jueves, septiembre 13, 2012

Los 90 días que conmovieron al peso

La que sigue es una reseña mío a un libro de Clemente Ruiz sobre la política monetaria en el breve lapso en el que estuvo Carlos Tello al frente del Banco de Mëxico (septiembre-noviembre 1982). Fue publicada en la revista Nexos, en su número de diciembre de 1984.


Clemente Ruiz Durán: 90 días de política monetaria crediticia independiente. Universidad Autónoma de Puebla / División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM. México 1984 158 pp.

El último trimestre de sexenio lopez-portillista fue un periodo particularmente denso de la historia reciente de México. La nacionalización de la banca y la adopción del control generalizado de cambios provocaron una sacudida muy fuerte en inercias políticas y de conducción de la economía nacional. Desde aquellos momentos, era evidente, que el manejo de la política monetaria y crediticia durante los tres meses que siguieron a la nacionalización, jugaría un papel importante para determinar la profundidad real de los cambios por venir. Si el cambio de manos era para que hubiera un cambio de usos, entonces el Banco de México, la autoridad monetaria, era un lugar privilegiado para iniciar transformaciones y terminar con el supuesto monopolio de eficiencia que ostentaban los banqueros tradicionales. La política monetaria y crediticia jugaba un papel estratégico dentro de la disputa ideológica y política que se desarrolló durante ese período.

Clemente Ruiz Durán estuvo entonces, como secretario técnico del Banco de México, en un lugar privilegiado para entender lo estratégico. Ahora en 90 días de política monetaria y crediticia independiente, en el que sin falsas imparcialidades explica las razones del fracaso de la política monetaria y crediticia anterior a la nacionalización, señala las motivaciones de la administración nacionalizadora -defendiéndolas de las acusaciones de populismo que posteriormente se le imputaron- y esboza elementos de políticas alternativas para el momento actual.

Ruiz Durán parte del supuesto de que la principal tarea de la política monetaria y crediticia es la aportación de recursos financieros para una expansión sostenida de la producción y el empleo. Así, de inicio define su posición y toma distancia crítica de las políticas seguidas antes de la nacionalización, no sólo como formas instrumentales, sino a partir de las metas mismas que éstas se fijaron. A diferencia del autor, la visión tradicional enfatiza el papel estabilizador de la política monetaria y crediticia.

El libro abre con un señalamiento (muy apretado en cuanto a espacio y, por tanto, con algunas ausencias y puntos a demostrar) de las principales limitaciones de la política monetaria y crediticia del período 1970-81. Entre éstas destacan el que la base monetaria se haya expandido sin programación, la inadecuada expansión y canalización del crédito, el excesivo costo del financiamiento y las ganancias enormes de los bancos como producto, más que de la eficiencia empresarial, del traslado de costos a los clientes. Ruiz Durán también analiza la captación de ahorro interno y señala, junto con los conocidos problemas de dolarización y desintermediación financiera, a la excesiva liquidez del sistema como uno de los principales causantes de inestabilidad.

El énfasis en la liquidez es importante, porque implica una crítica a las versiones que sostienen que solamente premiando a la liquidez, una economía como la mexicana puede mantener un nivel adecuado de captación. En otras palabras, mientras los tradicionalistas afirman que hay que mantener el ahorro a toda costa (y para ello mantienen tasas elevadas) Ruiz Durán distingue entre ahorro a distintos plazos y concluye que, en el caso mexicano, la diferencia de rendimientos entre el corto y largo plazo era muy reducida y que por eso el ahorro se mantuvo inestable. Baste, por el momento, señalar que para Ruiz Durán esto implica considerar que una diferencia grande entre tasas de corto y largo plazo puede en verdad hacer menos líquida la capacitación, y que el problema de la liquidez no es estructural, sino de política económica.

La segunda parte del trabajo es una reseña analítica de los meses de enero a agosto de 1982, en los que las condiciones económicas hicieron crisis. Se trata de una buena, emocionada reseña de una lucha entre distintos proyectos de país, que Ruiz Durán acota en tres grandes campos: el social, donde las distintas clases en pugna -y sectores diversos dentro de cada clase- expresaron su posición ante fenómenos como la devaluación, la fuga de capitales, la inflación y los salarios; el de definiciones de política económica, donde se enfrentaron concepciones radicalmente distintas: una que buscaba el apoyo al capital productivo y otra que -bajo la excusa de la inexorabilidad del mercado- llevaba a la economía hacia infernales circuitos especulativos; finalmente, en el campo de la soberanía nacional se oponían una política entreguista y una política de defensa de la nación.

El lenguaje utilizado en buena parte de este capitulo suena a trinchera: es el de quién está adentro de la lucha. Por ejemplo, para comentar la medida del 12 de agosto (establecimiento de la paridad dual), Ruiz Durán dice: "El Estado reaccionaba, hacia uso de su poder y mostraba que se podía avanzar... En esos momentos críticos se requería de firmeza. Cualquier titubeo era aprovechado por los desnacionalizados" (p. 75). Es una lástima que en esta parte -en la que el político que hay en todo economista goza sus mejores momentos- deje ver cierta falta de rigor en el manejo de las categorías políticas. A veces parece que Ruiz Durán maneja como sinónimo a régimen, gobierno, Estado y Sector Público Federal. Así, se afirma que es el "régimen" el que no concede espacios de discusión por razones coyunturales y el que no se atreve a defender un determinado decreto presidencial, y que el Banco de México, S. A., al defender la libertad cambiaria se colocaba "como un elemento ajeno al Estado mexicano." Por eso mismo, no quedan claras implicaciones interesantes, como la que afirma que, en junio de 1982, el FMI "requería someter al Estado a una depuración para resolver el momento de inestabilidad."

El capítulo que da título al libro intenta aclarar cuál fue verdaderamente el tipo de política monetaria y crediticia que se siguió en los famosos noventa días. Los ejes de ésta -señala Ruiz Durán- fueron la consolidación del ahorro interno en el sistema nacionalizado y la estabilización de la economía. Para el primero, la medida fundamental fue el cambio en la estructura de tasas de interés, para volverlas claramente escalonadas por plazos. Se deja ver que esta política funcionó en lo que se refiere a captación de ahorro en términos absolutos. Sin embargo, no se resolvió el problema de la liquidez de los depósitos, debido a que el tiempo fue insuficiente para "moldear la actitud del ahorrador medio".

Este es el primero de una serie de temas sobre la política monetaria y crediticia del período que el libro, más allá de la voluntad de su autor, deja a debate: ¿Cuáles, de entre las medidas innovadoras de la administración que encabezó Carlos Tello, tendrían resultados efectivos de mediano plazo? ¿Cuáles estaban destinadas a toparse con limites estructurales que harían necesarios cambios de otro orden? Con el regreso de la ortodoxia, el proyecto nacionalizador en política monetaria y crediticia quedó trunco, e imposibilitó una comprobación de las bondades y límites de la nueva política.

Al referirse a las políticas de estabilización que desarrolló el Banco de México de la nacionalización, Ruiz Durán las justifica argumentando la situación particular que vivía la economía en esos momentos, y por otra parte señala su diferente lógica respecto a las políticas tradicionales de estabilización. Así, explica a grandes rasgos la política de control de circulante, la de diferenciales entre tasas activas y pasivas de interés, la racionalización en el uso de las divisas (el control de cambios) y las negaciones que, con un equipo mexicano dividido, se llevaron a cabo con el FMI.

Hubiera sido interesante que se abordara con mayor profundidad el tema de la frontera norte, ya que fue por ahí por donde el control generalizado de cambios empezó a hacer agua a partir de los mercados de dinero manejados allende la frontera. También debe señalarse que la interpretación de los términos del convenio de México con el Fondo Monetario Internacional es mucho más optimista que lo que su ambigua presentación, y sobre todo su instrumentación por parte de los ortodoxos, nos hacen ver hoy día.

Tal vez el punto elaborado con mayor detalle en 90 días sea el análisis de las utilidades bancarias en el periodo. Evidentemente esto se debe a la acusación de "populismo financiero" que cayó sobre la administración nacionalizadora de la banca central a partir de un supuesto subsidio a las empresas endeudadas en dólares, que repercutiría en la eficiencia de los bancos. Ruiz Durán hace un resumen contable de los efectos de las medidas cambiarias y de tasa de interés sobre la rentabilidad bancaria. El resultado es una reducción del margen de rentabilidad, pero no aparecen pérdidas.

Se trata de un libro serio, emocionado y entretenido (el autor tiene un estilo de constante climax que según algunos es excesivo), que responde muchas preguntas y abre otras más (Ruiz Durán dice que 90 días debe entenderse como un primer acercamiento). Es por tanto un libro que la sociedad debe discutir, recordando que más allá de su aparente aridez, la política económica tiene efectos enormes en nuestra vida cotidiana.

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