martes, enero 08, 2008

Mitos Geniales V. José Luis López de Zavala (y Kapito) - (Biopics)

He escrito que en mi grupo de la Universidad Italiana para Extranjeros había un español con merecimientos para un apartado propio.
José Luis López de Zavala era la imagen viva de la República Española derrotada en la guerra civil. Un madrileño de izquierdas, con estudios, pobre, algo amargado, con una mala suerte que él mismo se buscaba afanosamente, que hablaba muy alto –como verso de León Felipe- y que, eso sí, pocas veces cerraba el pico mientras paseábamos por Corso Vanucci o nos tomábamos una cerveza en el Turreno. Las citas no son exactas, pero como si lo fueran.
Se alojó en un curato, una especie de celda improvisada, oscura y encerrada. “Es que he llegado tarde a Perugia y nada, que es lo que me han permitido mis recursos. Uno viene huyendo del clericalismo asfixiante y mira dónde cae.”
Sobre el atentado en el que, con una bomba poderosísima, la ETA mató a Carrero Blanco, delfín del Caudillo: “Estaba yo caminando por las calles de Madrid y veo los titulares de los vespertinos: ‘Ha muerto Carrero Blanco’, así solamente, como si fuera un infarto, pero en la calle se percibía que había sido otra cosa, se respiraba. Compro el diario, y veo que lo han matado. No sabéis cuánta felicidad me invadió, pero no podía mostrarla. Tenía que estar serio, como si me doliera. Entonces aprieto el periódico contra mis costillas, camino rápido a la casa, llego, cierro la puerta, exhibo el periódico y grito: ‘¡Lo han matado!’. No sabéis cuánta felicidad”.
Sobre un ligue, una chica suiza muy guapa: “Hemos ido al cine, la hemos pasado muy bien porque ella es muy agradable; pero luego nada. Me ha dicho que es virgen. Y yo desprecio a las vírgenes”.
Sobre la libertad de expresión en México, luego de que le enseñamos un periódico, para demostrarle que allí tampoco había democracia: “Pero hombre, esto es democratiquísimo. Mira que pueden decir que al Señor Presidente lo engañan, que Fulano que está en un alto cargo lo engaña. Eso no se puede decir en España, porque significaría que Franco puede ser engañado, y nada, que para la prensa el Caudillo está por encima de eso. Cuando mucho dicen: ‘Esto que ha hecho el gobierno está bien, pero podría estar mejor’. Vosotros vivís en una democracia, hay que ver lo que es una dictadura. Y clerical, para joder a gusto”.
Comentado en la Mensa: “¡Lo que me ha sucedido! Llegaba yo a la caja de la Mensa y me dice el cajero que mi compañero, el chico de Zaire de nuestra clase, le ha dicho que yo le pagaba la comida. Y bueno, que he pagado. Y luego he esperado que él llegara con la bandeja a decirme ‘oye, disculpa lo que te he hecho, pero no tengo dinero para pagar mi comida y he tenido que tomarme esta libertad contigo, espero que lo entiendas’. Pero se ha ido muy sonriente a otra mesa, con sus amigos africanos y ni las gracias me ha dado.” Para mayor escarnio, después de comer fuimos a dar una vuelta por Corso Vanucci y vimos al zaireano salir de una tienda con un tocadiscos nuevecito.
De un paseo suyo de fin de semana: “He ido a Città della Domenica, me habían dicho que era un sitio maravilloso, pero nada de eso. Es un parque infantil horrible, con los cuentos de hadas, un tren ridículo y un zoológico. A media tarde ha empezado a caer un chubasco y no había donde guarecerse, no pasaban los autobuses y me he regresado caminando. Por eso me veis así de empapado”.
De otro paseo suyo de fin de semana: “Me he decidido a conocer el socialismo. En vuestro pasaporte dice que podéis visitar todos los países de América, Europa, África, Asia y Oceanía; en el mío hay una lista muy grande de los países adonde no puedo ir. Pero no importa. He tomado el tren para ir a Yugoslavia. Han sido muy amables en poner el sello en un papel aparte, para que no tenga problemas a mi regreso a España. Y he ido a Rijeka. Por supuesto me he encontrado que todo lo que se dice en España de las naciones socialistas es propaganda. La gente vestía distinto, nada de que todos de gris; algunos, incluso, muy elegantes, de gran clase. Cafés de gran lujo. Variedad de periódicos y revistas en los kioscos. Cafés de gran lujo. Un ambiente relajado. Cafés de gran lujo, no lo que dicen. He paseado la tarde y la noche y me he tirado a dormir en una banca del parque. Ha llegado un guardia y me ha dicho que no podía hacerlo. Lo ha dicho muy amablemente, así que pasé el resto de la noche caminando por la ciudad y he dormido en el tren de regreso”.
Un día repartieron un folleto en el que se invitaba a los estudiantes a trabajar en una vendimia en Toscana. Parecía una oferta atractiva hasta que nos dimos cuenta de la trampa. Te cobraban el alojamiento y la comida de tal forma que terminabas trabajando gratis para ellos, si no es que acababas pagándoles. El único conocido que le entró a semejante oferta fue José Luis López de Zavala.


Kapito

Si López de Zavala fue para mí el Mito de Perugia, mi mitito (y Gran Mito de Mapes) fue Kapito, un japonés al que su empresa entrenaba en la lengua italiana porque iba a poner una sede en Milán. Para Kapito había dos grandes verdades: una era “My Company”; la otra era la filosofía oriental. Quién sabe por qué decidió que los mexicanos éramos mitad orientales y mitad occidentales (sospecho de Carreto, quien traía un choro parecido) y se empeñó en empaparnos de la sabiduría de oriente. Mexicanos y japoneses teníamos una misión: debíamos “culturar” a los europeos. Yo fui sólo a una sesión, pero Mapes fue a muchas, muy probablemente porque Kapito disparaba las cervezas.
Decía el japonés: “No-lech… ummm….
konoshere… is dif-rent… ummm… non uguale non uguale… fromm… wis-dom… sapere. No-lech is dif-rent from wis-dom... KAPITO?”. Y Mapes le decía que sí; que sí había entendido. Hasta el final del curso, cuando el nipón dio su explicación final y preguntó: “KAPITO?”, Eduardo respondió, muy quitado de la pena y tras tomar el último trago a su última cerveza:
-Non ho capito NIENTE!

1 comentario:

María Dolores Bolívar dijo...

Interesante Blog. No leí todo, pero lo que leí me lo pareció.
Maria Dolores Bolívar