miércoles, junio 24, 2020
20 cortometrajes
viernes, mayo 29, 2020
9 reflexiones sobre el futuro que viene
A continuación, algunas reflexiones, más o menos
sueltas, respecto a los efectos que tiene y tendrá la pandemia del coronavirus.
1.Todos queremos que se acabe, pero tenemos un
problema: una cosa es que lo haga en términos sanitarios -es decir, que se
desplomen contagios y muertes- y otra, distinta, que lo haga en términos
sociales -es decir, que podamos hacer con normalidad las cosas que antes
hacíamos. Tengo la impresión de que el segundo deseo es todavía más fuerte que
el primero. El asunto es que, en realidad, no se podrá cumplir hasta que la
pandemia se apague en términos sanitarios.
En otras palabras, la nueva normalidad será más nueva
que normalidad. Y esa no es una perspectiva agradable.
2. Hay quienes creen que, salvo por las nuevas
precauciones y el retraso en los actos masivos, de verdad vamos a poder
regresar al pasado. Esta crisis lo movió todo. Sus efectos económicos serán tan
devastadores que obligarán a repensar el funcionamiento de las sociedades en
más de un sentido, generarán desplazamientos políticos a nivel mundial y
terminarán resolviéndose en un nuevo orden que todavía no alcanzamos bien a
vislumbrar.
Es el derrumbe de un montón de pequeñas certezas en un
mundo que tenía cada vez más incertidumbre.
3. De las pocas cosas ciertas que traerá esta crisis
es un aumento de la pobreza a nivel mundial. Sólo en México se calcula que el
incremento será de entre 6 y 10 millones de personas. En muchas partes esa
mayor pobreza se reflejará en hambre.
También es previsible una mayor diferencia de ingresos
entre las naciones. Y será mayor en la medida en que algunas de las que no son
ricas cometan el error de no intentar una recuperación inmediata, como México
comprenderá.
En resumen, la tendencia al aumento de la pobreza y a
la mayor desigualdad entre las naciones tendrá efectos nocivos en las
relaciones internacionales.
4. El comportamiento de las diversas naciones ante el
fenómeno del COVID, deja en claro que hay una región que está haciendo bien las
cosas y otras que no. Los resultados en el Extremo Oriente y en Oceanía son
incomparablemente superiores a los obtenidos en Europa y América,
independientemente de si se trata de regímenes democráticos o no. La
diferencia, me parece, estriba en dos factores: el estado de la salud pública
en cada región y el nivel de disciplina de la población.
Tengo la impresión de que el individualismo, llevado
al extremo en Estados Unidos, y que se puede expresar en la frase “Tu salud
vale menos que mis libertades”, escrita en el medallón de un auto trumpista,
está pagando una factura muy cara y no sólo en la Unión Americana. La falta de
solidaridad también mata.
5. Ya había evidencias de ello antes de la pandemia,
pero ésta desnudó la falta de liderazgo mundial de Estados Unidos. Son cosas
que pasan por poner a un narcisista al poder.
Uno se podía imaginar que en Estados Unidos había el
suficiente rigor y la suficiente capacidad técnica para mitigar con cierta
seriedad el problema. Pero la política pudo más y, sobre todo, la situación
desastrosa, en términos sociales, de su sistema de salud.
Trump parece tener la intención de querer efectuar una
fuga hacia adelante, apostando a una nueva Guerra Fría, esta vez con China. Eso
no puede sino llevar a prolongar la disrupción de las cadenas de valor en el
mundo e incluso puede desembocar en una nueva crisis financiera. Lo malo para
México es que está muy ligado a EU y no tiene manera de zafarse en el mediano plazo.
La única esperanza es que Trump no se reelija.
6. Que la política pueda más que el rigor y la
capacidad técnica no es un asunto exclusivo de Estados Unidos. Si hacemos un
recorrido por los países que han sufrido la pandemia, encontraremos que, como regla
general, las sociedades que están unidas han tenido mejores resultados que las
que están polarizadas. El conflicto, a veces propiciado por los propios
gobernantes y a veces por los intereses partidistas, ha contribuido a generar
respuestas débiles, indisciplina de la población y movimientos contradictorios
en la forma como enfrentar las crisis combinadas de la economía y la sanidad.
7. México claramente está dentro de las naciones en
donde han predominado la política y la polarización, con los respectivos y
esperables efectos negativos. La única cosa verdaderamente buena, sea por
visión, por idealismo o por casualidad, ha sido su propuesta en Naciones Unidas
para evitar la especulación con material sanitario. Y más allá de la poca
capacidad ejecutiva de la ONU, es un oportuno llamado de atención sobre la
necesidad de cooperación internacional ante un problema global. Esta
cooperación tiene que ser superior a los intereses económicos de laboratorios y
fabricantes, y resultará crucial a la hora de que haya vacunas o antivirales
probados.
Resulta paradójico que un gobierno encabezado por un
nacionalista que sueña a veces con la autarquía haya hecho esta propuesta de
globalización positiva.
8. En los próximos meses se desatará en serio algo que
empieza a darse: la discusión sobre las bondades del crecimiento económico per
se. La humanidad estará, entre contradicciones, a la búsqueda de un nuevo
modelo de sociedad, abrumada por los efectos de un pequeño y letal virus. En
ese camino, serán arrolladas otras viejas certidumbres, como las de los
economistas muertos a los que el mundo obedeció durante las últimas décadas. Lo
que no tenemos claro es qué otras certidumbres, igualmente perecederas, las
sustituirán.
De entrada, puede suponerse que crecerá la disputa
entre quienes abogan por el desarrollo sustentable y los que lo hacen por el
crecimiento acelerado; la habrá también sobre el regreso al Estado de
Bienestar, sus alcances y sus formas de financiarse; finalmente, también la
discusión acerca de las libertades individuales y la solidaridad social pasará
a cobrar mayor importancia.,
9. Será necesario, igualmente, replantearse la
organización de las ciudades, que hoy en día suele ser bastante irracional. No
es una cuestión de densidad (Seúl, que es más densa, libró mucho mejor la
pandemia que Nueva York), sino de cómo se construye en la ciudad, cómo y cuánto
se viaja en ella, cómo se distribuyen los espacios públicos y de qué tipo son.
Lo que no habrá, lo siento por los filósofos bucólicos
o neohippies, es un retorno al campo.
domingo, mayo 24, 2020
Masas y pandemia: actualidad de Manzoni
jueves, mayo 21, 2020
Elogio de la pobreza
Todo el poder al Presidente
El Congreso discutirá una iniciativa en la que el presidente López Obrador se da, explícitamente, todo el poder para reasignar el presupuesto federal, por razones de emergencia económica.
El tiempo demostrará que las decisiones equivocadas –la que puede tomar la Cámara y las que ya ha tomado López Obrador- las terminaremos pagando todos los ciudadanos, no solamente aquellos que están en la cúpula económica. Más, si el Presidente, se convierte en algo así como Economista en Jefe de la Nación, que es hacia adonde vamos.
miércoles, abril 29, 2020
Las epidemias paralelas
Ese es uno de los caminos que habrá que recorrer para hacer válido el derecho a la salud, tan amenazado en estos días.
martes, abril 21, 2020
La prima de los Larrazábal
Los Larrazábal eran unos vecinos vascos en la colonia Anzures. Yo era amigo de Iñaki y de Xabier, cuates grandes, tozudos, buenos para andar en bici y que comían ajos crudos como si fuera una golosina. A veces me invitaban a ir con ellos al cine en un testarudo Taunus que el señor Larrazábal amaba más que a cualquier otra cosa en el mundo. En ocasiones (escasas) nos tocaba una superproducción de aventuras, pero casi siempre íbamos a ver películas ñoñas, que rezumaban moralina.
En una de esas (yo he de haber tenido como once años) nos acompañó una prima que había llegado de España de vacaciones. Se llamaba Pilar. Pilar es un nombre que desde pequeño he asociado con cierto general batistiano de quien se decía "nombre de mujer, corazón de hiena", así que la españolita de pelo rubio, pajizo, tenía, de entrada, un punto en contra. Xabier se encargó de restar varios más de su cuenta, previniéndome contra ella: "es una tipa insoportable, estoy contando los días para que se regrese". Llevaba puesto un sencillo vestidito rosa, de esos que se espera que porten las niñas que se portan bien. Pero el vestidito rosa en el cuerpo de Pilar parecía una especie de contrasentido: Lo llevaba con tal desgarbo -con un desaliño en el que no tenían nada que ver los cuidadosos pliegues, el correcto planchado y la ausencia de máculas- que deban ganas de arrancárselo a desgarrones. Pilar tenía alrededor de trece años.
La película era de Rocío Dúrcal, una gachupinada melcochosa. Cuando nos presentaron, Pilar hizo una mueca apenas perceptible. Pasada la entrada del cine, mientras los papás de Iñaki y Xabier hacían cola para comprar palomitas y mis amigos se entretenían observando los carteles de los próximos estrenos, Pilarica aprovechó para darse la vuelta y sacarme la lengua. Extrañamente, no me molestó que lo hiciera y le respondí con una sonrisa divertida. Mientras pasábamos a la sala me puse a pensar, intrigado, en el porqué de mi falta de enojo (entendámonos: no me había sacado la lengua como capricho de niña maleducada, pero tampoco para decirme "te la mamo", y tales sutilezas eran difíciles de entender para un chamaquito que todavía no sabía de la existencia del fellatio; es más, que tenía, si acaso, pocos meses de enterarse de cuál era la mecánica del coito); descubrí entonces que, aunque su gesto entrañaba una sensación de asco, no me había mostrado una lengua tiesa, sino un órgano flexible y móvil. Había disgusto en ella ¿pero hacia qué? También había vida.
Nos tocó sentarnos juntos. A mi derecha había un cuerpo displicente ceñido en un vestido tieso. En la pantalla, Rocío Dúrcal cantaba acerca de los castizos piropos de su barrio, del diplodocus que acababa de casar, de sus diecisiete años de enfermedad o de otra canción que no recuerdo, porque todas sus películas se me confunden en una sola (y tal vez lo sean). En cambio recuerdo que en aquella vez era en el cine Las Américas y que en la penumbra adivinaba los ojos de Pilar clavados en mi. De cuando en cuando volteaba a verla y ahí estaban sus ojos sobre los míos. Recuerdo unos ojos fijos, reconcentrados, que hacían contraste con un cuerpo aventado así como si nada al sillón. Creo recordar el blanco de sus ojos mejor que la mano fría que se posó sobre la mía y que revelaba una tensión que no se podía notar en el resto del cuerpo. A la hora de las canciones me esforzaba por comprender el significado de aquella mueca a la entrada de la sala, de aquella lengua prensil y corajuda. Hacia el final de la cinta volví a mirarla e intenté una sonrisa. Ella me siguió escrutando, pero no movió un músculo de la cara. Xabier también había dicho que era medio retrasada mental.
Esa y otras dudas me han venido a la mente en las raras ocasiones que recuerdo la anécdota. A favor de Pilar habla que, cuando nos acomodábamos en el coche para el regreso a casa, Xabier dijo en son de broma: "Pancho y Pilar se gustan" y vi que su rostro blanquísimo se volvió del color del vestido. Pero jamás pronunció palabra alguna, no me regaló con otro gesto delator, con alguna clave. Pasados los años, creo poder interpretar su lengua altiva y provocadora como un reproche, como la señal de una constatación: lo nuevo de hoy, lo que acabo de conocer, parece ser igual, ser la misma mierda, que todo lo viejo que he conocido. También era una invitación: sé distinto, niño desconocido, a todo lo que he conocido. Finalmente, era una muestra: mira una parte de este triste cuerpo de treceañera encorsetada, esta partecilla que no sé si merezcas, que no sé si la merezca yo misma.
Años después de aquella ida al cine, vi en Interviú unas fotos de Rocío Dúrcal desnuda. Era la misma persona de aquellas películas, pero esta vez tenía labios, senos, nalgas, piel; había cuerpo detrás de los gorgoreos, un cuerpo que hasta hacía poco era invisible; la mantilla negra que cubría toda España había también cubierto los mejores años de Rocío. Cubría también a Pilarica (no sé con cuántas capas) y ella parecía esforzarse -con la falta de recursos de los trece años- en deshacer ese velo. Se me ocurre desear para Pilar, décadas después de la única vez que la vi, que en el camino de la destrucción de mantillas y vestiditos rosas haya encontrado muchos orgasmos, y que su lengua haya ganado en ubicuidad, sin dejar de ser tan expresivamente misteriosa.
(publicado en El Nacional Dominical, 29 de abril de 1991)
lunes, abril 13, 2020
Rigidez y fetiches presidenciales
AMLO nos está saliendo neoliberal
La pandemia del coronavirus ha hecho que muchas cosas que parecían sólidas salten por los aires. El orden mundial no será el mismo tras su paso. En particular, los efectos económicos inmediatos no serán parecidos a los de la crisis de 2008-2009; habrá que ir más atrás en el tiempo, casi un siglo, y pensar en los años de la Gran Depresión. Se habla de caídas de hasta 30% del PIB para el segundo trimestre del año en distintas naciones desarrolladas. De ese tamaño es el mazazo.
Ante las crisis, hay distintas maneras de actuar. Unas tienen que ver con la velocidad y la fuerza de la reacción. Otras, con la flexibilidad o la rigidez. La crisis de dos cabezas que enfrentan México y el mundo, con la pandemia del coronavirus y sus efectos económicos, exige una reacción fuerte, pero también flexible.



























