viernes, mayo 29, 2020

9 reflexiones sobre el futuro que viene


A continuación, algunas reflexiones, más o menos sueltas, respecto a los efectos que tiene y tendrá la pandemia del coronavirus.

1.Todos queremos que se acabe, pero tenemos un problema: una cosa es que lo haga en términos sanitarios -es decir, que se desplomen contagios y muertes- y otra, distinta, que lo haga en términos sociales -es decir, que podamos hacer con normalidad las cosas que antes hacíamos. Tengo la impresión de que el segundo deseo es todavía más fuerte que el primero. El asunto es que, en realidad, no se podrá cumplir hasta que la pandemia se apague en términos sanitarios.

En otras palabras, la nueva normalidad será más nueva que normalidad. Y esa no es una perspectiva agradable.

2. Hay quienes creen que, salvo por las nuevas precauciones y el retraso en los actos masivos, de verdad vamos a poder regresar al pasado. Esta crisis lo movió todo. Sus efectos económicos serán tan devastadores que obligarán a repensar el funcionamiento de las sociedades en más de un sentido, generarán desplazamientos políticos a nivel mundial y terminarán resolviéndose en un nuevo orden que todavía no alcanzamos bien a vislumbrar.

Es el derrumbe de un montón de pequeñas certezas en un mundo que tenía cada vez más incertidumbre.

3. De las pocas cosas ciertas que traerá esta crisis es un aumento de la pobreza a nivel mundial. Sólo en México se calcula que el incremento será de entre 6 y 10 millones de personas. En muchas partes esa mayor pobreza se reflejará en hambre.

También es previsible una mayor diferencia de ingresos entre las naciones. Y será mayor en la medida en que algunas de las que no son ricas cometan el error de no intentar una recuperación inmediata, como México comprenderá.

En resumen, la tendencia al aumento de la pobreza y a la mayor desigualdad entre las naciones tendrá efectos nocivos en las relaciones internacionales.

4. El comportamiento de las diversas naciones ante el fenómeno del COVID, deja en claro que hay una región que está haciendo bien las cosas y otras que no. Los resultados en el Extremo Oriente y en Oceanía son incomparablemente superiores a los obtenidos en Europa y América, independientemente de si se trata de regímenes democráticos o no. La diferencia, me parece, estriba en dos factores: el estado de la salud pública en cada región y el nivel de disciplina de la población.

Tengo la impresión de que el individualismo, llevado al extremo en Estados Unidos, y que se puede expresar en la frase “Tu salud vale menos que mis libertades”, escrita en el medallón de un auto trumpista, está pagando una factura muy cara y no sólo en la Unión Americana. La falta de solidaridad también mata.

5. Ya había evidencias de ello antes de la pandemia, pero ésta desnudó la falta de liderazgo mundial de Estados Unidos. Son cosas que pasan por poner a un narcisista al poder.

Uno se podía imaginar que en Estados Unidos había el suficiente rigor y la suficiente capacidad técnica para mitigar con cierta seriedad el problema. Pero la política pudo más y, sobre todo, la situación desastrosa, en términos sociales, de su sistema de salud.

Trump parece tener la intención de querer efectuar una fuga hacia adelante, apostando a una nueva Guerra Fría, esta vez con China. Eso no puede sino llevar a prolongar la disrupción de las cadenas de valor en el mundo e incluso puede desembocar en una nueva crisis financiera. Lo malo para México es que está muy ligado a EU y no tiene manera de zafarse en el mediano plazo. La única esperanza es que Trump no se reelija.

6. Que la política pueda más que el rigor y la capacidad técnica no es un asunto exclusivo de Estados Unidos. Si hacemos un recorrido por los países que han sufrido la pandemia, encontraremos que, como regla general, las sociedades que están unidas han tenido mejores resultados que las que están polarizadas. El conflicto, a veces propiciado por los propios gobernantes y a veces por los intereses partidistas, ha contribuido a generar respuestas débiles, indisciplina de la población y movimientos contradictorios en la forma como enfrentar las crisis combinadas de la economía y la sanidad.

7. México claramente está dentro de las naciones en donde han predominado la política y la polarización, con los respectivos y esperables efectos negativos. La única cosa verdaderamente buena, sea por visión, por idealismo o por casualidad, ha sido su propuesta en Naciones Unidas para evitar la especulación con material sanitario. Y más allá de la poca capacidad ejecutiva de la ONU, es un oportuno llamado de atención sobre la necesidad de cooperación internacional ante un problema global. Esta cooperación tiene que ser superior a los intereses económicos de laboratorios y fabricantes, y resultará crucial a la hora de que haya vacunas o antivirales probados.

Resulta paradójico que un gobierno encabezado por un nacionalista que sueña a veces con la autarquía haya hecho esta propuesta de globalización positiva.

8. En los próximos meses se desatará en serio algo que empieza a darse: la discusión sobre las bondades del crecimiento económico per se. La humanidad estará, entre contradicciones, a la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad, abrumada por los efectos de un pequeño y letal virus. En ese camino, serán arrolladas otras viejas certidumbres, como las de los economistas muertos a los que el mundo obedeció durante las últimas décadas. Lo que no tenemos claro es qué otras certidumbres, igualmente perecederas, las sustituirán.

De entrada, puede suponerse que crecerá la disputa entre quienes abogan por el desarrollo sustentable y los que lo hacen por el crecimiento acelerado; la habrá también sobre el regreso al Estado de Bienestar, sus alcances y sus formas de financiarse; finalmente, también la discusión acerca de las libertades individuales y la solidaridad social pasará a cobrar mayor importancia.,     

9. Será necesario, igualmente, replantearse la organización de las ciudades, que hoy en día suele ser bastante irracional. No es una cuestión de densidad (Seúl, que es más densa, libró mucho mejor la pandemia que Nueva York), sino de cómo se construye en la ciudad, cómo y cuánto se viaja en ella, cómo se distribuyen los espacios públicos y de qué tipo son.

Lo que no habrá, lo siento por los filósofos bucólicos o neohippies, es un retorno al campo.      

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