viernes, abril 11, 2008

Biopics: La fumana

Módena no se entiende sin la niebla. Situada en medio de la llanura padana, la ciudad se cubre a menudo con un manto de niebla que ha recorrido, desde el mar, más de cien kilómetros con la intención de depositarse ahí por entero. Hay niebla 151 días al año, y noviembre es el peor de los meses.
Piccola città, io ti conosco: nebbia e fumo, non so darvi il profumo del ricordo che cambia in meglio” (“Pequeña ciudad, yo te conozco: niebla y humo, no sé darles el perfume del recuerdo que cambia para mejor”), cantaba Francesco Guccini, refiriéndose a esa, su ciudad natal. Y sí, es muy difícil hablar bien de la neblina que se te mete a los huesos y a las entrañas.
En dialecto hay dos palabras perfectamente distinguibles: nebia, que significa la niebla común y corriente; y fumana, que se refiere a los bancos más compactos, la típica niebla modenesa en la que, reza el dicho local, puedes apoyar la bicicleta y no se cae.
La fumana es un fenómeno extraño, un invasor que genera golfos de húmedas tinieblas y calles desiertas. Pasear por un parque modenés en una tarde de niebla apretada es una experiencia lúgubre, necesariamente solitaria (no distingues a nadie a más de un metro de distancia), y los árboles descarnados se ven más solos y las bancas se ven más vacías.
Cuando hay niebla no sabes qué hora es, porque todas las luces están ahogadas en un gris profundo. Nos asomábamos por la ventana e intentábamos ver si el súper a una cuadra de nuestra casa estaba abierto: no veíamos siquiera el edificio enfrente al nuestro. Caminábamos entonces, llegábamos a la acera del súper y a dos metros no podíamos distinguir nada. A un metro, atinábamos a adivinar una lucecita tenue. Empujábamos la puerta, ésta se abría y las luces de neón nos cegaban.
En medio de la fumana, dos personas se pueden topar, a medio metro una de la otra, y tienen que escudriñarse con la vista para reconocerse. Con el tiempo aprendimos que, en la (ti)niebla te guía más la memoria que la vista, pero en las primeras semanas no teníamos memoria de la ciudad y nos perdíamos en ese mundo sin bordes.

Con la niebla no te dan ganas de salir, sino de encerrarte y leer y cavilar. Quizá por eso Giosuè Carducci escribió, en 1872: "Bolonia fue la ciudad docta, Módena es la ciudad estudiosa. Ferrara fue la ciudad épica, Módena es la ciudad histórica: otras muchas ciudades de Italia serán artísticas, Módena es crítica".




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