martes, agosto 02, 2022

Salidas de calidad

 

Mexicanos en GL.  Julio de 2022

 

Esta ha sido una temporada de Grandes Ligas muy interesante para los beisbolistas mexicanos que en ella participan. En julio, entre otras cosas, vimos el regreso explosivo de Ramón Urías y a Alejandro Kirk como el primer mexicano titular en la receptoría de un Juego de Estrellas. También hubo algo extraordinario el día 26: cuatro jugadores nacidos en México (Kirk, Paredes, los hermanos Urías) pegaron de jonrón en la misma jornada. Pero sobre todo vimos que los dos abridores mexicanos, Julio Urías y José Urquidy (Humberto Castellanos lleva rato en la lista de lesionados), tuvieron una apertura de calidad tras otra. Recordemos que una salida de calidad es cuando el lanzador abridor tira al menos 6 entradas completas y recibe 3 o menos carreras limpias. Se supone que, con una ofensiva promedio, ese pitcher debía de ganar el juego. No siempre sucede así.

Aquí el balance del contingente nacional en el mes, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en toda la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel).

Julio Urías.  El zurdo sinaloense tuvo cinco aperturas en junio, de las cuales cuatro fueron de calidad. En la salida mala que tuvo, contra los Cachorros, su equipo le dio la vuelta al partido y Julio se fue sin decisión. El culichi de los Dodgers ganó 4 juegos en el mes y lleva 7 decisiones seguidas a su favor. Su marca de ganados y perdidos en el año es ahora de 10-6; su efectividad, de 2.71 carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas. Su WHIP (hits y pasaportes por entrada) es ahora inferior a 1.00 y los bateadores rivales le conectan un débil .206 de porcentaje. Para completar el panorama, ha ponchado a 103 y otorgado sólo 24 bases por bolas. En realidad, también merecía estar en el Juego de Estrellas.

Alejandro Kirk no tuvo un julio tan espectacular como los dos meses que lo precedieron. Aun así, bateó en el mes para un sólido .291 de porcentaje. Asentado como titular y como estrella de los Azulejos de Toronto, el popular tijuanense está ayudando a que su equipo llegue a postemporada. En el año, .311, 12 jonrones, 40 producidas, 48 anotadas y OPS de .867. Es 9° en promedio de bateo en las Mayores y en OBP (porcentaje de embasamiento) y sigue como 4° con menor porcentaje de ponches en sus turnos al bat.

Randy Arozarena tuvo un mes de julio bastante productivo. El nacido en La Habana y recientemente naturalizado mexicano pegó 6 cuadrangulares en el mes y ahora sí recibió una cantidad respetable de pasaportes. En el año lleva .255 de porcentaje, con 12 vuelacercas, 47 producidas y 43 anotadas. Subió su OPS a .732 de OPS y se robó otras tres bases, para llegar a 20. Eso sí, se sigue ponchando demasiado.

Alex Verdugo, modestamente, es un pelotero clutch. Puede batear a la hora buena y hacer la gran atrapada en el jardín izquierdo en el momento en que más se necesita. Según los analistas de Statcast es uno de los bateadores que más mala suerte ha tenido en el año: grandes palos que terminan en out (su BABIP indica que su porcentaje debería estar apenas debajo de .300). En julio bateó para .279 y se robó su primera colchoneta del año. Sus números, hasta el momento: .269, 6 cuadrangulares, 52 carreras producidas y 39 anotadas. Su OPS cayó a .683. Sigue apenas abajito de Kirk, como el 5° pelotero titular con menor tendencia a poncharse en las Mayores.

José Urquidy se ha ido asentando en la lomita de las responsabilidades conforme avanza la temporada. Sobre todo, se ha vuelto un abridor de nuevo confiable. Prueba de ello es la gran seguidilla de salidas de calidad que ha presentado: las 5 aperturas de julio alcanzaron esa categoría, y habría que sumarles las últimas 3 de junio. Se dice fácil, pero 8 aperturas de calidad seguidas no cualquiera las logra. En el mes ganó 3 juegos y perdió uno. En el año tiene 9-4, una efectividad de 3.86 y 80 ponches. Siguen a la baja su WHIP y el porcentaje de bateo de sus rivales.

Giovanny Gallegos tuvo un mes por debajo de su promedio en julio. Ya no es, de plano, el cerrador de los Cardenales de San Luis. En el mes el sonorense tuvo un rescate, dos derrotas y 2 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate), con PCL de 4.82. En el año 2-4, 3.43 de efectividad, 10 juegos salvados, 7 holds, 6 rescates desperdiciados y 50 chocolates.

Andrés Muñoz llevaba un julio no sólo perfecto, sino espectacular, hasta que tuvo un tropezón el día 28, ante los Astros. El caso es que el mochiteco de los Marineros ya es lo que se esperaba de él. Ahora funge como preparador de cierre. Es el sexto pitcher de Grandes Ligas que alcanza lanzamientos de 103 millas por hora (a ver, péguenle a una de esas). En lo que va de campaña: 1-4, 13 holds, un juego salvado, 59 ponches y 3.10 de PCL.

Ramón Urías salió de la lista de lesionados y se puso a pegarle duro a la pelota por buena parte del mes de julio, hasta enfriarse un poquito al final del mes, en el que bateó para .329, con 5 jonrones y 18 producidas. Eso hizo que los números del año del sonorense de los Orioles subieran notablemente: .251 de porcentaje, 11 cuadrangulares, 36 producidas, 33 anotadas y un muy sano OPS de .733.

Luis Urías, de los Cerveceros, tiene números muy semejantes a los de su hermano, pero con unos cuantos turnos al bat más. En julio bateó para .280, con 4 jonrones y 14 impulsadas. En lo que va de la campaña: .237 de porcentaje, 12 vuelacercas, 38 producidas, 36 anotadas, un robo y un OPS mejorado a .735. Sigue siendo espectacular con el guante.

Isaac Paredes, tras un junio de gloria, volvió a batear en julio con poder, pero por debajo de la Línea Mendoza (un flaco .190). Batea mucho mejor de local, en los extraños confines del Tropicana Field, que de visitante. Su titularidad en el infield de nuevo pende de un hilo. En lo que va de temporada: .220, 14 palos de vuelta entera, 29 carreras impulsadas y 31 anotadas. Su OPS bajó a un todavía muy respetable .779. Las comparaciones estadísticas con Trout y Judge, del mes pasado, obviamente se cayeron.

Luis González, con un problema crónico en la espalda, regresó a los jardines de los Gigantes de San Francisco. No lo ha hecho tan bien como antes de la lesión, pero lo suficiente como para mantener la titularidad (o, al menos, para quedarse con la parte gruesa del platoon y jugar contra derechos). En el mes bateó apenas para .218. En la temporada: un muy saludable .284 de promedio, 4 cuadrangulares, 29 producidas, 24 anotadas, 9 robos y .767 de OPS. Empieza a notarse la diferencia si el lanzador rival es zurdo o diestro. .242 de promedio y .627 de OPS contra los primeros; .301 y .822 contra los segundos.

Víctor Arano regresó de la lista de lesionados y ha estado mejor, en el relevo de los Nacionales de Washington, que antes de la lesión. Ha mejorado sus números: ahora tiene 4.45 de efectividad, un juego salvado, 6 holds y 28 platos de suculenta sopa de pichón servidos a sus rivales. Se empieza a hablar de él como probable cerrador de los alicaídos Nats.

Manny Bañuelos encontró acomodo en los Piratas de Pittsburgh, tras ser dejado libre por los Yanquis de Nueva York. De entrada fue recibido a palos, pero luego se ha asentado en la lomita. En la campaña lleva 4.80 de efectividad, un salvado, dos holds y 15 pasados por los strikes.

Humberto Castellanos, lesionado del codo, sigue sin regresar para los Diamondbacks de Arizona. Los números del derecho jalisciense: 3-2, 5.68 de limpias y 32 ponches.

Luis Cessa pasó a formar parte del extenso club de lanzadores mexicanos de MLB en la lista de lesionados, con estrés en todo su flanco izquierdo. Es un año en que no las ha tenido todas consigo; el veracruzano lleva 3-1, 5 holds, 25 ponches y 6.68 de PCL.

Alejo López no regresó en julio a las Mayores El capitalino de los Rojos batea para .246, con una carrera producida y dos robos de base. Sólo dos de sus 15 hits han sido extrabases.

Sergio Romo había conseguido chamba con los Azulejos de Toronto, pero no duró ni el mes entero de julio con ellos. Sus números: 0-1, 7.50 de carreras limpias, 4 holds y 14 ponches.

Jonathan Aranda se tomó otro traguito de café con las Rayas de Tampa. El joven tijuanense ha cumplido al bat: .375, una anotada y dos producidas, en sólo 8 turnos.

Jesús Cruz. El potosino ha lanzado para los Bravos de Atlanta 8 entradas y 2/3, con PCL de 6.23. Se pasó el mes en AAA.

Daniel Duarte está en la lista de lesionados por 60 días: 10.13 de PCL, 2 chocolates, sin decisión.

Óliver Pérez dejó marca de 1-1 y un penoso 15.75 de carreras limpias en GL.

Brennan Bernardino, lanzador californiano que tuvo importante papel en la consecución del boleto olímpico de México en el Big-12 de 2019, por fin pudo debutar en Grandes Ligas. Lo hizo a los 30 años, y con los Marineros de Seattle. Apenas sacó un out en un juego de extrainnings, luego le pegaron un hit, entró la carrera (sucia, porque el corredor que se coloca en segunda no cuenta para los números del pitcher) y perdió el juego. Al otro día lo regresaron a ligas menores. Triste historia.

Y para terminar la lista, los Nacionales llamaron, entrando agosto, al primera base y jardinero sinaloense Joey Meneses para que se integre al equipo grande. 

jueves, julio 14, 2022

Luis Echeverría (una visión no simplista)

 

Ahora que ha muerto, demasiado viejo, Luis Echeverría, se han sumado conjuros que pintan al personaje y a su gobierno de un solo color, de una manera simplista y, sobre todo, sin ver el contexto de los tiempos. Ese mismo simplismo es el que pretende acomunar el gobierno de Echeverría con el de López Obrador.

Luis Echeverría llegó al poder tras décadas de priismo duro, de unanimidad forzada, cerrado a la crítica y represor. En esa cultura se formó. Pero llegó tras el movimiento del 68, que había evidenciado el descontento de las clases medias con la falta de democracia y con la generación, cada vez más notoria, de movimientos sociales populares. Era un contexto en el que era difícil continuar con la misma línea.

La respuesta política fue una “apertura democrática” que en realidad fue sólo un permiso para expresar de manera cortés y pacífica las disidencias y apenas dejaba un respiradero a la olla de presión. Esas disidencias políticas, sindicales, populares e intelectuales pudieron crecer y desarrollarse durante su sexenio. El termino mismo “apertura democrática” implicaba un reconocimiento de que México no vivía en democracia.

Junto con ese mínimo necesario para que la gobernabilidad no se le desbordara, el gobierno de Echeverría fue represivo hasta donde pudo. Particularmente negativo es el saldo que dejó la guerra sucia contra quienes optaron por la vía armada para transformar la sociedad: tortura, asesinatos, detenciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, de las que también fueron víctimas personas inocentes. Las corporaciones de seguridad política se convirtieron en una suerte de Estado dentro del Estado, con un poder enorme. Ese baldón persiguió a Echeverría por décadas y, es el consenso hoy en día, marcará su paso por la historia.

Una política de tan limitada apertura difícilmente hubiera sobrevivido como sobrevivió sin una economía pujante. Y eso no era tan sencillo cuando el periodo de desarrollo estabilizador entró en crisis precisamente durante el sexenio de Echeverría.       

Recordemos que el modelo de desarrollo estabilizador era, esencialmente, una política de sustitución de importaciones con tipo de cambio fijo. 

Las importaciones que se sustituían eran los bienes de consumo. Se ponían barreras a la importación de autos, televisores, lavadoras, ropa, para que se produjeran internamente. En la mayor parte de los casos, los productos nacionales eran caros y malos —de ahí que mucha gente quisiera conseguirlos de fayuca—, pero el proceso generaba empleo y demanda interna.

Al mismo tiempo, durante el desarrollo estabilizador se fijaron los precios de garantía para los productos agrícolas, lo que provocó dos fenómenos paralelos: la descapitalización del campo y el éxodo masivo hacia las ciudades. Esto significó a su vez una sobreoferta de mano de obra que mantuvo bajos los salarios (pero, como los alimentos no subían de precio por el control al campo, los salarios reales no disminuyeron).

El esquema significaba altas tasas de crecimiento, un aumento en la brecha de bienestar entre el campo y la ciudad, inflación y salarios controlados, expansión desordenada de las urbes y tipo de cambio fijo, que garantizaba que las ganancias en dólares de las empresas en México fueran estables. 

Al principio del sexenio de Echeverría, la sustitución de bienes de consumo era casi completa (se tenía que pasar a la fase de sustituir bienes de capital) y la situación del campo era ya insostenible. 

Con Echeverría hubo varios cambios. Uno fue el de los precios de garantía. Los subió para evitar que continuara la sangría en el agro. El resultado fue una mejora en los ingresos campesinos, el encarecimiento de la canasta básica y el principio de una carrera entre precios y salarios, en la que contribuyó también el alza en las tasas de interés (existía un sistema bancario que todavía no integraba a bancos con sociedades financieras y aseguradoras).   

Al mismo tiempo, en ese sexenio se llevó a cabo una política expansiva del gasto público. Por un lado, grandes obras de infraestructura; por otro, aumentos sustanciales en el gasto social: salud, vivienda, servicios urbanos, irrigación, educación, que sentaron las bases para un desarrollo posterior. También hubo creación de empresas públicas. Casi todas tenían malos números. Casi todas, también, subsidiaban al sector privado con precios castigados.

Ese creciente gasto público no fue financiado de manera sólida. Hubo resistencias exitosas para que no se llevara a cabo una reforma fiscal para incrementar impuestos e ingresos públicos. El sistema bancario, que estaba departamentalizado, tuvo problemas de liquidez: los depósitos eran cada vez más a corto plazo y los créditos, cada vez más a largo plazo. Eso sólo se podía resolver creando la entonces llamada “banca múltiple”, pero fue hasta finales del sexenio y ya con el agua en los aparejos. El resultado fue un creciente endeudamiento, y las finanzas resultarían el flanco más débil de la política económica. Aunado a ello, el aferrarse al mito del tipo de cambio fijo mantuvo presionado al peso y, en ese contexto, una sangría interesada de capitales que salieron del país desembocó en la traumática devaluación de 1976.

La economía, durante el gobierno de Echeverría, creció al 6 por ciento anual (hoy inimaginable). Aumentaron los ingresos del campo y los salarios reales (pero el salario mínimo de la época, el más alto de la historia, era una simulación: muchos trabajadores ganaban menos que eso). El suyo es el último sexenio en el que cada año hubo crecimiento real y mejoría en la distribución del ingreso. 

Sin embargo, se habla -y en estos días la frasecita se repite- de “la docena trágica”, refiriéndose a la economía en los sexenios de Echeverría y López Portillo.

La idea de la “docena trágica” viene del enojo empresarial con Echeverría por tres razones. La primera: el crecimiento del sector público, sin importar que les subsidiara: significaba dejar partes de la economía fuera del alcance de la iniciativa privada. La segunda: la retórica tercermundista del presidente Echeverría, que buscaba —en las palabras mucho más que en los hechos— cierta sana distancia respecto a Estados Unidos. La tercera: que el gobierno haya sido incapaz de garantizar la seguridad a los grandes empresarios en tiempos de guerrilla.

La resistencia al gasto público y al pleno empleo es ideológica: ambos le quitan poder a los grandes empresarios. En el caso, del que ahora escuchamos ecos cuando vemos, repetida, la queja de que con Echeverría se cooptó a la clase media poniéndola a trabajar “improductivamente” en el sector público, como si sólo el sector privado lo fuera, como si ser profesores, doctores o especialistas en petróleo fuera improductivo. O como si las burocracias, aun ellas, no acumularan experiencia sistematizada en la gestión de la cosa pública.

Resulta por lo menos sintomático, al ver las reacciones de hoy, que los empresarios y la derecha panista (que no era todo el PAN) hayan ganado esa batalla ideológica, que está -incluso- sembrada en la mente de un presidente que se dice de izquierda.

Y la resistencia al tercermundismo era, en realidad, a la postura oficial de no-alineación en épocas de la guerra fría. El de Echeverría no era elogio de la pobreza, sino un intento por hacerse de espacios de maniobra ante su socio, vecino y aliado del norte. En esa lógica se inscriben la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, que propuso, o su idea de un banco mundial de alimentos. 

Como puede verse, un balance de claroscuros, no el desastre absoluto. Pero todo, hay que subrayarlo, en un entorno diferente: país cerrado y apenas en vías de industrialización, economía mundial pujante, política internacional todavía en el contexto de la Guerra Fría.

Eran, además, tiempos del presidente-tlatoani, en el que su palabra era ley; tiempos en los que imaginar una elección organizada por los ciudadanos, una Comisión Nacional de Derechos Humanos u organizaciones participativas de la sociedad civil era un sueño guajiro; tiempos de una asfixiante propaganda gubernamental en todos lados. Hasta las piedras de los montes estaban pintadas para que dijeran: LEA.

Es cierto que Andrés Manuel López Obrador ve con nostalgia el México de aquellos tiempos, el de su adolescencia y juventud, pero sólo se parece a Echeverría en su gusto por la demagogia y la propaganda, en el estilo personalista, en la retórica nacionalista y en el deseo de ser tan poderoso como los tlatoanis del priismo clásico. 

Subrayo la diferencia fundamental. Echeverría era un insider, un hombre hecho totalmente al sistema institucional; AMLO se presenta como outsider, aunque haya vivido siempre de la política: lo de él es desmantelar la armazón institucional. Eso se traduce en que Echeverría creaba instituciones (el Conacyt y el Infonavit, por dar dos ejemplos; Fonacot y Profeco, por dar otros dos), mientras que AMLO tiende a destruirlas. Echeverría creaba burocracia, servidores públicos; AMLO quiere que sean menos, e improvisados. Echeverría quería Estado interventor; AMLO quiere Estado clientelar. Y, claro, mientras al primero las elecciones lo tenían sin cuidado, al segundo lo obsesionan.


viernes, julio 08, 2022

Es hora del viraje (2010 y 2022)

 En 2010, escribí un artículo sobre la fallida estrategia de seguridad de Felipe Calderón. En 2022, uno sobre la fallida estrategia de seguridad de Andrés Manuel López Obrador. Comparten título. Helos aquí:



Es hora del viraje (2022)

El título “Es hora del viraje” corresponde a una columna que escribí en marzo de 2010, refiriéndome a la política del gobierno de Felipe Calderón contra el crimen organizado.

En aquella ocasión señalé, luego de que fueran acribillados 16 preparatorianos en Ciudad Juárez, asesinados dos estudiantes de excelencia del Tec de Monterrey y muertos a balazos diez jovencitos en Durango, que Calderón había advertido que su guerra contra el narcotráfico costaría sangre, pero que dudosamente se habría imaginado que habría tanta sangre inocente.

En esas fechas, Calderón se defendió de las críticas diciendo que una de las opciones, negociar con los cárteles, era inaceptable y la otra, de dudoso éxito, complicada ejecución y sujeta a las presiones de Estados Unidos, era liberalizar el consumo de drogas. Las descartó y concluyó a la manera de los muralistas: “no hay más ruta que la nuestra”.

Subrayé entonces que “la estrategia de Calderón pone énfasis en el músculo, no en el cerebro. Al estilo americano, las inversiones más importantes son en tropa, armamentos y tecnología. Lucha dura y directa. Pocos son los recursos en la investigación, y más que insuficientes los esfuerzos por romper la cadena del narcotráfico por donde verdaderamente duele, que son las finanzas”.

En aquel artículo pedí un viraje en la estrategia, cambiar prioridades, “y, necesariamente, terminar con la impunidad con la que se manejan algunos panistas en el norte del país”.

Obviamente, fue arar en el mar. Como también sucederá con esta columna.

Tras el asesinato de los misioneros jesuitas en Chihuahua, han crecido las críticas a la estrategia de López Obrador respecto al crimen organizado. En contraste con la de Calderón, AMLO ha optado por “abrazos, no balazos”, lo que se ha traducido en la práctica, en una política de dejar hacer y dejar pasar.

Esa política no ha servido para disminuir la violencia. Mucho menos la impunidad que impera en el país. Ha generado que aumente el vacío del Estado en varias zonas. Y esa ausencia ha envalentonado a los criminales, que pueden aterrorizar regiones enteras aun con una orden de aprehensión en su contra, que se pavonean en los pueblos y presumen su poder y prepotencia, que no respetan ni los templos ni a los sacerdotes.

Se trata de un abandono. Y ese abandono se adereza con el discurso fatuo de que, en la medida en que las ayudas sociales se desparramen, habrá menos incentivos para incorporarse a las filas del crimen organizado.

Pero hay dos peros. Uno es que esa estrategia, si funcionara, tomaría una generación y, en el interín, para entonces el poder de las bandas sería totalmente abrumador. El otro es que la lógica asistencialista tiene la característica de desmovilizar a las comunidades, de volver a sus miembros individualistas e indiferentes.

El crimen organizado tiene a su favor, en primer lugar, cantidades groseras de dinero, con las cuales las bandas se han hecho de un arsenal temible y tienden redes de corrupción en todos los niveles de gobierno. En segundo, una envidiable capacidad organizativa, con redes semiindependientes y flexibles (y en ellas contratan profesionales de la química, la contabilidad, el derecho, la administración, etcétera). Y en tercero, que se mueven en un ambiente social de creciente resignación a su poder y a su prepotencia.

A cada una de estas fortalezas corresponden una debilidad de las instituciones: menos recursos (y, por lo tanto, posibilidad de ser corruptibles), organización vertical y rígida (y, por lo tanto, menor capacidad de maniobra), problemas de credibilidad acerca del éxito de su estrategia.

A cambio, no existe un cártel de cárteles, el hecho de estar fuera de la ley complica su logística, y no tienen estrategia de largo plazo. Estas debilidades de los criminales son, a su vez, fortalezas del Estado, que deberían ser aprovechadas, sobre todo golpeando sus finanzas, al tiempo que se cortan los brazos más débiles de la hidra, dejando de lado la impunidad.

Pero no. La Unidad de Inteligencia Financiera está ocupada en otras cosas, normalmente relacionadas con la política. También allí ha habido un abandono.

En una actitud espejo respecto a la de Calderón hace doce años, el presidente López Obrador considera que sólo hay dos opciones: la suya o la del enfrentamiento a sangre y fuego. Nada en medio, nada diferente. No hay más ruta que la de él. Lo mismo que el panista. En eso vaya que son iguales.  

López Obrador no acepta las preguntas. Y, como Calderón, mucho menos acepta las críticas, por más claras que sean. Quien se atreva a decir que va mal, está apergollado con la oligarquía. Es un eterno soliloquio, con aplausos y vítores de su comunidad de la Fe.

Hace dos sexenios terminaba mi artículo con la siguiente frase: “A la buena suerte no hay que patearla, señor Presidente. Es hora de iniciar el viraje”. Podría volver a intentarlo, pero ya aprendí, por experiencia, que desde las alturas del ego la señal no llega, y no se escucha más que al eco.


Es hora del viraje (2010)

En las últimas semanas, las circunstancias están dando un giro que ha erosionado la estrategia del gobierno contra el crimen organizado.

Durante varios años, los caídos de esta peculiar guerra habían sido –de acuerdo con los partes oficiales- casi exclusivamente sicarios, con algunas sensibles bajas entre las fuerzas del orden y muy contados fallecimientos del lado de los civiles (una niña caída en fuego cruzado, algún menor asesinado en el velorio de un narco, los desafortunados viandantes del día del Grito en Morelia). En pocas semanas, son acribillados 16 preparatorianos en Ciudad Juárez, mueren dos estudiantes de excelencia en Monterrey y –al parecer también desligados del narco- caen diez jovencitos en Durango. Son muchos jóvenes inocentes en muy pocos días.

Cuando el presidente Calderón advirtió –no hay engaño- que su estrategia de lucha contra el crimen organizado costaría sangre, sabía, necesariamente, que una parte de esta sangre sería inocente. Dudo que se haya imaginado que fuera tanta… y que se generarían tantas bajas en los ámbitos policiaco y castrense. Dudo, asimismo, que se imaginara que, a estas alturas del sexenio, no sólo algunas plazas importantes seguirían en disputa entre el Estado y los cárteles, sino que el consumo interno de drogas ilícitas creciera al punto de convertir el mercado nacional en botín preciado.

Un poco abrumado por la situación, y molesto por las críticas, el Presidente ha retado a que se presenten opciones de combate al crimen organizado mejores que la suya. Al respecto, las ha resumido en dos: una, inaceptable, es negociar con los cárteles; la otra, de dudoso éxito, complicada ejecución y sujeta a las presiones de Estados Unidos, es liberalizar el consumo. Las descartó y concluyó a la manera de los muralistas: “no hay más ruta que la nuestra”.

Los problemas de esa ruta, que estamos recorriendo, están cada vez más a la vista. Por una parte, la capacidad corruptora de los criminales ha penetrado, todavía más que antes, varias instituciones policíacas. Por la otra, la utilización del Ejército en tareas que no le son propias está mostrando sus limitaciones. Las fuerzas armadas, en todos los países, están entrenadas para una situación de guerra, y su contacto con la población civil no siempre es terso. Suelen pecar más por exceso que por defecto. No se le pueden pedir peras al olmo. Pero por eso mismo, no se puede suponer una intervención militar permanente (sin fecha de repliegue o retiro).

De que son necesarios en la actual circunstancia, no cabe duda. De que también se requiere la unificación de cuerpos de policía para un mejor control, tampoco. Pero el asunto no está allí, sino en los énfasis. La estrategia de Calderón pone énfasis en el músculo, no en el cerebro.

Al estilo americano, las inversiones más importantes son en tropa, armamentos y tecnología. Lucha dura y directa. Pocos son los recursos en la investigación y, más que insuficientes, los esfuerzos por romper la cadena del narcotráfico por donde verdaderamente duele, que son las finanzas.

Si se hubiera gastado la quinta parte del presupuesto destinado al combate al crimen organizado a grupos selectos de inteligencia –que, hay que admitirlo, partirían casi desde cero-, dedicados a desenmarañar las imbricadas redes de lavado, se habría avanzado mucho más en debilitar los cárteles. Desde Zhenli Ye Gon (que fue casualidad y en el sexenio pasado), no ha habido un solo caso importante. Es más fácil –y viste más ante la opinión pública facilona- detener un lugarteniente al mes (perfectamente reemplazable, por lo que hemos visto) que desarticular una red de lavado y tal vez pegarle a unos señores de cuello blanco, con hijos en escuela particular y membresía del club. Pero es menos efectivo. Ellos son los principales cómplices del ataque al Estado, y el Estado ha preferido mantenerse sin los instrumentos necesarios para desarmarlos.

Y es que, recordemos, el narcotráfico no nace de la mala moral o el corazón perverso de algunos “malosos”, sino de oportunidades concretas de grandes negocios a la sombra de la ilegalidad. Es, en primer lugar, un asunto económico: oferta, demanda y jugosas ganancias.

En este sentido, resulta patética por partida doble la aseveración de que no tiene sentido discutir la despenalización en el consumo mientras que no la haya en Estados Unidos. En primer lugar, porque –y esto lo sabe el Presidente- a través de legislaciones locales, varios estados de la Unión Americana le están dando la vuelta a la prohibición. O sea que allá sí se está discutiendo. En segundo, porque –con toda lógica de mercado- las drogas se liberalizarán allá cuando los productores internos sean capaces de surtir la mayor parte del mercado. De tontos (de “irracionales económicos”, diría el teórico) liberalizan nada más para importar, y para hacerle el negocio a los productores de otro país. De tontos (o más bien, de dependientes) esperamos nosotros a que ellos finquen las condiciones de mercado. Empezarán con la mariguana (gracias a la creciente producción hidropónica de cannabis con alto potencial tóxico).

La estrategia gubernamental de combate al narcotráfico requiere de cambios. No pueden ser una vuelta total de timón, pero sí una reasignación de prioridades. También, una apertura a la discusión de temas que –en el ámbito de violencia que se vive en algunas zonas del país- no pueden ya ser tabú. Y, necesariamente, terminar con la impunidad con la que se manejan algunos panistas en el norte del país. Casos como los del alcalde de San Pedro Garza García –que paga, muy orondo, a narcos como informantes- y del presidente de la cámara de diputados de Baja California –que es capturado con droga, difama al Presidente y sigue tan campante, mientras se obliga a presentar la renuncia a sus captores- no hacen sino echar sal a la herida social.

 En el caso de los estudiantes muertos, Calderón y su partido han corrido con suerte, porque el Tec hizo buena parte de la tarea de control de daños que correspondía al gobierno (recogió el tiradero, en más de un sentido). Si los fallecidos hubieran sido de alguna universidad pública –y se hubieran podido zafar del sambenito de “sicarios”-, seguro que no se la acaban.

 A la buena suerte no hay que patearla, señor Presidente. Es hora de iniciar el viraje.

viernes, julio 01, 2022

Nace una estrella (y, de pilón, Manny Bañuelos regresa a Ítaca)

 

Mexicanos en GL.  Junio de 2022

 

Si hay meses en los que no abundan las noticias respecto a los peloteros mexicanos en Grandes Ligas, en junio de 2022 las hubo a raudales. Originalmente había pensado titular esta entrega solamente “Manny Bañuelos regresa a Ítaca”, por el periplo del lanzador duranguense para debutar con los Yanquis, pero esa historia no tuvo el desenlace ideal. En el ínterin, y es lo más relevante del mes, Alejandro Kirk tomó más vuelo, con buenas actuaciones como receptor, grandes números al bat y una enorme y creciente popularidad: va derechito a ser el primer receptor mexicanos en un Juego de Estrellas de las Ligas Mayores. Por si eso fuera poco, tuvimos la explosión de poder de Isaac Paredes, la consistencia de Julio Urías, el despertar de Verdugo con el madero, lesiones, un sin hit que llegó hasta la séptima entrada, debut, cambio de equipo…

 

Aquí el balance del contingente nacional en el mes, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en toda la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel).

 

Julio Urías tuvo cinco aperturas en junio, todas buenas, aunque sólo tres califican como de calidad, por haber superado las 6 entradas lanzadas. Sólo en las dos últimas tuvo buen apoyo ofensivo. El culichi de los Dodgers ganó 3 juegos y perdió uno (una salida de calidad en donde ponchó a diez rivales y recibió dos carreras). Su marca de ganados y perdidos en el año pasó a un todavía engañoso 6-6, mejoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 2.64 por cada 9 entradas lanzadas (el 12° mejor en Grandes Ligas) y ha recetado 76 ponches.

 

Alejandro Kirk se ha convertido en un ídolo popular, y no sólo en el Canadá de los Azulejos de Toronto, sino en todo el mundo del beisbol. De estatura promedio (es decir, bajito para ser pelotero profesional), con varios kilos de más (pero hay que ver sus brazos y piernas para saber que muchos son de músculo), y con una sonrisa y una actitud que llaman la atención, arrasó en la primera vuelta de las votaciones para su posición en el Juego de Estrellas. Los números del tijuanense lo avalan. En defensa, es bueno para el framing (la posibilidad de engañar al umpire en las bolas que vienen en el límite de la zona de strike) y todavía mejor para atrapar corredores en intento de robo (su marca supera, por ejemplo, a la del Machete Maldonado). Y su bat ha sido extraordinario. En junio bateó para .341, con 7 cuadrangulares y 18 carreras producidas. En el año, .319, 10 jonrones, 31 producidas, 39 anotadas y OPS de .925 (no sólo batea, es un mago recibiendo bases por bolas). Kirk es 9° en OPS y en promedio de bateo en las Mayores, 4° en OBP (porcentaje de embasamiento) y es también el 4° con menor porcentaje de ponches en sus turnos al bat. Nace una estrella. No parece que sea fugaz.

 

Giovanny Gallegos perdió, en los hechos, su puesto de cerrador de los Cardenales de San Luis a manos de Ryan Heisley, pero en junio lo hizo al menos tan bien como él. En el mes el sonorense se agenció 2 victorias, un rescate y 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate), con un minúsculo PCL de 1.59. Eso mejora sus numeritos del año a 2-2, 3.00 de efectividad, 9 juegos salvados, 5 holds, 4 rescates desperdiciados y 37 chocolates.

Alex Verdugo finalmente encontró su mojo. Tenían razón los analistas que pronosticaban un repunte, porque la suerte tiende a emparejarse con el paso de los turnos al bat. En junio estuvo encendido, con .337 de porcentaje, 3 jonrones y 19 producidas. Sus números de la campaña dieron un vuelco, ahora batea para .266, 6 cuadrangulares y 43 producidas. Su OPS estaba debajo de .600 al terminar mayo, y ahora es un decente .707. Está atrasito de Kirk, como el 5° pelotero titular con menor tendencia a poncharse en las Mayores.

Randy Arozarena demuestra que, aun cuando la majagua no esté funcionando a la perfección, el pelotero tiene otras alternativas para brillar. Junio fue mal mes al bat para él: bateó para .240 con 3 jonrones y 13 impulsadas, pero a cambio se puso a robar bases con singular alegría: se estafó 10. En el año lleva .253, con 7 vuelacercas, 37 producidas, .705 de OPS y 17 colchonetas robadas, que lo colocan en el 5° lugar de las Mayores en esa categoría.

Isaac Paredes finalmente explotó. El infielder de Hermosillo, y de las Rayas de Tampa, se adueñó de la titularidad de la segunda base gracias a su bat. Su fama de ligas menores era de bateador de contacto con poder ocasional, y en MLB ha sido lo contrario. La clave, dicen los que saben, está en los ángulos con los que está bateando: tiende a conectar líneas y ahora jala mucho más la pelota. Pegó 3 jonrones en un solo partido y 7 en los últimos 8 encuentros del mes. En junio: .271 de porcentaje, 8 jonrones y 14 producidas. En lo que va de temporada: .243, 11 palos de vuelta entera y 22 carreras impulsadas, con un muy buen OPS de .902. Pero hay dos estadísticas que son todavía más interesantes. En ISO (Poder aislado, mide la diferencia entre slugging y porcentaje), sólo Mike Trout supera a Paredes entre los bateadores con más de cien turnos al bat. Y en turnos al bat por jonrón, el mexicano terminó el mes empatado ni más ni menos que con Aaron Judge.

Luis González seguía bateando con buen contacto, y contribuyendo a la ofensiva de los Gigantes de San Francisco, cuando un malestar en la espalda mandó al novato hermosillense a la lista de lesionados. En el mes le alcanzó para robar cuatro bases, pegar un jonrón y producir 5 carreras. En la temporada: .302 de promedio, 3 cuadrangulares, 24 producidas, 7 robos y .808 de OPS. La candidatura a Novato del Año de la Liga Nacional dependerá de cuándo regrese, y cómo.

Andrés Muñoz estuvo en junio tal y como lo decían quienes lo consideran un enorme prospecto: impresionante. El mochiteco de los Marineros le dio la vuelta a dos meses de irregularidad y lanzó en junio para 2.03 de carreras limpias, pero lo subrayable es que ponchó a 20 rivales en 13 entradas de labor y se le embasó menos de un bateador por inning. En lo que va de campaña: 1-3, 7 holds, un juego salvado, 42 ponches y 3.77 de PCL.

José Urquidy tuvo cinco aperturas en junio. Cuatro de ellas fueron de calidad y una fue pésima. Ganó 2 juegos y perdió uno. Coqueteó con lanzar un juego sin hit contra los Yanquis, pero un jonrón de Stanton se lo cortó en la séptima entrada (y terminó sin decisión porque el bullpen le tiró el juego). Ha mejorado mucho respecto a los primeros meses, sobre todo porque está recibiendo menos imparables. En el año tiene 6-3, una efectividad de 4.06 y 55 ponches. Bajó su WHIP (pasaportes y hits admitidos por entrada) a 1.37, que es menos malo del que tenía hace un mes.

Luis Urías, de los Cerveceros, se apagó en el plato durante buena parte del mes de junio, para volver a encenderse en la última semana. Con el guante ha estado extraordinario. El tercera base de Magdalena de Kino bateaba al terminar junio para .217 de porcentaje, 8 vuelacercas, 24 producidas, 25 anotadas y .687 de OPS. Estrenó julio conectando su cuadrangular número 9.

Manny Bañuelos iba a ser la gran historia del mes. El duranguense fue firmado por los Yanquis de Nueva York en el lejano 2008. Para el año siguiente, ya había participado en el juego de Estrellas del Futuro. Era un gran prospecto. “El mejor que he visto en mi vida”, declaró Mariano Rivera. Pero vinieron las lesiones, la cirugía Tommy John en los ligamentos del codo, los intentos por alcanzar las Mayores, hasta que Yanquis lo soltó. Llegó a jugar un tiempo breve con Atlanta, se volvió a lesionar, luego pasó por sucursales de otros equipos ligamayoristas, llegó a pichar con los Medias Blancas y aceptó 9 carreras en una sola entrada. De nuevo a menores, en varios equipos, al beisbol de Taiwán y a las ligas de México. Y 14 años después, los Yanquis lo llaman para el primer equipo. Es Ulises volviendo a Ítaca, tras una odisea que duró más de una década, en la que pasó por varias islas. Con los neoyorquinos lanzó bastante bien: 8 1/3 entradas, con 2.16 de PCL y un juego salvado en relevo largo. Pero a fin de mes, lo mandan a “asignación” (es decir, lo dejan en el limbo), probablemente pensando en utilizarlo como moneda de cambio para el róster. Como quien dice, Penélope prefirió a sus pretendientes y dejó al agotado Ulises colgado de la brocha.

Ramón Urías cayó a la lista de lesionados por un tirón en la corva. Se espera que el campocorto de los Orioles esté de regreso para julio. Alcanzó todavía a pegar 2 jonrones en 18 turnos al bat durante junio. En el año lleva .225 de porcentaje, 6 cuadrangulares, 18 producidas y OPS de .660.

Víctor Arano también terminó lesionado el mes, con un problema en el hombre, que se detectó cuando estaba lanzando para los Nacionales de Washington. Tiene, en la temporada, un pedestre 5.01 de efectividad, un juego salvado, 4 holds y 25 sopitas de pichón recetadas.

Humberto Castellanos, lesionado del codo, estará por lo menos otro mes fuera de acción. Los números del derecho de Tepatitlán que juega para Arizona: 3-2, 5.68 de limpias y 32 ponches.

Luis Cessa no ha podido enderezar el rumbo. El veracruzano es parte del desastre de pitcheo de Cincinnati. En el mes ganó un juego y tuvo dos holds, pero a cambio tiró un salvamento y su efectividad fue de 6.30. En 2022 lleva 3-1, 5 holds, 19 ponches y 5.97 de PCL. Lo increíble es que esa efectividad es, más o menos, la de todo el staff de pitcheo de los Rojos.

Alejo López finalmente no se asentó con los Rojos de Cincinnati y volvió a la puerta giratoria entre las Mayores y AAA. El capitalino batea para .246, con una carrera producida y dos robos de base. Sólo dos de sus 15 hits han sido extrabases.

Sergio Romo se vino para abajo en el relevo intermedio de los Marineros de Seattle. Tanto, que le dieron las gracias y lo soltaron. Pero los Azulejos de Toronto le dieron otra oportunidad al experimentado Mechón, quien debutó con ellos con el mes de julio. Su horrendo junio pone sus números en 8.16 de efectividad (es un decir), 4 holds y 11 ponches.

Jesús Cruz volvió, dos años después, a las Ligas Mayores. El derecho potosino había jugado un partido para los Cardenales en 2020. Ahora son los Bravos de Atlanta los que le dan la oportunidad. Ha lanzado 8 entradas y 2/3, con PCL de 6.23

Jonathan Aranda, infielder tijuanense de 24 años, debutó en las Mayores, con las Rayas de Tampa. En su primer turno al bat, pegó de hit y produjo carrera. Luego, como emergente, fue parte de un rally que culminó con un hit productor de Paredes que dejó a los rivales en el terreno. Pero sólo probó un buchito de café en Grandes Ligas. Bateó dos hits en tres turnos y lo regresaron a AAA.

Daniel Duarte está en la lista de lesionados por 60 días: 10.13 de PCL, 2 chocolates, sin decisión.

Óliver Pérez dejó marca de 1-1 y un penoso 15.75 de carreras limpias en GL. Ahora lanza polilla y strikes en la Liga Mexicana.

  

jueves, junio 23, 2022

(E)Lecciones colombianas

 

Soy de los que creen que toda elección trae lecciones de política, aunque sean en otro lado. Y de quienes piensan que todo resultado electoral es barómetro de estados de ánimo colectivos, que suelen ir más allá de las fronteras estatales o nacionales. Por eso vale la pena dar una vuelta con lo sucedido en Colombia, que ha elegido a su primer presidente declaradamente de izquierda, Gustavo Petro.

Lo primero a hacer notar es que, en la primera vuelta de esa elección, el candidato que quedó eliminado fue Federico Fico Gutiérrez, quien competía por la coalición de partidos liberales y de derecha que habían dominado por décadas, a veces alternándose entre ellos, la política colombiana. Una coalición similar había derrotado a Petro en 2018, y derivó en la presidencia de Iván Duque. Desde hace al menos diez años, el personaje político hegemónico de los grupos políticos tradicionales ha sido el expresidente conservador Álvaro Uribe. Por eso en Colombia se habla del uribismo como una corriente en sí.

Las características principales del uribismo son la búsqueda del orden y la seguridad, la concepción de Colombia como “una democracia profunda” (es decir, completa) y la negación de que exista cualquier oposición entre la población en general y las elites. En otras palabras, la defensa de las estructuras económicas y sociales vigentes.

En 2022 se esperaba que la alianza de los partidos tradicionales terminaría por disputar a Petro, en segunda vuelta, la presidencia. Pero Fico Gutiérrez se fue sorprendentemente al tercer lugar, con poco más del 22% de los votos. Sucedió que un personaje que se había movido en la periferia de la política, el empresario de la construcción y exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, se llevó la mayor parte del voto conservador.

El caso de Hernández es peculiar, porque se trata de un político claramente populista. Entregó, por ejemplo, su salario como alcalde a los estudiantes destacados de su localidad. Centró su campaña en un ataque directo a la clase política tradicional, donde “sinvergüenzas” era la palabra más ligerita. Se destacó en la agresión verbal hacia sus rivales. Desarrolló su campaña fundamentalmente a través de las redes sociales (“candidato TikTok”) y su lema fundamental se lo copió directamente a un político que él admira: “No mentir. No robar. No traicionar”. Propuso hacer un montón de cosas con un gobierno austero, pero en general la política económica que proponía era de amplias facultades para el mercado. Además de AMLO, admira al salvadoreño Bukele.

Resulta por lo menos interesante que Hernández haya derrotado a Fico en la primera vuelta. Es una revelación del hartazgo de la mayoría de la población hacia la clase política tradicional, que no fue capaz de ofrecer algo diferente a su gastado discurso de orden, seguridad, inversión y desarrollo. No le importó que Hernández hubiera dejado una estela de escándalos en su paso por la alcaldía (eso sí, redujo el déficit) o que sus planes fueran contradictorios. Simplemente era alguien peleado con los de siempre. Con los que no distinguen que haya distancia entre las elites y el ciudadano común y prometen más de lo mismo.

Más revelador, todavía, resultó que Uribe y el uribismo hubieran preferido apoyar a Hernández que a Petro en la segunda vuelta. Prefirieron al candidato que les decía “ladrones” que al que apelaba a que el pueblo llano se divorciara electoralmente de las elites. Lo hicieron, porque sabían que Hernández no haría cambios económicos en lo fundamental (y aquí no importa si Petro es un reformista o un radical, porque todo lo que huela a izquierda es “subversivo” y tampoco importa que Hernández sea un tipo de ocurrencias, sin programa; al fin y al cabo, es empresario exitoso).

Esto nos lleva a otro asunto: la gran capacidad del pensamiento conservador para meter a toda la izquierda en el mismo plato. Para ellos Lula, Mújica, Hugo Chávez, Boric y la Concertación, Díaz Canel, Ortega, Arce son todos lo mismo. Esa incapacidad de ver diferencias y hacer de todos un mazacote es otra manera de no querer enfrentarse a la realidad.

Es posible que Petro le falle a los colombianos, y también que intente aderezar un mal gobierno con políticas erráticas. O que le gane el ego. Pero es improbable que termine hermanado con los peores del grupo. Ha hablado de “la política de la muerte” de Maduro y ha pedido que en Cuba haya “diálogo social”. El caso es que la otra opción en la segunda vuelta era un personaje en verdad peligroso. Y los colombianos eligieron votar entre esos dos riesgos, ninguno de ellos comprometido a fondo con la democracia, porque los encontraron preferibles a “los de siempre”. Eso dice mucho.

El que aquellos hayan sido preferibles demuestra otra cosa: la democracia colombiana no era tan “profunda” como decían los uribistas, por bien que funcione institucionalmente. Y “los de siempre” van a tener que cuidarla mucho, esta vez, desde la oposición, sin el poder y -esperemos- sin la prepotencia y con la sociedad civil.

jueves, junio 09, 2022

AMLO y neoliberalismo; a confesión de parte...

El presidente López Obrador, con esa habilidad suya de decir las cosas como las va pensando, afirmó que “si el modelo neoliberal se aplicara sin corrupción, no sería del todo malo”. Luego se siguió derecho y sin frenar: “Se puede tratar del modelo económico más perfecto, pero con el agravante de la corrupción no sirve nada”.

A confesión de parte, relevo de pruebas, diría el jurista. Pero como hay bastante tela que cortar, abundemos.

Si una cosa buena tenía el candidato AMLO en la campaña que lo llevó a la presidencia, era su capacidad de hacer diagnósticos sobre lo que estaba mal en el país. Y se lanzó contra un modelo, el del capitalismo salvaje, que había cobrado preeminencia en México y en el mundo a partir de la crisis fiscal de los Estados, que se detonó a partir de los años setenta y que explotó en nuestro país con la crisis de 1982.

Buena parte del descontento social acumulado en las últimas décadas, que AMLO aprovechó políticamente, nace de que se trató de un modelo económico que no sólo excluyó a las mayorías, cuyo nivel de vida avanzó lentamente, sino también debilitó a las redes públicas de protección -en salud, educación, infraestructura y vivienda- que permitían la movilidad social, la esperanza de un mejor futuro. López Obrador se presentó como esa esperanza.

El debilitamiento de aquellas redes de protección fue sustituido en nuestro país por distintos programas diseñados para paliar la pobreza y reducir los casos extremos. En algunos, como Solidaridad, había participación de las comunidades. En otros, Prospera, Progresa, Cruzada contra el Hambre, se buscaba focalizar la entrega de ayudas en quienes más los necesitaran, de acuerdo con diferentes métodos y definiciones, a veces hechos en campo y otras desde los escritorios. En todos los casos había un ingrediente de clientelismo político. En ninguno, el esbozo de un modelo alternativo de nación.

Y si una cosa no delineó AMLO en aquella campaña electoral, más allá de consignas y retórica, fue una serie de propuestas articuladas que propusieran un cambio de eje, de acuerdo con el diagnóstico. Fue una suma de propósitos puntuales, a menudo contradictorios entre sí.

¿Y qué es lo que hemos tenido con AMLO en el gobierno? Más de lo mismo. Sus preocupaciones centrales en macroeconomía son que no haya deuda, que no haya déficit y que el tipo de cambio frente al dólar sea estable. Nada de buscar una reforma fiscal. En ese rubro, su discurso se parece al de los panistas en los años setenta.

También hemos encontrado que, mientras se desploma la inversión pública y se profundiza el deterioro de la red social de protección, propia de los Estados de Bienestar, los recortes al gasto sirven para alimentar los programas sustitutos, los apoyos directos que palian la pobreza, pero no cambian las condiciones en la que la pobreza se reproduce.

Apenas a los cien días de gobierno, López Obrador decretó que México había “dejado atrás la pesadilla de la época neoliberal”. Lo dijo cuando sólo habían cambiado el equipo de gobierno y la correlación política de fuerzas. La diferencia principal era que él estaba al frente. Y es la que sigue siendo, porque tampoco es que podamos decir que se ha abolido la corrupción, ni mucho menos.

Sepultó el nombre, pero la ortodoxia económica y las otras prácticas siguen bien vivitas.

Tal vez esa falta de diferencias sea lo que explique la frase reciente del Presidente, a la que dotó del conveniente spin del “si se aplicara sin corrupción”.

Hay que decir, en descargo de López Obrador, que utilizó el adjetivo “económico” cuando dijo que el neoliberalismo podía ser el modelo “más perfecto”. Quiero entender que, a su entender, la ventaja es económica, pero no social. Pero eso, a la vez, significa considerar que ambos elementos son independientes entre sí. Que la lógica de “crecer primero, distribuir después”, y hacerlo con el mínimo de controles institucionales, funciona bien en términos de crecimiento. Y eso no es cierto. Como tampoco lo sería el contrario: “distribuir primero, crecer después”.

Producción y distribución van de la mano, suelen determinarse de manera simultánea, y funcionan bien en sociedades que, al tiempo que generan incentivos para la inversión privada, han sido capaces de mantener servicios públicos de cierta calidad y de sostener un acuerdo social que permite una distribución del ingreso menos sesgada y desigual. Es algo que varias naciones han logrado a través, no de revoluciones o reinvenciones del país, sino de reformas consecutivas y progresivas.

Aquí las revoluciones y reinvenciones han sido más de cambio de personajes que de modelos. Lo único novedoso ha sido la desnaturalización de algunas instituciones autónomas y los intentos por tomar el poder en otras, mientras se busca reeditar las formas (que en política son fondo) del priismo más tradicional.

No hay tal giro a la izquierda, más que en la retórica y en algunas acciones internacionales en las que se confunde a regímenes autocráticos peleados con EU con “izquierda”.   

Lo que sí hay es un profundo conservadurismo en muchos renglones. López Obrador ha dicho que “la familia mexicana es la principal institución de seguridad social”. Así, se la ve como sustituto de las instituciones públicas a la hora de cubrir necesidades sociales (pensemos en la desafortunada idea de que sustituya “con prevención” a los hospitales psiquiátricos). El arte de echar agua a los frijoles.

Y claro, si hay divorcios -dice AMLO- son parte de la desintegración social del periodo neoliberal (del que, por lo visto, Venustiano Carranza fue precursor). Porque, se sabe, quienes desintegran a las sociedades y su tejido no son los miembros del crimen organizado (“no pasa nada”).     

miércoles, junio 01, 2022

Zarpa el Capitán Kirk


 

Mexicanos en GL.  Mayo de 2022

En el segundo mes de la temporada de Grandes Ligas, los peloteros mexicanos vivieron una suerte de montaña rusa. Del slump a la racha; de la racha a AAA y de regreso; de la salida de calidad a la feria de palos; de ponchar a todos a tirar un salvamento; de abanicar las tres a pegar cuadrangular. Así es el beisbol. A destacar en el mes, el segundo aire que le dio la nacionalidad mexicana a Randy Arozarena y, sobre todo, que la nave del Capitán Kirk enderezó el rumbo y está disparando cañonazos a lo largo y ancho del diamante.

Aquí el balance del contingente nacional en el mes, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel). En esta ocasión resultó particularmente difícil escoger el orden entre los primeros cuatro.

Julio Urías el año pasado ganó 20 juegos, con una efectividad de 2.96 carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas. En 2022 ha mejorado su PCL, a 2.89, y sin embargo su récord es de 3 ganados y 5 perdidos. La diferencia, claro está, es el apoyo ofensivo recibido. En mayo estuvo ligeramente menos bien que en abril: De sus 6 salidas, 4 fueron de calidad: de esas cuatro, ganó una y perdió las otras tres… y también ganó una en la que sólo llegó hasta el quinto episodio. Su control ha estado de lujo (llegó a lanzar 25 entradas seguidas sin dar pasaporte), pero ahora ha recibido más cuadrangulares que la norma. Su marca en el año: 3-5, 2.89 de efectividad y 42 ponches recetados.

Randy Arozarena bateaba para .203 con un triste OPS de .526, y era la sombra del Novato del Año de 2021, cuando recibió su certificado de naturalización mexicana. A partir de ahí su bate despertó. El jardinero de Tampa, nacido en La Habana, bateó en mayo para .308, con 4 jonrones y 16 producidas. Así le dio la vuelta a un slump que duraba toda la temporada. ¿Beneficios del pasaporte o simplemente se calentó lo que tenía que calentarse? Su único problema con la majagua: su proclividad a poncharse: ha degustado 51 sopitas de pichón. En el año: .250, 4 jonrones, 20 impulsadas, OPS de .711 y 7 robos de base.

Luis González estaba bateando, a mediados de mayo, para .349… y a los Gigantes se les ocurrió mandarlo de regreso a AAA para abrir espacio a un titular que venía de regreso de la lista de lesionados. No duró ni una semana en sucursales y lo volvieron a llamar. Con un fildeo adecuado, pero sobre todo con un bate encendido, el zurdo sonorense se adueñó de la titularidad del jardín derecho (ya no sólo como la parte gruesa del platoon, que va contra pitchers derechos). En el mes bateó para .368, con un jonrón y 13 producidas. Además, ha subido en tres ocasiones a la loma de pitcheo, en juegos ya decididos (fue lanzador en la Universidad de Nuevo México) y sólo le pegaron una vez. En la temporada: .347 de promedio, 2 cuadrangulares, 19 producidas, 3 robos y un excelente .869 de OPS. Como pitcher, 6.23 de ERA. Ya se habla de él en la lista de candidatos a Novato del Año de la Liga Nacional.

Alejandro Kirk, decíamos el mes pasado, fue afectado en su bateo y continuidad por ser el receptor titular de los Azulejos de Toronto. Pero Danny Jansen regresó de la lista de lesionados, se puso detrás del plato, y el tijuanense pasó a ser bateador designado. Ya era una máquina de embasarse (es uno de los pocos peloteros que tiene más bases por bolas que ponches) y fue calentando su bat, que es lo que le faltaba. En el mes de mayo bateó para .362; en la segunda quincena, para .444, y en la última semana, para .615. Una locura. Y con esos porcentajes, ahora ya hay hits a la hora buena, que también escaseaban. En el año, .304, 3 jonrones, 13 producidas y OPS de .814. Veremos qué tan lejos llega la nave del Capitán.  

Luis Urías, de los Cerveceros, debutó en mayo. También volvió de la lista de lesionados. Empezó a tambor batiente y, poco a poco, sus números se han normalizado en un porcentaje no muy alto, pero ha demostrado poder, ojo en el plato (se poncha bastante, pero recibe un montón de bases por bolas) y gran guante. .245 de porcentaje, 5 vuelacercas, 11 producidas, 18 anotadas y .756 de OPS.

Sergio Romo regresó de la lista de lesionados de Seattle. Y se ha parecido al de hace una década, cuando era estrella en San Francisco. El Mechón no ha lanzado mucho, pero lo ha hecho de manera sumamente efectiva. Tiene PCL de 1.13, acumuló rápidamente 3 holds y ha ponchado a 5 rivales.

Giovanny Gallegos, habiendo tenido una campaña buena en general, está a punto de perder su puesto de cerrador de los Cardenales de San Luis a manos del intratable Ryan Heisley. Un par de rescates desperdiciados lo pusieron en el predicamento, y de nada valió que a la siguiente oportunidad ponchara a los cinco enemigos que enfrentó. En el año, 0 ganados y 2 perdidos, 3.86 de efectividad, 8 juegos salvados, 1 hold, 3 rescates desperdiciados y 23 chocolates.

Alex Verdugo, según los analistas, ha sido uno de los bateadores con peor suerte en 2022. Le pega duro y bien a la pelota, se poncha menos que en años anteriores… y sin embargo terminan sacándolo de out. El slump que inició a fines de abril se prolongó hasta mediados de mayo, y el jardinero de los Medias Rojas no termina de salir. La sabermetría, y su capacidad para ser pelotero clutch, produciendo cuando es más necesario, han permitido que siga en la titularidad. Sus números: .227, 3 cuadrangulares, 24 producidas, 16 anotadas y OPS de .598

Ramón Urías está demostrando que su nivel sí es de Grandes Ligas, y que no es solamente el hermano mayor de Luis. El infielder de Baltimore tuvo un buen mes de mayo, con bateo productivo y poder más que ocasional. Subió sus numeritos a .232 (que es el promedio de las mayores), con 4 jonrones, 15 producidas, 18 anotadas y .648 de OPS. Si algún pero hemos de ponerle, es que se poncha en exceso (para ponerlo en contexto: ha sido pasado por los strikes el doble de veces que Verdugo, con menos turnos al bat).

Víctor Arano, como se esperaba, vio bajar su nivel en mayo. El relevista intermedio de los Nacionales de Washington, a cambio, obtuvo su primer salvamento del año y 3 holds. Su PCL es de 3.92 y ha ponchado a 23 bateadores.

José Urquidy ganó dos juegos en mayo y perdió sólo uno. Eso no significa que el mazatleco haya tenido un buen mes. Tuvo dos salidas de calidad, una que iba muy bien, pero se suspendió por lluvia y dos aperturas verdaderamente preocupantes. En cada una de ellas le conectaron la friolera de 12 hits (y curiosamente en una terminó ganando el juego, así es esto del apoyo ofensivo de los Astros) y nunca se vio dominador. En el año tiene 4-2, una mediocre efectividad de 4.80 y 34 estrucaos (así le dicen a los ponches en el Caribe). Lo grave es su WHIP: se le embasan por hit o pasaporte 1.58 bateadores por entrada… y como Urquidy es controlado, eso se traduce en que los rivales le batean para un robusto .330

Andrés Muñoz tuvo un mayo para el olvido. La clave ha sido el control de las esquinas: cuando va por ahí, es retahíla de ponches. Cuando no, de nada sirve lanzar a 100 millas por hora si va por el centro y conectan la pelota. El mochiteco de los Marineros se agenció dos holds en el mes. A cambio, tiró un rescate y perdió dos juegos en el relevo. En lo que va de campaña: 1-2, 3 holds, un juego salvado, 22 ponches y 5.27 de PCL

Luis Cessa también tuvo un mes horribilis desde la loma de pitcheo. Pero el relevista de los Rojos se las arregló para ganar dos juegos, aunque perdió uno. En 2022 lleva 2-1, 3 holds, 7 ponches y 5.79 de PCL.  

Isaac Paredes ha visto algo de acción, jugando la tercera base para Tampa. El de Hermosillo ha estado bien con el guante, y demostrado tener mucho poder, pero le falta contacto y le sobran abanicadas. Batea para .208, con 3 palos de vuelta entera y 8 carreras impulsadas.

Humberto Castellanos operaba como quinto abridor de los Diamondbacks de Arizona y tuvo cuatro aperturas decentes, pero no profundas, en mayo, para caer feamente en las siguientes dos. Al jalisciense le pegaron feo en ellas porque estaba lesionado del codo, lo que nunca es sencillo de arreglar. Inicia junio en la lista de lesionados. Sus números: 3-2, 5.68 de limpias y 32 ponches.

Alejo López, tras andar un rato en la puerta giratoria entre las Mayores y AAA, parece haberse asentado con los Rojos de Cincinnati como segunda base sustituto y bateador designado en la parte flaca del platoon (contra lanzadores zurdos). El capitalino ha anotado 5 carreras, pero aún no produce ninguna. Batea para .268 de promedio y .626 de OPS. Tiene una colchoneta estafada.

Daniel Duarte, está en la lista de lesionados por 60 días: 10.13 de PCL, 2 chocolates, sin decisión.

Óliver Pérez dejó marca de 1-1 y un penoso 15.75 de carreras limpias antes de que le dieran las gracias.