martes, julio 05, 2005

Mauricio Brehm, recuerdo de un místico

Mauricio Brehm, mi maestro de literatura en la prepa, era un personaje extraño. Un hombre culto, ensimismado, con gran amor a la literatura y un misticismo que lo alejaba de su cuerpo. Fumaba mucho y decía que sus mejores poemas se habían ido en humo (la inspiración no lo dejaba levantarse a escribirlos). Era un grandísimo admirador de Octavio Paz, y creo que su ritmo poético y sus preocupaciones estaban entre Paz y San Juan de la Cruz. Varios resentimos, décadas después, algo del ritmo de Brehm. Escribió varios libros, que no publicó, porque quería hacerlo en la editorial Joaquín Mortiz -que era la de moda, en aquellos tiempos- y sólo le ofrecían la Editorial Jus, católica.
Estaba lejos de ser el jesuita típico de aquella escuela puesto que, aunque heterodoxo a su manera (católicos heterodoxos, un oxímoron que era norma en el Patria), nunca tuvo dudas acerca de su vocación, como le sucedió a otros miembros de la Compañía de Jesús, de espíritu más juvenil.
Murió a los 59 años, en 1986, y le fue publicado un libro póstumo, Del Silencio y la Palabra, que revela a un gran poeta, tal vez alejado de las preocupaciones centrales de su tiempo (aunque él insistía en que era muy contemporáneo). Un hombre obsesionado con dos temas: el primero es, precisamente, el paso del silencio a la palabra (la imposibilidad de pasar del sentimiento al Verbo); el otro es la muerte, paso anhelado con una pasión malsana, con una insistencia digna de mejor causa. Mauricio veía a Dios en la muerte, en su muerte unívoca, que esperaba con gozo inocente.
Si lo primero da cuenta de un amante de la palabra y de la expresión humana; lo segundo nos dice que Mauricio estaba loco. El escribió: "sólo el silencio germinal contiene la plenitud de la palabra exacta". Pensaba que el verdadero silencio germinal estaba en la muerte.

Estos son algunos de los poemas del libro:


En el límite del amor y del miedo

¡Aunque estés en la Cruz
no me lo pidas!
¡No quieras que te abrace!
Aborrezco el olor de sangre rancia
y de manzanas agrias
que despide tu cuerpo.
Tus barbas en maraña
crecen escupitajos
¡Me dan asco!

¡No quieras que me acerque!
Quiero llegar a Ti
porque tu nombre se pronuncia muerte,
porque todas tus sílabas
me dejan un sabor acre en la lengua
y engarrotan mis músculos.
Me dan miedo los huesos y las sombras
y la danza ritual de los puñales
en torno de la angustia y del árbol.

¡Todo Tú engendras pánico!
Me repugnas con el cuerpo hecho astillas
por el odio monstruoso
que rompió la armonía de líneas
y deshizo las formas...
¡Si ni siquiera sé
donde comienzas Tú y acaba el lodo!
¡Si eres un amasijo
de sangre y nervios y músculos y huesos!

...

Así, crucificado,
repeles y das miedo.
Y aunque a la Cruz llevaras el amor
y te asome a los ojos
un perdón con mayúsculas
para los hombres ávidos de culpa,
tu figura espantosa hiere la vista,
y muerde los oídos
ese tu atroz silencio de tiniebla.

...

¿Has mirado tus manos, como garras
crisparse en torno al hierro
que las rompe y las clava?
¡No son para soñarse!
¡Me dan miedo!
Parece que no en vano
las sorprendió el reloj
en el momento del abandono oscuro.

La barrera feroz de las espinas
entre el labio y la frente...
¿Quién va a atreverse al beso?

¡Todo lo que eres Tú,
lo que el odio ha dejado
de lo que fuiste ayer, es lo que odio!

...

¡No te mueras, Señor!
¡Baja y destruye ese infamante obstáculo
que nos separa siempre!
¡Todo Tú me das pánico
aunque intente quererte!

Vive el amor en mí, pero no amo
por el miedo a la muerte.
Falta fuerza en el ritmo de las venas,
falta luz en los ojos...
¡Ah, qué duro es amar
cuando se ama sólo con el espíritu!,
porque la sangre teme
y el corazón no sabe, y tiembla y llora.



Ya no comprendo el nombre de las cosas

Ya no comprendo el nombre de las cosas
ni el nombre de los nombres.
Esto se llama azul, y aquello pájaro.
Mañana no es ayer y es otro día,
el presente es el hoy.

¡Convencional lenguaje!
¡Traición de realidades!
¿Quién puso el nombre al árbol?
¿Quién bautizó al diamante?
¿Para qué diferencias?

El corazón -quien siente- es el que sabe
qué cosa es importante,
sin que le importe el nombre.


¡Aunque me apriete el miedo!

¡Aunque me apriete el miedo
y me sienta de sombra empavecido!
¡Dame lo que te pido!:
quiero vivir mi muerte,
quiero tener el último momento,
el preinstante de verte,
para poner en tí el consentimiento
y repetirte el sí, definitivo.

5 comentarios:

Catherine Cosette dijo...

Precisamente y por casualidad, llegó ese libro a mis manos. Soy alumna de un hermano de Mauricio, Federico Brehm y estoy muy emocionada leyendo Del silencio y la palabra. Gracias por el aporte.

Molan dijo...

Pancho, si no recuerdo mal el poéma "En el Límite del amor y del miedo" lo escribió Mauricio a propósito del cristo de la iglesia San Ignacio, el cual ciertamente da miedo. Te mando un abrazo. Juan José Huerta Coria (Si no te acuerdas de mi yo si de ti)

FBR dijo...

Primero agradecer, aunque tarde, la contribución de Catherine Cosette.

Segundo, Juanjo, por supuesto que me acuerdo de tí: (http://panchobaez.blogspot.com/2005/09/biopics-extrao-coloquio-y-otros.html).
Confieso que el Cristo de San Ignacio me gustaba, por estilizado y moderno, aunque todos los Crucificados den miedo (y es parte de su papel, dentro del terrorismo institucional de la Iglesia Católica). A mí los que me dan más miedo, y algo de repulsión, son los más sangrantes: Pero más miedo me dan quienes buscan precisamente al Cristo más sangrante y doloroso para adorarlo.
Un saludo.

Rigoberto Gzz. dijo...

Fué mi maestro de lectura y redacción en la preparatoria del Instituto Lux. Me dejó huella.
No conocía su obra: mil gracias por compartir.

Juan Jorge Heatley dijo...

Clase tras clase Mauricio abrió ante mi asombro el deleite auditivo de escuchar la poesía que vertía su voz mesurada y madura, dibujada por sus labios entre las sombras grises blanquecinas del humo de sus cigarros. Fui uno de sus alumnos de su último curso en el Patria en 72-73, una de mis fortunas para la vida. Encontrar sus letras en tu blog es un homenaje que te agradezco.
Un abrazo
Juan Jorge Heatley