martes, diciembre 02, 2014

México en los JCC de Veracruz, un breve balance


Terminaron los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe en Veracruz, y es momento de hacer un balance objetivo del desempeño de la delegación mexicana. Para hacerlo, es imprescindible alejarse de conceptos maniqueos y polares, como éxito y fracaso.

El primer objetivo que se puso México para estos juegos, en los que era local, era rebasar a Cuba en medallas de oro. Se trataba de un objetivo razonable y, a la vez, ambicioso. El crecimiento del deporte en nuestro país, acompañado por el estancamiento de la potencia caribeña, daba para pensar en la posibilidad. No se logró y hay que ver las causas.

El primer elemento a notar es que las autoridades deportivas pecaron de exceso de optimismo. La meta original era de 133 oros, igualando lo logrado en Mayagüez 2010 (no éramos sede, pero no compitió Cuba): esta meta se bajó luego a 128, tras la cancelación de siete pruebas. Del lado cubano, el especialista del diario Granma tenía otras cifras: calculaba 120 oros para su delegación y 110 para la mexicana.

Al final México obtuvo 115 medallas áureas, frente a 123 de los cubanos. Eso significa, en pocas palabras, que el análisis que hicieron en la isla fue más realista, más basado en la ponderación de datos y probabilidades y menos en una suma alegre de posibilidades.

Si vemos el asunto en plazos más largos, la distancia se acorta más por la caída relativa de Cuba en la región que por un avance mexicano. En los JCC de 1990, celebrados en México DF (y, por lo tanto, los únicos comparables), Cuba se llevó 184 oros, por 114 de México y el tercer lugar, Puerto Rico, quedó a años luz con sólo 21 preseas doradas. Ahora, en cambio, Colombia se llevó 70 y Venezuela, 56.  ¿Qué quiere decir eso? Que las ganadoras netas de rezago cubano son las dos naciones sudamericanas.

Yéndonos al análisis por deporte, encontramos que se ha avanzado poco o nada en los más importantes en el programa olímpico. En atletismo ha habido un ligero avance en las pruebas de campo, pero seguimos con una sequía tremenda en velocidad y no ha surgido un semifondista de nivel mundial desde Juan Luis Barrios (que aquí pudo refrendar sus títulos, pero ya va de salida). En natación, por tercera ocasión consecutiva disminuyeron los laureles: las mujeres medio se defienden, pero los hombres son una desgracia: ni un orito se llevaron, fueron sextos en Centroamericanos y de locales. En ciclismo de pista, leves mejorías, pero falló nuestra carta más fuerte, la subcampeona mundial Sofía Arreola. En boxeo, vamos como los cangrejos.

Los deportes donde México se considera potencia mundial dieron satisfacciones pero, salvo el taekwondo, donde nos llevamos 10 de los 16 oros en disputa, hubo decepciones: el arco compuesto femenino, la plata de Aída Román, las fallas en el trampolín varonil, dejaron una sensación agridulce. Aquí la justificante está en las fechas: noviembre no es precisamente el mes en el que un atleta en su ciclo olímpico está en su punto. Es el mismo caso de Daniel Corral, subcampeón mundial, que sólo consiguió dos bronces centroamericanos, en medio de una actuación bastante mediocre de los gimnastas (a pesar del oro femenino por equipos).

Allí donde se suponía que México tenía que arrasar, lo hizo. Nado sincronizado, gimnasia rítmica, racquetbol. Cada deporte con su reina: Nuria Diosdado, Cinthya Valdés, Paolo Longoria. Lo mismo en triatlón y frontón, y algo similar se logró en squash.

Otras disciplinas en las que hubo resultados satisfactorios fueron lucha (sobre todo en la rama femanil, que dio tres oros), esgrima (donde es muy claro el avance: triplicamos las medallas respecto a hace cuatro años, y ahora sí estuvo Cuba), futbol, waterpolo (oro varonil) y golf. Resultados normales, con altas y bajas, en canotaje,  tiro, bádminton, tenis de mesa, pentatlón moderno, tenis (al ínfimo nivel centroamericano), boliche, vela y equitación.

Pero hay otros deportes en los que había habido avances y ahora hay retrocesos. Ya señalamos el asunto de la gimnasia artística. Hay que sumar el de la halterofilia: se ha ido una generación dorada de mujeres pesistas y el recambio no tiene la misma calidad. También está el remo: pasamos de 10 medallas de oro a cero. Ese solo deporte explica toda la ventaja cubana. Similar, la situación del judo. En ninguna de esas disciplinas éramos potencia mundial, pero las cosas parecían que se movían hacía la esperanza: ahora parece que se mueven hacia la desazón.  

Donde más la esperanza parece haberse trocado en desazón es en el baloncesto. Después de la maravillosa exhibición del equipo entrenado por Sergio Valdeolmillos, se decidió dejarlo ir, permitir el regreso de la grilla y regresar a las tinieblas. Fuimos campeones continentales hace un año, pasamos a la segunda fase en el Mundial, y ahora –con un equipo diezmado- los varones no alcanzaron ni siquiera las semifinales en JCC. Como si hubiera sido un espejismo.

En volibol y beisbol no logramos medalla alguna, pero al menos fueron torneos de muy alto nivel. No dejamos la mediocridad en balonmano y todavía no acabamos de dar el estirón en hockey sobre pasto. En softbol dejamos el oro con la casa llena. En volibol playero dimos un pasito para atrás. Sólo el polo acuático nos salvó de ser estrictamente panboleros.

En resumen, la delegación dio muchas satisfacciones, pero la sensación que permanece es que, con un mejor trabajo de planeación y más atención a ciertas disciplinas sí se hubiera podido lograr la meta de superar a Cuba. No era un sueño guajiro.



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