viernes, marzo 26, 2010

Biopics: I Asamblea Estatal del PMT en Sinaloa (I)

A la I Asamblea Estatal del PMT en Sinaloa, celebrada los días 3 y 4 de junio de 1978, asistió, en representación del Comité Nacional, Demetrio Vallejo, secretario de organización del partido. Una nutrida comisión fue a recibirlo al aeropuerto. Había una manta: “Con Heberto y con Vallejo todos jalamos parejo”. Mientras lo esperábamos, Guevara me llamó a un lado y me dijo que el Comité Estatal me proponía para que ocupara la secretaría de relaciones culturales. Le dije que la verdad yo planeaba estar poco tiempo en Sinaloa, Guevara respondió que eso no era problema, que la cuestión era “subir el nivel” del comité. Acepté.

El primer día, la asamblea fue en un teatro. Había como 500 asistentes (entre ellos, los delegados de los comités municipales y los de un centenar de comités de base), así como personalidades locales, entre quienes recuerdo a Eduardo Franco, rector de la UAS. Allí se leyó el informe del presidente saliente, Victor Arnoldo Vega, El Nono, en el que daba cuenta de avances y limitaciones del partido durante tres años. Terminó su alocución con tres vivas: “Viva Heberto Castillo”, “Viva Demetrio Vallejo”, “Viva Gustavo Gordillo”. Incluyó al tercero junto a los dos santones del partido porque Gordillo, secretario de relaciones campesinas del Comité Nacional, se había destacado, junto con un grupo de auxiliares que formó, asesorando a los compañeros sinaloenses en las tareas de crecimiento del partido y de organización campesina. Esa inclusión en las loas terminaría por ser un error fatal.
Luego habló Vallejo. Una intervención larga, con lenguaje muy sencillo, en la que planteaba como bases de la política del partido la necesidad de organizar a los trabajadores y la crítica a la reforma política y a la política petrolera del gobierno.

El local en el que se desarrollaron las actividades el día siguiente era muy distinto. Se trataba, significativamente, de un jardín de niños llamado “Mundo Feliz”, en la colonia Tierra Blanca. Los logos del partido cubrían los solecitos, los patitos y las abejitas.
Momentos antes de iniciar las actividades, en petit comité se decidió la composición del nuevo Comité Estatal. Estaba ya decidido que Arturo Guevara ocuparía la presidencia; Renato Palacios, la secretaría de organización; Matías Lazcano, trabajo y conflictos y yo, culturales. Lo que hizo Guevara fue negociar con los del Municipal las otras carteras. Al final, Jaime Palacios quedó en finanzas; su hermana Blanca, en femeniles; Andrés Torrecillas, en obreras; Gilberto Mayo Espinosa –cercano a Guevara- en campesinas y un estudiante de economía, José Alfonso Flores Carrasco, en juveniles. Quedaban fuera del comité algunos de sus antiguos integrantes: Nono Vega, Alonso El Negro Campos, Arturo Airola –quien salía a México a estudiar una maestría-, Jorge Verdugo y Ramón Guerra.
En la primera parte de esa sesión se dio lectura a las ponencias. De los comités municipales de Mazatlán, de La Cruz de Elota y de Guamúchil y la mia, a nombre del comité de base de economía.
Yo no lo sabía en ese momento, pero aún con el lenguaje unitario y optimista de mi ponencia, había tocado los problemas fundamentales del PMT y le había caído en los güevos a Vallejo.
Había hecho referencia a la “necesidad de formación de una línea política más a largo plazo” y la verdad es que el PMT no tenía línea política. Había una lista de demandas, pero nada sobre cómo luchar para cumplirlas. En aquellos momentos, el partido nacional se encontraba activo sólo en los asuntos de la reforma política y los energéticos; en materia campesina, Gordillo hacía gran agitación en distintas zonas –señaladamente en la Huasteca hidalguense, pero también en el Noroeste- pero en realidad iba por su lado y, en Sinaloa, además del asunto campesino, se trabajaba en lo sindical y en la formación de colonias populares (a la fecha llevaban tres invasiones exitosas: las colonias Nueva y Demetrio Vallejo, en Aguaruto, y la Rubén Jaramillo, en Culiacán). Y ahora se planteaba hacerlo también en la universidad.
Hablé de “no postergar la evolución cualitativa de los miembros del PMT y de sus luchas”, y resultaba que bajo la consigna de “afiliar primero, concientizar después”, el partido postergaba indefinidamente la maduración política de sus miembros. Yo suponía que la dirección nacional subestimaba la capacidad autorganizativa de las masas; más tarde entendí que no le interesaba. Y veía la diferencia entre los buenos oficios de militantes convertidos en mediadores –como había visto en Culiacán- y un movimiento como el del agua potable que había armado el partido en Guamúchil, que combinaba la organización de los trabajadores municipales que prestaban el servicio con la de los usuarios.
Me referí (pensando en las diferencias que había visto entre el Comité Estatal y el municipal de Culiacán) a la “necesidad de elaboración común de líneas de acción”, donde la palabra clave resultó ser común. Resulta que, a nivel nacional, había unas directivas muy vagas, que cada comité estatal interpretaba a su manera, de acuerdo a sus muy diferentes experiencias y formación política. Yo no lo sabía, pero el PMT era, más que nada, una federación de partidos estatales, de muy diversa fuerza y con diferentes posiciones políticas. De ahí que el centro quisiera controlarlo todo.
Finalmente, mencioné la condición “democrática y sin fraccionalismos” del partido. El problema del fraccionalismo, a nivel nacional, no tardaría en aparecer y el Comité Estatal Sinaloa no tardaría en verse enfrascado en él.
En fin, que, sin saberlo a ciencia cierta, puse el dedo en la llaga. Y –quizá alertado por la alusión del Nono Vega a Gordillo- Vallejo confundió mi ingenuidad con mala fe. Era el vocero de la rebeldía de los sinaloenses.
Por si algo faltara, la ponencia final, de Guevara, iba en la misma línea. Hablaba de dar un “salto cualitativo” en el partido, que los dirigentes fueran coordinadores, que la secretaría de organización debería buscar métodos de trabajo para cada actividad política con base en estudios previos, que el partido tuviera inversiones rentables, que se diseñara una táctica sindical, se avanzara en la formación de organizaciones amplias de campesinos (secciones del Sindicato Mexicano de Trabajadores del Campo), de jóvenes y de mujeres. Finalizó con una serie muy ambiciosa de proposiciones de trabajo para los siguientes meses.

Luego de la intervención de Guevara, la asamblea eligió a la comisión dictaminadora, compuesta –a sugerencia de Vallejo- por los presidentes de los comités municipales.
Mientras la comisión deliberaba, se abrió la lista de oradores, que fue muy amplia y resultó ser una viva muestra de la diversidad del partido. Un compañero de Villa Unión, ex militante del PPS, hacia la diferenciación entre su antiguo partido y el PMT, e invitaba a los compañeros a tener una vida privada ordenada, Reymundo Benitez, de Aguaruto afirmaba: “Dios no existe, compañeros”, un compañero de Potrero de los Sánchez hablaba de los problemas de su comunidad, Morgan, de economía, hacía un panegírico de Arnulfo Armenta, compañero de El Fuerte, obrero de Cementos Sinaloa, quien perdió el trabajo por no poner en riesgo la vida de sus compañeros, Arnulfo Armenta hizo un panegírico de su condición de trabajador, Esteban Ruiz, de El Fuerte, hablaba de cómo gracias al PMT su ejido solucionó sus conflictos, imponiendose a los caciquillos internos. Cuando hablaba Ramos Quintero, mazatleco, del Movimiento Sindical Ferrocarrilero, ya mejor salí a tomar un poco de aire.
Acabada la lista de oradores, habló Vallejo. Cada quien entendió lo que quiso: el más reciente de los presidentes de comité de base, el de Los Llanos-La Bebelama me comentaba: “Tiene mucha razón el compañero Vallejo: es una injusticia que obliguen a los hijos del pobre campesino a llevar uniforme a la escuela”.
Tras un receso para comer, en lo que esperábamos el informe de la comisión dictaminadora se improvisó un espectáculo, a cargo de Flores Carrasco, nuestro flamante secretario de relaciones juveniles, consistente en chistes sexistas, que todo mundo festejó.

Fue un respiro, porque estaba por venir un encontronazo.


(Para los curiosos: las otras dos personas que aparecen en el recorte de periódico son, de lentes, Víctor Arnoldo Vega, El Nono y, tapado por una jarra de agua, Renato Palacios)

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