lunes, septiembre 02, 2013

Yovani resurge, el Mariachi se desinfla



Mexicanos en GL.

Agosto  2013

Hay ocasiones en que un viaje a la lista de lesionados resulta de lo más positivo. Le pasó a Yovani Gallardo, quien fue el lanzador más efectivo en Grandes Ligas en agosto, y también a su compañero de equipo, Marco Estrada.  Por su parte, Jorge De la Rosa fue el más ganador. Quien, en cambio, vio cómo se desdibujaba una muy buena temporada fue el pitcher tapatío Miguel González. En fin, un mes que tuvo de todo.

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado en la temporada (como siempre, se incluyen los mexico-americanos que estuvieron en el equipo de México en el Clásico Mundial).

Adrián González ha mantenido una consistencia digna de su fama. En el gran agosto de los Dodgers bateó para .284, con 4 jonrones y 21 carreras impulsadas. Sus números del año son: .293, con 19 cuadrangulares y 86 producidas, además de una base robada. Por lo pronto, aunque ya no es el slugger de antes, superó el número de vuelacercas conectados el año pasado y va rumbo a otra temporada con más del centenar de remolques.

Sergio Romo.  El bajito cerrador de los alicaídos Gigantes tuvo un excelente agosto. Apenas admitió una carrera en 11 apariciones en la loma. Ganó un juego y salvó 9. Su marca del año: 4 ganados, 6 perdidos, 2.65 de limpias y 33 salvamentos.

Jorge De la Rosa terminó agosto en el liderato de juegos ganados en la Liga Nacional, tras ligar cinco triunfos consecutivos. De sus seis aperturas del mes, tres fueron de calidad (lanzó al menos 6 entradas y recibió 3 carreras limpias o menos). En otra, tuvo que salir por problemas en el pulgar (“sentía que se me salía de la mano, tras cada lanzamiento) y la quinta victoria fue por buen apoyo ofensivo de sus Rockies. El de Monterrey tuvo récord en el mes de 5-1 con 3.78 carreras limpias por cada 9 innings lanzados; en el año: 15-6, con 3.33 y 107 ponches.

Yovani Gallardo está dándole la vuelta a un año que pintaba muy mal. En julio se lesionó el tendón de la corva y, durante su recuperación, notaron que había cambiado su mecánica de pitcheo por el problema en la pierna (es decir, su brazo era el de siempre). Se recuperó con todo y mecánica, para comportarse en la loma como superestrella. Tres aperturas en agosto, todas ellas de calidad, para marca de 2-0 y un minúsculo 0.90 de PCL. En el año, 10-9, 4.39 de limpias y 114 ponches. Yovani es apenas el segundo mexicano en tener 10 o más victorias en cinco temporadas consecutivas (el primero, obviamente, fue Fernando Valenzuela) y, si cierra bien 2013, podrá superar a Rodrigo López y colocarse como uno de los 5 máximos ganadores entre los lanzadores mexicanos en Grandes Ligas de todos los tiempos.

Jaime García no volverá a lanzar en la temporada, pero salió bien de su operación, al grado que ya ha tirado desde el bullpen. El de los Cardenales quedó con marca de 5-2, 3.58 de limpias y 43 ponchados.

Miguel González tuvo dos salidas decentes a principios de mes, en las que se fue sin decisión y con las que parecía que mejoraba su última mala racha. Las dos siguientes fueron una mala y la otra desastrosa. El tapatío de los Orioles lanzó en agosto con 5.25 de efectividad, con 0 ganados y 2 perdidos. Bajó a 8-7, con 4.11 y 99 sopitas de pichón.

Marco Estrada estuvo largo rato en la lista de lesionados, pero regresó muy diferente de cómo estuvo a principios de temporada, y para bien. Primero, 5 entradas en las que sólo permitió un hit; después dos joyas de pitcheo con intermedios de salidas decentes. En agosto:  2-0, con 2.61 de limpias. En el año: 6-4, 4.49 de limpias y 99 ponches.

Óliver Pérez  tuvo un agosto feo tirándole a horroroso, sobre todo por una actuación para el olvido en la que sacó dos outs y recibió 5 carreras y hasta los bateadores zurdos le pegaron. Para el sinaloense de los Marineros, en el mes: 0-1, 3 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento) y un horrendo 10.80 de efectividad. En la campaña, 2-3,  3.97 de PCL, 2 rescates, 7 holds y 64 ponches (en sólo 45 entradas lanzadas).

Joakim Soria se ha mantenido discreto y efectivo como preparador de cierre de los Rangers de Texas. El de Monclova tiene récord de 0-0, 3.00 de limpias y 6 holds.

Luis Ayala vio poca acción con los poderosos Bravos de Atlanta, pero no aceptó una sola carrera y ganó un juego. Su marca del año: 2-1 y 3.00 de efectividad y 4 holds.

Cèsar Ramos, relevo intermedio de las Rayas de Tampa Bay, sigue cumpliendo a secas. En la temporada: 2-2, 4.50 de PCL, un salvado, un hold y 38 ponches.

Fernando Salas ha rotado entre las menores y el bullpen de los Cardenales de San Luis. Su marca del año,  0-2, con 4.50 de efectividad, un hold y 18 ponches.

Alfredo Aceves sigue entre lesionado y castigado por los Red Sox. Sus números en 2013: 4-1, 4.86 de efectividad y 24 ponches.

Scott Hairston pasó a los Nacionales de Washington, ha jugado un poco más y bateado mejor (.261 en agosto). El menor de los Hairston Arellano lleva 9 cuadrangulares, 23 impulsadas y dos robos de base, pero pega para sólo .189.

Ramiro Peña estará fuera de acción el resto de la temporada. El utility de Atlanta terminó el año con .278, 3 jonrones y 12 producidas.

Jerry Hairston Jr. cubre suplencias para los Dodgers, y se le notan los años que tiene encima. Batea, en la temporada,  para .233, con dos jonrones y 22 producidas.

Luis Mendoza, tras perder su puesto en la rotación de los Reales, ha trapeado innings con regular suerte. En agosto perdió un juego. En el año: 2-6 y 5.06, con 63 ponches recetados.

Luis Cruz está en la lista de lesionados de los Yanquis, y es difícil que vuelva. 2012 fue un annus terribilis para él: .145 de porcentaje, un jonrón, 11 remolcadas y un robo.

Édgar González tampoco regresará. Su marca del año, con los Astros: 0-1 y 7.50 de carreras limpias. 

jueves, agosto 29, 2013

Biopics: Nace Camilo



El 19 de febrero de 1985 fui a dar mis clases como de costumbre, aunque Patricia ya había sentido una o dos contracciones durante la madrugada. Sabíamos que la criatura en camino, cuya fecha probable de nacimiento era el 5 de marzo, se adelantaría, pero no imaginábamos qué tanto. De hecho, ella había citado a un paciente –Miguel Ángel Velasco, el Ratón, el conocido luchador social- para las once de la mañana.
Precisamente a esa hora terminé mis clases y, exactamente cuando llegaba a la oficina recibí una llamada telefónica. Las contracciones se habían hecho regulares. De inmediato tomé el auto para la casa; allí me esperaba Patricia, que había sido capaz de sacar al Rayito del kínder para que lo lleváramos a pasar unos días con sus tíos y primos. Tomamos ruta hacia la colonia Roma.

Era una tarde muy contaminada y con harto tráfico. Pensaba yo que el nuevo hijito nacería en una ciudad llena de smog, de cielo gris (quizá también llovería, pero no llovió). Dejamos rapidísimo a Raymundo con mi cuñada María Cristina y nos dirigimos al hospital Dalinde, que estaba a unas cuadras.

A diferencia de lo sucedido cuatro años atrás, ese día las cosas se sucedieron con mucha rapidez. Patricia estuvo sólo media hora en trabajo de parto y el doctor llegó apenas a tiempo para el alumbramiento (la experta del parto psicoprofiláctico ni siquiera pudo arribar, pero esta vez tampoco era necesaria).

Asistí a la maravillosa escena. El bebé –que fue otro varoncito- nació con facilidad, a las 3:05 de esa tarde. Aunque a la madre le dieron tremores y un frío intenso, pronto se le pasó. El pequeñito estaba todo cubierto de secreciones, además de la normal capa blanquecina, así que los doctores se encargaron de aspirarlas, ante mi maravillada mirada. Era precioso y saludable. Ya sabíamos que se llamaría Camilo, nombre que escogimos por el puro gusto sonoro (varios amigos y compañeros me preguntaron si era por los guerrilleros Camilo Torres o Camilo Cienfuegos; me complacía en responderles de manera políticamente incorrecta: que era por Don Camillo, el sacerdote anticomunista personaje de las novelas de Guareschi).

Esa vez llevé como compañía de lectura al hospital la novela Ciudades Desiertas, de José Agustín. Mi mamá estaba de visita en Cuba, así que el único que fue al Dalinde a conocer a su nieto fue mi orgulloso padre, quien me felicitaba una y otra vez. Ya a su regreso, y en casa, mi mamá vio al nietecito.

En la casa, no me cansaba de admirar al pequeño recién nacido en su bambineto. Llegó Raymundo y se le quedó mirando largo rato. Pensé: “ha de estar tan maravillado como yo”. No era tan así, porque el hermano mayor llegó a una conclusión decepcionada:

-Mmm, ni juega.

Luego jugaría, y mucho. Pero por lo pronto, Camilo, el Milosc, (a quien vemos en la foto unos añitos después) era sólo uno de los humanos más jóvenes del planeta, uno que me llenaba el alma de gozo.

martes, agosto 27, 2013

El engrudo



En los últimos días se han acumulado los frentes que tiene que atender el gobierno de la República, y cada uno es una maraña. Deberá tener sumo cuidado para que no se le enreden unos con otros, porque entonces tendría dificultades serias para salir del embrollo, se le haría bolas el engrudo y con ello sufriría el país.

Por una parte, y presidiendo ominosamente los problemas, está la cuestión económica. Los datos recientes hablan de un freno más severo de lo que se pensaba: el “Mexican moment” todavía no es, y las señales son de evidente estancamiento. Las inversiones privadas se anuncian, pero aún no se realizan. El gasto público, si acaso no hay subejercicio, ha sido totalmente insuficiente para detonar el crecimiento en otros sectores. Se prevé una creación de empleos tan baja como en los sexenios panistas y no se vislumbra mejora en los ingresos de la población. Seguimos en el estancamiento estabilizador.

Queda cada vez más claro que, como señaló el vicegobernador del Banco de México, el modelo guiado por las exportaciones está llegando a su fin. Lo que no se percibe es qué tipo de modelo va a sustituir al vigente: el mercado interno no da grandes signos de vida. Sólo con una reforma fiscal a fondo podemos pensar en volver a crecer a tasas decentes.

En ese contexto, es evidente que la desestabilización política causada por las movilizaciones de los activistas de la CNTE contribuye a mantener inversiones potenciales en estado de latencia. Están a la expectativa de ver qué tanto se respetan, a la hora de la verdad, el estado de derecho y la propiedad privada.

Nadie puede llamarse a engaño por las actitudes provocadoras de la Coordinadora. Estaban anunciadas de antemano, como parte de un proyecto general de desestabilización, en el que convergen diferentes intereses. Hubo omisión, tanto de los gobiernos federal y capitalino, así como del Congreso, para salvaguardar de manera pacífica las sedes del Poder Legislativo. Fue penosa la imagen de legisladores en fuga hacia un centro bancario, convertido a toda prisa en sede alterna. Algo impensable en un país serio.

Lo que ha seguido parece obedecer a un guión escrito con alevosía. Lo absurdo de las demandas, la toma total del Zócalo, el alucinante bloqueo al aeropuerto y los innecesarios plantones frente a las embajadas tienen el patente objetivo de exasperar a la población del DF. Son cada vez más quienes exigen mano dura para tratar a los activistas magisteriales y tal vez de eso se trate, también: desgastar la imagen de autoridad de los gobiernos federal y local, que son vistos como incapaces de restablecer el orden.

Ese vacío deja espacio para los extremos. Ya hemos visto reaccionar verbalmente a las alas más radicales del PAN y del PRD. Habrá quien saque raja de la polarización.

Todo lo que afecte al Pacto por México es visto con gusto por los de la CNTE y sus compañeros de aventura. Ahora de lo que se trata es de estirar la soga y ligar la lucha contra la reforma educativa (que tiene apoyo mínimo en la población) con la resistencia ante la reforma energética (que cuenta con más simpatías, envueltas en la retórica nacionalista). De hecho, está por empezar la pelea entre caudillos para ver quien se pone al frente. En cualquier caso, el resultado político es cimbrar el acuerdo que ha permitido al gobierno avanzar en las reformas y dar la impresión de que vino a cambiar el país, y no sólo a administrar su crisis recurrente.

El caso es que el gobierno ha podido cerrar plenamente dos de las reformas más importantes previstas (la financiera y la de telecomunicaciones, a la que todavía le falta la definición de los miembros de las comisiones de competencia e Ifetel); todavía no acaba con la de educación y ya se le viene encima la energética. Habría que preguntarse si, cerrada la primera –porque la evaluación a maestros sí pasará-, y en trámite la segunda, habrá aliento político para lanzar este año la más importante, que es la fiscal.

Empiezo a pensar que no. Que el desgaste de las reformas educativa y energética será suficiente para el primer año. También empiezo a sospechar que, en aras de la paz social, la reforma energética terminará pareciéndose más al parche propuesto por el ingeniero Cárdenas y el PRD que a la iniciativa del Ejecutivo. Ojalá me equivoque porque, si se le agregan ciertos candados que la hagan transparente, la versión de Peña Nieto es mejor, según mi opinión.

Si eso es así, y no hay reforma fiscal, tendremos otro presupuesto inercial, que mantendrá la economía en sus mediocres niveles recientes, e incrementará las demandas sociales. Pero si no se cierra exitosamente la reforma energética simplemente no habrá condiciones para un debate hacendario a la altura de las necesidades del país.

Completa el panorama el tema de la inseguridad, que ahora está tomando un nuevo rostro: el de las guardias comunitarias, que se han multiplicado como virus en diferentes municipios del país. No deja de ser significativo que la razón –o el pretexto, en algunos lados- para el surgimiento de estas organizaciones ha sido precisamente la ausencia o debilidad de las autoridades del Estado para cumplir con su función básica.

Resulta difícil distinguir entre estas guardias. Algunas están coludidas con grupos de la delincuencia organizada. Otras responden a intereses políticos generales de desestabilización (son compañeros de viaje de los polarizadores profesionales). Otras más, son expresiones auténticas, pero que –por su propia naturaleza- pronto pueden decantarse hacia alguna de las primeras opciones. En todos los casos, son un fenómeno a combatir. Una plaga.

Un frente económico complicado, varios frentes políticos que se agolpan unos con otros y una serie de frentes de seguridad que se multiplican han sido el pago para un gobierno muy activo en propuestas destinadas a resolver problemas añejos de la nación, pero que hasta ahora no ha podido aterrizarlas todas.

Si se mantiene el orden político, habrá posibilidad de avanzar paulatinamente en las transformaciones legislativas y económicas, así como en la recuperación de los territorios.

Cuando el engrudo empieza a hacerse bolas, hay que hacer tres cosas. Agregar agua, apagar el fuego y batir con fuerza para que la mezcla se mantenga. En otras palabras: mantener la cabeza fría, no atizar las hogueras y hacer política, mucha política.
  

jueves, agosto 22, 2013

Biopics: En la ruta de Lampedusa



En La Journée

Tras aliviarme de la hepatitis, retomé mis clases y mis otras actividades. Entre ellas destacaban las periodísticas. Una vez a la semana iba a las oficinas de Punto, habiendo pergeñado mi artículo y la “sección económica”, que comentaba amablemente con don Benjamín Wong, el director. Otro día iba a La Jornada, igualmente a entregar mi colaboración semanal y a platicar con Payán, que era muy abierto, cuando estaba, con algún subdirector, con los cuates de la Mesa (de redacción) y, sobre todo, con los editores de La Jornada Semanal, el suplemento cultural: Fernando Solana Olivares (ese Fernando), Sergio González Rodríguez y Andrés Hoffmann. La Journée, le decía el Serge.  
Esas eran pláticas de todo y de todos. La mayoría, muy cotorras. Recuerdo una discusión sobre qué bebía Dios. González Rodríguez decía que bebía whisky, Solana insistía en que bebía agua y Hoffmann, el más bíblico, en que bebía vino. Yo decía que Coca-Cola y eso le parecía perverso al Sergeof all people-. En esas pláticas concluimos que Hoffmann era un “pato masoquista” (algo tenían que ver sus obsesiones amorosas con una mujer inalcanzable que yo conocía).
Hablábamos mucho de literatura, de la ajena sobre todo, pero también un poco de la nuestra. Les pasé una colección de cuentos míos. Solana me dijo que él sería mi agente para colocarlos en alguna editorial. Luego agregó: “voy a ser como el agente de Lampedusa, te voy a hacer famoso póstumamente”.
Efectivamente, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El Gatopardo, murió años antes de que se publicara esa, su única novela.
Pasadas las décadas, veo que Solana tenía boca de profeta. Presiento que nunca publicaré. Por lo pronto utilizo este medio para avisarle que la colección de relatos ha sido actualizada.

Gordito por un ratito

El reposo y la ingesta de caramelos durante mi convalescencia hepática hicieron que aumentara de volumen. Agréguese a ello que, tras desayunar “nutritivo” pero insuficiente cereal, a mediodía me daba un hambre atroz e iba con Maca y con Fernando Calzada a la entonces Facultad de Ciencias a devorar, cada uno, una enorme Torta Pumita, el resultado fue de ensanchamiento progresivo.
En una de esas, Toño Ávila, con la diplomacia jarocha que lo caracteriza, me dice: “Mi buen Panco, estás hecho un cerdo”. Agregó, sentencioso: “Debes correr una milla y hacer cien abdominales al día”.
No recuerdo qué le contesté a Toño. Sí, que al día siguiente me pesé y encontré, con horror, que la báscula marcaba 81 kilos. De ahí me fui al parque cercano a mi casa, medí su perímetro a grandes pasos y concluí que constaba de 400 metros. Me dije: “Qué mamada lo de la milla, correré 1,600 metros”. Sólo pude dar una vuelta y alcancé a hacer diez abdominales. ¡Qué pérdida de condición!
Cada día, aumenté un abdominal (luego fui de cinco en cinco) y cada semana una vuelta más. Pronto estaba haciendo la “milla” y el centenar. Cuando uno es joven, el cuerpo responde con rapidez: bajé velozmente de peso. Para febrero de 1985 andaba por los 76 kilos y todavía bajaría otros más.

jueves, agosto 15, 2013

La reforma de EPN y las izquierdas




La iniciativa de reforma energética propuesta por el presidente Peña Nieto merece, por lo menos, una discusión seria, de argumentos, exenta de calificativos. La merece porque no se trata de una propuesta al vapor y porque ha tratado de incluir lo esencial de los puntos de vista de las principales corrientes político-ideológicas del país.

Por supuesto, la propuesta no complació a los dos extremos del espectro. Ni a quienes esperaban una iniciativa abiertamente privatizadora –posición desilusionada que definen, mejor que nadie, el Wall Street Journal y el índice de la BMV-, ni a quienes desde el principio habían descalificado, en aras de la supuesta honra de la nación, cualquier cambio al desastroso estado actual de las cosas –y aquí el ejemplo evidente es el lopezobradorismo-.

Pero el carácter incluyente está allí, y abreva de la historia de México. Al retomar palabra por palabra el texto del artículo 27 Constitucional, como en la época de Lázaro Cárdenas, la iniciativa no sólo desarma uno de los argumentos previsibles en su contra, sino que toma partido: no hay privatización, no hay pago en especie, no hay pérdida de control de los bienes de la nación, pero sí contratos de utilidad compartida.

Puede argumentarse que en 1940 Pemex era apenas una empresa naciente, que partió prácticamente de cero, tuvo que improvisar muchos de sus técnicos y a la que faltaba capitalización. Pero puede contra argumentarse que en 2013, como hace 73 años, la empresa no tiene las mejores capacidades técnicas para aprovechar de la mejor manera el petróleo, en beneficio de la nación. El ejemplo de los yacimientos inexplotados en aguas profundas es, tal vez, el más claro.

Sobre los otros puntos de la iniciativa, prácticamente hay consenso: es necesario un nuevo régimen fiscal para Pemex, la empresa debe reestructurarse porque tiene un exceso de subsidiarias y, sobre todo, es necesaria una política de transparencia, que no existe en la paraestatal y en todo el sector energético.

Veo más similitudes entre la propuesta de EPN y la izquierda, que con la que realizó el PAN. Los dos primeros consideran que el Estado es quien debe llevar las riendas del sector energético, mientras que el segundo apunta a un mercado competido, con una empresa estatal grande, pero sin dientes. La diferencia –que me parece es más de matiz que de fondo- es cómo entender el papel hegemónico del Estado. Para unos es de organización y control; para otros, de propiedad.

Se entiende bastante que López Obrador, que apuesta a la inestabilidad nacional y ve en el espantajo de la “privatización de nuestro petróleo” un buen pretexto para la movilización callejera, esté abiertamente en contra (lo está de absolutamente todo lo que provenga del Ejecutivo). Se entiende menos que el PRD pinte su raya del mismo lado, y pretenda diferenciarse de Morena exclusivamente en los términos del tipo de lucha, entre otras cosas, porque también ahí tiene todas las de perder.

Me explico. Según todas las encuestas, la mayoría de los mexicanos está en contra de cualquier privatización de Pemex. La iniciativa presidencial ha sido cuidadosa en evitarlo y ha retomado el reglamento cardenista precisamente para subrayar esto. Es de esperarse que realice una amplia campaña de comunicación social para tranquilizar a la población al respecto.

No está dicho que esa probable campaña prospere. Del otro lado –y me refiero a López Obrador- se ha manejado, desde hace tiempo, con machacona insistencia, que Peña Nieto quiere entregar nuestro petróleo a los voraces empresarios. En la medida en que persista esta creencia, el único favorecido será su movimiento. Se creará una polarización (tan grata a AMLO): por un lado, quienes crean que efectivamente la reforma energética de Peña Nieto permite al Estado mantener el control de los hidrocarburos y ayudará a detonar el crecimiento; del otro, quienes piensen que será un desastre equivalente a la venta del territorio nacional. A parte, pero apoyando tibiamente la reforma como el mal menor, los conservadores que no están en contra de la privatización. En ese esquema, el PRD jugará, si acaso, el papel de comparsa.

En los próximos días veremos una férrea disputa por ver quién interpreta mejor el legado de Tata Lázaro. La versión documento, del gobierno, la versión Tatita Cuauhtémoc, del PRD o la versión Bartlett, de López Obrador y asociados. Si la versión de Cuauhtémoc no está planteada con pelos y señales, y equivale a más de lo mismo (que es lo que supongo), quedará desdibujada, por más que se trate del hijo del prócer.

El PRD está cometiendo, a mi juicio, un error de óptica. La reforma es perfectible, pero es positiva. En vez de empujar para limitar a ciertas circunstancias específicas la posibilidad de generar contratos de responsabilidad compartida, de insistir en la necesidad de transparentar Pemex –empresa pública opaca, si las hay- y de abonar para que la redefinición del régimen fiscal de Pemex se haga en función de las necesidades de la nación, y no con lógica empresarial, el sol azteca está aliándose en los hechos con su principal enemigo.  

Tal vez esto sea lo que no han entendido los perredistas –bueno, los que no forman parte de la quintacolumna de Andrés Manuel, que sí sabe lo que hace-: el pleito de Morena es con ellos, más que con cualquier otra fuerza política o social. No es sólo porque se disputan la misma clientela electoral. Es, sobre todo, por la ambición de su líder por copar para sí todo un espectro de la gama política (el que sea, pero le tocó la izquierda), como parte de sus planes personales.

Es de suponerse que, aunque navegará en mares tormentosos, la reforma energética propuesta por Peña Nieto llegará, con cambios menores, a puerto. Ojalá, por el bien de la nación, que estos cambios no sean en un sentido favorable a los intereses más conservadores. Y ojalá que en el PRD despertaran de su alucinación, se dieran cuenta de las intenciones del Mesías tropical, se quitaran las cadenas de los maximalismos y fueran capaces de contribuir a una reforma que tiene sentido de nación y también sentido común.