miércoles, agosto 14, 2019

México en los Panamericanos Lima 2019; balance deportivo


Terminados los Juegos Panamericanos de Lima, es útil dejar la euforia de lado y hacer un análisis que nos diga por dónde va el deporte mexicano, dentro del continente. Para ello son útiles los comparativos por deporte. Y también un poquito de mesura.

El hecho principal es que México logró en Lima 2019 más medallas de oro (37) que en cualquier otra edición fuera de casa de los Panamericanos, que obtuvo un total de 136 medallas, que son su récord histórico (tres más que en Guadalajara 2011) y que terminó en tercer lugar del medallero, algo que no sucedía desde la segunda edición de los Juegos, en el lejano 1955, superando a Canadá y a Cuba. Además, las medallas se repartieron en más de 30 deportes, no en unos cuantos.

En términos de la evolución general de los países en el medallero, hay que destacar –además del hecho de que en Lima se entregaron más medallas que en Toronto- que el crecimiento mexicano, brasileño y argentino se explica casi en su totalidad por el descenso de Canadá, que ya no fue sede. Lo notable es que ni Cuba ni Colombia resultaron beneficiados, y mucho menos Venezuela, cuya crisis social ha calado ya hondo en el deporte.

En entregas anteriores, habíamos destacado el poco avance de México en los deportes más relevantes del programa olímpico. Ahora ya no es así. En todos ellos hay mejoras, aunque en grados diferentes y desde puntos de partida distintos.

En atletismo, la mejoría en el medallero puede parece marginal (3 platas y un bronce más que en Toronto), pero es algo más que eso. De entrada, la participación en más finales. Luego, la aparición por fin de una velocista con potencialidades, Paola Morán. Más adelante, una mejora en el semifondo, con todo y que Jesús Tonatiu López se lesionó en una semifinal, un desempeño que empieza a ser aceptable en las pruebas de campo y una actuación correcta en las pruebas de fondo. Hay todavía muchos huecos, pero varios de los que había se van llenando. Fue particularmente alentador ver el trabajo de equipo en la final de 5 mil metros para mujeres.

En la natación, el repunte se veía venir desde los JCC de Barranquilla, y fue más evidente en la rama masculina. La cosecha de 6 bronces puede parecer pobre, pero es superior a las 4 del mismo metal que se obtuvieron en Guadalajara y al cero absoluto de Toronto. Más relevante es la aparición en casi todas las finales, y que algunos de los metales hayan sido en relevos. Destacó, como en Barranquilla, el fondista Ricardo Vargas. Pero es evidente que la natación mexicana sigue lejos del nivel olímpico.

El ciclismo es, tal vez, donde la mejoría mexicana es más notable. De tres medallas en Toronto (y ningún oro), pasamos a 10, con tres áureas, dos de ellas en las pruebas de montaña, que México dominó. En el velódromo, fueron más los logros de las mujeres, con el oro de la pareja Luz Daniela Gaxiola - Jessica Salazar, que había sido ya cuarta en el pasado Mundial de ciclismo, pero también en otras pruebas. El único hombre destacado fue Ignacio Prado quien, al igual que Lizbeth Salazar, logró entrar al podio tanto en el Omnium de pista como en la prueba de ruta. Prado repitió lo obtenido en Toronto.

En gimnasia artística, el equipo femenino pudo haber hecho algo, pero se lesionaron sus dos mejores exponentes. El masculino estuvo mejor, con Daniel Corral de nuevo a nivel competitivo, pero sobre todo con las sorpresivas victorias de De Luna y Núñez en anillos y barras paralelas, respectivamente. En la gimnasia rítmica, fue muy buena la actuación de equipo, al que tal vez le alcance para llegar a Tokio (pero no a ser competitivo ante las europeas), y en la de Trampolín, la medallista mundial Dafne Navarro quedó un poquito a deber. Lo importante es que hay material.

Pasemos ahora a los deportes olímpicos en los que México ha destacado recientemente. Allí las cosas no se ven tan color de rosa.

En clavados, las divisiones internas (el equipo de Iván Bautista contra el de Ma Jin), fuertemente aderezadas de política y personalismo, cobraron factura. No pareció tan grande, porque México sigue siendo potencia regional y estuvo en todos los podios. Pero con dos pruebas más en el programa, México obtuvo un oro menos, y eso a pesar de una actuación por encima de la media en el Mundial inmediato. De nuevo, hay una notable división por sexos en los resultados. Mientras los hombres cumplieron, y se llevaron 4 de 5 oros posibles, y una de las dos plazas olímpicas disponibles, las mujeres no tuvieron un solo oro, y Paola Espinosa estuvo muy por debajo de lo que se le conoce. En esta disciplina, si no se resuelve la guerra intestina, que incluso amenaza con recrudecerse, podemos dar un salto hacia atrás.

En taekwondo, los números pueden ser engañosos. Dos oros más que en Toronto, pero en la disciplina de formas, no en combate, que es el olímpico. En éste, apenas apareció una figura, Daniela Souza, aparte de los que habían ganado medalla en el Mundial pasado (en el que nos fue bien). Al momento, no hay ninguna plaza olímpica asegurada, aunque sería lógico que México se llevara dos por sexo en las eliminatorias regionales.

En tiro con arco, hay una baja marginal pero también diferencias notorias. La única arquera que se vio en muy alto nivel fue Alejandra Valencia, que también cargó al equipo femenino de recurvo. Por el lado masculino, falta una figura de base y va claramente a la baja. En compuesto, la jovencita Andrea Maya Becerra se llevó merecida plata.

En los otros deportes olímpicos, la actuación mexicana fue sumamente dispareja, y algunos triunfos esconden retrocesos evidentes.

Empecemos por donde vamos para atrás, que es en deportes de combate. En lucha, donde parecíamos repuntar, nos estancamos respecto a Toronto, con sólo una plata y dos bronces. En judo, quedamos dos bronces debajo de la justa anterior (las únicas dos medallas obtenidas fueron merecidísimas). En karate, dicen los que saben que nos robaron en la disciplina de kata por equipos, pero en las olímpicas, sobre todo en el kumite, la actuación fue tan mediocre como en Toronto (un bronce menos, ahora).

Y ya para llorar, dos disciplinas. Una es esgrima, donde el péndulo se volvió en contra de México y de una federación que se durmió en unos laureles pequeñitos. De cuatro medallas en Toronto pasamos a un solo bronce en Lima. La otra es boxeo, una federación anquilosada, el eterno profe Bonilla en el banquillo, y una derrota tras otra. Si en mujeres apenas nos alcanzó para dos bronces, en hombres fue un desastre total: apenas tres púgiles calificaron a los Juegos y la única medalla fue obtenida por un bye. De grima.

En los restantes deportes olímpicos, la situación es más halagüeña.

En pentatlón moderno, donde obtuvimos en Río medalla olímpica, Mariana Arceo ganó contundentemente, y logró plaza para México; el otro oro fue en relevos varonil. En triatlón, Crisanto Grajales repitió como campeón, y México se llevó dos bronces más. En ecuestres, nuestros fifís obtuvieron plata en salto por equipos y plaza olímpica (cosa que no sucedió en Toronto). 

En canotaje, México le dio la vuelta a la tendencia bajista que llevaba desde los éxitos de Cristóbal Quirino en 2007, y ahora se llevó 9 medallas, incluido un oro de Beatriz Briones. En remo, donde pasamos de uno a dos oros y de 2 a 5 medallas, deberían estar claras las plazas olímpicas: la de mujeres para Kenia Lechuga y la de hombres para la pareja de remos cortos peso ligero (y Alan Armenta, bajita la mano, es tricampeón panamericano).

Donde no hubo avance fue en tiro. Ni Zumaya ni Zavala lograron medallas y la figura fue el jovencito Edson Ramírez, tirador de rifle, que se llevó dos medallas (pero ningún oro). No se refrendó la superioridad sobre Cuba de los pasados JCC de Barranquilla. Eso sí, se obtuvieron 4 plazas olímpicas.

Dos deportes que pueden dar alegrías a futuro son muy distintos entre sí. En natación artística (antes nado sincronizado), el equipo mexicano (dos platas en Lima, como en Toronto), seguirá avanzando paulatinamente en el ranking, y lo muy probablemente lo veremos en Tokio. En halterofilia, pasamos de 3  a 5 medallas y esta vez sí hubo oro. Lo notable es que empieza a haber buenos levantadores de pesas en la rama masculina.

En el volibol de playa, no por casualidad, al equipo varonil mexicano le tocó el grupo de la muerte (las tres duplas que pasaron fueron semifinalistas) y eso lo obligó a sacar dos victorias cardíacas ante Brasil y Argentina, antes de caer en la final ante Chile. Es una pareja buena, pero sería ilusorio pensar en ellos para Tokio 2020. La dupla de mujeres, un desastre desde el retiro de Bibiana Candelas.

El surf es nuevo deporte olímpico. Ahí, un sorteo que parecía amañado (como muchos en estos Panamericanos) enfrentó en primera ronda a dos campeones mundiales, y perdió el mexicano Jhonny Corzo. En la rama femenil, México “arañó el bronce”, como dicta el lugar común. Igual lo arañó en golf femenino, en un torneo flojito, y quedó todavía más lejos en tenis, que tenía un programa hecho con las patas, que obligaba a jugar un partido tras otro. Tampoco hubo una medalla siquiera en vela, bádminton o tenis de mesa.

En deportes de conjunto, pocas alegrías. Un bronce en softbol masculino, dejando fuera a Cuba, una semifinal histórica en balonmano masculino, una victoria pírrica sobre Argentina en el basquetbol (no participamos en el básquet 3x3), actuaciones medianitas en waterpolo y hockey sobre pasto, mala en volibol (porque la competencia importante era la simultánea eliminatoria olímpica en Rusia) y las palizas de siempre en el rugby. Mucho que avanzar en ese terreno. ¡Ah! Y el ridículo de siempre del futbol, con un broncito varonil y un Tri femenil que debería preocuparnos, como si la liga hubiera servido para echarlas hacia atrás.

Termino la lista con los deportes no olímpicos. Podría iniciar con el racquetbol, pero lo hago con la disciplina que más dio a la delegación mexicana: pelota vasca, con 5 oros, 1 plata y 3 bronces. Lo hicieron tan bien que, además de llevarse el primer lugar en los estilos que México maneja históricamente, arrebataron una plata a los sudamericanos en trinquete y se llevaron el bronce en “frontón peruano”.

Paola Longoria por sí sola explica la diferencia entre México y Canadá en el medallero. Sumó otros tres oros panamericanos para llegar a 9. En singles, dobles y equipos de racquetbol no hubo quien le hiciera sombra. A México le faltó, para hacer el pleno, la otra medalla de singles femenino y el oro en dobles masculinos (una lesión muy loca pudo haber tenido que ver).

México repitió casi exactamente la actuación en squash de Toronto, con una plata y 4 bronces. En patinaje de velocidad, ya no repitió oro, pero igual tuvo tres medallas. En boliche, pasó a cuatro medallas: 2 platas y 2 bronces, luego de haberse quedado en ceros en la edición anterior. Hubo oro en esquí acuático (3 medallas en total, contra un solitario bronce en Toronto), y plata en fisicoculturismo.

¿Se me olvida algún deporte? ¡Ah sí, el beisbol! En ese no calificamos en el torneo prepanamericano.

En resumen, una actuación destacada, en la que los éxitos en varios deportes no deben tapar los focos ámbar o rojos en muchas otras disciplinas. El problema es que hay que comparar Panamericanos con Panamericanos, y no con competencias de nivel inferior (JCC) o superior (olímpicos), y la euforia puede traducirse en decepción dentro de un año.

¿Qué podemos esperar de Tokio 2020? Algo no muy distinto a lo de ediciones olímpicas anteriores: algunas finales, pero pocas medallas, y en los deportes de siempre. Imagino alguna en atletismo, supongo que clavados y taekwondo seguirán contribuyendo, le veo oportunidad a Alejandra Valencia en tiro con arco. Escasas probabilidades, pero existentes, en ciclismo de pista, pentatlón moderno, triatlón, gimnasia y, estirándole, en tiro.  Todo lo demás sería sorpresa mayúscula.


¿Y en Santiago de Chile 2023? Dependerá de la inteligencia y, sobre todo, los recursos que ponga la nueva administración.

Aquí otros balances:

En la etiqueta olímpicos se ven, entre otras entradas, evaluaciones atleta por atleta de las delegaciones mexicanas en Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016. 

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