lunes, septiembre 02, 2013
Yovani resurge, el Mariachi se desinfla
Mexicanos en GL.
Agosto 2013
Hay ocasiones en que un viaje a la lista de lesionados resulta de lo más positivo. Le pasó a Yovani Gallardo, quien fue el lanzador más efectivo en Grandes Ligas en agosto, y también a su compañero de equipo, Marco Estrada. Por su parte, Jorge De la Rosa fue el más ganador. Quien, en cambio, vio cómo se desdibujaba una muy buena temporada fue el pitcher tapatío Miguel González. En fin, un mes que tuvo de todo.
Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado en la temporada (como siempre, se incluyen los mexico-americanos que estuvieron en el equipo de México en el Clásico Mundial).
Adrián González ha mantenido una consistencia digna de su fama. En el gran agosto de los Dodgers bateó para .284, con 4 jonrones y 21 carreras impulsadas. Sus números del año son: .293, con 19 cuadrangulares y 86 producidas, además de una base robada. Por lo pronto, aunque ya no es el slugger de antes, superó el número de vuelacercas conectados el año pasado y va rumbo a otra temporada con más del centenar de remolques.
Sergio Romo. El bajito cerrador de los alicaídos Gigantes tuvo un excelente agosto. Apenas admitió una carrera en 11 apariciones en la loma. Ganó un juego y salvó 9. Su marca del año: 4 ganados, 6 perdidos, 2.65 de limpias y 33 salvamentos.
Jorge De la Rosa terminó agosto en el liderato de juegos ganados en la Liga Nacional, tras ligar cinco triunfos consecutivos. De sus seis aperturas del mes, tres fueron de calidad (lanzó al menos 6 entradas y recibió 3 carreras limpias o menos). En otra, tuvo que salir por problemas en el pulgar (“sentía que se me salía de la mano, tras cada lanzamiento) y la quinta victoria fue por buen apoyo ofensivo de sus Rockies. El de Monterrey tuvo récord en el mes de 5-1 con 3.78 carreras limpias por cada 9 innings lanzados; en el año: 15-6, con 3.33 y 107 ponches.
Yovani Gallardo está dándole la vuelta a un año que pintaba muy mal. En julio se lesionó el tendón de la corva y, durante su recuperación, notaron que había cambiado su mecánica de pitcheo por el problema en la pierna (es decir, su brazo era el de siempre). Se recuperó con todo y mecánica, para comportarse en la loma como superestrella. Tres aperturas en agosto, todas ellas de calidad, para marca de 2-0 y un minúsculo 0.90 de PCL. En el año, 10-9, 4.39 de limpias y 114 ponches. Yovani es apenas el segundo mexicano en tener 10 o más victorias en cinco temporadas consecutivas (el primero, obviamente, fue Fernando Valenzuela) y, si cierra bien 2013, podrá superar a Rodrigo López y colocarse como uno de los 5 máximos ganadores entre los lanzadores mexicanos en Grandes Ligas de todos los tiempos.
Jaime García no volverá a lanzar en la temporada, pero salió bien de su operación, al grado que ya ha tirado desde el bullpen. El de los Cardenales quedó con marca de 5-2, 3.58 de limpias y 43 ponchados.
Miguel González tuvo dos salidas decentes a principios de mes, en las que se fue sin decisión y con las que parecía que mejoraba su última mala racha. Las dos siguientes fueron una mala y la otra desastrosa. El tapatío de los Orioles lanzó en agosto con 5.25 de efectividad, con 0 ganados y 2 perdidos. Bajó a 8-7, con 4.11 y 99 sopitas de pichón.
Marco Estrada estuvo largo rato en la lista de lesionados, pero regresó muy diferente de cómo estuvo a principios de temporada, y para bien. Primero, 5 entradas en las que sólo permitió un hit; después dos joyas de pitcheo con intermedios de salidas decentes. En agosto: 2-0, con 2.61 de limpias. En el año: 6-4, 4.49 de limpias y 99 ponches.
Óliver Pérez tuvo un agosto feo tirándole a horroroso, sobre todo por una actuación para el olvido en la que sacó dos outs y recibió 5 carreras y hasta los bateadores zurdos le pegaron. Para el sinaloense de los Marineros, en el mes: 0-1, 3 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento) y un horrendo 10.80 de efectividad. En la campaña, 2-3, 3.97 de PCL, 2 rescates, 7 holds y 64 ponches (en sólo 45 entradas lanzadas).
Joakim Soria se ha mantenido discreto y efectivo como preparador de cierre de los Rangers de Texas. El de Monclova tiene récord de 0-0, 3.00 de limpias y 6 holds.
Luis Ayala vio poca acción con los poderosos Bravos de Atlanta, pero no aceptó una sola carrera y ganó un juego. Su marca del año: 2-1 y 3.00 de efectividad y 4 holds.
Cèsar Ramos, relevo intermedio de las Rayas de Tampa Bay, sigue cumpliendo a secas. En la temporada: 2-2, 4.50 de PCL, un salvado, un hold y 38 ponches.
Fernando Salas ha rotado entre las menores y el bullpen de los Cardenales de San Luis. Su marca del año, 0-2, con 4.50 de efectividad, un hold y 18 ponches.
Alfredo Aceves sigue entre lesionado y castigado por los Red Sox. Sus números en 2013: 4-1, 4.86 de efectividad y 24 ponches.
Scott Hairston pasó a los Nacionales de Washington, ha jugado un poco más y bateado mejor (.261 en agosto). El menor de los Hairston Arellano lleva 9 cuadrangulares, 23 impulsadas y dos robos de base, pero pega para sólo .189.
Ramiro Peña estará fuera de acción el resto de la temporada. El utility de Atlanta terminó el año con .278, 3 jonrones y 12 producidas.
Jerry Hairston Jr. cubre suplencias para los Dodgers, y se le notan los años que tiene encima. Batea, en la temporada, para .233, con dos jonrones y 22 producidas.
Luis Mendoza, tras perder su puesto en la rotación de los Reales, ha trapeado innings con regular suerte. En agosto perdió un juego. En el año: 2-6 y 5.06, con 63 ponches recetados.
Luis Cruz está en la lista de lesionados de los Yanquis, y es difícil que vuelva. 2012 fue un annus terribilis para él: .145 de porcentaje, un jonrón, 11 remolcadas y un robo.
Édgar González tampoco regresará. Su marca del año, con los Astros: 0-1 y 7.50 de carreras limpias.
jueves, agosto 29, 2013
Biopics: Nace Camilo
El 19
de febrero de 1985 fui a dar mis clases como de costumbre, aunque Patricia ya
había sentido una o dos contracciones durante la madrugada. Sabíamos que la
criatura en camino, cuya fecha probable de nacimiento era el 5 de marzo, se
adelantaría, pero no imaginábamos qué tanto. De hecho, ella había citado a un
paciente –Miguel Ángel Velasco, el Ratón,
el conocido luchador social- para las once de la mañana.
Precisamente
a esa hora terminé mis clases y, exactamente cuando llegaba a la oficina recibí
una llamada telefónica. Las contracciones se habían hecho regulares. De
inmediato tomé el auto para la casa; allí me esperaba Patricia, que había sido
capaz de sacar al Rayito del kínder para que lo lleváramos a pasar unos días
con sus tíos y primos. Tomamos ruta hacia la colonia Roma.
Era una
tarde muy contaminada y con harto tráfico. Pensaba yo que el nuevo hijito
nacería en una ciudad llena de smog, de cielo gris (quizá también llovería,
pero no llovió). Dejamos rapidísimo a Raymundo con mi cuñada María Cristina y
nos dirigimos al hospital Dalinde, que estaba a unas cuadras.
A
diferencia de lo sucedido cuatro años atrás, ese día las cosas se sucedieron
con mucha rapidez. Patricia estuvo sólo media hora en trabajo de parto y el
doctor llegó apenas a tiempo para el alumbramiento (la experta del parto psicoprofiláctico
ni siquiera pudo arribar, pero esta vez tampoco era necesaria).
Asistí
a la maravillosa escena. El bebé –que fue otro varoncito- nació con facilidad, a
las 3:05 de esa tarde. Aunque a la madre le dieron tremores y un frío intenso,
pronto se le pasó. El pequeñito estaba todo cubierto de secreciones, además de
la normal capa blanquecina, así que los doctores se encargaron de aspirarlas,
ante mi maravillada mirada. Era precioso y saludable. Ya sabíamos que se
llamaría Camilo, nombre que escogimos por el puro gusto sonoro (varios amigos y
compañeros me preguntaron si era por los guerrilleros Camilo Torres o Camilo
Cienfuegos; me complacía en responderles de manera políticamente incorrecta:
que era por Don Camillo, el sacerdote
anticomunista personaje de las novelas de Guareschi).
Esa vez
llevé como compañía de lectura al hospital la novela Ciudades Desiertas, de José Agustín. Mi mamá estaba de visita en
Cuba, así que el único que fue al Dalinde a conocer a su nieto fue mi orgulloso
padre, quien me felicitaba una y otra vez. Ya a su regreso, y en casa, mi mamá
vio al nietecito.
En la
casa, no me cansaba de admirar al pequeño recién nacido en su bambineto. Llegó
Raymundo y se le quedó mirando largo rato. Pensé: “ha de estar tan maravillado
como yo”. No era tan así, porque el hermano mayor llegó a una conclusión
decepcionada:
-Mmm,
ni juega.
Luego
jugaría, y mucho. Pero por lo pronto, Camilo, el Milosc, (a quien vemos en la foto unos añitos después) era sólo uno de los humanos más jóvenes
del planeta, uno que me llenaba el alma de gozo.
martes, agosto 27, 2013
El engrudo
En los últimos días se han acumulado los frentes que tiene
que atender el gobierno de la República, y cada uno es una maraña. Deberá tener
sumo cuidado para que no se le enreden unos con otros, porque entonces tendría
dificultades serias para salir del embrollo, se le haría bolas el engrudo y con
ello sufriría el país.
Por una parte, y presidiendo ominosamente los problemas,
está la cuestión económica. Los datos recientes hablan de un freno más severo
de lo que se pensaba: el “Mexican moment”
todavía no es, y las señales son de evidente estancamiento. Las inversiones
privadas se anuncian, pero aún no se realizan. El gasto público, si acaso no
hay subejercicio, ha sido totalmente insuficiente para detonar el crecimiento
en otros sectores. Se prevé una creación de empleos tan baja como en los
sexenios panistas y no se vislumbra mejora en los ingresos de la población.
Seguimos en el estancamiento estabilizador.
Queda cada vez más claro que, como señaló el vicegobernador
del Banco de México, el modelo guiado por las exportaciones está llegando a su
fin. Lo que no se percibe es qué tipo de modelo va a sustituir al vigente: el
mercado interno no da grandes signos de vida. Sólo con una reforma fiscal a
fondo podemos pensar en volver a crecer a tasas decentes.
En ese contexto, es evidente que la desestabilización
política causada por las movilizaciones de los activistas de la CNTE contribuye
a mantener inversiones potenciales en estado de latencia. Están a la expectativa
de ver qué tanto se respetan, a la hora de la verdad, el estado de derecho y la
propiedad privada.
Nadie puede llamarse a engaño por las actitudes provocadoras
de la Coordinadora. Estaban anunciadas de antemano, como parte de un proyecto
general de desestabilización, en el que convergen diferentes intereses. Hubo
omisión, tanto de los gobiernos federal y capitalino, así como del Congreso,
para salvaguardar de manera pacífica las sedes del Poder Legislativo. Fue
penosa la imagen de legisladores en fuga hacia un centro bancario, convertido a
toda prisa en sede alterna. Algo impensable en un país serio.
Lo que ha seguido parece obedecer a un guión escrito con
alevosía. Lo absurdo de las demandas, la toma total del Zócalo, el alucinante
bloqueo al aeropuerto y los innecesarios plantones frente a las embajadas
tienen el patente objetivo de exasperar a la población del DF. Son cada vez más
quienes exigen mano dura para tratar a los activistas magisteriales y tal vez
de eso se trate, también: desgastar la imagen de autoridad de los gobiernos
federal y local, que son vistos como incapaces de restablecer el orden.
Ese vacío deja espacio para los extremos. Ya hemos visto
reaccionar verbalmente a las alas más radicales del PAN y del PRD. Habrá quien
saque raja de la polarización.
Todo lo que afecte al Pacto por México es visto con gusto
por los de la CNTE y sus compañeros de aventura. Ahora de lo que se trata es de
estirar la soga y ligar la lucha contra la reforma educativa (que tiene apoyo
mínimo en la población) con la resistencia ante la reforma energética (que
cuenta con más simpatías, envueltas en la retórica nacionalista). De hecho,
está por empezar la pelea entre caudillos para ver quien se pone al frente. En
cualquier caso, el resultado político es cimbrar el acuerdo que ha permitido al
gobierno avanzar en las reformas y dar la impresión de que vino a cambiar el
país, y no sólo a administrar su crisis recurrente.
El caso es que el gobierno ha podido cerrar plenamente dos
de las reformas más importantes previstas (la financiera y la de
telecomunicaciones, a la que todavía le falta la definición de los miembros de
las comisiones de competencia e Ifetel); todavía no acaba con la de educación y
ya se le viene encima la energética. Habría que preguntarse si, cerrada la
primera –porque la evaluación a maestros sí pasará-, y en trámite la segunda,
habrá aliento político para lanzar este año la más importante, que es la
fiscal.
Empiezo a pensar que no. Que el desgaste de las reformas
educativa y energética será suficiente para el primer año. También empiezo a
sospechar que, en aras de la paz social, la reforma energética terminará
pareciéndose más al parche propuesto por el ingeniero Cárdenas y el PRD que a
la iniciativa del Ejecutivo. Ojalá me equivoque porque, si se le agregan
ciertos candados que la hagan transparente, la versión de Peña Nieto es mejor,
según mi opinión.
Si eso es así, y no hay reforma fiscal, tendremos otro
presupuesto inercial, que mantendrá la economía en sus mediocres niveles
recientes, e incrementará las demandas sociales. Pero si no se cierra
exitosamente la reforma energética simplemente no habrá condiciones para un
debate hacendario a la altura de las necesidades del país.
Completa el panorama el tema de la inseguridad, que ahora
está tomando un nuevo rostro: el de las guardias comunitarias, que se han
multiplicado como virus en diferentes municipios del país. No deja de ser
significativo que la razón –o el pretexto, en algunos lados- para el
surgimiento de estas organizaciones ha sido precisamente la ausencia o
debilidad de las autoridades del Estado para cumplir con su función básica.
Resulta difícil distinguir entre estas guardias. Algunas
están coludidas con grupos de la delincuencia organizada. Otras responden a
intereses políticos generales de desestabilización (son compañeros de viaje de
los polarizadores profesionales). Otras más, son expresiones auténticas, pero
que –por su propia naturaleza- pronto pueden decantarse hacia alguna de las
primeras opciones. En todos los casos, son un fenómeno a combatir. Una plaga.
Un frente económico complicado, varios frentes políticos que
se agolpan unos con otros y una serie de frentes de seguridad que se
multiplican han sido el pago para un gobierno muy activo en propuestas
destinadas a resolver problemas añejos de la nación, pero que hasta ahora no ha
podido aterrizarlas todas.
Si se mantiene el orden político, habrá posibilidad de
avanzar paulatinamente en las transformaciones legislativas y económicas, así
como en la recuperación de los territorios.
Cuando el engrudo empieza a hacerse bolas, hay que hacer
tres cosas. Agregar agua, apagar el fuego y batir con fuerza para que la mezcla
se mantenga. En otras palabras: mantener la cabeza fría, no atizar las hogueras
y hacer política, mucha política.
jueves, agosto 22, 2013
Biopics: En la ruta de Lampedusa
En La
Journée
Tras
aliviarme de la hepatitis, retomé mis clases y mis otras actividades. Entre
ellas destacaban las periodísticas. Una vez a la semana iba a las oficinas de Punto, habiendo pergeñado mi artículo y
la “sección económica”, que comentaba amablemente con don Benjamín Wong, el
director. Otro día iba a La Jornada,
igualmente a entregar mi colaboración semanal y a platicar con Payán, que era
muy abierto, cuando estaba, con algún subdirector, con los cuates de la Mesa
(de redacción) y, sobre todo, con los editores de La Jornada Semanal, el
suplemento cultural: Fernando Solana Olivares (ese Fernando), Sergio González Rodríguez y Andrés Hoffmann. La Journée, le decía el Serge.
Esas
eran pláticas de todo y de todos. La mayoría, muy cotorras. Recuerdo una
discusión sobre qué bebía Dios. González Rodríguez decía que bebía whisky, Solana
insistía en que bebía agua y Hoffmann, el más bíblico, en que bebía vino. Yo
decía que Coca-Cola y eso le parecía perverso al Serge –of all people-. En
esas pláticas concluimos que Hoffmann era un “pato masoquista” (algo tenían que
ver sus obsesiones amorosas con una mujer inalcanzable que yo conocía).
Hablábamos
mucho de literatura, de la ajena sobre todo, pero también un poco de la
nuestra. Les pasé una colección de cuentos míos. Solana me dijo que él sería mi
agente para colocarlos en alguna editorial. Luego agregó: “voy a ser como el
agente de Lampedusa, te voy a hacer famoso póstumamente”.
Efectivamente,
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El
Gatopardo, murió años antes de que se publicara esa, su única novela.
Pasadas
las décadas, veo que Solana tenía boca de profeta. Presiento que nunca publicaré.
Por lo pronto utilizo este medio para avisarle que la colección de relatos ha
sido actualizada.
Gordito
por un ratito
El
reposo y la ingesta de caramelos durante mi convalescencia hepática hicieron
que aumentara de volumen. Agréguese a ello que, tras desayunar “nutritivo” pero
insuficiente cereal, a mediodía me daba un hambre atroz e iba con Maca y con
Fernando Calzada a la entonces Facultad de Ciencias a devorar, cada uno, una
enorme Torta Pumita, el resultado fue de ensanchamiento progresivo.
En una
de esas, Toño Ávila, con la diplomacia jarocha que lo caracteriza, me dice: “Mi
buen Panco, estás hecho un cerdo”. Agregó,
sentencioso: “Debes correr una milla y hacer cien abdominales al día”.
No
recuerdo qué le contesté a Toño. Sí, que al día siguiente me pesé y encontré,
con horror, que la báscula marcaba 81 kilos. De ahí me fui al parque cercano a
mi casa, medí su perímetro a grandes pasos y concluí que constaba de 400
metros. Me dije: “Qué mamada lo de la milla, correré 1,600 metros”. Sólo pude
dar una vuelta y alcancé a hacer diez abdominales. ¡Qué pérdida de condición!
Cada
día, aumenté un abdominal (luego fui de cinco en cinco) y cada semana una
vuelta más. Pronto estaba haciendo la “milla” y el centenar. Cuando uno es joven,
el cuerpo responde con rapidez: bajé velozmente de peso. Para febrero de 1985
andaba por los 76 kilos y todavía bajaría otros más.
jueves, agosto 15, 2013
La reforma de EPN y las izquierdas
La iniciativa de reforma energética propuesta por el
presidente Peña Nieto merece, por lo menos, una discusión seria, de argumentos,
exenta de calificativos. La merece porque no se trata de una propuesta al vapor
y porque ha tratado de incluir lo esencial de los puntos de vista de las
principales corrientes político-ideológicas del país.
Por supuesto, la propuesta no complació a los dos extremos
del espectro. Ni a quienes esperaban una iniciativa abiertamente privatizadora
–posición desilusionada que definen, mejor que nadie, el Wall Street Journal y el índice de la BMV-, ni a quienes desde el
principio habían descalificado, en aras de la supuesta honra de la nación,
cualquier cambio al desastroso estado actual de las cosas –y aquí el ejemplo
evidente es el lopezobradorismo-.
Pero el carácter incluyente está allí, y abreva de la
historia de México. Al retomar palabra por palabra el texto del artículo 27
Constitucional, como en la época de Lázaro Cárdenas, la iniciativa no sólo
desarma uno de los argumentos previsibles en su contra, sino que toma partido:
no hay privatización, no hay pago en especie, no hay pérdida de control de los
bienes de la nación, pero sí contratos de utilidad compartida.
Puede argumentarse que en 1940 Pemex era apenas una empresa
naciente, que partió prácticamente de cero, tuvo que improvisar muchos de sus
técnicos y a la que faltaba capitalización. Pero puede contra argumentarse que
en 2013, como hace 73 años, la empresa no tiene las mejores capacidades
técnicas para aprovechar de la mejor manera el petróleo, en beneficio de la
nación. El ejemplo de los yacimientos inexplotados en aguas profundas es, tal
vez, el más claro.
Sobre los otros puntos de la iniciativa, prácticamente hay
consenso: es necesario un nuevo régimen fiscal para Pemex, la empresa debe
reestructurarse porque tiene un exceso de subsidiarias y, sobre todo, es
necesaria una política de transparencia, que no existe en la paraestatal y en
todo el sector energético.
Veo más similitudes entre la propuesta de EPN y la
izquierda, que con la que realizó el PAN. Los dos primeros consideran que el
Estado es quien debe llevar las riendas del sector energético, mientras que el
segundo apunta a un mercado competido, con una empresa estatal grande, pero sin
dientes. La diferencia –que me parece es más de matiz que de fondo- es cómo
entender el papel hegemónico del Estado. Para unos es de organización y
control; para otros, de propiedad.
Se entiende bastante que López Obrador, que apuesta a la
inestabilidad nacional y ve en el espantajo de la “privatización de nuestro
petróleo” un buen pretexto para la movilización callejera, esté abiertamente en
contra (lo está de absolutamente todo lo que provenga del Ejecutivo). Se
entiende menos que el PRD pinte su raya del mismo lado, y pretenda
diferenciarse de Morena exclusivamente en los términos del tipo de lucha, entre
otras cosas, porque también ahí tiene todas las de perder.
Me explico. Según todas las encuestas, la mayoría de los
mexicanos está en contra de cualquier privatización de Pemex. La iniciativa
presidencial ha sido cuidadosa en evitarlo y ha retomado el reglamento
cardenista precisamente para subrayar esto. Es de esperarse que realice una
amplia campaña de comunicación social para tranquilizar a la población al
respecto.
No está dicho que esa probable campaña prospere. Del otro
lado –y me refiero a López Obrador- se ha manejado, desde hace tiempo, con
machacona insistencia, que Peña Nieto quiere entregar nuestro petróleo a los
voraces empresarios. En la medida en que persista esta creencia, el único
favorecido será su movimiento. Se creará una polarización (tan grata a AMLO):
por un lado, quienes crean que efectivamente la reforma energética de Peña
Nieto permite al Estado mantener el control de los hidrocarburos y ayudará a
detonar el crecimiento; del otro, quienes piensen que será un desastre
equivalente a la venta del territorio nacional. A parte, pero apoyando tibiamente
la reforma como el mal menor, los conservadores que no están en contra de la
privatización. En ese esquema, el PRD jugará, si acaso, el papel de comparsa.
En los próximos días veremos una férrea disputa por ver
quién interpreta mejor el legado de Tata Lázaro. La versión documento, del
gobierno, la versión Tatita Cuauhtémoc, del PRD o la versión Bartlett, de López
Obrador y asociados. Si la versión de Cuauhtémoc no está planteada con pelos y
señales, y equivale a más de lo mismo (que es lo que supongo), quedará
desdibujada, por más que se trate del hijo del prócer.
El PRD está cometiendo, a mi juicio, un error de óptica. La
reforma es perfectible, pero es positiva. En vez de empujar para limitar a
ciertas circunstancias específicas la posibilidad de generar contratos de
responsabilidad compartida, de insistir en la necesidad de transparentar Pemex
–empresa pública opaca, si las hay- y de abonar para que la redefinición del
régimen fiscal de Pemex se haga en función de las necesidades de la nación, y
no con lógica empresarial, el sol azteca está aliándose en los hechos con su
principal enemigo.
Tal vez esto sea lo que no han entendido los perredistas
–bueno, los que no forman parte de la quintacolumna de Andrés Manuel, que sí
sabe lo que hace-: el pleito de Morena es con ellos, más que con cualquier otra
fuerza política o social. No es sólo porque se disputan la misma clientela
electoral. Es, sobre todo, por la ambición de su líder por copar para sí todo
un espectro de la gama política (el que sea, pero le tocó la izquierda), como
parte de sus planes personales.
Es de suponerse que, aunque navegará en mares tormentosos,
la reforma energética propuesta por Peña Nieto llegará, con cambios menores, a
puerto. Ojalá, por el bien de la nación, que estos cambios no sean en un
sentido favorable a los intereses más conservadores. Y ojalá que en el PRD
despertaran de su alucinación, se dieran cuenta de las intenciones del Mesías
tropical, se quitaran las cadenas de los maximalismos y fueran capaces de
contribuir a una reforma que tiene sentido de nación y también sentido común.
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