viernes, abril 24, 2026

50 futbolistas mexicanos


En estos días se ha puesto de moda en las redes sociales hacer la lista del mejor medio centenar de futbolistas mexicanos de la historia. Va mi espada en prenda, con la reserva de que pienso actualizar mi lista cada vez que lo considere pertinente. 

  1. Hugo Sánchez  
  2. Rafa Márquez
  3. Chicharito Hernández
  4. Andrés Guardado
  5. Giovani Dos Santos
  6. Luis Hernández
  7. Luis García
  8. Claudio Suárez
  9. Enrique Borja
  10. Jared Borgetti
  11. Jorge Campos
  12. Memo Ochoa
  13. Cuauhtémoc Blanco
  14. Raúl Jiménez
  15. Antonio Carbajal
  16. Oribe Peralta
  17. Carlos Vela
  18. Alberto García Aspe
  19. Carlos Salcido
  20. José de Jesús Corona
  21. Chava Reyes
  22. Gerardo Torrado
  23. Chucky Lozano
  24. Héctor Herrera
  25. Pavel Pardo
  26. Nacho Flores
  27. Horacio Casarín
  28. Ricardo Peláez
  29. Héctor Moreno
  30. Manuel Negrete
  31. Luis Roberto Alves, Zague
  32. Benjamín Galindo
  33. Conejo Pérez
  34. Edson Álvarez
  35. Johan Vásquez
  36. Luis Flores
  37. Javier Valdivia
  38. Halcón Peña
  39. Oswaldo Sánchez
  40. Santiago Giménez
  41. Ricardo Osorio
  42. Pablo Larios
  43. Carlos Hermosillo
  44. Tecatito Corona
  45. Maza Rodríguez
  46. Fernando Quirarte
  47. Antonio Naelson Sinha
  48. Pirata Fuente
  49. Omar Bravo
  50. Héctor Hernández

La lista está hecha tomando en cuenta tres factores: actuación con la selección mexicana en sus distintas categorías (sí importa el tipo de torneo); actuación con los clubes en los que hayan jugado, tomando en cuenta el diferente nivel de las ligas; un factor de popularidad. Considero que no hay duda sobre los tres primeros.

De todos los jugadores listados, solamente a dos nunca vi jugar: Horacio Casarín y Luis Pirata Fuente. Admito que me baso en sus leyendas (y numeritos).

Se aceptan comentarios, críticas y propuestas alternativas.


jueves, abril 16, 2026

(E)Lecciones húngaras


 

Las recientes elecciones húngaras han llamado la atención porque han puesto fin a 16 años de un gobierno populista y crecientemente autoritario, encabezado por Viktor Orbán y su partido Fidesz (Alianza Cívica), de ideología cristiano-nacionalista abiertamente derechista. Implican un cambio de balance en Europa, donde Orbán era una piedra en el zapato en la UE, por sus posiciones pro rusas. Pueden también ser un indicador de que el populismo está experimentando una regresión en la lógica del péndulo político. Y nos recuerdan que el populismo autoritario, a diferencia de una dictadura pura y dura, puede ser derrotado en las urnas.

Orbán llegó ser primer ministro húngaro en 1998, en una coalición de centro-derecha. En 2002 perdió las elecciones ante los socialistas, pero en 2010, aprovechando el descontento social provocado por la crisis económica ligada al shock financiero de dos años atrás, regresó al poder. Su ascenso significó el fin del gobierno del Partido Socialista Húngaro, organización socialdemócrata y pro europea.   

En 2010 el Fidesz se había radicalizado. Una parte importante del discurso de ese partido se fincaba en el nacionalismo extremo, con una xenofobia particularmente dirigida a los judíos, vistos como “especuladores extranjeros” y contra las elites de poder, que -en esa visión- eran encarnados por el financista húngaro-estadunidense George Soros. Fidesz y Orbán se presentaron como la encarnación de los deseos del pueblo trabajador húngaro.

Esa victoria fue arrolladora. Fidesz obtuvo la mayoría constitucional y Orbán la utilizó ampliamente. De hecho, se redactó una nueva Constitución, a la que se le hicieron cambios y adiciones según las necesidades del partido. Esto incluyó, entre otras cosas, la fijación de valores tradicionales y cristianos en la carta magna, una reforma judicial con la depuración de jueces desafectos al régimen y una serie sucesiva de cambios a la legislación electoral.

Entre estos últimos destacan, primero, la reducción del número de diputados (ahorro para el pueblo); después, el cambio en la proporción entre diputados de mayoría y de lista (menos pluris, más unis) y el rediseño a contentillo de los distritos electorales; finalmente, la “compensación al ganador”, mediante la cual los votos “sobrantes” de los ganadores de distrito pasan a engrosar a su partido en la elección plurinominal. Dichas reformas sirvieron para que el Fidesz mantuviera la mayoría constitucional calificada aun en elecciones donde obtuvo menos del 50 por ciento de los votos, como sucedió en 2018 y 2022.

Esto, más el control cada vez más estrecho de los medios de comunicación, y sumado a una política de subsidios directos a la población, permitió a Orbán presumir de una “democracia iliberal” que permitía su reelección constante. Su modelo fue visto como EL ejemplo a seguir por todos los populistas del mundo (muy abiertamente, por aquellos situados a la derecha del espectro político; en la práctica, también por los que se dicen de izquierda). Parecía que permitiría eternizarse en el poder a un personaje que llegó por primera vez a la jefatura de gobierno a los 35 años y que ahora tiene 62.

¿Qué pasó ahora? Hay al menos cuatro elementos que explican lo sucedido.

El primero es que cambió la oposición. En las primeras ocasiones, las victorias de Orbán fueron contra los partidos tradicionales que precedieron la victoria del Fidesz, ya sea los socialdemócratas o los conservadores liberales. Derrotó incluso, en 2022, a una suerte de “coalición arcoíris” de partidos unidos sólo por el antiorbanismo, y que tenía un candidato independiente. Ahora se trata de un partido, el Tisza (Respeto y Libertad), creado por un disidente del Fidesz, Peter Magyar, ex ministro de relaciones exteriores de Orbán.

Magyar se alejó del partido y de Orbán a partir del perdón concedido por la presidencia a un pedófilo, renunciando a los puestos que tenía en empresas estatales y denunciando la corrupción que había enriquecido enormemente a varios cercanos a Orbán (en el camino, su esposa, entonces a la cabeza del Ministerio de Justicia, perdió el puesto, y Magyar, su matrimonio).

El caso es que esta oposición no tiene grandes diferencias ideológicas con Fidesz, en el sentido de que es conservadora y nacionalista, pero centró su campaña en tres aspectos cruciales: una, el ataque al “Estado mafioso” de Orbán, hecho a partir de la detención de una cuota excesiva de poder y la defensa de los leales, sin importar qué delitos hayan cometido; la segunda, el compromiso de adhesión a la Unión Europea y de apoyo a Ucrania, tras la invasión rusa; la tercera, la propuesta de que nadie puede ser primer ministro por más de dos periodos (Orbán lo ha sido por cinco). Esto le bastó para hacerse del apoyo de electores de centro-izquierda y socialistas. También contribuyó que el Partido Socialista haya decidido no presentar candidatos y llamado a votar por Tisza: la prioridad era sacar a Orbán; eso es algo que difícilmente puede suceder en otros países con gobiernos populistas autoritarios.

Una característica de Tisza es que no intentó consolidar sus apoyos en las zonas que habían mostrado oposición a Orbán, tradicionalmente asentadas en las grandes ciudades, sino que hizo mucho trabajo de campo en las regiones donde Fidesz tenía una clara hegemonía: en los pueblos pequeños y en la campiña.

El segundo elemento es que el periodismo independiente de investigación, el poco que quedaba en Hungría, hizo su trabajo, documentando, por un lado, los múltiples casos de corrupción gubernamental y, por el otro, la relación de dependencia de Orbán respecto a Vladimir Putin. Puso el dedo en la contradicción entre los discursos nacionalistas y soberanistas del húngaro con su sumisión respecto al ruso… y los húngaros no olvidan la invasión soviética de 1956. El sentimiento antirruso ayudó a Tisza.

El tercer elemento es que la victoria de la oposición fue amplia. Durante el día de la elección, los medios públicos y los youtubers controlados por Orbán empezaron a hablar acerca de un fraude orquestado por los europeístas. Lo hubieran usado en caso de un resultado cerrado. Cuando se dieron cuenta de que la diferencia era muy grande, se quedaron sin palabras (porque sólo se sabían el guion).

El cuarto es que Orbán recibió el beso del diablo. Tal vez fueron tóxicos los apoyos que recibió de la ultraderecha europea, de Meloni a Abascal, de Le Pen a Wilders. Pero lo que acabó de estropearlo fue el espaldarazo de Trump y Vance, que no significan más que desprestigio.

A esos cinco elementos hay que añadirles una paradoja. La sobrerrepresentación que Orbán armó, con su reforma electoral, para consolidar un largo régimen del Fidesz, ahora ha pasado a Magyar y a Tisza, que tienen la mayoría constitucional para revertir los cambios antidemocráticos. Ojalá lo hagan.       

viernes, abril 10, 2026

Geopolítica (y maravilla) del regreso a la Luna


Uno mira a la Luna, piensa que en su órbita hay cuatro seres humanos, y se maravilla de ello. Luego se da cuenta que esa bonita sensación no la tenía desde hace más de medio siglo, y no le queda más que preguntarse por qué pasó tanto tiempo.

Fue tanto el tiempo, que perdimos varias cuentas. El vuelo de Artemisa II es la décima exploración tripulada que llega a la órbita lunar. Las otras nueve fueron del proyecto Apolo; la primera, en el lejanísimo 1968; la última, en el casi tan lejano 1972. De ellas, seis culminaron en alunizaje. La memoria no recordaba tantas.  

¿Qué fue lo generó ese hiato de más de 50 años? ¿Por qué hubo en Estados Unidos un frenesí de 31 misiones espaciales tripuladas entre 1961 y 1972? La respuesta está en la geopolítica. La Unión Soviética había sido la primera en lanzar con éxito a seres humanos al espacio exterior y demostraba, con ello, ser capaz de competir con Estados Unidos en lo que se consideraba era la punta de la tecnología.

El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin surcó el espacio; en junio de ese mismo año, John F. Kennedy propuso a Nikita Jrushov hacer un esfuerzo conjunto para ir a la luna, pero el premier soviético se negó. En el contexto de la Guerra Fría, aquello era un reto que, en palabras posteriores de Kennedy, “queremos aceptar, no estamos dispuestos a posponer, y pretendemos ganar”. Era, según las palabras del presidente de EU, una batalla entre “la ruta de la libertad” y “la ruta de la tiranía” para tomar el liderazgo en logros espaciales “que en muchas maneras es clave para nuestro futuro en la tierra”.

Pasó que Estados Unidos superó a la Unión Soviética en esa carrera; después, que la URSS colapsó, y que el programa Soyuz -diseñado originalmente para llevar cosmonautas a la luna- se convirtió en otra cosa: un mecanismo para transportar tripulaciones de diversas nacionalidades a las estaciones espaciales Salyut, Mir e ISS. Rusia tiene planes para reemplazar el Soyuz con un tipo de nave más moderno, el Orel, pero se tardarán, porque los esfuerzos financieros de Moscú están en la absurda guerra contra Ucrania.

La breve era de la hegemonía unipolar coincidió con el fin de la carrera espacial de naves tripuladas. Los esfuerzos se dirigieron más hacia la investigación del universo por sondas no tripuladas: Mars-Rovers, Cassini, el telescopio Hubble, que siguen los pasos del Voyager I (lanzado en 1977), el único objeto hecho por humanos que ha alcanzado el espacio interestelar.

¿Y ahora, por qué el nuevo impulso? Porque el mundo está dejando de ser unipolar. China alza la mano, y no sólo en cuestiones comerciales. Es el único país que ha logrado alunizar en el lado oscuro y traído muestras de esa zona, tiene su propia estación espacial (la Tiangong), ha lanzado su propio robot explorador a Marte y, en 2015, sus líderes declararon la intención de que sus taikonautas logren un alunizaje para 2030.

El programa Artemisa es la respuesta estadunidense al reto de la nueva potencia emergente. Empezó a desarrollarse durante el primer gobierno de Trump, y no se detuvo con Biden. No casualmente, tanto los americanos como los asiáticos se dirigen al mismo punto de la luna: el polo sur. Ahí pretenden alunizar. Sucede que, porque allí nunca toca el sol, existen depósitos de agua que facilitarían la construcción de una base permanente en nuestro satélite natural. Para allá van los dos. Estados Unidos no quiere perder la primacía y, por lo visto, todavía lleva ventaja.

Una primera pregunta es si el dedicar tantísimos recursos al armamentismo y a la guerra no le quitará esa ventaja a Estados Unidos, cada vez menos dispuesto -bajo Trump- a invertir en ciencia. Una segunda es, si, en vez de darse ínfulas de grandeza nacional, se buscara una cooperación internacional, qué tan rápido podría avanzarse en ese terreno del conocimiento y la exploración científica, y otras áreas ligadas a él.

Artemisa II ha devuelto a muchos la mirada científica hacia los cielos. No importa que el método de vuelo sea esencialmente el mismo de hace medio siglo (utilizar la gravedad de los cuerpos celestes como catapulta, tras un fortísimo impulso inicial) o que la velocidad y distancia máxima alcanzadas apenas sean marginalmente superiores a las de entonces. La mera idea de estar físicamente de vuelta es excitante. Además, es bonito el nombre: Artemisa era la hermana gemela de Apolo, en la mitología griega. Uno es el sol y la otra es la Luna. Apolo le dio nombre al tercer grupo de misiones tripuladas de la NASA, incluyendo la más famosa de todas ellas.

Mirar hacia arriba sirve también para darnos cuenta de lo pequeños que somos. Si la Vía Láctea tiene una circunferencia del tamaño de Estados Unidos (continental), nuestro sistema solar es del tamaño de un pulgar humano. El viaje a la luna es entre dos pliegues de la huella digital. La sonda Voyager I, la que más lejos ha viajado, apenas llegó a la muñeca de la mano: 22 horas luz. Y se ha tardado 49 años en hacerlo. Y la Vía Láctea es una entre billones de galaxias.

Pensar en eso debería darnos un escalofrío, como el que seguramente tuvo Galileo cuando vio, con su rudimentario telescopio, estrellas que eran invisibles al ojo humano desnudo, que existían sin que las viéramos. Tal vez entonces, cuando se dio cuenta, con toda claridad, de que el universo no estaba hecho por Dios para nosotros, entendió que escudriñarlo sería una tarea interminable y fascinante.  

viernes, marzo 13, 2026

Cuba y Numancia

 


Numancia fue una ciudad celtíbera famosa porque a la República Romana le tomó más de dos décadas conquistarla, lo que finalmente logró a través de un cerco, que cerró todas las vías de suministro de aquella población. Tras quince meses, la hambrienta y enferma Numancia se rindió, pero la mayoría de sus habitantes se suicidó, luego de incendiar la ciudad para evitar que cayera en manos de los romanos.

En 1990, cuando, durante el proceso de caída de la Unión Soviética, Cuba se quedó sin los subsidios que mantenían precariamente su economía, el líder socialista español Felipe González advirtió a Fidel Castro que Cuba debía incorporarse a la apertura latinoamericana entonces en curso. De no ser así, consideró, habría “grandes problemas en la inserción de Cuba en el mundo futuro”.  Fidel respondió que no aplicaría “recetas de otros países”, y González calificó ese rechazo a una apertura democrática como “la estrategia de Numancia”.

No es que el dirigente español hubiera pedido una democracia liberal; lo que sugería era una suerte de perestroika tropical, que pudo haber marcado una transición paulatina del régimen totalitario hacia otro tipo de socialismo. Pero Castro prefirió la resistencia, que también era reticencia a dejar cualquier migaja de poder.

El caso fue que, como profetizaba Felipe González, en las siguientes décadas hubo grandes problemas en la inserción de Cuba en el mundo. Esos problemas fueron, por un tiempo, medianamente paliados por asistencia extranjera diferente de la desaparecida URSS, pero de países igualmente confrontados con Estados Unidos. Una ayuda cada vez más magra. Lo que no varió fue la incapacidad del sistema económico cubano para ser mínimamente productivo. Ineficiencias tan grandes que aquello se convirtió en una red de agujeros.

En lo interno, todo pequeño intento liberalizador en lo económico, que solía traer mejoras marginales en las condiciones de vida de la población, se topó después con retrocesos que, a nombre del purismo socialista, volvían a generar pobreza generalizada. Y en lo político, Cuba fue pasando de un Estado unipartidista con tintes policíacos, que permitía un poco de discusión, acotada “dentro de la revolución”, a una dictadura pura y dura, ahora encabezada por un burócrata y no por caudillos. Mientras tanto, se cristalizó la división de la población por estamentos: hasta arriba, la nomenklatura y los altos mandos del ejército; luego, los “enchufados”; más atrás, los que sólo tienen FE (Familiares en el Extranjero, que les mandan ayuda); hasta abajo, la mayoría del pueblo. Todo, en medio de una corrupción creciente.

Esta combinación de circunstancias ha devenido en un cambio social de actitud hacia la revolución y hacia la vida misma. Lo que hace más de medio siglo fue entusiasmo, se convirtió, primero, en la filosofía de aceptar lo existente (la libreta de racionamiento, los Comités de Defensa de la Revolución, el Granma) a cambio de “no virar p’atrás” y ahora, en una molestia y desazón muy amplias, porque no hay “p’atrás”, pero tampoco “p’alante”. La cubana es una sociedad asfixiada y reprimida en lo político, con carencias indecibles en lo económico y sin perspectiva de futuro.

Durante décadas, el llamado bloqueo estadunidense sirvió solamente para que el régimen cubano pudiera justificar carencias, apreturas y medidas represivas. El embargo ha tenido fases de endurecimiento y de reblandecimiento, pero los efectos en la economía cotidiana de los cubanos en ese vaivén han sido mínimos. El caso es que el sistema económico no funciona. Recordemos que la crisis de electricidad lleva décadas y que ya había arreciado antes de la llegada de Trump al poder en Estados Unidos, con el nuevo apretón de tuercas.

Aunque ya no es una amenaza directa a la seguridad estadunidense, hay motivos de política interna e internacional que explican el apretón trumpista sobre Cuba. Los primeros tienen que ver con la necesidad de apoyo a los republicanos de parte de la influyente comunidad cubana en EU, sobre todo en Florida y con la imagen de destructor de enemigos que Trump se quiere forjar. Los segundos, con el propósito hegemónico de tener bajo control todo el continente americano y abrir espacios, hoy cerrados, para las empresas estadunidenses.

Para ese propósito, lo que menos le preocupa a Trump es la situación dramática que vive el pueblo de la isla, que ya está alcanzando proporciones de catástrofe humanitaria. Se trata de una lenta asfixia, a partir -regresando al símil numantino- de la estrategia del nieto de Escipión de cortar los suministros vitales para los asediados.

El otro lado del problema es que, hasta ahora, la dirigencia de la dictadura cubana está aferrada a la estrategia numantina, reacia a cualquier cambio y dispuesta, en la práctica, al equivalente a un suicidio colectivo. Salvar por un rato el propio pellejo y que se joda la chusma. Para ello, no ceder ni un ápice, y llenarse la boca de retórica antiimperialista, que algunos en la isla repiten, pero en la que ya nadie cree. De cualquier manera, no será tan fácil para Trump encontrar en las fuerzas armadas cubanas la poca resistencia con la que se topó en Venezuela.

Hay quienes recuerdan, románticamente, la de Numancia como una resistencia heroica. El caso es que fueron derrotados y aquella región terminó siendo romanizada. No hubo medias tintas. Y el recuerdo no sustituye las vidas perdidas.

México ha sido un amigo histórico de Cuba y ha servido muchas veces de puente en sus complicadas relaciones con Estados Unidos. La amistad verdadera está precisamente en esa función de puente, no en identificaciones románticas e ideologizadas con la esperanza que alguna vez significó la Revolución Cubana, traicionada hace décadas. Si uno piensa que hechos son amores, lo conducente sería -más allá de enviar ayuda humanitaria básica- mediar para evitar que Cuba se convierta, de verdad, en una Numancia del siglo XXI. Y eso implica dejar el apoyo incondicional a una dictadura que no lo merece.


jueves, marzo 12, 2026

México en el Clásico Mundial 2026

 



El equipo mexicano de beisbol llegó al Clásico Mundial con la expectativa de poder alcanzar, de nueva cuenta, las semifinales. Terminó eliminado en la primera ronda, por tercera vez en seis ediciones. La expectativa no era descabellada, porque su line-up contaba con varios jugadores estelares de Grandes Ligas y en cuartos de final le tocaría enfrentarse con los clasificados del grupo más débil y parejo. El problema que muchos -pero no todos- vieron antes del torneo era la escasa cantidad de abridores de calidad y algunos otros huecos en el staff de lanzadores.
El tema se complicó con el asunto de los reaseguros para algunos peloteros de Grandes Ligas que se habían lesionado la temporada anterior. Eso dejó fuera a uno de los toletes más importantes: el antesalista Isaac Paredes, así como -de nueva cuenta- a Ramón Urías. Otras bajas notables fueron Luis Urías, aparentemente lesionado en un juego de preparación, José Urquidy (lo que, de todos modos, pienso, no influyó demasiado) y el relevista Manuel Rodríguez, todavía en recuperación.
Los infielders fueron sustituidos por los jóvenes ligamayoristas Nick Gonzáles y Nacho Álvarez Jr, como titulares y Mateo Gil, en la banca. Eran opciones bastante razonables, incluyendo al hijo del manager, sobre todo a la defensiva, pero quedaba claro que el bateo ya no sería tan poderoso. Había una clara diferencia entre la parte alta y la baja del orden al bat. 
Donde hubo más problemas fue en la composición del cuerpo de lanzadores. Si bien México pudo adicionar algunos relevistas de calidad, nunca tuvo la tercia necesaria de abridores y el bullpen incluyó algunos favoritos de Benjamín Gil, que habían dado evidencias de no estar en buena forma y a la hora de la verdad no pudieron con el paquete. Hubo una diferencia crucial respecto al Mundial pasado: en 2023 tuvimos cuatro abridores ligamayoristas y dos relevos largos; en 2026, dos abridores de MLB y uno de las ligas locales; ningún relevo largo. Se suponía que el límite de pitcheos en la primera ronda permitía hacer juegos casi de bullpen... pero para eso, los abridores tenían que durar y los relevistas no podían fallar.
El resultado es decepcionante, pero más que nada por el juego definitivo contra Italia, en el que fallaron varios relevistas, y el equipo se fue de 8-0 con corredores en posición de anotar. 
Veamos partido por partido. 

Una paliza engañosa, México 8, Gran Bretaña 2

En el pasado Clásico, los representantes de Gran Bretaña nos habían pegado un susto, y ahora tenían a Jazz Chisholm Jr, por lo que no había que confiarse. Por México abrió Javier Assad, de buen desempeño en 2023. Era también la señal de que lanzaría contra Italia en el juego definitivo del grupo. El tijuanense lo hizo bien, pero los bates mexicanos no tronaron ante el abridor Anderson, salvo un tablazo solitario de Nacho Álvarez. Tampoco hicieron nada ante el siguiente relevista, y Gran Bretaña empató ante el relevista Carrillo, de los favorecidos por Gil. Pero hubo un momento en el que el tercer relevo británico falló, a partir de que lo agarraron los nervios tras un mega foul de Jarren Durán en la octava entrada y vino la andanada mexicana (gran jonrón de Jonathan Aranda), que se prolongó con los siguientes brazos británicos. Empezó a verse un patrón en el line-up nacional: impotentes ante algunos pitchers, eficientes ante otros. El marcador final no da cuenta de que el partido estuvo muy tenso hasta las dos últimas entradas y que Gran Bretaña pudo en un momento irse al frente, de no ser por un tirazo de Arozarena a home, y que Alejandro Kirk se fajó para sacar ese out vital.

Slugfest y nocaut, México 16, Brasil 0 
 

A diferencia de lo sucedido en el primer juego, desde la primera entrada los cañones mexicanos tronaron, y lo hicieron a lo largo de todo el partido. La escuadra brasileña enseñó su novatez, y los tricolores se cebaron ante ellos. A Taijuan Walker le tocó de nuevo lanzar contra el equipo del grupo más débil en el papel, y lo hizo correctamente, aunque se llenó rápido de pitcheos. Gil utilizó a sus relevos jóvenes y, hacia el final, puso a jugar a la banca, que también pudo aprovechar la práctica de bateo. La paliza, que acabó en sólo 6 entradas, generó grandes expectativas, sin ver que Brasil era, de lejos, el equipo más débil de todo el torneo.

Cruz de olvido, México 3, Estados Unidos 5 

Una prueba del respeto que había generado el equipo mexicano es que EU dispuso que su mejor as abriera contra la escuadra nacional. Paul Skenes tuvo a México comiendo de la mano durante las cuatro entradas que lanzó. Por México abrió el veterano Manny Barreda, signo de la escasez de abridores de alta gama; Manny se llenó de pitcheos pero cumplió al colgar dos trabajosos ceros ante el trabuco gringo. Luego vino la equivocación de Gil: mandó a su consentido Jesús Cruz a lanzar. El potosino, que juega en el beisbol local luego de los Rocket City Trash Pandas -equipo de AA de Alabama- lo dejaran ir, hizo implosión velocísima. Recibió cuadrangular de dos carreras de Aaron Judge y, aunque se le embasaron dos de los siguientes tres rivales, Benjamín Gil lo dejó enfrentarse a Roman Anthony, quien despachó otro vuelacercas para poner la pizarra 5-0. Lo cambió tarde, porque los siguientes lanzadores mexicanos lograron contener la maquinaria ofensiva gringa, aceptando solamente dos hits. Al único de los otros cuatros pitchers estadunidense al que pudieron conectar bien los mexicanos fue a Matthew Boyd. Jarren Durán se fue dos veces para la calle, pero en solitario, y la otra carrera fue impulsada por el "matagringos" Joey Meneses. Una derrota de acuerdo al librito. Todo se iba a decidir contra Italia.

El equipo hace implosión, México 1, Italia 9 


Aunque Italia ya había dado la sorpresa al derrotar a Estados Unidos el día anterior, para México el partido pintaba exactamente como en las previsiones. Debía ser un duelo parejo y el ganador pasaría a cuartos de final. Italia, así como lo hizo EU, presentó a su mejor carta en el montículo contra México. Uno no sabía si Aaron Nola iba a ser el que alcanzó por años el estrellato o el que se estrelló el año pasado con una mala temporada en 2025. Para desgracia de México, fue el primero, y a nuestros bats les fue casi tan mal como contra Skenes. Assad empezó a tambor batiente, pero recibió dos cañonazos: uno de Pasquantino (lógico, es un slugger); otro de Berti (sorprendente). Ahí fue cuando el equipo mexicano empezó a desesperarse, a no ser paciente, y a alargar innecesariamente la permanencia de Nola. Para cuando salió el estelar de los Phillies, los italianos ya iban adelante 5-0, gracias -entre otras linduras- a un excelente squeeze-play, que jugó psicológicamente todavía más a su favor. México embasaba constantemente a sus peloteros, pero nadie bateaba a la hora buena. Dejaron a 10 corredores en base. Bernardino, Duarte y un sobretrabajado Robert García admitieron las siguientes carreras de los italianos. Los mexicanos sólo le anotaron al ligamayorista Graceffo, pero ni siquiera pudieron hacer algo ante pitchers como Scotti y Quattrini, que eran los únicos verdaderos italianos de ese equipo, y que juegan en la pobre liga local de ese país. La prensa deportiva italiana festinó las victorias de los "italoamericanos" y puso énfasis en sus celebraciones, llenas de "tópicos y estereotipos". 
 

A nivel individual, los abridores y los relevistas jóvenes cumplieron; del lado del bateo, destacaron Jarren Durán y Jonathan Aranda; del fildeo, el torpedero Joey Ortiz, el receptor Kirk y Arozarena (que tuvo un bate muy apagado). El manejo fue conservador, aún en momentos de apremio. Poco más hay que decir. No se cumplió.  

sábado, febrero 21, 2026

Acordeón para reporteros noveles


Ahora que los estudiantes de periodismo salen de sus facultades con mucha teoría y nula práctica, suelen tener problemas para encontrar trabajo, sobre todo porque distintos medios utilizan cada vez más las herramientas de la Inteligencia Artifical, con las que hacen notas y videos planos, sin chiste, pero cumplidores, y las empresas se ahorran la tarea de preparar a su personal.

Presento, para beneficio de los humanos, un pequeño acordeón que les permitirá dos cosas. Una, demostrar a sus empleadores que han mamado del auténtico periodismo mexicano de base. Dos, diferenciarse, por lo menos, de la sosa IA.

Este acordeón está hecho a partir de décadas comprobadas de experiencia en el trato con reporteros de todas las fuentes.


Acordeón 1:

Nada mejor que ponerle adjetivos a las cosas. Si alguien vive en una colonia de clase media para arriba, se trata de una "lujosa residencia". Si el auto que se accidentó no es una carcacha, hablaremos de un "vehículo de modelo reciente". 

Es posible que una de las primeras tareas que se le asignen al reportero novel sea la de reseñar en una nota breve la muerte de algún personaje no muy famoso, uno que no requiera un obituario largo o un trabajo especial con todo y reacciones. Aquí las claves:

 ¿Cómo fue la enfermedad?
-Penosa

¿Y cómo es el pésame?
-Sentido


Otra posibilidad es que al reportero le asignen alguna fuente metropolitana, y que no lo metan, de entrada, a asuntos políticos, sino vecinales, como el desabasto de agua o la nota roja. 

¿Cómo es el líquido que falta?
-Vital

¿Y la escena del desastre?
-Dantesca

Si se trata de un amiguito de provincia, es probable que la nota roja sea un poco más fuerte.

¿Cómo venía el comando?
-Fuertemente armado


Acordeón 2:

Tal vez los reporteros jóvenes no lo sepan, pero hubo un tiempo en que existían en las redacciones unos personajes llamados "correctores", que se encargaban de mejorar el estilo de las notas y reportajes. Una de las leyes de hierro de los correctores era evitar las repeticiones de palabras y, como buenas ratas de diccionario, se sabían todos los sinónimos posibles. Los reporteros, al ver la nota corregida, primero se enojaban, pero luego decidían que, para evitar nuevas correcciones, había que empezar con el último sinónimo que les endilgó el corrector. 


¿Dónde están los enfermos?
-En el nosocomio
¿Y quienes los atienden?
-Los galenos

Acordeón 3:

Los tiempos cambian, y el reportero novato a menudo quiere destacar en alguna sección que le permita pasar rápidamente de la palabra escrita a la pantalla, que es donde están la mayoría del público y la chuleta más jugosa. En otras palabras, las secciones de deportes y de espectáculos. Aquí les van un par de acordeoncitos.

¿Cómo fue el empate?
-Sufrido

¿Cómo es la estrella?
-Rutilante


Acordeón 4:

Es sabido que una de las razones por las que el novel reportero se inscribió en la carrera es porque las matemáticas no se le daban. Pero los jefes son capaces de enviarlo a una sección donde se requieren los números. No miento cuando digo que un reportero de la sección Nacional se quejó de que le pidiera sacar un porcentaje simple, con la frase "esas matemáticas son de doctorado". Pero hay maneras de sacarle el bulto al asunto.

¿Cómo son las inversiones?
-Millonarias

(La palabra "millón" tiene un efecto mágico en México. Para el lector es lo mismo una inversión -o un desfalco- de 15 millones de pesos, que una de 18,000 millones de dólares. De ahí que lo único importante sea introducir "millonario" como adjetivo)

¿Qué porcentaje es ese?
-Más del 50 por ciento (si es más de la mitad: vale del 50.1% al 99.9%)
-Más del 10 por ciento (si es menos de la mitad, pero más que si le quito un cero al total: va del 10.1% al 49.9%)
-Insignificante (si es menos que cuando le quito un cero al total)


Acordeón 5:

Supongamos que el reportero novicio ha llegado por fin a un medio audiovisual. Lo normal es que lo asignen a cuestiones de tráfico, en lo que va madurando. Esto es lo básico que hay que aprender:

¿Dónde queda el Zócalo?
-En las inmediaciones del Centro Histórico
¿Cómo avanza la marcha?
-Se desplaza por el arroyo vehicular

La palabra "inmediaciones" es fundamental. 

Acordeón 6:

El reportero ha crecido tanto que ya lo mandan a hacer entrevistas. Pero debe recordar sus orígenes, las lecciones de los desaparecidos correctores, lo aprendido en este acordeón y, por lo tanto, nunca escribir "dijo". No importa que los sinónimos que utilicemos para sustituir "dijo", en realidad no tengan el mismo significado y nos lleven a malinterpretar al entrevistado. Lo importante es no repetir. Así que...

¿Cuáles son los mejores sinónimos de dijo?
-Admitió, confesó, consintió y reconoció.


miércoles, enero 28, 2026

Partidos olímpicos de leyenda: Milagro en el Hielo

 


El oro olímpico en el hockey sobre hielo fue por muy largo tiempo monopolio de la Unión Soviética. Se lo llevaron desde 1964 hasta 1976. La URSS repitió en 1984 y 1988. El Equipo Unificado lo obtuvo en 1992. Hay una excepción en esa seguidilla que duró tres décadas. La llaman el Milagro en el Hielo.

Una de las razones que explican la amplia dominación soviética fue la insistencia del Comité Olímpico Internacional en mantener el carácter amateur de los Juegos. La otra, que la principal liga profesional del mundo está en plena temporada cuando se realizan los Juegos Olímpicos de Invierno: Sólo hasta Nagano 1998 la NHL abrió una breve ventana para que sus jugadores pudieran competir representando a sus naciones.

No era el caso en Lake Placid 1980, y la URSS, campeona mundial, era la gran favorita para llevarse el título. Se suponía que la plata sería para Checoslovaquia, entonces en la órbita soviética. Las cosas sucederían de manera diferente.

El torneo se realizó en dos fases, ambas vía round robin. Tras la primera, calificaban a la fase final los dos primeros lugares de cada uno de los dos grupos. En la segunda, los calificados jugaban entre sí, pero manteniendo el resultado contra el equipo de su mismo grupo.

En el grupo A, la URSS dominó fácilmente, ganando todos sus partidos. Se dio el lujo de meterle 16 goles a Japón y 17 a Países Bajos. El otro clasificado resultó ser Finlandia. En el grupo B, Estados Unidos dio un campanazo al derrotar a Checoslovaquia y logró un agónico empate con Suecia. Este fue suficiente como para que clasificara, junto con los escandinavos.

El 22 de febrero se llevó a cabo el primer partido de la fase final. Estados Unidos contra la Unión Soviética. EU tenía una escuadra compuesta principalmente por universitarios becados para jugar hockey. Los profesionales estaban en sus equipos. Se esperaba una fácil victoria de la URSS.

Los primeros en anotar fueron los soviéticos, a los 9 minutos de juego. EU empató, pero la URSS se volvió a ir adelante y amenazó repetidas veces con ampliar la ventaja. Hacia el final del primer periodo, los estadunidenses lograron el empate con un error del portero. Estaban jugando al estilo moderno -ofensivas con más uso de las bandas- y, cosa extraña, hacían muchos cambios: muy pocos jugadores duraban más de un minuto en el hielo.

Para el segundo periodo, la URSS bancó a su portero titular y anotó un gol más, para irse adelante 3 a 2. En el tercero y último, una jugada de poder (un jugador soviético castigado por faltas) permitió a los estadunidenses empatar. Para entonces, el equipo de EU se veía mucho más preparado físicamente que el soviético… había servido la estrategia de periodos cortos de juego. Faltando diez minutos para el final, Mike Eruzione anotó en una jugada en la que el portero suplente se perdió ante su propia defensa. Lo que vendría después sería un frenesí soviético con disparos desde todos los ángulos. Uno pegó en el poste, otro fue rebotado por el portero, varios salieron cerca de la meta. Los ataques, desesperados al final, resultaron infructuosos. Ganó EU de milagro.

En los dos últimos partidos, la URSS destripó a Suecia, pero Estados Unidos derrotó a Finlandia, con lo que se quedó con el oro: La plata fue para los soviéticos, pero los jugadores estaban tan frustrados que decidieron no grabar su nombre en la medalla, como se acostumbraba. Pasaría más de un lustro para que la URSS perdiera otro partido de hockey, y más de una década para que los norteamericanos les volvieran a ganar. Eso hace que el Milagro en el Hielo sea todavía más legendario.