miércoles, agosto 10, 2011

Biopics: El Movimiento de Acción Popular


Los preparativos para el establecimiento de la nueva organización política avanzaban, y en enero de 1981 aproximadamente tres centenares de personas nos reunimos en el edificio anexo de la Facultad de Economía para terminar de darle forma. 

Allí había militantes provenientes de cuatro fuentes principales: los académicos –entre quienes destacaban los que se habían acuerpado alrededor del Consejo Sindical en la UNAM-, los  miembros del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear (SUTIN), que se habían forjado en las luchas de la Tendencia Democrática, el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (es decir, la tendencia gordillista que cerca de un año antes había abandonado el PMT) y Política Popular, aquel grupo maoísta con trabajo de masas en el norte del país, del que nos había platicado Gordillo a los sinaloenses en la época de la Tendencia dentro del PMT, y del que tanto habíamos desconfiado, pero que no eran tan diferentes a nosotros.

Buena parte de las sesiones estuvieron destinadas a la discusión del diagnóstico sobre la realidad nacional (las Tesis) y sobre el programa de acción. El primero era un documento casi completo, después de sesiones como la que realizada en la Maestría en Docencia Económica (que reseñé aquí), y era cuestión nada más de afinar detalles y hacer algunos agregados. El segundo partía de que la identificación de los distintos grupos que confluían ese día había surgido en el terreno de las organizaciones sociales, pero estaba notablemente menos desarrollado.

Varias cosas nos unían. Una era la idea de que toda acción política debería responder a un programa de transformación nacional sustentado en las organizaciones sociales. Otra, el concepto de soberanía nacional, que sentíamos amenazada ante el imperialismo y el carácter dependiente de la burguesía local. Una más, que el camino para avanzar hacia una sociedad menos desigual es la organización social democrática, en la profundización de las prácticas democráticas en todos los ámbitos de la vida (alcanzar la democracia política era sólo una parte; democratizar la vida social, consolidar el poder de las organizaciones de la sociedad civil, era el complemento necesario). Finalmente, y creo que es lo más importante, nos unía la conciencia de no teníamos la verdad absoluta y que los cambios que ansiábamos para el país vendrían a través de reformas sociales profundas, con participación popular mayoritaria, y no de un movimiento revolucionario vanguardista. En el sentido de esta participación, pretendíamos ligarnos con los movimientos de masas y avanzar en la convergencia de las fuerzas progresistas de México. Además, admitíamos explícitamente que nuestras posiciones podían ser rectificadas por el rumbo de los acontecimientos.

A diferencia de la mayoría de mis colegas, no participé en la discusión del programa económico, que abogaba “por una economía nacional, independiente y popular” y que proponía, además de una serie de reformas de política económica –en particular, de la política de ingresos- una “reorientación, restructuración, planificación y ampliación del sector estatal de la economía”, que implicaba varias nacionalizaciones (tal vez porque varios creían que, como dijo Arnaldo Córdova, el nacionalismo en México no viene del sustantivo nación, sino del verbo nacionalizar).

En cambio, estuve presente y activo en la discusión del programa político, “por una sociedad democrática y popular”, que deseábamos plural, en la que tienen cabida todos los puntos de vista, participativa, con presencia de organizaciones civiles de todo tipo y educada, dentro de una visión laica y soberana. El énfasis del programa, claro está, porque esos eran los tiempos, se centró en la democracia sindical y en la autogestión de las organizaciones campesinas.

Al segundo día fue la plenaria, en la que se aprobaron versiones resumidas de las Tesis y el programa. Hubo dos discusiones interesantes, que terminaron en votación dividida. Una fue el nombre de la organización. Había dos propuestas. Uno de los nombres, impulsado por Rolando Cordera, era Convergencia Popular y recogía –a mi entender- los objetivos plasmados en el programa. La otra era Movimiento de Acción Popular, y enfatizaba más el carácter de levantamiento social. El argumento ganador fue de Pablo Pascual. Dijo que si éramos Convergencia Popular, seríamos CP, es decir, el PC al revés. Pablo tenía la capacidad de convencer a la gente entre risas. Perdimos la votación y el recién nacido fue bautizado como MAP. “Ahora nos van a decir los mapaches”, profetizó Arturo Whaley.

La otra discusión votada fue el lema. Rolando proponía “Por la liberación nacional y el socialismo democrático”; la otra propuesta era “Por la liberación nacional, la democracia y el socialismo”. Entre quienes votamos por la segunda había, al menos, dos matices: unos lo hicimos porque consideramos que la lucha por la democracia era, en sí, uno de los objetivos torales de la agrupación; otros, porque no querían acotar el sustantivo socialismo con el adjetivo democrático. El caso es que también allí Rolando perdió, con todo y que era, de manera tácita pero evidente, el dirigente principal del grupo.

A diferencia de estas votaciones, tanto el Comité Nacional como su Comisión Política fueron elegidos por aclamación. La Comisión Política estaba constituida por Rolando Cordera, Arturo Whaley, Pablo Pascual, Antonio Gershenson, Hugo Andrés Araujo, Adolfo Sánchez Rebolledo, Eliezer Morales, Arnaldo Córdova y Carlos Juárez (que fungía en esa comisión como alter ego de Gustavo Gordillo, quien vivía en Esperanza, Sonora). Para mi sorpresa, yo estaba en la lista de 46 miembros del Comité Nacional (más tarde, en alguna reunión del propio comité, llegué a la conclusión de que estaba formado por cuotas: aproximadamente la mitad eran del Consejo Sindical y anexas; la cuarta parte, del SUTIN, y la otra cuarta parte, en partes iguales del MRT y Política Popular). Signo de los tiempos, con todo y que en las tesis había un apartado dedicado al movimiento feminista, entre los 46, sólo había tres mujeres: Julia Carabias, Hortensia Santiago y Milagros Camarena.

La ex guerrillera Paquita Calvo tomó la protesta a los integrantes del Comité Nacional. A continuación, entonamos el himno nacional y –algo que todos los presentes recuerdan- Roberto Cabral ondeó la bandera mientras le escurrían ostensiblemente las lágrimas de emoción.

La pertenencia al MAP –o mejor dicho, la coincidencia con unos puntos de vista colectivos sobre la realidad nacional- es uno de los sellos distintivos de mi vida. Con los años, muchos de nosotros recorrimos diferentes rutas políticas y personales, pero en lo esencial, más allá de matices, llevamos la marca de la casa. Somos mapaches.   

4 comentarios:

Antonio Ávila dijo...

En efecto, Pancho, somos y seremos mapaches.

enriqueprovencio@aol.com dijo...

Estimado Pancho. Y luego, ya en el PSUM y en la campaña presidencial de Arnoldo, aparecimos algunos para-mapaches. Y vaya que las Tesis fueron aprovechadas en esa campaña.

Luis Emilio Giménez Cacho dijo...

Pancho: Que entretenido leer tu recoleccion. Se te agradece. Con tu ayuda se entienden cosas o por lo menos se reinterpetan desde la comodidad del hogar. Mapaches fuimos y somos, como dice Toño Avila. Pero además, a lo largo de los años, rivales y contendientes contribuyeron con frecuencia a recordárnoslo.
Siempre me ha atraido la idea de contar con un relato de cómo llegó cada quién a la formación del MAP. Tu pluma sería magnífica. Un abrazo afectuoso, como siempre.

Francisco Báez Rodríguez dijo...

Gracias, compañeros, por sus comentarios.
Luis Emilio, creo que la historia del MAP, por definición, tiene que ser colectiva (en el sentido de que cada quien tiene la suya). También creo que no se acaba de escribir, precisamente porque es un grupo que trascendió su vida formal.
En lo referente a cómo llegué yo al MAP, creo que la historia está contada a detalle a lo largo de en este blog (la etiqueta "Biopics"): la amistad y afinidad con Raúl Trejo, las experiencias de estudiante en Economía, mi paso por Italia y la identificación con el PCI eurocomunista, mi estancia en Sinaloa y militancia en el PMT, con el trabajo de masas y todos los problemas con Heberto y afinidades con el Consejo Sindical y con Gordillo, el regreso a la Facultad de Economía y crecientes afinidades político-ideológico-existenciales, en fin...
Seguiré contando la historia del MAP, a como yo la viví. Y esto, sin duda, necesariamente incluye a los compañeros que, por las mismas afinidades, se identificaron con nosotros ya dentro del PSUM, como Enrique.
Un saludo a todos.