domingo, mayo 31, 2026

Jonathan Aranda, pelotero clutch


Mexicanos en GL. 

mayo 2026

Se perfila un año raro para los mexicanos en Grandes Ligas. Dos han destacado mucho. En particular es agradable ver la consolidación del oportuno Jonathan Aranda como uno de los grandes bateadores de la Gran Carpa. Otros han estado un poco (o un mucho) por debajo del nivel esperado y entre los novatos hay sorpresas para uno y otro lado.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño en la temporada.

Jonathan Aranda es parte importante de la explicación de por qué los Rays de Tampa lideran una de las divisiones más fuertes del beisbol: la Este de la Liga Americana. El tijuanense ha sido la principal bujía ofensiva del equipo, sobre todo por su capacidad de bateo a la hora buena: su porcentaje es .333 con hombres en posición de anotar, y además es colíder en las Mayores en elevados de sacrificio.  Tuvo un mayo excepcional, en que bateó para 374, y lo terminó con ocho juegos seguidos conectando imparable. Mejoró su suerte en el BABIP durante el mes. Sus números provisionales son: .290 de porcentaje, .893 de OPS, 11 cuadrangulares y 43 carreras producidas, con lo que encabeza la Liga Americana en esa categoría.

Randy Arozarena empezó fuerte el año, y sigue fuerte. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle, además de su calidad defensiva, ha sido uno de los bates más confiables de su equipo. Menos poder que otros años, pero más contacto. Sus números: .290 de porcentaje, un buen .825 de OPS, con 6 jonrones, 26 producidas, 40 anotadas y 15 bases robadas.

Jarren Durán inició flojísimo la campaña, pero ha tenido un segundo mes arrollador. El jardinero de los Medias Rojas supero sus problemas de bateo, y parece acelerar hacia los niveles más altos. En la última semana de mayo bateó para casi .400, con 4 pelotas enviadas al otro lado de la barda, pero como su primer mes fue tan malo, apenas supera la Línea Mendoza.  Batea para .219, con 10 cuadrangulares y 33 carreras empujadas, OPS debajo de la media (en .695), pero con 10 colchonetas estafadas.

Andrés Muñoz definitivamente no ha estado tan fino como en las dos temporadas anteriores. Sigue siendo un cerrador confiable, pero no ha mostrado los niveles de élite que esperábamos. El mochiteco de los Marineros sigue ponchador, pero se le dificulta sacar la entrada clave en orden. En el mes, apenas logró tres salvamentos y desperdició dos oportunidades de rescate.  En el año lleva 3 partidos ganados y 3 perdidos, 9 juegos salvados (en 13 oportunidades) y 34 ponches en 21.1 entradas de labor. Mejoró su porcentaje de carreras limpias admitidas a 4.98, pero sigue siendo un número alto, impropio para un lanzador de su categoría.

Nick Gonzales, ya asentado en la titularidad del infield de los Piratas de Pittsburgh, bajó un poco su buen porcentaje del inicio de temporada.  Batea para .303, con un OPS de .720, ya pegó su primer vuelacercas, ha producido 26 carreras y se ha robado tres bases.

Isaac Paredes está tranquilo porque la antesala de los Astros es suya para todo el resto de la temporada, pero da una de cal y dos de arena. El hermosillense, que es hombre de poder más que de contacto, tuvo un mes flojito y está casi exactamente en los promedios de bateo de las Mayores en este año de dominio en el pitcheo: .237 de porcentaje, 6 jonrones y 24 producidas. Su promedio de bateo es dos milésimas inferior al promedio; su OPS, de .708, es dos milésimas superior.

Jojo Romero, preparador de cierre de los Cardenales de San Luis, mejoró sus números respecto al mes pasado. El zurdo lleva una derrota sin victoria, dos rescates desperdiciados y, a cambio, un buen 2.70 de limpias, la friolera de 15 holds (ventajas mantenidas en situación de cierre) y 25 rivales a los que les sirvió un suculento chocolatote.

Brennan Bernardino tuvo un par de ataques de hipo (así se dice cuando falla el pitcher), porque eso de lanzar en Coors Field es de dar miedo. El relevista de los Rockies perdió tres juegos en el mes, y ahora sus números son 2-3, 3 holds, 18 ponches y efectividad de 3.86 (que no está mal para un lanzador de Colorado).

Brandon Valenzuela ha sido una grata sorpresa. El receptor que llegó al equipo grande de los Azulejos de Toronto, tras la lesión de Alejandro Kirk, lo ha hecho tan bien que es posible que se quede al regreso del tijuanense. La clave: a su buen fildeo y excelente machete, ha sumado números decentes con la majagua: .235 de promedio, 4 palos de vuelta entera, 10 producidas, .710 de OPS y un robo de base. Al menos son mejores que los de Tyler Heineman, el eterno receptor número 2 de Toronto.

Daniel Duarte ya debería estar acostumbrado. Los Mets le abrieron la puerta para que jugara en Grandes Ligas, lanzó dos entradas y un tercio sin permitir carrera, y los propios Metropolitanos le dieron un empujoncito para que se regresara a AAA por la misma puerta.

Alan Rangel está en la misma situación que Duarte, sólo que con los Filis. A él no lo llamaron en el mes y sigue con PCL de 3.00, luego de lanzar tres entradas.

Marcelo Mayer, por fin está cubriendo las paradas cortas de los Medias Rojas, como era el propósito cuando fue drafteado. Llega ahí desde la antesala, luego de la lesión de Trevor Story. Gran guante, como se esperaba, pero menos bateo del previsto, con un slump en mayo. Mayer no cogió ritmo: batea para .224, con un bajo OPS de .590, 2 jonrones, 13 producidas y tres robos.

Robert García se pasó el mes de mayo en la lista de lesionados. El relevista de los Rangers lleva marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Javier Assad tuvo tres apariciones de relevo en el mes, con los Cachorros de Chicago. Las tres fueron más que decentes y ganó un juego. Aun así, lo devolvieron a AAA. Sus números: 3-1, 14 ponches y una efectividad mejorada a 5.88 (que tampoco es para presumir)

Alek Thomas fue mandado a AAA por los Diamondbacks de Arizona, porque su bateo no correspondía para nada al gran fildeo: .181, 3 jonrones, 10 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .562

Joey Ortiz ya tiene que compartir la titularidad en el campocorto de los Cerveceros de Milwaukee, que antes tenía en exclusivo. ¿La razón? Su escaso bateo: .188, 11 producidas, OPS de .511. Eso sí, ya pegó su primer palo de vuelta entera.

Alejandro Osuna ha cubierto la parte fuerte del platoon con los Rangers (es titular ante lanzadores derechos). El sinaloense ha brillado a la defensiva y ha estado más o menos con el bat. .256 de promedio, .664 de OPS, 8 impulsadas y dos estafas. No se ha volado la barda.

Ramón Urías siguió bajando en su producción ofensiva, y luego pasó a la lista de lesionados con un malestar en el hombro. El de Magdalena de Kino lleva .158, 2 vuelacercas, 5 empujadas y OPS de .595.

Víctor Vodnik salvó dos juegos en mayo, pero mplosionó un par de veces como cerrador de los Rockies y luego pasó a la lista de lesionados. 1 ganado, 2 perdidos, 4 juegos salvados, 2 rescates desperdiciados, un horrendo 8.00 de carreras limpias y 16 ponches.

Valente Bellozo se mantiene en AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

Alejandro Kirk debe regresar a la receptoría de Toronto en junio, tras la fractura del pulgar apenas en su quinto juego de la temporada.  Batea .150, con un jonrón y 2 producidas.

César Salazar volvió a las Mayores como receptor suplente de los Astros, tras la lesión de Yanier Díaz. Ha mostrado grandes cosas con el brazo y el guante, y casi nada con el bat. Ha pegado sólo un hit en 18 turnos, y la única carrera que impulsó fue por recibir un pelotazo con las bases llenas.

José Urquidy está todavía en AAA. 0-1, un juego salvado, 8.53 de efectividad y un WHIP de 2.68.

Taijuan Walker fue despedido por los Filis y nadie lo ha contratado. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad, se le embasaron por hit o pasaporte más de dos rivales por entrada y ponchó a 17.

 

jueves, mayo 14, 2026

Biopics: El país de reprobados: el fin de la encuesta de educación (y de Datavox)

En mayo de 1990 por fin se levantó la encuesta nacional educativa que habíamos preparado por largo tiempo. El retraso se debió a varias razones: las principales son la tramitología con la SEP y que los expertos en pedagogía contratados por Gilberto Guevara hicieron nuevos cambios a los cuestionarios, haciendo las pruebas todavía más difíciles, en contra de la opinión de los maestros que había conseguido Pepe Zamarripa como nuestros asesores. La versión final era tan difícil que ni Roy Campos, ni Carlos Jarque, presidente del Inegi, ni yo, tuvimos el cien por ciento de aciertos en la de secundaria.

Los resultados generales se pueden encontrar en el artículo que firmó Gilberto, titulado "México ¿un país de reprobados?", aparecido en la edición de mayo de 1991 de Nexos (aquí el link: es de suscripción). Los resultados se parecen mucho a los que aparecieron en la prueba piloto (aquí el link, en este blog): un muy bajo nivel de aprovechamiento promedio, pero también muy desigual según el tipo de escuela y la región del país. 

Era claro que la nueva gramática no la comprendían ni los profesores; que la enseñanza de matemáticas era rutinaria: sacar operaciones, pero sin aplicarlas a la vida diaria; que la ciencia era algo casi ajeno y que los estudiantes tenían un grave problema con la historia: la metían toda en un solo paquete, el pasado, no distinguían entre lo que había pasado antes y después y, por lo tanto, no alcanzaban a comprender causalidades. Lo mismo que en la prueba piloto, pero con porcentajes de acierto todavía más bajos.

Las desigualdades que aparecieron son, sobre todo, derivadas del origen social. Las escuelas privadas obtuvieron cerca de dos puntos más, en promedio, que las públicas. A nivel secundaria, esa diferencia hubiera sido mayor de no haber existido algunas escuelas privadas con resultados inferiores al promedio. Los estudiantes de escuelas federales tuvieron resultados menos malos que los de escuelas estatales y, en el caso de la secundaria, los estudiantes de telesecundaria tenian, en promedio, peores calificaciones. Este último dato está ligado al que tal vez, si hubiéramos hecho más trabajo estadístico, se hubiera demostrado como el principal diferenciador: el aprovechamiento por regiones del país.

Las diferencias más grandes no estaban en el tipo de escuela. Los estudiantes de escuelas públicas del norte y noroeste del país arrojaban mejores resultados que los de escuelas privadas del sur. Los de zonas urbanas o metropolitanas, mejores que los de localidades menores y mucho mejores que los de zonas rurales. Había una gran diferencia en los resultados de escuelas ubicadas en zonas de clase media en la Ciudad de México y las de Chimalhuacán, pero la diferencia entre las de Baja California y Chiapas era aún mayor. Yucatán, Michoacán, Chiapas y, particularmente, Guerrero, tenían un nivel ínfimo de aprovechamiento, casi con independencia del tipo de escuela. 

El trabajo evidenció dos cosas: una es que el sistema educativo no estaba funcionando: no enseñaba a los niños y jovencitos a redactar, a utilizar las herramientas para resolver problemas, a entender el funcionamiento de las cosas y de las sociedades, a pensar por sí mismos... ya no se diga a investigar o a desarrollar su creatividad. La otra es el divorcio entre el discurso y la realidad: el programa dice que el alumno aprenderá en el año tales y cuales habilidades, y la verdad es que muy pocos alcanzan a aprender parte de ellas. Pero el estudiante pasa de grado, los padres están agradecidos con el sistema, y todo se repite. Lo que debíó de evidenciar más es que el sistema tambien servía para reproducir las desigualdades: en el campo y en las zonas pobres, la escuela daba notablemente menos herramientas que en otros lados (al menos para no tronar tan feo un examen así). 

El estudio sirvió como soporte para algunos cambios en el esquema educativo que desarrollaría el gobierno de Salinas de Gortari y sigue siendo un referente para la evaluación de la educación en México... o debería de serlo, porque ahora se ha ensanchado la brecha entre discurso y realidad en materia de educación. Vivimos el reino de la simulación.

La encuesta se levantó en mayo, los resultados estuvieron a finales de junio y yo me tardé un par de meses en hacer el informe sobre el que se basaron, tanto el reporte general, como el artículo de Guevara Niebla en Nexos. El problema fue a la hora de cobrar, más allá de los adelantos que habíamos recibido. Héctor Aguilar Camín adujo que el retraso se debía a nosotros y que por ello tuvo que pagar la oficina de Gilberto y su ayudante por varios meses más, cantidad que le iba a descontar a Datavox. Yo alegué que el grueso del retraso fue porque los asesores de Guevara cambiaban una y otra vez el cuestionario, y que era el propio Gilberto quien debió de haberlos apurado. Decidí que era mejor no pelear con Aguilar Camín y acepté que nos diera una pizcacha de lo que habíamos acordado. Con quien dejé de hablarme por cerca de dos años fue con mi amigo Gilberto.

La idea que teníamos los socios de Datavox era que la encuesta de educación nos sirviera para capitalizar la empresa. No perdimos dinero, pero cada uno de nosotros obtuvo cantidades casi simbólicas (y lo mío terminó yéndose mayoritariamente a impuestos). Ya para entonces, Pepe, Chuy y yo estábamos más metidos en otros proyectos personales. Fue el final de Datavox. Reprobamos como empresarios de la demoscopía.  


viernes, mayo 01, 2026

Poco de qué presumir

 

Mexicanos en GL. 

Marzo-abril 2026

Poco de qué presumir para los mexicanos al inicio de la temporada 2026 en Grandes Ligas. Irregularidad en el pitcheo, sólo dos bateadores estrella a un nivel parecido al que les conocíamos, varios peloteros que perdieron el puesto y algunitos que parecen empezar a consolidarse. Para colmo, uno de nuestros peloteros más relevantes, Alejandro Kirk, se lesionó pronto y todavía tardará unas semanas en regresar.

Como cada entrega, va un resumen de la actuación de los peloteros nacionales, clasificada de acuerdo a su desempeño en la temporada.

Randy Arozarena ha sido, con facilidad, el mexicano con mejor desempeño en este inicio de campaña. El jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle ha bateado con consistencia, fildeado con grandes atrapadas y corrido las bases de una manera más que decente, aunque no ha mostrado tanto poder como otros años. Sus números: .289 de porcentaje, un buen .820 de OPS, con 4 jonrones, 11 producidas y 7 bases robadas en 7 intentos. Se está ponchando un poco menos que antes, y eso es bueno.

Jonathan Aranda, primera base de los Rays de Tampa, es pieza clave en la ofensiva de su equipo. Ha funcionado como bateador clutch: pega de hit (o de elevado de sacrificio) a la hora buena, lo que redunda en que es el segundo máximo productor en la Liga Americana, con 25 carreras llevadas al plato. Ha tenido menos suerte en las bolas puestas en juego y eso se refleja en una caída en su porcentaje de bateo. Sus números provisionales son: .220 de porcentaje, .783 de OPS, 7 cuadrangulares, las 25 producidas y una saludable tendencia a recibir más bases por bolas que antes.

Andrés Muñoz no ha estado tan filoso como el año pasado. Si bien casi siempre el cerrador de los Marineros ha podido colgar el cero, tuvo dos ocasiones de implosión total. En una de ellas, le metieron 5 carreras y sólo pudo sacar dos outs. Por lo general, el mochiteco sigue siendo un pitcher muy confiable y ponchador. En el año lleva 3 partidos ganados y 2 perdidos, 6 salvamentos (de 7 oportunidades) y 20 ponches en 12 entradas de labor. Lo feo es su porcentaje de carreras limpias: 6.00, producto de las dos apariciones desastrosas. Es seguro que mejorará.

Brennan Bernardino ha respondido bien ante el difícil reto de lanzar para los Rockies de Colorado. El relevista zurdo ha podido hacerse de 2 victorias sin derrota, además de que cuenta con un hold (ventaja sostenida en situación de salvamento), con un solo rescate desperdiciado. Su PCL, de 0.83, es el mejor entre los lanzadores mexicanos y ha recetado 11 sopitas de pichón.

Nick Gonzales ha estado haciendo contacto constante con la pelota, y eso le ha valido quedarse en la titularidad del infield de los Piratas de Pittsburgh (empezó en las paradas cortas, pero la llegada del súper prospecto Connor Griffith no lo mandó a la banca, sino a tercera base). Batea para .317, con un OPS de .731 (no tiene poder). No tiene jonrón, ha producido 15 carreras y se ha robado dos bases.

Isaac Paredes empezó muy frío la temporada, pero a partir de la segunda mitad de abril su bate se calentó notablemente, con lo que mejoró relativamente sus números y se aseguró más tiempo en la titularidad de la antesala de los alicaídos Astros de Houston. El de Hermosillo batea para .253, OPS de .723, apenas 3 jonrones (dos en un mismo juego) y 15 producidas. Mantiene su característica de saber cuándo tirarle a la bola y recibir una buena cantidad de pasaportes.

Alan Rangel regresó por donde había venido: la puerta giratoria que le inventaron los Filis para tenerlo entre AAA y las Mayores. Lanzó tres entradas de relevo, ponchó a 5 y permitió solamente una carrera.

Robert García no se ganó el puesto de cerrador con los Rangers, y tuvo un desempeño aceptable preparando cierres, hasta que una inflamación en el hombro lo mandó a la lista de lesionados. Marca de 0-1. Con 2 holds, un rescate desperdiciado y PCL de 3.38.

Marcelo Mayer, infielder de los Medias Rojas, ha mantenido la titularidad contra lanzadores derechos, y poco a poco está tomando ritmo, tras un inicio gélido. El nieto del mítico Chero batea para .253, con OPS de .694, un jonrón, 7 producidas y un robo. Si de verdad coge ritmo, dará razón a los pronósticos optimistas sobre su carrera.

Jarren Durán ha sido la sombra de lo que fue hace dos años, y aún el año pasado. Sigue siendo un mago en los jardines, pero con el bate ha tenido muchos problemas. Batea para sólo .170, con apenas un jonrón en 100 turnos oficiales. OPS bajísimo de .481, 11 carreras empujadas y cinco robos.

Alek Thomas, jardinero central de los Diamondbacks de Arizona, está teniendo una temporada similar a la de Durán (pero de Thomas no se esperaba gran bateo). Genial a la defensiva, pero con números de bateo flojitos: .188, 2 jonrones, 10 remolcadas y 4 robos de base, OPS de .578.

Jojo Romero perdió la carrera para ser cerrador de los Cardenales de San Luis, y sigue como preparador de cierre, lo que le ayudado a acumular ya 8 holds, El zurdo lleva una derrota sin victoria, un rescate desperdiciado y 4.20 de limpias.

Javier Assad ha vivido una montaña rusa. Inició en AAA, pero pronto fue subido al equipo grande por los Cachorros de Chicago. Tuvo una gran apertura y ganó ese juego. Al siguiente, lo molieron a pelos. La tercera apertura también fue buena, pero salió sin decisión. Fue mandado al bullpen. Allí tuvo, primero, una victoria y, a la siguiente, otra vez lluvia de batazos. Un lanzador, dos versiones. Unos números: 2-1, 11 ponches y un feo 7.58 de efectividad.

Ramón Urías coqueteó con la titularidad en la antesala de los Cardenales de San Luis, pero al final no la consiguió, a pesar de su gran guante. La respuesta está en el bat: .170, 2 vuelacercas, 5 empujadas y OPS de .626.

Joey Ortiz es campocorto titular de los Cerveceros de Milwaukee, enorme defensivo, pero puede perder el puesto debido a lo flojo de su bateo: .197, 6 producidas, OPS de .481. No sólo no ha pegado de cuadrangular: no tiene en su cuenta un solo extrabase.

Víctor Vodnik ha sido una versión reducida de Andrés Muñoz, con el agregado de que le toca jugar la mitad de los juegos en Coors Field, la casa de los Rockies, veneno para los pitchers. Víctor Francisco lleva dos salvamentos, pero igualmente lleva dos derrotas, por sendas implosiones, lo que también disparó su efectividad a un nada bueno 7.82. Ha ponchado a 11.

Valente Bellozo también tiene la carga de lanzar para los Rockies, como relevo largo. Empezó con un relevo decente, seguido de dos ocasiones en que lo apalearon. Eso sirvió para que lo bajaran a AAA. El cachanilla tiene 1 perdido, PCL de 7.82 y 8 pasados por los strikes.

Brandon Valenzuela, debutante en MLB, hermosillense. Llegó por la lesión de Alejandro Kirk a la receptoría suplente de los Azulejos de Toronto. Ha comprobado lo que se decía de él en las Menores. Excelente receptor defensivo, pero poca contribución ofensiva. Batea para .200, con .588 de OPS. Dos jonrones y tres impulsadas.

Alejandro Osuna llegó a los Rangers a finales de mes, por la lesión de Wyatt Langoford y es titular ante lanzadores derechos. El sinaloense lo ha hecho bien en el corto ratito que lleva jugando .375 de promedio+ y una carrera producida. Que sea una larga estancia en el equipo grande.

Alejandro Kirk se fracturó el pulgar en uno de los primeros juegos de la temporada. Debe regresar en mayo de la lista de lesionados, pero vio muy poca acción. Le alcanzó para .150, un jonrón y 2 producidas. Esperemos un buen regreso del Capitán Kirk.

José Urquidy no ha sido lo que era antes de su cirugía Tommy John. Lo vimos el año pasado. Ahora, como relevista de los Piratas, tuvo una buena aparición, que le valió el rescate y, a continuación, un desastre tras otro, lo que provocó que el equipo lo bajara a AAA. A cambio de ese salvamento, tiene un perdido, un horroroso 8.53 de efectividad y un WHIP de 2..68: se le embasan casi tantos como a los que le saca out.

Taijuan Walker tuvo 5 aperturas para los Filis: una decente y cuatro horribles. Su desempeño fue tan malo, que el equipo de Filadelfia decidió dejarlo en libertad (eufemismo por despedirlo) y comerse su contrato millonario. Su marca: 1-4, 9.13 de efectividad, se le embasaron por hit o pasaporte más de dos rivales por entrada y ponchó a 17.

 

 


viernes, abril 24, 2026

50 futbolistas mexicanos


En estos días se ha puesto de moda en las redes sociales hacer la lista del mejor medio centenar de futbolistas mexicanos de la historia. Va mi espada en prenda, con la reserva de que pienso actualizar mi lista cada vez que lo considere pertinente. 

  1. Hugo Sánchez  
  2. Rafa Márquez
  3. Chicharito Hernández
  4. Andrés Guardado
  5. Giovani Dos Santos
  6. Luis Hernández
  7. Luis García
  8. Claudio Suárez
  9. Enrique Borja
  10. Jared Borgetti
  11. Jorge Campos
  12. Memo Ochoa
  13. Cuauhtémoc Blanco
  14. Raúl Jiménez
  15. Antonio Carbajal
  16. Oribe Peralta
  17. Carlos Vela
  18. Alberto García Aspe
  19. Carlos Salcido
  20. José de Jesús Corona
  21. Chava Reyes
  22. Gerardo Torrado
  23. Chucky Lozano
  24. Héctor Herrera
  25. Pavel Pardo
  26. Nacho Flores
  27. Horacio Casarín
  28. Ricardo Peláez
  29. Héctor Moreno
  30. Manuel Negrete
  31. Luis Roberto Alves, Zague
  32. Benjamín Galindo
  33. Conejo Pérez
  34. Edson Álvarez
  35. Johan Vásquez
  36. Luis Flores
  37. Javier Valdivia
  38. Halcón Peña
  39. Oswaldo Sánchez
  40. Santiago Giménez
  41. Ricardo Osorio
  42. Pablo Larios
  43. Carlos Hermosillo
  44. Tecatito Corona
  45. Maza Rodríguez
  46. Fernando Quirarte
  47. Antonio Naelson Sinha
  48. Pirata Fuente
  49. Omar Bravo
  50. Héctor Hernández

La lista está hecha tomando en cuenta tres factores: actuación con la selección mexicana en sus distintas categorías (sí importa el tipo de torneo); actuación con los clubes en los que hayan jugado, tomando en cuenta el diferente nivel de las ligas; un factor de popularidad. Considero que no hay duda sobre los tres primeros.

De todos los jugadores listados, solamente a dos nunca vi jugar: Horacio Casarín y Luis Pirata Fuente. Admito que me baso en sus leyendas (y numeritos).

Se aceptan comentarios, críticas y propuestas alternativas.


jueves, abril 16, 2026

(E)Lecciones húngaras


 

Las recientes elecciones húngaras han llamado la atención porque han puesto fin a 16 años de un gobierno populista y crecientemente autoritario, encabezado por Viktor Orbán y su partido Fidesz (Alianza Cívica), de ideología cristiano-nacionalista abiertamente derechista. Implican un cambio de balance en Europa, donde Orbán era una piedra en el zapato en la UE, por sus posiciones pro rusas. Pueden también ser un indicador de que el populismo está experimentando una regresión en la lógica del péndulo político. Y nos recuerdan que el populismo autoritario, a diferencia de una dictadura pura y dura, puede ser derrotado en las urnas.

Orbán llegó ser primer ministro húngaro en 1998, en una coalición de centro-derecha. En 2002 perdió las elecciones ante los socialistas, pero en 2010, aprovechando el descontento social provocado por la crisis económica ligada al shock financiero de dos años atrás, regresó al poder. Su ascenso significó el fin del gobierno del Partido Socialista Húngaro, organización socialdemócrata y pro europea.   

En 2010 el Fidesz se había radicalizado. Una parte importante del discurso de ese partido se fincaba en el nacionalismo extremo, con una xenofobia particularmente dirigida a los judíos, vistos como “especuladores extranjeros” y contra las elites de poder, que -en esa visión- eran encarnados por el financista húngaro-estadunidense George Soros. Fidesz y Orbán se presentaron como la encarnación de los deseos del pueblo trabajador húngaro.

Esa victoria fue arrolladora. Fidesz obtuvo la mayoría constitucional y Orbán la utilizó ampliamente. De hecho, se redactó una nueva Constitución, a la que se le hicieron cambios y adiciones según las necesidades del partido. Esto incluyó, entre otras cosas, la fijación de valores tradicionales y cristianos en la carta magna, una reforma judicial con la depuración de jueces desafectos al régimen y una serie sucesiva de cambios a la legislación electoral.

Entre estos últimos destacan, primero, la reducción del número de diputados (ahorro para el pueblo); después, el cambio en la proporción entre diputados de mayoría y de lista (menos pluris, más unis) y el rediseño a contentillo de los distritos electorales; finalmente, la “compensación al ganador”, mediante la cual los votos “sobrantes” de los ganadores de distrito pasan a engrosar a su partido en la elección plurinominal. Dichas reformas sirvieron para que el Fidesz mantuviera la mayoría constitucional calificada aun en elecciones donde obtuvo menos del 50 por ciento de los votos, como sucedió en 2018 y 2022.

Esto, más el control cada vez más estrecho de los medios de comunicación, y sumado a una política de subsidios directos a la población, permitió a Orbán presumir de una “democracia iliberal” que permitía su reelección constante. Su modelo fue visto como EL ejemplo a seguir por todos los populistas del mundo (muy abiertamente, por aquellos situados a la derecha del espectro político; en la práctica, también por los que se dicen de izquierda). Parecía que permitiría eternizarse en el poder a un personaje que llegó por primera vez a la jefatura de gobierno a los 35 años y que ahora tiene 62.

¿Qué pasó ahora? Hay al menos cuatro elementos que explican lo sucedido.

El primero es que cambió la oposición. En las primeras ocasiones, las victorias de Orbán fueron contra los partidos tradicionales que precedieron la victoria del Fidesz, ya sea los socialdemócratas o los conservadores liberales. Derrotó incluso, en 2022, a una suerte de “coalición arcoíris” de partidos unidos sólo por el antiorbanismo, y que tenía un candidato independiente. Ahora se trata de un partido, el Tisza (Respeto y Libertad), creado por un disidente del Fidesz, Peter Magyar, ex ministro de relaciones exteriores de Orbán.

Magyar se alejó del partido y de Orbán a partir del perdón concedido por la presidencia a un pedófilo, renunciando a los puestos que tenía en empresas estatales y denunciando la corrupción que había enriquecido enormemente a varios cercanos a Orbán (en el camino, su esposa, entonces a la cabeza del Ministerio de Justicia, perdió el puesto, y Magyar, su matrimonio).

El caso es que esta oposición no tiene grandes diferencias ideológicas con Fidesz, en el sentido de que es conservadora y nacionalista, pero centró su campaña en tres aspectos cruciales: una, el ataque al “Estado mafioso” de Orbán, hecho a partir de la detención de una cuota excesiva de poder y la defensa de los leales, sin importar qué delitos hayan cometido; la segunda, el compromiso de adhesión a la Unión Europea y de apoyo a Ucrania, tras la invasión rusa; la tercera, la propuesta de que nadie puede ser primer ministro por más de dos periodos (Orbán lo ha sido por cinco). Esto le bastó para hacerse del apoyo de electores de centro-izquierda y socialistas. También contribuyó que el Partido Socialista haya decidido no presentar candidatos y llamado a votar por Tisza: la prioridad era sacar a Orbán; eso es algo que difícilmente puede suceder en otros países con gobiernos populistas autoritarios.

Una característica de Tisza es que no intentó consolidar sus apoyos en las zonas que habían mostrado oposición a Orbán, tradicionalmente asentadas en las grandes ciudades, sino que hizo mucho trabajo de campo en las regiones donde Fidesz tenía una clara hegemonía: en los pueblos pequeños y en la campiña.

El segundo elemento es que el periodismo independiente de investigación, el poco que quedaba en Hungría, hizo su trabajo, documentando, por un lado, los múltiples casos de corrupción gubernamental y, por el otro, la relación de dependencia de Orbán respecto a Vladimir Putin. Puso el dedo en la contradicción entre los discursos nacionalistas y soberanistas del húngaro con su sumisión respecto al ruso… y los húngaros no olvidan la invasión soviética de 1956. El sentimiento antirruso ayudó a Tisza.

El tercer elemento es que la victoria de la oposición fue amplia. Durante el día de la elección, los medios públicos y los youtubers controlados por Orbán empezaron a hablar acerca de un fraude orquestado por los europeístas. Lo hubieran usado en caso de un resultado cerrado. Cuando se dieron cuenta de que la diferencia era muy grande, se quedaron sin palabras (porque sólo se sabían el guion).

El cuarto es que Orbán recibió el beso del diablo. Tal vez fueron tóxicos los apoyos que recibió de la ultraderecha europea, de Meloni a Abascal, de Le Pen a Wilders. Pero lo que acabó de estropearlo fue el espaldarazo de Trump y Vance, que no significan más que desprestigio.

A esos cinco elementos hay que añadirles una paradoja. La sobrerrepresentación que Orbán armó, con su reforma electoral, para consolidar un largo régimen del Fidesz, ahora ha pasado a Magyar y a Tisza, que tienen la mayoría constitucional para revertir los cambios antidemocráticos. Ojalá lo hagan.       

viernes, abril 10, 2026

Geopolítica (y maravilla) del regreso a la Luna


Uno mira a la Luna, piensa que en su órbita hay cuatro seres humanos, y se maravilla de ello. Luego se da cuenta que esa bonita sensación no la tenía desde hace más de medio siglo, y no le queda más que preguntarse por qué pasó tanto tiempo.

Fue tanto el tiempo, que perdimos varias cuentas. El vuelo de Artemisa II es la décima exploración tripulada que llega a la órbita lunar. Las otras nueve fueron del proyecto Apolo; la primera, en el lejanísimo 1968; la última, en el casi tan lejano 1972. De ellas, seis culminaron en alunizaje. La memoria no recordaba tantas.  

¿Qué fue lo generó ese hiato de más de 50 años? ¿Por qué hubo en Estados Unidos un frenesí de 31 misiones espaciales tripuladas entre 1961 y 1972? La respuesta está en la geopolítica. La Unión Soviética había sido la primera en lanzar con éxito a seres humanos al espacio exterior y demostraba, con ello, ser capaz de competir con Estados Unidos en lo que se consideraba era la punta de la tecnología.

El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin surcó el espacio; en junio de ese mismo año, John F. Kennedy propuso a Nikita Jrushov hacer un esfuerzo conjunto para ir a la luna, pero el premier soviético se negó. En el contexto de la Guerra Fría, aquello era un reto que, en palabras posteriores de Kennedy, “queremos aceptar, no estamos dispuestos a posponer, y pretendemos ganar”. Era, según las palabras del presidente de EU, una batalla entre “la ruta de la libertad” y “la ruta de la tiranía” para tomar el liderazgo en logros espaciales “que en muchas maneras es clave para nuestro futuro en la tierra”.

Pasó que Estados Unidos superó a la Unión Soviética en esa carrera; después, que la URSS colapsó, y que el programa Soyuz -diseñado originalmente para llevar cosmonautas a la luna- se convirtió en otra cosa: un mecanismo para transportar tripulaciones de diversas nacionalidades a las estaciones espaciales Salyut, Mir e ISS. Rusia tiene planes para reemplazar el Soyuz con un tipo de nave más moderno, el Orel, pero se tardarán, porque los esfuerzos financieros de Moscú están en la absurda guerra contra Ucrania.

La breve era de la hegemonía unipolar coincidió con el fin de la carrera espacial de naves tripuladas. Los esfuerzos se dirigieron más hacia la investigación del universo por sondas no tripuladas: Mars-Rovers, Cassini, el telescopio Hubble, que siguen los pasos del Voyager I (lanzado en 1977), el único objeto hecho por humanos que ha alcanzado el espacio interestelar.

¿Y ahora, por qué el nuevo impulso? Porque el mundo está dejando de ser unipolar. China alza la mano, y no sólo en cuestiones comerciales. Es el único país que ha logrado alunizar en el lado oscuro y traído muestras de esa zona, tiene su propia estación espacial (la Tiangong), ha lanzado su propio robot explorador a Marte y, en 2015, sus líderes declararon la intención de que sus taikonautas logren un alunizaje para 2030.

El programa Artemisa es la respuesta estadunidense al reto de la nueva potencia emergente. Empezó a desarrollarse durante el primer gobierno de Trump, y no se detuvo con Biden. No casualmente, tanto los americanos como los asiáticos se dirigen al mismo punto de la luna: el polo sur. Ahí pretenden alunizar. Sucede que, porque allí nunca toca el sol, existen depósitos de agua que facilitarían la construcción de una base permanente en nuestro satélite natural. Para allá van los dos. Estados Unidos no quiere perder la primacía y, por lo visto, todavía lleva ventaja.

Una primera pregunta es si el dedicar tantísimos recursos al armamentismo y a la guerra no le quitará esa ventaja a Estados Unidos, cada vez menos dispuesto -bajo Trump- a invertir en ciencia. Una segunda es, si, en vez de darse ínfulas de grandeza nacional, se buscara una cooperación internacional, qué tan rápido podría avanzarse en ese terreno del conocimiento y la exploración científica, y otras áreas ligadas a él.

Artemisa II ha devuelto a muchos la mirada científica hacia los cielos. No importa que el método de vuelo sea esencialmente el mismo de hace medio siglo (utilizar la gravedad de los cuerpos celestes como catapulta, tras un fortísimo impulso inicial) o que la velocidad y distancia máxima alcanzadas apenas sean marginalmente superiores a las de entonces. La mera idea de estar físicamente de vuelta es excitante. Además, es bonito el nombre: Artemisa era la hermana gemela de Apolo, en la mitología griega. Uno es el sol y la otra es la Luna. Apolo le dio nombre al tercer grupo de misiones tripuladas de la NASA, incluyendo la más famosa de todas ellas.

Mirar hacia arriba sirve también para darnos cuenta de lo pequeños que somos. Si la Vía Láctea tiene una circunferencia del tamaño de Estados Unidos (continental), nuestro sistema solar es del tamaño de un pulgar humano. El viaje a la luna es entre dos pliegues de la huella digital. La sonda Voyager I, la que más lejos ha viajado, apenas llegó a la muñeca de la mano: 22 horas luz. Y se ha tardado 49 años en hacerlo. Y la Vía Láctea es una entre billones de galaxias.

Pensar en eso debería darnos un escalofrío, como el que seguramente tuvo Galileo cuando vio, con su rudimentario telescopio, estrellas que eran invisibles al ojo humano desnudo, que existían sin que las viéramos. Tal vez entonces, cuando se dio cuenta, con toda claridad, de que el universo no estaba hecho por Dios para nosotros, entendió que escudriñarlo sería una tarea interminable y fascinante.  

viernes, marzo 13, 2026

Cuba y Numancia

 


Numancia fue una ciudad celtíbera famosa porque a la República Romana le tomó más de dos décadas conquistarla, lo que finalmente logró a través de un cerco, que cerró todas las vías de suministro de aquella población. Tras quince meses, la hambrienta y enferma Numancia se rindió, pero la mayoría de sus habitantes se suicidó, luego de incendiar la ciudad para evitar que cayera en manos de los romanos.

En 1990, cuando, durante el proceso de caída de la Unión Soviética, Cuba se quedó sin los subsidios que mantenían precariamente su economía, el líder socialista español Felipe González advirtió a Fidel Castro que Cuba debía incorporarse a la apertura latinoamericana entonces en curso. De no ser así, consideró, habría “grandes problemas en la inserción de Cuba en el mundo futuro”.  Fidel respondió que no aplicaría “recetas de otros países”, y González calificó ese rechazo a una apertura democrática como “la estrategia de Numancia”.

No es que el dirigente español hubiera pedido una democracia liberal; lo que sugería era una suerte de perestroika tropical, que pudo haber marcado una transición paulatina del régimen totalitario hacia otro tipo de socialismo. Pero Castro prefirió la resistencia, que también era reticencia a dejar cualquier migaja de poder.

El caso fue que, como profetizaba Felipe González, en las siguientes décadas hubo grandes problemas en la inserción de Cuba en el mundo. Esos problemas fueron, por un tiempo, medianamente paliados por asistencia extranjera diferente de la desaparecida URSS, pero de países igualmente confrontados con Estados Unidos. Una ayuda cada vez más magra. Lo que no varió fue la incapacidad del sistema económico cubano para ser mínimamente productivo. Ineficiencias tan grandes que aquello se convirtió en una red de agujeros.

En lo interno, todo pequeño intento liberalizador en lo económico, que solía traer mejoras marginales en las condiciones de vida de la población, se topó después con retrocesos que, a nombre del purismo socialista, volvían a generar pobreza generalizada. Y en lo político, Cuba fue pasando de un Estado unipartidista con tintes policíacos, que permitía un poco de discusión, acotada “dentro de la revolución”, a una dictadura pura y dura, ahora encabezada por un burócrata y no por caudillos. Mientras tanto, se cristalizó la división de la población por estamentos: hasta arriba, la nomenklatura y los altos mandos del ejército; luego, los “enchufados”; más atrás, los que sólo tienen FE (Familiares en el Extranjero, que les mandan ayuda); hasta abajo, la mayoría del pueblo. Todo, en medio de una corrupción creciente.

Esta combinación de circunstancias ha devenido en un cambio social de actitud hacia la revolución y hacia la vida misma. Lo que hace más de medio siglo fue entusiasmo, se convirtió, primero, en la filosofía de aceptar lo existente (la libreta de racionamiento, los Comités de Defensa de la Revolución, el Granma) a cambio de “no virar p’atrás” y ahora, en una molestia y desazón muy amplias, porque no hay “p’atrás”, pero tampoco “p’alante”. La cubana es una sociedad asfixiada y reprimida en lo político, con carencias indecibles en lo económico y sin perspectiva de futuro.

Durante décadas, el llamado bloqueo estadunidense sirvió solamente para que el régimen cubano pudiera justificar carencias, apreturas y medidas represivas. El embargo ha tenido fases de endurecimiento y de reblandecimiento, pero los efectos en la economía cotidiana de los cubanos en ese vaivén han sido mínimos. El caso es que el sistema económico no funciona. Recordemos que la crisis de electricidad lleva décadas y que ya había arreciado antes de la llegada de Trump al poder en Estados Unidos, con el nuevo apretón de tuercas.

Aunque ya no es una amenaza directa a la seguridad estadunidense, hay motivos de política interna e internacional que explican el apretón trumpista sobre Cuba. Los primeros tienen que ver con la necesidad de apoyo a los republicanos de parte de la influyente comunidad cubana en EU, sobre todo en Florida y con la imagen de destructor de enemigos que Trump se quiere forjar. Los segundos, con el propósito hegemónico de tener bajo control todo el continente americano y abrir espacios, hoy cerrados, para las empresas estadunidenses.

Para ese propósito, lo que menos le preocupa a Trump es la situación dramática que vive el pueblo de la isla, que ya está alcanzando proporciones de catástrofe humanitaria. Se trata de una lenta asfixia, a partir -regresando al símil numantino- de la estrategia del nieto de Escipión de cortar los suministros vitales para los asediados.

El otro lado del problema es que, hasta ahora, la dirigencia de la dictadura cubana está aferrada a la estrategia numantina, reacia a cualquier cambio y dispuesta, en la práctica, al equivalente a un suicidio colectivo. Salvar por un rato el propio pellejo y que se joda la chusma. Para ello, no ceder ni un ápice, y llenarse la boca de retórica antiimperialista, que algunos en la isla repiten, pero en la que ya nadie cree. De cualquier manera, no será tan fácil para Trump encontrar en las fuerzas armadas cubanas la poca resistencia con la que se topó en Venezuela.

Hay quienes recuerdan, románticamente, la de Numancia como una resistencia heroica. El caso es que fueron derrotados y aquella región terminó siendo romanizada. No hubo medias tintas. Y el recuerdo no sustituye las vidas perdidas.

México ha sido un amigo histórico de Cuba y ha servido muchas veces de puente en sus complicadas relaciones con Estados Unidos. La amistad verdadera está precisamente en esa función de puente, no en identificaciones románticas e ideologizadas con la esperanza que alguna vez significó la Revolución Cubana, traicionada hace décadas. Si uno piensa que hechos son amores, lo conducente sería -más allá de enviar ayuda humanitaria básica- mediar para evitar que Cuba se convierta, de verdad, en una Numancia del siglo XXI. Y eso implica dejar el apoyo incondicional a una dictadura que no lo merece.