miércoles, octubre 14, 2026

Regulación y escuela. Dos notas sobre la IA


A continuación, dos primeros acercamientos al tema de la inteligencia artificial.

¿Regular la IA?



 

En su encíclica Magnifica Humanitas, el Papa León XIV aborda con preocupación el tema de la importancia creciente de las herramientas de Inteligencia Artificial en la vida de las personas. De hecho, aunque reconoce su utilidad, las contrapone con el espíritu de la humanidad. Advierte que las IA reflejan los sesgos e intereses de quienes las programan y señala el riesgo de que contribuyan a aumentar las desigualdades y la explotación en el mundo. No es, ni con mucho, el único que ha lanzado la alarma.

Hay un consenso casi generalizado -la excepción son, precisamente, empresas tecnológicas y grupos políticos que se están beneficiando beneficiarse por el uso indiscriminado de la Inteligencia Artificial- acerca de que es necesaria una regulación de la IA. Sin embargo, hay una gran confusión acerca de cómo lograrlo y hasta donde restringir su campo de acción, tomando en cuenta su gran poder de expansión y su capacidad para apoyar muchas ramas de la ciencia.

México ya alzó la mano para intentar una regulación, pero se encuentra con muchos obstáculos. La primera dificultad es la de intentar controlar nacionalmente una herramienta que funciona trascendiendo fronteras. El objeto sujeto a regulación es tecnológicamente capaz de actuar por encima de las entidades singulares que buscan regularlo. No hay otra manera de regular la IA de raíz que a través de una normativa internacional que le ponga los límites posibles.

Lo que sí se puede hacer a nivel nacional, en las condiciones actuales, es perseguir a quienes hacen mal uso de la Inteligencia Artificial, no a quienes desarrollan los programas. El problema es definir ese “mal uso”, porque hay una gran diferencia entre utilizarla para la comisión de un delito de fraude o difamación, y hacerlo para generar memes o sátira política. Las leyes no deben penalizar ni bloquear plataformas de la IA generativa por los textos o las imágenes que los usuarios puedan crear. Tampoco deben impedir, restringir o bloquear (eso iría en contra de una posible democratización del instrumento) el desarrollo de empresas emergentes en la materia.

En cambio, sí se podría, siguiendo los lineamientos de la Unión Europea al respecto, prohibir aplicaciones que violen directamente las libertades, como las de vigilancia masiva predictiva, y hacer auditorías para garantizar que el software no discrimine en áreas como la del empleo, educación y justicia, así como mantener el derecho de los ciudadanos a impugnar decisiones sugeridas por algoritmos.

El gobierno federal ha llamado a un amplio debate sobre el tema. Vale la pena preguntarse si buscará un debate en serio o si, como en otras iniciativas, lo utilizará como telón de fondo para luego aprobar una decisión ya tomada. Preguntarse si los legisladores escucharán verdaderamente a los especialistas o actuarán por consigna.

De entrada, hay un par de cosas que preocupan. La primera es que, como tema, la regulación de la Inteligencia Artificial ha sido presentada en el mismo paquete que la regulación de las redes sociales, y se mete en el menjurje “la salud mental y la adición digital de niñas, niños y adolescentes”. Se trata de dos temas diferentes, que merecen discusiones por separada y, en su caso, normativas diferenciadas. Lo preocupante es que, al incluirse las redes sociales en el paquete legislativo, el asunto parece dirigido a la tecnología en sí misma, no a su mala utilización de parte de usuarios o gobiernos. Una cosa es ofrecer certeza y proteger derechos a través de la generación de transparencia, y otra, muy diferente, es limitar los canales de expresión.

La segunda es que hay una evidente preocupación por una supuesta “manipulación de contenidos políticos”, que parece llevar la mano en la propuesta. Esta preocupación es válida, pero tendencialmente peligrosa, tomando en cuenta las pulsiones del grupo en el poder. Lo que no debe generarse por ley es una suerte de policía digital que censure, directamente o a través de amenazas legales, el contenido de lo que los usuarios publican en las redes sociales. Esa es la vía del autoritarismo.

A principios de este siglo se decía que el internet, porque trabajaba en redes y no de manera vertical, era menos opresor. Lo que siguió demuestra que hubiera sido conveniente algún tipo de regulación. La humanidad está todavía a tiempo para hacerlo con la IA, evitando la impunidad de la que hoy gozan las grandes empresas tecnológicas en Occidente o el uso político opresivo con el que se utiliza esa herramienta en otras partes del mundo. Pero sólo lo puede hacer si no cae en el ludismo, si no confunde regulación con censura, si trabaja de manera conjunta, si combina estrategias globales con leyes nacionales y, sobre todo, si lo hace respetando la dignidad de las personas y la pluralidad de las ideas. 



El ciclo escolar en tiempos de la IA



El inicio del ciclo escolar 2026-27 obliga a repensar el papel de la escuela, en sus diferentes niveles y en las circunstancias actuales. Lejos estamos de los tiempos en los que la escolaridad significaba, de manera casi automática, el principal elemento de movilidad social, y determinaba, de manera casi definitiva, el futuro lugar del educando en una sociedad estratificada. Pero la escuela sigue siendo el principal lugar de adquisición de conocimiento y de formación de las personas, al tiempo de que el nivel de escolaridad sigue teniendo gran importancia para su futuro laboral y social.

Hay muchas cosas que han cambiado rápidamente en años recientes. El advenimiento de nuevas tecnologías en la vida cotidiana y las explosiones expansivas de las redes sociales y de la inteligencia artificial, han generado un cambio generacional en cosas tan centrales para el aprendizaje como la capacidad de atención por tiempo largo, la concentración y la habilidad para usar las herramientas computacionales básicas (como moverse dentro de un teléfono móvil y entender sus características funcionales).

Hace pocas décadas se hacía la distinción entre nativos digitales y quienes tuvieron su formación sin acceso a computadoras personales o a internet. Ahora, la familiaridad de los nativos digitales con la tecnología es insuficiente ante la aparición de la inteligencia artificial, que representa un cambio de paradigma. No es lo mismo una herramienta lógica y predecible que una basada en la probabilística. No es lo mismo utilizar una palabra clave para encontrar información sobre un asunto, que enfrentarse a una hidra, como la IA, capaz de manejar una cantidad enorme de datos, de editar información y resolver problemas complejos, pero también de ser falible y llevar a conclusiones equivocadas. Al mismo tiempo, es impensable ya un futuro sin una amplia utilización de las IA.

Todo esto nos lleva a la brecha creciente que hay entre la forma en la que actualmente está organizada la escuela, las necesidades de los alumnos y la forma en la que éstos y sus maestros -aun los más jóvenes y tecnologizados- acceden a las fuentes de información. La escuela tradicional se dirige de manera imparable hacia la obsolescencia. Pero, al mismo tiempo, la formación escolar se vuelve más importante que nunca.

El problema es que, sin una formación escolar sólida, que privilegie el pensamiento crítico y creativo, el análisis de la información recibida, la ética y la inteligencia emocional, terminaremos con generaciones enteras al servicio de quienes controlen las IA, ya sean gobiernos, grandes empresas corporativas o, en el peor de los casos, las IA mismas, desprovistas de control.

¿Está la escuela actual, en México y en el resto del mundo, a la altura de ese reto? Todo indica a decir que no. Es claro que no basta el control sobre el uso de celulares en las escuelas, que empieza a darse en algunos países. Sirve para evitar distracciones perniciosas, pero no hará más entretenidas ni útiles las clases. Y no funcionan ni los sucedáneos de uso tecnológico moderno (como la preferencia por las presentaciones en pantalla) ni su contrario, que es el nuevo ludismo, que pretende desechar a la tecnología del proceso educativo (pero defiende la plaza del profesor analfabeto digital).

Pensando en estas nuevas circunstancias, ¿qué materias deberían recibir énfasis en las escuelas? Es curioso, pero al parecer deben ser las tradicionales: lengua y matemáticas, sólo que con un enfoque diferente. Si un niño no sabe expresarse bien, si no estructura de manera correcta las oraciones y tiene muchas faltas de ortografía, jamás va a poder escribir un buen prompt para la IA. Y si no entiende los conceptos matemáticos, estará condenado a utilizar la tecnología a ciegas y no podrá usar la máquina para resolver los problemas de verdad. Más que aprender de memoria reglas de gramática o a hacer cálculos simples de manera mecánica, hay que pasar a la redacción de textos e instrucciones o a encontrar patrones y lógica en las reglas de las matemáticas… y posteriormente enfocarse en estadística. Algo similar sucede para materias de ciencias naturales: la clave es entender cómo funcionan las cosas.

Las humanidades cobran también nueva importancia. Niños y jóvenes tienen que aprender a verificar fuentes, distinguir falsedades, entender que hay sesgos y perspectivas diferentes en la historia, identificar causas comunes y desarrollar empatía. La historia y las ciencias sociales ayudan a entender el contexto de las fuentes de información. La ética deviene fundamental, no sólo para vivir mejor, sino también como autodefensa individual y colectiva.

Finalmente, están las habilidades estéticas y manuales, que algo en lo que los humanos, todavía, tenemos ventaja. Por una parte, la imaginación nos da para aportar ideas originales que una máquina no puede inventar por sí misma y expresarlas sin que la tecnología reemplace la mano humana. Por otra, las actividades manuales no artísticas adquieren una importancia estrategia colosal en el contexto actual. Los oficios técnicos y las habilidades esenciales para la vida cotidiana serán el último refugio de la exclusividad humana, y desde hace años se han revalorizado económicamente (si no lo cree, pregúntele a su plomero). Recordemos que el cerebro humano evolucionó usando las manos. Y que el buen uso del cuerpo sigue siendo básico para manejarse en la vida.

Muy poco de estas adaptaciones se verá en los ciclos escolares que han empezado alrededor del mundo. Y menos en México, donde, bajo la consigna de estar transformándolo todo, nos dirigimos a lo que se soñaba como revolucionario en los años 80, y ya era caduco. Vivimos atados a las más añejas tradiciones, aunque digamos lo contrario.  

 

jueves, octubre 01, 2026

Mitología y Plaza Pública


 Existe un desfase entre el desarrollo tecnológico, a veces vertiginoso, de la humanidad, y nuestra capacidad para procesarlo críticamente. La cultura material avanza de manera acelerada, mientras que la cultura no material -las leyes, la filosofía, las costumbres, las estructuras sociales, las creencias- lo hace de manera mucho más lenta, y a veces dando vueltas en círculos.

Para recordárnoslo, de una manera muy amena, Juan Eduardo Martínez Leyva acaba de publicar Mitología y plaza pública (Cal y Arena), con una nueva antología de sus textos publicados en Crónica, luego de Mitos clásicos y sueños públicos, que apareciera hace un par de años, gracias a la misma casa editorial.

Martínez Leyva, erudito sinaloense, gran conocedor de la mitología clásica, utiliza varias de las historias de culturas antiguas (su predilección pasa por el helenismo) para trazar paralelismos con lo que sucede hoy en día a nuestro alrededor. Lo hace de manera sagaz y sabrosa, lo que nos permite, al mismo tiempo que refrescamos la memoria acerca de algunos mitos clásicos y de que nos enteramos de otros, reflexionar acerca de nuestra vida cotidiana y de nuestro entorno político; a veces lo hacemos con una risita sardónica por dentro. Martínez Leyva hace que nos quede clara la certeza del viejo adagio: no hay nada nuevo bajo el sol.

O para decirlo en sus propias palabras: “seguimos leyendo esas historias antiguas y nos fascinamos con ellas, seguramente porque nos damos cuenta de que la naturaleza humana ha permanecido inmutable en el tiempo. Los mismos sentimientos y emociones elementales que atormentaban a las personas desde hace milenios persisten en nuestros contemporáneos”.

Así, por ejemplo, podemos, leyendo el libro, pasar de conocer sobre la creación de la democracia, a la importancia de los contrapesos, a los peligros de las mayorías arbitrarias que no se apegan a las reglas. Revisar brevemente cómo se pasó del Areópago a la dictadura militar, y cómo, a pesar de la democracia, líderes como Cimón o Pericles pasaron por encima de los contrapesos. hicieron lo que se les pegó la gana… hasta que llegaron las dictaduras militares.

También podemos imaginar quién o quiénes son, en nuestros tiempos, la reencarnación de Melito, el principal acusador de Sócrates, refutado repetidamente por el filósofo, pero que obtuvo la condena a muerte de su acusado, porque no tenía la razón, pero sí la mayoría de votos en el jurado. De ahí nos lleva el autor a una advertencia: “la justicia… debe permanecer a buen resguardo de los humores colectivos de resentimiento y venganza… y los jueces no deben ser militantes políticos, fanáticos o comprometidos feligreses”.

Igualmente podemos imaginar quién ha encarnado a Ayax, y su locura al perder una votación que él consideraba debió haber ganado, los actos irracionales que siguieron, y su orgulloso resentimiento hacia el ganador Odiseo, un rencor que se mantuvo aun cuando se lo encontró en el inframundo.

O pensar en el proteccionismo comercial en boga como odio al pícaro y hábil Hermes, generador y protector del comercio, a quien los dioses consentían. O darnos cuenta, con sorpresa, de que hay una liga entre el uso personal e indebido de los recursos públicos y la construcción del laberinto de Creta. O percatarnos que la discusión sobre la capacidad de los oráculos, o de las encuestas, es tan vieja como la humanidad, siempre deseosa de conocer el futuro, físicamente incapaz de hacerlo.

Algunos de los textos de Martínez Leyva nos hacen pensar en cuestiones que consideramos muy actuales, pero que son milenarias: la lucha de las mujeres por participar, gobernarse y gobernar, y la capacidad de los hombres para terminar imponiendo, de diversas formas, el patriarcado. Incluso en la mitología. Y hay otros que son puro deleite, como lo fue para mí la historia del jardín de las Hespérides. Lo cierto es que en cada uno de ellos hay perlas de sabiduría que el lector consume con placer, porque están bien escritas y rodeadas de esa aura de las cosas extraordinarias.

Hay un texto en particular que ahora causa más zozobra que cuando fue publicado originalmente. El referente a la edad oscura que vivió el mundo griego: cuatro siglos de retroceso en todos los sentidos, años en los que hasta el alfabeto se perdió, antes de que los helenos volvieran a florecer como civilización. Los dirigentes no pudieron gestionar los desafíos y el resultado fue un desastre humano y cultural que cruzó más de una decena de generaciones. Recuerda Martínez Leyva que hay líderes que exigen lealtad a la tribu, deferencia ante la autoridad y pensamiento mágico, y a cambio prometen una nueva Edad de Oro, que nunca llegará. Alentando guerrillas culturales artificiales y destruyendo instituciones, en una pugna contra los ideales de la Ilustración y de la racionalidad, este tipo de líderes se multiplica en el mundo y genera edades oscuras.

En resumen, Mitología y plaza pública es un libro muy ágil, culto sin ser pretencioso, divertido en más de un momento y, sobre todo, inteligente. En los tiempos que corren es difícil pedir mucho más.    

lunes, septiembre 28, 2026

Tres bates de cuidado

 


Mexicanos en GL. 

Temporada 2026

Una cosa queda clara para los peloteros mexicanos de Grandes Ligas en 2026: brillaron mucho más los bates que los brazos. Tres peloteros en particular, tuvieron muy buenas temporadas. Tres bates de cuidado. Dos de ellos ingresan al selecto grupo de los 12 beisbolistas nacionales conmayor WAR acumulado en la historia.  Otra característica de 2026 fue que debutaron seis peloteros mexicanos, lo que no es poco. En fin, como suele suceder, una temporada de claroscuros, tal vez mejor que la anterior y notablemente superior a la de hace dos años.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño acumulado en la temporada.

Randy Arozarena tuvo la mejor campaña de su carrera, guiada -sobre todo- por su mejora en el porcentaje de bateo. Fue la única luz en la temporada horrible de los Marineros de Seattle. Su nuevo estilo con la majagua implicó más contacto, menos ponches y prácticamente ninguna pérdida de poder. Sigue siendo muy veloz y atrevido en las bases. Su fildeo fue aceptable. Fue llamado al Juego de Estrellas. Sus números en el año: .281 de porcentaje, un magnífico .865 de OPS, con 26 jonrones, 79 carreras producidas, 113 anotadas (con lo que encabezó la Liga Americana) y 26 bases robadas. Es agente libre ahora, y le debe esperar un contrato bien jugoso.

Isaac Paredes tuvo un septiembre de escándalo, en el que bateó para .291 con .998 de OPS. Su contribución fue clave para que los Astros pasaran, aunque sea de panzazo, a la postemporada. Siendo un bateador más de poder que de contacto, tuvo el mejor porcentaje de bateo de su carrera_ .262, al que acompañó de 25 jonrones, y 94 carreras empujadas. Su OPS, de .807, fue ayudado por su habilidad de recibir bases por bolas y tomar bases por golpe.

Jonathan Aranda, en contraste con Paredes, fue de más a menos a lo largo de la campaña, sin dejar de ser una de las piezas clave en la ofensiva de los Rays de Tampa, el mejor equipo de la Liga Americana. Al final del año, trocó porcentaje por poder. Los números del tijuanense son muy buenos: .274 de porcentaje, un OPS de .792, 22 cuadrangulares y 92 carreras producidas.

Nick Gonzales logró la hazaña moderna de batear por encima de los .300 de porcentaje, jugando la temporada completa. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante y poco poder, bateó para .303, con 6 vuelacercas, 7 robos de base, 61 producidas. Su OPS, de .755, lo coloca bien por encima de la media de los bateadores.

Andrés Muñoz fue el arquetipo de la inconsistencia en la lomita. Por lo general, intratable, pero muchas veces descontrolado y fácil de ser conectado. Siguió destacándose por su capacidad para ponchar rivales, y normalmente se anotaba el salvamento, pero fue líder en la Liga Americana en rescates desperdiciados, con 10. Es parte de las razones del mal año de Seattle (junto con las malas temporadas de Cal Raleigh, Julio Rodríguez y Josh Naylor, además de que la rotación no estuvo a la altura de su prestigio). Terminó el año con 5 partidos ganados y 6 perdidos, 28 juegos salvados, un hold y 89 chocolates recetados. Su PCL de 4.24 no es propio de un cerrador de élite. El Plebe acabó en la lista de lesionados, con una inflamación en la rodilla.  

Jarren Durán apostó a incrementar su poder y lo que logró fueron dos cosas: que su promedio bajara para coquetear con la Línea Mendoza y que, al final de la campaña, los Red Sox decidieran sentar a su jardinero central frente a lanzadores zurdos. Bateó para .207, con 20 cuadrangulares, 69 carreras empujadas y 21 robos de bases (otro del club 20-20), pero su OPS, de .627, quedó bien debajo de la media en Grandes Ligas, que ronda el .700

Alejandro Kirk jugó de hecho poco más de media temporada, por la fractura en el pulgar que sufriera al inicio de la campaña. Tardó un rato en tomar ritmo, pero después vaya que lo hizo. Contribuyó al intento fallido de remontada de los Azulejos en la tabla. Sigue siendo garantía en la receptoría. El Capitán bateó en el año para .278, con 10 cuadrangulares y 43 remolcadas. Su OPS es de .766. Uno de los peloteros más lentos de la MLB se robó una base y recibió más aplausos por ello que si se hubiera volado la barda. 

Joey Ortiz mejoró mucho su bateo respecto a años anteriores (era de los más flojos de las Mayores) y eso, junto con su guante privilegiado, le sirvió para mantenerse como titular casi toda la campaña con los poderosos Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat: .270, 9 palos de vuelta entera, 47 producidas, 9 robos, OPS de .730, ya encima de la media ligamayorista.

Javier Assad debió de haber estado toda la campaña en la rotación de los Cachorros de Chicago, pero a veces lo pasaron al bullpen y, a ratitos, a AAA. Sus números dicen otra cosa: 6-2, 63 ponches y una efectividad de 3.63. Le pasaron cosas como que lanzaba 4.2 entradas magnificas y lo sacaban, o entraba a un relevo largo, sacaba 7 outs en fila, daba una base, lo sacaban, el corredor heredado anotaba y la derrota se la adjudicaban a Assad. Su WHIP, de 1.14, es de los mejores de la liga. Muy probable, que los Cubs lo usen en relevo largo en postemporada.

Daniel Duarte estaba por tener una gran temporada, pero una lesión en el muslo lo mandó un buen rato a la lista de lesionados. Lo importante es que salió de AAA y, ahora sí, ya no regresó. El lanzador derecho de Huatabampo y de los Mets terminó con 1 ganado, 0 perdidos, 2 salvamentos, 6 holds y un buen 2.12 de efectividad.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, acumuló holds y victorias luego de pasar un buen rato en la lista de lesionados. El zurdo acabó con marca de 3-3, dos rescates desperdiciados y 23 holds.  Su PCL es de 3.36, con 54 suculentas sopas de pichón recetadas a sus rivales.

Samy Natera Jr, debutante en GL, inició brillante y, como era de esperarse dadas sus actuaciones, fue subiendo rápidamente en la jerarquía del bullpen de los Ángeles de L.A, hasta convertirse en cerrador, pero una lesión lo mandó al taller de reparaciones por 15 días. Volvió, pero ya no fue tan efectivo en septiembre. Tiene marca de 1-1, con 3 salvamentos, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 42 ponches en 27 innings. Su PCL: 2.00. Se le embasa menos de un bateador por entrada lanzada.

Brennan Bernardino, en la difícil tarea de relevar para los Rockies ha tenido una más que decente labor monticular, acumulando holds, que se convirtieron en victoria y rescate en septiembre. Los números del zurdo fueron 4-3, 2 juegos salvados, 14 holds, 49 ponches y efectividad de 2.81.

Brandon Valenzuela se hizo de la titularidad de la receptoría de los Azulejos de Toronto, con la lesión de Alejandro Kirk y se mantuvo en el róster a su regreso. Bien con el brazo. Con el bat fue mejor cuando jugaba más a menudo. Sus números ofensivos .226 de promedio, 9 palos de vuelta entera, 24 producidas, .688 de OPS y un robo de base.

Alejandro Osuna cubrió la mayor parte de la temporada la parte fuerte del platoon con los Rangers (titular ante lanzadores derechos), salvo un ratito en el que fue mandado a AAA. Decente contacto, aceptable fildeo, buena velocidad, poco poder. El de Ahome bateó para .260 de promedio, un jonrón, .653 de OPS, 25 impulsadas y 5 estafas.

Robert García sólo pudo jugar a principios y a finales de la campaña, tras pasar por la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers terminó con marca de 2-1. Con 5 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 2.41

Manuel Rodríguez regresó a las Mayores, luego de una lesión que lo tuvo fuera por más de un año, para luego chutarse otros 15 días lesionado y volver al final de la temporada, rumbo a ser útil en los juegos de playoff. El derecho yucateco de los Rays participó en 6  juegos y se llevó 2 holds. Efectividad de 2.70 y ha administrado 10 chocolates.

Gerardo Carrillo, tapatío, debutó en julio con los Diamondbacks de Arizona y combinó de un bajo PCL y un elevado WHIP… que nos decía que esa efectividad era engañosa. Cuando los hits y los pasapostes se convirtieron en carreras, el PCL subió y a Carrillo lo regresaron a AAA. Su marca fue de 3-1, 4.15 de limpias, 1.73 de WHIP y 21 ponches.

Luis Gastélum tuvo bastante actividad desde el bullpen de los Cardenales de San Luis, con los que debutó en las Mayores. El zurdo greñudo acabó con 5-4, un hold, PCL de 4.42, WHIP de 1.25 y 44 ponches.

Marcelo Mayer, una vez considerado un gran prospecto, inició la temporada con los Medias Rojas. No hizo mucho. Se lesionó y fue traspasado a los Gigantes. Con ellos jugó desde septiembre, coleccionando ponches y hasta un Golden Sombrero. Talento tiene, pero no ha dado el estirón. Bateó para .209, con un bajo OPS de .570, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

José Rodríguez, apodado “El Tibu”, es un gigante oaxaqueño que debutó en septiembre con los Azulejos. Coleccionó ceros en muy buenas entradas de relevo. Una tacita de café que le ha de haber sabido bien. 4.2 entradas de labor, un hold, ninguna carrera recibida, 5 ponches.

Alek Thomas, gran defensivo con poco bateo, jugó con Arizona y con los Dodgers, sin asentarse en el roster de ninguno de ellos. Números: .186, 2 jonrones, 13 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .554

Luis Urías como utility de los Azulejos de Toronto, jugó un buen rato, pero -fiel a su costumbre- se volvió a lesionar. Bateó para .250, con 3 cuadrangulares y 8 producidas.

Ramón Urías estuvo un ratito como titular en el infield de San Luis, un rato más largo como suplente y un ratote en la lista de lesionados. Guante de oro, pero .151, 4 vuelacercas, 9 empujadas y OPS de .586.

Víctor Vodnik estuvo con los Rockies y con Miami. En los primeros inició como cerrador, sin grandes números. Su total combinado: a temporada lleva 3-3, 4 juegos salvados (con Colorado), 6 holds, 4.91 de PCL y 44 ponches.

José Urquidy pasó por tres equipos en la temporada: Piratas, Medias Blancas y Filis. En todos ellos estuvo entre bien y excelente en el relevo largo, y mal como abridor. En ninguno de ellos el mazatleco se quedó. Su marca: 2-2, 1 juego salvado, 4.95 de efectividad y 30 ponches.

Jared Serna se tomó su primera tacita de café en las Mayores, con los Marlines de Miami. Muy brillante a la defensiva en la segunda base; más bien flojito con el bat. Números del de Guaymas: .214, .602 de OPS, 4 producidas.

Alan Rangel estuvo a ratos con los Filis, en el bullpen. Su marca en MLB fue este año de 0-3, con efectividad de 5.88 y 29 chocolates.

Patrick Sandoval regresó, por fin, a la rotación de los Medias Rojas de Boston. Empezó regular y fue bastante a menos. En septiembre acumuló derrotas a pasto. Sus ganados y perdidos: 1-7; su efectividad: 5.12; sus recetas de sopa de pichón: 73; su futuro: incierto.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo lanzó un rato para Colorado. El cachanilla perdió un juego, terminó la temporada con PCL de 7.82, 8 pasados por los strikes y harta incertidumbre sobre un regreso a las mayores.

César Salazar estuvo cerca de un mes en la receptoría suplente de los Astros. Tiene dotes defensivas, pero con sólo un hit y una impulsada en 18 turnos, demostró poco como para volver.

Taijuan Walker fue despedido por los Filis y nadie lo quiso contratar. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches. Su carrera ligamayorista: casi seguramente acabada.


jueves, septiembre 10, 2026

Biopics: La liga de boliche


En 1990, entre las clases que daba en la Facultad y el tiempo cada vez mayor que le dedicaba al periódico, tenía poco tiempo libre. Los sábados estaban dedicados a mis hijos: es decir, ir en la mañana a Pumitas, con el Rayo jugando y Camilo -temporalmente retirado del fut- analizando detalladamente las hojitas que recogía; luego comer con ellos e ir a la casa, donde a veces jugábamos con Taide (recuerdo que nos echábamos un basquet, en el que el balcón del primer piso era la canasta y Camilo jugaba como rechazador de posibles anotaciones, antes de depositarlos de regreso con su mamá. Quedaba el domingo en la mañana, porque al periódico yo iba de domingo a viernes, y entonces Taide y yo nos íbamos a una matiné en el cine y a comer pozole o, cada vez con más frecuencia, a jugar boliche al Bol Bahía.

Jugar boliche nos gustó. Taide lo hacía con una bola que había abandonado una inquilina de mi mamá. Ambos teníamos una técnica correcta, pero elemental. Nos dimos cuenta que a las pocas semanas ya habíamos elevado notablemente nuestro promedio. Uno de esos domingos invitamos a Fernando Cabral, el coordinador de la sección de deportes (buen bolichista de segunda fuerza, con el agregado de que su segundo apellido es Bowling) y nos enseñó algunas cosas, como la utilidad de las flechas y la técnica para tirar de gancho (y, se supone, evitar un split). Me regaló una bola vieja, a la que en el propio bol acomodaron para que se adaptara a mis dedos. En una de esas vemos anunciado un torneo de parejas abierto a jugadores de todas las fuerzas con un horario aceptable para mis tiempos periodísticos: los miércoles a las 11 de la noche. Si me apuraba a la salida del diario, podría llegar. El precio era apenas superior al de rentar líneas de manera normal y además ofrecía premios y trofeos. 

Nos inscribimos y decidimos ponerle al equipo Los Evodios, en honor al santo del 6 de mayo, día de nuestro cumpleaños. En la primera jornada nos tocó contra un par de gorditos muy simpáticos. Ya no recuerdo el nombre de su equipo pero, como a uno de ellos, que era jefe de meseros en un VIPs, le decían Garfield, los recordamos como Los Garfields. Se disputaban tres líneas por sesión, cada victoria daba un punto, había otro punto al equipo que tuviera la suma mayor en los tres juegos, y uno más por asistencia. Esa primera sesión empatamos a 3 con Los Garfields, ayudados por el handicap que te daban a partir del promedio. Quedamos felices y tan picados que las mañanas del domingo se hicieron más bolichísticas que cinéfilas.

Cada equipo de esa liga tenía su propia personalidad. Los Sirgos, que eran una pareja de rubios muy serios, nos apalearon 5-1. También perdimos contra un equipo que se llamaba SyS (Ese y Ese), formado por tres peseros que jugaban dos líneas cada uno. Como a Taide no le gusta poner apodos, dos de ellos eran Viruta y Capulina. Viruta tiraba derechito, sin efecto, tenía bastante suerte y, como el actor, creía ser mejor de lo que era. Capulina nomás se reía de todo. Derrotamos, en cambio, a Las Tribilinas (el equipo de dos jóvenes muy risueñas, que tenían la costumbre de susurrar "cébalo-cébalo" cuando era el turno de los rivales, tenía otro nombre, pero Taide las apodó así y es como lo recuerdo). Otros eran Los Picapiedra (típico nombre de equipo de boliche, junto con el de Búfalos Mojados) , con una parte de la familia Avelar, muy cotorros, a los que derrotamos. Otro de los Avelar hacía equipo con un cuate llamado Manuel Pérez, que era todo un caso. Del equipo no recuerdo el nombre, pero sí a Manuel: tiraba con un gancho gigantesco: la bola se iba casi rozando la cuneta derecha para luego clavarse entre los pinos 1 y 3 para la chuza. Contra Avelar y Pérez perdimos 4-2, porque ganamos el único juego en el que Manuel tiró por debajo de 200.

Pero a Manuel Pérez le pasó algo raro. Conforme avanzaba el torneo, sus tiros dejaron de besar la cuneta antes de quebrar y empezaron a acanalarse. El hombre entró en pánico, se compró una nueva muñequera, pidió consejos a personas cada vez más random. De tirar 200 pasó a scores de 60-65, dejó el liderato y se precipitó. La mente es cabrona. El caso es que a nosotros nos tocó el Manuel Pérez estelar, por desgracia.

Taide y yo le echamos la culpa del maleficio de Manuel Pérez al equipo Olben, constituído por una pareja oaxaqueña: Olivia y Benjamín. Olivia era, de lejos, la peor jugadora de todo el torneo. Benjamín era, si somos amables, un bolichista mediocre. Pero por alguna razón, todos los que jugaban contra ellos tenían esa noche una de sus peores actuaciones. No fuimos la excepción y perdimos 4-2. Taide aseguraba que eran brujos. No era la única, porque los Garfields decían lo mismo. Increiblemente, acabaron ganando el trofeo.

Había más equipos, pero sólo recuerdo otros dos nombres: uno es Los Halcones, que eran dos fortachones que tiraban las bolas de boliche en la consideración de que mientras más fuerte lo hicieran tirarían más pinos. El otro es MyM, al que derrotamos dos veces. La segunda fue memorable, porque, en el segundo juego de esa sesión, encontré sendas manchitas en la duela, apunté ahí las bolas que tiraba y engarcé chuza tras chuza. Siete veces seguidas. Hice la friolera de 243 puntos y ese día me llevé los premios de Tiro Mayor y de Serie Mayor del torneo. Además de divertido, nos salió gratis,

Como el primer torneo había sido una gozadera, nos inscribimos al siguiente. Fuimos Los Orishas. Ahí nos volvimos a topar con los amigos Garfields (y los vapuleamos porque en esa ocasión Taide estuvo inspirada) y con el equipo de un taxista y su pareja, con el que llevamos amable rivalidad en otros campeonatos más. El tonto del Viruta se metió con los de primera fuerza y lo hicieron pinole. Ese segundo torneo fue menos memorable que el anterior. Como equipo volvimos a quedar a media tabla, pero sin premios individuales. Una cosa es tener un buen día y otra, muy diferente, es ser consistente.

Una cosa curiosa es que, a partir de 1991, a veces me llamaban al bol desde la redacción del periódico, para consultar dónde poner una nota de última hora. Preguntaban "por el Doctor Báez" y así me voceaban. Un montón de jugadores creían que yo era medico. 

Los Orishas fuimos luego Los Correcaminos y, algunos nombres y años después, en una liga dominguera, En Línea. En un torneo quedamos en tercer lugar. Esa liga dominguera en 1992 fue la última en la que participamos, porque nos molestamos con las burlas de un tipito amanerado, compañero de equipo de uno que tiró cerca de 300 y porque las responsabilidades en el periódico eran ya tan grandes que las interrupciones impedían el disfrute pleno. 


Posdata: Taide me recordó muchas cosas: que el nombre del equipo de Las Tribilinas era Las Inútiles. Al torneo siguiente cambiaron a Get Up, pero no mejoraron. El equipo de Hugo Avelar y Manuel Pérez se llamaba Ron-pepinos y Manuel llegó a tener promedio de 216 antes de su desplome. El más fornido de Los Halcones era "el gordito Petrie". En el torneo en el que Viruta se pasó a primera fuerza e hizo el ridículo, sus ex-compañeros de SyS se burlaban harto. Todos suponíamos que Los Sirgos iban a ganar ese primer torneo, hasta que inexplicablemente fueron barridos por Olben.

"Estábamos picadísimos", dice. Y asegura que lo que nos sacó en realidad de las ligas de boliche fue el nacimiento de nuestra hija, en 1994. 

El Bol Bahía, como muchos otros, ya no existe. 

martes, septiembre 01, 2026

Randy, de nuevo 20-20


 

Mexicanos en GL. 

julio post all star - agosto 2026

 La temporada regular de Grandes Ligas pasa a su último mes, y hay novedades en el frente de los peloteros mexicanos. La más visible es el regreso por sus fueros bateadores de Alejandro Kirk; la de más expectativa a futuro, ver si el nuevo estilo de bateo de Randy Arozarena le seguirá rindiendo buenos frutos, por lo pronto, el cubano-mexicano repite en el selecto club de 20-20; la de más novedad, la aparición de varios jóvenes relevistas interesantes.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño acumulado en la temporada.

Randy Arozarena llegó a la marca de 20 cuadrangulares y 20 bases robadas por sexto año consecutivo, hazaña que sólo habían conseguido antes que él, ocho peloteros en la historia de MLB. De esos, cuatro están en el Salón de la Fama. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle está teniendo con la majagua uno de los mejores años de su carrera, en parte debido a su nueva disposición en la caja de bateo. Ahora le tira a la pelota unas milésimas de segundo más tarde y hace swings más seguido. Randy antes se ponchaba mucho y, ahora que le tira más, se poncha menos. ¿Por qué? Porque esas milésimas le permiten tener más contacto con la bola, y ahora lo hace hacia todas las partes del terreno: dejó de ser un jalador de pelota, como Isaac Paredes. También está bateando a un ángulo menor: “hacia abajo”, como quien dice. Eso se traduce en más roletazos y menos globitos. Debería traducirse también en menos jonrones, pero no: Randy tiene mucha fuerza. Sus números al terminar agosto: .274 de porcentaje, un sólido .836 de OPS, con 21 jonrones, 62 producidas, 88 anotadas y 20 bases robadas. El 1° de septiembre conecto su cuadrangular 22 y ya suma 65 carreras impulsadas.

Jonathan Aranda cayó en un ligero slump en agosto y los números ofensivos del inicialista de los Rays no son tan brillantes como en la primera parte de la campaña. Aun así, son más que respetables: .277 de porcentaje, un OPS de .779, 17 cuadrangulares y 79 carreras producidas (batear a la hora buena es su especialidad).

Nick Gonzales, en contra de los pronósticos, sigue bateando por encima de los .300 de porcentaje, y está peleando el liderato de la Liga Nacional con el sempiterno Luis Arráez. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante, batea para .310, con 6 vuelacercas, 7 robos de base, 58 producidas (y 67 anotadas)- Su OPS, de .770, lo hace un tolete peligroso, más allá del poder crudo.

Isaac Paredes, de manera callada, ha contribuido a poner a los Astros de Houston de nuevo entre los candidatos a ganar su división. En el periodo reseñado, mejoró marginalmente su porcentaje de bateo, que ahora es de .256, aumentó a 17 su número de jonrones, y ahora tiene 73 carreras empujadas. Se poncha poco y recibe bastantes bases y pelotazos. Su OPS, de .771.

Andrés Muñoz no fue capaz de mantener la seguidilla virtuosa que le duró cerca de dos meses. Una implosión y un desperdicio por mala suerte (mal fildeo de un compañero) hacen que sólo en el 75% de sus oportunidades, haya salido con el rescate. En el año lleva 5 partidos ganados y 5 perdidos, subió a 24 sus juegos salvados. Tiene 80 ponches en menos de 50 entradas de labor. Empeoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 4.35.

Samy Natera Jr,, como era de esperarse dadas sus actuaciones, fue subiendo rápidamente en la jerarquía del bullpen de los Ángeles de L.A, hasta convertirse en cerrador, pero una lesión lo mandó al taller de reparaciones por 15 días. Volvió con septiembre. Tiene marca de 1-1, con 3 salvamentos, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 42 ponches en 27 innings. Su PCL: 2.00. Se le embasa menos de un bateador por entrada lanzada.

Javier Assad cumplió muy bien a su regreso a la rotación de los Cachorros de Chicago. También cumplió cuando lo pasaron al bullpen. Inexplicablemente, hacia finales de agosto lo mandaron a AAA, para sostener en el equipo grande a lanzadores de números flojos, a diferencia de los del tijuanense. Sus números: 6-1, 55 ponches y una efectividad de 3.46. Adicionalmente, mejoró su WHIP a 1.10. Quién entiende a esa gerencia.

Jarren Durán mejoró tantito su promedio en el periodo reseñado, y deja claro que está pagando su baja de contacto con un aumento de poder. No parece un gran negocio. Batea para .207, con 19 cuadrangulares y 68 carreras empujadas, Ha estafado 18 colchonetas, pero su OPS, de .633, sigue bien debajo de la media en Grandes Ligas, que ronda el .700

Alejandro Kirk agarró su ritmo al bate y tuvo un agosto excepcional. Firmó un mes con .337 de porcentaje, 5 jonrones y .933 de OPS, el quinto mejor en la Liga Americana. El popular receptor de los Azulejos batea en el año para .278, con 8 cuadrangulares y 32 remolcadas. Su OPS es de .774. Lo más extraño es que también se robó una base. 

Joey Ortiz cumple muy bien con el guante y no es un bate irrelevante, sobre todo en el último mes. Eso lo mantiene en el campocorto titular de los Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat: .252, 7 palos de vuelta entera, 38 producidas, 9 robos, OPS de .697, ya cercano a la media ligamayorista.

Daniel Duarte finalmente se asentó en el bullpen de los Mets, y no regresó a AAA. Sus buenas razones tienen los metropolitanos para mantenerlo en el roster: el derecho de Huatabampo lleva 1 ganado, 0 perdidos, 2 salvamentos, 6 holds y un buen 2.19 de efectividad.

Brennan Bernardino, en la difícil tarea de relevar para los Rockies ha tenido una más que decente labor monticular, acumulando holds. Los números del zurdo son 3-3, un juego salvado, 11 holds, 18 ponches y efectividad de 2.57 (y el señor lanza para Colorado).

Brandon Valenzuela ha tenido menos actividad en la receptoría de los Azulejos de Toronto, tras el regreso de Alejandro Kirk. Ha dado ejemplo con el machete bien educado para sacar a presuntos robadores, pero ha bajado un poco con el bat. Sus números ofensivos .224 de promedio, 8 palos de vuelta entera, 21 producidas, .683 de OPS y un robo de base.

Gerardo Carrillo, tapatío, debutó en julio con los Diamondbacks de Arizona y ha acumulado decisiones, con la extraña combinación de un bajo PCL y un elevado WHIP. Se le embasan, pero no le anotan. Lleva marca de 3-1, 1.06 de limpias, 1.41 de WHIP y 20 ponches.

Luis Gastélum. Si Carrillo acumula decisiones, Gastélum dice “quítate que ahí te voy”, y el mochiteco lo hace de manera inversa al jalisciense: bajo WHIP, mala efectividad. El de los Cardenales tiene marca de 4-3, un hold, PCL de 5.04, WHIP de 1.16 y 32 ponches.

Alejandro Osuna, tras cubrir por un buen tiempo la parte fuerte del platoon con los Rangers (titular ante lanzadores derechos), fue mandado a AAA. ¿La razón? El poco poder ofensivo. El sinaloense batea para .255 de promedio, un jonrón, .644 de OPS, 24 impulsadas y 5 estafas.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, estuvo un buen rato en la lista de lesionados. El zurdo lleva marca de 1-3, dos rescates desperdiciados y 20 holds.  Su PCL es de 3.35 y ha pasado a 43 rivales por los strikes.

Marcelo Mayer, en la lista de lesionados, pero ya jugando en AAA, fue transferido de los Medias Rojas a los Gigantes. Una gran promesa que no ha pasado de ser eso. Batea para .220, con un bajo OPS de .594, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

Manuel Rodríguez regresó por fin a las Mayores, luego de una lesión que lo tuvo fuera por más de un año. El derecho yucateco de los Rays ha participado en 3 juegos y no ha permitido carrera. Ya lleva 2 holds, y ha administrado 20 chocolates.

Alek Thomas fue transferido de Arizona a los Dodgers, donde ha mostrado sus dotes defensivas, pero eso no es suficiente para quedarse en el roster de los campeones. Números: .186, 2 jonrones, 13 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .554

Ramón Urías salió por fin de la lista de lesionados, pero tiene que luchar para recuperar la titularidad en el infield de San Luis. Guante de oro, pero .151, 3 vuelacercas, 7 empujadas y OPS de .582.

Luis Urías como utility de los Azulejos de Toronto, jugó un buen rato, pero -fiel a su costumbre- se volvió a lesionar. Batea para .250, con 3 cuadrangulares y 8 producidas.

José Urquidy fue transferido de los Piratas a los Medias Blancas de Chicago. Este año tiene un raro patrón: es entre bueno y excelente si entra a hacer un relevo largo, y le caen a palos si abre el juego. Su marca: 2-2, 1 juego salvado, 5.63 de efectividad y 20 ponches.

Patrick Sandoval ya es parte fija, tras la larga ausencia por lesión, de la rotación de los Medias Rojas de Boston. Su marca de 1-3 es parcialmente engañosa. No ha tenido una gran temporada, pero tampoco ha tenido apoyo ofensivo. Su efectividad: 4.20; sus recetas de sopa de pichón: 45.

Víctor Vodnik dejó los Rockies y ahora es relevista para Miami. En la temporada lleva 3-3, 4 juegos salvados (con Colorado), 6 holds, 4.73 de PCL y 34 ponches.

Robert García, en la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers lleva marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Alan Rangel fue oootra vez enviado a la puerta giratoria que le tienen los Filis y anda en AAA. Esta vez con justa razón. Su marca en MLB es de 0-3, con efectividad de 5.88 y 29 chocolates.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo se mantiene en AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

César Salazar dejó la receptoría suplente de los Astros, al retorno de Yanier Díaz. Dotes defensivas, pero sólo un hit y una impulsada en 18 turnos.

Taijuan Walker sigue sin contrato tras su despido por los Filis. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches.

martes, agosto 11, 2026

México en los JCC Santo Domingo 2026. Un balance deportivo.




Terminaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2006, con los que la justa regional cumplió un siglo, y la delegación de México fue ampliamente ganadora, confirmando cada vez más las diferencias respecto a las de otras naciones.

Tradicionalmente, las expectativas de los metodólogos cubanos acerca del rendimiento de las diferentes delegaciones en los juegos multideportivos regionales, eran acertadas. Parece que la crisis en la mayor de las Antillas es tal que ahora hasta en esto fallan. Los especialistas de Cuba consideraban, antes de los Juegos, que México obtendría el mayor número de medallas de oro: hasta 150; que Colombia se afianzaría en segundo lugar con aproxidamente el mismo número de oros que en la edición pasada (87) y que Cuba quedaría en tercero, con 67 medallas doradas, 7 menos que en la edición anterior. En realidad, México superó con creces ese pronóstico, al obtener 167 preseas doradas; Colombia más o menos estuvo dentro de lo previsto, con 91 y Cuba terminó con solamente 51 oros. 

México obtuvo 22 medallas de oro más que su récord, logrado en los JCC anteriores, y superó el hito de las 400 medallas totales. Lógicamente, las autoridades deportivas lo celebraron. Quienes siempre ven el vaso medio vacío (en este caso la revista Proceso) hacen notar que el número de competencias fue mayor en esta edición, que en varias pruebas el nivel es bajo y que México no fue el principal aprovechado de esta debacle cubana. Todo eso es cierto, pero omiten intencionalmente varias cosas. 

En Santo Domingo se repartieron medallas en 495 pruebas, frente a las 444 de San Salvador 2023. En aquella edición, México obtuvo el 33% de los oros: ahora fue 34%. Colombia se mantuvo con 18% y Cuba cayó del 17% al 10%. Esos 7 puntos porcentuales de caída corresponden, grosso modo, a un punto a favor de México, y 3 puntos a favor de Venezuela y República Dominicana, que tuvo el beneficio de la localía. La cosecha cubana viene de dos caídas anteriores, en las que los beneficiarios principales fueron México y Colombia. Deportes de cierto costo, como el remo y el tiro deportivo, pasaron de la hegemonía cubana a la mexicana; en otros, como el boxeo y la gimnasia artística masculina, el ganón fue Colombia. A Cuba le quedaban ya nada más algunos deportes de fuerza y de combate, y en todos perdió fuelle a favor de venezolanos y dominicanos. En otras palabras, la debacle cubana ha tenido dos etapas: en la primera, perdió oros a favor de México y Colombia; en la segunda, a favor de Venezuela -que venía, a su vez, de varios Juegos a la baja, ligados al desastre económico y social del madurismo, y que aún está lejos de recuperar su nivel de hace dos décadas-. Lo de México es una consolidación, no un espejismo.

Por otra parte, se sabe que se trata de una justa regional y que la región es débil en varios deportes. Por lo mismo, se comparan peras con peras y manzanas con manzanas: el comparativo es entre unos JCC y los anteriores; no es con Panamericanos y mucho menos con Juegos Olímpicos. Se sabe también que no hay éxitos o fracasos completos, por lo que vale hace una revisión somera por deporte. La haremos en el orden de costumbre, usado en balances anteriores.

Empezamos con los deportes importantes del ciclo olímpico. En el atletismo, México se llevó los mismos 7 oros de la edición anterior. Relevante es que los pocos atletas de verdadera élite hayan cumplido: los subcampeones mundiales Uziel Muñoz (bala), Alegna González (marcha) y Erick Portillo (salto de altura), así como los fondistas Eduardo Herrera y Laura Galván. Esta vez no hubo decepciones, pero tampoco se aprecian nuevas figuras.

La natación fue la disciplina que más medallas le dio a México, pero el nivel de los JCC no permite hacerse muchas ilusiones. El equipo cumplió bien, con 22 oros en la alberca y 3 en aguas abiertas. Celia Pulido resultó ser la atleta más premiada en Santo Domingo, con 8 oros, una plata y 2 bronces, pero quien más destacó fue el fondista Paulo Strehlke, quien no sólo ganó las dos competencias en aguas abiertas, sino que se llevó dos oros en la alberca (800 y 1500 metros) y la plata en los 400, lo que para él ha de ser un sprint. Strehlke es el único nadador de élite mundial en el país, por el momento. En el caso de natación artística, México llevó un trabuco (sólo Colombia le compite, y en mixtos) para hacerse de 8 de las 11 medallas de oro en disputa.

En el ciclismo de pista, los resultados fueron inferiores a los de El Salvador, sobre todo en la rama varonil. Yareli Acevedo, número 1 del ranking de resistencia de la UCI, ganó sin problemas el Omnium y el equipo femenil de velocidad sigue siendo de calidad mundial. En ruta, hubo un circuito plano, propio para embaladores, que es como una ruleta. Ahi el bueno estaba corriendo el Tour de Francia. En montaña, Gerardo Ulloa volvió por sus fueros. En BMX, nada qué hacer, como de costumbre.

En gimnasia artística, se mantuvo el nivel del equipo femenil (con el oro por equipos) y no tanto el varonil. En gimnasia rítmica, gran diferencia entre las mexicanas y el resto (por eso habrá que ver cómo se miden en el Mundial de la especialidad) y en gimnasia de trampolín, un poquitín a la baja.

En el boxeo, México quedó otra vez a deber. Cuba continuó perdiendo oros y los que no se llevó Colombia, se los adjudicaron Venezuela y Dominicana. De nuevo solamente una medalla dorada y evidencias de atraso deportivo, con una federación siempre dispuesta a colgarse de algún garbanzo de a libra.

En clavados, México hizo la imitación de China, llevándose todos los oros en disputa, y dándose el lujo de utilizar nuevas parejas en sincronizados. En tiro con arco, muy buenas actuaciones en la modalidad de recurvo y decepcionantes medallas de plata (en el clásico enfrentamiento con Colombia) en el compuesto. En taekwondo, la actuación, de 7 oros, fue ligeramente mejor que hace tres años, pero igualmente queda claro que esa federación no está funcionando como antes y los resultados nos dicen que dejamos de ser potencia media.

Pasando a deportes olímpicos donde México lleva rato sin destacar, hay que subrayar que el tiro deportivo cumplió con creces y asentó su dominio hegemónico, que alguna vez fue cubano. Algo similar pasó en remo, y se mejoró en canotaje (sobre todo por Beatriz Briones, que estuvo en 5 de los 6 oros conseguidos por México). Hubo mejoras en esgrima y se mantuvo la hegemonía en triatlón. Donde no se vieron avances fue en judo, en lucha y en halterofilia. Y en pentatlón moderno, a pesar de que México fue el máximo medallista, hay una clara caída y evidencias de que a México no le convino el cambio de equitación a carrera de obstáculos. Badminton, tenis de mesa, squash, vela y tenis (en un torneíto de bajo nivel) quedaron dentro de las expectativas, así como en equitación, donde la delegación se llevó 6 de las 9 medallas en disputa.

En los deportes olímpicos de conjunto, mucho ruido y pocas nueces. La regla fue que los equipos femeniles tuvieron mejor desempeño que los varoniles, pero el único - y merecido- oro se obtuvo en  futbol femenil. De nuevo quedó a deber el volibol de sala. Y esta vez también el basquetbol 3 x 3 y en beisbol estuvimos pésimos.

Pasamos a los deportes no olímpicos, que siempre abundan en estas justas. Hace tres años nos preguntábamos qué pasaría con el racquetbol mexicano tras el retiro de Paola Longoria. Lo que pasó es que siguió el dominio casi absoluto. La delegación estuvo bien en esquí acuático, decente en boliche, logró un oro en patinaje artístico sobre ruedas, metal que no alcanzó en patinaje de velocidad. Hay una baja visible en karate, y esta vez, afortunadamente, no hubo futbol-playa. 



Aquí, el análisis de:







viernes, julio 24, 2026

La Odisea y los malos anfitriones

 

La Odisea es una de las obras seminales de la literatura occidental. Es un relato que ha sido vuelto a contar innumerables veces, y de muy distintas maneras. Afortunadamente, ha vuelto a ponerse de moda por la espectacular película dirigida por Christopher Nolan, estrenada recientemente. Vale la pena tomar el tema, y usar la adaptación cinematográfica como pretexto para hacer algunas reflexiones más actuales.

La película de Nolan cumple con creces el propósito de presentar una epopeya visual y emocionalmente envolvente, con muchos aspectos a analizar y debatir. Como toda adaptación, lleva consigo una visión particular, personal, de la obra original, lo que nos recuerda -a su vez- que todo libro, o filme, es obra de su autor sólo en parte, y la otra parte corresponde a la manera en la que el lector o el espectador lo procesan.

Cuando leí La Odisea (una versión en prosa, hace muchos años), se me grabaron fijamente varios de sus episodios en la memoria, pero otros fueron al olvido. Como buen latinoamericano, ya se sabe que lo hacemos todo en desorden, la leí antes que La Ilíada, con lo que me perdí de la posibilidad de hilar bien las dos historias. Que la película sí sea capaz de hacerlo habla de un buen ejercicio de comprensión histórica del poema.

Pero Nolan hace una versión muy propia, se salta alguna de las aventuras relatadas por Homero, fusiona otras, cuenta los episodios en desorden e incluye un final que no es el del libro (spoiler: en el poema, Telémaco no es rey de Ítaca sino hasta después de la muerte de Odiseo). Me parece que lo hace con un propósito definido, que quién sabe si los espectadores serán capaces de captar: enviar mensajes sobre el mundo actual.

Por ejemplo, se salta el paso de la tripulación por la Isla de los Lotófagos, que es donde los compañeros son invitados a comer flores de loto y, al consumirlas, olvidan su patria, su familia y sus deseos de regresar; se olvidarán hasta de sí mismos. Odiseo los obliga a regresar al barco. A cambio del dolor del viaje, mantendrán la esperanza en el futuro.

En el filme, Calipso alimenta al naufrago Odiseo con flores de loto, y luego lentamente permite que le regrese la memoria y cuente su odisea (así es como los espectadores la van conociendo). En el poema, en cambio, Odiseo nunca comió de esas flores y, por lo tanto, jamás olvida; Calipso le ofrece su amor y la inmortalidad, a cambio de que no regrese, pero los dioses la obligan a renunciar al amado y construirle una balsa. Odiseo es aparentemente feliz, pero la memoria y la nostalgia lo torturan: su sino es regresar. En el filme, Calipso decide por su cuenta.

Hay varias escenas particularmente logradas en la película. Una, visual y sonoramente, es el paso por la Isla de las Sirenas. Otra, la transformación de los marineros en cerdos que hace una hechicera Circe entendida en clave neofeminista. Otra, visual y emocionalmente impecable, es la visita de Odiseo al inframundo, que le ayuda a comprender muchas cosas: las que el director (no el poeta) quiere que entienda.

La película cumple con el cometido esencial del relato: el largo periplo del héroe que regresa a casa, pero regresa cambiado, porque lo sucedido en el viaje lo ha transformado. Odiseo ya no es Odiseo e Ítaca ya no es Ítaca. Es un camino en el que ha aprendido lecciones y regresa con una sabiduría duramente aprendida. Pero el filme hace hincapié en un aspecto en el que, al menos en mi lectura juvenil, yo no había reparado: el concepto antiguo de xenía, el contrato de hospitalidad entre anfitriones y viajeros, según el cual los primeros tienen la obligación de dar hospitalidad y protección a los segundos; y éstos, de no abusar de la generosidad del anfitrión y devolver el favor, si fuera el caso (es lo que en el filme llaman “la ley de Zeus”).

Ese es un punto central de La Odisea de Nolan. Cumplir con las leyes de la hospitalidad es un elemento nodal de la civilización griega (es decir, de la madre de la civilización occidental). Quien las desafía puede terminar pagando muy caro -como el cíclope, como los pretendientes-, pero, sobre todo, quien ya no se rige por ellas termina convertido en un bárbaro, en todo aquello a lo que teme una sociedad civilizada. La xenía es la que hace la diferencia entre una horda de salvajes y una colectividad que pretende la paz social.

La reflexión de Nolan, en boca de Odiseo (pero no de Homero, que yo sepa) es que la Guerra de Troya, con su crueldad, sus mentiras y sus trampas, convirtió a los civilizados griegos en salvajes. Eso, a pesar de que la guerra misma nació de una violación a la ley de los anfitriones (Paris que enamora y secuestra a Helena). Al romper la xenía, con el engaño del Caballo de Troya, con tal de ganar la guerra, los griegos se despojaron a sí mismos de su estatus civilizado. Sigue que todos los pueblos dejan de lado las leyes que permiten la convivencia humana. Al haber destruido la seguridad de los troyanos distorsionando las leyes de la hospitalidad, Odiseo pierde el derecho a llegar fácilmente a su hogar. Los dioses lo castigan con ese viaje terrible. Eso lo comprende sólo al final, al llegar al lugar de donde salió.

Uno no puede sino pensar en los ecos políticos que eso tiene en la actualidad. En Trump, por ejemplo. Un líder xenófobo, belicoso, nacionalista y más poderoso de lo que quisiéramos admitir. Un ejemplo de lo contrario a la xenía, pero no el único. O pensar en la ola de rechazo a los migrantes, o de repudio a los de otra tribu política, ideológica, nacional o religiosa: un mal social que abarca medio planeta, y que no se calma ni en los momentos de júbilo colectivo. Sirva como advertencia: pensando en que se vale de todo para “ganar”, nos estamos despojando de nuestra esencia civilizada. Eso vale para toda actividad humana. Vivimos una crisis de convivencia. Me parece -es mi lectura personal, al fin y al cabo- que Nolan nos envió un mensaje al respecto, basado en un texto de hace casi tres milenios.