lunes, julio 25, 2016

Glorias olímpicas: Adhemar Ferreira da Silva


En el principio era una palabra, que sonó melodiosa y potente en los oídos del joven miembro del São Paulo Futebol Clube, un estudiante de escultura y bellas artes. La palabra era “atleta”.  Era un vocablo tan bonito, que Adhemar Ferreira da Silva decidió convertirse en él. Sería un atleta. El más grande en la historia de Brasil.

Adhemar se decantó por una disciplina extraña: el salto triple. Fue lo suficientemente bueno como para ir a los Juegos Olímpicos de Londres 1948, pero no para ganar medalla. En Helsinki 1952 las cosas serían diferentes. Rompió el récord del mundo en su primer salto. En el segundo, quebró el que había establecido minutos antes. Repitió la hazaña otras dos veces y se llevó, por supuesto, el oro. El público estaba extasiado y Da Silva fue el primer medallista en la historia en dar la vuelta olímpica al estadio.

Para la cita de Melbourne 1956, Adhemar da Silva volvió a llevarse al oro, tras superar en gran duelo al islandés Einarsson, aunque no rompió el récord mundial que él mismo había impuesto en México, el año anterior. Meses antes de los Juegos Olímpicos, Adhemar había actuado en una obra de teatro de Vinicius de Moraes, un musical titulado Orfeu da Conceição, al son de un ritmo nuevo, bossa nova. Cuando en 1959 el musical se convirtió en la película Orfeo Negro, Da Silva volvió a actuar (el suyo era un papel importante, La Muerte, y la obra recreaba el mito de Orfeo y Eurídice en medio del carnaval de Río de Janeiro). Ese filme ganó el Óscar a la mejor película en lengua extranjera, el Globo de Oro y la Palma de Oro del festival de Cannes. Nada mal para un campeón olímpico (y panamericano, porque se dio tiempo para ganar ese año su tercer título continental).

La cuarta y última cita olímpica para Da Silva fue en Roma. El atleta ya no tenía la resistencia pulmonar de antes para los entrenamientos, y no calificó a la final. Desde los 16 años había fumado una cajetilla diaria, y el tabaco le pasó factura.  En cualquier caso, ya se había convertido en el “héroe del oro negro” de su país y en la inspiración para varias generaciones exitosas  de atletas brasileños especialistas en salto triple.

Los equipos de futbol suelen poner estrellas en sus uniformes por los campeonatos ganados. No es el caso del Sao Paulo brasileño. Sus dos estrellas corresponden a los récords mundiales impuestos por el más importante miembro del club: Adhemar Ferreira da Silva, atleta.

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