martes, julio 12, 2011

El gabinete Chava Flores


Ai  te dejo esos dos pesos. Pagas la renta, el teléfono y la luz”

Cuando, en febrero pasado, el secretario de Hacienda Ernesto Cordero, para justificar el supuesto efecto social de la deducibilidad fiscal de las colegiaturas particulares, declaró que había familias “muy luchadoras” que con seis mil pesos mensuales y “muchos esfuerzos” pagaban hipoteca, mensualidad del auto y colegiatura en escuela privada, inauguró la era Chava Flores del gabinete, caracterizada por imprecisiones declarativas que muestran una notable ignorancia sobre las condiciones reales de vida de la población.

El 20 de febrero, queriendo arreglar, el secretario Cordero declaró en televisión que el decil X de ingreso corriente de las familias (es decir, el 10 por ciento más rico) iniciaba en los 15 mil pesos mensuales. Al día siguiente bajó la cifra a 13 mil pesos, y dio como referencia los datos del INEGI.

Como la cifra me pareció muy baja, consulté la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares más reciente disponible, la de 2008. Según ésta, las familias del decil X tuvieron en aquel año un ingreso mensual promedio de 45 mil 333 pesos, una cantidad suficientemente alejada de los 13 mil como para suponer que ahí no está el umbral.

Según la propia ENIGH, en 2008, había 8 millones 545 mil familias mexicanas que tenían ingresos corrientes superiores a 8 salarios mínimos generales. Esto equivale al 31.9 % de los hogares. ¿Y cuánto son 8 salarios mínimos generales en 2011? Tomando como base el más bajo, el de la zona C, que es de 1,701 pesos al mes, equivale a (¡ah caray!) 13,608 pesos.

En otras palabras, en 2008, un tercio de la población ganaba más de 13 mil pesos actuales al mes. Lo jodido es que dos terceras partes ganaban menos que eso.

En ese año, el gasto monetario promedio nacional trimestral por hogar fue de 21 mil 984 pesos (casi 13 por ciento menos que dos años antes). La familia promedio del decil VI gastaba 18 mil 945 pesos al trimestre. 40 por ciento de las familias mexicanas gastaban más que las del decil VI.

Eso es el gasto. Más de la mitad de las familias ingresaron un promedio superior a los 6 mil pesos al mes.

¿De dónde sacó Cordero el ingreso de 13 mil pesos para definir el decil más alto de la población? De que confundió el ingreso trimestral per cápita con el ingreso familiar. Error imperdonable. Recordemos que es el Secretario de Hacienda.

“Entré hasta la salita y había un televisor, allí, sobre carpetas, las fotos del señor… y luego de este lado, junto al aparador, está todo amolado su refrigerador”

La segunda intervención chavafloresca de Cordero fue en marzo, cuando declaró que México “hace mucho que dejó de ser un país pobre”, señalando que, de acuerdo con las mediciones internacionales  “ahora es de renta media que viene a consolidar las clases medias como hace tiempo no lo lograba”.

El presidente Calderón respaldó esta idea, dando como elementos de apoyo al crecimiento de la clase media, la cantidad de familias mexicanas que tienen televisión y refrigerador.

Aquí lo que hay es un problema de conceptos. Las mediciones internacionales no hacen referencia a clases sociales, sino a niveles relativos de desarrollo. Desde hace décadas se reconoce que hablar de “naciones proletarias” es un sinsentido. Y si bien es cierto que México se ubica ligeramente por encima de la media mundial en casi todas las mediciones, esto no significa, automáticamente, que se haya movido hacia una hipotética “clase media mundial” (entre otras cosas porque desde que la ONU hace mediciones hemos estado por encima del promedio internacional en casi todo).

El secretario se vio obligado a matizar, y reconocer que el país tiene la tarea de resolver el severo problema de la pobreza de millones de sus habitantes.

El Presidente, en cambio, se quedó muy orondo con su frase. Y allí hay otro problema. La posesión de televisión y refrigerador era, junto con la de otros electródomésticos, un indicador de pertenencia a las clases medias en la época del desarrollo estabilizador, cuando Calderón y Cordero eran niños. Hoy ya no lo es: se trata de productos de consumo casi generalizado. En estos días, los consumos que definirían la entrada a la clase media serían, más bien, la posesión de conexión doméstica a internet y de televisión de paga.

En otras palabras, es como si Ortiz Mena o López Mateos hubieran dicho que México era país de clase media en 1963 porque la mayoría de los habitantes tenían zapatos y luz eléctrica (que eran símbolos de status a principios de los años veinte del siglo pasado).

“Yo por eso no soy rico, por ser despilfarrador”.

Pasemos ahora Bruno Ferrari y el sentimiento de los bolsillos. El secretario de Economía hace un par de semanas, tomó literalmente la frase de que los mexicanos no ven la recuperación en sus bolsillos y encontró la solución a ese peliagudo problema. No la ven en sus bolsillos, porque se la gastaron, y dio como prueba el crecimiento de 4 por ciento real en las ventas de las tiendas de autoservicio afiliadas a la ANTAD.

Habría que decirle al señor Ferrari que eso de “ver la recuperación en los bolsillos” se llama metáfora, y se refiere al bienestar económico general que percibe la población.  Habría que explicarle que a la gente le suelen importar más sus posibilidades de gasto o inversión, que lo que tiene en sus bolsillos. Ahorro no es igual a bienestar.

Probablemente el señor secretario de Economía –una de cuyas tareas en las actuales circunstancias de escaso dinamismo económico, entendemos, debería ser la promoción de un mayor consumo- crea que no son los salarios e ingresos reales, sino la proporción de ahorro respecto al producto, lo que genera satisfacción económica a la población.  

“Guárdate algo pa’ mañana, que hay que ser conservador, ya verás como te ahorras pa’ un abrigo de visón”.
 
Ese precandidatazo que es Ernesto Cordero envió la semana pasada un mensaje a los jóvenes. Ahorren, porque si no, se convertirán en una carga para el Estado y para sus familias.

La verdad, el secretario de Hacienda se vio algo lúgubre. Lo que está diciendo es que en las próximas décadas va a haber poco dinero para las pensiones. Está pronosticando que nos dirigimos, inexorablemente, a otra crisis fiscal del Estado. Está admitiendo que ya nos quemamos el famoso bono demográfico.  El que no ahorre, será una carga onerosa. El joven previsor que sí lo haga durante las próximas décadas, podrá utilizar esos dineritos para su todavía lejana vejez. La cosa estará dura. 

¡Ahorren, jóvenes! Aunque los empleos sean escasos y mal pagados. No caigan en la tentación del consumo en la que cayeron sus despilfarradores padres (veáse Ferrari supra). Ahorren o el futuro los alcanzará.

Por otra parte, a los grupos alguna vez  beneficiarios del corporativismo, el gobierno federal “antes sacaba del mandado, les daba pa’ su helado, su cine y su futbol” y “ora con lo que les ha pasado, los tiene más enfriados que un hielo de jaibol”, por lo que recurren a las administraciones locales. 

En fin, ante la visión de otros políticos, que, -en los discursos de campaña, porque en la realidad jamás podrían- te regalan el sol, la luna, la estrella, el mar, el millón y Nueva York, el gabinete Chava Flores opone “puras habas”, “pa’ que no te pase nada”. Las habas, por cierto, tienen entre ellos el pomposo nombre de “estabilidad macroeconómica”.

miércoles, julio 06, 2011

Condescendencia ¿o machismo?


Cuando mi hijo Rayo tenía 6 años y jugaba en Pumitas, en su equipo Conejos jugaba una niña, Lupita. Eran años en los que no había ligas femeninas de futbol infantil y unas pocas niñas atrevidas competían con sus coetáneos varones. 

A partir de la temporada 1988, Conejos –más tarde convertido en Panteras, al llegar a la categoría 8-9- se convirtió en uno de los equipos más temibles. Sólo uno o dos podían hacerle frente sin terminar goleados. Lupita era pieza importante en la recuperación de medio campo. En promedio había una niña por equipo y las había de todo tipo: malas, regulares, buenas (como Lupita) y un par de cracs. Cuando se armó una selección de Pumitas para ir a Guadalajara y enfrentarnos a Chivas y Atlas, la portera original era una niña.  

Habrá sido en 1991, cuando ya eran Zenzontles y estaban en la categoría 10-11, que Lupita sufrió una baja de juego considerable y que pocos nos explicábamos. A media temporada salió el peine: el monitor del equipo le exigía menos, no la reprendía ni la corregía y le aplaudía cualquier pasecito bien dado. La trataba diferente, de manera condescendiente, porque era niña. Antes de finalizar el año, Lupita defeccionó de Pumitas y probablemente del futbol.

Este recuerdo me vino a la mente después de escuchar la narración de los locutores de Televisa en el partido México – Nueva Zelanda, dentro del Mundial Femenil de Futbol que se desarrolla en Alemania. Un partido parejo, en el que las mexicanas manejaban mejor el balón pero cedían terreno a las oceánicas, era narrado como de gran dominio mexicano. Si la mexicana erraba elementalmente un pase, decían “la neozelandesa se cruza”; si mandaba el centro a ningún lado, “le salió un poquito largo” y un largo etcétera.

El Tri femenil iba ganando 2-0 y, aunque dependía de otro resultado para calificar a cuartos de final, estaba haciendo historia al conseguir su primera victoria en Mundiales. En el último cuarto de hora, las neozelandesas cada vez tenían más control del balón, aunque eran muy imprecisas al acercarse al área mexicana, las nuestras rara vez alcanzaban a salir y rebasar media cancha, mientras los locutores ensalzaban a las jugadoras nacionales y pedían al público televidente (el que se había interesado en el campeonato femenil)  que “dejaran a sus hijas jugar futbol”, como si estuviéramos en los años 80. La misma petición hicieron a escuelas y universidades, como si México fuera Afganistán.  

Lo que tenía que pasar, pasó. La escuadra que estaba insistiendo anotó el gol del descuento al agonizar el tiempo regular. Nuestros locutores televisos ni se inmutaron, siguieron regando flores con su micrófono y cantando la victoria histórica, a pesar de que el equipo mexicano, a ojos vista, se había terminado de desdibujar. En los minutos de reposición, en un descuido imperdonable de la defensa, las rivales consiguieron el empate, que les supo a victoria y que resultó muy amargo para las mexicanas y para los aficionados… pero no para los locutores, que siguieron hablando del esfuerzo de nuestras chicas, de las condiciones difíciles en las que trabajan, de lo maravillosas que son. ¿Les metieron dos goles en tres minutos? No importa, son niñas. La misma tónica condescendiente y paternalista se repitió en los noticieros deportivos y en las secciones de deportes de la información general de la tele.

En lo personal, creo que las mexicanas dieron un gran partido ante Inglaterra, se cayeron mentalmente ante Japón y lo volvieron a hacer ante una escuadra inferior, la de Nueva Zelanda. A ratos se desconcentraban y, sin una disciplina táctica constante y obsesiva, es difícil triunfar.
 
Pero también es difícil hacerlo en un ambiente periodístico que las trata como aquel monitor trataba a Lupita. Toda sobreprotección es dañina. En este caso esconde un machismo inveterado que no se atreve a decir su nombre. Las jugadoras merecen una felicitación, pero también las críticas que las ayudarán a competir mejor la próxima vez. No les regalan las críticas. Total, son niñas.

viernes, julio 01, 2011

A-Gon quema la liga


Mexicanos en GL. Junio

Llegamos a la mitad de la temporada de Grandes Ligas, es hora del juego de estrellas y la posición más codiciada y competida, primera base de la Liga Americana es propiedad de Adrián González, quien superó en las votaciones al slugger de los Yanquis y líder jonronero Mark Teixeira. Con toda justicia, porque A-Gon está quemando la liga. Por lo demás, este mes vio cómo regresaba Joakim Soria a ser el cerrador confiable que todos conocemos y cómo los Padres de San Diego le dieron las gracias a Jorge Cantú, quien todavía no encuentra equipo alguno que lo acoja.   

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado a lo largo de la temporada.

Adrián González tuvo en junio un mes magnífico, que lo catapultó al liderato de bateo de la Liga Americana.
En el mes bateó para .404, con 6 jonrones y 25 producidas, se ponchó menos y recibió más pasaportes. Al cierre, lideraba las mayores en porcentaje, con .352 y en remolcadas, con 71, en hits, en extrabases y en bases totales. Era segundo de la Americana en dobles y slugging, tercero en porcentaje de embasamiento y OPS, y noveno en cuadrangulares. Por si eso fuera poco, la métrica denominada UZR lo ubica como el mejor primera base defensivo por un margen significativo. Lleva marca de .352, con 16 jonrones y 71 carreras producidas. Gran contratación de los Medias Rojas.

Fernando Salas, ahora como cerrador oficial de los Cardenales, no se vio tan impasable como en los dos primeros meses de la temporada, pero ha cumplido bien su trabajo. El discreto lanzador derecho ganó 2 juegos, perdió otros tantos, salvó 3 y desperdició dos rescates durante el mes. Su marca del año: 4-2, 13 salvados, 2 desperdicios, 2 holds, y un porcentaje de carreras limpias de 2.73.

Jaime García ha caído ligeramente en su efectividad. Los bateadores están encontrando un poquito más su difícil recta sinkeada (él y Zach Britton lanzan rectas y les salen sinkers), pero en general sigue siendo un pitcher dominante y confiable. En el mes tuvo 6 salidas, 3 de ellas de calidad, y marca de 2-2. En la temporada, 7-3, 3.33 de PCL y 91 chocolates recetados.

Yovani Gallardo.  A diferencia del mes anterior, el derecho michoacano estuvo inconsistente en junio, pero a su estilo: tres salidas excepcionales y dos pésimas. En una de sus aperturas buenas, el bullpen le tiró lastimosamente el juego. En el mes, 2-2, con 4.00 de carreras limpias; en el año: 9-4, 3.92 y 94 ponches.

Joakim Soria le dio la vuelta a su horrendo mayo. Como habíamos supuesto, el problema era más de autoconfianza que de velocidad. Un par de apariciones en situación tranquila fueron suficientes para que el de Monclova recordara que es una estrella. Tras navegar en mar calmo, pudo sortear las tormentas del noveno inning y cerró a la perfección los siguientes juegos. En el mes, se le embasó un adversario cada dos entradas lanzadas y le batearon para .098. El resultado en números: 1-0,  6 salvamentos y 0.00 de limpias. En lo que va de la campaña: 4-3, 13 salvados, 5 desperdicios y 4.24 de PCL.

Jorge De la Rosa salió bien librado de la operación Tommy John que lo deja fuera por el resto de la temporada. Su marca en 2011: 5-2, 3.51 y 52 ponchados.

Luis Ayala ha servido como caballito de batalla en el bullpen de los Yanquis, apareciendo en 11 ocasiones durante junio; lo sigue haciendo muy bien, porque en el mes apenas le anotaron una carrera. En el año, 1-1, con 1.42 de limpias y una ventaja sostenida (hold).

Alfredo Aceves abrió un juego para Boston en el mes (se fue sin decisión, tras perder groseramente el control de su pelota en el quinto inning) y funcionó mejor como relevista largo de los patirrojos. En el mes ganó un juego, tuvo un salvamento en magnífico relevo largo y se agenció dos holds. En la campaña, 3-1, un salvamento, un desperdicio, cinco ventajas sostenidas y 3.86 de limpias.

Jerry Hairston Jr.. continuó mejorando su porcentaje de bateo (ya se sabe que sus mejores cualidades son defensivas), y jugó en distintas posiciones para los Nacionales de Washington. Para su desgracia, un pelotazo a fin de mes le fracturó la muñeca y lo mandó a la lista de lesionados. En el año lleva .260, 2 jonrones, 17 producidas y dos robos.

Marco Estrada, sin pitchear tan mal, acumuló derrotas y desperdicios para los Cerveceros durante junio, lo que abolló su trabajo de los dos primeros meses. El de San Luis Río Colorado tiene marca de 1-5, con 4 holds y 3 desperdicios, su porcentaje de limpias se disparó hasta 4.97.

Rod Barajas sufrió un esguince en el tobillo a mediados de mes, los conflictuados Dodgers esperan su regreso a principios de julio. En el mes le alcanzó para un jonrón y 6 producidas. En el año: .220, con 8 cuadrangulares y 21 remolcadas.

Scott Hairston ve acción intermitente con los Mets. Batea para .244 con 3 jonrones y 12 producidas.

Jorge Cantú no pudo con el paquete de Petco Park. El amplio parque de los Padres resultó letal para el toletero tamaulipeco. De cuarto bat, pasó a quinto, a sexto y a séptimo, y rara vez respondió. Al final, los de San Diego lo dejaron ir. A diferencia de la vez que dejó Tampa, Jorge tomó las cosas con filosofía, lo que es indicativo de mayor madurez (y de que su campaña era indefendible): Sus números: .194, con 3 jonrones y 16 impulsadas.

Francisco Rodríguez, (0-0, un hold y 4.31 de limpias) sigue en la lista de lesionados de los Angelinos.

Rodrigo López ha trapeado innings en el relevo de los Cachorros de Chicago. En el camino, se ha llevado dos derrotas. Una fue por un jonrón que le pegó su antiguo cliente, Albert Pujols. La otra, por carreras sucias. En el año lleva 0-2 y 5.40 de PCL.

Alfredo Amézaga sigue en AAA. Sus numeritos en la Gran Carpa durante 2011: .242, con 5 anotadas y dos producidas

Juan Castro apenas jugó un partido en junio, y los Dodgers lo dejaron ir. El mochiteco ha afirmado que contempla el retiro. Es, junto con Fernando Valenzuela, el mexicano que ha jugado en más temporadas ligamayoristas. Sus números de este año: .286 con una impulsada.

Ramiro Peña ahora sí jugó este mes con los Yanquis, aprovechando la lesión de Derek Jeter. Debutó en 2011 con un jonrón, pero luego su bat volvió a su habitual flacura, que contrasta con su buen guante. Lleva .111 con una remolcada.

Dennys Reyes (0-0, con 16.20 de carreras limpias) sigue en ligas menores.

martes, junio 28, 2011

Momentos de Jim Morrison



Algunos de los que no teníamos edad para comprender el 68 recorríamos la urbe espantada escuchando rock. La voz de Jim Morrison era un perro atropellado: emprendíamos en una frágil nave de cristal (aunque en realidad fuera un Mercury antiguo), chavitos de 14 años, la jornada hacia el final de la noche. Empezábamos a sentir que no había máscaras que nos cubrieran, ni queríamos ya apechugarlo todo nada más por quedar bien con mamá y papá. Brotábamos de la tierra con manos de niño y las pústulas nos sorprendían: éramos como los maderos de San Juan (que piden queso, les dan un hueso y se ponen a llorar a las puertas de un zaguán) y se nos exigía el silencio porque nada sucedía en la edad de la mordaza disfrazada de Caballero Águila.

Pero Jim Morrison, gringo y todo, hablaba, gritaba, aullaba. Él también quería traicionar a su destino: no sería el atildado profesionista y ejemplar hombre de negocios que su padre, el Capitán, hubiera deseado. Tenía rabia y poesía en las venas. Fue capaz de desquiciarse, de sacarse de su lugar y encontrar otro, propio, que le permitiría compartir su alma con millones.

La primera alma que Jim compartió perteneció a un indio. Jim era un niño pequeño e iba en carretera con sus papás cuando lo estremeció una imagen que lo habitaría para siempre: indios sangrantes, desparramados por la autopista luego de que un accidente volcó la camioneta que los conducía. Jim sintió cómo su lábil cerebro era traspasado por el alma de uno de esos indios.

Con ésa, y otras almas adquiridas en el viaje, Jim canceló su suscripción a la resurrección. ¿Qué le iban a importar, entonces, los mexicanos rozagantes que pagaron 200 pesos para verlo cantar en el Fórum de los Hermanos Castro? El Maese llegó con una lata de cerveza en la mano y los provocó con gritos y gestos (los chavitos, impertérritos en sus trajes tipo Mao, seguían chupando limonada), como nos enteramos a través de la indignada crónica de un puritano periodista de espectáculos de El Heraldo, llamado Raúl Velasco y, sobre todo, por la desenfadada respuesta que le espetó en la revista Pop el inolvidable Parménides García Saldaña.

De este mundo nadie sale vivo. Ni siquiera Mr. Mojo Risin': su magia se elevó al punto sin retorno. Su muerte coincidió con la llegada de muchos de nosotros a la edad adulta. Su libro favorito, Life Against Death, de Norman O. Brown (Eros y Tanatos, Joaquín Mortiz, agotado) clama por la resurrección del cuerpo contra la muerte cotidiana: saber vivir para poder morir. Saber encontrar, como lo hicimos alguna vez de niños, jugando, el preciado instante de libertad. Saber reproducirlo. Aprender a reproducir lo mejor de nuestra alma, aprender a entregar el cofre abierto.


Poemas de Jim Morrison:

Momento de libertad
cuando el prisionero
parpadea al sol
como un topo
desde su agujero

el primer viaje de un niño
lejos de su casa

Ese momento de libertad

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Soy un guía al laberinto
Monarca de las torres proteicas
de este fresco patio de piedra
sobre el rocío de hierro
hundido en su propio desperdicio
respirando su propio aliento

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La apertura del cofre

-Momento de libertad interna
cuando la mente se abre y el
universo infinito se revela
y el alma es dejada a vagabundear
marcada y confundida busca
por aquí y por allá maestros y amigos

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“¿Has alguna vez visto a Dios?”
-Un mandala. Un ángel simétrico
¿Lo has sentido? Sí. Coger. El sol.
¿Escuchado? Música. Voces.
¿Tocado? Un animal. Tu mano.
¿Probado? Carne cruda, maíz, agua
      y vino.


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Me turban
inconmensurablemente
tus ojos

Me golpea
la pluma
de tu suave
réplica

El sonido del vidrio
habla rápido
desdén

y esconde
lo que tus ojos luchan
por explicar

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Momento congelado junto a un lago
Un cuchillo ha sido robado
La muerte de la serpiente

Conozco el mar imposible
   cuando los perros ladran

Soy un pájaro de muerte
   Malvado pájaro nocturno

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Días de carretera

Miedo a morir en Avión/ y la noche era lo que Noche/ debía ser/ una mujer, una botella y sueño bendito.
He sembrado/ mi semilla en el corazón/ de la nación/ he inyectado un germen en la vena psíquica.
Ahora abrazo la poesía/ de los negocios y me convierto –por/ un tiempo- en “Príncipe de la Industria”.
Un líder natural/ un poeta/ un Chamán con el/ alma de payaso.
Qué hago/ en la plaza/ de toros/ Todas las figuras públicas con candidatos para líder.
Espectadores en la Tumba/ -observadores de desmanes.
Miedo de Ojos.
Asesinato.
Estar borracho es un buen disfraz.
Bebo para/ poder hablar con pendejos./ Conmigo inclusive.
El horror de los negocios.
El problema del dinero/ culpa/ ¿la merezco?
La Junta.
Deshacerse de agentes y gerentes.
Después de 4 años he quedado con la mente como martillo piloso.
Lástima por noches perdidas/ y años desperdiciados/ Lo mandé todo al carajo/ Música Americana.
Final con adiós amable/ y planes para el futuro/ -No un actor/ Escritor-cineasta.
Cuál de mis células-personalidades/ será recordada.
Adiós América/ Te amé.
Dinero de casa/ buena suerte/ no te metas en líos.

(Traducción FBR)



La introducción, estos poemas (del libro Wilderness, volumen 1) y otros más aparecieron en dos entregas de El Nacional Dominical, 58 y 59, correspondientes al 30 de junio y 7 de julio de 1991, en ocasión del 20 aniversario de la muerte de Jim Morrison, ocurrida el 3 de julio de 1971.

En estos días se cumplen 40 años.  

jueves, junio 23, 2011

Biopics: el recuento STUNAM vs AAPAUNAM


 En la universidad, además de mis tareas académicas, me había incorporado al Consejo Sindical, el grupo político de profesores con el que los pemetistas del SPIUAS habíamos tejido la alianza en el SUNTU y del que proveníamos varios de los que hacíamos la revista Solidaridad. El Consejo era una fuerza influyente y relevante dentro del STUNAM, que había contribuído a fundar, en las movilizaciones de 1977.
El Congreso de la Unión había aprobado que los trabajadores universitarios estuvieran bajo el Apartado A de la Ley Federal del Trabajo y muchos sindicatos del SUNTU eran titulares de los respectivos contratos colectivos. En el caso del STUNAM esto era cierto solamente respecto a los trabajadores administrativos porque, en el caso de los académicos, el rector Soberón –de siempre opuesto al sindicalismo universitario, él fue quien impulsó la idea del Apartado C, que limitaba derechos- había prohijado a las Asociaciones Autónomas de Personal Académico de la UNAM (Aapaunam), que funcionaban más bien como gremio, y que eran opuestas al sindicalismo. Paradójicamente, estas asociaciones detentaban el convenio colectivo de trabajo. En esas circunstancias, el STUNAM pidió un recuento ante la Secretaría del Trabajo, para verificar quién tenía la mayoría de los trabajadores académicos.

Después de una breve, pero intensa campaña, el recuento tuvo lugar en noviembre de 1980. Durante esos dos días “ocupamos” (es un decir, porque la “toma” fue con la completa acquiesencia de la dirección) las oficinas de la secretaría general de la Facultad de Economía, que sirvieron como especie de cuartel general del sindicato para cuestiones operativas. Quién sabe cómo, supongo que por mi voluntad militante, pero estuve a cargo de esa oficina durante ese par de días, funcionando más que nada como correa de transmisión y centro de acopio de datos.

Los resultados del primer día fueron ligeramente favorables a nosotros. Como lo habíamos previsto, arrollamos en Economía, Ciencias, Filosofía, Psicología, Ciencias Políticas y el Colegio de Ciencias y Humanidades, y habíamos sido vapuleados en Derecho, Veterinaria, Odontología y Comercio, íbamos un poco abajo en Ingeniería y la Escuela Nacional Preparatoria y un poco arriba en Arquitectura y Química. La gran sorpresa positiva era que íbamos adelante en la facultad más grande, que suponíamos perdida de antemano: Medicina.

Ese día llamaron a nuestras oficinas “tomadas”, desde varias estaciones de radio para que hiciéramos un balance. Quién sabe cómo, supongo que porque estaba allí y era el que contestaba el teléfono, acababa siendo yo quien respondía. Recuerdo que una reportera me preguntó si los profesores jóvenes habían votado por nosotros y dije que sí; luego me preguntó si los profesores viejos habían votado por nosotros y respondí que también ellos. “¿Entonces quién votó por las Aapaunam?”, preguntó, con toda lógica. Iba yo a responder que los acarreados, pero en ese momento se me prendió el foquito y entendí de qué se había tratado el famoso recuento. Dije que votaron por el STUNAM los profesores de carrera, los de tiempo completo y medio tiempo, de todas las edades, y que la mayoría de los votos para las Aapaunam provenían de profesores de hora-clase, que trabajaban en algún otro lado, en empresas privadas, en el gobierno o como profesionistas libres, y daban clase en una o dos materias para mantenerse vinculados a la Universidad.

En el segundo día de votaciones, ambas organizaciones pusieron toda la carne en el asador de la Facultad de Medicina (era particularmente importante no perderla para el rector Soberón, médico y ex director de esa facultad). Las Aapaunam hicieron una labor de acarreo verdaderamente titánica, pues muchos doctores daban su clase en algún hospital que no tenía urnas (varios sí las tenían), y ganaron por un pelo, tanto en Medicina como en el recuento en general. La proporción de votos fue aproximadamente 52 a 48 por ciento.
Esa noche hubo una fiesta, en la que me dí cuenta de que los optimistas eran pesimistas y viceversa. Quienes esperaban una victoria estaban tristes, quienes preveían una derrota estaban satisfechos con el avance. Entre los últimos me contaba yo. Pero había un par de pesimistas-realistas, Raúl Trejo y Pepe Woldenberg. No esperaban la victoria, consideraban que habíamos mostrado una fuerza importante, pero decían que el resultado del recuento significaba que los académicos irían perdiendo terreno dentro del STUNAM y que terminarían siendo una especie de pegote, sin capacidad de negociación de contrato o convenio colectivo alguno. Esto significaba que el sindicato se haría cada vez más economicista y cada vez menos propositivo de un modelo diferente de universidad. Tenían razón, desgraciadamente.

Un subproducto de aquel recuento fue un análisis numérico sobre los resultados, que publiqué en La Cultura en México, el famoso suplemento de Siempre! que dirigía Carlos Monsivàis. Allí manejaba la tesis que se me ocurrió el primer día: por el STUNAM votaron mayoritariamente quienes tenían en la Universidad a su principal empleador; por las Aapaunam, quienes –a cambio de un pago realmente simbólico- daban clases como una forma de corresponder a la formación que les brindó la UNAM. Dos concepciones, y sólo una se basaba en la relación empleador-empleado (o patrón-trabajador, para los más ortodoxos). En ese sentido, la victoria de Soberón fue política: no había, en realidad, sindicato de académicos.


miércoles, junio 22, 2011

Viñetas de Washington


Washington es más grande de lo que se piensa. En muchos sentidos.

La Explanada Nacional (National Mall) es inmensa. Cuando dicen que ahí cabe un millón de personas, dicen la verdad: son tres kilómetros en línea recta de las escaleras del Capitolio a las del Monumento a Lincoln. En comparación con la explanada, la mayor parte de los edificios, si bien masivos, se empequeñecen. (Y eso significa que la verdadera grandeza y esplendor de la zona se pueden percibir major desde Pennsylvania Avenue, no desde el Mall).
Una de las cosas que más impresionan a visitantes como yo, es la cantidad de memoriales de guerra.  El omnipresente soldado-héroe. Una suerte de culto a lo heroico, que toma   forma arquetípica del soldado. Me doy cuenta de que en México, si bien tenemos un respeto casi sagrado por los símbolos nacionales, no compartimos esa pasión gringa por lo heroico… a menudo confundida en nuestros días por la pasión de una parte del público estadunidense por los famosos.
La heroicidad como forma nacional de perdurar.
El único memorial de guerra que me impresionó fue el de Vietnam. Una larga pared ondulante con el nombre de cada uno de los soldados de Estados Unidos muertos en esa guerra. Cada pequeño nombre pertenecía a un joven, a menudo apenas veinteañero, con su novia, sus proyectos, sus sueños, sus padres que esperaban su regreso y sólo recibieron una bandera y un cadáver. Unos señores sesentones caminaban muy serios a lo largo del muro: ella señala un nombre y dice: “era mi primo”; un hombre, unos pasos después, señala otras letras: “Estuvo perdido en acción cerca de 20 años, luego encontraron su cuerpo”. Me acordé de mi cuate Bob Wells (dyslexia), recientemente fallecido, que estuvo en los años tempranos de la intervención de EU en Vietnam, y que nunca pudo recorrer el monumento, porque se le quebraba el corazón.
Una noche, caminando con mi hija en Arlington, encontramos el monumento en honor de los marines, grandes soldados de bronce que plantan la bandera en Iwo Jima. Abajo, se pueden leer los nombres de todas las intervenciones del cuerpo de la Infantería de Marina desde su creación. Las guerras contra la rebelión india en Florida y las Filipinas, Nicaragua y Veracruz, Granada y Somalia. La lista le da la vuelta al monumento, y sigue una segunda fila, que todavía no llenan. El memorial tiene espacio para más intervenciones de los marines en los próximos 400 años, por lo menos.

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El centro de Washington habla al visitante de una ciudad sobre, planeada, sólida, con aspiraciones imperiales. Nada está dejado a la casualidad. Columnas al estilo de la Roma antigua dan soporte y adorno a edificios de color claro, elegantes y fuertes. Habla de una capital consciente de su papel, la de un país grande, rico, sólido. En ella se respira que es el centro del poder político. Deja la impresión de que todo está bajo control. En suma, una buena muestra de comunicación política urbana.

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Dicen que México es un país presidencialista. ¡Ja! Nos quedamos cortos. En Estados Unidos el Presidente es otro héroe, cada uno de ellos tiene su frase inolvidable y hay para todas las ideologías, así que cada quien tiene su base de fans. Algo similar sucede con la Primera Dama –que, la verdad, yo creo que es invento de EU, que algunos países latinoamericanos han copiado con singular alegría, sobre todo en Argentina-, heroína y ejemplo en clase y estilo. Hay tumultos alrededor del vestido que usó Michelle en la Inauguration. El poder del Presidente brilla… y uno que pensaba que Estados Unidos era la tierra de los pesos y contrapesos, de la división de poderes, de las instituciones independientes del Ejecutivo. La verdad esa será la arquitectura constitucional, pero en el corazón de las mayorías son más fuertes los deseos de admirar al líder.

viernes, junio 17, 2011

El monumento al Ejército Rojo, recargado



En Bulgaria hay un debate sobre el monumento al Ejército Rojo. Hay quienes dicen que es una absurda elegía a un ejército que ya no existe de un país que ya no existe y un insulto al pueblo búlgaro, porque era una demostración de la hegemonía soviética. Otros señalan que tiene su valor y que hay que conservar recuerdos y símbolos del pasado del país, porque no todo es sol y arco iris.

 Ayer unos activistas llegaron a una solución que tal vez será efímera, pero no por ello es menos efectiva.