miércoles, febrero 02, 2011

Mi debut en la tele (biopics atrasado)

Me dicen que en etcétera se pusieron nostálgicos. Unos cuarentones le piden al tiempo que vuelva y recuerdan caricaturas y series que vieron a colores o en repetición.
Yo no tengo nostalgia, pero sí algo de memoria. Aún recuerdo mi infancia. Era la época en la que todas las televisiones eran en blanco y negro, sólo había tres canales (bueno, también el 11, pero siempre estaba en "Patrón y Música") y las teles eran unas consolas grandotas que se tardaban un buen rato en calentarse para transmitir la imagen, había que pararse para cambiar el canal pero, más a menudo, para darle unos madrazos al mueble a ver si captaba la señal. Cuando se iba la luz, mi mamá algunas veces ponía una vela junto al televisor, con la vaga y mágica esperanza de que resucitara.
Las televisiones estaban en la sala o en un cuarto ad hoc. El concepto de cocinar viendo tele, de hacer el amor con la tele encendida (o viéndola de reojo, que es peor), de tener una tele en la oficina, era totalmente ajeno. Como pensar hoy en la clonación de mamuts (nótese que estoy profetizando).
Obviamente, las familias tenían un solo aparato. Por lo tanto, casi no había programación dirigida a nichos específicos. La mayor parte de los contenidos estaban dirigidos a "la familia reunida". Qué MTV ni qué ocho cuartos.

La televisión empezaba a transmitir a las cuatro de la tarde. Nada de noticieros matutinos, de conferencias mañaneras o de programas dirigidos a acompañar la soledad de las amas de casa. El primer programa de Canal 5 era Club Quintito. Primero pasaban unas caricaturas mudas. La de un viejito correteando unos ratoncitos la he de haber visto como 50 veces. Luego venía La Pandilla. No la de Alfalfa, que es de 1935, sino la del Pecas. Los de Alfalfa hablaban y todo; los del Pecas eran de 1922. La animaba Genaro Moreno (no Rogelio), imitando todas las voces y haciendo comentarios editoriales. A Farina lo imitaba con acento cubano.
Hay que recordar que en aquellos tiempos los niños éramos muchos y solíamos jugar en la calle. Muy raras veces me quedaba al programa del Tío Herminio, quien se rodeaba de infantes con cara de buenos y tocaba en el piano sus novedosos éxitos como Las rejas de Chapultepec, Mucho contenti y Juanito el pastor. También veía de vez en cuando a Chabelo, quien tenía un programa diario, con temas variados ("Lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer", el que me gustaba era los jueves) y a eso de las siete de la noche aparecía un noticiero, Cuestión de Minutos, patrocinado por Domecq, con algunas noticias del día, pero sospechosamente similar a los noticiarios cinematográficos de antaño, con imágenes de carreras de motos en Checoslovaquia, filmadas hace seis meses. El noticiero "bueno" era de 11 a 11:15; Ignacio Martínez Carpinteiro, un señor muy parecido al presidente López Mateos leía las noticias, escritas en papeles ordenaditos en su escritorio. A los seis años, yo ya sabía cómo comenzaría, sin excepción alguna: "El Presidnte López Mateos".
Los lunes pasaban Disneylandia, donde te repetían una y otra vez las caricaturas de Mickey, Donald y Tribilín, la de Ichabod Crane y el jinete sin cabeza y la miniserie de la independencia de EU. Los viernes eran maravillosos, por Dimensión desconocida, que siempre me fascinó. Uno que veía poco, pero me dejaba siempre inquieto era el teleteatro de Loretta Young.
Los sábados por la mañana pasaban el béisbol de las Ligas Pequeñas (y mis juegos fueron transmitidos varias veces, narrados por Fernando Luengas); por la tarde, el beis de la Liga Mexicana. En la noche no había nada que ver (a mi papá le gustaban Los Intocables y El Fugitivo, mi mamá decía que el detective nunca atraparía al Doctor Kimball ni el Doctor Kimball al manco, porque se les acababa la chamba).
Los domingos eran de futbol al mediodía, toros a las cuatro de la tarde, Teatro Fantástico, con Cachirulo y el trenecito del chocolatote Express a las siete, Domingos Herdez con Salinas y Lechuga a las ocho y Combate a las nueve, donde el sargento Saunders se chingaba a todos los alemanes. Si prendías la tele antes del futbol, te encontrabas al Conejo Figaredo, que no era un muppet, sino un señor de traje, quien conducía el programa Super Remate de Autos, una suerte de pionero de los infomerciales, porque todo el programa se dedicaba a presentar coches usados en venta: "Ojalá existiera la televisión a colores, señora, para que viera el color exquisitamente femenino de este Ford Fairlane 1959".
Durante un tiempo hubo un programa infantil realizado en Guadalajara. Lo patrocinaba Hemostyl "para los niños, jarabe/ a todos les gustará/ para los grandes el vino/". Lo conducía una niña un poco mayor que yo, Evita Muñiz (no Evita Muñoz, porque esa es Chachita, y es mucho más vieja). A mí me gustaba Evita Muñiz, pero el programa era muy malo y duró poco.
El Conejo Figaredo conducía otro programa. Era de concurso. Carreras infantiles. Los más pequeños corrían triciclos o coches de pedales; los más grandes, bicicletas. Lo patrocinaba Bimbo (en aquella época los anunciantes patrocinaban los programas completos). Recuerdo el patrocinador porque yo concursé, debutando en televisión cuando tenía cinco años. Compitiendo en coches de pedales.
Al inicio de la competencia, yo estaba seguro de que iba a quedar en último lugar (esa confianza extraordinaria que dan las madres sobreprotectoras). Empezó la carrera y en la primera curva, que se me cierra otro carrito. Tal como lo temía. Nos incorporamos y le seguimos dando al pedal y fibra. En el óvalo rebasé a otro niño. Luego nos metimos por debajo de la tribuna (un recuerdo alucinante: en el tunel, junto a la pista, semiescondida, había una mesa con pan Bimbo: de ahí que recuerde el patrocinador) y adelanto a otro carrito. Entro de nuevo al óvalo en segundo lugar. Voy pedaleando tranquilo. Me doy cuenta de que puedo alcanzar al líder y le doy más duro. Escucho el grito de la tribuna. "¡Final de fotografía!", exclama Figaredo, "habrá que ver el video tape". Puro trámite, me habían ganado por una rueda. Subo al podio (hay cinco lugares, nadie queda fuera) y me dan una cajota de soldados verdes de plástico que me gusta mucho, por grande. "¡Qué bárbaro, pasó del quinto al segundo, y casi gana", dice el Conejo. Dejo mi sonrisa y pienso para mis adentros: "Si no se me hubiera cerrado ese pinche niño, seguro gano".

(Publicado en etcétera, 1º de septiembre de 2006)

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Alex Pillado dijo...

Recuerdo a Genaro Moreno narrando el capitulo mudo de la pandilla, con el famoso pecas, dañina, excelentes recuerdos amigo.

bernardo dijo...

Pero amigo, que joya de documento me acabo de cenar mientras espero la parte mas fuerte del huracan Lidia aqui en La Paz, gracias en verdad, y creo que somos contemporáneos nadamas que yo pagaba 20m centavos por ver todo lo que usted platica, aunque le falto tv musical ossart, baile con vanart, etc. pero gracias muchas gracias.