La de Viktor Ahn es una historia particular.
Cosechó un total de ocho medallas olímpicas: seis oros y dos bronces; es el
único patinador de pista corta en ganar el oro en todas las distancias, y el
primero en ganar medalla en todas en una sola edición. Lo más curioso es que
tres de sus victorias olímpicas fueron representando a su natal Corea del Sur
en 2006, y las otras tres representando a Rusia, en 2014. En medio, y después,
hay toda una telenovela y hartos escándalos.
Bajito, delgado, veloz y habilidoso, Ahn Hyun-soo era ya subcampeón mundial cuando hizo su debut olímpico en Salt Lake 2002. No le fue bien. Un cuarto lugar, una descalificación y, encima de eso, fue parte de la famosa carambola que permitió al australiano Steven Bradbury ganar el oro más inesperado Pero el año siguiente ganaría el primero de cinco títulos mundiales consecutivos.
El patinaje en pista corta es uno de los bastiones olímpicos de Corea del Sur, y la competencia por las plazas es feroz, y no siempre limpia. Durante años, el sistema que privó fue el de las recomendaciones, que derivó en la creación de facciones entre dirigentes deportivos y atletas, provenientes de diferentes universidades. Si querías un puesto en el equipo olímpico o mundialista, había que seguir disciplinadamente a tu facción. La grilla deportiva era durísima.
Ahn Hyun-soo, un graduado de la Universidad Nacional de Deportes de Corea, dependía de la facción encabezada por el excampeón olímpico Kim Ki-hoon. Kim fue forzado a renunciar como jefe del equipo nacional en 2004, por forzar a sus atletas a usar patines de la empresa de su familia. En la Universiada de 2005, Ahn tuvo un conflicto serio con su compañero de equipo Seo Ho-jin, quien le habría dado una golpiza; por ello Seo fue expulsado de la selección nacional, pero fue reinstalado rumbo a los Juegos Olímpicos Invernales de Turín 2006; entonces Ahn decidió entrenarse con el equipo femenil.
En los Juegos de 2006, Ahn obtuvo oro en los 1000 (rompiendo el récord mundial) y en los 1500 metros, así como en el relevo de 5 mil metros. También se llevó el bronce en los 500 metros. Pero el ambiente del equipo era pésimo. Ni siquiera se saludaban, se negaron a comer en la misma mesa y a sentarse juntos en el avión.
Ahn decidió exponer públicamente la situación, poner luz en el lado oscuro del patinaje de pista corta coreano, exhibiendo también que había competencias arregladas. Esto se tradujo, junto con una lesión, en que el campeón olímpico y mundial no fue seleccionado para Vancouver 2010. Un año después, el patinador se transfirió a Rusia, meses más tarde se nacionalizó y se cambió de nombre: ahora era Viktor Ahn.
En Sochi 2014, Ahn consiguió el bronce en los 1500 metros, el oro en los 1000 y en los 500 metros y fue el hombre clave para que Rusia se hiciera del oro en el relevo de 5 mil metros por primera vez en su historia. Se convirtió así en el máximo medallista olímpico de su disciplina.
La intención de Ahn era retirarse tras los Juegos Olímpicos Invernales de Pyongchang, en su natal Corea, pero vino el escándalo del dopaje de Estado en Rusia, y el Comité Olímpico Internacional lo inhabilitó, a pesar de que había salido limpio en los controles. Ahí terminó su carrera deportiva. La leyenda pervive.

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