jueves, enero 13, 2022

Leyendas olímpicas invernales: Surya Bonaly

 


Fue la más espectacular patinadora artística en una de las épocas de oro de la disciplina. La que la llevó a extremos atléticos y acrobáticos. Precisamente por eso, nunca fue bienquerida por los jueces y por eso, también, se convirtió en una leyenda.

Surya Bonaly nació en Niza, y pasó sus primeros meses en el orfanato, hasta que fue adoptada por una pareja formada por una exigente profesora de educación física y un arquitecto. Años más tarde se enteró que sus padres biológicos eran de Costa de Marfil y de la isla Reunión. Impulsada por su madre, la joven practicó varios deportes, y en todos era buena. La esgrima, la gimnasia (donde pronto destacó, fue campeona mundial juvenil de gimnasia acrobática) y, lo que más le gustaba, el patinaje artístico.

Cuando Surya apenas tenía diez años, fue a ver entrenar al equipo olímpico francés, que hacía una escala en Niza. Su madre convenció al entrenador Didier Gallaghet de que la dejara patinar con ellos una hora. La niña intentó hacer un doble Axel, con todo y que tenía el tobillo fracturado. El entrenador quedó impresionado con su determinación y la invitó a que se entrenara en París. Allí se fue la familia, viviendo seis meses en su camioneta: padre, madre, hija y cinco perros.

Pronto empezaron los triunfos. Para 1992, ya había sido campeona mundial juvenil y campeona europea. Venían los Juegos Olímpicos de Albertville, con Francia de anfitriona. Bonaly iba en tercer lugar tras la rutina corta y, antes de la final, tuvo un desacuerdo con el entrenador, que quería una rutina menos arriesgada. Surya fue la primera mujer en intentar un cuádruple toe loop, pero lo terminó en el hielo, y no en el aire, por lo que sólo le contaron triple. Aún así, fue espectacular, pero la calificaron por debajo de Midori Ito y de Nancy Kerrigan, que habían tenido fallas similares. Terminó en quinto lugar. Los jueces consideraban que era demasiado veloz y que le faltaba flujo, elegancia. Tampoco les gustaba su vestimenta. El público pensaba diferente.

Tras el rompimiento con Gallaghet, Bonaly tomó como entrenadora a su madre, Suzanne. En los Mundiales de 1993 obtuvo la medalla de plata, tras cerrada competencia con Oksana Baiul. El reacomodo de los olímpicos invernales dio rápidamente otra oportunidad a la francesa, ahora en Lillehammer 94, en una competencia que generó gran expectativa mediática por la agresión sufrida por Nancy Kerrigan a instancias de su rival Tonya Harding. En el hielo, quienes más brillaron fueron la campeona Baiul y Bonaly, quien jugó con combinaciones largas y difíciles, pero la francesa -tras estar en segundo lugar luego del programa corto- cayó al cuarto lugar, porque su exhibición tuvo algunas fallas.

Para el Campeonato Mundial de Chiba, Japón, Bonaly se había cortado la cola de caballo, que no gustaba a los jueces, dejó de intentar saltos cuádruples, trató de ser más grácil y menos atlética. Empató en puntos con la local Yuka Sato, y los jueces votaron 5-4 para darle el oro a la local. Bonaly se inconformó con su plata: “Hice todo lo que pude, menos pintarme de blanca”, declaró.

Poco antes de los juegos de Nagano 98, Bonaly se rompió el talón de Aquiles. Tenía pocas probabilidades de alcanzar medallas, porque no podía terminar sus series de saltos triples, así que en la rutina final hizo lo que nadie: un mortal hacia atrás en el que cayó en un solo patín. Una maravilla. Pero, como ese salto está prohibido, le descontaron puntos. Se fue hasta el lugar 10.

Pero sucedieron dos cosas: una, que el público se le rindió con esa actuación valiente y deslumbrante. La otra, que, a su regreso a la villa olímpica, Bonaly fue felicitada por otros atletas admirados: los de hockey sobre hielo, los de esquí alpino, los de bobsled, luge y skeleton. Había hecho una revolución: si los jueces querían música clásica, ella les brindaba el mejor jazz, así patinara con Vivaldi.

De ahí se retiró del deporte amateur, pasó a exhibiciones profesionales, y luego a ser entrenadora. Nunca ganó medalla, pero la espectacular y legendaria huella que dejó hizo que muchos la amaran y que todo mundo la extrañara en las siguientes ediciones olímpicas.







jueves, enero 06, 2022

Glorias olímpicas invernales: Ole Einar Bjørndalen

 


Ole Einar Bjørndalen, leyenda viva del biatlón, era el atleta olímpico invernal más laureado al momento de su retiro, en 2018. Ganó 13 medallas olímpicas y 8 de ellas fueron de oro. También subió a 45 podios mundialistas, de los cuales 20 correspondieron al primer lugar.

Lo que caracterizó desde el principio a Bjørndalen fue su capacidad como esquiador de fondo, que fue el deporte en el que se inició. Era mejor en las carreras relativamente cortas. Posteriormente desarrolló sus habilidades como tirador, para ser competitivo en biatlón.

Su historia olímpica no empezó bien. De local, en Lillehammer 94, quedó en el lugar 28 en los 10 kilómetros; se fue hasta el puesto 36 en los 20 y el equipo noruego, por primera vez en muchas olimpiadas quedó fuera de las medallas, con un triste 7° lugar en el 4 x 7,500.

En Nagano 98, Ole Einar obtuvo sus primeras medallas olímpicas: un oro en el sprint de 10 kilómetros y una plata en el relevo por equipos. En los 20 kilómetros tuvo que conformarse con un 7° lugar.

La historia del oro en los 10 kilómetros de Nagano es la que mejor nos dice quién era este atleta. Cerca de dos kilómetros antes de que llegara a la meta, la carrera (en la que los competidores no salen en masa) se canceló por mal clima, porque se consideró que se había convertido en algo desigual para quienes salían después. Bjørndalen llevaba largos 15 segundos de ventaja sobre su más cercano competidor. Mientras todo el equipo noruego dejaba salir su enojo y su frustración, porque ya se sentían con la medalla de oro, lo que hizo el biatleta fue llamar a su coach mental, quien le dijo que había tenido suerte, porque al otro día podía hacer la carrera perfecta. Sólo con estabilidad mental podía dar a todas las dianas y no basarse en su mayor velocidad sobre los esquíes. Y la competencia del día siguiente fue perfecta. Ganó por más de un minuto.

El entrenamiento mental, en el que Bjørndalen fue uno de los pioneros, lo hizo una persona estrictamente dedicada a su deporte. Una persona que mantenía su vida privada alejada de los reflectores.

Para Salt Lake 2002, Bjørndalen ya era el favorito en el biatlón, pero como también quería demostrar y demostrarse sus capacidades en el esquí de fondo, intentó ser el primer atleta en ganar medalla olímpica en ambas disciplinas. Quedó en 5° lugar en los 30 kilómetros y se pensó que el esfuerzo le cobraría caro en las competencias de biatlón, que empezaban apenas dos días después. El resultado fue sorprendente:  oro en el sprint 10 kilómetros, oro en la persecución de 12.5 kilómetros, oro en los 20 kilómetros y oro en el relevo. Nadie antes que él había barrido en todas las competencias de su especialidad

La cita de Turín 2006 fue la única en la que Bjørndalen no subió a lo más alto del podio. Pero obtuvo tres medallas: plata en los 20 kilómetros (fue el más rápido sobre los esquíes, pero sufrió dos minutos de penalización por sendos errores en el polígono de tiro) y en la persecución de 12.5; bronce, en los 15 kilómetros.  En Vancouver 2010, el biatleta noruego falló otra vez en su competencia preferida, que eran los 10 kilómetros, quedando en el lugar 17. A cambio, se llevó la plata en los 20 k. y el oro en el relevo.

Su despedida olímpica fue en Sochi 2014, cuando ya tenía 40 años. Ahí volvió el atleta de inicios de su carrera, con más fuerza en las competencias más cortas: oro en los 10 kilómetros y en el relevo mixto. En cambio, se fue hasta el lugar 33 en los 20 k. Luego aparecieron los problemas del corazón y el retiro. Al cabo la gloria estaba ya ganada.

martes, diciembre 28, 2021

Los diez deportistas mexicanos de 2021

1. Julio Urías
2. Checo Pérez
3. Canelo Álvarez
4. Alejandra Valencia
5. Aremi Fuentes
6. Abraham Ancer
7. Gabriela Agúndez
8. Alejandra Orozco
9. Luis Abuelo Álvarez
10. José Urquidy 


jueves, diciembre 09, 2021

Biopics: La ruptura

En los primeros meses tras la separación, Camilo era muy diáfano en sus sentimientos. 
Una tarde en casa de Eduardo Mapes, me preguntó:
 -Papá, ¿cuándo va a regresar a su casa el tío Eguardo? 
Evidentemente, suponía (o eso le habían dicho) que cuando Eduardo regresara a su casa, yo regresaría con ellos. Le tuve que decir que eso no tenía qué ver, y que yo no iba a volver. 
Raymundo, en cambio, se hacía el fuerte. Le decía a su hermano: “lo de la separación es muy fácil: antes teníamos una casa, ahora vamos a tener dos”. Pero también le dolía el asunto, y eso no era sano. Por eso, en la Fería del Libro Infantil, le compré un librito titulado Digo lo que Siento. 

En esas fechas quedamos que sería yo quien llevaría a los niños la semana que nos tocaba en el tiempo compartido de Acapulco. La recuerdo como muy divertida. Una anécdota es que Raymundo anduvo moliendo todo el tiempo, preguntando cómo era que tenían sexo los homosexuales. 
 -Estás muy chiquito para saberlo. 
Pero siguió muele y muele. Cuando por fin se lo expliqué, exclamó: 
-¡Tenías razón, estoy muy chiquito para saberlo! 
En el aeropuerto, cuando esperábamos el avión de regreso, me encontré con un cuate que había estado en el Comité Nacional del MAP, Antonio Simón. Estuvimos platicando un buen rato (por fin platicar con un adulto después de una semana de hacerlo sólo con mis hijos pequeños). A las pocas semanas, Antonio fue asesinado en Pátzcuaro. 

La ruptura definitiva vino una mañana en la que yo estaba con Taide en casa de Mapes. Habíamos desayunado en Los Pinos (Taide encabezaba a su generación de Economía, y Salinas les había ofrecido un convivio) y Patricia llamó, con un pretexto. Le dije que estaba ocupado, pero igual fue al departamento de Eduardo. Como no la dejé entrar, se enojó mucho y lanzó insultos y amenazas diversas (algunas de las cuales se esforzó posteriormente en cumplir). Yo tuve que darle explicaciones a una Taide muy sacada de onda y, luego de despedirnos, fui a hablar con Patricia. Le dije que estaba sinceramente enamorado y que la separación era definitiva. 
Ella respondió sugiriendo que Taide no estaba conmigo por amor, sino buscando alguna otra cosa. Estaba rotundamente equivocada. Esa respuesta también me dijo que Patricia suponía que yo no era capaz de concitar amor del bueno. 
Al día siguiente cayó el Muro de Berlín. Literalmente.

viernes, diciembre 03, 2021

La inflación y la ruptura del pacto social


El dato: la tasa de inflación anualizada superó el 7%. Con ello, se soltaron alarmas de todo tipo. Y no faltaron entre las alarmas voces estridentes que, juntando todos los indicadores negativos posibles, ya ven la catástrofe venir. De ahí que valga la pena separar la paja del trigo, para darnos una idea de lo que está pasando y de lo que puede ocurrir.

De entrada, una inflación de 7% se considera todavía “reptante”; es decir estamos ante un incremento de precios significativo, pero que se considera todavía manejable. El chiste es cómo manejarlo.

El problema no es tanto la inflación actual, como la esperada. Para ello hay dos elementos que, en el caso de México, sí llaman a preocupación: uno es la evolución en el tiempo de los índices; otro es el análisis de la inflación subyacente (es decir, la que no toma en cuenta los bienes cuyos precios tienen grandes fluctuaciones transitorias, y que por lo tanto evita que nos vayamos con la finta de alguna distorsión en los precios). En ambos casos vemos una aceleración.

En otras palabras, si bien las alzas en energéticos y productos agropecuarios son las que explican mayormente el tamaño actual de la inflación, los aumentos en otros bienes y servicios son los que pronostican problemas para el futuro, y nos dicen que la cosa no se va a arreglar tan fácilmente.

El problema no es el de los libros de texto tradicionales, de exceso de demanda. La dinámica de la economía es baja: de hecho volvemos a la ruta del decrecimiento. No son los salarios, tampoco es el pleno empleo de los factores lo que empuja los precios al alza.

Por lo mismo, las medidas de política monetaria serán siempre insuficientes. Pueden ser lo restrictivas que se quiera: su efecto será mayor, y más inmediato, sobre los niveles de producción y empleo que sobre los precios. Para mal de todos.

La inflación actual está ligada a otros factores: las interrupciones en las cadenas de valor causadas por la lógica del pare-siga derivada de la pandemia, el intento de recuperar pérdidas (reales o potenciales) de parte de los operadores económicos que pueden hacerlo, y las expectativas, que generan una suerte de profecía autocumplida.

El primer elemento es un asunto de oferta que depende, sobre todo, de factores externos. Y en la medida en que las naciones sobrerreacionen a cada nueva noticia sobre la pandemia, las intermitencias en las cadenas de valor continuarán, sin que se pueda hacer mucho.

Pero los relevantes son los otros dos.

La estructura de precios relativos y la distribución del ingreso van de la mano. Se determinan simultáneamente. Si lo que ofrezco -y puedo vender- cuesta más en relación a lo que consumo, gano en términos distributivos. Pero si todo mundo hace lo mismo, el resultado será una carrera y, con ella, el incremento generalizado de precios.

En ese incremento, quienes suelen perder son los asalariados, porque es más difícil mover el precio de la fuerza de trabajo. De ahí que la inflación causada por una disputa en la distribución del ingreso suele tener efectos regresivos generalizados (a menos que, como en tiempos de Echeverría, entre los ganadores estén los productores primarios del campo, que no parece ser el caso ahora).

Una inflación de este tipo significa la ruptura de un pacto tácito entre los distintos agentes económicos sobre la distribución del ingreso. Controlarla, al final, implicará hacer política: restaurar el pacto, tal vez con otras proporciones asignadas para cada quien.

Esa política de concertación, hay que decirlo, es muy distinta de la política electoral o de guerra de posiciones entre grupos ideológicos, partidistas o de poder. Y obliga a una actitud proactiva de parte del Estado.

Ahora bien, sí se quiere recuperar el control de la inflación, antes de que deje de ser reptante, hay que actuar sobre las expectativas. Y esto conlleva también hacer política. Hay que calmar las voces, a veces histéricas, que imaginan, y a veces parece que desean, una depreciación grande del peso, un desplome de la inversión y escasez creciente de diferentes bienes y servicios.

Pero eso no se hace con más gritos estentóreos, con admoniciones o amenazas. Se hace generando espacios para el diálogo, en el que cada parte tiene sus razones... y también sus instrumentos de poder para hacerlas valer. 

Hay tiempo y espacio para arreglar las cosas. El problema es que, si el gobierno insiste en su política de fuga hacia adelante, donde abre frentes de combate en todos lados y lo importante es la propaganda (los malvados empresarios hambreando y haciéndole difícil la existencia al pueblo), el resultado será una agudización de la disputa por la distribución del ingreso. Es decir, más inflación, menos inversión, devaluación y cumplimiento de las profecías apocalípticas.

En esas condiciones, a ver cómo se rehace el pacto social. ¿O de lo que se trata es de estirar la cuerda hasta que se rompa?


miércoles, octubre 13, 2021

La ola antiintelectual

 Aquí, dos textos publicados en Crónica. Uno en octubre de 2021 y, el otro -que puede estar detrás de lo que está pasando recientemente- en febrero de 2019.


La ola antiintelectual


Hasta hace algunos años una de las certidumbres que había era que las discusiones y las diferencias políticas se dirimían por la razón -al menos aparentemente- y que todo mundo apostaba, así fuera de dientes para afuera, por el pensamiento racional y la ciencia.

Ahora parece que no.

Llevamos ya dos años de una andanada constante en contra del conocimiento, la ciencia y los distintos saberes. Esos ataques a menudo se han disfrazado de combate a las élites y su corrupción, pero lo que está detrás es un claro desprecio al trabajo intelectual de todo tipo, al que se le quiere contraponer una sabiduría “ancestral” que tiene mucho de usos y costumbres y otro tanto de superchería.

El reciente ataque judicial que han sufrido los miembros del Foro Consultivo Científico y Tecnológico es sólo la muestra más reciente de una política y un discurso que no sólo son ajenos a la ciencia, sino contrarios a ella: la ven como enemiga de los intereses populares.

Hemos pasado por la estampita del Detente, por la aseveración presidencial de que el coronavirus no pegó tan duro en África por las costumbres de sus pueblos, por la infravaloración del trabajo de los profesionistas, sean estos médicos o ingenieros, por el desprecio a la labor de la prensa profesional, por la negación voluntarista de los datos de medición económica y social, por la sugerencia de que hay una élite corrupta que engaña al pueblo dándose la gran vida con el pretexto de la academia.

Esta visión de las cosas también se ha expresado en el presupuesto, como lo indican la desaparición de los fideicomisos destinados a la ciencia y las artes, los recortes a las becas y la desaparición de las Cátedras Conacyt, el estrangulamiento financiero de distintas instituciones públicas de educación superior y un largo etcétera.

Durante generaciones se ha manejado, sobre todo en países desiguales como el nuestro, que tienen una correlación positiva entre nivel de escolaridad e ingresos, que estudiar y hacerse de una profesión, o utilizar productivamente los propios talentos, son caminos válidos para mejorar personalmente y para la movilidad social.

Si bien esos caminos se han vuelto más estrechos en las últimas décadas, siguen siendo parte del imaginario colectivo. Son parte de los sueños y deseos, de los valores inculcados. Y las rutas, con baches y todo, siguen existiendo.

Pero lo que ahora se dice, desde el púlpito mañanero, es que eso no debería contar. Que son caminos errados, alejados del alma del pueblo. Quien los transite es un “aspiracionista”, que está pensando sólo en sí mismo y en su familia… aunque su trabajo genere bienestar para el resto de la población.

Considero que hay dos elementos detrás de esta idea. Uno es el desconocimiento de las contribuciones de los creadores y científicos al bienestar y la grandeza del país. El Presidente dice que “no hacen nada”.  

En contra de la idea de vividores que se la pasan de coloquio en coloquio, hay una lista enorme de contribuciones de científicos mexicanos, para la que no alcanzarían las páginas.

Antimio Cruz recordó algunas en Crónica: “la ciencia mexicana ha generado las variedades de trigo más sembradas en el mundo; la molécula base de la pastilla anticonceptiva; la primera explicación para frenar el agujero en la capa de ozono, así como antídotos contra venenos, vacunas contra la enfermedad de Chagas”. También cita que es gracias a un mexicano que la insulina que usan los pacientes con diabetes ya no se extrae del páncreas de cerdos, sino de bacterias, y recuerda los avances de ingeniería ligados a la construcción del Gran Telescopio Milimétrico, en Puebla.

Podríamos agregar las investigaciones arqueológicas sobre el Templo Mayor y sobre Teotihuacan, la contribución mexicana en el colisionador de hadrones o en la misión del Curiosity a Marte, el estudio y la defensa de la biodiversidad en el país o los avances para curar el pie diabético (pienso sólo en la labor de algunos galardonados con el Premio Crónica).

El otro elemento se disfraza de ideológico, pero es más bien de resentimiento. Y ahí también confluyen algunos de los (cada vez menos) académicos que han justificado los ataques a la comunidad científica.

Es un resentimiento hacia lo que es percibido como un éxito inmerecido del que goza una parte de la población. Ese éxito y ese prestigio son vistos como una injusticia de parte de quienes, por distintas razones, se han sentido ninguneados en sus carreras profesionales. Más aún si se trata de carreras académicas o artísticas que por muchos años parecían no llegar a ningún lado. De quienes no alcanzaron a llegar al SNI, y son huérfanos de estímulos.  

De repente, por gracia de la política, el resentimiento es virtuoso. Y permite suponer -con la superioridad moral incluida- que el ataque contra el Foro Consultivo es sólo contra unos cuantos burócratas de la ciencia que habrían hecho mal uso presupuestal de los recursos. Eso es hacerle al tío Lolo.

Hubo quien entendió mejor el sentido del ataque: ese hombre del pueblo (y empresario del carbón y senador) Armando Guadiana, quien pidió a la UIF investigar a la UNAM y a todas las universidades por el “despilfarro” de dinero de sus investigadores en “turismo internacional”. De lo que se trata es de apretarlos para que agachen la cabeza, se pongan a la defensiva y ya no se sientan tan cucos. Y lo de menos es que Guadiana tenga un pasado aspiracionista, con una maestría en Ciencias por el Tecnológico de Monterrey, lo importante es que está con el Señor Presidente.


El bodrio de la Ley de Ciencia


Se está gestando un peligroso divorcio entre el gobierno federal y la comunidad científica del país. No es –como dicta la frivolidad en boga– por nombramientos en el Conacyt, sino por la pretensión de regular ideológicamente la manera en la que hace investigación científica y de humanidades en el país. La presentación de la iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología ha sido mal vista por los investigadores del país, y con razón.

Esta ley refuerza de manera muy abierta la centralización en la toma de decisiones. En vez de hacerlo de manera colegiada, pretende la instalación de un Consejo Nacional, que en realidad es estrictamente gubernamental, para regir ciencia, tecnología y también las humanidades.

Esto significa desaparecer el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, el Consejo Consultivo de Ciencias y la Coordinación de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia, y sustituirlos por foros a modo o, de plano, por una estructura vertical.

Al eliminar la participación de actores no gubernamentales que son parte del Consejo General del Conacyt, se elimina, en los hechos, su carácter colegiado y, con él, la participación plural de la comunidad científica.

Esto también puede resumirse en una frase: Todo el poder para la dirección del Cona(h)cyt. Ésta define el presupuesto para ciencia y tecnología, la política de Estado, la asesoría a los poderes de la Unión, la creación o desaparición de centros públicos de investigación, las políticas de bioseguridad y lo que usted pueda seguir sumando.

Junto con ello, la ley plantea una suerte de supervisión metodológica y de prioridades, lo que en la práctica significa dar línea política a la investigación académica.

La idea es orientar la ciencia para “resolver los problemas prioritarios de la Nación”. Parte de una concepción de las ciencias, no como generadoras de conocimiento, sino como meros instrumentos del desarrollo, predefinido éste por las prioridades del gobierno. Esto deriva, casi automáticamente, en una distinción entre ciencias útiles para resolver los problemas y las que no lo son (en principio, toda investigación teórica y de frontera).

También pone por delante las disciplinas con más posibilidades de aplicación inmediata de las que tienen efectos más de largo plazo. Las ingenierías por delante de la física, las matemáticas o la astronomía. Las ciencias sociales aplicadas por encima de la filosofía o las disciplinas artísticas.

Explícitamente, el proyecto de ley señala que el desarrollo científico y tecnológico debe quedar subordinado al proyecto de nación: es decir, a la visión nacionalista y supuestamente justiciera del lopezobradorismo. Esto significa que habrá algunas áreas de investigación o proyectos específicos que se consideren redundantes, bajo el criterio (¿de quién?) de que no corresponden al Proyecto, a la justicia social o a los intereses nacionales.

El proyecto de ley tiene conceptos peculiares, que lo hacen a uno regresar a las discusiones bizantinas universitarias de los años setenta.

Uno de estos conceptos es el de “conocimiento socialmente necesario”, que no está definido. ¿Cuál conocimiento es socialmente necesario y cuál es socialmente innecesario o, incluso, dañino? ¿Cómo se define la necesidad social de determinado conocimiento? ¿Quién es el representante de la sociedad en esa definición?

Otro es la creación de “auténticas fuerzas productivas nacionales”, tampoco definidas. Se sabe que el desarrollo de las fuerzas productivas es condición para el cambio histórico. Lo que no se sabe es cuáles son “auténticas” y cuáles no. Se sobreentiende que las hay falsas, pero no sabemos quién lo define o por qué. Y también habría que preguntarse acerca de la nacionalidad de las fuerzas productivas. Sé que no estamos pensando en la autarquía, pero hay una suerte de rechazo visceral a lo extranjero, y eso se trasmina en la propuesta de ley: pasar este rechazo a las ciencias, que se nutren del intercambio libre de conocimientos, y al desarrollo económico y social, que también se nutre de la interacción internacional, linda entre lo ridículo y lo trágico.

Hablando de cosas no definidas, el proyecto establece que “los principios de previsión, prevención y precaución regirán las actividades de investigación, aplicación y desarrollo tecnológico del país”, pero no dice de qué tratan estos principios. Tal vez tenga que ver con el deseo explícito de “minimizar o erradicar los riesgos derivados… de las actividades relativas a organismos genéticamente modificados”, en donde es claro que se trata, por razones ideológicas por aquello de “sin maíz no hay país”, de limitar la investigación y aplicación, pero no se entiende por qué se generaliza.

La cereza del pastel es que, de acuerdo con la propuesta, para ser miembro del Sistema Nacional de Investigadores, será necesario que el trabajo del académico “redunde en el desarrollo del conocimiento humano y la solución de problemas sociales de diversa índole”. Lo primero se da por descontado, pero ¿y si el trabajo es teórico o de temas ajenos a lo social? ¿O si alguien considera que un trabajo de ciencias sociales no resuelve problemas, sino que los magnifica, porque la metodología o el marco teórico no corresponden a la norma o contiene una crítica devastadora al Proyecto de Nación? ¿Qué pasa, entonces?

En el fondo, tal y como han señalado varios analistas especializados en ciencia, el proyecto de ley lo que hace es consolidar un grupo compacto en la cima de la toma de decisiones en materia científica, darle a dicho grupo la capacidad de cancelar proyectos de investigación y de premiar o castigar a los académicos, abrir las puertas a la censura en materia científica y, por lo tanto, acabar con la libertad de investigación, que es el pilar de esa comunidad, siempre comprometida con México y que no se merece ese trato.

En resumen, bien harían los legisladores de Morena en analizar a fondo el proyecto, y rechazarlo. Es un bodrio.

martes, octubre 05, 2021

Los 20 triunfos de Julio Urías









Mexicanos en Grandes Ligas 2021

Terminó la temporada regular en Grandes Ligas y la noticia para los peloteros mexicanos es, por supuesto, que Julio Urías llegó a las 20 victorias. Es el más joven en alcanzarlos desde Clayton Kershaw, en 2011. Es el primer mexicano que lo hace desde 2003, cuando Esteban Loaiza se hizo de 21 triunfos. Es el primer mexicano ganador máximo de la Liga Nacional desde 1986, cuando lo fue Fernando Valenzuela. Y es el primer mexicano en todos los tiempos en liderar todas las Ligas Mayores en ese departamento. En resumen, hizo historia.

Las otras noticias relevantes del mes fueron el cierre espectacular de temporada de Giovanny Gallegos, muy a tono con su enrachado equipo y el inesperado regreso de última hora de Andrés Muñoz.

Aquí el balance del contingente nacional, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel) 

Julio Urías tuvo una campaña para el recuerdo, y la terminó a tambor batiente, y no sólo por la marca final de 20 juegos ganados contra 3 perdidos. Tuvo 6 aperturas entre septiembre y octubre, ganó 5 de ellas y tuvo una efectividad de 2.05. De hecho, tras el Juego de Estrellas, el PCL de Urías fue de 2.04, el segundo mejor de todas Grandes Ligas. Además de ser el máximo ganador, el culichi fue el cuarto pitcher más controlado (BB/9) de las Mayores, el segundo más económico (15.01 pitcheos por entrada), el octavo en efectividad (un bonito 2.96) y el decimonoveno en ponches, con 195.  Tuvo 13 aperturas de calidad (no muchas, pero no tanto porque le pegaran, sino porque solía dejar el montículo antes de terminar la sexta entrada) y, para ponerle la cereza al pastel, fue uno de los pitchers a los que les resultaba más difícil robar base. Un año redondo.

Giovanny Gallegos se apuntó la friolera de 11 salvamentos en el último mes de temporada regular, fundamentales para explicar la racha de 17 victorias seguidas que mandó a postemporada a los Cardenales de San Luis, y además se hizo de una victoria en el juego que no salvó. Quién sabe qué números hubiera tenido si le hubieran dado la responsabilidad del inning final desde el principio de la temporada. Sus números de 2021: 6-5 en ganados y perdidos, 14 juegos salvados, PCL de 3.02 y 95 rivales pasados por los strikes.   

Alex Verdugo dio un hit fundamental para mantener vivas las aspiraciones de los Medias Rojas de Boston, pero tuvo un slump importante durante septiembre, que incluso lo mandó a la banca un par de juegos. El eficiente jardinero bateó en el año para .289, con 13 jonrones y 63 carreras impulsadas. Se robó 6 bases y anotó en 88 ocasiones. Su OPS (porcentaje de embasamiento más slugging) fue de .778. Un año decente, apenas por debajo de las grandes expectativas que se tienen de él.

José Urquidy finalmente pudo regresar, luego de un largo rato en la lista de lesionados por inflamación en el hombro. Lo hizo bien, en términos generales, pero lejos de ser espectacular. Sigue siendo muy controlado -de hecho, se le embasó en promedio menos de un jugador por entrada-, pero mostró cierta propensión a recibir cuadrangulares. Le alcanzó para ganar dos juegos más (y hubo otro par que se los tiró el relevo). La marca del mazatleco al final de la temporada regular: 8-3. 3.62 de limpias y 90 ponches,

Luis Urías tuvo finalmente la campaña de titular que llevábamos rato esperando. Con un gran rango defensivo en distintas posiciones del infield (porque Milwaukee parecía jugar a contratarle el sustituto) y bastante poder al bate. Su principal problema es que se sigue ponchando mucho, y eso afecta su porcentaje de bateo, que de todos modos es ligeramente superior a la media de MLB. Sus números a final del año: .249 de porcentaje, 23 cuadrangulares, 75 carreras producidas y 77 anotadas, 5 robos de base y un OPS de .789.

Luis Cessa resultó beneficiado de su paso de los Yanquis de Nueva York a los Rojos de Cincinnati. Estuvo casi impecable en septiembre y sólo tuvo un mal relevo el penúltimo día de campaña. Demostró que es confiable y pasó a lanzar en situaciones de mayor presión.   Los numeritos básicos del cordobés:  5-2, 2.51 de ERA y 54 sopas de pichón.

Víctor González, afectado por una fascitis plantar, pasó septiembre en AAA. El zurdo nayarita tuvo un año aceptable, en el que aceptó relativamente pocas carreras, pero en el que no fue tan dominante como en 2020. Sus números del año: 3.-1, 3.57 en carreras limpias, 33 ponches, 17 holds… pero un preocupante WHIP (hits y bases por bolas por inning) de 1.44. Esperemos que regrese en 2022 por sus fueros.

Ramón Urías tuvo una buena temporada con un mal equipo. El destino lo sacó de las puertas giratorias entre MLB y las menores y le dio la titularidad de las paradas cortas de los Orioles por un buen rato, aunque al final de la temporada pasó a la lista de lesionados. El sonorense bateó para un saludable .279, con 7 palos de vuelta entera, 38 producidas y un robo. Su OPS no fue nada malo: .774. Su fildeo, aceptable.

Sergio Romo tuvo un año por debajo de la media. El Mechón estuvo entre el relevo intermedio de los Atléticos de Oakland y labores de preparación de cierre. Empezó horrible, tuvo tres meses magníficos y terminó como empezó: del nabo. El saldo del año es 1-1, un mediocre 4.67 de carreras limpias, 2 salvamentos, 12 holds y 60 chocolates recetados.

Alejandro Kirk tuvo año de montaña rusa. Empezó con un slump largo, su bat se calentó a niveles incendiarios, se lesionó y estuvo dos meses fuera, regresó tumbando caña y terminó con otro slump, que lo sacó del line-up. El joven receptor tijuanense dio muestras de que puede ser muy bueno, pero también dio muestras de inconsistencia. En el año, .242 de porcentaje, 8 vuelacercas y 24 carreras anotadas. OPS de .764, ayudado por su buena vista y capacidad de obtener bases por bolas.

Humberto Castellanos se convirtió, al final de la temporada, en abridor regular de los terribles Diamantes de Arizona (ellos dicen que son Serpientes de Arizona), luego de haber trabajado en relevo largo. Analizando sus game-logs resulta un dato interesante: o le pegan muy pronto en el juego, o lo hacen luego de que ha lanzado cuatro o cinco entrada de manera efectivísima. Es un lanzador que requiere de un manager con buen ojo para meterlo y sacarlo. En su último partido se dio el gusto de pegar un cuadrangular. Sus números: 2-2, 4.93 de efectividad, 29 ponches.

Joakim Soria tuvo una temporada difícil, sólo aliviada por el rato en que los Diamondbacks de repente ganaban y le daban oportunidad de salvar el juego. Pasó a Toronto, pero primero se lesionó, luego tuvo una aparición desastrosa, después un problema familiar y terminó en la lista de COVID-19. Sus números de 2021: 1-4, 6 salvamentos, un desagradable 5.06 de PCL, 3 holds y 31 ponches.  

Oliver Pérez se tomó una tacita de café nomás para mejorar su récord de temporadas ligamayoristas. El veterano sinaloense dejó marca de 0-1, 0.00 de carreras limpias y 4 ponches.

Andrés Muñoz regresó a Ligas Mayores, el último día de la temporada, tras más de un año de ausencia, debido a que tuvo que repararse el codo mediante la cirugía Tommy John. El prometedor tirafuegos, ahora con Seattle, sacó dos outs (uno por la vía del ponche) y dio un par de pasaportes.

Manuel Rodríguez tuvo un septiembre desastroso, tras su buen inicio con los Cubs. Baste decir que el mes su PCL fue de 18.00 y eso que le metieron tres carreras sucias. Primero fue bajado a menores y luego pasó a lista de lesionados. En el año, 3-3, un salvamento, 6.16 de carreras limpias y 16 ponches (pero 12 bases por bolas).

Isaac Paredes regresó a final de año a los Tigres de Detroit, pero el tercera base sigue sin responder: bateó bien debajo de .200 en esta oportunidad. Sus números de la temporada: .208, un jonrón y 7 impulsadas. El hermosillense es joven y regresará.

Alejo López fue llamado un ratito por los Rojos, a ver si volvía la maquinita de hits. Pero no. No hubo uno en septiembre. A los pocos días lo regresaron a AAA. Su marca de 2021: .261 con 3 carreras anotadas.

Miguel Aguilar es otro lanzador mexicano al que probaron los Diamondbacks. En septiembre no estuvo tan mal como en agosto, pero igual lo regresaron a ligas menores. 1-1, 6.43 de PCL y 3 ponchecitos.

Manny Barreda fue una de las figuras clave en la consecución del boleto olímpico de parte de México. También fue uno de los que fallaron feo en Tokio. Y luego de una década en las menores, finalmente logró debutar en Grandes Ligas, a los 32 años. Lo hizo con los Orioles. Le alcanzó para ganar un juego y para ser apaleado brutalmente en dos ocasiones. Fue un viaje corto y regresó a ligas menores. 1-0, 13.50 de limpias, 2 ponches.

Luis González ya no regresó a Grandes Ligas. Dio 2 hits en 8 turnos, anotó dos carreras y ya.