viernes, julio 15, 2016

Leyendas olímpicas: Aleksandr Medved



En la mitología griega, los gigantes eran hijos de Gea y surgían de la tierra. Los había de características y personalidades muy diferentes. Todos acababan luchando: contra los dioses, contra Hércules, contra enemigos venidos de otras tierras.

A esa estirpe legendaria de gigantes pertenece Aleksandr Medved. Se afirma que su abuela medía 1.94 metros y que su abuelo era todavía más alto. Eran el tamaño y la fuerza los que les habían dado el apellido, porque Medved significa “oso” en ruso. Aleksandr no era tan alto como sus ancestros: apenas 1.90, en un marco de anchos hombros y poderosas extremidades.

Nacido en Ucrania, pero de ascendencia rusa, el joven Medved se dedica al trabajo de leñador en las duras condiciones de la inmediata postguerra soviética. A los 17 años consiguió un trabajo de obrero. Dos años después, sería enviado a cumplir el servicio militar a Bielorrusia. Allí cambiaría su vida.

La división de tanques en la que servía vio de inmediato que el recluta tenía capacidades deportivas innatas. Lo hizo lanzar martillo, lo metió al equipo de balonmano… y luego lo probó como luchador. Aún sin conocer bien las técnicas, ganó los torneos militares tanto en lucha libre como en grecorromana. Al terminar su servicio, decidió quedarse en Bielorrusia, estudiar para profesor de educación física y dedicarse al deporte.

Cuatro años después, corría 1961, Medved consiguió su primer título nacional y una medalla de bronce en el campeonato mundial. Tenía una rivalidad amistosa con su tocayo Alekandr Ivanitsky, pero lo segundo pudo más y Medved decidió, para los juegos de Tokio bajar de peso, competir en lucha libre en la categoría de semicompletos (menos de 97 kilos) mientras Ivanitsky lo hacía en la de los completos. Ambos regresaron a la URSS con sendas medallas de oro.

Su momento de leyenda ocurrió en los Juegos Olímpicos de México 68, ya compitiendo en su categoría natural (su peso entonces era de 102 kilogramos). Tras cada competencia, solía desvanecerse: en un principio los soviéticos lo atribuyeron a la altura de la ciudad de México; la verdad es que Medved sufría de presión alta. En la semifinal contra el alemán Dietrich, en una toma de manos, el rival le dislocó completamente un dedo, que colgaba al revés, de manera totalmente antinatural. Medved, temeroso de que el árbitro pudiera decretar la victoria del teutón, se alejó un segundo y ¡crac!, recolocó el dedo en su lugar, ante la mirada azorada del réferi y del otro luchador. Continuó el combate y, con fuerza de oso, hizo que Dietrich se rindiera y pidiera un doctor.  Con el dedo dislocado, igualmente ganó la final. Su segundo oro olímpico.

Se pensaba que los problemas cardiovasculares de Medved terminarían con su carrera, pero no. Hizo el equipo olímpico de la Unión Soviética para Munich 1972. Allí tuvo un enfrentamiento memorable –también en la semifinal- ante otro gigante, el estadunidense Chris Taylor, que pesaba nada menos que 190 kilos, frente a los 114 del soviético. Fue un combate en el que Medved logró extenuar a Taylor, y vencerlo por un punto. Tras derrotar al búlgaro en la final, el Oso besó la lona en el centro del ring, señalando su retiro definitivo. Nadie más ha ganado tres medallas olímpicas de oro en la lucha estilo libre.

Regresó a Bielorrusia, donde se dedicó a entrenar a jóvenes y tras el rompimiento de la Unión Soviética, se convirtió en vicepresidente del Comité Olímpico Bielorruso y presidente de la federación de lucha de su país.

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