lunes, septiembre 28, 2026

Tres bates de cuidado

 


Mexicanos en GL. 

Temporada 2026

Una cosa queda clara para los peloteros mexicanos de Grandes Ligas en 2026: brillaron mucho más los bates que los brazos. Tres peloteros en particular, tuvieron muy buenas temporadas. Tres bates de cuidado. Dos de ellos ingresan al selecto grupo de los 12 beisbolistas nacionales conmayor WAR acumulado en la historia.  Otra característica de 2026 fue que debutaron seis peloteros mexicanos, lo que no es poco. En fin, como suele suceder, una temporada de claroscuros, tal vez mejor que la anterior y notablemente superior a la de hace dos años.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño acumulado en la temporada.

Randy Arozarena tuvo la mejor campaña de su carrera, guiada -sobre todo- por su mejora en el porcentaje de bateo. Fue la única luz en la temporada horrible de los Marineros de Seattle. Su nuevo estilo con la majagua implicó más contacto, menos ponches y prácticamente ninguna pérdida de poder. Sigue siendo muy veloz y atrevido en las bases. Su fildeo fue aceptable. Fue llamado al Juego de Estrellas. Sus números en el año: .281 de porcentaje, un magnífico .865 de OPS, con 26 jonrones, 79 carreras producidas, 113 anotadas (con lo que encabezó la Liga Americana) y 26 bases robadas. Es agente libre ahora, y le debe esperar un contrato bien jugoso.

Isaac Paredes tuvo un septiembre de escándalo, en el que bateó para .291 con .998 de OPS. Su contribución fue clave para que los Astros pasaran, aunque sea de panzazo, a la postemporada. Siendo un bateador más de poder que de contacto, tuvo el mejor porcentaje de bateo de su carrera_ .262, al que acompañó de 25 jonrones, y 94 carreras empujadas. Su OPS, de .807, fue ayudado por su habilidad de recibir bases por bolas y tomar bases por golpe.

Jonathan Aranda, en contraste con Paredes, fue de más a menos a lo largo de la campaña, sin dejar de ser una de las piezas clave en la ofensiva de los Rays de Tampa, el mejor equipo de la Liga Americana. Al final del año, trocó porcentaje por poder. Los números del tijuanense son muy buenos: .274 de porcentaje, un OPS de .792, 22 cuadrangulares y 92 carreras producidas.

Nick Gonzales logró la hazaña moderna de batear por encima de los .300 de porcentaje, jugando la temporada completa. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante y poco poder, bateó para .303, con 6 vuelacercas, 7 robos de base, 61 producidas. Su OPS, de .755, lo coloca bien por encima de la media de los bateadores.

Andrés Muñoz fue el arquetipo de la inconsistencia en la lomita. Por lo general, intratable, pero muchas veces descontrolado y fácil de ser conectado. Siguió destacándose por su capacidad para ponchar rivales, y normalmente se anotaba el salvamento, pero fue líder en la Liga Americana en rescates desperdiciados, con 10. Es parte de las razones del mal año de Seattle (junto con las malas temporadas de Cal Raleigh, Julio Rodríguez y Josh Naylor, además de que la rotación no estuvo a la altura de su prestigio). Terminó el año con 5 partidos ganados y 6 perdidos, 28 juegos salvados, un hold y 89 chocolates recetados. Su PCL de 4.24 no es propio de un cerrador de élite. El Plebe acabó en la lista de lesionados, con una inflamación en la rodilla.  

Jarren Durán apostó a incrementar su poder y lo que logró fueron dos cosas: que su promedio bajara para coquetear con la Línea Mendoza y que, al final de la campaña, los Red Sox decidieran sentar a su jardinero central frente a lanzadores zurdos. Bateó para .207, con 20 cuadrangulares, 69 carreras empujadas y 21 robos de bases (otro del club 20-20), pero su OPS, de .627, quedó bien debajo de la media en Grandes Ligas, que ronda el .700

Alejandro Kirk jugó de hecho poco más de media temporada, por la fractura en el pulgar que sufriera al inicio de la campaña. Tardó un rato en tomar ritmo, pero después vaya que lo hizo. Contribuyó al intento fallido de remontada de los Azulejos en la tabla. Sigue siendo garantía en la receptoría. El Capitán bateó en el año para .278, con 10 cuadrangulares y 43 remolcadas. Su OPS es de .766. Uno de los peloteros más lentos de la MLB se robó una base y recibió más aplausos por ello que si se hubiera volado la barda. 

Joey Ortiz mejoró mucho su bateo respecto a años anteriores (era de los más flojos de las Mayores) y eso, junto con su guante privilegiado, le sirvió para mantenerse como titular casi toda la campaña con los poderosos Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat: .270, 9 palos de vuelta entera, 47 producidas, 9 robos, OPS de .730, ya encima de la media ligamayorista.

Javier Assad debió de haber estado toda la campaña en la rotación de los Cachorros de Chicago, pero a veces lo pasaron al bullpen y, a ratitos, a AAA. Sus números dicen otra cosa: 6-2, 63 ponches y una efectividad de 3.63. Le pasaron cosas como que lanzaba 4.2 entradas magnificas y lo sacaban, o entraba a un relevo largo, sacaba 7 outs en fila, daba una base, lo sacaban, el corredor heredado anotaba y la derrota se la adjudicaban a Assad. Su WHIP, de 1.14, es de los mejores de la liga. Muy probable, que los Cubs lo usen en relevo largo en postemporada.

Daniel Duarte estaba por tener una gran temporada, pero una lesión en el muslo lo mandó un buen rato a la lista de lesionados. Lo importante es que salió de AAA y, ahora sí, ya no regresó. El lanzador derecho de Huatabampo y de los Mets terminó con 1 ganado, 0 perdidos, 2 salvamentos, 6 holds y un buen 2.12 de efectividad.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, acumuló holds y victorias luego de pasar un buen rato en la lista de lesionados. El zurdo acabó con marca de 3-3, dos rescates desperdiciados y 23 holds.  Su PCL es de 3.36, con 54 suculentas sopas de pichón recetadas a sus rivales.

Samy Natera Jr, debutante en GL, inició brillante y, como era de esperarse dadas sus actuaciones, fue subiendo rápidamente en la jerarquía del bullpen de los Ángeles de L.A, hasta convertirse en cerrador, pero una lesión lo mandó al taller de reparaciones por 15 días. Volvió, pero ya no fue tan efectivo en septiembre. Tiene marca de 1-1, con 3 salvamentos, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 42 ponches en 27 innings. Su PCL: 2.00. Se le embasa menos de un bateador por entrada lanzada.

Brennan Bernardino, en la difícil tarea de relevar para los Rockies ha tenido una más que decente labor monticular, acumulando holds, que se convirtieron en victoria y rescate en septiembre. Los números del zurdo fueron 4-3, 2 juegos salvados, 14 holds, 49 ponches y efectividad de 2.81.

Brandon Valenzuela se hizo de la titularidad de la receptoría de los Azulejos de Toronto, con la lesión de Alejandro Kirk y se mantuvo en el róster a su regreso. Bien con el brazo. Con el bat fue mejor cuando jugaba más a menudo. Sus números ofensivos .226 de promedio, 9 palos de vuelta entera, 24 producidas, .688 de OPS y un robo de base.

Alejandro Osuna cubrió la mayor parte de la temporada la parte fuerte del platoon con los Rangers (titular ante lanzadores derechos), salvo un ratito en el que fue mandado a AAA. Decente contacto, aceptable fildeo, buena velocidad, poco poder. El de Ahome bateó para .260 de promedio, un jonrón, .653 de OPS, 25 impulsadas y 5 estafas.

Robert García sólo pudo jugar a principios y a finales de la campaña, tras pasar por la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers terminó con marca de 2-1. Con 5 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 2.41

Manuel Rodríguez regresó a las Mayores, luego de una lesión que lo tuvo fuera por más de un año, para luego chutarse otros 15 días lesionado y volver al final de la temporada, rumbo a ser útil en los juegos de playoff. El derecho yucateco de los Rays participó en 6  juegos y se llevó 2 holds. Efectividad de 2.70 y ha administrado 10 chocolates.

Gerardo Carrillo, tapatío, debutó en julio con los Diamondbacks de Arizona y combinó de un bajo PCL y un elevado WHIP… que nos decía que esa efectividad era engañosa. Cuando los hits y los pasapostes se convirtieron en carreras, el PCL subió y a Carrillo lo regresaron a AAA. Su marca fue de 3-1, 4.15 de limpias, 1.73 de WHIP y 21 ponches.

Luis Gastélum tuvo bastante actividad desde el bullpen de los Cardenales de San Luis, con los que debutó en las Mayores. El zurdo greñudo acabó con 5-4, un hold, PCL de 4.42, WHIP de 1.25 y 44 ponches.

Marcelo Mayer, una vez considerado un gran prospecto, inició la temporada con los Medias Rojas. No hizo mucho. Se lesionó y fue traspasado a los Gigantes. Con ellos jugó desde septiembre, coleccionando ponches y hasta un Golden Sombrero. Talento tiene, pero no ha dado el estirón. Bateó para .209, con un bajo OPS de .570, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

José Rodríguez, apodado “El Tibu”, es un gigante oaxaqueño que debutó en septiembre con los Azulejos. Coleccionó ceros en muy buenas entradas de relevo. Una tacita de café que le ha de haber sabido bien. 4.2 entradas de labor, un hold, ninguna carrera recibida, 5 ponches.

Alek Thomas, gran defensivo con poco bateo, jugó con Arizona y con los Dodgers, sin asentarse en el roster de ninguno de ellos. Números: .186, 2 jonrones, 13 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .554

Luis Urías como utility de los Azulejos de Toronto, jugó un buen rato, pero -fiel a su costumbre- se volvió a lesionar. Bateó para .250, con 3 cuadrangulares y 8 producidas.

Ramón Urías estuvo un ratito como titular en el infield de San Luis, un rato más largo como suplente y un ratote en la lista de lesionados. Guante de oro, pero .151, 4 vuelacercas, 9 empujadas y OPS de .586.

Víctor Vodnik estuvo con los Rockies y con Miami. En los primeros inició como cerrador, sin grandes números. Su total combinado: a temporada lleva 3-3, 4 juegos salvados (con Colorado), 6 holds, 4.91 de PCL y 44 ponches.

José Urquidy pasó por tres equipos en la temporada: Piratas, Medias Blancas y Filis. En todos ellos estuvo entre bien y excelente en el relevo largo, y mal como abridor. En ninguno de ellos el mazatleco se quedó. Su marca: 2-2, 1 juego salvado, 4.95 de efectividad y 30 ponches.

Jared Serna se tomó su primera tacita de café en las Mayores, con los Marlines de Miami. Muy brillante a la defensiva en la segunda base; más bien flojito con el bat. Números del de Guaymas: .214, .602 de OPS, 4 producidas.

Alan Rangel estuvo a ratos con los Filis, en el bullpen. Su marca en MLB fue este año de 0-3, con efectividad de 5.88 y 29 chocolates.

Patrick Sandoval regresó, por fin, a la rotación de los Medias Rojas de Boston. Empezó regular y fue bastante a menos. En septiembre acumuló derrotas a pasto. Sus ganados y perdidos: 1-7; su efectividad: 5.12; sus recetas de sopa de pichón: 73; su futuro: incierto.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo lanzó un rato para Colorado. El cachanilla perdió un juego, terminó la temporada con PCL de 7.82, 8 pasados por los strikes y harta incertidumbre sobre un regreso a las mayores.

César Salazar estuvo cerca de un mes en la receptoría suplente de los Astros. Tiene dotes defensivas, pero con sólo un hit y una impulsada en 18 turnos, demostró poco como para volver.

Taijuan Walker fue despedido por los Filis y nadie lo quiso contratar. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches. Su carrera ligamayorista: casi seguramente acabada.


jueves, septiembre 10, 2026

Biopics: La liga de boliche


En 1990, entre las clases que daba en la Facultad y el tiempo cada vez mayor que le dedicaba al periódico, tenía poco tiempo libre. Los sábados estaban dedicados a mis hijos: es decir, ir en la mañana a Pumitas, con el Rayo jugando y Camilo -temporalmente retirado del fut- analizando detalladamente las hojitas que recogía; luego comer con ellos e ir a la casa, donde a veces jugábamos con Taide (recuerdo que nos echábamos un basquet, en el que el balcón del primer piso era la canasta y Camilo jugaba como rechazador de posibles anotaciones, antes de depositarlos de regreso con su mamá. Quedaba el domingo en la mañana, porque al periódico yo iba de domingo a viernes, y entonces Taide y yo nos íbamos a una matiné en el cine y a comer pozole o, cada vez con más frecuencia, a jugar boliche al Bol Bahía.

Jugar boliche nos gustó. Taide lo hacía con una bola que había abandonado una inquilina de mi mamá. Ambos teníamos una técnica correcta, pero elemental. Nos dimos cuenta que a las pocas semanas ya habíamos elevado notablemente nuestro promedio. Uno de esos domingos invitamos a Fernando Cabral, el coordinador de la sección de deportes (buen bolichista de segunda fuerza, con el agregado de que su segundo apellido es Bowling) y nos enseñó algunas cosas, como la utilidad de las flechas y la técnica para tirar de gancho (y, se supone, evitar un split). Me regaló una bola vieja, a la que en el propio bol acomodaron para que se adaptara a mis dedos. En una de esas vemos anunciado un torneo de parejas abierto a jugadores de todas las fuerzas con un horario aceptable para mis tiempos periodísticos: los miércoles a las 11 de la noche. Si me apuraba a la salida del diario, podría llegar. El precio era apenas superior al de rentar líneas de manera normal y además ofrecía premios y trofeos. 

Nos inscribimos y decidimos ponerle al equipo Los Evodios, en honor al santo del 6 de mayo, día de nuestro cumpleaños. En la primera jornada nos tocó contra un par de gorditos muy simpáticos. Ya no recuerdo el nombre de su equipo pero, como a uno de ellos, que era jefe de meseros en un VIPs, le decían Garfield, los recordamos como Los Garfields. Se disputaban tres líneas por sesión, cada victoria daba un punto, había otro punto al equipo que tuviera la suma mayor en los tres juegos, y uno más por asistencia. Esa primera sesión empatamos a 3 con Los Garfields, ayudados por el handicap que te daban a partir del promedio. Quedamos felices y tan picados que las mañanas del domingo se hicieron más bolichísticas que cinéfilas.

Cada equipo de esa liga tenía su propia personalidad. Los Sirgos, que eran una pareja de rubios muy serios, nos apalearon 5-1. También perdimos contra un equipo que se llamaba SyS (Ese y Ese), formado por tres peseros que jugaban dos líneas cada uno. Como a Taide no le gusta poner apodos, dos de ellos eran Viruta y Capulina. Viruta tiraba derechito, sin efecto, tenía bastante suerte y, como el actor, creía ser mejor de lo que era. Capulina nomás se reía de todo. Derrotamos, en cambio, a Las Tribilinas (el equipo de dos jóvenes muy risueñas, que tenían la costumbre de susurrar "cébalo-cébalo" cuando era el turno de los rivales, tenía otro nombre, pero Taide las apodó así y es como lo recuerdo). Otros eran Los Picapiedra (típico nombre de equipo de boliche, junto con el de Búfalos Mojados) , con una parte de la familia Avelar, muy cotorros, a los que derrotamos. Otro de los Avelar hacía equipo con un cuate llamado Manuel Pérez, que era todo un caso. Del equipo no recuerdo el nombre, pero sí a Manuel: tiraba con un gancho gigantesco: la bola se iba casi rozando la cuneta derecha para luego clavarse entre los pinos 1 y 3 para la chuza. Contra Avelar y Pérez perdimos 4-2, porque ganamos el único juego en el que Manuel tiró por debajo de 200.

Pero a Manuel Pérez le pasó algo raro. Conforme avanzaba el torneo, sus tiros dejaron de besar la cuneta antes de quebrar y empezaron a acanalarse. El hombre entró en pánico, se compró una nueva muñequera, pidió consejos a personas cada vez más random. De tirar 200 pasó a scores de 60-65, dejó el liderato y se precipitó. La mente es cabrona. El caso es que a nosotros nos tocó el Manuel Pérez estelar, por desgracia.

Taide y yo le echamos la culpa del maleficio de Manuel Pérez al equipo Olben, constituído por una pareja oaxaqueña: Olivia y Benjamín. Olivia era, de lejos, la peor jugadora de todo el torneo. Benjamín era, si somos amables, un bolichista mediocre. Pero por alguna razón, todos los que jugaban contra ellos tenían esa noche una de sus peores actuaciones. No fuimos la excepción y perdimos 4-2. Taide aseguraba que eran brujos. No era la única, porque los Garfields decían lo mismo. Increiblemente, acabaron ganando el trofeo.

Había más equipos, pero sólo recuerdo otros dos nombres: uno es Los Halcones, que eran dos fortachones que tiraban las bolas de boliche en la consideración de que mientras más fuerte lo hicieran tirarían más pinos. El otro es MyM, al que derrotamos dos veces. La segunda fue memorable, porque, en el segundo juego de esa sesión, encontré sendas manchitas en la duela, apunté ahí las bolas que tiraba y engarcé chuza tras chuza. Siete veces seguidas. Hice la friolera de 243 puntos y ese día me llevé los premios de Tiro Mayor y de Serie Mayor del torneo. Además de divertido, nos salió gratis,

Como el primer torneo había sido una gozadera, nos inscribimos al siguiente. Fuimos Los Orishas. Ahí nos volvimos a topar con los amigos Garfields (y los vapuleamos porque en esa ocasión Taide estuvo inspirada) y con el equipo de un taxista y su pareja, con el que llevamos amable rivalidad en otros campeonatos más. El tonto del Viruta se metió con los de primera fuerza y lo hicieron pinole. Ese segundo torneo fue menos memorable que el anterior. Como equipo volvimos a quedar a media tabla, pero sin premios individuales. Una cosa es tener un buen día y otra, muy diferente, es ser consistente.

Una cosa curiosa es que, a partir de 1991, a veces me llamaban al bol desde la redacción del periódico, para consultar dónde poner una nota de última hora. Preguntaban "por el Doctor Báez" y así me voceaban. Un montón de jugadores creían que yo era medico. 

Los Orishas fuimos luego Los Correcaminos y, algunos nombres y años después, en una liga dominguera, En Línea. En un torneo quedamos en tercer lugar. Esa liga dominguera en 1992 fue la última en la que participamos, porque nos molestamos con las burlas de un tipito amanerado, compañero de equipo de uno que tiró cerca de 300 y porque las responsabilidades en el periódico eran ya tan grandes que las interrupciones impedían el disfrute pleno. 


Posdata: Taide me recordó muchas cosas: que el nombre del equipo de Las Tribilinas era Las Inútiles. Al torneo siguiente cambiaron a Get Up, pero no mejoraron. El equipo de Hugo Avelar y Manuel Pérez se llamaba Ron-pepinos y Manuel llegó a tener promedio de 216 antes de su desplome. El más fornido de Los Halcones era "el gordito Petrie". En el torneo en el que Viruta se pasó a primera fuerza e hizo el ridículo, sus ex-compañeros de SyS se burlaban harto. Todos suponíamos que Los Sirgos iban a ganar ese primer torneo, hasta que inexplicablemente fueron barridos por Olben.

"Estábamos picadísimos", dice. Y asegura que lo que nos sacó en realidad de las ligas de boliche fue el nacimiento de nuestra hija, en 1994. 

El Bol Bahía, como muchos otros, ya no existe. 

martes, septiembre 01, 2026

Randy, de nuevo 20-20


 

Mexicanos en GL. 

julio post all star - agosto 2026

 La temporada regular de Grandes Ligas pasa a su último mes, y hay novedades en el frente de los peloteros mexicanos. La más visible es el regreso por sus fueros bateadores de Alejandro Kirk; la de más expectativa a futuro, ver si el nuevo estilo de bateo de Randy Arozarena le seguirá rindiendo buenos frutos, por lo pronto, el cubano-mexicano repite en el selecto club de 20-20; la de más novedad, la aparición de varios jóvenes relevistas interesantes.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño acumulado en la temporada.

Randy Arozarena llegó a la marca de 20 cuadrangulares y 20 bases robadas por sexto año consecutivo, hazaña que sólo habían conseguido antes que él, ocho peloteros en la historia de MLB. De esos, cuatro están en el Salón de la Fama. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle está teniendo con la majagua uno de los mejores años de su carrera, en parte debido a su nueva disposición en la caja de bateo. Ahora le tira a la pelota unas milésimas de segundo más tarde y hace swings más seguido. Randy antes se ponchaba mucho y, ahora que le tira más, se poncha menos. ¿Por qué? Porque esas milésimas le permiten tener más contacto con la bola, y ahora lo hace hacia todas las partes del terreno: dejó de ser un jalador de pelota, como Isaac Paredes. También está bateando a un ángulo menor: “hacia abajo”, como quien dice. Eso se traduce en más roletazos y menos globitos. Debería traducirse también en menos jonrones, pero no: Randy tiene mucha fuerza. Sus números al terminar agosto: .274 de porcentaje, un sólido .836 de OPS, con 21 jonrones, 62 producidas, 88 anotadas y 20 bases robadas. El 1° de septiembre conecto su cuadrangular 22 y ya suma 65 carreras impulsadas.

Jonathan Aranda cayó en un ligero slump en agosto y los números ofensivos del inicialista de los Rays no son tan brillantes como en la primera parte de la campaña. Aun así, son más que respetables: .277 de porcentaje, un OPS de .779, 17 cuadrangulares y 79 carreras producidas (batear a la hora buena es su especialidad).

Nick Gonzales, en contra de los pronósticos, sigue bateando por encima de los .300 de porcentaje, y está peleando el liderato de la Liga Nacional con el sempiterno Luis Arráez. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante, batea para .310, con 6 vuelacercas, 7 robos de base, 58 producidas (y 67 anotadas)- Su OPS, de .770, lo hace un tolete peligroso, más allá del poder crudo.

Isaac Paredes, de manera callada, ha contribuido a poner a los Astros de Houston de nuevo entre los candidatos a ganar su división. En el periodo reseñado, mejoró marginalmente su porcentaje de bateo, que ahora es de .256, aumentó a 17 su número de jonrones, y ahora tiene 73 carreras empujadas. Se poncha poco y recibe bastantes bases y pelotazos. Su OPS, de .771.

Andrés Muñoz no fue capaz de mantener la seguidilla virtuosa que le duró cerca de dos meses. Una implosión y un desperdicio por mala suerte (mal fildeo de un compañero) hacen que sólo en el 75% de sus oportunidades, haya salido con el rescate. En el año lleva 5 partidos ganados y 5 perdidos, subió a 24 sus juegos salvados. Tiene 80 ponches en menos de 50 entradas de labor. Empeoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 4.35.

Samy Natera Jr,, como era de esperarse dadas sus actuaciones, fue subiendo rápidamente en la jerarquía del bullpen de los Ángeles de L.A, hasta convertirse en cerrador, pero una lesión lo mandó al taller de reparaciones por 15 días. Volvió con septiembre. Tiene marca de 1-1, con 3 salvamentos, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 42 ponches en 27 innings. Su PCL: 2.00. Se le embasa menos de un bateador por entrada lanzada.

Javier Assad cumplió muy bien a su regreso a la rotación de los Cachorros de Chicago. También cumplió cuando lo pasaron al bullpen. Inexplicablemente, hacia finales de agosto lo mandaron a AAA, para sostener en el equipo grande a lanzadores de números flojos, a diferencia de los del tijuanense. Sus números: 6-1, 55 ponches y una efectividad de 3.46. Adicionalmente, mejoró su WHIP a 1.10. Quién entiende a esa gerencia.

Jarren Durán mejoró tantito su promedio en el periodo reseñado, y deja claro que está pagando su baja de contacto con un aumento de poder. No parece un gran negocio. Batea para .207, con 19 cuadrangulares y 68 carreras empujadas, Ha estafado 18 colchonetas, pero su OPS, de .633, sigue bien debajo de la media en Grandes Ligas, que ronda el .700

Alejandro Kirk agarró su ritmo al bate y tuvo un agosto excepcional. Firmó un mes con .337 de porcentaje, 5 jonrones y .933 de OPS, el quinto mejor en la Liga Americana. El popular receptor de los Azulejos batea en el año para .278, con 8 cuadrangulares y 32 remolcadas. Su OPS es de .774. Lo más extraño es que también se robó una base. 

Joey Ortiz cumple muy bien con el guante y no es un bate irrelevante, sobre todo en el último mes. Eso lo mantiene en el campocorto titular de los Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat: .252, 7 palos de vuelta entera, 38 producidas, 9 robos, OPS de .697, ya cercano a la media ligamayorista.

Daniel Duarte finalmente se asentó en el bullpen de los Mets, y no regresó a AAA. Sus buenas razones tienen los metropolitanos para mantenerlo en el roster: el derecho de Huatabampo lleva 1 ganado, 0 perdidos, 2 salvamentos, 6 holds y un buen 2.19 de efectividad.

Brennan Bernardino, en la difícil tarea de relevar para los Rockies ha tenido una más que decente labor monticular, acumulando holds. Los números del zurdo son 3-3, un juego salvado, 11 holds, 18 ponches y efectividad de 2.57 (y el señor lanza para Colorado).

Brandon Valenzuela ha tenido menos actividad en la receptoría de los Azulejos de Toronto, tras el regreso de Alejandro Kirk. Ha dado ejemplo con el machete bien educado para sacar a presuntos robadores, pero ha bajado un poco con el bat. Sus números ofensivos .224 de promedio, 8 palos de vuelta entera, 21 producidas, .683 de OPS y un robo de base.

Gerardo Carrillo, tapatío, debutó en julio con los Diamondbacks de Arizona y ha acumulado decisiones, con la extraña combinación de un bajo PCL y un elevado WHIP. Se le embasan, pero no le anotan. Lleva marca de 3-1, 1.06 de limpias, 1.41 de WHIP y 20 ponches.

Luis Gastélum. Si Carrillo acumula decisiones, Gastélum dice “quítate que ahí te voy”, y el mochiteco lo hace de manera inversa al jalisciense: bajo WHIP, mala efectividad. El de los Cardenales tiene marca de 4-3, un hold, PCL de 5.04, WHIP de 1.16 y 32 ponches.

Alejandro Osuna, tras cubrir por un buen tiempo la parte fuerte del platoon con los Rangers (titular ante lanzadores derechos), fue mandado a AAA. ¿La razón? El poco poder ofensivo. El sinaloense batea para .255 de promedio, un jonrón, .644 de OPS, 24 impulsadas y 5 estafas.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, estuvo un buen rato en la lista de lesionados. El zurdo lleva marca de 1-3, dos rescates desperdiciados y 20 holds.  Su PCL es de 3.35 y ha pasado a 43 rivales por los strikes.

Marcelo Mayer, en la lista de lesionados, pero ya jugando en AAA, fue transferido de los Medias Rojas a los Gigantes. Una gran promesa que no ha pasado de ser eso. Batea para .220, con un bajo OPS de .594, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

Manuel Rodríguez regresó por fin a las Mayores, luego de una lesión que lo tuvo fuera por más de un año. El derecho yucateco de los Rays ha participado en 3 juegos y no ha permitido carrera. Ya lleva 2 holds, y ha administrado 20 chocolates.

Alek Thomas fue transferido de Arizona a los Dodgers, donde ha mostrado sus dotes defensivas, pero eso no es suficiente para quedarse en el roster de los campeones. Números: .186, 2 jonrones, 13 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .554

Ramón Urías salió por fin de la lista de lesionados, pero tiene que luchar para recuperar la titularidad en el infield de San Luis. Guante de oro, pero .151, 3 vuelacercas, 7 empujadas y OPS de .582.

Luis Urías como utility de los Azulejos de Toronto, jugó un buen rato, pero -fiel a su costumbre- se volvió a lesionar. Batea para .250, con 3 cuadrangulares y 8 producidas.

José Urquidy fue transferido de los Piratas a los Medias Blancas de Chicago. Este año tiene un raro patrón: es entre bueno y excelente si entra a hacer un relevo largo, y le caen a palos si abre el juego. Su marca: 2-2, 1 juego salvado, 5.63 de efectividad y 20 ponches.

Patrick Sandoval ya es parte fija, tras la larga ausencia por lesión, de la rotación de los Medias Rojas de Boston. Su marca de 1-3 es parcialmente engañosa. No ha tenido una gran temporada, pero tampoco ha tenido apoyo ofensivo. Su efectividad: 4.20; sus recetas de sopa de pichón: 45.

Víctor Vodnik dejó los Rockies y ahora es relevista para Miami. En la temporada lleva 3-3, 4 juegos salvados (con Colorado), 6 holds, 4.73 de PCL y 34 ponches.

Robert García, en la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers lleva marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Alan Rangel fue oootra vez enviado a la puerta giratoria que le tienen los Filis y anda en AAA. Esta vez con justa razón. Su marca en MLB es de 0-3, con efectividad de 5.88 y 29 chocolates.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo se mantiene en AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

César Salazar dejó la receptoría suplente de los Astros, al retorno de Yanier Díaz. Dotes defensivas, pero sólo un hit y una impulsada en 18 turnos.

Taijuan Walker sigue sin contrato tras su despido por los Filis. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches.

martes, agosto 11, 2026

México en los JCC Santo Domingo 2026. Un balance deportivo.




Terminaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2006, con los que la justa regional cumplió un siglo, y la delegación de México fue ampliamente ganadora, confirmando cada vez más las diferencias respecto a las de otras naciones.

Tradicionalmente, las expectativas de los metodólogos cubanos acerca del rendimiento de las diferentes delegaciones en los juegos multideportivos regionales, eran acertadas. Parece que la crisis en la mayor de las Antillas es tal que ahora hasta en esto fallan. Los especialistas de Cuba consideraban, antes de los Juegos, que México obtendría el mayor número de medallas de oro: hasta 150; que Colombia se afianzaría en segundo lugar con aproxidamente el mismo número de oros que en la edición pasada (87) y que Cuba quedaría en tercero, con 67 medallas doradas, 7 menos que en la edición anterior. En realidad, México superó con creces ese pronóstico, al obtener 167 preseas doradas; Colombia más o menos estuvo dentro de lo previsto, con 91 y Cuba terminó con solamente 51 oros. 

México obtuvo 22 medallas de oro más que su récord, logrado en los JCC anteriores, y superó el hito de las 400 medallas totales. Lógicamente, las autoridades deportivas lo celebraron. Quienes siempre ven el vaso medio vacío (en este caso la revista Proceso) hacen notar que el número de competencias fue mayor en esta edición, que en varias pruebas el nivel es bajo y que México no fue el principal aprovechado de esta debacle cubana. Todo eso es cierto, pero omiten intencionalmente varias cosas. 

En Santo Domingo se repartieron medallas en 495 pruebas, frente a las 444 de San Salvador 2023. En aquella edición, México obtuvo el 33% de los oros: ahora fue 34%. Colombia se mantuvo con 18% y Cuba cayó del 17% al 10%. Esos 7 puntos porcentuales de caída corresponden, grosso modo, a un punto a favor de México, y 3 puntos a favor de Venezuela y República Dominicana, que tuvo el beneficio de la localía. La cosecha cubana viene de dos caídas anteriores, en las que los beneficiarios principales fueron México y Colombia. Deportes de cierto costo, como el remo y el tiro deportivo, pasaron de la hegemonía cubana a la mexicana; en otros, como el boxeo y la gimnasia artística masculina, el ganón fue Colombia. A Cuba le quedaban ya nada más algunos deportes de fuerza y de combate, y en todos perdió fuelle a favor de venezolanos y dominicanos. En otras palabras, la debacle cubana ha tenido dos etapas: en la primera, perdió oros a favor de México y Colombia; en la segunda, a favor de Venezuela -que venía, a su vez, de varios Juegos a la baja, ligados al desastre económico y social del madurismo, y que aún está lejos de recuperar su nivel de hace dos décadas-. Lo de México es una consolidación, no un espejismo.

Por otra parte, se sabe que se trata de una justa regional y que la región es débil en varios deportes. Por lo mismo, se comparan peras con peras y manzanas con manzanas: el comparativo es entre unos JCC y los anteriores; no es con Panamericanos y mucho menos con Juegos Olímpicos. Se sabe también que no hay éxitos o fracasos completos, por lo que vale hace una revisión somera por deporte. La haremos en el orden de costumbre, usado en balances anteriores.

Empezamos con los deportes importantes del ciclo olímpico. En el atletismo, México se llevó los mismos 7 oros de la edición anterior. Relevante es que los pocos atletas de verdadera élite hayan cumplido: los subcampeones mundiales Uziel Muñoz (bala), Alegna González (marcha) y Erick Portillo (salto de altura), así como los fondistas Eduardo Herrera y Laura Galván. Esta vez no hubo decepciones, pero tampoco se aprecian nuevas figuras.

La natación fue la disciplina que más medallas le dio a México, pero el nivel de los JCC no permite hacerse muchas ilusiones. El equipo cumplió bien, con 22 oros en la alberca y 3 en aguas abiertas. Celia Pulido resultó ser la atleta más premiada en Santo Domingo, con 8 oros, una plata y 2 bronces, pero quien más destacó fue el fondista Paulo Strehlke, quien no sólo ganó las dos competencias en aguas abiertas, sino que se llevó dos oros en la alberca (800 y 1500 metros) y la plata en los 400, lo que para él ha de ser un sprint. Strehlke es el único nadador de élite mundial en el país, por el momento. En el caso de natación artística, México llevó un trabuco (sólo Colombia le compite, y en mixtos) para hacerse de 8 de las 11 medallas de oro en disputa.

En el ciclismo de pista, los resultados fueron inferiores a los de El Salvador, sobre todo en la rama varonil. Yareli Acevedo, número 1 del ranking de resistencia de la UCI, ganó sin problemas el Omnium y el equipo femenil de velocidad sigue siendo de calidad mundial. En ruta, hubo un circuito plano, propio para embaladores, que es como una ruleta. Ahi el bueno estaba corriendo el Tour de Francia. En montaña, Gerardo Ulloa volvió por sus fueros. En BMX, nada qué hacer, como de costumbre.

En gimnasia artística, se mantuvo el nivel del equipo femenil (con el oro por equipos) y no tanto el varonil. En gimnasia rítmica, gran diferencia entre las mexicanas y el resto (por eso habrá que ver cómo se miden en el Mundial de la especialidad) y en gimnasia de trampolín, un poquitín a la baja.

En el boxeo, México quedó otra vez a deber. Cuba continuó perdiendo oros y los que no se llevó Colombia, se los adjudicaron Venezuela y Dominicana. De nuevo solamente una medalla dorada y evidencias de atraso deportivo, con una federación siempre dispuesta a colgarse de algún garbanzo de a libra.

En clavados, México hizo la imitación de China, llevándose todos los oros en disputa, y dándose el lujo de utilizar nuevas parejas en sincronizados. En tiro con arco, muy buenas actuaciones en la modalidad de recurvo y decepcionantes medallas de plata (en el clásico enfrentamiento con Colombia) en el compuesto. En taekwondo, la actuación, de 7 oros, fue ligeramente mejor que hace tres años, pero igualmente queda claro que esa federación no está funcionando como antes y los resultados nos dicen que dejamos de ser potencia media.

Pasando a deportes olímpicos donde México lleva rato sin destacar, hay que subrayar que el tiro deportivo cumplió con creces y asentó su dominio hegemónico, que alguna vez fue cubano. Algo similar pasó en remo, y se mejoró en canotaje (sobre todo por Beatriz Briones, que estuvo en 5 de los 6 oros conseguidos por México). Hubo mejoras en esgrima y se mantuvo la hegemonía en triatlón. Donde no se vieron avances fue en judo, en lucha y en halterofilia. Y en pentatlón moderno, a pesar de que México fue el máximo medallista, hay una clara caída y evidencias de que a México no le convino el cambio de equitación a carrera de obstáculos. Badminton, tenis de mesa, squash, vela y tenis (en un torneíto de bajo nivel) quedaron dentro de las expectativas, así como en equitación, donde la delegación se llevó 6 de las 9 medallas en disputa.

En los deportes olímpicos de conjunto, mucho ruido y pocas nueces. La regla fue que los equipos femeniles tuvieron mejor desempeño que los varoniles, pero el único - y merecido- oro se obtuvo en  futbol femenil. De nuevo quedó a deber el volibol de sala. Y esta vez también el basquetbol 3 x 3 y en beisbol estuvimos pésimos.

Pasamos a los deportes no olímpicos, que siempre abundan en estas justas. Hace tres años nos preguntábamos qué pasaría con el racquetbol mexicano tras el retiro de Paola Longoria. Lo que pasó es que siguió el dominio casi absoluto. La delegación estuvo bien en esquí acuático, decente en boliche, logró un oro en patinaje artístico sobre ruedas, metal que no alcanzó en patinaje de velocidad. Hay una baja visible en karate, y esta vez, afortunadamente, no hubo futbol-playa. 



Aquí, el análisis de:







viernes, julio 24, 2026

La Odisea y los malos anfitriones

 

La Odisea es una de las obras seminales de la literatura occidental. Es un relato que ha sido vuelto a contar innumerables veces, y de muy distintas maneras. Afortunadamente, ha vuelto a ponerse de moda por la espectacular película dirigida por Christopher Nolan, estrenada recientemente. Vale la pena tomar el tema, y usar la adaptación cinematográfica como pretexto para hacer algunas reflexiones más actuales.

La película de Nolan cumple con creces el propósito de presentar una epopeya visual y emocionalmente envolvente, con muchos aspectos a analizar y debatir. Como toda adaptación, lleva consigo una visión particular, personal, de la obra original, lo que nos recuerda -a su vez- que todo libro, o filme, es obra de su autor sólo en parte, y la otra parte corresponde a la manera en la que el lector o el espectador lo procesan.

Cuando leí La Odisea (una versión en prosa, hace muchos años), se me grabaron fijamente varios de sus episodios en la memoria, pero otros fueron al olvido. Como buen latinoamericano, ya se sabe que lo hacemos todo en desorden, la leí antes que La Ilíada, con lo que me perdí de la posibilidad de hilar bien las dos historias. Que la película sí sea capaz de hacerlo habla de un buen ejercicio de comprensión histórica del poema.

Pero Nolan hace una versión muy propia, se salta alguna de las aventuras relatadas por Homero, fusiona otras, cuenta los episodios en desorden e incluye un final que no es el del libro (spoiler: en el poema, Telémaco no es rey de Ítaca sino hasta después de la muerte de Odiseo). Me parece que lo hace con un propósito definido, que quién sabe si los espectadores serán capaces de captar: enviar mensajes sobre el mundo actual.

Por ejemplo, se salta el paso de la tripulación por la Isla de los Lotófagos, que es donde los compañeros son invitados a comer flores de loto y, al consumirlas, olvidan su patria, su familia y sus deseos de regresar; se olvidarán hasta de sí mismos. Odiseo los obliga a regresar al barco. A cambio del dolor del viaje, mantendrán la esperanza en el futuro.

En el filme, Calipso alimenta al naufrago Odiseo con flores de loto, y luego lentamente permite que le regrese la memoria y cuente su odisea (así es como los espectadores la van conociendo). En el poema, en cambio, Odiseo nunca comió de esas flores y, por lo tanto, jamás olvida; Calipso le ofrece su amor y la inmortalidad, a cambio de que no regrese, pero los dioses la obligan a renunciar al amado y construirle una balsa. Odiseo es aparentemente feliz, pero la memoria y la nostalgia lo torturan: su sino es regresar. En el filme, Calipso decide por su cuenta.

Hay varias escenas particularmente logradas en la película. Una, visual y sonoramente, es el paso por la Isla de las Sirenas. Otra, la transformación de los marineros en cerdos que hace una hechicera Circe entendida en clave neofeminista. Otra, visual y emocionalmente impecable, es la visita de Odiseo al inframundo, que le ayuda a comprender muchas cosas: las que el director (no el poeta) quiere que entienda.

La película cumple con el cometido esencial del relato: el largo periplo del héroe que regresa a casa, pero regresa cambiado, porque lo sucedido en el viaje lo ha transformado. Odiseo ya no es Odiseo e Ítaca ya no es Ítaca. Es un camino en el que ha aprendido lecciones y regresa con una sabiduría duramente aprendida. Pero el filme hace hincapié en un aspecto en el que, al menos en mi lectura juvenil, yo no había reparado: el concepto antiguo de xenía, el contrato de hospitalidad entre anfitriones y viajeros, según el cual los primeros tienen la obligación de dar hospitalidad y protección a los segundos; y éstos, de no abusar de la generosidad del anfitrión y devolver el favor, si fuera el caso (es lo que en el filme llaman “la ley de Zeus”).

Ese es un punto central de La Odisea de Nolan. Cumplir con las leyes de la hospitalidad es un elemento nodal de la civilización griega (es decir, de la madre de la civilización occidental). Quien las desafía puede terminar pagando muy caro -como el cíclope, como los pretendientes-, pero, sobre todo, quien ya no se rige por ellas termina convertido en un bárbaro, en todo aquello a lo que teme una sociedad civilizada. La xenía es la que hace la diferencia entre una horda de salvajes y una colectividad que pretende la paz social.

La reflexión de Nolan, en boca de Odiseo (pero no de Homero, que yo sepa) es que la Guerra de Troya, con su crueldad, sus mentiras y sus trampas, convirtió a los civilizados griegos en salvajes. Eso, a pesar de que la guerra misma nació de una violación a la ley de los anfitriones (Paris que enamora y secuestra a Helena). Al romper la xenía, con el engaño del Caballo de Troya, con tal de ganar la guerra, los griegos se despojaron a sí mismos de su estatus civilizado. Sigue que todos los pueblos dejan de lado las leyes que permiten la convivencia humana. Al haber destruido la seguridad de los troyanos distorsionando las leyes de la hospitalidad, Odiseo pierde el derecho a llegar fácilmente a su hogar. Los dioses lo castigan con ese viaje terrible. Eso lo comprende sólo al final, al llegar al lugar de donde salió.

Uno no puede sino pensar en los ecos políticos que eso tiene en la actualidad. En Trump, por ejemplo. Un líder xenófobo, belicoso, nacionalista y más poderoso de lo que quisiéramos admitir. Un ejemplo de lo contrario a la xenía, pero no el único. O pensar en la ola de rechazo a los migrantes, o de repudio a los de otra tribu política, ideológica, nacional o religiosa: un mal social que abarca medio planeta, y que no se calma ni en los momentos de júbilo colectivo. Sirva como advertencia: pensando en que se vale de todo para “ganar”, nos estamos despojando de nuestra esencia civilizada. Eso vale para toda actividad humana. Vivimos una crisis de convivencia. Me parece -es mi lectura personal, al fin y al cabo- que Nolan nos envió un mensaje al respecto, basado en un texto de hace casi tres milenios.


lunes, julio 13, 2026

Muñoz, al alza; Durán, a la baja



Mexicanos en GL.

junio-julio pre all star 2026

 Este año, gracias al futbol, hacemos el corte del análisis ligamayorista a partir de la falsa “media temporada” del Juego de Estrellas. Como desde el principio de la campaña, Jonathan Aranda y Randy Arozarena se distinguen por ser los beisbolistas mexicanos más consistentes y confiables. Este mes y medio trajo novedades. Una es que por fin Andrés Muñoz parece haber reencontrado su mojo; otra, que Jarren Durán cayó en otro slump de bateo y apunta para tener una temporada muy por debajo de sus estándares. Además de eso, vimos el retorno del lesionado Alejandro Kirk, el regreso -tras más de un año- de Patrick Sandoval y el debut en MLB del lanzador zurdo Samy Natera Jr y del derecho Luis Gastélum.  

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño en la temporada.

Randy Arozarena estuvo un ratito lesionado, pero eso no ha tenido influencia en los fuertes números que ha mantenido durante el año. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle es el único miembro del contingente en haber sido seleccionado al Juego de Estrellas. Estas semanas confirman que batea con menos poder que en otros años, pero con más contacto. Sus números: .286 de porcentaje, un sólido .838 de OPS, con 11 jonrones, 45 producidas, 59 anotadas y 19 bases robadas. Una diferencia notable respecto al pasado es que ha mejorado su disciplina en el plato: se poncha menos y recibe más pasaportes.

Jonathan Aranda tiene números ofensivos comparables o mejores que los de Arozarena, aunque su posición exige menos fildeo y está más competida para un lugar en el Juego de Estrellas. El inicialista de los Rays ha mantenido su capacidad para ser hombre clutch, y es parte de la explicación de la sorprendente campaña de los de Tampa. Sus números hasta antes del all-star: .297 de porcentaje, un magnífico .865 de OPS, 14 cuadrangulares y 64 carreras producidas.

Andrés Muñoz todavía desperdició un rescate a principios de junio, pero desde la segunda mitad de ese mes ha estado tan intratable como en sus mejores momentos. La clave ha sido una ligera mejoría en el control. El Plebe acumuló 7 salvamentos en el periodo. En el año lleva 3 partidos ganados y 4 perdidos, 16 juegos salvados y 51 ponches en 34.1 entradas de labor. Mejoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 4.19. El estelar cerrador tendrá que seguir en esa tesitura para que los Marineros aspiren a la postemporada.

Isaac Paredes va lentamente de menos a más. El antesalista sonorense de los Astros volvió por sus fueros y mejoró notablemente los números que tenía. Su porcentaje de bateo subió a .252, duplicó su número de jonrones a 12 e hizo otro tanto con las carreras empujadas, que ahora son 49, Su OPS, de .766, ya lo coloca entre los bateadores buenos de la campaña.

Nick Gonzales ha logrado mantener su alto porcentaje de bateo. El infielder de los Piratas de Pittsburgh, de buen guante, sigue por encima de los .300 de porcentaje y, con poder ocasional, mejoró su OPS. Batea para .308, con 4 vuelacercas, 4 robos de base, 28 producidas (y 51 anotadas)- Su OPS, de .761, indica algo más que a un pelotero de puro contacto.

Javier Assad regresó, aunque quién sabe por cuánto tiempo, a la rotación de los Cachorros de Chicago. El tijuanense lo ha hecho bien, ganando 3 partidos, sin admitir derrota. Sólo una de sus salidas fue considerada de calidad, porque lo común es que lance 5 entradas o menos. Sus números: 6-1, 37 ponches y una efectividad de 4.11. Adicionalmente, mejoró su WHIP: se le embasan por hit o pasaporte, 1.13 rivales por entrada.

Jarren Durán entró en otro horrendo slump en junio, precisamente cuando parecía que le había dado la vuelta a un mal arranque, y no ha salido. Ha ido de la sima a la cima, y de regreso. Sigue siendo garantía con el guante, pero batea para .194, con 11 cuadrangulares y 45 carreras empujadas, Ha estafado 14 colchonetas, pero su OPS señala que está bien debajo de la media en Grandes Ligas: .605.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, tuvo más de arena que de cal en este mes y medio. Ganó un juego, pero perdió dos.  El zurdo lleva marca de 1-3, dos rescates desperdiciados y 20 holds (ventajas mantenidas en situación de cierre). Su PCL empeoró a 3.25 y ha pasado a 43 rivales por los strikes.

Brennan Bernardino ha tenido una participación más que decente en junio y julio. El relevista ganó un juego para los Rockies y también se apuntó otros dos holds. Ahora sus números son 3-3, 5 holds, 18 ponches y efectividad de 2.97 (que es todo un logro para un lanzador de Colorado).

Samy Natera Jr, chihuahuense, relevista, debutó para los Ángeles de L.A y, salvo una implosión ante Boston el 4 de julio, lo ha hecho muy muy bien. Ha obtenido un triunfo y un salvamento, y es notable que haya ponchado a 22 rivales, mientras otorgó sólo 2 bases por bolas. Su PCL es de 3.00. Es probable que los de Anaheim lo vayan subiendo en la jerarquía de su bullpen.

Brandon Valenzuela, como dictaba la lógica, se quedó con la suplencia en la receptoría de los Azulejos de Toronto, tras el regreso de Alejandro Kirk, y ha jugado más de lo que lo hacía Heinemann. En el periodo analizado mejoró su promedio y se ha mostrado eficiente a la defensiva. Sus números ofensivos .241 de promedio, 7 palos de vuelta entera, 20 producidas, .729 de OPS y un robo de base.

Joey Ortiz mejoró un poquito su bateo, para acompañar su guante de lujo en el campocorto de los Cerveceros de Milwaukee. Los números al bat siguen siendo pobres y contrastan con su fildeo: .225, 3 palos de vuelta entera, 22 producidas, OPS de .596.

Alejandro Osuna fue mandado unos pocos días a AAA, pero de nuevo cubre la parte fuerte del platoon con los Rangers (es titular ante lanzadores derechos). Por fin pegó su primer jonrón. El sinaloense batea para .256 de promedio, .653 de OPS, 18 impulsadas y 4 estafas.

Marcelo Mayer apenas si jugó medio junio, porque cayó en la lista de lesionados. La suya ha sido una campaña decepcionante con la majagua, aunque el guante y el brazo le funcionaron bien. Batea para .220, con un bajo OPS de .594, 3 jonrones, 22 producidas y tres robos.

Alejandro Kirk finalmente regresó a la receptoría de Toronto en junio, tras la fractura del pulgar a principios de temporada. Todavía no agarra su ritmo al bat: sigue siendo pelotero de gran contacto, pero sus batazos salen, por lo general, a poca velocidad. Está dejando su puesto a Valenzuela dos días por semana. Batea para .202, con 2 jonrones y 9 producidas. Eso sí, su popularidad y su carisma son tan grandes que, a pesar de lo poco que ha jugado y de sus numeritos, quedó en segundo lugar de la boleta de catcher de la Liga Americana en las votaciones para el Juego de Estrellas.  

Alan Rangel parece haber dejado atrás la puerta giratoria y hasta ha abierto juegos para los Filis. No le ha ido demasiado bien, a pesar de que una de sus aperturas fue buena. Su marca es de 0-2, con efectividad de 4.19 y 22 chocolates.

Víctor Vodnik salió de la lista de lesionados, pero ya no es el cerrador de los Rockies. Tal vez debería serlo, porque en el último mes se vio bien, ganando 2 juegos desde el bullpen. Números: 3-3, 4 salvamentos, otros tantos holds, dos desperdicios, 22 ponches y PCL de 5.72, que se ve muy feo, pero es mucho mejor que el 8.00 que traía antes de lesionarse.

Daniel Duarte debe estar mareado de tanto pasar por la puerta giratoria con la que los Mets lo traen entre Grandes Ligas y AAA. Lanzó otras 2 entradas sin permitir carrera y lo devolvieron.

Robert García pasó a la lista de lesionados por 60 días. El relevista de los Rangers lleva marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Alek Thomas sigue en AAA. Sus números con Arizona: .181, 3 jonrones, 10 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .562

Ramón Urías no ha salido de la lista de lesionados. El sonorense del guante de oro lleva .158, 2 vuelacercas, 5 empujadas y OPS de .595, jugando para los Cardenales.

Luis Urías fue contratado por los Azulejos de Toronto para cubrir posiciones de utility en el infield. Con lo poco que ha jugado, el Wicho ha bateado bien: .292, con un cuadrangular y 2 producidas.

Patrick Sandoval regresó a abrir un juego, para los Medias Rojas de Boston, luego de más de un año de ausencia por la cirugía Tommy John. Lanzó 4.1 entradas, admitió una carrera y se fue sin decisión. Los patirrojos lo llevarán con calma.

Rowdy Téllez se tomó una tacita de café con los Bravos de Atlanta, esencialmente como bateador emergente. Fue suficiente para que pegara 2 hits en 10 turnos. Uno fue de cuatro esquinas y empujó 2 carreras. Luego lo mandaron a AAA.

Valente Bellozo se mantiene en AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

Luis Gastélum, otro mochiteco greñudo y velocista en la lomita. Lleva tres apariciones en el relevo de los Cardenales, PCL de 6.75 y 3 ponches, en 2.2 entradas lanzadas.

César Salazar dejó la receptoría suplente de los Astros, al retorno de Yanier Díaz. Dotes defensivas, pero sólo un hit y una impulsada en 18 turnos.

José Urquidy está todavía en AAA. 0-1, un juego salvado, 8.53 de efectividad y un WHIP de 2.68.

Taijuan Walker sigue sin contrato tras su despido por los Filis. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad y 17 ponches.

 


miércoles, julio 08, 2026

Política y Mundial de Futbol

Van dos textos sobre futbol y políticos (gringos, casualmente)


Kissinger, realpolitik y futbol


Henry Kissinger, artífice de la política exterior estadunidense durante el gobierno de Richard Nixon, e influyente consultor de distintas administraciones de EU durante décadas, era un apasionado del futbol, deporte que practicó de niño en su natal Alemania. Fue el principal promotor para que Estados Unidos obtuviera la sede del Mundial de 1994 (e intentó infructuosamente ganarle a México la de 1986, luego del fiasco de Colombia como organizador designado). Creía que Estados Unidos no podía ser reconocido como potencia culturalmente integrada al resto del mundo, si no jugaba futbol, y utilizaba ese deporte como analogía de muchas cosas, entre ellas, la política exterior.

Según Kissinger, cada nación jugaba al futbol de acuerdo con su cultura. Así, por ejemplo, describía a la alemana como una selección que priorizaba la disciplina, la planeación estratégica y la organización colectiva. Decía que los alemanes tomaban el partido como una guerra en la que no daban cuartel, pero, si algo se les salía del guion, entraban en una suerte de crisis filosófica existencial.

Brasil, en cambio, era expresión de la creatividad individual, del gusto por el juego, del deseo por la estética (eran los tiempos, hoy perdidos, del jogo bonito), pero apuntaba que esos elementos hacían que a veces a los brasileños se les olvidara la importancia de ganar los partidos.

De Italia (aquella vieja azzurra del catenaccio) subrayaba el orden defensivo y una capacidad, que Kissinger definía como maquiavélica, para de repente romper líneas y anotar en una jugada directa, una suerte de blitzkrieg. De Francia, ponderaba su futbol elegante. De equipos africanos, como Camerún, decía que tenían instintos naturales de juego, pero que no intelectualizaban su estrategia. Y criticaba seriamente a Inglaterra, a la que acusaba de practicar un futbol anticuado (era la época de los ponchazos ingleses: largos balonazos a ser disputados), y de estar demasiado atados a la tradición.

En otras palabras, en la visión de Kissinger, cada nación practicaba el futbol dentro de su estereotipo cultural. Quería que Estados Unidos desarrollara su propio estilo, cosa que apenas está sucediendo tres décadas después.

Más interesante es la aplicación de las estrategias del futbol a la política. Para Kissinger, los deportes tradicionales estadunidenses eran mucho menos útiles para la estrategia política que el futbol. Tanto en el beisbol como en el americano los momentos de ataque y de defensa están cortados, claramente definidos, así que las posibilidades de pasar de la defensa al ataque son muy escasas e improbables (en el americano) o de plano nulas (en el beisbol). En el futbol, en cambio, el flujo permite que de manera natural puedas pasar de la defensa al ataque, e incluso utilizar a tu favor la ofensiva del adversario. Ahí, el político estadunidense encontró un ídolo y un ejemplo: Franz Beckenbauer.

Kissinger comparó abiertamente la política exterior que diseñó con el papel táctico de Beckenbauer, que revolucionó la posición de líbero. El Kaiser de la selección alemana era capaz de transformar una posición claramente defensiva en una de medio campo, idónea para orquestar un ataque profundo e inesperado. Según el político estadunidense, esa revolución, dirigida por los pies de un jugador meticuloso como Beckenbauer, fue lo que permitió que Alemania derrotara a un equipo técnicamente superior y estratégicamente innovador, como el holandés, la original Naranja Mecánica, en 1974.

El asunto era trabajar con eficiencia calculada. El concepto de realpolitik entendido como enfocarse totalmente en la victoria, enfatizando lo práctico, el control y el resultado por encima de lo que pudiera percibirse como justicia o por la estética. Entender los balances de poder, y actuar pragmáticamente y con flexibilidad, sin los corsets de la moralidad o la ideología.

Esa estrategia significaba cerrar los ojos ante actitudes contrarias a los derechos humanos, e incluso promoverlas directamente, porque la cuestión era derrotar a los rivales en la Guerra Fría. Y también significaba pasar por encima de pueblos enteros, si ello traía la victoria a su “equipo”. El apoyo a Pinochet para el golpe de Estado que instaló una feroz dictadura militar en Chile fue entendido por Kissinger como “un faul táctico”, el que hace el defensa a medio campo para evitar que la escuadra contraria tenga un avance peligroso (en este caso, que los socialistas pusieran un pie en América Latina, vista como el área que Estados Unidos defiende como propia).

Así, otros ejemplos futbolísticos que servían para justificar la estrategia de un personaje tan brillante como siniestro: el catenaccio para desesperar a las otras, múltiples, partes en las negociaciones de paz en el Medio Oriente; el uso de un jugador estrella, pero agresivo, para abrir -vía Pakistán- un camino hacia las relaciones con China; la presión constante a la salida: el manejo permanente de crisis como algo superior a una paz duradera… y un largo etcétera.  

Los tiempos han cambiado, tanto en el futbol como en la política global. Es hora de hacerse algunas preguntas: ¿Refleja el agresivo estilo de juego de la selección de Estados Unidos la idiosincrasia de ese país? ¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades de ese estilo?

¿Y si hubiera que describir las políticas de Trump con una táctica de futbol, cuál usaríamos? Para la segunda pregunta, lo que es seguro es que la respuesta no pasa por aquellos corsets de moralidad e ideología que con gusto desechó la realpolitik de Kissinger.


Ganar por encima de las reglas




En 1934, Benito Mussolini solía cenar con los árbitros el día anterior a los partidos de Italia durante el Mundial de futbol realizado en su país. No ha trascendido el contenido de las conversaciones en esas cenas, pero hay un patrón de comportamiento. En los cuartos de final, el árbitro suizo anuló dos goles legítimos a España y la propia Federación Suiza terminó suspendiéndolo de por vida. En la semifinal, el árbitro hasta intervino con un cabezazo en medio de un contrataque de Austria. En la final, el mismo árbitro, antes del partido, hizo el saludo fascista ante el Duce y le perdonó un penal a Italia, que resultó campeón.

Estos datos históricos vienen a cuento para señalar que el actual no es el primer Mundial de futbol en el que interviene directamente un jefe de Estado para cambiar las condiciones a favor de un equipo de su país, como lo ha hecho, de manera descarada, Donald Trump. También sirven para decir que hay un tipo de líderes políticos que se inmiscuyen en todo lo que pueden, y que buscan ganar por encima de las reglas.

En el partido contra Bosnia-Herzegovina, el delantero estrella estadunidense, Folarin Balogun, fue expulsado por una fuerte falta. A todo jugador expulsado de un partido se le aplica una suspensión y no puede participar en el siguiente partido. La FIFA revocó la sanción y permitirá jugar al atacante de Estados Unidos. Trump presumió que eso lo logró él a través de una llamada a Gianni Infantino.

Ante la lluvia de críticas, el mandamás del futbol se defendió afirmando que el cuerpo judicial de la FIFA es independiente, pero la UEFA afirmó que “cruzó una línea roja”. En una declaración sin precedentes, señaló que “el futbol se rige por reglas que constituyen la base de una competencia justa, honesta y transparente. A veces, las reglas son susceptibles de interpretación. En este caso, no”. Siguió una llovizna de comunicados que muestra la diferencia de puntos de vista entre la FIFA y la UEFA.

Trump puede presumir de haber doblado a Infantino (otra vez, recuérdese la tibieza de la FIFA ante la discriminación sufrida por la selección de Irán), pero de esa forma mancha ante el resto del orbe cualquier logro futuro de la selección de su país en el Mundial. De paso, las declaraciones del presidente de EU demuestran que la organización mundial del futbol ha roto su propio reglamento, que prohíbe el involucramiento de la política en su toma de decisiones.

Pasar por encima de las reglas ha sido el comportamiento habitual de Trump durante sus dos presidencias. Su lógica es la de Humpty Dumpty, el personaje de A Través del Espejo: "Cuando uso una palabra, significa lo que yo quiera, ni más ni menos”, le dice el huevo a Alicia, para concluir “La cuestión es saber quién manda, eso es todo”.

Lo hemos visto en la imposición de aranceles y sus cambios a contentillo, en la restricción de visas a partir de la nacionalidad, en la forma de darle la vuelta a las determinaciones judiciales, en distintas intervenciones bélicas internacionales (“fáules tácticos”, diría Kissinger), hasta en las maniobras recientes para no firmar un tratado de libre comercio de mediano plazo para América del Norte. El autócrata hace sus reglas y rompe las ajenas sin pudor.

Detrás de ello está uno de los pilares culturales de los Estados Unidos del último siglo, resumido en la frase del legendario coach de futbol americano Vince Lombardi: “ganar no lo es todo, es lo único”. Aunque luego Lombardi dijo haber sido malinterpretado, el hecho es que entró en la psique estadunidense como el mantra de ganar a cualquier costo en una sociedad ultracompetitiva, que divide a la gente entre “ganadores” y “perdedores”. Trump siempre se refiere a sí mismo como un “winner”.

A diferencia de las amenazas personales, veladas o directas, de Mussolini, el método Trump consiste en chantajes, uso del poder económico de Estados Unidos como arma de extorsión, la manipulación de los hechos y la presunción de que la cancha de juego -en todos sentidos- no tiene por qué ser pareja. He aquí otra distinción clave qué hacer entre fascistas y populistas. Los primeros simplemente desprecian e ignoran las reglas; los otros las distorsionan a su favor, mientras aseguran que están haciendo justicia. No es solamente, ni principalmente en Estados Unidos donde está pasando esto: es una epidemia política mundial, a la que México no es ajeno.

Aceptando que la vida es competitiva, las democracias tienen reglas “que constituyen la base de una competencia justa, honesta y transparente”. Cuando desaparece la certidumbre sobre el uso de las reglas, cuando se utilizan resquicios legales para favorecer a unos sobre otros, se desmorona el pegamento que hace funcionar a las instituciones. Tal vez de eso se trata, de mandar a las instituciones al diablo para que impere la ley de quien detenta el poder.

En el partido de Estados Unidos contra Bélgica, el entrenador Pochettino decidió alinear a Balogun, que no hizo nada por el equipo de Estados Unidos, que fue humillado. De todos modos, a Infantino le tocará navegar, merecidamente, por aguas tempestuosas.