miércoles, julio 18, 2018

Biopics: un coloquio en Nueva York

En octubre de 1988 asistí a un coloquio en Nueva York. Su principal promotor-organizador era Clemente Díaz Durán, quien había desarrollado una buena amistad profesional con dos economistas relevantes, Hyman Minsky y David Felix, de la Washington University de St. Louis. Yo a Minsky lo había estudiado en Italia y sus textos habían sido importantes para mi tesis y para posteriores análisis sobre la deuda mexicana, como el de “Acreedores y Deudores”. De hecho, ambos académicos habían venido a México y yo fungí una tarde como guía de turistas en el centro de la ciudad para Minsky y su señora.

Aquel coloquio se desarrolló en el Bard College, situado al norte del estado de Nueva York –uno podría decir que era una universidad en medio de la nada, de no ser porque junto corría el río Hudson-, y a mí me tocó comentar un paper de Richard Feinberg, sobre la caída en el financiamiento a América Latina de parte de las agencias multilaterales. Fuimos varios colegas de la facultad y recuerdo que me reí mucho en el camino de ida, platicando con Francisco Hernández y Puente y Francesca Sasso.

De la reunión recuerdo menos. Sé que de nuestra parte participaron, además de mí, el propio Clemente, Rolando Cordera, Julio López, Roberto Cabral, mi tocayo Hernández y Puente y León Bendesky. Nuestro participante estelar era Carlos Tello, en su calidad de exdirector del Banco de México.

Bendesky hacía mucho hincapié en que le dijeran “León”, con acento en la O, y no “Leon”, a la gringa. En cambio, un chileno, Sebastián Edwards, se refería a sí mismo como “Sebastian”. Allí conocí a otros personajes que tenían nombre en el momento, como Jeff Frieden e Ileana Cardoso.

Mentiría si dijera que recuerdo bien mis comentarios a la ponencia de Feinberg. Pero tengo presentes dos detalles. Uno, que lancé un juego de palabras en inglés: “In Latin America, the IMF is a three-letter four-letter word” (En América Latina, el FMI es una grosería de tres letras). El otro, que alguno de los presentes dijo que por fín alguien criticaba a Feinberg desde su izquierda. (En otras palabras, que para los gringos yo era muy ultra, y eso que todavía no escuchaban a Bendesky).

Acabé haciéndome medio cuate de Feinberg –años después sería, con Clinton, Director del Consejo Nacional de Seguridad-, y esa noche en el bar de aquel hotel en medio de la nada, vimos uno de los debates presidenciales entre George Bush y Mike Dukakis. A diferencia de Rolando, que se había entusiasmado con los argumentos del demócrata, Feinberg y yo vimos que había sido incapaz de dar el golpe seco que necesitaba y, también, que perdería la elección. El académico norteamericano estaba verdaderamente deprimido, y con razón.

Después del coloquio fuimos a la ciudad de Nueva York, en donde algunos nos quedamos en el hotel rascuache que había reservado Clemente, otros prefirieron irse a uno mejorcito y no faltó quien –no digo nombres- se fue a uno todavía más pinche para ahorrarse unos dolaritos. Compartí cuarto con Roberto Cabral.

¿Qué hicimos Cabral y yo, dos académicos empobrecidos, en la Gran Manzana durante un par de días? Tomamos el tourcito en barco que te lleva a ver la Estatua de la Libertad y caminamos, caminamos, caminamos y caminamos por esa ciudad interminable. Hicimos un par de mínimas compras y en las noches nos pusimos a ver por televisión la Serie Mundial.  Igual la pasamos bien.


viernes, julio 13, 2018

CDMX. la clase social aparece en las urnas


Se ha hablado, en esta elección, tanto de voto transversal por Andrés Manuel López Obrador, como de voto diferenciado entre las diferentes candidaturas. También se ha hablado de voto de clase y de voto de castigo. Es hora de hacer algunos numeritos, tomando como ejemplo las elecciones en la Ciudad de México, que tienen, además la característica de que la elección presidencial y la de jefatura de gobierno fueron concurrentes, y con campañas bien diferenciadas.
Empecemos por lo obvio. AMLO ganó ampliamente en la capital, pero la Ciudad de México ya no fue el bastión principal de sus votos. Quedó apenas arriba de la media. Los bastiones lopezobradoristas esta vez fueron los estados del sur-sureste y del noroeste.
Lo segundo, López Obrador obtuvo 400 mil votos más que la candidata a la jefatura de gobierno por la coalición Juntos Haremos Historia, Claudia Sheinbaum. Esto significa que hubo mucho voto diferenciado en estas elecciones. Lo interesante será constatar que hubo elementos de clase ligados a esta decisión.
Históricamente, al menos desde 1988, la votación en la capital ha estado claramente diferenciada según el estrato social. En la elección presidencial de aquel año, había una correlación inversa entre nivel de ingresos y votación por Cuauhtémoc Cárdenas, y una correlación directa en el caso de Manuel Clouthier, con la excepción de los estratos más altos. En otras palabras, las colonias más pobres votaban más por el Frente Democrático Nacional y las más pudientes lo hacían más por el PAN. La excepción eran las colonias más ricas, que se decantaban más por el PRI. Este partido tenía en la ciudad un patrón de votación casi plano: aproximadamente los mismos porcentajes en todas las colonias, salvo el chipote positivo de las más ricas.
Este patrón de votación por clase o estrato social se mantuvo desde entonces, variando sólo los porcentajes, hasta el 2015. De hecho uno podía saber en qué tipo de colonia vivía revisando el porcentaje de votación del PAN y comparándolo con otras. Más panista significaba más nice. El caso contrario era cierto con el PRD, aunque a lo largo de los años, la línea del PRI se hizo menos recta, porque se cayó su apoyo en las zonas de clase media-baja.
En las elecciones de 2015 y 2016, con la aparición de Morena, hubo nuevos cambios. Morena y PRD se dividieron a las clases populares, por la diferente implantación territorial de ambos. En términos generales hubo una fuga de voto clasemediero y de colonias de clase trabajadora del PRD hacia Morena, pero este no fue tan grande en las colonias marginadas.
¿Qué pasó en 2018? Las elecciones tenían un ingrediente particular, la alianza entre el PAN y el PRD, que tenían fuentes sociales de voto muy distintas. ¿Hasta qué punto habría una fusión de estas dos bases electorales diferenciadas? ¿Qué tanto pesaría el hecho de que el candidato presidencial del Frente fuera de extracción panista y la candidata a la ciudad fuera perredista? ¿Y el efecto AMLO?
Esa alianza, a su vez, tuvo efectos en las campañas para la jefatura de gobierno. Claudia Sheinbaum decidió centrarse en la identificación con AMLO y agregó el tema de su experiencia como científica, con la idea de una ciudad innovadora; Alejandra Barrales se dirigió casi estrictamente a las bases perredistas, otrora mayoritarias, con lenguaje populachero y propuestas de apoyos sociales; Mikel Arriola consideró que le dejaban un amplio campo a la derecha y hacia allí se movió, sobre todo en temas de seguridad y de derechos de las minorías.
¿Qué fue lo que sucedió? Analizamos una veintena de casillas, de distintas colonias y clases sociales y esto fue lo que encontramos.
En primer lugar, en la elección presidencial encontramos lo de siempre: una correlación positiva entre ingresos y voto por el PAN (por Ricardo Anaya) y una correlación negativa entre nivel de ingresos y voto por Morena (por Andrés Manuel López Obrador). La única diferencia relevante es que las clases más altas abandonaron al PRI –en la casilla de Las Lomas, Anaya obtiene 65%, frente a 20% de Meade– y que el desplome del priísta en algunas colonias de clase media baja es total –en la Unidad Independencia obtiene apenas el 4%-.
El otro dato es que la correlación entre nivel de ingresos y tipo de voto no funcionó tanto en los candidatos a la jefatura de gobierno. También se da, pero no de una manera tan clara.
En particular, la línea para Barrales y Sheinbaum es más plana que para sus respectivos candidatos presidenciales.
Eso significa que muchos ciudadanos de clase media-alta y alta que votaron por Anaya, lo hicieron por Mikel Arriola o por Claudia Sheinbaum en la boleta citadina. También, que muchos electores de clase trabajadora y marginada que votaron por AMLO para la presidencial, lo hicieron por Barrales para la jefatura de gobierno.
De hecho, en las clases altas, Sheinbaum obtiene más votos que López Obrador y en las medias, aproximadamente el mismo porcentaje. La diferencia se explica exclusivamente en las zonas populares, sobre todo allí donde había aparato perredista (que se detecta también en los votos por Anaya bajo el logo del sol azteca).
Barrales tiene hasta 16% menos votos que Anaya en las casillas “ricas” y hasta 22% más que el panista en las zonas pobres. Arriola tiene hasta 14% más que Meade en las zonas ricas y es todavía menos popular que él en las pobres.
Mikel Arriola, al mover al PRI hacia la derecha, llevó hacia sí a los votantes panistas más conservadores y con consciencia de clase (alta), pero no pudo entregarle esos votos a Meade (Mikel se llevó 120 mil votos más que Meade bajo el emblema del PRI). La campaña de Barrales no intentó atraer votantes del lado derecho del Frente; su propósito, más que contribuir a la causa de Anaya, era evitar que el PRD se desfondara totalmente en la capital (aquí sí jugó aquello del “agua y el aceite” de los críticos más elementales del frente).
Finalmente, Claudia Sheinbaum, en una campaña que hacía énfasis en sus credenciales académicas, obtuvo un voto transversal que atrajo a la clase media ilustrada, pero no pegó tanto como AMLO en las zonas populares. Su holgada victoria está más ligada al éxito nacional de Andrés Manuel López Obrador y al voto de castigo hacia Miguel Ángel Mancera que a la campaña misma. Hay que decir que ella lo sabía desde el principio.


En resumen, las clases sociales sí existen. Siguen existiendo. Y la gente, a veces sin proponérselo conscientemente, vota con ellas.

miércoles, julio 04, 2018

El Látigo de Monclova cabalga de nuevo


Mexicanos en GL. junio 2018

Joakim Soria es un pelotero discreto, pero sus números lo colocan, tranquilamente, entre los diez mejores peloteros mexicanos de la historia en Grandes Ligas. El Látigo de Monclova retomó el papel de cerrador con los Medias Blancas de Chicago y lo ha hecho de manera brillante. El drama en la carrera de Mexinator ha sido que nunca ha sido el taponero de un equipo contendiente de Serie Mundial.

Además de la noticia de Joakim, las otras dos novedades importantes del mes fueron que los Mets despidieron al Titán Adrián González –quien en realidad no la había hecho tan mal- y que Grandes Ligas por fin decidió el castigo a Roberto Osuna: 85 partidos de suspensión. Volverá a principios de agosto y los Azulejos dicen que lo hará de nuevo como cerrador titular.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo coel desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Joakim Soria, tras recuperar la titularidad como cerrador con los Medias Blancas de Chicago, tuvo un junio perfecto y ha empezado julio de la misma forma. Lleva 15 entradas lanzadas sin permitir carrera, y más de 17 sin permitir carrera limpia. Esa actuación le salvar 8 juegos en el lapso. Lleva récord de 0-2, mejoró su efectividad a 2.48 carreras admitidas por cada 9 innings lanzados, y 38 ponches. Tiene 12 salvamentos, dos holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento) y dos rescates desperdiciados.

Héctor Velázquez son tuvo un junio maravilloso, porque casi siempre le tocó lanzar en situaciones poco relevantes, pero sí fue efectivo. En el mes, lanzó para 3.48 y ganó un juego. El sonorense de los Medias Rojas tiene marca en el año de 6-0, 2.68 y 28 chocolates recetados.

Christian Villanueva trae el bat bastante más apagado que al inicio de temporada, lo que es algo normal en los novatos. El tercera base jalisciense apenas bateó para .206 con 2 cuadrangulares en junio. La diferencia de su majagua cuando está ante un lanzador derecho o uno zurdo es impresionante: a los zurdos les batea .315, y tiene un extraordinario OPS (porcentaje de embasamiento más slugging) de 1.143; a los derechos les batea .186 con un OPS de .591. Casi Babe Ruth contra los zurdos y menos que Mario Mendoza contra los derechos. Ha mejorado en su fildeo. Sus números del año: .231 de porcentaje, 17 jonrones y 41 impulsadas.

Vidal Nuño. El veterano ha sido una revelación en el bullpen de las Rayas de Tampa, donde ha dado muy buenos resultados. En el mes lanzó 18 entradas, aceptando sólo dos carreras y obteniendo dos victorias. Para mejor, en el duelo maratónico contra los Marlines, tomó turno al bat, cosa que prácticamente no hacía desde 2015, y se fue de 2-2 con una impulsada. Lo malo es que, al correr las bases, se jaló el tendón de la corva y ahora está en la lista de lesionados.

Roberto Osuna se declarará inocente en el juicio por violencia doméstica que le presentó una vecina. En tanto, está suspendido hasta el 4 de agosto, cuando regresará a la lomita como cerrador de Toronto: el sinaloense lleva marca de 0-0, 9 partidos salvados, 2.93 de PCL y 13 pasados por los strikes.

Víctor Arano tuvo un junio correcto en el bull-pen de los Phillies y cada vez lo han metido en situaciones más importantes. El de Cosamaloapan obtuvo su primera victoria del año el 30 de junio y el primer rescate de su carrera el 4 de julio. Sus números: 1-0, un juego salvado, PCL de 2.48, 30 ponches y 4 holds.

Oliver Pérez tiene más vidas que un gato. Los Indios de Cleveland, con severos problemas de bull-pen, lo llamaron como especialista zurdo. Y lo ha hecho bien. En el mes lanzó poco más de 8 entradas y permitió sólo una carrera. En el camino, se agenció 5 holds. Su marca: 0-0, 0.84 de limpias y 11 pasados por los strikes.

Fernando Salas, tras el mal paso de mayo, volvió a lucir como a principios de temporada. El relevista intermedio de los Diamantes de Arizona lanzó para 1.74 de efectividad en el mes, con una victoria. El de Topolobampo acumula estos números: 4-4, efectividad de 3.72, 29 ponches y 4 holds.

Sergio Romo ha sido de todo este año. Relevista intermedio, miniabridor, y ahora cerrador de las Rayas de Tampa Bay. Se ve que al veterano esto último es lo que más le gusta, porque mejoró notablemente su efectividad (que fue en junio de 1.84). Sus números del año: un ganado, un perdido, 8 salvamentos, 4 rescates desperdiciados, 5 holds, un mejorado 4.34 de PCL,  y 40 sopitas de pichón a los bateadores rivales. 

Marco Estrada tuvo un muy buen mes de junio. Tuvo 2.35 de PCL. Cuatro de cinco aperturas fueron de calidad, aunque sólo en dos de ellas se agenció la victoria (en una más, perdió el duelo de pitcheo). Los primeros meses fueron tan pobres que su ´record actual es de 4-7, con 4.72 de efectividad y 70 ponches. En su salida de junio, se resintió de un problema en la cadera y pasó a la lista de lesionados.

Jorge De la Rosa, aunque tuvo un buen mes en los Diamondbacks, no ha brillado particularmente este año. El zurdo regiomontano lleva 0-2, con 6 holds, 3.04 de PCL  y 15 ponches.

Adrián González entró en un breve slump de bateo y, de manera inopinada, fue dejado libre por los Mets de Nueva York. Ningún otro equipo ha reclamado sus servicios. Los numeritos del Titán: .237 de porcentaje, 6 cuadrangulares y 26 carreras empujadas.

Giovanny Gallegos fue traído otro ratito al equipo grande de los Yanquis de Nueva York. En dos apariciones lanzó 5 entradas y le metieron 3 carreras. Ahora sus números son: 0-0, 3.86 y 10 ponches. Lo regresaron a AAA.

Luis Cessa, también con los Yanquis, pudo tener una apertura antes de ser devuelto a las menores. Le fue mal, y perdió: 0-1, efectividad de 5.00 y 9 pasados por los strikes.

Jaime García, regresó de la lista de lesionados para tener 4 aperturas con los Azulejos, una de calidad, en la que se fue sin decisión y tres muy malas, que perdió. Cuando se hablaba de mandarlo al bull-pen, mejor se decidió que su inflamación en el hombro no se había curado y está en la lista de lesionados. Los feos números del zurdo tamaulipeco son 2-6, PCL de 6.16 y 56 ponchados.

Yovani Gallardo, milagrosamente, volvió al equipo de sus amores, los Rangers de Texas, y como abridor. Ha corrido con suerte, porque su equipo respondió con batazos salidas mediocres. Ahora ya suma 115 victorias en su carrera. Pero en el año: 2-0, un horroroso 9.00 de carreras limpias y 16 ponches.

Alex Verdugo estuvo un rato en los jardines de los Dodgers, supliendo al lesionado Yasiel Puig. Acumuló .265 de porcentaje, con una producida.

Daniel Castro, con los Rockies y en sustitución de D.J. LeMahieu, jugando la segunda base, se hizo en mayo de los siguientes números: .176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas. A principios de junio lo devolvieron a AAA.

Carlos Torres no funcionó en el relevo de los Nacionales de Washington y le dieron las gracias. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González está en la lista de lesionados de 60 días. El Mariachi regresará a los Medias Blancas, si acaso, después del Juego de Estrellas. Sus impresentables números: 0-3, 12.41 de limpias y sólo 5 ponches.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros. Ya firmó para el beisbol japonés. 

viernes, junio 22, 2018

Biopics: 1988, numeritos postelectorales

En los días que siguieron a la cita electoral de 1988 se generó una gran tensión política. A toda la oposición –y en realidad, también al PRI y al gobierno- le había quedado claro que la elección se había ensuciado por fraudes diversos (eso, sin contar que había sido un proceso inequitativo de principio a fin, porque así eran las reglas en aquel entonces). Salinas había reconocido “el fin de la época del partido prácticamente único”, pero se decía victorioso y Cárdenas insistía en que él había ganado las elecciones.

El problema que tenían Cárdenas y la izquierda era que no podían demostrar con suficiencia que la votación a favor de Cuauhtémoc era superior a la de Salinas de Gortari. Estaba muy cuesta arriba demostrarlo, cuando los partidos del FDN no tenían en su poder la mayoría de las actas.

El asunto también generó diferencias de criterios entre los simpatizantes de Cárdenas. Había quienes tomaban las palabras del Ingeniero como dogma de fe. Si él decía que había ganado, eso era. Otros queríamos intentar reconstruir, con datos y actas, el proceso y ver qué se podía sacar en claro. En el fondo, unos estaban dispuestos al choque frontal; otros pensábamos en algún tipo de negociación, que diera cuenta del poder real del Frente. Al final, paradójicamente, no fue ni lo uno ni lo otro.

En ese proceso conseguí, a través de Juan Molinar Horcasitas –quien a su vez los había obtenido del PAN- diez floppys en los que venía la información de casi 30 mil casillas.

La información venía como una retahíla de números que había que separar y partir. Rápidamente vi que los números correspondían a entidad, distrito, casilla, partidos en orden de registro, nulos, votos por candidato, padrón de la casilla y número de votantes. Chuy Pérez Cota hizo las particiones y cargamos todo en mi computadora Celeron –con pantalla ámbar porque hipster avant la lettre- que tenía una supermemoria de dos megas.

Con el programa dbase3, armé varios ejercicios estadísticos. Había que ser muy cuidadosos para dar las instrucciones, porque la poderosa máquina tardaba aproximadamente 45 minutos para hacer cada cálculo (y parecía una maravilla, 150 mil sumas y divisiones en menos de una hora). Sobre ellos escribí algunos artículos para el Cuaderno de Nexos (que era una especie de suplemento de última hora de la revista).
El primero, era un ejercicio de desmaquillaje electoral. A partir de la información incompleta de la Comisión Federal Electoral, elaboré tres muestras representativas nacionales, de 300 casillas cada una y les apliqué una “capa limpiadora”, sustituyendo todas las casillas zapato (en las que el PRI obtenía la totalidad de los votos), las casillas que bauticé como ciempiés (porque en la computadora recordaban el viejo juego centipede de Atari, los ceros haciéndola de cuerpos del animalejo), donde el PRI obtenía más del 90% y casillas sospechosas (PRI por encima de 80 por ciento en zona de alta votación opositora) por las casilla numéricamente más cercana y que tuviera resultados verosímiles.

En las tres muestras ganaba Salinas de Gortari, pero con una ventaja muy inferior a la oficial. En la más endeble, basada en el número de votos efectivos por entidad en las elecciones de 1982, la ventaja del priista era estadísticamente insignificante (38.3% a 38.1%).  La segunda se basó en los votos efectivos por entidad en las elecciones de 1988, y la ventaja de Salinas era de dos puntos: 39.5% a 37.5%. La tercera se realizó bajo el método aleatorio simple, y creo que era la que tenía menos sesgo: en ella, Salinas de Gortari ganaba 41.3% a 38.7%.

Había dos hechos en esos números postelectorales: el primero, que el fraude podía haber significado una inflación de 8 o 9 puntos porcentuales para Salinas, y un descenso artificial similar para Cárdenas; el segundo, que aún así, con esa “capa limpiadora”, el candidato del PRI parecía tener más votos que el del FDN.

Publiqué otros dos ejercicios. En uno revisaba en qué estados se acumulaban las casillas sucias –y resultaba que había una correlación con los índices de marginación: el fraude se había hecho en las zonas más pobres, demostrando que, en materia electoral, también había mexicanos de tercera-. En el otro veía el comportamiento electoral en el Distrito Federal, con colonias escogidas: sí había habido un voto de clase. Salvo en las colonias más ricas, priístas, había una correlación directa entre nivel socioeconómico y voto por el PAN y una correlación inversa en el voto por el FDN.

Hubo quien leyó esos datos como argumento para anular la elección. Pero también hubo quien los leyó como justificación de la victoria salinista, porque no repetían el mantra de que Cuauhtémoc había ganado.


Poco tiempo después, apareció el libro Radiografía del Fraude, que firmaba Cuauhtémoc Cárdenas, pero que había sido hecho, casi en su totalidad, por José Barberán, un matemático al servicio del Frente. Barberán demostraba por varias vías la existencia de una manipulación grosera de la votación (su mejor argumento, la sobreabundancia de casillas en las que la votación del PRI terminaba en 0 o en 5), pero su premisa principal, la que “probaba” la victoria de Cárdenas, que debía de haber una distribución normal de los porcentajes por cada candidato, era totalmente errónea. En unas elecciones se podría esperar una distribución normal, unimodal, con forma de Campana de Gauss, si la elección de la casilla fuera aleatoria. No lo es. Cada casilla está en una colonia y comunidad diferente, y no votan igual los habitantes de la colonia Álamos, en la capital, que los del centro de Irapuato, una comunidad rural de Veracruz, un pueblo pequeño de Oaxaca o la colonia Obispado, de Monterrey. Una distribución bimodal es perfectamente posible, y de hecho es lo normal en las democracias.

Afirmar eso, que ya se da como una verdad de a kilo en el México de hoy, era anatema entonces entre algunos de los seguidores de Cárdenas. Al grado que, en la presentación de aquel libro, cuando un analista se atrevió a comentar que el fraude estaba probado, pero no la victoria del candidato del FDN, fue acallado al grito de “¡Cuaúh-te-moc-Cuaúh-te-moc!”.

El caudillismo en la izquierda mexicana estaba por inaugurarse.

        

jueves, junio 14, 2018

1988: Cuando calló (y se cayó) el sistema

El día antes de las elecciones de 1988 varios de los amigos del MAP y anexas hicimos pública nuestra decisión de voto. Ese día apareció, media plana en La Jornada, el desplegado “Un voto por la democracia”, que llamaba a votar por Cuauhtémoc Cárdenas. Entre otros, firmábamos, Julia Carabias, Fallo Cordera, Arnaldo Córdova, Alejandro Encinas, Gilberto Guevara Niebla, Pablo Pascual, Fito Sánchez Rebolledo, Raúl Trejo, Arturo Whaley. Pepe Woldenberg y yo, según recuerda Raúl.
En la urna, el 6 de julio, decidí cruzar el emblema del PPS, de entre los partidos que conformaban el FDN. Descubrí que mi tirria con Heberto Castillo impedía cruzar el logo del PMS con su nombre, a pesar de que ese voto contara para Cuauhtémoc.
En aquellos años no existía el Prep, nada de que los ciudadanos pudieran ver cómo iba la votación. Tampoco había IFE,  pues las elecciones las organizaba la secretaría de Gobernación, encabezada por Manuel Bartlett. En la Comisión Federal Electoral el PRI tenía mayoría absoluta (incluso por encima del gobierno). Si iba a haber un conteo rápido nacional era el que pudiera realizar el PMS, con su centro de cómputo electoral encabezado por Enrique Provencio  y tal vez el PAN tendría algo parecido (pero parece que no).
Lo que sucedió esa noche está en los anales de la historia. Empezaron a llegar los datos del Distrito Federal. Se sabía de antemano que ahí Cárdenas estaría fuerte. Resultó que estaba fortísimo. Los primeros datos de provincia venían de Tula, Hidalgo, y ahí se vio que los votos de los petroleros también se decantaban por Cuauhtémoc. Entonces el sistema de cómputo se calló, luego se cayó y a continuación vino el desbarajuste, porque el líder nacional del PRI, Jorge De la Vega Domínguez declaró el triunfo inobjetable, legal y contundente del Licenciado Carlos Salinas de Gortari, y los partidos y candidatos de oposición no aceptaron ese albazo.
La información iría cayendo después, a cuentagotas. Bartlett escribiría, seis años después, que el proceso “se ajustó a la ley y estuvo legítimamente documentado”. Pero hubo un tiempo largo, de muchos días, en el que no se hizo pública la información de la mitad de las casillas. Bartlett entregó a los partidos, en cintas de computadora, datos de cerca de 30 mil casillas; de las otras 25 mil no se sabría nada hasta mucho después. El contenido de las 30 mil y sobre todo el vacío informativo sobre las otras serían fuente de inestabilidad política, y México ha tenido que pagar por ello, todavía décadas después.

Era evidente, para quien tuviera dos dedos de frente, que había habido una manipulación fraudulenta en aquellas elecciones. Lo que no era evidente es que Cuauhtémoc Cárdenas hubiera tenido más votos que Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, Cuauhtémoc también se proclamó ganador, porque llevaba ventaja en los datos de los partidos del FDN, que habían podido constatarlos en 40 por ciento de las casillas.
En esos días, Enrique Provencio me invitó al centro de cómputo electoral del PSUM para que hiciera un análisis de los datos que tenían hasta ese momento –supongo que pensó en mis experiencias de 1982 y 1985-. Lo que hice fue proyectar esos datos por estado en función del porcentaje de casillas cubiertas por entidad. El resultado era una apretadísima ventaja de Salinas. Supuse que la ventaja sería mayor, en la lógica de que los partidos del FDN eran menos fuertes allí donde no tuvieran representante de casilla. Lo comenté a Provencio, quien me dijo que había hecho un ejercicio parecido con resultados similares, pero que el problema era que algunos de esos datos no provenían de los compañeros del PMS.
Le pregunté si lo habían comentado con Cárdenas. Me dijo que sí, pero que “el Ingeniero no lo quiere creer” porque los datos ya estaban “contaminados”.
El caso era que los resultados completos habían sido escamoteados, que se había generado una gran confusión y que las proclamaciones de victoria en nada favorecían a un ambiente democrático. Las reglas del juego se habían resquebrajado. El sistema (o la mascarada) se había caído. Lo que tenía que venir era una renovación democrática, y no un choque.
Había que intentar, por eso, reconstruir lo que realmente había pasado ese 6 de julio, sin filias y sin fobias. Fue lo que traté de hacer en las semanas siguientes.


viernes, junio 01, 2018

Una lección para Osuna





Mexicanos en GL. Mayo 2018










La noticia del mes para los peloteros mexicanos en Grandes Ligas ha sido la suspensión del estelar Roberto Osuna, quien fuera arrestado y acusado de violencia doméstica. Por ahora está en permiso administrativo, cobrando pero sin jugar, en lo que se define su situación en los juzgados, el 18 de junio. Ligas Mayores se toma en serio este tipo de asuntos, dada cuenta que los deportistas son imagen y ejemplo, y es muy probable que tras la sentencia, Osuna sea suspendido hasta 30 partidos. Del asunto han trascendido pocos detalles, salvo que se trató de violencia física. Con esto, Osuna se perderá más de dos meses de campaña y, en los hechos, le habrá dado al traste. Ahora su carrera será cuesta arriba. Sabemos que el lanzador sinaloense sufre de ataques de ansiedad, y es probable que la agresión haya ocurrido durante uno de ellos. Es difícil, pero estos problemas mentales deben ser controlados constantemente. La suspensión será una lección para que este tipo de actitudes no se repitan. Ojalá y el serpertinero aprenda.  

Por lo demás, sólo contadas excepciones pudieron evitar que mayo del 2018 fuera uno de los peores meses en el desempeño de los peloteros mexicanos en los últimos años.

Aquí el balance del contingente nacional en lo que va del año, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Christian Villanueva, tras un inicio de campaña arrollador, entró en el slump de bateo más grande que yo le recuerde a un mexicano: 37 turnos sin hit (pensemos que hace unos años el Cochito Cruz se fue de 31-0 y con eso dejó las Ligas Mayores para siempre), lo que le tumbó cien puntos en su porcentaje de bateo. Sin embargo, Christian, tras unos juegos en la banca, contra lanzadores derechos, tuvo un buen retorno en la segunda mitad del mes, disparando vuelacercas al por mayor.  En el mes, .170 de porcentaje, con 7 cuadrangulares y 16 producidas. En el año, .241, 15 cuadrangulares y 35 impulsadas. Va en segundo lugar en jonrones en la Liga Nacional y compite para Novato del año. A cambio, es inconstante en el fildeo: tremendos atrapadones, pero ya una decena de errores.

Héctor Velázquez se perdió diez días por un dolor en la espalda, y regresó al relevo en los Medias Rojas. Tras la lesión, sus relevos no han sido tan largos, por lo que ya no ha estado en posición de quedarse con la victoria en los juegos. El sonorense tuvo marca en mayo de 1-0 y 2.35 de efectividad (carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas): En el año, 5-0, 2.12 y 20 ponches.

Roberto Osuna, el lanzador más joven en llegar a cien salvamentos en las mayores, alcanzó a tener un par de rescates más para los Azulejos de Toronto antes de ser puesto de lado por decisión de las Mayores. Su problema, lo sabemos, no está en la lomita de las responsabilidades, sino en la falta de responsabilidad fuera de ella: lleva marca de 0-0, 9 partidos salvados, 2.93 de PCL y 13 pasados por los strikes.

Víctor Arano empezó el mes en la lista de lesionados y regresó al bull-pen de los Phillies. El veracruzano no ha estado tan filoso como a principios de temporada, pero aún así puede presumir de una efectividad de 2.08 y 19 chocolates. Los rivales le batean apenas para .197

Adrián González se aferró a la titularidad en la primera base con los Mets de Nueva York y, sin ser ya una estrella, ha cumplido con creces las expectativas. El Titán de origen tijuanense bateó en mayo para .289, con 3 jonrones y 7 carreras producidas. Sus números en lo que va del año: .261, 6 cuadrangulares y 25 impulsadas. Su guante y su clase siguen siendo deslumbrantes: no lleva un solo error en el fildeo.  De seguro no será campeón de bateo, pero sí puede ser Guante de Oro.

Fernando Salas, tras un abril maravilloso, ha tenido un mayo trastabillante, como todos los Diamantes de Arizona. El relevista intermedio acumuló derrotas en el mes; le anotaron más de una carrera limpia por inning lanzado. Sus números acumulados: 3 ganados, 4 perdidos, efectividad de 4.55 y 22 ponches.

Joakim Soria. El de Monclova perdió el puesto de cerrador con los Medias Blancas de Chicago, luego de desperdiciar un rescate donde llevaba ventaja de tres carreras. En el mes perdió dos juegos. Lleva récord de 0-2, 4.42 de PCL, 20 chocolates recetados, 4 juegos salvados y dos rescates desperdiciados.

Jorge De la Rosa también cargó con una derrota para los Diamondbacks. En el relevo intermedio, el zurdo regiomontano tuvo un mal mes, con 6.94 de limpias. Su marca del año: 0-2, con 6 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento), 3.79 de PCL  y una decena de ponches.

Vidal Nuño fue llamado al bullpen de las Rayas de Tampa a mediados de mes. Le ha dado para ganar un juego. 1-0, con 3.00 de efectividad.

Giovanny Gallegos ya se tomó su primera tacita de café con los Yanquis en este 2018. Lo llamaron, lanzó dos entradas sin permitir carrera y lo regresaron a AAA.

Sergio Romo ha sido la pieza central en la nueva, y extraña, estrategia del manager de las Rayas de Tampa Bay, Kevin Cash. Lo han puesto a abrir juegos, pero en veste de “cerrador”. A él, que había tenido 588 apariciones en relevo en Grandes Ligas antes de abrir un juego. El propósito, que se enfrente a bateadores derechos por una o dos entradas. Las dos primeras ocasiones estuvo excelente; las dos siguientes, del nabo. En medio, tuvo una oportunidad para hacerse de un salvamento. Sus números del año: un ganado, un perdido, un salvado, 3 rescates desperdiciados, 4 holds, un feo 6.33 de PCL,  y, 28 sopas de pichón a los bateadores rivales.  

Jaime García, acumuló en mayo dos aperturas desastrosas, una ida a la lista de lesionados por una inflamación en el hombro, una salida de calidad y una baja en la confianza. No sale de la rotación de los Azulejos porque toda ella es un desastre. En el año el zurdo tamaulipeco lleva 2 victorias, 3 derrotas, PCL de 5.52 y 43 ponchados.

Luis Cessa, con los Yanquis, pero en la lista de lesionados. Efectividad de 4.50 y 5 pasados por los strikes.

Marco Estrada tuvo una salida de calidad en el mes, pero no la ganó. A cambio, tuvo 6 muy malas, y perdió cuatro de ellas. Al igual que García, sólo la penuria general de la rotación de Toronto lo mantiene en el róster. Lleva marca de 2-6, 5.68 de PCL y 42 chocolates.

Alex Verdugo estuvo un rato en los jardines de los Dodgers, supliendo al lesionado Yasiel Puig. Acumuló  .265 de porcentaje, con una producida.

Daniel Castro, en una situación parecida a la de Verdugo, pero con los Rockies y en sustitución de D.J. LeMahieu, jugando la segunda base, se hizo de los siguientes números: .176 de porcentaje, 1 cuadrangular y 6 impulsadas. La buena noticia para el de Guaymas es que LeMahieu regresó y a él no lo reenviaron a AAA.

Carlos Torres no funcionó en el relevo de los Nacionales de Washington y le dieron las gracias. 6.92 de PCL y 9 ponches.

Miguel González fue pasado a la lista de lesionados de 60 días. El Mariachi regresará a los Medias Blancas, si acaso, después del Juego de Estrellas. Sus impresentables números: 0-3, 12.41 de limpias y sólo 5 ponches.

Yovani Gallardo, ya sin chamba, con 30.86 de PCL y un par de ponchecitos.


Efrén Navarro, un hit en seis turnos, en la tacita de café que se tomó con los Cachorros.  

miércoles, mayo 23, 2018

Biopics: La segunda encuesta de Datavox: “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”


La segunda encuesta del proyecto Datavox se realizó a principios de junio de 1988. A diferencia de la primera, en esta había copias de un facsímil de la papeleta electoral (impreso en papel revolución) que se depositaban en una urna hechiza. El facsímil lo consiguió Pepe Zamarripa y las impresiones las sacamos en la facultad.

Cuando los muchachos me fueron entregando las urnas, la sorpresa era que Cárdenas iba ganando. Le llevaba dos puntos porcentuales a Salinas de Gortari cuando faltaba la a última, que venía de una colonia marginal, pero ésta acercó notablemente al candidato del PRI. Tuve el prurito de anular una boleta que decía “¡Viva Cárdenas!”. Con todo eso, Cuauhtémoc le había dado la vuelta a los resultados de la encuesta anterior, si bien adelantaba por menos de un punto porcentual.

Deduje que las tendencias decían que Cárdenas ganaría el Distrito Federal por cerca de 10 puntos. “Cárdenas, al alza; Salinas, a la baja”: así cabeceó Pepe Carreño su nota-comentario en La Jornada, aunque la encuesta se publicó en Punto. También parecía que el ganón dentro del Frente Democrático Nacional iba a ser el “partido del ferrocarril”, PFCRN, Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. La carrera por los escaños capitalinos del Senado se veía bastante pareja; en la encuesta, los priístas ganaban apretadamente porque el PMS tenía otra fórmula (Rincón Gallardo y el Búho Valle).

En la facultad me encontré a dos compañeros profesorers que eran candidatos. Me preguntaron por la encuesta. A Pedro López, que iba por el Ferrocarril, le dije que sería diputado; a mi amigo Eduardo González, que iba por el PMS, le dije, con la pena, que él no. Así sería.

Debo también decir que varios amigos del exMAP no creyeron los datos de la encuesta, tan acostumbrados estaban a ver ganar al PRI. En realidad, me había quedado corto, por dos razones: la primera, fue la famosa última urna. Debí haber escuchado al estudiante, quien me comentó que había gente que le preguntó si entonces ya no tenía que ir a votar el 6 de julio. Posiblemente, esas personas de colonia marginal creían que las estaban presionando y votaban de acuerdo a ello. La segunda razón fue la muestra misma. Estaba bien hecha técnicamente, pero con mala suerte: en ella cayó una de las cinco secciones que ganó Salinas en la ciudad (en Polanco) y una del puñado que ganó el PRI en la elección para el Senado (en la colonia Navidad, en Cuajimalpa).

Otra cosa menor que no preví fue que, como los facsímiles no tenían nombre de candidato, el grueso de los votantes de Cárdenas cruzó donde estaba la palabra “Cardenista”; es decir, en el logo del PFCRN. A la hora de la verdad, la mayoría lo hizo en el primer lugar donde vio el nombre de Cuauhtémoc; es decir, en el PPS.   

Un par de años después, en una comida, el presidente Salinas me preguntó a qué atribuía yo –el único encuestador mexicano que había puesto a Cárdenas por delante en la capital- que la diferencia a favor de Cuauhtémoc haya sido tan superior. Él tenía la idea de que el asesinato de Javier Ovando, candidato a diputado y cercano colaborador de Cárdenas, había tenido influencia. Le dije que en realidad muy poca gente se enteró de ese crimen el día de la elección y le expliqué mis hipótesis. No quedó muy convencido de que la gente pobre, y solamente ellos, hubieran mentido por miedo.

El tercer ejercicio del proyecto fue un conteo rápido de 40 casillas capitalinas. La idea de Eduardo Torreblanca y mía era presentar los resultados la misma noche del 6 de julio en el noticiero de Canal Once. Pero había que tener el visto bueno de la Secretaría de Educación Pública, cabeza de sector del Canal Once. Fui, con un periodista amigo, a la SEP y nos entrevistamos con Héctor Lie, secretario particular del titular, quien muy amable nos dijo que lo consultaría con su jefe.

Días después Torreblanca me dijo que el tiro nos salió por la culata. Le habían dicho a Pedro Ferriz De Con, ancla del noticiero, que bajo ninguna circunstancia nos permitiera dar resultados.


El conteo rápido acabaría siendo publicado en Punto, gracias a Pepe Carreño. Al final, resultó mejor así. La noche de la elección yo no tuve la muestra completa sino hasta las 4 de la mañana y los resultados que tenía, una ventaja de más de 16 puntos de Cuauhtémoc Cárdenas, sólo hubieran abonado al desmadre que se vendría.