadas y 20 bases robadas. El 1° de septiembre conecto su cuadrangular 22 y ya suma 65 carreras impulsadas.

Jonathan Aranda cayó en un ligero slump en agosto y los números ofensivos del inicialista de los Rays no son tan brillantes como en la primera parte de la campaña. Aun así, son más que respetables: .277 de porcentaje, un OPS de .779, 17 cuadrangulares y 79 carreras producidas (batear a la hora buena es su especialidad).

Nick Gonzales, en contra de los pronósticos, sigue bateando por encima de los .300 de porcentaje, y está peleando el liderato de la Liga Nacional con el sempiterno Luis Arráez. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante, batea para .310, con 6 vuelacercas, 7 robos de base, 58 producidas (y 67 anotadas)- Su OPS, de .770, lo hace un tolete peligroso, más allá del poder crudo.

Isaac Paredes, de manera callada, ha contribuido a poner a los Astros de Houston de nuevo entre los candidatos a ganar su división. En el periodo reseñado, mejoró marginalmente su porcentaje de bateo, que ahora es de .256, aumentó a 17 su número de jonrones, y ahora tiene 73 carreras empujadas. Se poncha poco y recibe bastantes bases y pelotazos. Su OPS, de .771.

Andrés Muñoz no fue capaz de mantener la seguidilla virtuosa que le duró cerca de dos meses. Una implosión y un desperdicio por mala suerte (mal fildeo de un compañero) hacen que sólo en el 75% de sus oportunidades, haya salido con el rescate. En el año lleva 5 partidos ganados y 5 perdidos, subió a 24 sus juegos salvados. Tiene 80 ponches en menos de 50 entradas de labor. Empeoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 4.35.

Samy Natera Jr,, como era de esperarse dadas sus actuaciones, fue subiendo rápidamente en la jerarquía del bullpen de los Ángeles de L.A, hasta convertirse en cerrador, pero una lesión lo mandó al taller de reparaciones por 15 días. Volvió con septiembre. Tiene marca de 1-1, con 3 salvamentos, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 42 ponches en 27 innings. Su PCL: 2.00. Se le embasa menos de un bateador por entrada lanzada.

Javier Assad cumplió muy bien a su regreso a la rotación de los Cachorros de Chicago. También cumplió cuando lo pasaron al bullpen. Inexplicablemente, hacia finales de agosto lo mandaron a AAA, para sostener en el equipo grande a lanzadores de números flojos, a diferencia de los del tijuanense. Sus números: 6-1, 55 ponches y una efectividad de 3.46. Adicionalmente, mejoró su WHIP a 1.10. Quién entiende a esa gerencia.

Jarren Durán mejoró tantito su promedio en el periodo reseñado, y deja claro que está pagando su baja de contacto con un aumento de poder. No parece un gran negocio. Batea para .207, con 19 cuadrangulares y 68 carreras empujadas, Ha estafado 18 colchonetas, pero su OPS, de .633, sigue bien debajo de la media en Grandes Ligas, que ronda el .700

Alejandro Kirk agarró su ritmo al bate y tuvo un agosto excepcional. Firmó un mes con .337 de porcentaje, 5 jonrones y .933 de OPS, el quinto mejor en la Liga Americana. El popular receptor de los Azulejos batea en el año para .278, con 8 cuadrangulares y 32 remolcadas. Su OPS es de .774. Lo más extraño es que también se robó una base. 

Joey Ortiz cumple muy bien con el guante y no es un bate irrelevante, sobre todo en el último mes. Eso lo mantiene en el campocorto titular de los Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat: .252, 7 palos de vuelta entera, 38 producidas, 9 robos, OPS de .697, ya cercano a la media ligamayorista.

Daniel Duarte finalmente se asentó en el bullpen de los Mets, y no regresó a AAA. Sus buenas razones tienen los metropolitanos para mantenerlo en el roster: el derecho de Huatabampo lleva 1 ganado, 0 perdidos, 2 salvamentos, 6 holds y un buen 2.19 de efectividad.

Brennan Bernardino, en la difícil tarea de relevar para los Rockies ha tenido una más que decente labor monticular, acumulando holds. Los números del zurdo son 3-3, un juego salvado, 11 holds, 18 ponches y efectividad de 2.57 (y el señor lanza para Colorado).

Brandon Valenzuela ha tenido menos actividad en la receptoría de los Azulejos de Toronto, tras el regreso de Alejandro Kirk. Ha dado ejemplo con el machete bien educado para sacar a presuntos robadores, pero ha bajado un poco con el bat. Sus números ofensivos .224 de promedio, 8 palos de vuelta entera, 21 producidas, .683 de OPS y un robo de base.

Gerardo Carrillo, tapatío, debutó en julio con los Diamondbacks de Arizona y ha acumulado decisiones, con la extraña combinación de un bajo PCL y un elevado WHIP. Se le embasan, pero no le anotan. Lleva marca de 3-1, 1.06 de limpias, 1.41 de WHIP y 20 ponches.

Luis Gastélum. Si Carrillo acumula decisiones, Gastélum dice “quítate que ahí te voy”, y el mochiteco lo hace de manera inversa al jalisciense: bajo WHIP, mala efectividad. El de los Cardenales tiene marca de 4-3, un hold, PCL de 5.04, WHIP de 1.16 y 32 ponches.

Alejandro Osuna, tras cubrir por un buen tiempo la parte fuerte del platoon con los Rangers (titular ante lanzadores derechos), fue mandado a AAA. ¿La razón? El poco poder ofensivo. El sinaloense batea para .255 de promedio, un jonrón, .644 de OPS, 24 impulsadas y 5 estafas.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, estuvo un buen rato en la lista de lesionados. El zurdo lleva marca de 1-3, dos rescates desperdiciados y 20 holds.  Su PCL es de 3.35 y ha pasado a 43 rivales por los strikes.

Marcelo Mayer, en la lista de lesionados, pero ya jugando en AAA, fue transferido de los Medias Rojas a los Gigantes. Una gran promesa que no ha pasado de ser eso. Batea para .220, con un bajo OPS de .594, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

Manuel Rodríguez regresó por fin a las Mayores, luego de una lesión que lo tuvo fuera por más de un año. El derecho yucateco de los Rays ha participado en 3 juegos y no ha permitido carrera. Ya lleva 2 holds, y ha administrado 20 chocolates.

Alek Thomas fue transferido de Arizona a los Dodgers, donde ha mostrado sus dotes defensivas, pero eso no es suficiente para quedarse en el roster de los campeones. Números: .186, 2 jonrones, 13 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .554

Ramón Urías salió por fin de la lista de lesionados, pero tiene que luchar para recuperar la titularidad en el infield de San Luis. Guante de oro, pero .151, 3 vuelacercas, 7 empujadas y OPS de .582.

Luis Urías como utility de los Azulejos de Toronto, jugó un buen rato, pero -fiel a su costumbre- se volvió a lesionar. Batea para .250, con 3 cuadrangulares y 8 producidas.

José Urquidy fue transferido de los Piratas a los Medias Blancas de Chicago. Este año tiene un raro patrón: es entre bueno y excelente si entra a hacer un relevo largo, y le caen a palos si abre el juego. Su marca: 2-2, 1 juego salvado, 5.63 de efectividad y 20 ponches.

Patrick Sandoval ya es parte fija, tras la larga ausencia por lesión, de la rotación de los Medias Rojas de Boston. Su marca de 1-3 es parcialmente engañosa. No ha tenido una gran temporada, pero tampoco ha tenido apoyo ofensivo. Su efectividad: 4.20; sus recetas de sopa de pichón: 45.

Víctor Vodnik dejó los Rockies y ahora es relevista para Miami. En la temporada lleva 3-3, 4 juegos salvados (con Colorado), 6 holds, 4.73 de PCL y 34 ponches.

Robert García, en la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers lleva marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Alan Rangel fue oootra vez enviado a la puerta giratoria que le tienen los Filis y anda en AAA. Esta vez con justa razón. Su marca en MLB es de 0-3, con efectividad de 5.88 y 29 chocolates.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo se mantiene en AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

César Salazar dejó la receptoría suplente de los Astros, al retorno de Yanier Díaz. Dotes defensivas, pero sólo un hit y una impulsada en 18 turnos.

Taijuan Walker sigue sin contrato tras su despido por los Filis. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches.