viernes, septiembre 28, 2018

La quiebra de Lehman Brothers y los feligreses del mercado


El 15 de septiembre se cumplieron diez años de la quiebra de Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión en Estados Unidos, y del inicio formal de una crisis económica mundial que se venía gestando de tiempo atrás y que marcó el fin de un modelo económico.

Como en toda crisis, lo que teníamos era un exceso de capital que no encontraba acomodo. A diferencia de las tradicionales (pensemos en la Gran Depresión de 1929-33) en las que este exceso era de capacidad instalada o inventarios sin vender, en la primera década del siglo el sobrante estaba en forma de activos financieros, con más créditos concedidos que los que era posible cobrar.

Recordemos: las finanzas del mundo estaba llenas de paquetes de deuda de baja calidad que habían sido vendidas como si fueran muy rentables. Las calificadoras, tan rudas con las naciones endeudadas, recomendaban invertir en empresas financieras que estaban a punto de quebrar. Tras la caída de Lehman Brothers, vinieron otras instituciones aún más grandes, y entonces tuvieron los gobiernos que intervenir para evitar un efecto dominó de consecuencias devastadoras.

Vinieron rescates sucesivos de aseguradoras, bancos, armadoras de autos… se salvó in extremis al sistema financiero mundial y se establecieron algunos, pocos, elementos de control sobre el mismo. Después de ello, volvió el crecimiento mundial, pero más lento que antes, y con la creación de pocos empleos.
Sucedió que se había roto un modelo de crecimiento sin regulación, en el que la acumulación había tenido mucho de especulativa y poco de productiva. Pero no hubo quien se hiciera cargo de este hecho. La política de rescate de los sistemas financieros no fue acompañada de una revisión seria de las políticas a seguir, ni de una regulación digna de ese nombre. En lo fundamental, aunque sin tantos bonos chatarra, el desbarajuste ha seguido.

Al mismo tiempo, no hubo un cambio en las voces económicas. Otra vez hay diferencias con el crac de 1929. En aquella ocasión, se hizo fuerte una teoría, el keynesianismo, que contenía un método para dejar atrás los problemas de la depresión económica global (esa medicina crearía otros problemas, pero se tardaría cuatro décadas en hacerlo). Ahora no hubo nada, los economistas ortodoxos, que tomaron los puestos de control en la academia y en la realidad en los años setenta, siguieron tan campantes: si la realidad no se adecuaba a sus teorías, peor para la realidad.

La crisis mundial pedía a gritos por lo menos releer a Schumpeter, pero no: Friedman y la versión más derechista del liberalismo seguían sentando sus reales.

Pensemos, de entrada, que a lo largo de estos diez años, si bien las entidades financieras se han recuperado, ahora las grandes empresas son Facebook, Google, Netflix, Amazon… se ha llevado a cabo, efectivamente, una alteración de los antiguos equilibrios que ha destruido un tipo de empresas y fortalecido otras, signadas por la creatividad y las nuevas tecnologías.

Los antiguos equilibrios desaparecieron, pero no la forma dominante de ver la economía. Las viejas recetas que le endilgó el FMI a México en los años ochenta las vimos repetidas en Grecia, hace diez años y en Argentina, hoy. Y los magros resultados serán los mismos: estabilidad a cambio de pauperización.

Los “nuevos equilibrios” del sistema tienen la característica de ser desequilibrantes en lo político y lo social. Ya se ha visto que la creación de empleos es lenta, y que éstos tienden a ser precarios. También, que en la mayor parte de las naciones los salarios han crecido muy por debajo de la productividad. El crecimiento es cada vez más desigual, en lo social y en lo regional. Y eso hace que tenga cada vez menos sentido aquella frase de “primero crear riqueza y luego compartirla”, porque la poca que se crea se comparte menos que antes.

Se ha dicho que la crisis que estalló en 2008 (ese “catarrito” que mató industrias enteras y lanzó a millones a empleos precarios) está en la raíz del éxito de distintos personajes políticos que han manejado ideas populistas de diferente corte. El empeoramiento de las expectativas económicas de la gente y el funcionamiento socialmente poco eficaz de las democracias contribuyeron para ello.

Sin embargo, tal vez lo más preciso sea afirmar que lo que trajo los cambios políticos no fue la crisis económica en sí, sino la respuesta a ella de parte de los políticos tradicionales (que, como todos, son esclavos de algún economista muerto). No cambiaron el discurso ni las políticas: el contexto se encargo de hacer de ello una combinación socialmente tóxica. Eso también explica la crisis en la que cayó, a nivel mundial, la socialdemocracia.

No falta el mandatario –por ejemplo, Enrique Peña Nieto– que presuma, honestamente, de cuánto ha crecido el nivel de las exportaciones nacionales en los últimos años. Uno ve que se han multiplicado y a lo mejor exclama “¡Wow!” Y luego nos da las cifras de la Inversión Extranjera Directa, que se han multiplicado exponencialmente, etcétera etcétera.

El problema es que esas cifras, y otros indicadores económicos tradicionales no tienen la misma relevancia que antes a la hora de medir el bienestar de la población. Incluso la tasa de crecimiento del PIB, el indicador por excelencia, a estas alturas mide solamente la dinámica económica, no el proceso de desarrollo. Otra serie de indicadores, de bienestar social, deberían tener más peso. Habría que ser capaces de medir mejor la innovación, la desigualdad, la distribución de oportunidades, las expectativas (porque de eso también se vive).     

Lo más curioso es que, así como hay feligreses de las promesas populistas, existe la comunidad de la fe en las leyes indestructibles de la economía tradicional de mercado, apegados a las teorías aprendidas en la escuela, que pronostican el caos si no se siguen los dictados de sus textos sagrados. 

No es así. El espacio existe para generar otro tipo de economía, con libertades y en la que haya espacios para la innovación y la capacidad empresarial, pero que mida sus metas de manera diferente. Se requieren, para ello, básicamente tres cosas: mantener un prudente sentido común financiero (para evitar fugas hacia adelante), poner por delante los intereses de la gente de carne y hueso (y no de entelequias como los mercados) y entender que se trata de cambiar el sistema, no de liquidarlo.


Tarde o temprano eso pasará. Ya sabemos que, si no, el hartazgo social cobra factura.   

miércoles, septiembre 05, 2018

El Mechón hace su chamba

Mexicanos en GL. Agosto 2018

Cuando la temporada regular de las Grandes Ligas en 2018 se acerca a su fin, el paso de los mexicanos se hace cansino. Pocas cosas que contar a casa, a no sea por el regreso de Roberto Osuna luego de su suspensión, el debut del jovencito Luis Urías y el buen paso como cerrador de Sergio Romo, porque El Mechón está haciendo lo que a muchos otros se les dificulta: salvar juegos. Otro dato, que al cambiar de equipo, varios mexicanos están con amplias posibilidades de participar en la postemporada. Habría hasta 10 con oportunidad de hacerlo.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 



Sergio Romo. Tras un arranque de temporada trastabillante, El Mechón acumula tres meses en los que ha estado intratable, recibiendo menos de dos carreras limpias por cada nueve entradas lanzadas. Romo demuestra que el tamaño de un pitcher es lo de menos cuando tiene la habilidad para combinar los lanzamientos. En agosto acumuló, para las Rayas de Tampa dos victorias, una derrota, 6 salvamentos y un rescate desperdiciado. Inició septiembre con otro juego salvado. Se ve que cerrar juegos es lo que se le da mejor. Sus números del año: 3-3, 3.47 de limpias, 19 juegos salvados, 7 rescates desperdiciados, 8 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento)  y 65 despachados por la vía de los strikes.


Joakim Soria, ahora con los Cerveceros de Milwaukee, cambio su función: de cerrador pasó a preparador de cierre. En agosto ganó un juego y empezando septiembre perdió otro, al admitir 4 carreras en una entrada. Lleva récord de 1-4, efectividad  de 2.48 carreras admitidas por cada 9 innings lanzados, y 64 ponches. Tiene 16 salvamentos, 8 holds y cinco rescates desperdiciados.

Roberto Osuna regresó de la suspensión que le decretara MLB, pero incorporándose a los Astros, como cerrador. El de Juan José Ríos ha cubierto con éxito un puesto en el que los de Houston tenían un hueco serio. Con ellos lleva marca de 2-2 y 4 salvados. En la temporada, su  marca es 0-0, 13 partidos salvados, un rescate desperdiciado, 2 holds, 2.45 de PCL y 28 pasados por los strikes.

Oliver Pérez ha sido una de las mejores historias del año. Descartado al principio de la campaña, fue llamado por los Indios de Cleveland para fungir como especialista zurdo y lo ha hecho de maravilla. Tiene record de 0-1, con 12 holds, 30 ponches y 1.07 de efectividad.

Víctor Arano sigue cumpliendo más que bien sus tareas en el relevo de los Filis. El de Cosamaloapan es algo así como la estrella invisible del bullpen. Sus números: 1-2, tres juego salvados, PCL de 2.60, 55 ponches y 9 holds.

Héctor Velázquez se llevó dos derrotas en agosto –una de ellas en una apertura terrible- y no ha estado tan fino como en los otros meses. De cualquier forma, sigue siendo una pieza importante, una suerte de utility de pitcheo, para los Medias Rojas de Boston Tiene marca en el año de 7-2, 3.24 de PCL, un hold y 46 chocolates recetados.

Vidal Nuño salió de la lista de lesionados de Tampa, pero no lo han puesto a lanzar. Sus números: 3-0, 1.50 de efectividad y 17 sopitas de pichón.

Christian Villanueva fue puesto a jugar primera y segunda base con los Padres, aunque su posición natural es la tercera. En eso estaba cuando, al atrapar un tremendo roletazo en segunda, se fracturó un dedo. Pasó a la lista de lesionados y tal vez no regrese. El mes le alcanzó para mejorar su porcentaje, pero bajó su slugging. Sus números: .236 de porcentaje, 20 jonrones, 46 impulsadas y tres robos de base.

Yovani Gallardo ha seguido ganando juegos en los que tira menos mal que el rival, aunque en agosto llegó a tener dos salidas de calidad. Sus números de 2018: 8-3, un feo pero ya no tan horrible 5.97 de carreras limpias, 43 ponches (y casi tantas bases por bolas: 34).

Jorge De la Rosa pasó a los Cachorros de Chicago luego de que los Diamantes de Arizona lo dejaran ir. Funciona como especialista zurdo en el relevo. Lleva 0-2, con 7 holds, 4.08 de PCL  y 38 ponches.

Marco Estrada ha dado una de cal por varias de arena. Tras una gran salida en agosto, donde dejó en un hit a los Marineros de Seattle, tuvo aperturas que van de lo mediocre a lo muy malo. Así ha estado todo el año, y no se sabe si trae una lesión latente. Su marca al momento: 7-11, 5.43 de carreras limpias y 90 ponches  

Fernando Salas, inactivo, tras haber sido dejado fuera por los Diamantes de Arizona. Acumula  4-4, efectividad de 4.50, 30 ponches y 4 holds.

Adrián González en agosto estuvo en una reunión de peloteros con el presidente electo López Obrador, pero ya no jugará. Los numeritos del Titán en 2018: .237 de porcentaje, 6 cuadrangulares y 26 carreras empujadas.

Giovanny Gallegos no ha sido llamado por los Cardenales de San Luis… Sus números (todos con los Yanquis): 0-0, un salvado, 4.50 de limpias y 10 ponches.

Luis Cessa regresó al equipo grande de los Yanquis. El veracruzano, sin embargo, se ha visto inconsistente: Sus dos aperturas fueron muy malas. En cambio logró el primer salvamento de su carrera en un relevo largo. 1-3, 5.34 de limpias, un salvado y 23 ponches.

Alex Verdugo fue llamado por los Dodgers en septiembre. Se pasó octubre en AAA. Batea para .280, con un jonrón y 6 impulsadas.

Jaime García estuvo un ratito en el bullpen de Toronto y rapiño una victoria, pero la química con John Gibbons se había acabado, y lo dejaron ir. Lo recontrataron los Cachorros de Chicago, para reforzar su bullpen con un brazo veterano. Rumbo a la postemporada, el tamaulipeco competirá, en desventaja, con Jorge de la Rosa por el puesto de especialista zurdo. 3-6, PCL de 5.93, 3 holds y 69 ponchados.

Luis Urías. El joven de Magdalena de Kino, Sonora, debutó el 28 de agosto con los Padres de San Diego, jugando la segunda base. En la primera entrada, se lució con un atrapadón. Se dice de él que es un bateador natural, de porcentaje más que de poder. En sus primeros días en las mayores lleva .194 de porcentaje, un jonrón, dos empujadas y un robo.

Daniel Castro Con 176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas, para los Rockies, tiene pocas posibilidades de regresar al equipo grande. Ya está el róster de 40 y el de Guaymas no fue llamado.

Carlos Torres estuvo un rato con los Nacionales de Washington. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González, operado del hombro de lanzar, lo veremos –si acaso- dentro de un año. Numeritos feos en 2018: 0-3, 12.41 de limpias y 5 ponches.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros. Juega en Japón.