martes, julio 02, 2019

La histórica marca de Joakim Soria




Mexicanos en GL.  Junio 2019







La noticia más relevante  para los mexicanos en Grandes Ligas durante junio fue la marca que estableció el coahuilense Joakim Soria, al convertirse en el lanzador mexicano con más partidos en Grandes Ligas, superando al sinaloense Dennys Reyes. Soria terminó el mes con 676 apariciones en la lomita de las responsabilidades en su carrera ligamayorista. Pueden ser bastantes más, ya que apenas cumplió los 35 años. El único otro mexicano que le puede hacer sombra es Sergio Romo, un año mayor, y quien a fin de mes también superó a Reyes. Fuera de ello, lo destacable ha sido el buen comportamiento de Alex Verdugo y Julio Urías con los Dodgers,  y la maduración de Giovanny Gallegos, con los Cardenales de San Luis.

Aquí el balance del contingente nacional en el año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Roberto Osuna no tuvo su mejor mes. Perdió un juego, desperdiciando el rescate y sólo se apuntó un salvamento (en parte debido a que las victorias de los Astros fueron amplias y a que el equipo de Houston se metió en una mala racha donde no ganaba). Aún así, su porcentaje de carreras limpias (las admitidas por cada 9 entradas lanzadas) fue de apenas 2.35 en junio. Sus números en lo que va de la campaña: 3-1, 17 salvamentos, tres desperdicios, efectividad  de 2.12 y 35 ponches.

Julio Urías estuvo excepcional durante junio, porque no le anotaron una sola carrera, tanto en su única apertura, como en los relevos largos y cortos que le han encomendado. El zurdito de Culiacán y de los Dodgers se apuntó una victoria, un salvamento y dos holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) durante el mes. Su marca ahora es de 4 ganados con 2 perdidos, 2.50 de efectividad, tres salvamentos (un desperdicio), dos holds  y 51 pasados por los strikes.

Alex Verdugo tuvo dos momentos bien definidos en el mes. Primero entró en un pequeño slump de bateo, y en la segunda quincena estuvo extraordinario con el bate, recuperando el poder que parecía haber desaparecido. Este novato es de las cinco categorías (porcentaje, poder, velocidad, guante y brazo). En el mes, bateó para .309 con 5 jonrones y 10 producidas; en el año: .311, 9 cuadrangulares, 37  impulsadas y 4 robos de base.

Giovanny Gallegos empieza a llamar seriamente la atención, y está siendo usado como preparador de cierre con los Cardenales de San Luis, junto con Andrew Miller, a quien supera en todas las estadísticas. Por fin ha hecho honor a su fama de ponchador y en junio estuvo excelente, con un minúsculo 0.66 de PCL. En el año, 1 ganado, 0 perdidos, 2.63 de efectividad, 5 holds y  54 ponches en 37.2 entradas lanzadas.

Sergio Romo está seguro como cerrador de los Marlines de Miami y, comprobado, lanza mejor cuando está en situación de salvamento que cuando no. En el mes, aprovechó las 4 oportunidades que tuvo, aunque a veces le anotaran. En el año sus números son de 1-0, 15 salvamentos, 1 hold, un desperdicio y 25 chocolates recetados. Su efectividad es apenas promedio: 4.35

Oliver Pérez es otro mexicano que tuvo un buen mes. El especialista zurdo de los Indios de Cleveland sólo permitió una carrera en las diez ocasiones que subió al montículo en junio (pero le costó una derrota). También ganó un juego. Sus números: 2-1, 8 holds, un rescate desperdiciado y  3.04 de efectividad.

Joakim Soria tuvo un junio más que aceptable como preparador de cierre de los Atléticos de Oakland, y de no haber sido por lo poco efectivo que se vio en los primeros meses, hubiera sido el sustituto natural del cerrador Blake Treinen, quien terminó en la lista de lesionados. Además de romper el récord de mexicano con más partidos lanzados en Grandes Ligas, Soria se apuntó dos holds en el mes En lo que va de la temporada: 1-4, 8 holds, 2 rescates desperdiciados, 4.74 de limpias y 40 ponchados.

Víctor Arano,  sigue fuera de acción, tras acumular en abril números de 1-0, PCL de 3.86 y 7 ponches. Tras su intervención quirúrgica, el veracruzano no tiene fecha establecida de regreso.

Héctor Velázquez tuvo problemas en la espalda, que lo enviaron dos veces a la lista de lesionados. Aún así, se dio tiempo para dos relevos largos con los Medias Rojas, en distintos momentos del mes. En ambos le fue bien. Mejora su récord a 1-3, 5.31 de limpias, 38 chocolates y un salvamento tirado.

Luis Cessa ha pasado a ser el trapeador de innings de los Yanquis, utilizado sólo cuando los del Bronx tienen gran ventaja o gran desventaja. Lo ha hecho de manera irregular. En el mes, un feo 7.04 de limpias, a pesar de haber retirado cuatro entradas en orden en la serie de Londres. En el año: 0-1, 2 holds, 41 sopas de pichón recetadas y 4.61 de PCL.

Gerardo Reyes, como previsto, está en la puerta giratoria entre las Grandes Ligas y AAA. Extrañamente, aunque no ha lanzado bien, ha corrido con suerte. En junio rapiñó oootra victoria para los Padres y se llevó otro triunfo luego de que le cayeron a palos, porque los de San Diego respondieron de inmediato dándole la vuelta al marcador. Eso explica que, aunque tiene 4-0 en ganados y perdidos, un hold y 17 ponches, su PCL es de 12.41 y se le embasan casi dos jugadores por inning lanzado e inicia julio en AAA.

Manny Bañuelos  tuvo una salida aceptable con los Medias Blancas antes de volver a la lista de lesionados con problemas en el hombro. El duranguense tiene marca de 3-4, 6.90 de carreras limpias y 42 ponches.

Marco Estrada
llevaba 0-2 con 6.85 de limpias y 8 ponches cuando fue enviado a la lista de lesionados por un problema lumbar, del que no ha salido.

Luis Urías
sigue tumbando caña con El Paso, en AAA, pero los Padres no lo llaman. Arrastra sus tristes numeritos de abril: .083, de porcentaje, con 2 carreras anotadas.

Fernando Salas regresó a su décima temporada en las mayores, con un contrato de liga menor que le extendieron los Phillies. El de Huatabampo lanzó una entrada, permitió una carrera y lo regresaron a AAA.

jueves, junio 20, 2019

Biopics: Datavox se formaliza

El haber sido el único encuestador mexicano en obtener el dato de que Cuauhtémoc Cárdenas derrotaría a Carlos Salinas de Gortari en el DF nos dio cierto prestigio a mí y a mi pequeño equipo. Por un lado Raymundo Rivapalacio, quien había sido nombrado director de Notimex me pidió que hiciera encuestas capitalinas sobre seguridad y educación; por otro, en la Asamblea de Representantes contactaron a Pepe Zamarripa para que levantáramos encuestas para ellos sobre diferentes temas. Era el momento de formalizar lo que había sido el Proyecto Datavox.

Fui con el notario Duhne, amigo del papá de Carreto a quien yo había conocido en Yugoslavia para que hiciéramos la empresa. Me sugirió que fuera una Sociedad Civil, de acuerdo con el código de comercio. Tardó un tiempo en revisar que no hubiera otra con ese nombre, nos dio el visto bueno y un buen día la constituimos. Yo tenía el 51%, Pepe Zamarripa, Chuy Pérez Cota y mi amigo Raúl Trejo, 15% cada uno, y el 4% restante quedó a nombre de Patricia para que hubiera cinco socios. Lo festejamos comiendo pasta y pensando –sobre todo Pepe y yo- que teníamos un gran futuro por delante. “El cielo es el límite”, llegó a decir Zamarripa.

Las encuestas sobre seguridad y contaminación nos las echamos con eficiencia y rapidez,  ahora sí pagándoles el trabajo de campo a unos chavos de economía que Zamarripa y yo capacitamos apresuradamente. Ambas encuestas salieron publicadas en varios periódicos del país, incluyendo El Nacional.

La encuesta de seguridad, recuerdo bien, la titulamos “Los sentimientos de una ciudad con miedo”, porque precisamente eso reflejaba. La de contaminación era más importante, ya que en realidad se trataba de una de las primeras sondas que lanzaba el gobierno para ver la aceptación social de lo que luego sería el programa Hoy No Circula. De los resultados que recuerdo, me queda claro que la idea le resultaba atractiva a la gran mayoría de quienes usaban transporte público, pero sólo a menos de la tercera parte de quienes se transportaban en automóvil particular. Quedaba claro que sí existía una masa crítica de opinión pública para que, si el gobierno modulaba bien su comunicación –y para eso terminaron sirviendo otras preguntas de la encuesta- el programa terminara siendo aceptado por la población.

En esos pininos estábamos, cuando me llama Héctor Aguilar Camín a sus oficinas de la revista Nexos. Estaban interesados en hacer una gran encuesta nacional sobre educación, y querían que nosotros la armáramos. Una parte era sobre cómo estaban valorados socialmente la educación y los maestros; la otra, sobre el aprovechamiento escolar en primaria y secundaria. Era un proyectote, y lo coordinaba Gilberto Guevara Niebla. Me aseguró que la SEP ayudaría y no estorbaría.

Le dije a Héctor que por supuesto estábamos interesados, que podíamos hacer pruebas piloto a nivel nacional, las muestras estadísticas y procesar toda la información, pero que no teníamos la capacidad para hacer el levantamiento en las escuelas, porque se requería demasiado personal de campo, que no teníamos. En ese entendido, le propuse una cifra, que le pareció razonable.

Salí muy contento, pensando que ya había conseguido el proyecto para capitalizar a la naciente empresa. La aventura de esas encuestas resultó, además de interesante, larguísima, complicada y menos venturosa de lo que nosotros hubiéramos querido.     


jueves, junio 13, 2019

Economía para beisboleros



De todos es sabido que el presidente López Obrador es un gran aficionado al beisbol. También, que los números no suelen ser su fuerte. Pero no hay fanático del beis que no sepa estadísticas beisboleras. Por esa razón supongo que una traducción de algunas variables económicas a las estadísticas del rey de los deportes puede servirle a él y a otros entusiastas de la pelota caliente para darnos una idea de dónde está México en materia económica.


El Índice de Gini es como la efectividad del pitcheo (Porcentaje de Carreras Limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas), sólo que moviendo el punto decimal. Este índice mide la desigualdad en la distribución del ingreso. Según él, 1 corresponde a la total igualdad (todos ganan exactamente lo mismo) y 100 a la total desigualdad (una sola persona tiene todo el ingreso). Dicen que “pitcheo es el nombre del juego”, por eso todo equipo que quiera ganar tiene buenos lanzadores. Igual con el tema de la desigualdad: toda nación que quiera tener bienestar, debe evitar las diferencias sociales extremas.

México tiene un índice de 43.4, que lo coloca en el lugar 118 entre 159 países medidos. En otras palabras, estamos bastante mal. Es como si un pitcher tuviera un PCL de 4.34 y el promedio de la liga fuera 3.70.

Si bien no tenemos la peor rotación de pitcheo del mundo (ese dudoso honor le corresponde a Sudáfrica con 63.0), estamos muy lejos del líder, que es Islandia, con 24.1. Las políticas sociales deberían llevarnos, por lo menos, a un nivel intermedio: ese 37.0 de Lituania, que es exactamente la mitad de la tabla.

Pero, ojo, como bien saben los beisboleros, la efectividad del pitcheo no lo mide todo, porque hay carreras sucias. El índice de Gini se puede bajar mediante transferencias, pero si los servicios sociales básicos que proporciona el Estado, como salud o educación, bajan de calidad o dejan de ser gratuitos, eso significará que hay más desigualdad aunque el índice no lo diga (al pitcher le anotaron un montón de carreras sucias). Y tampoco sirve de mucho tener un gran staff de lanzadores, si el equipo no anota carreras (inversión, empleo).


El control de la inflación es como el porcentaje de fildeo. Un buen fildeo ayuda a que las cosas no se desboquen cuando uno está a la defensiva. De nada sirve pitchear bien, cuidando una mejor distribución del ingreso, si luego esos ingresos se van entre las manos con los aumentos de precios.

En la tabla mundial, aquí México califica bien, con 4.8% anual. Haciendo una formulita donde la inflación ideal, de aproximadamente 2 por ciento es igual a 1.000 de porcentaje de fildeo, podríamos calificar a México con un .972, que definiría a un buen shortstop o segunda base. En ese símil, el equipo de Argentina comete error en la mitad de las  bolas en juegos y a Venezuela cualquier rolita se le convierte en jonrón, porque hay más errores que outs.

Aquí también hay que tener cuidado. Cuando un jugador sólo brilla por su defensiva, a final de cuentas resulta maletón. Si todo es combatir la inflación, la economía de la nación termina siendo como Mario Mendoza, gran fildeador que bateaba basura: la Línea Mendoza es un promedio de bateo tan bajo que, no importa que tan bueno sea tu guante, no cabes en Grandes Ligas.


El porcentaje de la inversión productiva respecto al producto es como el porcentaje de bateo. Nos referimos no a los capitales financieros especulativos, sino la que genera empleos, la que invierte en investigación y tecnología, la de infraestructura y obra pública. Una economía se desarrolla sobre bases sólidas cuando invierte.

A diferencia de la inmediata posguerra, el mundo vive tiempos de vacas flacas en términos de inversión productiva. Sólo hay un país que, traducido al beisbol, está rompiendo la liga. China, donde la inversión equivale a .446 del PIB. Ni Ted Williams en sus mejores tiempos. El mundo trae un promedio bajón: .233.

Desgraciadamente, México está por debajo de ese promedio. Bateamos para un raquítico .219 y nuestra meta es alcanzar el .240 de porcentaje. Será difícil si la inversión pública no se reactiva.


La tasa de crecimiento del PIB es como el WAR, esa nueva medición sabermétrica. El WAR compara a cualquier jugador de Grandes Ligas con uno de reemplazo (es decir, uno que casi tiene el nivel para estar ahí, pero está en Ligas Menores).  Y nos dice con cuántas victorias contribuye ese jugador titular.

En el beisbol de Grandes Ligas, jugadores estrella como Mike Trout suelen tener un WAR cercano a 10 por temporada. Pero son la excepción: un buen titular, como por ejemplo Javier Báez, tiene un WAR de 5. El WAR promedio entre jugadores titulares es de 2.5, que es apenas un poco menor al promedio de crecimiento anual de la economía global.

En ese símil, la economía mexicana, que tiene una expectativa de crecimiento, según los últimos datos de Banxico, de entre 0.8 y 1.8 por ciento, estaría jugando como oscuros peloteros de la parte baja del montón: sería algo así entre Lonnie Chisenhall y Chad Pinder.  Tal vez podríamos mejorar el WAR si tuviéramos un mejor porcentaje de bateo (es decir, más inversión).


¿Y a qué estadística beisbolera equivale la ausencia de déficit fiscal o de endeudamiento? Yo diría que a la proporción de bases por bolas concedidas por el pitcher por entrada lanzada. Es un asunto de control.

Si el lanzador no concede la base por bolas, hay menos posibilidad de que le anoten carreras (recordemos que, como dice el dicho, “contra la base por bolas no hay defensa”). Aunque no signifique una carrera inmediata en contra, genera peligro: hace más fáciles los errores (la inflación futura) y también puede atentar, si hay una crisis, contra la efectividad del lanzador (la distribución del ingreso). En estos días, la estrategia del nuevo manager nacional es la evitar a toda costa regalar una base al rival.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la táctica obliga a conceder una base por bolas. A veces disfrazada, para evitar un bateador que sea demasiado peligroso; a veces intencional, para buscar un out forzado o un doble-play y garantizar el triunfo en el juego.


Y también hay razones más de fondo. Nadie quiere un pitcher descontrolado, pero uno que sabe usar las esquinas del home y otorgar las menos bases por bolas posibles es mejor que uno que, con tal de no otorgar un pasaporte a primera base, pone la bola en el centro del plato y le pegan tremendos batazos. Si no, pregúntenle a Greg Maddux.


Cuando escribí este artículo pendía sobre México la amenaza de los aranceles de Trump. Mi consejo fue que nos enfrentábamos a un bateador en esteroides, un tramposo que carga un bat alterado. Nada de lanzamientos rectos para él: puras curvitas. La moña, pues. 

viernes, junio 07, 2019

Google, Huawei y la guerra que viene


Hace tiempo que las verdaderas guerras mundiales, las que definen cuáles serán las potencias hegemónicas, se dirimen en terrenos distintos a los campos de batalla. Las guerras localizadas, que siguen cobrando miles de muertes, no son sino escaramuzas de carácter táctico.
Tras la Guerra Fría, vivimos una suerte de guerra financiera de divisas, en la que el dólar resultó ganador, a pesar de los esfuerzos europeos para que el Euro fuera su rival. Ahora toca el turno a la guerra tecnológica, que –en el ambiente neoproteccionista de los años recientes– amenaza con volver a dividir al mundo. Una cortina virtual.
Esa cortina virtual puede afectar la economía y la vida cotidiana de miles de millones de personas en muchos países.
El pasado 15 de mayo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump emitió una orden ejecutiva por la cual prohibía a las empresas estadounidenses utilizar servicios de firmas de telecomunicaciones extranjeras que "pongan en peligro la seguridad nacional". El mensaje estaba dirigido principalmente a las empresas de telecomunicaciones chinas, encabezadas por el gigante Huawei.
La idea detrás del decreto de Trump es que, dicen los expertos, es relativamente fácil para un tercero acceder al funcionamiento de  los equipos y el software de Huawei, el gobierno chino podría hacerlo. Y si el gobierno de Pekín le pide a una empresa china ayuda para una operación de inteligencia, es muy poco probable que ésta se niegue. El ciberespionaje de cada día.
Si la información es poder y más, si en la época que viene, con la tecnología 5G, los sistemas de seguridad y defensa dependerán cada vez más de un software conectado a la red, la paranoia puede explicarse. Sobre todo si tomamos en cuenta que Huawei es la empresa más avanzada en la generación de la 5G.
Lo curioso es que la orden ejecutiva de Trump, que prohíbe cualquier compra de tecnología extranjera que sea considerada como amenaza a la seguridad nacional de EU se parece mucho a la ley de ciberseguridad de China. De hecho, cualquier empresa no estadunidense puede ser considerada como un enemigo en potencia.
Y también es curioso que, según denunció Snowden en su momento, las agencias de espionaje de Estados Unidos piratearon datos de las redes y de las principales empresas de tecnología de su propio país.
En esas condiciones, una de las preguntas es: ¿Quién quieres que te vigile?
¿Qué puede salir de este enfrentamiento? Una respuesta fácil sería la del muro virtual. En Occidente, todo mundo con Google, YouTube, Twitter y WhatsApp; en Oriente, con Baidu, Youku y Wechat. En algunos países, con teléfonos y aplicaciones para cada uno de ellos. Pero no es tan fácil.
Llevamos décadas en un acelerado proceso de globalización de los procesos productivos, y eso ha generado una imbricada red de la que no es sencillo zafarse. Una misma empresa tiene programadores en distintas partes del mundo, los componentes del hardware suelen ser internacionales, la interdependencia en la producción, el consumo y el propio desarrollo tecnológico es enorme. Romperlo en aras de la defensa nacional, para forzar sistemas separados en la cadena de suministro es una decisión de graves consecuencias. De entrada, provocaría que todo sea más caro.
La respuesta del presidente del consorcio chino, Ren Zhengfei, es clara: “Estados Unidos no puede gestionar el mundo entero. El resto del mundo decidirá si debe trabajar con nosotros, de acuerdo con sus propios intereses comerciales y su posición… La práctica actual de los políticos estadounidenses subestima nuestra fuerza". 
Mientras crece cada día el número de empresas que advierten que cortarán relaciones con Huawei (además de Google, están Qualcomm, Intel, la japonesa Panasonic, la británica ARM, fabricante de chips, las telefónicas británicas EE y Vodafone, entre otras) la compañía china asegura que tiene la tecnología para reemplazar los suministros cortados. Si no la tiene, la desarrollará, para eso puede contar con un ejército de geeks de la propia China y de otros países. Incluso está avanzando en la creación de su propio sistema operativo.
Como se ve, no es sólo un problema de EU contra China. Es el riesgo de vivir en un mundo en el que los gobiernos puedan decidir (o se vean presionados a hacerlo) sobre qué red de suministro tener para su propio funcionamiento y para la población, o en el que corran redes paralelas.
Si Trump cree que con su decreto va a ablandar al gobierno chino, está utilizando su “arte de la negociación” con el rival equivocado. Una dictadura no va a cambiar así tan fácilmente. Y si piensa que es fácil echarse para atrás, tiene que pensar en las repercusiones políticas que ello tendría en un año electoral. 
En otras palabras, en esta guerra, Trump cruzó el Rubicón y es muy posible que esté subestimando la capacidad de un rival que ya se metió como la humedad en diversas partes del mundo, de Europa a África y América Latina.
Bien haríamos en México en seguir un poco más de cerca esta guerra. En el plazo inmediato, porque afecta a miles de consumidores nacionales. En el mediano plazo, porque las decisiones estratégicas marcarán el rumbo de una de los sectores económicos centrales en la economía del Siglo XXI. Recordemos que nuestro país tiene jugadores importantes en el mundo de las telecomunicaciones globales y puede jugar un papel activo.

Para empezar, no estaría mal que alguien le avisara al presidente López Obrador que el eje de la economía mundial ya no es el petróleo. Ni lo será. 

martes, junio 04, 2019

Un nuevo titular (y otro sinaloense en líos)


Mexicanos en GL.  Mayo 2019

Mes de pocas noticias para los mexicanos en Grandes Ligas. Lo más relevante ha sido que Alex Verdugo ya se ganó el puesto de titular en el jardín central de los poderosos Dodgers de Los Ángeles y el lío en el que se metió el zurdo Julio Urías, tras haber presuntamente empujado a una mujer en un centro comercial, lo que le valió una suspensión administrativa de 7 días (no fueron más porque la empresa no entregó el video a MLB). Se ve que nadie experimenta en cabeza ajena. Urías no lo hizo con el desaguisado que le costó media campaña a su coterráneo Roberto Osuna el año pasado.

Aquí el balance del contingente nacional en el año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Roberto Osuna sigue tumbando caña como cerrador de los Astros de Houston, aunque perdió su marca perfecta en salvamentos. En el mes, tuvo 1 ganado 0 perdidos y 9 rescates en 10 oportunidades (de hecho, la victoria fue porque los Astros anotaron luego de que él desperdiciara el rescate). Lo que ha caracterizado a Osuna este año ha sido su tremendo control. Sus números tras poco más de dos meses: 3-0, 16 salvamentos, un solo desperdicio, 1.98 carreras admitidas por cada 9 entradas lanzadas y 28 ponches.

Julio Urías pasó, como se tenía previsto, al bullpen de los Dodgers, al regreso de los lesionados. Ahí lo ha hecho bien. En el mes, ganó un juego (igual que Osuna, fue al desperdiciar un rescate) y salvó dos, uno de ellos en relevo largo. Por la suspensión, su actividad fue limitada: lanzó sólo 9 innings en mayo. Su marca 3-2, 3.78 de efectividad, dos salvamentos (un desperdicio) y 36 pasados por los strikes.

Alex Verdugo se benefició con la lesión del frágil A.J. Pollock y ya es titular indiscutible en un equipo repleto de buenos jugadores. En el mes siguió brillando con el guante y el brazo y haciendo mucho contacto con la pelota. Es uno de los pocos ligamayoristas que tiene más bases por bolas que ponches. Lo que le faltó fue poder. En mayo: .284 con 11 carreras producidas y 2 robos de base. En el año: .315, 4 jonrones, 28 impulsadas y 3 colchonetas estafadas.

Sergio Romo aprovechó casi cada oportunidad –no son muchas- que le dieron los Marlines de Miami para cerrar exitosamente los juegos. Sólo falló en una ocasión, de 8 posibles. En el año sus números son de 1-0, 11 salvamentos, 1 hold (ventaja mantenida en posición de rescate), un desperdicio y 21 chocolates recetados. Bajó su efectividad a 4.50. No es muy vistosa, pero recordemos que el primer día de la temporada le pegaron 4 carreras y apenas sacó un out.


Giovanny Gallegos ha escalado posiciones dentro del bullpen de  los Cardenales de San Luis, pasando de trapear innings a situaciones más cerradas. Eso se hace con base en el buen trabajo. El sonorense tiene 1-0, 3.75 de limpias, 38 ponches y 3 holds.

Oliver Pérez corrigió el rumbo y, si a numeritos nos vamos, fue el pitcher mexicano más efectivo en Grandes Ligas este mayo. El especialista zurdo de los Indios mejoró su récord a 1-0, 4 holds, un rescate desperdiciado y un aceptable 3.71 de efectividad.

Víctor Arano,  tras acumular en abril números de 1-0, PCL de 3.86 y 7 ponches, fue transferido a la lista de lesionados por una inflamación en su codo derecho. Fue intervenido quirúrgicamente y estará al menos dos meses fuera de acción.

Joakim Soria, si nos vamos a las mediciones de WAR (juegos ganados por encima de un jugador de reemplazo) compite con Osuna como el mejor relevista mexicano en las Mayores. Pero si nos vamos a números más tradicionales, está en una campaña muy por debajo de lo habitual. El de Monclova y los Atléticos de Oakland  ganó un juego y perdió 2 en el mes, mejoró mucho su control y acumuló holds, pero no da la sensación de seguridad que requiere un relevista de los últimos innings. En lo que va de la temporada: 1-4, 6 holds, 2 rescates desperdiciados, 5.02 de limpias y 27 ponchados.

Luis Cessa no ha recibido de los Yanquis, que tienen uno de los mejores bullpens de las Mayores, oportunidad de actuar en situaciones importantes, pero ha cumplido como relevista intermedio. En el mes, perdió uno de esos largos juegos de extrainnings que se deciden en la rayita. En el año: 0-1, 2 holds, 30 sopas de pichón recetadas y 4.73 de PCL.

Héctor Velázquez tuvo una buena apertura spot con los Medias Rojas de Boston, que ganó, y otra en la que estuvo pésimo, y perdió. Ha estado menos consistente que el año pasado, un poco a todo con el equipo patirrojo, que parece una sombra del anterior trabuco. Al momento lleva marca de 1-3, una efectividad malita, de 5.04 y 32 pasados por los strikes. Su WHIP (hits y bases por bolas por entrada lanzada) bajó, pero sigue siendo alto: 1.34.

Gerardo Reyes deberá prepararse para pasarse el año en la puerta giratoria entre las Grandes Ligas y AAA. Van tres veces que lo llaman los Padres de San Diego y siempre es por pocos días. En mayo tuvo la suerte de rapiñar otra victoria. Sus números del año: 2-0 en ganados y perdidos, un hold y 7 ponches, pero también un poco envidiable 18.00 de PCL: le meten dos carreras por cada entrada lanzada

Manny Bañuelos  continúa como quinto abridor de los Medias Blancas de Chicago y no sabemos si es por buena fe del manager Rich Rentería o porque de plano los patipálidos no tienen de otra. De sus cinco salidas del mes (estuvo un rato en la lista de lesionados) cuatro fueron un desastre y la otra, aunque mediocre, le sirvió para llevarse el triunfo. Tiene marca de 3-4, 7.36 de carreras limpias y 39 ponches. En promedio se le embasan casi dos bateadores por entrada.

Marco Estrada llevaba 0-2 con 6.85 de limpias y 8 ponches cuando fue enviado a la lista de lesionados por un problema lumbar, del que no ha salido. Los Atléticos se la están tomando con calma, porque de poco serviría su regreso a la rotación si va a repetir sus últimas actuaciones.

Luis Urías la ha estado rompiendo en AAA, luego de que los Padres lo bajaron, pero en San Diego no se deciden a regresarlo al equipo grande. El infielder sonorense lleva todavía los números paupérrimos de abril: .083, de porcentaje, con 2 carreras anotadas.

jueves, mayo 30, 2019

Yo tengo otros datos

Un par de textos de coyuntura, publicados en mayo.

Yo tengo otros datos 




“Yo tengo otros datos” ha sido una de las frases recurrentes en la carrera de Andrés Manuel López Obrador. Los tenía cuando era Jefe de Gobierno capitalino, los tuvo muchas veces como candidato a un puesto de elección popular. Ahora los tiene como Presidente de la República.

Ha sucedido con temas varios: el costo de obras de infraestructura, los índices delictivos y, más recientemente, con la medición de la dinámica económica y con las expectativas de crecimiento para el futuro.

Todos, aunque muchas veces no nos demos cuenta plenamente, nos movemos a partir de los datos que almacenamos a través de nuestra experiencia. Y también, a partir de las contradicciones entre lo que percibimos y los datos que nos quieren hacer pasar como buenos.

Hay quienes quieren hacer pasar todo registro numérico y estadístico como “lo verdadero” y suelen utilizar para ello los datos que mejor sirven para fundamentar su punto de vista. Y hay dos maneras para hacer frente a ese tipo de trucos. Una es escudriñando los datos a fondo, en busca de los que son realmente significativos; la otra, es generar una suerte de alergia a los datos o, cuando menos, de suspicacia ante ellos.

Es muy cierto que el manejo estadístico de distintas variables –pienso, sobre todo, en economía- está permeado por el punto de vista ideológico de quien las maneja. Así, a menudo se ha perdido el objetivo de la política económica, que debería ser la búsqueda del bienestar del mayor número posible de personas y que luego se pierde en pos de equilibrios que sólo existen en los modelos teóricos.

El problema es que, a la hora de hacer políticas públicas, los datos son necesarios porque, sin ellos, no sabemos dónde estamos parados, de qué tamaño son los instrumentos con los que contamos y cuál es su alcance real. Si no medimos adecuadamente las necesidades y carencias, tampoco podremos idear las formas para cubrirlas. Si no medimos bien la capacidad productiva de la nación o la desigualdad, tampoco podremos encontrar los mejores caminos para impulsar la primera y disminuir la segunda.

Esto viene a cuento porque, ante la evidencia de una notable desaceleración económica, la respuesta del Presidente ha sido la de acusar al mensajero. Si el INEGI, Hacienda y la OCDE advierten que la economía está estancada, la respuesta de López Obrador se dirige sólo a la última institución, porque está encabezada por un representante de la tecnocracia que ha sido desplazada del poder político en México. Y es una respuesta de incredulidad, no de rebatir con otros datos y tampoco de sugerir que los datos, las variables económicas que importan a su administración son otros.

López Obrador cree que la economía no se ha desacelerado, que podrá crecer a un promedio anual de 4 por ciento y alcanzar cotas de 6 por ciento al final de su sexenio. Ojalá tenga razón, pero por ahora es sólo su creencia y los datos apuntan a un crecimiento tan mediocre como los que hemos tenido en años anteriores, sin que haya factores, como la inversión, que apunten a una mejoría.

Lo curioso es que AMLO rechaza el fetichismo de los tecnócratas en unos aspectos y lo abraza en otros. Su aversión a la deuda, por ejemplo. O su insistencia en los recortes al gasto público (la T no significa “transformación”, sino “trasquilar”, Frik dixit). O la opinión de que el gasto en áreas no directamente vinculadas con la industria, como las ciencias y las artes, es al final de cuentas sólo un agregado renunciable.

Si la inversión pública es escasa y está detenida, si el gasto no genera demanda efectiva, si los recortes de personal disminuyen esa demanda y si la incertidumbre empresarial detiene decisiones de inversión, las condiciones están dadas para que la economía no crezca.

Se podría alegar que se trata de un periodo en el que se están sentando las bases para un nuevo tipo de desarrollo, con mejor distribución del ingreso familiar y regional. Pero no. Se alega que hay otros datos. (Tal vez porque en el fondo no se trata de un periodo de ajuste para un nuevo modelo, sino de un impasse, de que estamos en punto muerto).

Tan estamos en punto muerto, y tan lo sabe AMLO, que ya lanzó la sugerencia de que el Banco de México debería tener un doble mandato: no sólo combatir la inflación, sino también apoyar el crecimiento. De hecho lo hizo como parte de su crítica a las previsiones económicas realizadas por Banxico, que no le gustaron.

Más allá de la duda razonable sobre la capacidad del Banco para apoyar el crecimiento económico (no maneja los mismos instrumentos de hace 40 o 50 años), hay que subrayar que tendría que haber muchas más fortalezas institucionales en el país para que el mandato dual funcionara bien.

En ese sentido va el corolario: es fundamental mantener la autonomía de instituciones que nos dan los datos a partir de los que toman decisiones de política pública. El INE, el INEGI, el Coneval y el Banco de México encabezan esa lista, que es muy larga.


La política pública se tiene que hacer utilizando datos fidedignos y escogiendo las variables relevantes en lo social. Hay instituciones que los proporcionan. Lo otro es mero voluntarismo y negación.


Ecología 4T: un tren de regreso a los setenta


Los signos se multiplican. El sargazo acumulado en las costas de Quintana Roo y los efectos de los incendios forestales sobre el Valle de México, cuyo aire se ha vuelto irrespirable, son sólo las más recientes evidencias de que nos movemos, con rapidez indeseada, a una cadena de crisis ligadas al manejo irresponsable de los recursos naturales.

La depredación del medio ambiente tiene costos cada vez más grandes. A cómo vamos, en el corto plazo estaremos gastando una cantidad creciente de dinero en resolver problemas creados por el propio modelo de desarrollo. Una parte de los recursos irá a mitigar los efectos dañinos en los ecosistemas; otra se destinará a paliar los efectos nocivos en la salud de las personas.

Hay cosas de las que nos debimos de haber dado cuenta hace mucho: el desarrollo de las sociedades implica conservar el capital natural y pensar en la sustentabilidad como mecanismo capaz de innovar y mejorar las economías.

En los años 70 esa discusión estaba en pañales. Las preocupaciones ecológicas eran vistas como visiones ajenas y hasta contrarias al desarrollo económico. La frase típica de respuesta a quien abogara por el desarrollo sustentable era (y cito a un querido condiscípulo, en una discusión de aquellos años): “Sí, está a toda madre el paisaje, con sus arbolitos y su agua limpia, pero detrás de ese paisaje está la miseria de muchos campesinos que, si no entran a la modernidad, seguirán muriendo de hambre”.

Con el tiempo se vio que la relación entre economía y sustentabilidad era otra, mucho más compleja, y que, usando las ciencias a nuestro favor, es posible pasar hacia economías menos ineficientes, más innovadoras y con justicia social.

Es evidente, sin embargo, que estas ideas no han permeado en realidad entre la población. Entre los que estamos más o menos informados existe una suerte de doblepensamiento orwelliano al respecto: declaramos estar muy preocupados por el calentamiento global y el deterioro ecológico, y seguimos con los mismos patrones de producción y consumo, con algunos cambios simbólicos, como para aquietar a nuestras conciencias. Entre los demás, todavía existe la idea de que una nación crece, progresa y se embellece con cemento, fábricas y hartos automóviles y vías rápidas.

El anterior gobierno no se distinguió para nada en la promoción de un desarrollo sustentable. Su lógica, enraizada en las teorías económicas tradicionales, fue la de asignar precios incluso a la naturaleza y sus derivados. “El que contamina, paga”… y que siga contaminando.

Uno pensaría que, en lo que ha sido presentado como un nuevo modelo, las cosas podrían cambiar. Pero no.

Si atendemos algunos de los puntos centrales del proyecto de gobierno de López Obrador, veremos en pleno que hay una lógica extractivista. Está en sus megaproyectos: la construcción de la refinería de Dos Bocas, la termoeléctrica de Huexca, el Tren Maya y el que atravesará el Istmo de Tehuantepec. Está en el retorno al carbón, en la apuesta nacional por el petróleo y en el recorte total al impulso de las energías eólica y solar.

Lo que tenemos es continuidad, y eso se ve en el presupuesto. Dicen los expertos Julia Carabias y Enrique Provencio: “los datos hablan solos: en el periodo 2015-2019 la reducción acumulada del presupuesto asignado a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fue de 61%, para la Comisión Nacional Forestal la caída fue de casi 70%, y en el caso de la Comisión Nacional del Agua el ajuste alcanzó 60%.”

Varios de los megaproyectos se saltarán los estudios de impacto ambiental. Ya se ha talado selva para hacer lugar a la refinería tabasqueña. Se contempla que los operadores turísticos tengan un papel fundamental en el Tren Maya, con resorts cercanos a las estaciones. Y la idea es que estos grandes esfuerzos de modernización a la antigüita rescaten a miles de mexicanos de esa parte del país de la situación de pobreza severa en la que se encuentran. Es el alegato de mi amigo hace más de 40 años.

Cuando, en 1967, nació la idea de desarrollo sustentable, la comisión encargada de Naciones Unidas lo definió como aquel "que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para satisfacer las propias". 

Ha pasado una generación, y las generaciones de hoy ya están viendo que la capacidad para satisfacer sus propias necesidades ha sido comprometida por la necedad de las generaciones que las antecedieron. Los muchos problemas relacionados con el cambio climático y con malas prácticas, como el uso masivo de agroquímicos, así lo atestiguan.

Lo peor del caso es que, con la vista siempre en el corto plazo, se está apostando por un camino que generará más problemas de los que podrá resolver.

Y no, que me perdonen, pero la práctica agrícola de "roza, tumba y quema", que tanto contribuye a la deforestación y que tantos incendios causa, no es parte de "la sabiduría indígena ancestral".

miércoles, mayo 22, 2019

Filias y fobias deportivas (V. Atletismo y otros deportes)

Terminamos este tour de force de filias y fobias deportivas con el atletismo y otros deportes.

Atletismo

El atletismo es, junto con el beisbol, un deporte favorito para mí. Son los dos que he practicado con un cierto grado de calidad. Como espectáculo, me encanta el circo de las múltiples pistas, y le sé un poquito a todo. Tengo particular debilidad por las especialidades que nunca pude dominar: el salto de altura y las vallas. También, por los héroes de México 68 –Beamon, Biwott, el podio de los 200 planos, Fosbury, Figuerola, Keino, Mahmoudi, Wolde-.

Filias

Masculino

1. Usain Bolt. Me encanta el divertido espíritu raggae de este gran velocista. En sus carreras no sólo quería que ganara, sino que dejara muy atrás a todos sus competidores.
2. Raúl González. Siempre fui fan, y destaco su perseverancia aún en tiempos en los que las grillas en el equipo de caminata estaban por desbarrancar su carrera.
3, David Rudisha. Un corredor de gran estilo y en verdad poderoso. El bicampeón olímpico de los 800 metros, además, tuvo la buena onda de colocar por un instante su medalla de oro en el pecho de mi nieta.
4. Félix Sánchez. Gran estilo como vallista. Me emocioné mucho con su enorme regreso como veterano.
5. Ato Boldon. El enemigo público número uno de Carl Lewis. Un velocista serio y sin pelos en la lengua.

Femenino

1. Ana Guevara. La seguí desde antes de los Centroamericanos de 1998, una atleta extraordinaria. Me enojan los comentarios machistas que recibe.
2. Marlene Ottey. Fan de ella por guapa, por su estilo de correr y porque sus rivales eran gringas. Más fan por su mala suerte olímpica.
3. Valerie Adams. La sonrisa de la gran lanzadora neozelandesa de bala me ganó.
4. Florence Griffith. Quién sabe si el doping la mató, pero ver correr a esta gacela sonriente era una delicia.
5. Blanka Vlasic. En general soy gran admirador de las saltadoras de altura. De la Vlasic, además, admiro su calidad y me maravillo con sus ojos.

Fobias.

Masculino

1. Carl Lewis. Tipo más mamón no ha corrido ni saltado. Disfruté cuando le ganó Ben Johnson, lástima que el canadiense se haya pasado de tramposo (le creo a Boldon: el dopaje de Carl Lewis era de más calidad).
2. Justin Gatlin. La versión moderna de Lewis, afortunadamente opacada por Bolt.
3. Joachim Cruz. Otro ejemplo de mi disgusto con la mezcla entre religión y deporte. Más si se trata de evangélicos.
4. Jefferson Pérez. En realidad el ecuatoriano era simplemente un gran marchista. Su pecado, ganarle a los mexicanos y demostrar que la marcha mexicana había entrado en crisis. En cualquier caso, no quería que Jefferson ganara.
5. Renaud Lavilleine. Garrochista, pero tan mamón que parece velocista gringo.

Femenino

1. Mary Decker. Le iba a Zola Budd y a Maricica Puica sobre la Decker, corredora inflada. Le jodió a Budd la prueba y encima le echó la culpa. Me dio gusto cuando la suspendieron por dopaje.
2. Allyson Felix. Gran corredora, pero siempre tiene cara de estar oliendo caca.
3. Yelena Isinbayeva. Tremenda atleta, demasiado consciente de su belleza, y ha sido, gustosa, un peón político de Putin.
4. Ana Fidelia Quirot. Admirable como atleta, superando una tragedia (causada por ella misma). Odiosa como competidora, de lo más engreído que hay.
5. Tonique Williams. Le ganó el oro olímpico a Ana Guevara. Nomás por eso.




Pasemos ahora a deportes de apreciación.

Clavados

Siempre me han gustado, aunque lo que he aprendido ha sido en la tele, donde pasamos de las pedestres reseñas de Sonny Alarcón (“no salpicó mucha agua”) a las explicaciones con más clase de Luis Niño de Rivera y a los especialistas actuales, con los que sentimos que aprendimos tanto que podemos ser jueces.

Filias

Masculino
1. El Pollo y El Duva. No puedo dejar de ponerlos juntos, porque Iván García y Germán Sánchez revolucionaron los clavados sincronizados. Su audacia les dio frutos. Menos de los que merecían, pienso yo.
2. Rommel Pacheco. Personalmente, me parece el clavadista más simpático y alivianado que he visto.
3. Dimitri Sautin. Casi tan simpático como Rommel, pero en ruso.
4. José Guerra. El cubano era un clavadista enormísimo… que luego fallaba clamorosamente unos clavados fáciles.

Femenino
1. Paola Espinosa. Me encantan su gracia y su tenacidad.
2. Laura Sánchez. La suya es una gran historia personal. Siempre sentí que no la trataban como la gran deportista que era.
3. Pandelela Rinong Pamg. Me gusta el nombre, me gusta la tenacidad. Y que Malasia haya logrado tener una gran clavadista.
4. Jennifer Abel. De ella me encanta su fuerza. Es la demostración de que los clavadistas son atletas.

Fobias.

Masculino
1. David Boudia. Me cae mal por múltiples razones. Una, que sólo brilla en las competencias fuertes. Dos, porque trae todo ese rollo cristiano empalagoso. Tres, porque el rollo cristiano le ha impedido salir del clóset.
2. Qiu Bo. Otro rival de los mexicanos. Percibo que los jueces lo ayudan.
3. Tom Daley. Nunca me ha gustado el boato que hacen los ingleses con él. Es el único clavadista superstar.
4. Patrick Hausding. Entra en la lista por consistente. Porque sé que nunca hace grandes clavados. Por eso quiero que dé el ranazo y rara vez lo da.

Femenino
1. Chen Ruolin. No es posible que esta china jamás de los jamases falle mínimamente un clavado. Y que ni siquiera esboce una sonrisa en sus competencias.
2. Tania Cagnotto. Otro caso de la obsesión del padre. Siento que la pobre Tania se pasó la vida tratando de quedar bien con su papá. De emularlo, cuando en la época de Cagnotto padre no competían los chinos. Siento que no gozaba su deporte. Por eso también, sádicamente de mi parte, me gusta cuando pierde.
3. Marijose Alcalá. De ella me cayó mal su conformismo. Después del bronce mundial se dedicó a justificar resultados: “estoy feliz porque soy la novena mejor clavadista del mundo… porque estoy entre las primeras 20… porque estoy entre las primeras 36”
4. He Xi. Otra china cara de palo que nunca da el ranazo.


Patinaje artistico

Prueba reina de los olímpicos de invierno. La seguía más en los años 80 y 90 que en la actualidad. 

Filias.

¡Los saltos mortales de la Bonaly! 
1. Surya Bonaly. La francesa era simplemente espectacular. Hacía lo que nadie se atrevía (y ahora varias de sus acrobacias están prohibidas, por peligrosas). Los jueces se ensañaban con ella.
2. Katarina Witt. Tenía una clase y una elegancia naturales que enamoraban. Entiendo la fascinación de Alberto Tomba con ella.
3. Viktor Petrenko. El ucraniano es el mejor ejemplo de las bondades de la escuela soviética de patinaje artístico. Como, además, no exageraba en la estética, me caía muy bien.
4. Phillipe Candeloro. El primer gran rebelde del patinaje artístico.
5. José Fernández. La versión moderna de Candeloro, atrevido. Y con más técnica que el suizo.

Fobias

1. Nancy Kerrigan. Un invento total de la mercadotecnia gringa. Le regalaron la medalla de plata para que la telenovela-vodevil con Tonya Harding, con la madre ciega y toda la parafernalia les funcionara.
2. Brian Boitano. El patinador canadiense Brian Orser era un hígado. Pues bien, Brian Boitano  era tan insoportable que, en la “Batalla de los Brian”, yo le iba a Orser.
3. Tara Lipinsky. Otra gringuita inflada.
4. Scott Hamilton. La versión antigua de Boitano.
5. Michelle Kwan. Patinaba con el mismo estilo soso de Kerrigan, pero sin el melodrama añadido.



Gimnasia

Me gustaba mucho de joven, al grado de ir a ver los entrenamientos de la selección mexicana; ahora siento que le entiendo menos. Mis filias y fobias están todas en la gimnasia femenina.

Karin Janz, 1968
Filias

1. Karin Janz. Dirán que Vera Caslavskà fue la Novia de México en las olimpiadas del 68, pero yo, entonces puberto, me enamoré de Karin Janz, que era como de mi edad. En mis sueños, yo calificaba a las olimpiadas de Munich y me la ligaba en la Villa Olímpica (¡Qué iba yo a saber en aquel entonces de la existencia de la Stasi!)
2. Nelly Kim. Me gustaba la alegría en las ejecuciones de la rival de la seria Nadia Comaneci.  
3. Ali Reisman. Es, creo, la gimnasta más elegante que he visto en la nueva generación.



Fobias

1. Mary Lou Retton. La ñiña mimada de aquella borrachera de nacionalismo gringo que fueron los Juegos Olímpicos de 1984.
2. McKayla Maroney. Es el ejemplo más visible de los excesos competitivos en EU. La niña que le hizo el feo a una plata olímpica. Me encantaron los memes que se burlaban de ella.
3. Svetlana Khorkina. Es la versión rusa de McKayla, avant la lettre.


Otro deporte colectivo muy popular: 

Basquetbol

Sólo he seguido la NBA en los tiempos de Jordan. A nivel selecciones, en cambio, lo he hecho bastante, con excepción de los años negros del baloncesto mexicano (los 80s, la segunda mitad de los 90 y primeros años del siglo XXI). Admito que soy villamelón y apenas entiendo un poco de táctica.

Filias 
1. Michael Jordan. Su carisma y su calidad me hicieron ver algo de NBA por unos años.
2. Gustavo Ayón, el resucitador en la duela del basquetbol mexicano.
3. Manuel Raga, el embajador del deporte mexicano en Europa en los años 70. “¿Mexicano? ¡Ah, como Manuel Raga!”.

Fobias.
1. Dennis Rodman. Un payaso metido al básquet. Los Pistons eran maloooosos, lo cual está bien, pero este tipo era otro nivel, y en Chicago desentonaba, a mi gusto. Su affaire con Norcorea lo hace más vomitivo.
2. Charles Barkley. Tipo sucio, capaz de dar foules arteros a jugadores amateurs. Lo hizo en Barcelona ’92.
3. Arturo Guerrero. El Mano Santa era buen jugador, pero también el típico mal compañero, poco solidario con el equipo. De comentarista se la pasa diciendo que era mejor que Raga, lo que nunca será cierto.


Otros deportes 

Taekwondo

Filia
María del Rosario Espinoza. Fan de toda la vida. Una gloria del deporte mexicano.

Fobia
Steven Lopez. No se puede presumir de ser el mejor taekwondoin del mundo cuando conmocionas a propósito a un rival sin experiencia. El personaje parece sacado del equipo de los Cobra Kai en Karate Kid.

Natación

Filia
Michael Gross. Dos cosas me encantan del Albatros. Que haya sido la única lucecita extranjera en la natación de Los Ángeles 1984 y que haya contribuido para taparle la boca a Matt Biondi.

Fobia
Matt Biondi. Me cayó mal por bocón, cuando dijo que iba a romper el récord de Spitz. Por fortuna no pudo.


Pesas

Woolfolk, queriendo sonreir
Puras filias.
Leonid Zhavotinsky. El pesista soviético conquistó corazones en México 68 con su sonrisa y su apetito por las sandías.
Naim Suleymanouglu. Impresionante, la diferencia entre el pequeño halterista y el peso que levantaba.
Natalie Woolfolk. Esta pesista estadunidense me encantó porque parte de su técnica era sonreir mientras hacía el levantamiento. Fui a una sesión de los Panamericanos de 2011 esencialmente para verla a ella… y no compitió.


Patinaje pista corta

Fobia.
Apolo Ohno. Su mamonería era asombrosa. Años después me enteré que lo hacía a propósito, para atraer gente a su deporte. Le salió bien.


Volibol


Filia
Julio Velasco, de joven
Julio Velasco. El extraño caso de un deporte en el que mi única filia real es con un entrenador. Conocí a este argentino de origen peruano cuando entrenaba al Panini Modena (y su hija era compañera de mi hijo en preescolar). Un buen tipo, solidario. A partir de ahí seguí toda su carrera, con distintos equipos y selecciones, que fue exitosísima (dos veces campeón mundial, plata olímpica, tres veces campeón europeo, cinco veces ganador de la Liga Mundial).

Para que vean qué clase de personaje, en este vínculo hay una entrevista de 2017.