martes, junio 13, 2023

Reality shows: la fábrica del odio

 


Debería ser una obviedad: las participaciones de los concursantes de los programas de televisión tipo reality show no son espontáneas. Normalmente se ciñen a un guion, que busca generar en el público emociones que lo mantengan atado a las transmisiones sucesivas. Lo verdaderamente interesante es, como veremos, que la principal emoción a provocar es el odio o desprecio hacia alguno de los participantes.  

Esto nos lleva a preguntarnos si la polarización política vigente en casi todas partes del mundo no ha sido alimentada, a través de los años, por programas de este tipo. Si el mundo entero no está pagando otro tipo de precio por el hambre de rating de parte de productoras y cadenas de TV.

Hay programas de encierro colectivo (como el famoso Big Brother), de concursos de cocina (como las distintas versiones de Master Chef), de sobrevivencia (empezando por aquel Conquistador del Fin del Mundo), de citas (que van desde las versiones de The Bachelor, hasta La Pesera del Amor), de negocios (¿será casual que en una de ellas se hizo famoso Donald Trump), de búsqueda de talento (a veces combinada con la convivencia forzosa, como La Academia), y de otros tipos (vaya, en España hicieron uno de “Quiero ser Monja”). Pero todos tienen guion y algunos elementos en común.

El primer elemento clave es el casting: encontrar participantes con personalidades contrastantes, pero que sean lo suficientemente dúctiles y dóciles como para ir pasando de la persona que son al personaje que el show les exige ser. Aquí la mayoría de los concursantes deben responder a un prototipo: el gandalla, el flojo, la intrigante, la fresa… la idea es que haya una amplia gama de personalidades, aunque sean impostadas. Cuando los participantes son “famosos”, el asunto es más fácil, porque el público ya tiene una idea preconcebida de cada uno de ellos.  

El segundo elemento es la eliminación paulatina de concursantes, ya sea entre ellos, por decisión de los jueces o, más comúnmente, por una combinación con votación del público.

El tercero es la creación de conflictos, porque sin ellos no hay espectáculo. Aquí es donde tienen más peso los guionistas: deben ser capaces de generar una historia, y de saber lo que va a suceder en los siguientes capítulos. Ellos se encargan de “dinamizar la convivencia” y tratar de que las cosas exploten de una manera u otra. La polémica vende.

Y en prácticamente todos los programas hay uno o dos participantes-personajes que están ahí para ser odiados por el público. Tienen una característica que los hace odiosos: son prepotentes, o presumidos, o hipócritas, o tramposos, o excesivamente vulgares, o evidentemente manipuladores. El concursante acepta estar ahí, a pesar de la mala fama que le acarreará, porque lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal. Tan es así que luego obtienen distintos tipos de contratos.

En la mayor parte de las temporadas, el personaje odiado permanece en el concurso muchos más capítulos de lo que uno supondría, dada su impopularidad. Si son los jueces o los propios concursantes los que votan, eso sucede por voluntad de los guionistas, que los necesitan ahí porque traen rating; si se trata de votación del público (que pocas veces es directa), los guionistas se las arreglan, a través de la edición, para que la opinión popular se lance contra otro participante.

En distintos análisis de grupos focales, se descubrió que el momento de mayor gozo de parte de los espectadores es cuando, finalmente, el personaje odiado es expulsado del juego. Ese, más que el final, suele ser el momento cumbre del show.

La palabra clave aquí está en alemán: Shadenfreude, la experiencia de placer que da el conocer la derrota o la humillación de otro.

A menos autoestima, más probable que ocurra el Shadenfreude; y es mayor cuando hay más identidad de grupo, rivalidad o sentimientos de enojo hacia la injusticia. “Ya le tocaba sufrir a esta persona mala, diferente a mí”.

Mientras mayor sea el rechazo al personaje odiado, mayor será el rating del programa, a igualdad de las demás circunstancias.

Los grupos focales también dan cuenta de que la persona favorita para quedarse con el título y el premio, es la que toma el papel de víctima, la que más ha sido sujeta del buleo o del desprecio de parte del personaje odiado.

Ahora, si tomamos en cuenta que la política es cada vez menos de proyectos y más de personajes, menos de plaza y más de pantalla (las campañas se vuelven una especie de reality show), puede parecernos menos extraña la llegada de políticos populistas al poder en distintas partes del mundo.

Una de las cosas que tienen en común estos políticos es la creación de figuras prototípicas de malos y buenos, en donde lo importante no son tanto las propuestas, sino darles su merecido a los malos que están o estaban en el poder.

Por eso importan menos los resultados mensurables de un gobierno populista que el gozo, la Schadenfreude, de ver cómo aquellos perdieron el poder, sus reales o supuestos privilegios, y ahora se quejan por todo. “Yo la paso igual de mal o peor, pero los que antes tenían poder ya no lo tienen. Eso me hace feliz”.

En la medida en el que el placer por la derrota ajena sea superior al desagrado por la circunstancia propia (en la medida en que el odio supere a la razón), no importará si un gobierno populista es parcial o totalmente fallido. Si sabe mantener la tensión contra el enemigo interno, tendrá a la Shadenfreude de su lado.

Como lo vio en TV.


viernes, junio 02, 2023

Maderos calientes; brazos, no tanto


 

Mexicanos en GL.  Abril-mayo 2023

La tradición manda que los lanzadores mexicanos tengan un rendimiento superior al de los jugadores de cuadro en las Ligas Mayores. Pero el inicio de la temporada regular 2023 ha sido diferente. Tenemos muchas más piezas importantes en los line-ups ligamayoristas, y los pitchers han estado, por lo general, por debajo de sus números en años anteriores. Lo primero ayuda a explicar el buen rendimiento del equipo mexicano en el Clásico Mundial; de lo segundo, esperemos que las cosas cambien para bien en los próximos meses.

Aquí el balance del contingente nacional, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en toda la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel).

Randy Arozarena mantuvo la inercia, el ritmo y la pimienta que traía en el Clásico Mundial y ha sido pieza importante en el magnífico desempeño de los Rays en el inicio de temporada, aunque esa inercia da muestras de estarse agotando. Batea para un saludable .297, con 11 jonrones, 40 carreras producidas y 6 robos de bases. Su OPS es un enorme .920 y se está ponchando menos que en la temporada pasada. A la defensiva, su guante y su brazo son garantía.

Alex Verdugo empezó a tambor batiente la temporada y se ha desinflado en las últimas dos semanas. Aun así, sus números dan cuenta de su enorme consistencia: En el año: .288 de porcentaje, 5 cuadrangulares, 29 carreras producidas y 39 anotadas, tres bases robadas y OPS de .812.

Isaac Paredes había tenido a lo largo de su carrera en Ligas Mayores un problema: la falta de contacto. Ese problema está desapareciendo. Si sumamos el poder y el oportunismo del hermosillense, tenemos lo que ha sucedido en estos dos meses, que es parte del éxito de Tampa Bay (a pesar de que Paredes descansa aproximadamente uno de cada cuatro juegos): .269 de porcentaje, 8 cuadrangulares, 37 impulsadas y OPS de .807

Giovanny Gallegos le está quitando el puesto de cerrador de los Cardenales a Ryan Helsley, con quien comparte esa misión. El obregonense lleva en el año marca de 1-2, con 2.38 de efectividad, 7 salvamentos (sólo un rescate desperdiciado) y 4 holds.

Rowdy Téllez. De él se esperaban muchos jonrones y un bajo porcentaje de bateo. El slugger de los Cerveceros está bateando apenas por debajo del promedio de las mayores, pero su producción de cuadrangulares -tomando en cuenta que no batea contra lanzadores zurdos- es notable: .244, 12 vuelacercas, 26 impulsadas y OPS de .830

Joey Meneses, a diferencia de otros que habían brillado en el Clásico Mundial, empezó flojo la campaña con los Nationals, pero (será cosa de la falta de profundidad en el equipo de Washington) le tuvieron confianza y su bate se calentó notablemente en mayo. Lo que no ha regresado es la cantidad de jonrones (Cabajoey sigue pegándole fuerte a la pelota, pero ha tenido mala suerte, dicen las mediciones especializadas). Sus numeritos: .300 de porcentaje, 2 palos de vuelta entera, 29 producidas y .729 de OPS. Curiosamente, batea mucho mejor de día que de noche.

Julio Urías.  El zurdo de Culiacán ha dado tres de cal por tres de arena. Inició con tres salidas de calidad, a las que siguieron tres malas; luego otras tres buenas y en la décima, un desastre, relacionado con un tirón en la corva izquierda, que lo mandó a la lista de lesionados. El estelar de los Dodgers ha sufrido, sea en sus buenas aperturas como en las malas, de un problema que lo aquejó en el Clásico Mundial: el batazo largo. En la mitad de sus salidas le han pegado dos o más jonrones. Sus números. 5 ganados y 4 perdidos, PCL de 4.39 y 53 ponches.

Víctor González regresó a la Gran Carpa luego de más de año y medio de ausencia. El nayarita lo ha hecho bien en el relevo de los Dodgers. Lleva 1 ganado y 2 perdidos (una derrota fue por un corredor que dejó de herencia en primera base), un hold, un excelente 2.30 de PCL y 14 rivales pasados por los strikes.

Patrick Sandoval. El zurdo de los Angels ha tenido 4 salidas de calidad, de entre sus diez aperturas. Y en las otras no ha estado mal. Lo que pasa es que juega para los Angels, que se las arreglan para perder de las maneras más raras. Tiene marca de 3-4, 3.42 de efectividad y sólo 36 ponches en 55 entradas lanzadas.  

Jarren Durán. El veloz jardinero de los Red Sox empezó encendidísimo la campaña, hasta que los lanzadores contrarios le pusieron hielos. Bateó .396 en abril, pero sólo .236 en mayo. La pregunta es si el todavía novato superará el actual slump. En el año, .288, 3 jonrones, 21 producidas, 7 robos de base y OPS de .804.

Andrés Muñoz había iniciado muy bien la temporada, pero una lesión en el hombro envió temprano al mochiteco a la lista de lesionados. Debe regresar en junio. Lleva 1 rescate y un hold, con 0.00 de limpias.

Ramón Urías es otro que iba bien hasta que cayó por una lesión lesionadora (en la corva, que parece especialidad de los Urías). El infielder de los Orioles regresó a finales de mayo. Su guante se ha vuelto de excepción. Sus números ofensivos: .259, un jonrón, 17 producidas, dos colchonetas estafadas y .718 de OPS.

Alejandro Kirk está tardando en despertar. Su llegada tarde a los entrenamientos de primavera le ha costado mucho. Durante estos dos meses compartió puestos con Brandon Belt como bateador designado y con Danny Jensen, como receptor de los Azulejos. Ninguno de esos dos bateó la gran cosa y aun así Kirk no se quedó con un puesto fijo. El problema, dicen los de statcast, es que le está pegando flojito a la pelota. Lo que le ayuda es su poca propensión a los ponches. .254 de porcentaje, 2 jonrones, 14 impulsadas y OPS de .681

Brennan Bernardino es uno de varios pitchers mexicanos sometidos a la puerta giratoria entre las mayores y las menores. Ha estado dos periodos como relevista de los Medias Rojas y no lo ha hecho mal: un ganado, 3.38 de efectividad.

José Urquidy se vio trastabillante en todas, menos en una de sus salidas. Su ya proverbial capacidad para salir de los problemas evitó que sus números fueran todavía peores, pero en general le batean para .297. Terminó en la lista de lesionados por inflamación en el hombro, que explica en parte los resultados. 2-2, 5.20 de carreras limpias y 23 ponches.

JoJo Romero, al igual que Bernardino, está en la puerta giratoria, pero jugando para San Luis. 3.52 de limpias y 6 chocolates.

Alan Trejo no se ha consolidado como parador en corto de los Rockies. El guante, bien. El bat: .255, 12 producidas, sin cuadrangular, .613 de OPS

Javier Assad peleó por un puesto en la rotación de los Cachorros, no lo consiguió y ha estado irregular en el relevo intermedio (y usando la puerta giratoria). Su problema principal: el control, y contra la base por bolas no hay defensa. 0-2, 4.98 de PCL y 15 ponches.

Adrián Martínez está en una situación similar a la de Assad, sólo que con los malísimos Atléticos de Oakland. El cachanilla tiene 0-0, con 5.70 de efectividad y 20 sopitas de pichón.

Taijuan Walker ha estado la mar de inconsistente como abridor de los Filis. Ganó 4 de sus 5 salidas de calidad (6 o más innings, 3 o menos carreras limpias), pero las otras 7 aperturas han sido desastrosas. La marca en ganados y perdidos no es tan mala (4-3), pero el PCL de 5.65 y que se le embase, en promedio, bateador y medio por entrada lanzada, sí son de preocuparse.

Alek Thomas. El efectivo jardinero central de los Diamantes de Arizona no pudo igualar con el madero su capacidad defensiva y fue enviado a AAA. Deja números en estos dos meses de: .195 de porcentaje, dos jonrones, 10 producidas, 3 robos y OPS de .579

Austin Barnes, al parecer, bateó en el Clásico Mundial todo lo que le tocaba batear en el año, porque en la temporada tiene la pólvora empapada. Aunque sigue siendo una maravilla en el manejo de sus lanzadores, al receptor de los Dodgers se le están escapando muchos robadores de bases. Batea para un miserable .096, con un robo y tres producidas. Su OPS es de risa: .293

César Salazar es el más nuevo de los mexicanos en Grandes Ligas. Tercer receptor de los Astros de Houston, ve poquísima acción. El de Hermosillo batea para .143 y ha anotado una carrera.

Luis Cessa, a pesar de haber ganado un lugar en la rotación de los Rojos y de empezar la temporada con el pie derecho, acumuló salidas desastrosas hasta que de plano Cincinnati lo dejó ir (eufemismo para no decir que lo corrieron). Consiguió posteriormente contrato de Ligas Menores con los Rockies, pero aún no lo regresan a MLB. Sus números: 1 ganado, 4 perdidos, 9.00 de efectividad, 11 ponches (pero 12 pasaportes) y los rivales le batean para .397. De espanto.

Luis Urías se lesionó de la corva en el primer partido de la temporada, en el que no pegó hit. Se espera su retorno en junio.

 

jueves, mayo 25, 2023

Un mundo de dos: EU y China

 


Un fantasma recorre Europa, el fantasma de los efectos colaterales de la invasión rusa de Ucrania. La preocupación acerca de ese conflicto bélico acapara, de manera casi obsesiva, la atención de los europeos. Tal vez porque sienten que en su desenlace se les va otra obsesión: la de proponerse como opción de liderazgo mundial… o la de participar, al menos, en una suerte de liderazgo colectivo.

Luego de más de un año de la agresión, e independientemente de los detalles del resultado final, el polvo parece estarse asentando, si vemos las cosas en términos geopolíticos y con pensamiento de largo plazo. Y el diagnóstico es que la Unión Europea pierde posiciones autónomas en política exterior, para quedar más supeditada que antes a las iniciativas estadunidenses, en un mundo que se mueve hacia una nueva bipolaridad.

Tratemos de explicarnos: al menos desde mediados de los años 60 del siglo pasado, cuando se desarrollaban en el viejo continente diversos “milagros nacionales” de reconstrucción económica y social, Europa ha tratado de deshacerse de la hegemonía norteamericana, que ha incidido en sus decisiones de política económica y de política sin adjetivos. En aquellos años el pleito fue en materia monetaria, tema fundamental en cualquier intento por dirigir la economía mundial.

Posteriormente, la formación de la Unión Europea, una serie de políticas conjuntas y, sobre todo, la creación del Euro, dieron la impresión de que los europeos estaban conscientes del carácter efímero del mundo unipolar que surgió después de la caída del bloque soviético, y dispuestos a disputar en el futuro cercano la hegemonía con los Estados Unidos. Pero una serie de eventos internacionales, como la invasión de Irak, las intervenciones en Afganistán y la Primavera Árabe, entre otros, fueron postergando esa ilusión. Y la crisis financiera de 2008 demostró que las redes entre los sistemas eran mucho más estrechas de lo que parecían al principio.

El asunto viene a cuento porque, si Europa occidental quería soñar con esa disputa por la hegemonía mundial, requería de ciertas seguridades en materia energética, lo que a su vez implicaba hacer negocios con regímenes no democráticos. Una de esas seguridades vino a menos con el conflicto en Libia, que no tiene visos de solución de corto plazo. La otra se rompió con la invasión rusa a Ucrania, que hizo saltar literalmente en pedazos los acuerdos de provisión masiva de energía para Europa.

Lo cierto es que la torpeza de Putin -por no hablar de su inhumanidad- a final de cuentas lo que ha hecho es ayudar a los intereses de Estados Unidos. Ha generado la acción política disuasiva inmediata de la OTAN (no de un ejército de la Unión Europea, que no existe como tal) y también una ola de solidaridad en la opinión pública alrededor de esa alianza militar. En otras palabras, ha puesto a los europeos una vez más bajo el paraguas protector de EU. Al mismo tiempo, al cortarse o disminuirse notablemente las relaciones comerciales de Europa con Rusia y sus aliados, se pone un obstáculo a la formación de un polo alternativo en materia económica y geopolítica.

Una parte, mayoritaria, de los europeos ha abrazado el fortalecimiento de esta alianza con EU a partir del concepto de que se comparten los valores democráticos (no importa que Estados Unidos privilegie relaciones con naciones autocráticas como Arabia Saudita). Otra parte ve, con cierto desencanto, que con esta guerra se disuelven los sueños europeos de grandeza recuperada. Y claro, hay unos cuantos tontitos que creen en la propaganda de Putin y se imaginan que Rusia pudiera, sólo por ser antiyanqui, ser algo parecido a su predecesora la URSS (y peor, suponen que eso es bueno).   

Lo previsible, salvo detalles, es que la invasión a Ucrania termine en un fracaso terrible para Moscú, y signifique el fin del gobierno de Putin (sin que ello quiera decir que habrá una sucesión “democrática”). Luego de más de un año de guerra, las posibilidades de una paz negociada con el actual gobierno ruso son casi nulas, y las de recomposición de las relaciones económicas de Europa con Rusia, cercanas a cero. Lo previsible, pues, es que Rusia dejará de ser un actor de relevancia mundial en el corto y mediano plazo.

Y lo inevitable, sobre todo si vemos la evolución de las relaciones económicas internacionales en los últimos años, que han visto una gran penetración china en diversas regiones del mundo, es que relativamente pronto volveremos a un mundo bipolar, con dos grandes potencias enfrentadas: Estados Unidos, de una parte; China, de la otra.

Se dice una y otra vez que Pekín ha estado del lado de Moscú en el conflicto. Más bien parece que los chinos nomás están mirando, y apuntándose como propiciadores de paz con propuestas que pocos están dispuestos a escuchar, pero que sirven como caja ideológica de resonancia. Y están nomás mirando, porque es lo que les conviene: se preparan para competir en esa nueva situación geopolítica: dos grandes bloques, no cerrados como en la anterior Guerra Fría, con distintos puntos de vista sobre comercio, finanzas, tipo de gobierno, valores sociales y culturales, etcétera. Europa queda fuera de la jugada (en realidad, en la esfera estadunidense) y Rusia cuantimás.

Vistas así las cosas, se entiende el cambio de estrategia de inversión de parte de Estados Unidos, al pasar del offshoring (invertir pensando sólo en los costos de producción) al nearshoring (invertir pensando también en la posición geográfica… que es también geopolítica). Se entiende también que, más allá de la retórica soberanista, México cae directamente del lado estadunidense. Así no se ve tan casual la extraña carta de AMLO a Pekín acerca de los embarques de fentanilo. 

Lo cierto es que México, a pesar de los de los delirios de algunos de los integrantes del gobierno y de los intentos de destrucción institucional que desde allí se generan, no puede convertirse en uno de los pocos Rogue States (“Estados rebeldes”) de poca monta que sobrevivirían en el nuevo orden mundial. Es demasiado grande, demasiado rico y demasiado cercano a Estados Unidos. Y le conviene mucho económicamente convertirse en el ejemplo de las bondades del nearshoring. Al mismo tiempo, tampoco puede ser un peón de EU. Para ese futuro se requerirá de la diplomacia y de la firmeza mucho más que de la demagogia supuestamente antimperialista.

jueves, mayo 18, 2023

Viñetas de Berlín



Una Washington que no fue

Unter der Linden, el ancho camino que va de Alexanderplatz hasta la Puerta de Brandenburgo, deja una sensación de grandeza entristecida; edificios pesados y emblemáticos que a menudo ya no son lo que fueron. Sí, grandes museos, una catedral imponente, historia de cultura. Pero también edificios que parecen cansados, los necesarios memoriales a las víctimas del nazismo, una suerte de bruma que cubre todo, y en particular la famosa torre de comunicaciones de Alexanderplatz, que alguna vez fue símbolo de Berlín Oriental. Ahora se ve, ahora no se ve.

Y al visitante le da la impresión de estar caminando por un National Mall que no fue. De pasear por el bulevar de los sueños imperialistas rotos. Por el ancho de la calle, por las moles que la flanquan, parece aspirar a que la vean como una ciudad gloriosa, que despliega con orgullo su poderío y su cultura. Pero es la capital de un imperio dos veces derrotado, una Washington frustrada. Y tiene que hacer, cada tantos metros, actos de contrición por los pecados cometidos. Llegas a la Puerta de Brandenburgo y, para más inri, a sus lados se yerguen las embajadas de Estados Unidos y de Francia.

Esa capital que quiso ser mundial tiene, además, una cicatriz que pasa precisamente junto a la Puerta y se extiende frente a la más representativa de las moles arquitectónicas de la zona: la sede del Bundestag, con su característica cúpula. Son dos líneas de cemento, separadas por unos cuantos metros: por cada una de ellas pasaba el muro que dividió a Berlín durante casi tres décadas. 

Así, uno transita la zona, de los monumentos en homenaje a Marx en el extremo este, al memorial a las víctimas del Holocausto, al oeste, y no va caminando por la historia: la historia lo va aplastando. 

Eficiencia, prisas y búsqueda de identidad

Nadie duda de la eficiencia de los alemanes, y eso parece trasudar en su capacidad para reconstruir una ciudad destruida. En Berlín se ve, como en pocas partes de Europa, una combinación de estilos y épocas arquitectónicas muy diferentes que conviven en una sola calle: un palacete de finales del siglo XIX, un edificio Bauhaus, un condominio sin chiste, uno junto al otro. Todo depende de qué se destruyó y cuándo. Y se nota cuando esa construcción fue hecha con cierta prisa, para cubrir necesidades apremiantes de posguerra: mucha y muy buena ingeniería en unidades multifamiliares, poca arquitectura.

En un momento posterior, Berlín decide apostar por su propia modernidad. Y aparecen esos edificios que desafían el conservadurismo. Esas construcciones con acabados de acrílico en formas novedosas dan la impresión de que es una ciudad en busca de su identidad, cuando tiene varias. Una de las personalidades de alguien que tiene muchas. Porque se palpa rápidamente que Berlín son muchas ciudades. En ese sentido, es inatrapable.

El hotel está en uno de esos edificios desafiantes. Ventanales en forma de herradura, con pesadas cortinas que, apenas las jalas, cierran automática y totalmente. Una televisión más que inteligente, para manejar desde el celular, pero que se enciende como por voluntad propia, hasta que vienen a retirar el aparato... como en otros cuartos. Y un alucinado camino al baño, en el que la arquitectura y el diseño interior hacen una jugarreta y de repente estás en la casa de los espejos.

La iglesia rota

Tal vez el lugar que mejor refleje Berlín es la zona alrededor de la Iglesia Memorial del Kaiser Wilhelm, que fue bombardeada durante la II Guerra Mundial y cuyos restos atestiguan la destrucción de esa época. Por una parte, te da la idea de ciudad golpeada por su historia; por la otra, con la tranquila y moderna iglesia de reconciliación construida junto a las ruinas, y con el centro comercial y de convivencia creado ex-profeso para rehabilitar la zona, la certeza de que Berlín quiere revivir una y otra vez, y es de nuevo varias ciudades, sin dejar por ello de mostrar sus heridas y sus costuras.

Cuando la iglesia fue bombardeada, la respuesta del partido Nazi a los feligreses fue que no se preocuparan, que en el futuro, tras la victoria, se alzarían iglesias más grandes, más bellas y más fuertes. Siempre la promesa del futuro ante la destrucción presente. Lo que se alzó, en cambio, fue el contradictorio y fascinante Berlín de hoy, 


jueves, mayo 11, 2023

El fetiche del precio del dólar

 


El fetichismo, en filosofía y antropología, significa la divinización de diversas cosas y objetos (fetiches), atribuyéndoles fuerzas misteriosas, sobrenaturales, inasequibles para la comprensión humana. En la fase primera, inferior, del desarrollo religioso, el fetiche era un objeto de adoración para los creyentes.

El fetichismo, en psicología, se explica como un condicionamiento relacionado con un evento traumático ocurrido durante la infancia.

En una de sus acepciones, el fetichismo se define como la veneración excesiva de algo o de alguien.

Eso ha sucedido en México con el tipo de cambio entre el peso y el dólar, y está ligado tanto la incomprensión de fenómenos económicos y sociales, como a la existencia de eventos traumáticos en la vida nacional.

Tras los años difíciles de la Revolución y del crecimiento desordenado de los años de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra, México vivió una supuesta “edad de oro” en los años del desarrollo estabilizador. Esos años estuvieron marcados por altas tasas de crecimiento económico, un proceso de modernización e industrialización, inflación relativamente baja y un tipo de cambio fijo respecto al dólar: $12.50. También fueron años de creciente desigualdad social, pero eso no se suele agregar porque choca con la idea de una edad de oro.

Luego vino el trauma: la devaluación abrupta del peso en 1976, a finales del sexenio de Luis Echeverría. Y, aunque la inflación se había desatado desde años antes (de hecho, es una de las causas de la devaluación), ese choque cambiario se asoció el crecimiento, cada vez más acelerado, de los precios, que siguió durante los dos sexenios siguientes.

De manera contemporánea, en esos años se vivió una fuerte ofensiva ideológica, que asociaba la devaluación con todos los males económicos del país y abogaba por una economía completamente de mercado (alguno recordará la frase del ideólogo Luis Pazos: “¿Quién se robó la mitad de mi dinero?”).  No importaba que le economía y el empleo estuvieran creciendo, en tiempos de López Portillo, a tasas nunca antes vistas, y tampoco que, a nivel global, hubiera hecho crisis el modelo de tipos de cambio fijos y la norma era que los precios de las distintas monedas fluctuaran, a veces de manera fuerte.

El fetiche terminó de fijarse en la psique nacional con el mal manejo de la política cambiaria en la fase final del gobierno de López Portillo, y con el hecho de que las subsiguientes devaluaciones traumáticas (un adjetivo nunca mejor puesto) fueran, ellas sí, seguidas de una crisis productiva, de distribución del ingreso y de capacidad de compra de los salarios.

Del mito de la “edad de oro” y de los traumas de los años 70 y 80 surgió, en parte de la clase política y en casi toda la población, la idea de que el precio del dólar es el elemento fundamental para medir la salud de la economía. El tipo de cambio se convirtió en fetiche.

Por lo mismo, ha sido común que quienes no tienen confianza en un gobierno, pronostiquen devaluaciones catastróficas, aunque no haya elementos racionales para ello; o que los gobiernos pongan mucho interés en mantener bajo el tipo de cambio del dólar, por la pura prudencia de no quedar mal ante un público que suele darle mucha importancia a esa variable económica.

En la medida en que la polarización política se adueñó del país, el asunto ha tomado características hasta chuscas. Si hay una apreciación, derivada del diferencial de las tasas de interés de referencia entre México y Estados Unidos, se viene encima el coro: “ya ven, qué bien lo está haciendo el presidente López Obrador”. Si esa apreciación se desvanece, porque hay una corrida generalizada hacia el dólar debida a una declaración del presidente de EU, el otro coro replica: “ya ven, AMLO nos está llevando al tobogán”.

El problema es que el precio del dólar no es lo que nos dice realmente como está la economía. Es un fetiche al que hemos divinizado, atribuyéndole cualidades que no tiene.

Ciertamente, se trata de una variable importante. Pero lo que más importa de ella es su estabilidad relativa, no la relación estricta entre el peso y el dólar. Si el tipo de cambio se mueve dentro de una franja no muy ancha, importadores y exportadores, productores con insumos del extranjero o prestadores de servicios, acreedores y deudores en divisas pueden hacer cálculos y estimaciones con expectativas razonables. La cuestión es evitar los cambios abruptos, que pueden traer problemas serios, como los padecidos hace una generación.

El del dólar es un precio, que se maneja dentro de la estructura de precios relativos de toda la economía. Como siempre, el cambio relativo de un precio trae consigo ganadores y perdedores: nunca ganan todos si el peso se aprecia, como tampoco pierden todos cuando se deprecia. Por ejemplo, si el peso se aprecia, ganan importadores, deudores en dólares, turistas mexicanos en ciernes; pierden exportadores, acreedores en dólares, familias que viven de remesas, prestadores de servicios turísticos. Si los cambios son pequeños, la redistribución se hace por goteo; si son grandes, se hace en gran escala, y algunos sujetos económicos sufren mucho -o pueden desaparecer- mientras otros se benefician.

Vistas las cosas de esta manera, debe entenderse que toda la alharaca acerca del “superpeso” es una exageración. Las variables verdaderamente relevantes, como los niveles de empleo formal, el tamaño de la inversión pública y privada, el poder de compra de los salarios, el nivel del crédito o las posibilidades de una crisis fiscal quedan oscurecidas detrás del fetiche.

Recordemos, para rematar, que se requieren 1,300 wons sudcoreanos o 133 yenes japoneses para comprar un dólar, mientras que bastan 4.27 dinares libios o 16 dólares de Zambia. ¿Cuáles economías están mejor?  

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viernes, marzo 31, 2023

Ton's ¿'ta chido nuestro español?

 


Se ha armado una discusión social acerca del contenido de los nuevos libros de texto de la SEP. Me detendré ahora en un asunto que ha causado polémica: que en el libro para maestros de primaria se dé carta de naturalización a expresiones como “hicistes” o “dijistes”, y a formas como “ton’s”, “ma” y “pa”.

Me parece mala idea, pero no por las razones que han esgrimido quienes afirman que se está promoviendo que los niños “hablen mal”. Tampoco concuerdo con quienes, con tal de defender al gobierno, dicen que esas expresiones “están bien”.

El problema es que ambos bandos están partiendo de una posición prescriptivista: es decir, que prescribe cómo debe ser la lengua: lo que está bien y lo que está mal. Lo correcto y lo incorrecto. El asunto es mucho más complejo, sobre todo en materia de educación.

En primer lugar, ninguno de nosotros, ni siquiera el más preclaro académico de la lengua, habla “bien” el español. Cada uno tenemos nuestro acento, nuestro léxico particular, nuestros usos particulares de los vocablos. Y todos manejamos distintos niveles de dialecto. Desde el idiolecto, que es personal (y cuando yo digo “muñecone se ne va al piedri” hay sólo cuatro personas, cuando mucho, familia cercana, que me pueden entender de inmediato), hasta el idioma formal -que usamos por lo general en situaciones igualmente formales o en la lengua escrita-, pasando por varios filtros sociodialectales que dependen del tipo de personas con las que estemos, principalmente por el nivel de cercanía que sintamos.

Lo que suele enseñarse en las escuelas es el idioma formal, el idioma estándar. Esta es una forma de prestigio que elimina todos los rasgos locales posibles y propone una serie de reglas para hacer que todos los miembros de la sociedad se puedan entender entre sí.

Las formas de prestigio, que existen en todas las lenguas, están basadas en cómo hablan las clases medio-altas escolarizadas, que tampoco las dominan completamente. No en cómo habla la mayoría de la población. Por lo tanto, sí hay un elemento de clase en la definición del estándar. Al mismo tiempo, el estándar es una base importante para el ascenso y la movilidad sociales. Usarlo ayuda, no sólo a darse a entender con más precisión, sino también para presentarse como una persona capaz y con educación.

Esto, claro está, se basa a su vez en la aceptación social del estándar como la lengua “correcta”. No importa si nadie en realidad la habla: en situaciones formales o escritas buscamos corresponder a ese concepto. Y ya relajados, mejor nos atenemos al lenguaje normal: la norma. Lo que la gente considera aceptable. Y que es lo que suele determinar el habla general.

La norma va cambiando con el tiempo. Pensemos en dos palabras muy mexicanas: “chido” y “wey”. Hace una generación, chido era considerada una palabra vulgar, y si alguien decía güey en horario infantil de televisión, llegaba Gobernación a poner una multa, porque era una grosería. Hoy las dice todo mundo. Todo México*, pues.

Los hablantes tienen mucho peso en la formación del estándar. Tan es así que obligan, a través del uso, a que las academias acepten -casi siempre con reticencias- los cambios en la lengua, que es un organismo vivo.  

Regresando al tema, lo que se escapa de la lengua estándar no “está mal”: simplemente no corresponde a lo que se considera lengua de prestigio por la sociedad. Y me parece conveniente evitar juicios y descalificaciones por la forma en que un alumno de primaria se expresa.

Supongo que la intención de las autoridades educativas es hacer que los niños no sientan que su modo de hablar es inferior al de otros. El problema es que, si no aprenden las reglas del idioma estándar, a la hora de la verdad van a estar en una situación de inferioridad en el mundo externo. No es que vayan a poder hacer una revolución y cambiar el estándar. Es un asunto objetivo: no van a cambiar ni las relaciones sociales de producción, ni la aceptación social mayoritaria del estándar como la lengua “correcta”.

En otras palabras, si la escuela busca normalizar el “dijistes” y el “ton’s”, los alumnos que asuman esta normalización terminarán en desventaja frente a quienes no lo hagan, y el asunto servirá para perpetuar las desigualdades. Las buenas intenciones empedrarán el camino del infierno.

Finalmente, me asaltaron varias dudas genuinas. El libro usa “hicistes”, “dijistes”, “ton’s”, “ma” y “pa”, que son formas muy usuales en el habla del centro y sur del país, particularmente en los centros urbanos. ¿Qué sucede con el mundo rural: el “dijites”, el “juimos”, el “jarto”? ¿Qué, con el pues’n? ¿Y el “amá” y “apá” usados en el norte del país? ¿Consideran aceptable el uso de “jale” en vez de “trabajo”? Porque, digo, si vamos a ver las variantes del español en México, hay muchas y diversas. Y, digo, si somos mal pensados, no sólo en Tabasco hay lengua coloquial.

En resumen, creo que tener una buena formación en la lengua estándar, sobre todo si está acompañada de un vocabulario amplio y preciso (nada de confundir “demasiado” con “mucho”) ayuda a hablar y escribir bonito (de acuerdo a los cánones estéticos vigentes). Y hablar y escribir bonito da satisfacción y seguridad. También abre puertas. A veces, también, abre corazones.


*Todo México, menos Raúl Trejo, que nunca en su vida ha dicho chido; y menos los sinaloenses, que dicen "chilo". 


martes, marzo 21, 2023

México en el Clásico Mundial de Beisbol 2023

 

El equipo mexicano de beisbol quedó en tercer lugar en el Clásico Mundial 2023, en lo que claramente es su mejor participación en este torneo. En la etapa de eliminación directa, llegó a concitar un interés social en el país que no conocía el Rey de los Deportes, desde los ya lejanos tiempos del Toro Valenzuela. Va, a continuación, un breve análisis general y partido por partido.

El róster

El retraso en el armado del equipo y el nombramiento de Benjamín Gil -con desastrosa participación en los Juegos Olímpicos de Tokio- causaron cierta preocupación entre los aficionados. A la hora de la verdad, las ausencias notables fueron pocas: el receptor Alejandro Kirk, porque el nacimiento de su hijo retrasó su reporte con los Azulejos; el infielder Ramón Urías y el relevista de fuego Andrés Muñoz, porque no tenían seguro, al terminar la temporada 2022 en la lista de lesionados. Igual caso, el del jardinero Luis González y los relevistas Víctor Arano y Víctor González. Roberto Osuna, con grandes números como cerrador en Japón, no fue convocado (supongo que por razones de ecología del grupo). Wilmer Ríos se bajó o fue bajado porque su boda estaba programada para el fin de semana de los juegos definitivos.

Algunas de esas ausencias fueron bien cubiertas: Austin Barnes pasó de segundo catcher a la titularidad; Alan Trejo cubrió el puesto vacante en el cuadro; se logró la participación de Alek Thomas y Jarren Duran en los jardines. Donde sí se resintieron las ausencias fue en el bullpen, como veremos.

Benjamín Gil armó una rotación muy lógica, con los cuatro mejores lanzadores con los que contaba en el orden de calidad, sin importar rival. Eso le permitía usar a los mejores dos en los juegos de cuartos y de semifinal. Los otros abridores ligamayoristas fungirían como relevo largo, en vista de la regla de linitación de pichadas. Hay que decir que la estrategia funcionó.

Un tropiezo inesperado, Colombia 5, México 4


El estelar Julio Urías lanzó cuatro entradas perfectas y México tomó ventaja con un sencillo productor de Isaac Paredes, pero en el quinto inning el culichi tendría un mal momento, al recibir tres carreras, por otros tantos extrabases consecutivos. Gil lo mantuvo en la loma y sacó el resto de outs. Arozarena empataría con cuadrangular de dos carreras. En el relevo, Luis Cessa lo hizo bastante bien, pero hubo un break, un momento de suerte a favor de Colombia: una rola que iba directo hacia el infielder bien colocado golpeó el pie del lanzador, se desvió y se convirtió en hit productor. Aún así, México empataría con oportuno sencillo de Alex Verdugo, cerraría la puerta con Giovanny Gallegos y mandaría el juego a extrainnings. En el décimo, Colombia anotó por un error de fildeo de Luis Urías (quien tuvo una noche para el olvido, con un ponche, dos roletazos para doble play y ese costoso error) y los bats mexicanos se encontraron con un relevista que tiraba fuego. Un buen partido, decentemente manejado, en el que la suerte (ese break de la cuarta carrera colombiana) cambió rumbo y resultado.

Ya son clientes, México 11, Estados Unidos 5 

El segundo partido de la primera ronda era, para México, de ganar o ganar. Gil repitió alineación. El abridor zurdo Patrick Sandoval tuvo una buena actuación, limitando a los gringos a una carrera en tres entradas. La clave fueron los jonrones de Joey Meneses, acompañados de buenas piezas de bateo de Randy Arozarena y el magnífico papel que jugó el relevista largo, el tijuanense Javier Assad, que colgó tres argollas al equipo de las barras y las estrellas. JoJo Romero, quien nunca estuvo fino, aceptó un cuadrangular de Will Smith, pero luego México con un rally de cuatro carreras que estuvo a punto de provocar un espectacular nocaut. Para el cierre de la octava, Gil mandó a la lomita a sus cuatitos César Vargas y Samuel Zazueta que, al tiempo que demostraron que hay una gran diferencia entre las Ligas Mayores y la LMB, permitieron a EU perder con cierta dignidad. Gerardo Reyes colgó el cero en la novena.

Una victoria tensa, Gran Bretaña 1, México 2

Se suponía que Gran Bretaña sería el pichón del grupo, pero -salvo en un partido- demostró ser un hueso difícil de roer. Benji Gil hizo tres cambios respecto al line-up original, Jonathan Aranda en la segunda, en vez de Urías; Jarren Durán en el central, en vez de Thomas y Alexis Wilson en la receptoría, en vez de Barnes. Taijuan Walker lanzó de manera extraordinaria cuatro entradas, pero la escuadra mexicana sólo pudo anotar una carrera: un sencillo de Wilson empujando a Paredes. A diferencia de otros partidos, Gil pensó en varios relevos cortos tras el abridor, en el supuesto de que ya habría ventaja amplia, no de una carrera. Armenta cumplió, luego vino el inefable Manny Barreda y se metió en líos. JoJo Romero fue incapaz de impedir que uno de los corredores que heredó de Barreda anotara la del empate, pero luego colgó una argolla. Fue hasta el cierre de la séptima que los abajeños pusieron arriba a México: otra vez Wilson impulsó la carrera de la diferencia. Cruz tuvo el hold y Giovanny Gallegos el juego salvado. 

El show de Randy, México 10, Canadá 3

México ya sabía, antes del partido con Canadá, que sólo tenía de una sopa: ganar. Si lo hacía, era líder del grupo. Si perdía, era eliminado. Gil regresó a la alineación titular, que ya nunca dejaría. El abridor Urquidy no estuvo fino pero, como hemos visto en otras ocasiones, saca los riñones para superarlo. Tuvo la fortuna de comenzar con el juego ganado (ya habían tronado los bates de Arozarena, Meneses y Téllez). Arozarena empujó otra cuando el partido iba 2-1, pero Urquidy aceptó un cuadrangular y ambas escuadras caminaron en el alambre hasta que Randy se despachó con un doble que vació las bases y desniveló el juego a favor de México. La cereza del pastel fue un jonrón de Téllez. Por el lado del relevo, Adrián Martínez estuvo muy bien, así como Sánchez y Reyes. El único que desentonó fue Zazueta, pero la ventaja mexicana era muy grande.

Tremenda remontada, Puerto Rico 4, México 5

Un partido muy emocionante. Julio Urías inició mal, otra vez admitiendo toletazos largos y antes de entrar a batear por primera vez, México perdía 4-0. Gil se ajustó a su plan y Urías lanzó sus cuatro entradas presupuestadas, colgado los restantes tres ceros. Paredes recortó con un cuadrangular y Verdugo acabó empujando otra en algo que pudo ser un rally, pero no lo fue. En tanto, Assad volvía a estar intransitable, luego relevó Romero y lo haría bien esta vez. En la fatídica séptima entrada se armó la ofensiva definitiva: los hits clave fueron sencillos de Paredes y de Luis Urías, que ese día despertó del slump. Luego vendrían una atrapada extraordinaria de Arozarena para evitar el empate puertorriqueño, un cierre -con sus problemitas- de Gallegos y el merecido festejo: México estaba en la semifinal

Dejados en el terreno, México 5, Japón 6

México se fajó ante el favorito. Un tremendo duelo de pitcheo entre Patrick Sandoval y Ruki Sasaki se resolvió a favor del primero tras un cuadrangular de Wicho Urías que produjo tres carreras (y un atrapadón de Arozarena). A partir de que entró José Urquidy al relevo, las amenazas de Japón fueron constantes. Salió ileso, a la Urquidy, en la quinta -con ayuda de Randy- y sexta entradas; en la séprima, con dos outs y hombre en segunda, Gil comete lo que a mi juicio es su primer error importante: saca a Urquidy para meter a Romero en la lógica del "zurdo contra zurdo" (que en Japón no suele funcionar mucho). JoJo da una base y luego admite el jonrón que empata el juego. En la octava, la ofensiva mexicana vuelve a dar de sí: Verdugo impulsa a Arozarena y Paredes a Durán, quien había entrado de emergente por Verdugo, pero en la misma jugada, Meneses es puesto out en home. Aquí entran un par de dudas: ¿cuál es la diferencia de velocidad entre Durán y Verdugo? ¿Y entre Durán y Meneses? A toro pasado, hubiera convenido que Durán entrara de corredor emergente por Cabajoey y no por el Dugie.  O cuando menos, que el coach de tercera hubiera detenido a Joey para mantener vivo el rally. El caso es que Japón se acercó a una contra Jesús Cruz y terminó por darle la vuelta al partido cuando al cerrador Giovanny Gallegos le pasó lo mismo que a sus antecesores Sergio Romo y Roberto Osuna en otros Clásicos: hacer implosión. Hay que decir, sin embargo, que Gallegos había hecho un excelente papel en sus tres apariciones anteiores en el montículo. Gran juego y tocó que nos dejaran en el terreno.

En resumen, el equipo se portó muy bien y no todos pueden estar todo el tiempo al máximo nivel. El timonel hizo lo correcto al mantener al Wicho y a Verdugo en el line-up a pesar de sus slumps. Arozarena brilló como nunca y se convirtió en ídolo popular en México, Cabajoey tuvo momentos excelentes y el serio Paredes mostró consistencia y eficacia con el guante y el bat. Austin Barnes logró algo muy difícil: que no extrañáramos al Capitán Kirk. Por el lado del pitcheo, son destacables las labores abridoras de Sandoval y Walker, pero sobre todo los muy efectivos relevos largos de Assad.

Pero lo más importante es la personalidad que mostró el equipo mexicano. Siempre alegres, siempre luchando, nunca sintiéndose menos que un rival. Un buen ambiente de equipo es fundamental: no es casual que, en distintos juegos, hayan sido diferentes peloteros los que respondieron.

El Clásico en sí, y su futuro, merecen, creo, otra entrada.