viernes, diciembre 03, 2010

Haikú beisbolero

El beisbol se presta mucho para el haikú -la forma clásica de poesía japonesa, consistente en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas-, por su capacidad para trascender el tiempo y su liga sensorial con la naturaleza. Si lo vemos estéticamente, cada jugada encierra, sutil, un haikú. O varios.   

En el haikú tradicional siempre hay una referencia a las estaciones del año. Con el beisbol es, necesariamente, distinto. Allí donde se juege, en cualquier lugar y momento, es primavera. Con esa, y otras licencias, va mi cadena de haikús beisboleros. Cada uno puede y debe entenderse como unidad. Pero también es posible imaginar que el conjunto de árboles forma un bosque.  



Brilla el diamante,
joya de verde y grava
siempre vibrante
 
Inicia el juego.
Del montículo salen
bolas de fuego

Son serpentinas,
cometas juguetones,
luz bailarina.

La bola huye
de la mano del pitcher,
strike intuye

Aspira al cuero…
No encuentra al out
sino al madero

Rueda con fuerza
rumbo a los jardines,
serpiente tersa

Juego de señas:
manos, cuerpo  y cara
son ideograma.

El receptor
tras de la máscara
juega a ser Dios

Loma lomita,
mi Olimpo, mi Calvario:
¡Es tan chiquita!

La navaja, al ojo;
la nube corta al sol;
la recta, al jom

Se escucha un crac.
Trueno instantáneo:
la voz del bat

Chispa-pelota:
viaja un blanco sol:
va a mi manopla

Dulce ilusión:
sueña Segunda Base
con ser el Jom

Grita la raya
por la bola muerta.
¡Un faul, malhaya!

La colchoneta
anhela ser robada.
¡Es tan coqueta!

Vida sin tiempo:
en el jardín central
vacila el viento

Mi infancia, sé,
como la bola: se va,
se va,  se fue

La vida entera
jugar al beis, instante
de primavera

1 comentario:

Abuelo de Miguel dijo...

Excelente. Quién se hubiera imaginado al beisbol narrado en haiku.