martes, julio 19, 2011

La caída del tigre británico de papel


El caso del tabloide News of the World y la rápida caída en desgracia del magnate Rupert Murdoch dan para una reflexión más amplia sobre el papel de los medios en las democracias modernas.

Nos hemos enterado –o, más precisamente, se ha comprobado legalmente- que parte de la política editorial del periódico británico consistía en intervenir teléfonos y sobornar policías para obtener exclusivas y no ser perseguidos. Las exclusivas se transformaban en lectores, en anunciantes y en grandes ganancias.

Pero mal haríamos en suponer que los intereses del grupo editorial transnacional que encabeza Murdoch se limitan exclusivamente a la maximización de ganancias y la búsqueda de la expansión de su imperio empresarial. Mal haríamos, también, en suponer que el asunto se queda sólo en los malos manejos éticos de un empresario sin escrúpulos.

Es un asunto político, que aborda la relación entre los grandes medios de comunicación y el poder, que en estos tiempos, y no sólo en Gran Bretaña, se ha vuelto simbiótica y perversa.

Recordemos que la buena estrella del magnate australiano se hizo refulgente cuando Margaret Thatcher le dio el control del 40 por ciento de los medios británicos, a cambio del ferviente apoyo editorial a las políticas de la Dama de Hierro. Recordemos que Tony Blair utilizó a Murdoch para ganar algo de apoyo a la intervención británica en Irak. Tengamos en cuenta, finalmente, que la relación  entre las publicaciones de Murdoch y los laboristas, a menudo difícil, se rompió de manera definitiva cuando Gordon Brown se convirtió en primer ministro.

Esta relación se reproduce en muchas otras partes del mundo. Magnates y políticos que aparentemente son amigos, pero que en realidad están en una alianza de intereses. Los políticos aprecian que los medios apuntalen el status quo, y sus propias carreras personales, pero al mismo tiempo los ven como una posible amenaza a través de su capacidad de lanzar campañas de desprestigio. Los políticos suelen sobredimensionar el poder de los medios. Creen que éstos pueden llevar a pasear a la población.

Un ejemplo dramático de esto lo vivió el propio Gordon Brown. El ex primer ministro cree que News Corp. hackeó sus archivos bancarios, médicos y quizá también los fiscales. Declaró que llegó a las lágrimas cuando Rebekah Brooks, entonces editora de The Sun, le habló por teléfono para decirle que ese periódico revelaría que su hijo de cuatro años, Fraser, tenía fibrosis quística. Y sin embargo, poco después, Brown asistió a la boda de Brooks. De seguro consideró que ella era demasiado poderosa para que la ninguneara un primer ministro en busca de reelección. 

Ahora, esa Fata Morgana del periodismo sensacionalista está bajo juicio, y el imperio de Murdoch, si bien está todavía lejos de desmoronarse, evidentemente ya rebasó su zenit, y se dirige hacia la decadencia.

Extraña un poco la rapidez con la que se ha precipitado la situación. Pero hay razones de fondo que lo explican.

La primera es la existencia de un periodismo serio de investigación, propio de una democracia. Durante años, The Guardian, periódico rival del Times londinense propiedad de Murdoch, estuvo denunciando las prácticas ilícitas y poco éticas del periodismo-basura que ejercían The Sun, News of the World y otras publicaciones. Fue creando conciencia, poco a poco.

La segunda es que hubo una historia que unió a toda una nación en la aflicción. La de Milly Dowler, la niña que fue secuestrada y asesinada y cuyo teléfono celular fue intervenido por la gente de News of the World. Cuando se supo, terminó de sumarse la masa crítica y la indignación popular tumbó anunciantes, despertó a los políticos adormilados y les hizo sacudirse de la extorsión que sufrían. La gran audiencia se volvió en contra de los aprendices de brujo.

La tercera es la capacidad de las instituciones para reaccionar.  El caso fue llevado a tribunales, revisado, y el periódico fue castigado.
Se obligó a los responsables periodísticos a rendir cuentas (nada de ampararse en una abstracta libertad de expresión) y las autoridades parecen dispuestas a llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias (no se limitan a declarar que lo harán).  

Es obvio, reiteramos, que con este escándalo no muere el periodismo amarillista y impúdico que ha proliferado en años recientes en todo el mundo, y que desplaza a la información de calidad. Sigue vigente la creencia de que venden más la dramatización y el chantaje, de que no hay que apelar a la inteligencia de lectores, radioescuchas y televidentes, sino a sus sentimientos y a sus instintos primarios. De que hay que seducir, en vez de convencer.  

Es un tipo de periodismo que conocemos. Basta con sintonizar la mayoría de las emisiones de la televisión abierta mexicana.

Es un periodismo que no muere, pero que ha demostrado no ser indestructible. Ahora se ha visto que News Corp. es un tigre de papel. No es el único monopolio de medios que aparenta más fuerza de la que tiene.

También se ha visto que quien consiente el abuso, está destinado a sufrir las consecuencias. Sean personajes políticos, celebridades, o las sociedades enteras, cuya política se ve envenenada por la perversa colusión de intereses.

Pero quien es capaz de resistirse, termina por ganar mucha credibilidad ante el público. En el caso británico, instituciones como el parlamento, la BBC y hasta la familia real salieron bien libradas y fortalecidas del escándalo del periodismo-basura.  También salió fortalecida la democracia.

Cosas que pasan del otro lado del Atlántico. Pero podrían –algún día, se vale soñar- también pasar aquí.

jueves, julio 14, 2011

Biopics: Mi renuncia al PMT


Hacia finales de año, llegó Arturo Guevara de paso por México. Platicó que había habido una nueva visita de Heberto Castillo a Sinaloa, para tirar al Comité Estatal. Su argumento, ahora, era que habíamos participado en la reunión de Popo Park (por supuesto, hubo un militante mal escogido por los gordillistas, un veracruzano, que fue de soplón). Otra vez había fallado en su intento, sólo que en esta ocasión se fue encabronadísimo, llamando traidores a los compañeros y mostrándoles el dedo índice. Hubo algún revuelo en el Comité (en particular de Jaime Palacios, quien había sido excluído de las grillas con Gordillo) y decidieron hacer algunos cambios. Entre ellos, Guevara dejaba la dirección, y volvía el Nono Vega, quien siempre jaló con nosotros (meses más tarde, Mi René me comentó que también había tenido que ver en esos cambios la conducción errática de Guevara en las elecciones para rector de la UAS, que el Wally Meza perdió ante Jorge Medina Viedas).
Por mi parte, yo estaba cada vez más metido en el grupo que hacía Solidaridad y con el Consejo Sindical. De hecho, el fin de semana tras la llegada de Guevara habría una encerrona de dos días en las instalaciones de la Maestría en Docencia Económica (entonces en una casa al sur de la capital) para conformar un plan de acción, con vistas a la formación de una agrupación política.
Ese fin de semana, Guevara y su mujer fueron a Acapulco, a visitar a un hermano de él, y Patricia se fue con ellos. Pasé esos dos días en amplias e interesantes discusiones para dar forma a la agrupación. Y una noche redacté mi renuncia al PMT, que le entregué a Guevara para que la llevara a Culiacán.
El texto era de cinco cuartillas, y no agotaré al lector con todo su contenido. Estaba dirigido a Víctor Arnoldo Vega Manjarrez, es decir al Nono. Iniciaba con un reconocimiento: “tuve la satisfacción de ser compañero cercano de trabajo político del grupo de militantes sinceros, honestos y revolucionarios, que conforma la dirección política del PMT en Sinaloa” y luego hablaba de los problemas del partido.
El primero era la inexistencia de debate interno, “una política deliberada de la dirección nacional” que se convierte en “imposición de las posiciones de la dirección frente a toda discrepancia” y “apunta –no casualmente- a la autoperpetuación en el poder de la dirección nacional”.
Escribía yo que, como consecuencia, “la unidad partidaria es forzada artificialmente”, que “el aglutinante real es la confianza en la dirigencia”, se privilegia la disciplina y se desperdician las experiencias valiosas de muchos militantes, cuya creatividad se ve paulatinamente atrofiada. Terminaba señalando que “se ha dado un proceso de sustitución del partido por la organización del partido, que ha degenerado en la sustitución de la organización por el CN” Ya no seguí, pero vendría la sustitución del CN por Heberto.
El segundo punto era “la ausencia de una línea política que lleve a un proyecto alternativo de sociedad.” Decía yo que nunca había quedado claro cómo y con quién había que luchar por las distintas demandas del partido, a cuáles se les daría prioridad y cómo se entrelazarían. El resultado: un partido ubicado en la coyuntura, que se plantea “más como opositor al gobierno que como portavoz de un proyecto alternativo de funcionamiento de la sociedad mexicana” y un trabajo del CN más dedicado a la opinión pública que a la organización de masas.
El tercero se refería a algunas divergencias políticas. Estaba yo en contra de “sostener públicamente posiciones maniqueas, ver el país en blanco y negro extremos”. Concluía que “esto lleva al dogmatismo y al maximalismo radical más estériles”.
Escribí: “No se puede decir impunemente –en términos de eficacia política- que el Sistema Alimentario Mexicano es, simple y sencillamente, una trampa del gobierno burgués… que el Congreso del Trabajo es un órgano de la burguesía (¿Hay sólo una burguesía en México, el Estado burgués mexicano es un simple transmisor de decisiones que hace esa única burguesía en sus reuniones maquiavélicas, el Congreso del Trabajo es sólo un siervo fiel del gobierno?...” Había “una obcecada falta de tacto político” porque “se ha confundido la necesaria verticalidad en los principios con un purismo mal entendido, que vacía de significado el quehacer político”. 
El texto terminaba con unas aclaraciones sobre la tendencia de Gordillo, señalaba que el papel "objetivo" del Comité Estatal de Sinaloa había sido "mediar entre la tendencia citada y el compañero Heberto Castillo" y hacía una breve referencia a las acusaciones personales de Heberto, de que yo había contribuido "a socavar la unidad del partido", lo que negué rotundamente. Está fechada al 19 de diciembre de 1980.

 
Los ochenta se instalan



La victoria de las Aapaunam reseñada hace poco era una pata del trípode maldito que, con harta dosis de humor ácido, pronosticaba Raimundo Arroio para los años ochenta: Reagan en EU, las Aapaunam en el recuento y Jorge Jiménez Espriú en Rectoría. Sólo dos patas de ese trípode se sostuvieron, y la tercera al final no fue tan relevante, porque el nuevo rector, el doctor Octavio Rivero Serrano, no se destacó por nada y sólo administró la drástica disminución del subsidio que sufriría la UNAM.

Lo verdaderamente importante fue la elección de Reagan (no es que Jimmy Carter fuera santo de mi devoción, y hasta uno de izquierda se daba cuenta de que EU se había debilitado durante su mandato), que significó un importante giro a nivel mundial, con implicaciones económicas, políticas, socioculturales y hasta estéticas. Una década color pastel, en la que los grandes corrieron mucho y los demás nos quedamos atrás, en la que la crisis fiscal del Estado de bienestar que había dominado la etapa de crecimiento de posguerra se hizo definitiva, en México se desataría una crisis económica terrible, una hidra cuya cabeza principal fue la inflación desbocada que pulverizó salarios (entre ellos, el mío), y habría, además, otros cataclismas en el pàís, como el terremoto, la dominación absoluta de la peor cultura Televisa (lo de hoy es ligerito, créanme) y ese plomo llamado Miguel de la Madrid.

A mí me cayó el veinte de que las cosas estaban cambiando, y no para bien, cuando una noche de un lunes de diciembre –tras haber escuchado música alternativa con Estelota y haber platicado largo rato de Bataille y La Historia del Ojo, mientras ella me daba aventón a la casa-, me puse a ver el futbol americano por la tele. En eso, que Jorge Berry dice que desde Nueva York llega una muy mala noticia para los amantes de la música. Hizo una pausa dramática de pocos segundos (“se murió Leonard Bernstein”, pensé en esos momentos, quién sabe por qué), para al final decir: asesinaron a John Lennon.

Puta madre. The dream is over. Habría cosas maravillosas en los años ochenta (en primer lugar, el nacimiento de mis dos hijos mayores), pero buena parte de la década queda envuelta en mi memoria por la percepción de que algo sepultaba, de manera abrupta y persistente a la vez, mis sueños de adolescente.


martes, julio 12, 2011

El gabinete Chava Flores


Ai  te dejo esos dos pesos. Pagas la renta, el teléfono y la luz”

Cuando, en febrero pasado, el secretario de Hacienda Ernesto Cordero, para justificar el supuesto efecto social de la deducibilidad fiscal de las colegiaturas particulares, declaró que había familias “muy luchadoras” que con seis mil pesos mensuales y “muchos esfuerzos” pagaban hipoteca, mensualidad del auto y colegiatura en escuela privada, inauguró la era Chava Flores del gabinete, caracterizada por imprecisiones declarativas que muestran una notable ignorancia sobre las condiciones reales de vida de la población.

El 20 de febrero, queriendo arreglar, el secretario Cordero declaró en televisión que el decil X de ingreso corriente de las familias (es decir, el 10 por ciento más rico) iniciaba en los 15 mil pesos mensuales. Al día siguiente bajó la cifra a 13 mil pesos, y dio como referencia los datos del INEGI.

Como la cifra me pareció muy baja, consulté la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares más reciente disponible, la de 2008. Según ésta, las familias del decil X tuvieron en aquel año un ingreso mensual promedio de 45 mil 333 pesos, una cantidad suficientemente alejada de los 13 mil como para suponer que ahí no está el umbral.

Según la propia ENIGH, en 2008, había 8 millones 545 mil familias mexicanas que tenían ingresos corrientes superiores a 8 salarios mínimos generales. Esto equivale al 31.9 % de los hogares. ¿Y cuánto son 8 salarios mínimos generales en 2011? Tomando como base el más bajo, el de la zona C, que es de 1,701 pesos al mes, equivale a (¡ah caray!) 13,608 pesos.

En otras palabras, en 2008, un tercio de la población ganaba más de 13 mil pesos actuales al mes. Lo jodido es que dos terceras partes ganaban menos que eso.

En ese año, el gasto monetario promedio nacional trimestral por hogar fue de 21 mil 984 pesos (casi 13 por ciento menos que dos años antes). La familia promedio del decil VI gastaba 18 mil 945 pesos al trimestre. 40 por ciento de las familias mexicanas gastaban más que las del decil VI.

Eso es el gasto. Más de la mitad de las familias ingresaron un promedio superior a los 6 mil pesos al mes.

¿De dónde sacó Cordero el ingreso de 13 mil pesos para definir el decil más alto de la población? De que confundió el ingreso trimestral per cápita con el ingreso familiar. Error imperdonable. Recordemos que es el Secretario de Hacienda.

“Entré hasta la salita y había un televisor, allí, sobre carpetas, las fotos del señor… y luego de este lado, junto al aparador, está todo amolado su refrigerador”

La segunda intervención chavafloresca de Cordero fue en marzo, cuando declaró que México “hace mucho que dejó de ser un país pobre”, señalando que, de acuerdo con las mediciones internacionales  “ahora es de renta media que viene a consolidar las clases medias como hace tiempo no lo lograba”.

El presidente Calderón respaldó esta idea, dando como elementos de apoyo al crecimiento de la clase media, la cantidad de familias mexicanas que tienen televisión y refrigerador.

Aquí lo que hay es un problema de conceptos. Las mediciones internacionales no hacen referencia a clases sociales, sino a niveles relativos de desarrollo. Desde hace décadas se reconoce que hablar de “naciones proletarias” es un sinsentido. Y si bien es cierto que México se ubica ligeramente por encima de la media mundial en casi todas las mediciones, esto no significa, automáticamente, que se haya movido hacia una hipotética “clase media mundial” (entre otras cosas porque desde que la ONU hace mediciones hemos estado por encima del promedio internacional en casi todo).

El secretario se vio obligado a matizar, y reconocer que el país tiene la tarea de resolver el severo problema de la pobreza de millones de sus habitantes.

El Presidente, en cambio, se quedó muy orondo con su frase. Y allí hay otro problema. La posesión de televisión y refrigerador era, junto con la de otros electródomésticos, un indicador de pertenencia a las clases medias en la época del desarrollo estabilizador, cuando Calderón y Cordero eran niños. Hoy ya no lo es: se trata de productos de consumo casi generalizado. En estos días, los consumos que definirían la entrada a la clase media serían, más bien, la posesión de conexión doméstica a internet y de televisión de paga.

En otras palabras, es como si Ortiz Mena o López Mateos hubieran dicho que México era país de clase media en 1963 porque la mayoría de los habitantes tenían zapatos y luz eléctrica (que eran símbolos de status a principios de los años veinte del siglo pasado).

“Yo por eso no soy rico, por ser despilfarrador”.

Pasemos ahora Bruno Ferrari y el sentimiento de los bolsillos. El secretario de Economía hace un par de semanas, tomó literalmente la frase de que los mexicanos no ven la recuperación en sus bolsillos y encontró la solución a ese peliagudo problema. No la ven en sus bolsillos, porque se la gastaron, y dio como prueba el crecimiento de 4 por ciento real en las ventas de las tiendas de autoservicio afiliadas a la ANTAD.

Habría que decirle al señor Ferrari que eso de “ver la recuperación en los bolsillos” se llama metáfora, y se refiere al bienestar económico general que percibe la población.  Habría que explicarle que a la gente le suelen importar más sus posibilidades de gasto o inversión, que lo que tiene en sus bolsillos. Ahorro no es igual a bienestar.

Probablemente el señor secretario de Economía –una de cuyas tareas en las actuales circunstancias de escaso dinamismo económico, entendemos, debería ser la promoción de un mayor consumo- crea que no son los salarios e ingresos reales, sino la proporción de ahorro respecto al producto, lo que genera satisfacción económica a la población.  

“Guárdate algo pa’ mañana, que hay que ser conservador, ya verás como te ahorras pa’ un abrigo de visón”.
 
Ese precandidatazo que es Ernesto Cordero envió la semana pasada un mensaje a los jóvenes. Ahorren, porque si no, se convertirán en una carga para el Estado y para sus familias.

La verdad, el secretario de Hacienda se vio algo lúgubre. Lo que está diciendo es que en las próximas décadas va a haber poco dinero para las pensiones. Está pronosticando que nos dirigimos, inexorablemente, a otra crisis fiscal del Estado. Está admitiendo que ya nos quemamos el famoso bono demográfico.  El que no ahorre, será una carga onerosa. El joven previsor que sí lo haga durante las próximas décadas, podrá utilizar esos dineritos para su todavía lejana vejez. La cosa estará dura. 

¡Ahorren, jóvenes! Aunque los empleos sean escasos y mal pagados. No caigan en la tentación del consumo en la que cayeron sus despilfarradores padres (veáse Ferrari supra). Ahorren o el futuro los alcanzará.

Por otra parte, a los grupos alguna vez  beneficiarios del corporativismo, el gobierno federal “antes sacaba del mandado, les daba pa’ su helado, su cine y su futbol” y “ora con lo que les ha pasado, los tiene más enfriados que un hielo de jaibol”, por lo que recurren a las administraciones locales. 

En fin, ante la visión de otros políticos, que, -en los discursos de campaña, porque en la realidad jamás podrían- te regalan el sol, la luna, la estrella, el mar, el millón y Nueva York, el gabinete Chava Flores opone “puras habas”, “pa’ que no te pase nada”. Las habas, por cierto, tienen entre ellos el pomposo nombre de “estabilidad macroeconómica”.

miércoles, julio 06, 2011

Condescendencia ¿o machismo?


Cuando mi hijo Rayo tenía 6 años y jugaba en Pumitas, en su equipo Conejos jugaba una niña, Lupita. Eran años en los que no había ligas femeninas de futbol infantil y unas pocas niñas atrevidas competían con sus coetáneos varones. 

A partir de la temporada 1988, Conejos –más tarde convertido en Panteras, al llegar a la categoría 8-9- se convirtió en uno de los equipos más temibles. Sólo uno o dos podían hacerle frente sin terminar goleados. Lupita era pieza importante en la recuperación de medio campo. En promedio había una niña por equipo y las había de todo tipo: malas, regulares, buenas (como Lupita) y un par de cracs. Cuando se armó una selección de Pumitas para ir a Guadalajara y enfrentarnos a Chivas y Atlas, la portera original era una niña.  

Habrá sido en 1991, cuando ya eran Zenzontles y estaban en la categoría 10-11, que Lupita sufrió una baja de juego considerable y que pocos nos explicábamos. A media temporada salió el peine: el monitor del equipo le exigía menos, no la reprendía ni la corregía y le aplaudía cualquier pasecito bien dado. La trataba diferente, de manera condescendiente, porque era niña. Antes de finalizar el año, Lupita defeccionó de Pumitas y probablemente del futbol.

Este recuerdo me vino a la mente después de escuchar la narración de los locutores de Televisa en el partido México – Nueva Zelanda, dentro del Mundial Femenil de Futbol que se desarrolla en Alemania. Un partido parejo, en el que las mexicanas manejaban mejor el balón pero cedían terreno a las oceánicas, era narrado como de gran dominio mexicano. Si la mexicana erraba elementalmente un pase, decían “la neozelandesa se cruza”; si mandaba el centro a ningún lado, “le salió un poquito largo” y un largo etcétera.

El Tri femenil iba ganando 2-0 y, aunque dependía de otro resultado para calificar a cuartos de final, estaba haciendo historia al conseguir su primera victoria en Mundiales. En el último cuarto de hora, las neozelandesas cada vez tenían más control del balón, aunque eran muy imprecisas al acercarse al área mexicana, las nuestras rara vez alcanzaban a salir y rebasar media cancha, mientras los locutores ensalzaban a las jugadoras nacionales y pedían al público televidente (el que se había interesado en el campeonato femenil)  que “dejaran a sus hijas jugar futbol”, como si estuviéramos en los años 80. La misma petición hicieron a escuelas y universidades, como si México fuera Afganistán.  

Lo que tenía que pasar, pasó. La escuadra que estaba insistiendo anotó el gol del descuento al agonizar el tiempo regular. Nuestros locutores televisos ni se inmutaron, siguieron regando flores con su micrófono y cantando la victoria histórica, a pesar de que el equipo mexicano, a ojos vista, se había terminado de desdibujar. En los minutos de reposición, en un descuido imperdonable de la defensa, las rivales consiguieron el empate, que les supo a victoria y que resultó muy amargo para las mexicanas y para los aficionados… pero no para los locutores, que siguieron hablando del esfuerzo de nuestras chicas, de las condiciones difíciles en las que trabajan, de lo maravillosas que son. ¿Les metieron dos goles en tres minutos? No importa, son niñas. La misma tónica condescendiente y paternalista se repitió en los noticieros deportivos y en las secciones de deportes de la información general de la tele.

En lo personal, creo que las mexicanas dieron un gran partido ante Inglaterra, se cayeron mentalmente ante Japón y lo volvieron a hacer ante una escuadra inferior, la de Nueva Zelanda. A ratos se desconcentraban y, sin una disciplina táctica constante y obsesiva, es difícil triunfar.
 
Pero también es difícil hacerlo en un ambiente periodístico que las trata como aquel monitor trataba a Lupita. Toda sobreprotección es dañina. En este caso esconde un machismo inveterado que no se atreve a decir su nombre. Las jugadoras merecen una felicitación, pero también las críticas que las ayudarán a competir mejor la próxima vez. No les regalan las críticas. Total, son niñas.

viernes, julio 01, 2011

A-Gon quema la liga


Mexicanos en GL. Junio

Llegamos a la mitad de la temporada de Grandes Ligas, es hora del juego de estrellas y la posición más codiciada y competida, primera base de la Liga Americana es propiedad de Adrián González, quien superó en las votaciones al slugger de los Yanquis y líder jonronero Mark Teixeira. Con toda justicia, porque A-Gon está quemando la liga. Por lo demás, este mes vio cómo regresaba Joakim Soria a ser el cerrador confiable que todos conocemos y cómo los Padres de San Diego le dieron las gracias a Jorge Cantú, quien todavía no encuentra equipo alguno que lo acoja.   

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado a lo largo de la temporada.

Adrián González tuvo en junio un mes magnífico, que lo catapultó al liderato de bateo de la Liga Americana.
En el mes bateó para .404, con 6 jonrones y 25 producidas, se ponchó menos y recibió más pasaportes. Al cierre, lideraba las mayores en porcentaje, con .352 y en remolcadas, con 71, en hits, en extrabases y en bases totales. Era segundo de la Americana en dobles y slugging, tercero en porcentaje de embasamiento y OPS, y noveno en cuadrangulares. Por si eso fuera poco, la métrica denominada UZR lo ubica como el mejor primera base defensivo por un margen significativo. Lleva marca de .352, con 16 jonrones y 71 carreras producidas. Gran contratación de los Medias Rojas.

Fernando Salas, ahora como cerrador oficial de los Cardenales, no se vio tan impasable como en los dos primeros meses de la temporada, pero ha cumplido bien su trabajo. El discreto lanzador derecho ganó 2 juegos, perdió otros tantos, salvó 3 y desperdició dos rescates durante el mes. Su marca del año: 4-2, 13 salvados, 2 desperdicios, 2 holds, y un porcentaje de carreras limpias de 2.73.

Jaime García ha caído ligeramente en su efectividad. Los bateadores están encontrando un poquito más su difícil recta sinkeada (él y Zach Britton lanzan rectas y les salen sinkers), pero en general sigue siendo un pitcher dominante y confiable. En el mes tuvo 6 salidas, 3 de ellas de calidad, y marca de 2-2. En la temporada, 7-3, 3.33 de PCL y 91 chocolates recetados.

Yovani Gallardo.  A diferencia del mes anterior, el derecho michoacano estuvo inconsistente en junio, pero a su estilo: tres salidas excepcionales y dos pésimas. En una de sus aperturas buenas, el bullpen le tiró lastimosamente el juego. En el mes, 2-2, con 4.00 de carreras limpias; en el año: 9-4, 3.92 y 94 ponches.

Joakim Soria le dio la vuelta a su horrendo mayo. Como habíamos supuesto, el problema era más de autoconfianza que de velocidad. Un par de apariciones en situación tranquila fueron suficientes para que el de Monclova recordara que es una estrella. Tras navegar en mar calmo, pudo sortear las tormentas del noveno inning y cerró a la perfección los siguientes juegos. En el mes, se le embasó un adversario cada dos entradas lanzadas y le batearon para .098. El resultado en números: 1-0,  6 salvamentos y 0.00 de limpias. En lo que va de la campaña: 4-3, 13 salvados, 5 desperdicios y 4.24 de PCL.

Jorge De la Rosa salió bien librado de la operación Tommy John que lo deja fuera por el resto de la temporada. Su marca en 2011: 5-2, 3.51 y 52 ponchados.

Luis Ayala ha servido como caballito de batalla en el bullpen de los Yanquis, apareciendo en 11 ocasiones durante junio; lo sigue haciendo muy bien, porque en el mes apenas le anotaron una carrera. En el año, 1-1, con 1.42 de limpias y una ventaja sostenida (hold).

Alfredo Aceves abrió un juego para Boston en el mes (se fue sin decisión, tras perder groseramente el control de su pelota en el quinto inning) y funcionó mejor como relevista largo de los patirrojos. En el mes ganó un juego, tuvo un salvamento en magnífico relevo largo y se agenció dos holds. En la campaña, 3-1, un salvamento, un desperdicio, cinco ventajas sostenidas y 3.86 de limpias.

Jerry Hairston Jr.. continuó mejorando su porcentaje de bateo (ya se sabe que sus mejores cualidades son defensivas), y jugó en distintas posiciones para los Nacionales de Washington. Para su desgracia, un pelotazo a fin de mes le fracturó la muñeca y lo mandó a la lista de lesionados. En el año lleva .260, 2 jonrones, 17 producidas y dos robos.

Marco Estrada, sin pitchear tan mal, acumuló derrotas y desperdicios para los Cerveceros durante junio, lo que abolló su trabajo de los dos primeros meses. El de San Luis Río Colorado tiene marca de 1-5, con 4 holds y 3 desperdicios, su porcentaje de limpias se disparó hasta 4.97.

Rod Barajas sufrió un esguince en el tobillo a mediados de mes, los conflictuados Dodgers esperan su regreso a principios de julio. En el mes le alcanzó para un jonrón y 6 producidas. En el año: .220, con 8 cuadrangulares y 21 remolcadas.

Scott Hairston ve acción intermitente con los Mets. Batea para .244 con 3 jonrones y 12 producidas.

Jorge Cantú no pudo con el paquete de Petco Park. El amplio parque de los Padres resultó letal para el toletero tamaulipeco. De cuarto bat, pasó a quinto, a sexto y a séptimo, y rara vez respondió. Al final, los de San Diego lo dejaron ir. A diferencia de la vez que dejó Tampa, Jorge tomó las cosas con filosofía, lo que es indicativo de mayor madurez (y de que su campaña era indefendible): Sus números: .194, con 3 jonrones y 16 impulsadas.

Francisco Rodríguez, (0-0, un hold y 4.31 de limpias) sigue en la lista de lesionados de los Angelinos.

Rodrigo López ha trapeado innings en el relevo de los Cachorros de Chicago. En el camino, se ha llevado dos derrotas. Una fue por un jonrón que le pegó su antiguo cliente, Albert Pujols. La otra, por carreras sucias. En el año lleva 0-2 y 5.40 de PCL.

Alfredo Amézaga sigue en AAA. Sus numeritos en la Gran Carpa durante 2011: .242, con 5 anotadas y dos producidas

Juan Castro apenas jugó un partido en junio, y los Dodgers lo dejaron ir. El mochiteco ha afirmado que contempla el retiro. Es, junto con Fernando Valenzuela, el mexicano que ha jugado en más temporadas ligamayoristas. Sus números de este año: .286 con una impulsada.

Ramiro Peña ahora sí jugó este mes con los Yanquis, aprovechando la lesión de Derek Jeter. Debutó en 2011 con un jonrón, pero luego su bat volvió a su habitual flacura, que contrasta con su buen guante. Lleva .111 con una remolcada.

Dennys Reyes (0-0, con 16.20 de carreras limpias) sigue en ligas menores.