lunes, julio 19, 2021

Glorias olímpicas: Haile Gebrselassie

 

De niño, se iba corriendo de su casa a la escuela, distante una decena de kilómetros, con los libros bajo el brazo izquierdo. Ese estilo se le quedó cuando se convirtió en el mejor fondista del mundo y uno de los más grandes de la historia. A lo largo de su carrera, conquistaría cuatro títulos mundiales y dos medallas olímpicas de oro.

Primero corría porque tenía prisa, después le gustó, supo que era veloz y decidió ser corredor. Pero su padre quería que él trabajara en la granja familiar, así que Haile huyó a Addis Abeba, la capital de su Etiopía natal, para entrenarse.

Haile Gebrselassie empezó a demostrar quién era en los Campeonatos Mundiales de Stuttgart, 1993, cuando obtuvo el oro en los 10 mil metros planos y la plata en los 5 mil. Ahí ganó un Mercedes Benz y su padre al fin se convenció de que su hijo había escogido bien. En Gotemburgo 1995 repitió el oro en los 10 mil, estableciendo récord mundial y era el favorito para coronarse en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.

Esa carrera en Atlanta se volvió muy rápidamente una competencia africana, con seis atletas despegados del resto; tres de ellos, kenianos que trabajaban en equipo, para beneficiar al rival más fuerte de Gebrselassie, Paul Tergat, el rey indiscutible de las carreras de campo traviesa. En el último kilómetro, Tergat se despegó y el único que le mantuvo el ritmo fue el etíope, que lo rebasó en la última vuelta y se llevó el oro, destrozando por 20 segundos el anterior récord olímpico.

Al año siguiente, Haile obtendría su tercera victoria consecutiva en los 10 mil metros mundialistas, en Atenas. Para entonces ya era una figura internacional, y hasta hizo una película biográfica, protagonizada por él mismo, poco antes de competir en el Campeonato Mundial de Sevilla, donde logró un inédito cuarto oro. Vendría después la cita olímpica de Sydney 2000.

Gebrselassie tuvo la fortuna de tener un gran rival en Tergat, quien había roto temporalmente su récord en la distancia. La final en Australia fue mucho más cerrada que la de cuatro años atrás. Cinco atletas cruzaron prácticamente juntos la línea, antes de la última vuelta: dos etíopes y tres kenianos. Tergat y Gebrselassie llegaron codo con codo a la recta final, en un sprint enloquecido. La llegada fue de alarido, y Gebselassie venció por menos de una décima de segundo.

Sería la última vez que Haile subía a lo más alto del podio. En los Mundiales siguientes, Edmonton 2001, se tuvo que conformar con el tercer lugar. Dos años después, en París 2003, protagonizaría, junto con su compatriota Kenenisa Bekele, una carrera memorable. Tanto, que ambos corrieron los segundos 5 mil metros de la competencia a velocidad de récord mundial de la distancia más corta. Al final, ganó Bekele y Gebrselassie se quedó con la plata.

Haile intentaría en Pekín 2008 algo que nadie ha logrado: la triple corona olímpica de los 10 mil metros planos. Una molestia en el tendón de Aquiles le impidió llegar al podio. Quedó en sexto lugar de la final que ganó Bekele. A partir de ahí, Gebrselassie pasó al maratón, ganó muchos (4 veces el de Berlín) e impuso récord mundial en la distancia, pero ya no volvería a unos Juegos Olímpicos.

Con el dinero ganado a lo largo de su prolongada carrera deportiva, Gebrselassie invirtió en varios negocios exitosos: es empresario -entre otras cosas- del café y de la hostelería, además de presidente de la Federación de Atletismo de su país. Desde 1998, trabaja con el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, contra el HIV/SIDA y por la democracia. Promovió la Gran Carrera de Etiopía, cuyos fondos se destinan a programas contra el hambre. También ha construido un par de escuelas. Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas en sus negocios: en 2020, por disturbios étnicos, dos de sus hoteles fueron quemados a ras de suelo. Ahora, por su fama nacional, el corredor se ha visto obligado a intervenir para buscar pacificar los ánimos en el conflicto de la zona de Tigray, que quiere independizarse de Etiopía. El destino de este gran olímpico parece estar en la política. 

viernes, julio 16, 2021

Un round que ganará el régimen cubano

 


Las protestas populares que se han generado a lo largo de la geografía de Cuba sólo tienen un precedente, el llamado “maleconazo” de agosto de 1994, que terminó, primero, con la detención de un centenar de manifestantes que se habían reunido en los alrededores del Malecón de La Habana y después con la intervención de Fidel Castro, condenando a los “apátridas” se habían atrevido a lanzar consignas en su contra.

¿Qué diferencias y similitudes hay entre las protestas de estos días y aquel evento? Es importante saberlo, entre otras cosas porque la respuesta del gobierno cubano se parece mucho a la que le rindió frutos hace más de un cuarto de siglo.

La similitud principal es la mala situación de la economía cubana. En la primera mitad de los años 90 del siglo pasado se vivía el llamado “periodo especial”, resultado del fin de los subsidios de la recién desaparecida Unión Soviética (lo que Fidel llamó, en entrevista para el diario mexicano El Nacional, “el doble bloqueo”). Había escasez de todo: alimentos, medicinas, condones, energía eléctrica. Y se percibía una notable incapacidad del gobierno para resolverla.

En la actualidad, tras las recientes reformas económicas que tienen la intención de destrabar los múltiples cuellos de botella de la economía cubana, esa escasez se ha reproducido. Las reformas al sistema monetario han creado inflación, se han dificultado las transacciones en dólares (ya se sabe: La Habana es como Miami, con dólares compras de todo, con pesos cubanos no compras nada) y la escasez de productos básicos obliga a largas colas, que se hacen más complicadas por la pandemia de coronavirus.

Una diferencia en la crisis económica es que la actual se da de manera desigual, porque hay una parte de la población que ha podido “resolver” por medio del cuentapropismo y de las relaciones políticas. Aún dentro de la pobreza, se han agudizado las diferencias. Y eso se puede constatar viendo nada más la vestimenta desarrapada de quienes protestan y la de quienes han salido a apoyar el régimen, bastante menos amolados.

Si bien es cierto que el bloqueo estadunidense contribuye a la mala situación económica de la isla, que los agregados de Trump entorpecieron todavía más las transacciones financieras y que la actitud de Biden no es la apertura de Obama, también es cierto que, a lo largo de estas seis décadas, el régimen cubano no ha sido capaz de desarrollar una política económica medianamente exitosa y siempre ha oscilado entre la ayuda externa y la crisis profunda.

No podía ser de otra manera si, como decía en los años 80 un profesor de economía de la Universidad de la Habana, “las leyes objetivas de la construcción del socialismo son las leyes subjetivas del Comandante en Jefe”. Por un lado, las ocurrencias de Fidel convertidas en “leyes objetivas” obedecidas sin chistar; por el otro, el desprecio al conocimiento técnico en economía a favor de la lealtad ideológica, dieron como resultado una incapacidad estructural para generar suficientes bienes y servicios, y brindar bienestar material a la mayoría de la población. Y de eso no tiene la culpa el bloqueo.

Otra diferencia, más notable, es que ahora un tercio de la población cubana tiene acceso a internet, y esto permite a muchos comunicarse entre sí de una manera que no era posible anteriormente. La red funciona como tal y, en cierto modo, rompe el modelo de comunicación vertical y controlado por el régimen. No es casual que el internet haya sido tirado por el gobierno en las zonas donde se han desarrollado las protestas. Este es un reto que han solucionado de manera tajante algunas dictaduras como la de Turkmenistán o la de Corea de Norte, pero que será difícil para la cubana, que no puede darse el lujo de cerrarse completamente.

Y hay otras dos diferencias importantes. La primera es que el “maleconazo” fue como un rayo en cielo sereno. Una explosión que no traía impulso previo y se apagó tan rápido como cuando hizo chispa. Las protestas de ahora tienen atrás un amplio descontento social que se ha ido cebando con el tiempo de manera cada vez más abierta, tienen las expresiones y detenciones de artistas populares organizados, el surgimiento de un periodismo independiente que se maneja por vías alternativas. Tienen, pues, un germen de oposición organizada que todavía es eso: un germen.

La segunda es que quien está en el poder no se apellida Castro ni estuvo en Sierra Maestra combatiendo la dictadura de Batista. Es un señor que nació cuando la revolución ya había triunfado y que escaló los peldaños burocráticos desde las juventudes comunistas. Sin esa aura, está obligado a hacer cambios de fondo para mantener una legitimidad más allá de la de ser el heredero a dedo. Y no los hace.

Tan no los hace, que imita el guion de lo ocurrido a finales del siglo pasado, con el llamado al combate de los Comités de Defensa de la Revolución, que ya son más simulacro que otra cosa, al grado de que parecen hechas para controlar a los supuestos partidarios del gobierno; con el diálogo impostado; con la acusación de que se trata de marionetas del imperialismo (e incluso de “revolucionarios confundidos” que hacen el juego a los enemigos de la patria, y la patria, desde luego, es la que él encabeza); con la loza encima de que se llama Miguel, y no Fidel, y se apellida Díaz-Canel, y no Castro.

A pesar de todo eso, que nos dice que estas protestas no serán las primeras ni las más fuertes, hay otros elementos que no han cambiado. La relación de poder, en primer lugar, que es extremadamente desigual. La existencia de un Estado policiaco (los CDR son la pantalla, lo que cuenta son las perseguidoras que atraviesan por la noche ciudades fantasma). La inexistencia en el corto plazo de una alternativa viable. El contraproducente vocerío del anticomunismo más ramplón.

Este round, pienso yo, lo va a ganar el gobierno cubano, Pero tendrá que entender que ha llegado el momento en que, si no se flexibiliza, terminará por cavar su propia tumba.

miércoles, julio 14, 2021

Leyendas olímpicas: Suzanne Lenglen


Le decían La Divina. Eso podría bastar, pero no. Se sabe que todos los tiempos necesitan que alguien se les adelante. Suzanne Lenglen fue una de esas adelantadas capaces de romper muchos moldes. Ella lo hizo fundamentalmente por sus contribuciones al deporte femenino, que fueron varias.

Hija de un industrial francés, desde pequeña gustó del tenis. Su padre colocaba pañuelos en distintas posiciones de la cancha y ella atinaba a poner ahí la pelota. Tras unos pocos torneos locales, debutó en el Abierto de Francia en 1914, cuando tenía sólo 15 años, y lo ganó, perdiendo sólo un set. También obtuvo el triunfo en dobles, junto a la americana Elizabeth Ryan. Luego vendría la I Guerra Mundial.

El tenis competitivo no regresaría hasta 1919, y para entonces Lenglen mostraría no solamente su dominio sobre el resto de las competidoras, sino también su capacidad para innovar en la vestimenta de juego. Fue de las primeras flappers, símbolo de “los fabulosos veintes”. Usaba una bandana, en vez del clásico sombrero. Desechó el corset, la falda hasta los tobillos, a favor de un estilo libre y simple, pero elegante, que sus compatriotas no dudaron en calificar de chic. Sus prendas eran diseñadas por el modista Jean Patou. La alta moda entraba al deporte. Era “la Pavlova del tenis”.

Los resultados deportivos la avalaban. En 1919, Lenglen ganó el torneo de Wimbledon, y se tomó una famosa copa de coñac a medio partido de la final. Al año siguiente, no compitió en el abierto francés, pero repitió en Wimbledon, llevándose también los dobles y los dobles mixtos. Estaba entonces preparada la cita olímpica, en Amberes.

Difícilmente se verá un torneo olímpico ganado con tanta facilidad por una tenista, como el de Amberes 1920. Derrotó 6-0 y 6-0 a la belga Storms, repitió marcador con la británica McNair, luego dispuso de dos suecas: 6-0, 6-0 a Stromberg y 6-0, 6-1 a Fick, en la semifinal. La final fue contra otra británica, Holman, que opuso un poco más de resistencia. El resultado fue 6-3, 6-0. La prensa del Reino Unido la odió, porque a la pregunta de quién ganaría el match, Lenglen siempre respondía que ella. La francesa obtuvo también el oro en dobles mixtos, junto a Max Decugis, pero se tuvo que conformar con el bronce en los dobles femeninos, con su compañera Elizabeth d’Ayen.

Para entonces Suzanne se había convertido en un ídolo nacional. La primera mujer deportista en serlo. Ella se dejaba querer, era “La Gran Lenglen”. Y siguieron las victorias a estadio repleto. Ganó Wimbledon y el Abierto Francés en 1921 (pero quedó segunda en el de Estados Unidos), repitió la hazaña europea (sin viajar a América) en 1922 y 1923. Se esperaba que volviera a llevarse el oro en los Juegos Olímpicos de París 1924, pero un ataque de asma durante el torneo de Wimbledon la obligó a retirarse de aquel y guardar cama durante el olímpico.

La seguidilla de triunfos que le dio fama de imbatible se prolongó hasta 1926, cuando decidió hacerse profesional del tenis. La primera mujer en hacerlo. Se organizó un tour en Estados Unidos, donde ella ganó todos los juegos. Al final del año, había ganado más dinero que el mítico beisbolista Babe Ruth. Pero la Federación Francesa de Tenis la expulsó: había perdido su calidad de amateur. Lenglen replicó: “En mi vida he hecho ganar al tenis millones de francos y no he ganado un centavo. ¿Debo embarcarme en otra carrera y dejar aquella para la que soy genial?”.

En los siguientes años, Lenglen siguió ganándolo todo y siendo un ícono de la moda deportiva, hasta 1931, cuando se retiró. Pero, por la barrera contra los profesionales, ya no pudo volver a brillar en otros Juegos Olímpicos. Murió a los 39 años, probablemente de leucemia. Uno de los estadios principales del Abierto de Francia lleva su nombre

miércoles, julio 07, 2021

Glorias olímpicas: Nikolai Andrianov



Nikolai Andrianov es el gimnasta olímpico más laureado de la historia. Participó en tres Juegos Olímpicos y obtuvo siete medallas de oro, cinco de plata y tres de bronce, con la característica adicional de haber subido al podio en cada uno de los seis aparatos que componen la gimnasia masculina.

Andrianov nació en una familia obrera, en la ciudad de Vladimir. Afirmaba que el deporte y, en particular, la gimnasia -en la que se inició a los once años- le habían salvado la vida. Era un chamaco rebelde en un barrio bajo. Sólo la insistencia de su entrenador, que había observado el talento innato del muchacho, impidió que abandonara en los primeros años. Esos orígenes sociales sirvieron también al régimen soviético para mostrarlo como un ejemplo.

Sus primeros Juegos Olímpicos fueron los de Munich 1972, en los que tuvo enormes duelos con dos japoneses, el veterano Sawao Kato y Mitsuo Tsukahara, el creador de la técnica que lleva su apellido en el salto de caballo. En esa ocasión, a los 20 años, obtuvo medalla de bronce en salto de caballo; plata, en la competencia por equipos, y su primer oro: en los ejercicios a manos libres.

En Montreal todos los gimnastas terminaron opacados por Nadia Comaneci, pero Andrianov tuvo más medallas que ella (ambos se quedaron a un aparato de subir al podio en todas las competencias posibles). Nikolai obtuvo el oro en el all-around, ejercicios a manos libres, anillos y salto de caballo (superando a Tsukahara). Se llevó la plata por equipos y en las barras paralelas, y el bronce en el caballo con arzones.

Su tercera y última cita fue en su Unión Soviética natal. En Moscú 80, sin la presencia de los japoneses, los soviéticos ganaron el oro por equipos. Andrianov también lo hizo en el salto de caballo. A ello, agregó la plata en el all-around y los ejercicios de piso, y el bronce en la barra fija (que era el único aparato en el que no había obtenido medalla). Cuando se retiró, era el atleta masculino con más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos.

Posteriormente, Andrianov casó con una compañera del equipo soviético de gimnasia, Lyubov Burda, y ambos de dedicaron a entrenar equipos juveniles y luego él se hizo cargo del equipo mayor, entre 1990 y 1992, llevando, tras la desaparición de la URSS, al Equipo Unificado al oro en Barcelona.

Años después Andrianov recibió una invitación. Su rival y amigo Tsukahara quería que se encargara de entrenar al equipo masculino japonés, que llevaba años de sequía. El resultado, en Atenas 2004, fue que Japón se llevó el oro por equipos, cosa que no hacía desde el lejano 1976… cuando habían superado a la URSS de Andrianov.

Poco después, las cosas cambiaron. El laureado gimnasta comenzó a sentir que el lado derecho de su cuerpo estaba cada vez más débil. Se le diagnosticó una enfermedad neurodegenerativa, la atrofia multisistémica, que fue progresando en el cuerpo del atleta, inmovilizándolo paulatinamente. Llegó el momento en que el hombre que había conquistado al mundo con sus ejercicios ya no podía mover las piernas. Luego, en sus últimos meses, ya no pudo ni siquiera hablar. Murió en 2011, a los 58 años.  

 

jueves, julio 01, 2021

El despertar del Wicho

 

Mexicanos en GL.  Junio 2021 

Por fin una temporada completa y llegamos a la mitad del camino. Las mayores novedades del mes para los peloteros mexicanos en MLB son el regreso de varios jugadores que habían estado en ligas menores y que finalmente el infielder sonorense Luis Urías está bateando lo que se ha esperado de él desde hace algunos años. En cambio, Julio, su sinaloense tocayo de apellido, ha visto que la esperada décima victoria lo ha eludido repetidamente.

Aquí el balance del contingente nacional en el mes, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado representando a México en el Clásico Mundial o en otro torneo de primer nivel) 

Giovanny Gallegos tuvo un muy buen mes de junio, en el que sólo recibió dos carreras y no se le embasó ni medió corredor por entrada. El preparador de cierre de los Cardenales de San Luis se apuntó, además, tres victorias. Tiene en el año 5 ganados y 1 perdido, 1.93 carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas, un juego salvado, 12 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento), y 48 ponches.  

Julio Urías, tras dos meses luminosos, tuvo uno mediocre, empezando porque su control ya no fue tan extraordinario. De sus cinco aperturas de junio, sólo una fue de calidad. Se llevó dos victorias, una derrota y dos partidos sin decisión (aunque en uno de ellos rompió, con 12 chocolates, su marca personal de ponches en un juego). En el año lleva 9-3 en ganados y perdidos, 3.95 en efectividad de carreras limpias y 107 ponches, que es ya el máximo número de sopitas de pichón que ha otorgado en una temporada.

Alex Verdugo tampoco tuvo un gran mes con los Medias Rojas de Boston, de los que sigue siendo uno de los jugadores más importantes. Destacó por su defensa en los jardines y bateó para .257 con dos jonrones y 8 producidas. Sus números del año: .277 de porcentaje, 9 jonrones, 32 carreras impulsadas, 51 anotadas y 4 robos de base.

José Urquidy tuvo un muy buen junio que, sin embargo, terminó mal. El mazatleco de los Astros tuvo una mala salida el día 5, para responder después con tres muy buenas aperturas, de siete innings cada una, en las que se llevó el triunfo. Pero en su última aparición del mes, a la altura de la segunda entrada, volvió a tener los problemas de velocidad ligados a la inflamación del hombro que lo había mandado a la lista de lesionados, a la que volvió.  En lo que va de la temporada tiene 8 aperturas de calidad, marca de 6-3 en ganados y perdidos, 3.38 de carreras limpias y 66 rivales pasados por los strikes.

Luis Urías respondió como se debe a la cuña que le metieron los Cerveceros en el roster. Lo hizo con el guante, donde hizo jugadas magistrales, y con el madero, con el que bateó para .284. Ahora la titularidad de la tercera base de Milwaukee es suya. Su bat se calentó a tal grado que pegó en el mes casi tantos cuadrangulares como en las tres temporadas anteriores juntas, incluyendo su primer juego con dos vuelacercas. Se tardó, pero el Wicho está finalmente haciendo honor a la fama que le precedía. En la campaña, mejoró su porcentaje a .248, con 10 cuadrangulares, 39 producidas y tres robos de base.

Víctor González, asentado como uno de los preparadores de cierre de los Dodgers de Los Ángeles, sigue sacando outs importantes, aunque ha mantenido la tendencia a meterse en problemas antes de hacerlo. El zurdo nayarita es el segundo lanzador de las Mayores con 16 holds, marca de 3-0, efectividad de 2.10, un juego salvado, 24 ponches,,, pero un WHIP (hits y bases por bolas por inning) no tan estelar: 1.25.

Luis Cessa continúa quemando su leña en los callados fogones del relevo largo de los Yanquis de Nueva York. Tuvo mejor actuación en junio que en el mes anterior. Se llevó una victoria y una derrota -ambas, en juego de extrainnings-. Los numeritos básicos del cordobés:  1-1, 3.31 de ERA y 29 sopas de pichón.

Humberto Castellanos volvió a la Gran Carpa, ahora con los desastrosos Diamantes de Arizona, para ocuparse de relevo largo. El derecho de Tepatitlán lo ha hecho decentemente, aunque ya cargó con una derrota. Su récord es de 0-1, 3.48 y 10 ponches.

Ramón Urías parecía destinado a las puertas giratorias entre MLB y las menores, cuando la lesión de Freddy Galvis lo regresó al equipo grande (es un decir) de los Orioles de Baltimore. Y, al menos con la majagua, el infielder de Magdalena de Kino ha respondido muy bien, bateando para .316 en el mes. En el año: .250, con 3 palos de vuelta entera y 12 carreras producidas.  

Sergio Romo, luego de ser bajado al relevo intermedio con los Atléticos de Oakland, ha seguido mejorando sus actuaciones. Junio fue mejor que su mediocre mayo y, sin duda, que su desastroso abril. La anécdota del mes fue cuando se bajó los pantalones para que el umpire revisara si escondía alguna sustancia prohibida. El popular Mechón tiene 6 holds, 5.06 de PCL y 25 ponches.

Joakim Soria pasó a ser nominalmente el cerrador de los Diamondbacks, pero el equipo es tan malo que no le han dado oportunidad de salvar un solo juego. Tampoco es que el Monclova se haya convertido en garantía: se las arregló para perder 3 juegos en el mes. En el año: 0-3. 5.12 de efectividad, 2 holds y 16 ponchados.,

Oliver Pérez ahora está en la Liga Mexicana de Beisbol y quiere ir a los Juegos Olímpicos. El veterano sinaloense dejó marca de 0-1, 0.00 de carreras limpias y 4 ponches, habiendo lanzado menos de 4 entradas.

Alejandro Kirk se pasó otro mes en la lista de lesionados, pero ya está en los juegos de rehabilitación. Se espera su retorno a la receptoría de los Blue Jays en julio. El gran prospecto de Tijuana lleva en el año 3 cuadrangulares, 8 producidas, 6 anotadas y .225 de porcentaje.

Isaac Paredes se tomó su primera tacita de café del año con los Tigres de Detroit. La joven promesa del infield participó en 11 juegos, en los que conectó un jonrón, impulsó 4 carreras y bateó para .172, antes de ser regresado a las menores.

Luis González encontró un huequito, gracias a la gran cantidad de lesionados de los Medias Blancas, para regresar un rato a las mayores, cubriendo los jardines. Ahora se tomó una tacita, no un buche como el año pasado, y conectó el primer hit de su carrera. Bateó de 8-2, para .250 de porcentaje, antes de regresar a AAA.

Alejo López, infielder nacido en la Ciudad de México, tuvo su debut absoluto en las Mayores hacia fin de mes, bateando de emergente para los Rojos de Cincinnati. Al primer lanzamiento conectó un hit al jardín derecho y luego anotaría carrera. Dos días después, fue titular y se fue en blanco en tres turnos al bat.


miércoles, junio 30, 2021

Leyendas olímpicas: Dick Fosbury

 


Cuando estaba en la preparatoria, Dick Fosbury era un buen saltador de altura, aunque no tan excepcional como para aspirar a las competencias de alto rendimiento. Pero tenía una característica que lo hacía extraordinario y lo llevaría muy alto: sabía pensar fuera del cuadro.

Un día de 1963 llegó a su escuela uno de los nuevos colchones de hule espuma que empezaban a sustituir a los montecitos de aserrín sobre los que caían saltadores de altura y de garrocha. Los estilos dominantes en el salto de altura de aquel entonces eran el rodado y el ventral, mucho más eficientes que el antiguo salto de tijera, pero que requerían de muchísima técnica. En ellos se abordaba la barra de manera que la cabeza y el torso pasaran por encima al mismo tiempo, y había que caer con los dos pies y una mano en la tierra. A Fosbury, quien apenas saltaba 1.5 metros con el método de tijeras y tenía dificultades para dominar el complejo método del rodado, se le ocurrió que ahora, con los colchones que amortiguaban el golpe, podía saltar de otra manera.

Durante los dos años siguientes fue modificando su técnica, y empezó a ir sobre la barra de espaldas, con la cabeza primero, curvando su cuerpo y haciendo una patada hacia arriba con las piernas al final del salto. Eso implicaba también caer de espaldas, por lo que los entrenadores le aconsejaron que no lo hiciera… hasta que vieron que mejoraba rápidamente sus marcas.

En la universidad, donde estudió ingeniería, Fosbury mejoró su técnica: ajustó el tipo de recorrido para hacer una parábola a la hora de saltar. Esto significaba, por un lado, que tenía que iniciar el salto más lejos de la barra, pero también que podía hacerlo a más velocidad. Sus resultados fueron suficientes para ganar un campeonato universitario y, más tarde, pasar a formar parte, por la mínima, del equipo olímpico de Estados Unidos que iría a los juegos de México 1968.

En la olimpiada mexicana, Fosbury sorprendió al mundo con el estilo de salto que llevaría su nombre -y que sólo era conocido en el cogollo del atletismo estadunidense-, y lo que era en apariencia una curiosidad novedosa, resultó en el ingrediente clave de una de las competencias más excitantes y divertidas de aquellos juegos inolvidables. Al final, el joven estudiante de ingeniería se llevó la medalla de oro, con un salto de 2.24 metros, rompiendo el récord olímpico.

Ese 2.24 sería lo máximo que saltaría Dick Fosbury en su carrera atlética. Pero, recordemos, su talento de excepción era más mental que físico. Para los siguientes Juegos, en Munich 1972, el 70% de los saltadores utilizaba la técnica que él inventó. Para la siguiente década, y desde entonces a la fecha, ha sido el estilo absolutamente dominante, por la sencilla razón de que es el más eficiente.

Fosbury revolucionó su disciplina. Hizo que el salto alcanzara nuevas alturas. Demostró la importancia de pensar fuera de los parámetros establecidos y de llevar ese pensamiento a la práctica. Eso lo convirtió en una de las leyendas olímpicas.


viernes, junio 25, 2021

Nostalgia por la aplanadora

 


Una de las características de la política es que todo mundo es más demócrata cuando está en la oposición que cuando está en el gobierno. Es algo que en México hemos llevado a extremos cada vez más evidentes.

Prueba de ello es que, aunque tenemos un sistema electoral de representación que, si bien premia a las mayorías, también deja espacio a las minorías, apenas se da la alternancia que el sistema permite, los nuevos ganadores quieren modificarlo para hacerla difícil, si no es que imposible.

El camino para intentarlo siempre ha sido el mismo: disminuir o eliminar las diputaciones o senadurías de representación proporcional: los coloquialmente llamados “plurinominales”.

Lo intentó Calderón -que incluso empezó a lanzar sondas desde el sexenio de Fox-; lo buscó Peña Nieto, un poco más tímidamente, porque quería bajar a la mitad los diputados de lista; ahora lo maneja López Obrador, de manera tajante, queriendo eliminarlos a todos.

No importa a qué partido pertenezcan. Lo que cuenta es que están en el poder y quieren que el partido se eternice en él, como el viejo PRI, por el que todos en su momento sienten una autoritaria nostalgia.

Y los argumentos siempre son los mismos. Por una parte, está la idea del ahorro, de lo mucho que se gasta con una cámara grande y dispendiosa. Por la otra, la idea -tomada estrictamente de la política priísta de hace más de medio siglo- de que los diputados de representación proporcional “no representan a nadie”, porque no ganaron ningún distrito.

El argumento del ahorro es, de plano, una vacilada, que se aprovecha del hecho de que somos una sociedad anumérica y la gente, por lo común, no tiene idea de las proporciones del gasto público. Al funcionamiento del Legislativo, con todo y sus excesos, se dedican poco más de 2 de cada mil pesos del presupuesto federal. Ahorrar en unos cuantos salarios es cosa muy menor, cuando se podría hacer mucho más -por ejemplo- en el financiamiento a los partidos políticos… por no hablar del dinero que se bota rescatando empresas irrescatables. El juego político va mucho más por el lado de atizar la envidia hacia el elevado nivel de vida de diputados y senadores, pero no se atreve a decirlo por su nombre.

El segundo argumento es todavía más endeble. Parte de un supuesto falso: que los únicos dignos de representar a la población son quienes ganan un distrito o un estado. Según esto, pueden representar porque ganaron, porque son por quienes votó la mayoría.

Así era en tiempos del ruizcortinismo. Cuando sólo existían, legalmente, el partido de la Revolución y el “partido de la reacción” (o sea, el PAN). Ya en los años cincuenta del siglo pasado, López Mateos se vio obligado a admitir cierto tipo de presencia opositora en la cámara baja, con los llamados “diputados de partido”.

Esa lógica ha trascendido por décadas, entre algunas personas con pulsiones autoritarias. No toma en cuenta que, para que el Poder Legislativo represente efectivamente a la sociedad, es necesario que refleje su composición plural, su diversidad.

De hecho, la composición ideal sería la de la proporcionalidad pura, como en algunos países europeos. Pero se sabe que esto suele provocar pulverización de los votos y dificultar la creación de coaliciones gobernantes. De ahí que en México se haya buscado un sistema mixto, con barreras a la entrada, en la idea de facilitar la gobernabilidad.

Con el avance de la democracia mexicana, además, nos encontramos con que, por un lado, el número de partidos ha crecido y, por el otro, que raros son ya los distritos, y no muchos los estados, en los que el ganador se lleva la mayoría absoluta de los votos. Lo común es haya ganado por mayoría relativa, con menos de la mitad, y ha habido casos de victorias con menos del 30% de los votos válidos. Eso hace que la idea de eliminar los “pluris” sea todavía más una jugarreta.

El resultado más común, cuando hay un sistema de representación estrictamente por mayoría relativa, es el bipartidismo igualmente estricto, acompañado a menudo por la polarización política y social. Es la creación de coaliciones en las que se ven forzados a convivir grupos sociales y formaciones ideológicas que lo principal que tienen en común su rechazo a la coalición rival.

La idea detrás de limitar o eliminar los llamados “pluris” tiene varias aristas. Por un lado, permite a la minoría más grande hacerse de una tajada de poder desproporcionada. Por otro, impulsa la formación de un bipartidismo espurio, que deja poco espacio a la negociación y al acuerdo, porque el chiste es tener la mayoría legislativa. Por un tercero, pone candados gravosísimos para cualquier nueva opción política. Finalmente, deja sin representación efectiva a una buena parte de la sociedad: crea ciudadanos de primera y de segunda clase, en ese sentido.

Lo paradójico de todo este asunto es que todas las veces que en México algún partido ha propuesto la regresión en contra de la proporcionalidad, perdió duramente en la elección sucesiva. Son cosas que pasan cuando quienes están en el poder piensan que hay una inercia que los mantendrá ahí, y no es cierto.

Esa nostalgia por la aplanadora priista de tiempos idos debe extirparse. Más nos vale asumir una pluralidad nacional que, les guste o no a quienes están en los gobiernos, llegó para quedarse.