miércoles, junio 08, 2016

Glorias olímpicas: Edoardo Mangiarotti



Es difícil, para todo atleta, competir en cinco Juegos Olímpicos, como Edoardo Mangiarotti. Pero él es un caso especial: asistió por primera vez a los de Berlín 1936, luego se perdió dos ediciones, canceladas por la II Guerra Mundial, para regresar cuatro veces más. En el trayecto, superó a Paavo Nurmi como el deportista olímpico más laureado de la historia, con 6 oros, 5 platas y 2 bronces.

Todos los niños de la familia Mangiarotti fueron educados en el amor al deporte. Su padre, quien fuera campeón europeo de espada y compitió sin suerte en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, los entrenaba en varias disciplinas: box, natación, marcha y ciclismo, con el propósito de que, con las habilidades y la fuerza adquiridas, se convirtieran en grandes esgrimistas. Giuseppe Mangiarotti era dueño y director de una academia de esgrima.

Los tres hermanos resultaron buenos tiradores, pero el padre trabajó tiempo extra con Edoardo, a quien le cambió a la guardia zurda. Ya de adolescentes, fueron entrenados por el mítico Nedo Nadi. A la hora de seleccionar el equipo que representaría a Italia en los juegos de Berlín, la sorpresa fue Edoardo, de 17 años. En 1936 debutó la espada eléctrica, y el debut de Mangiarotti fue dorado: Italia se coronó por equipos.

Tras los juegos, Mangiarotti entró a estudiar economía, ganó –por equipos- un campeonato mundial y un tercer lugar, hasta que llegó la guerra. Edoardo fue enrolado como oficial, pero su compañía fue enviada cerca de la frontera suiza. En marzo de 1944, el oficial Mangiarotti decide, junto con sus hombres, cruzar la frontera, luego de inutilizar sus armas. El grupo es enviado a un campo de refugiados militares en Berna.

Allí sucede algo inusual. Edoardo logra contactar con el COI en Ginebra y los dirigentes deportivos le consiguieron la posibilidad de entrenarse y competir los fines de semana. Encerrado en el campo de internamiento de lunes a viernes; esgrimista, los sábados y domingos.

Tras la guerra, Mangiarotti califica para los juegos de Londres 1948 en florete y espada, armas que requieren un muy diferente tipo de destreza. En el equipo de florete consigue la plata; lo mismo sucede en espada (en la escuadra está su hermano Dario) y se lleva el bronce individual en la segunda arma.

En la olimpiada entre Londres y Helsinki, Mangiarotti pierde a su esposa en una inundación, pero gana innumerables títulos. En los juegos de 1952, Edoardo encontrará la gloria: en florete, se llevará la plata individual y por equipos; en espada, encabezará al equipo ganador y también subirá a lo más alto del podio en la competencia individual, con el agregado de que la plata se la llevará su hermano Dario. Al mismo tiempo que compite, el esgrimista escribe para La Gazzetta dello Sport, cosa que hará en todas las olimpiadas hasta 1972.

Para Melbourne 56, los mejores años de Mangiarotti habían pasado (su último oro en campeonato mundial fue en 1953). Sin embargo, en Australia logró el ansiado objetivo de obtener un oro en florete (por equipos); también encabezó el equipo ganador del metal dorado en espada y obtuvo la medalla de bronce individual en esa arma.

Para Roma 1960, Edoardo Mangiarotti tenía 41 años. Llevaba tres sin conquistar un título italiano y la federación de esgrima de su país era un lío. Se decidió formar un triunvirato para encabezarla, que incluyó al multipremiado esgrimista. Así, en aquellos Juegos Olímpicos, Mangiarotti fue abanderado nacional, atleta y dirigente (ya se pueden imaginar la polémica).

El caso es que en la pista cumplió. Fue parte del equipo de espada que se llevó el oro. Era la sexta para un hombre que había iniciado su carrera 7 olimpiadas atrás, y que hubiera conseguido más laureles de no ser por la guerra más terrible que ha conocido la humanidad.

viernes, junio 03, 2016

Un anhelado (pero no soñado) debut



Mexicanos en GL.

mayo

Mayo de 2016 fue el mes en el que finalmente debutó la gran promesa de los Dodgers y del beisbol mexicano, Julio Urías, en medio de gran expectación. Fueron sólo destellos y los nervios pudieron más que el talento natural. Fuera de ello, lo relevante ha sido la calidad constante del Cañoncito Osuna, el poco apoyo ofensivo que han tenido los abridores nacionales y la implosión de Jorge De la Rosa.

Aquí el balance del contingente nacional, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Roberto Osuna estuvo absolutamente intratable en mayo. Vio acción en 14 juegos y sólo le pegaron 5 hits y ninguna carrera. Le sirvió para ganar dos juegos y obtener 6 salvamentos. El 3 de junio se apuntó otro rescate. El joven sinaloense de los Azulejos se acerca rápidamente a la elite de cerradores. Su marca en el año: 2-0, 1.07 carreras limpias admitidas por cada 9 innings lanzados y 13 juegos salvados.

Marco Estrada o Marco Malasuerte. Ha tenido grandes salidas, pero su equipo no le ha ayudado. 5 de sus 6 aperturas de mayo fueron de calidad (6 entradas o más, 3 carreras limpias o menos), pero sólo en dos de ellas se pudo llevar la victoria. En la última de ellas, blanqueó a los Yanquis durante ocho entradas. El récord del sonorense de los Azulejos en la campaña: 3-2, un excelente 2.43 de limpias y 58 ponches.

Adrián González tuvo un mayo menos malo de los que acostumbra. Su porcentaje mejoró, pero su pólvora de largo alcance no se encuentra, ya ni parece slugger. Un dato interesante es que el Titán batea un impresionante .387 como visitante y un decepcionante .173 como local. El manager Dave Roberts dice que su line-up no funciona en Chavez Ravine por la humedad. ¿Será? El caso es que Adrián tiene .294 de promedio, sólo 5 jonrones y 27 carreras impulsadas.

Jaime García combinó grandes salidas con aperturas mediocres, que le significaron tres victorias y tres derrotas (todo merecido). El zurdo de Reynosa (y de los Cardenales) termina mayo con una marca de campaña de 4 ganados, 5 perdidos, 3.48 de limpias y 58 ponches.

Fernando Salas ha tenido un buen desempeño en el bullpen de los Angelinos, tanto que ahora ya ha servido como preparador de cierre y que obtuvo dos salvamentos en el mes (los primeros en tres años). El de Topolobampo tiene marca de 2-1, 2.45 de limpias, dos rescates y 8 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento).


Oliver Pérez, especialista zurdo de los Nacionales de Washington, sigue siendo útil a su equipo. Tiene 1 ganado, 1 perdido, 6 holds, PCL de 3.07 y 18 chocolates suministrados a los rivales.

Joakim Soria parece haberse reencontrado en mayo, tras un titubeante abril. Ganó un partido en el que le dejaron la olla hirviendo con casa llena y sin outs, y coleccionó holds como preparador de los Reales de Kansas City. El 2 de junio le dieron oportunidad de cerrar y la desperdició. Su marca en lo que va de 2016: 2-2, 3.81 de limpias, 10 ventajas sostenidas, un salvamento y 23 sopitas de pichón.

César Ramos regresó a Grandes Ligas con los Rangers de Texas. En parte como relevista largo y en parte como quinto abridor. Dos de sus tres aperturas han sido de calidad (pero una la perdió). Desde el bullpen ha tenido suerte mixta: salvó un juego con relevo largo y perdió otro, en el dejaron a los tejanos tendidos en el terreno. Lleva 1-2, 3.51 de efectividad, 16 ponches, un salvado.

Miguel González ha logrado quedarse en la rotación de los Medias Blancas de Chicago, que tuvieron un mayo para el olvido. Si vemos las actuaciones del Mariachi en el mes, entenderemos por qué: sin que nunca haya llegado a los siete innings en la loma de las responsabilidades, el de Guadalajara no admitió ninguna vez más de tres carreras limpias, pero eso, o no le sirvió ante un bateo raquítico o sirvió para que el bullpen le tirara el juego ganado. En el año: 0-1, 4.09 de carreras limpias, 28 ponches.

César Vargas ha dejado la esperanza a medias. Tras tres buenas aperturas en abril, tuvo un mayo en el que enseñó la novatez. El poblano de los Padres tuvo dos salidas de calidad (una la perdió, es sabido que los de San Diego no batean), una aceptable, una mala y otra horrorosa. Ahora está en la lista de lesionados. Su marca es de 0-3, 5.03 de PCL y 28 pasados por los tres strikes.

Daniel Castro perdió la titularidad de Bravos de Atlanta, luego de que su bateo se colocó debajo de la Línea Mendoza (el .215 que bateó de por vida Mario Mendoza) y que suele mandar a la banca al mejor infielder. Los de Atlanta le dan la vuelta a sus jugadores batiflojos y no encuentran la cuadratura al círculo, lo que significa que el de Guaymas sí tiene acción. Sus números ofensivos en el año: .196 de porcentaje, 4 impulsadas y un robo de base.

Luis Cessa volvió al equipo grande de los Yanquis de Nueva York, tras un receso en AAA. En el mes lanzó cinco entradas, permitiendo una carrera, lo que mejora su efectividad a 2.57. Lleva 5 ponches.

Sergio Romo se pasó mayo en la lista de lesionados. Trae  0-0, 4 holds y 2.70 de PCL. Un solo ponche.

Yovani Gallardo, al igual que Romo, se la pasó fuera de acción. Lleva 1-1, con  7.00 de PCL y sólo 9 ponches. Se espera su retorno en junio.

Julio Urías fue subido de AAA para suplir al lesionado Tyler Ross. El novato maravilla de los Dodgers estuvo nervioso en su debut. Tal vez demasiadas candilejas. Le metieron tres carreras en la primera entrada y no llegó a los tres innings. Lo volvieron a llamar a principios de junio, y ahora fue en el tercer inning (duró cinco) cuando se desplomó: sus números: 0-1, 9.39 de limpias y 7 ponches.

Jorge De la Rosa
regresó de la lista de lesionados para permitirles a los rivales de los Rockies una sesión de fongueo (el fongue es un bat largo que se usa para entrenar a los jardineros con batazos largos): La velocidad ya no está ahí. Fue bajado al bullpen a trapear innings y desde ahí al menos pudo colgar un par de ceros. Números del de Monterrey: 1-4, 10.08 de limpias y 34 ponchados.  

Arnold León se cansó de la puerta giratoria entre AAA y la Gran Carpa. Pactó con los Azulejos para irse al beisbol de Corea. En el año tuvo 0-0, 7.71, un rescate desperdiciado y dos ponches.

viernes, mayo 27, 2016

Leyendas olímpicas: Leontien Van Moorsel



Algunas carreras ciclistas de ruta son la combinación perfecta entre tortura y paraíso. Tienen fuertes pendientes, momentos de relajación y otros de desfallecimiento, ratos de sonrisa y ratos de rictus de dolor. Entre los columpios debe haber un instante en el que el ciclista piensa que ya no da más, que es momento de abandonar, pero algo pasa que encuentra nuevas fuerzas, escala con sacrificio y llega a la meta anhelada. Así la vida de Leontien Van Moorsel.

Esta ciclista holandesa destacó desde joven. En 1990, tenía sólo 20 años y ya era campeona mundial en los 3 kilómetros de persecución individual y en los 50 kilómetros contrarreloj por equipos. A los 21, se coronó en la ruta. A los 22, ganó el Tour Feminin, la versión del Tour de France para mujeres. A los 23 hizo ambas cosas: ser campeona mundial de ruta y de la vuelta francesa. Encima de eso, posó exitosamente para la revista Penthouse. Tenía todo para una larga carrera llena de gloria, y entonces…

Entonces el entrenador le dice que tiene que perder peso, para subir más ligera las etapas de montaña y dejar para siempre en la oscuridad a su rival Jeannie Longo. Leontien pierde peso, pero se siente gorda. Ha perdido fuerza pero cree que la razón es que no ha bajado los suficientes kilos. Sigue forzando su cuerpo. En realidad está bajando la espiral de la anorexia. Se retira en 1994. Su carrera parece haber llegado a un fin prematuro y su vida está en riesgo.

Aparece en su vida Michael Zijlaard, otro ciclista, quien la ayuda a salir de la enfermedad, a comer correctamente y a no obsesionarse con su cuerpo. Se enamoran y se casan, ella vuelve a entrenar, pero ya no piensa en convertirse en una escaladora: ha asumido que su cuerpo no es de esos.

Poco a poco, Leontien Zijlaard Van Moorsel recupera su nivel competitivo. Tienen que pasar años, porque viene de una flacura extrema. En 1998 vuelve a competir en unos Mundiales, gana el oro en la contrarreloj y es segunda en la carrera de ruta (la competencia es en su natal Holanda, no hay montañas allí).

Van Moorsel tiene 30 años cuando compite en sus primeros Juegos Olímpicos. Sydney 2000. La inscriben en cuatro pruebas. Primero compite en pista: los 3 kilómetros de persecución individual. Gana el oro. Dos días después, en la carrera de puntos, en la que ninguna competidora pudo lapear a las rivales. Se queda con la plata. Tres días más tarde, la ruta de 131 kilómetros, cuyo trazado le favorece: llegan 25 corredoras al sprint final, sus compatriotas la ayudan y ella es la más rápida. Otra medalla dorada. Finaliza con la contrarreloj, que gana con más de medio minuto de ventaja. Ha conseguido tres oros y una plata en una sola cita olímpica. Algo nunca antes visto en el ciclismo.

Entre Sydney 2000 y Atenas 2004, Leontien gana otro campeonato mundial en los 3 kilómetros persecución y viaja a México para romper el récord de la hora. Lo logra, superando los 46 kilómetros.

Ya es una veterana cuando llega a Atenas, ha pasado por una montaña rusa. Es tercera, y bronce, en la persecución individual. En la ruta va en el grupo puntero cuando se engancha con otra ciclista, se da una espectacular carambola y queda fuera de toda posibilidad. Todavía con los raspones, compite en la contrarreloj y demuestra que es de las grandes: se lleva la medalla de oro. Anuncia, ahora sí, su retiro.
 
El palmarés olímpico de Leontien Zijlaard Van Moorsel es notable: 4 oros, 1 plata y 1 bronce. Pero más notable es su espíritu: fue capaz de aplicar la misma fuerza mental con la que -en negativo- dejó de comer, para –en positivo- reponerse en lo físico, en lo emocional y en lo deportivo. 

miércoles, mayo 25, 2016

Biopics: Apuestas por el tapado (y otras grillas)



He comentado que cuando me decidí dejar México, al menos por un tiempo, era porque consideraba que, después del Mundial de Futbol, no íbamos a tener nuevas esperanzas, hasta que llegara el tapado, el candidato presidencial del PRI ungido por el Presidente de la República, a renovarlas, así fuera solamente en el discurso. Pasó eso y más.

Supe quién iba a ser el tapado al escuchar el V Informe de Miguel De la Madrid. El Presidente decía cosas inauditas respecto a la economía: Cuando dijo que “La inflación subió a 105% como resultado de la presión de los costos; el deslizamiento cambiarlo con respecto al dólar controlado con que se enfrentó la escasez de divisas llegó a 148%; las tasas de interés subieron 23 puntos en el año, como consecuencia de la menor disponibilidad de recursos; a su vez, el alza en el costo del dinero encareció el servicio de la deuda pública interna y elevó el déficit financiero, lo que contribuyó al aumento de las presiones inflacionarias”, me quedó claro que se estaba alejando de la ortodoxia plena con la que se había conducido durante todo su mandato, y que el escogido no iba a ser el Secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog.

De la Madrid fue más allá. Afirmó que la naturaleza de la inflación “ha ido cambiando conforme se han modificado las  características de la crisis y se ha  avanzado en la aplicación de la política económica. A finales de 1982, vivimos una inflación derivada de un exceso de demanda… más tarde la inflación repuntó debido a la presión de los costos, producto, a su vez, del tipo de cambio y las tasas de interés. Hoy, no existe exceso de demanda ni choque de oferta. Sin embargo, la inflación permanece alta, aunque estable, en gran medida por factores de inercia”.

De hecho, a la mitad del cuidado discurso, el presidente De la Madrid había cambiado de diagnóstico. Este se parecía mucho más a lo que nosotros habíamos manejado desde hacía tiempo. La inflación inercial proviene de un desarreglo-desacuerdo sobre la distribución del ingreso entre los diferentes sectores productivos. La solución no es estrictamente económica: es política. Sólo una reconstrucción del pacto social permitiría bajarla, y no de manera gradual, sino casi súbita.

Era obvio, desde mi punto de vista, que eso significaba que De la Madrid empezaba a ceder la estafeta a alguien que tenía una visión menos cuadrada de la política económica. Al mismo tiempo, que la economía seguía siendo la tarea prioritaria del país. En otras palabras, el tapado era Carlos Salinas de Gortari, Secretario de Programación y Presupuesto.

Quedé tan convencido de mi análisis que empecé a apostar con quien se dejara y a entrar a todas las quinielas posibles sobre quién era el tapado.  Gané casi un millón de pesos de la época (poco más de 600 dólares).

Lo que De la Madrid no tenía previsto –o sí, pero prefirió atenerse a las consecuencias- es que la designación de Salinas, hecha al estilo tradicional y unipersonal de entonces, iba a generar la formación de la disidente Corriente Democrática del PRI, que terminaría por dejar ese partido y por lanzar a la Presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas.

Siempre he tenido la impresión de que a los de la Corriente Democrática les molestó más el fondo que la forma, que su lucha era más por recuperar el nacionalismo revolucionario que por la democracia: en otras palabras, que si el ungido por el dedo presidencial hubiera sido alguien como el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, el pleito hubiera sido en sordina y tal vez no hubiera habido fractura.

Otras grillas
Por lo que se refiere a la izquierda, algunos compañeros del ex MAP habíamos discutido acerca de la candidatura presidencial del Partido Mexicano Socialista. Algunos, particularmente Pablo Pascual, se hacían a la idea de que iba a ser Heberto Castillo, por ser la figura más prominente del momento. A mí me parecía un contrasentido por diferentes razones. La primera, es que Heberto había estado toda la vida en contra de nuestro grupo político, y lo había demostrado con creces cuando la formación del PSUM. La segunda, es que obviamente iba a querer radicalizar el partido en la campaña. Cuando fue la votación entre los simpatizantes, algo así como elecciones primarias, me incliné por el escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, a sabiendas de que perdería. Es un voto que recuerdo con gusto.

Una tarde, recibo en mi casa una llamada de Pablo Gómez, con quien llevaba de años atrás buenas relaciones. Me ofrecía “una candidatura segura” a diputado, entre los cuatro primeros de la lista plurinominal. De inmediato presentí que su propósito era utilizar esa candidatura –quién sabe si en verdad de las primeras cuatro- como “cuota de grupo” de los exmapaches, con lo que desplazaría a otros compañeros de más jerarquía. Sabía que Pablo me consideraba, erróneamente, a la izquierda de mis compañeros y supuse que pensó que sería más dócil que ellos. Le contesté agradeciéndole, pero aclarándole que yo no me había afiliado al PMS. “Con Heberto, ni a bañarse”, le dije. Quedó sorprendido de que no fuera miembro del Partido, me agradeció la sinceridad y colgó.


martes, mayo 10, 2016

Glorias olímpicas: Babe Didrikson



Fue la atleta más destacada en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Fue un personaje polémico para sus tiempos. Sin embargo, el deporte que le dio más fama fue el golf.

Mildred Didrikson ha de haber sido una niña hiperactiva. La hija de inmigrantes noruegos en Texas era mala estudiante, pero practicaba todos los deportes posibles, bailaba, componía, tocaba la armónica… Desde pequeña jugaba beisbol, basquetbol, boxeo, boliche y billar (sólo para hablar de deportes que empiezan con la letra B). Le encantaba patinar y tirarse clavados. Y, por supuesto, se convirtió una apasionada de todas las disciplinas del atletismo.

Entró a trabajar como secretaria en una compañía de seguros, pero en realidad lo hizo como miembro del equipo de basquetbol de la empresa. Su excelencia en pista y campo era tal que en los campeonatos nacionales de atletismo participó en ocho competencias en 3 horas: ganó 5 de los eventos y en el salto de altura empató en primer lugar. Llamó tanto la atención que a los 21 años fue llamada al equipo olímpico de atletismo de su país.

En Los Ángeles compitió sólo en tres pruebas, tan variadas que dan muestra de su notable dominio. Lanzamiento de jabalina, donde obtuvo el oro y rompió el récord mundial; 80 metros con obstáculos, también oro y récord mundial y salto de altura, donde empató en el primer lugar con nuevo récord del mundo (y le dieron la medalla de plata por razones estéticas –la técnica de su salto-).

Era competitiva y fiera. Se comportaba como primadonna del deporte. La prensa estaba dividida: “lo de ella es armonía muscular sin falla, la más completa coordinación mental y física que el mundo del deporte haya visto”, decía uno. “Sería mucho mejor que ella y las de su clase estuvieran en casa, embelleciéndose y esperando la llamada del teléfono”, escribía otro, molesto porque Babe le parecía poco femenina. Didrikson fue sin duda la deportista más memorable de aquellos Juegos de 1932.

El hambre de fama llevó a Babe al mundo del espectáculo. Encabezaba un equipo de basquetbol que hacía giras de vodevil (donde se mezclaban espectáculos musicales, circenses y deportivos) y también se dedicó al billar profesional.

Luego descubrió el golf, deporte en el que destacaría como nadie. Ganó 82 torneos y fue la primera mujer en calificar a torneos de la PGA (tuvieron que pasar seis décadas para que otra lo hiciera). En el que no compitió a pesar de haber calificado, fue en el US Open: no se lo permitieron por ser mujer.

Estaba en la plenitud de su carrera golfística cuando supo que tenía un cáncer que se había extendido. Ganó un par de torneos más, hasta que la venció el dolor: murió a los 45 años.