jueves, agosto 01, 2013

El regreso de Mexinator



Mexicanos en GL.

Julio 2013

El mes de julio fue más bien pobre para los peloteros mexicanos en Grandes Ligas, sobre todo su segunda mitad. Lo más relevante, el regreso de Joakim Soria, tras más de un año de ausencia y de la segunda cirugía Tommy John a la que se ha tenido que someter. También vimos que Adrián González le dio la vuelta a un junio para olvidar y que Yovani Gallardo y Oliver Pérez hicieron de todo (es decir, todo mal) para no ser cambiados a un equipo contendiente en la fecha límite para las transferencias. Por lo demás, poco más que un hospital de lesionados.

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado en la temporada (como siempre, se incluyen los mexico-americanos que estuvieron en el equipo de México en el Clásico Mundial).

Adrián González ha sido parte importante del mágico repunte de los Dodgers, que en julio pasaron del sótano a la cima de su división. Mejor protegido en el line-up, con la llegada de Yassiel Puig y el regreso de Hanley Ramírez, el Titán bateó en el mes para .305, con 5 jonrones y 17 carreras impulsadas. Sus números del año son: .298, con 15 cuadrangulares y 65 producidas

Sergio Romo  tuvo bastantes problemas en julio, cuando acumuló 5 salvamentos, pero tres derrotas para los decaídos Gigantes de San Francisco. Su marca del año: 3 ganados, 6 perdidos, 3.00 de limpias y 24 salvamentos.

Jorge De la Rosa ligó tres buenas salidas para los Rockies, en una racha que llegó a ponerlo un rato en la elite de abridores que tiene menos de 3.00 de limpias, pero en su última apertura fue apaleado (con suerte, porque no perdió ese juego). En el mes, tuvo 2-1, con 3.62 carreras limpias por cada 9 innings lanzados; en el año: 10-5, con 3.21 y 96 ponches.

Miguel González tuvo una seguidilla extraordinaria: 7 salidas de calidad consecutivas. Cuando se pensaba que el de Guadalajara era toda una garantía, terminó el mes con dos salidas de horror. El derecho de los Orioles lanzó en julio con 4.23 de efectividad, con 2 ganados e igual número de derrotas. Tiene marca de 8-5, con 3.88 y 84 ponchetes.

Óliver Pérez  volvió a las andadas de la inconsistencia. En julio, salvó un juego y desperdició un rescate. Le han pegado con tubo en tres de sus últimas 4 apariciones.  En el año: 2-2, 2 rescates, 4 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento), 2.79 de efectividad y 53 ponches (en menos de 40 entradas lanzadas).

Jaime García se perderá el resto de la temporada. Quedó con marca de 5-2, 3.58 de limpias y 43 ponchados.

Luis Ayala regresó al bullpen de los Bravos y ha cumplido correctamente su cometido, disminuyendo en el camino su PCL. Su marca del año: 1-1 y 3.60 de efectividad.

Yovani Gallardo no está en un buen año. Nos había acostumbrado a tener dos o tres salidas muy buenas, por una desastrosa. Ahora, esa proporción es uno a uno. En julio tuvo tres aperturas de calidad y tres muy malas. En la última, se lesionó el tendón de la corva, por lo que estará fuera de acción un rato. En el mes de referencia, tuvo 2-2, con 5.40 de efectividad; en el año: 8-10, 4.91 de carreras limpias y 101 chocolatotes. Su mala actuación a fin de mes y su lesión impidieron que un equipo contendiente lo quisiera adquirir para el resto de la temporada.

Cèsar Ramos, relevo intermedio de las Rayas de Tampa Bay, ganó un partido en julio . En la temporada: 2-2, 4.60 de PCL, un salvado, un hold y 33 ponches.

Joakim Soria volvió a la acción, ahora como preparador de cierre de los Rangers de Texas. En sus primeras 6 apariciones, el Mexinator (combinación de mexicano y Terminator) estuvo intratable. Le pegaron en la séptima. El de Monclova tiene récord de 0-0, 4,26 de limpias y 6 holds.

Fernando Salas retornó al bullpen de los Cardenales de San Luis, con suerte desigual. El récord del de Huatabampo es de  0-2. 3.4.79 de efectividad, un hold y 2 rescates desperdiciados. A fin de mes lo mandaron a tomarse una tacita de café en AAA.

Alfredo Aceves tuvo dos apariciones en julio, esta vez como relevista de los Red Sox. En ambas estuvo bien, pero se ve que ya no hay química entre los patirrojos y el sonorense. El resultado, que no sólo mandaron al Patón de vuelta a AAA, sino que lo sacaron del roster de 40 hombres de Boston, lo que significa que es improbable que regrese este año a las mayores. Para colmo, en Pawtucket engrosó la lista de lesionados. Los números de Aceves en 2013: 4-1, 4.86 de efectividad y 24 ponches.

Scott Hairston, lo repetimos, continúa bateando poco, pero al menos con poder. El jardinero de los Cubs lleva 8 cuadrangulares, 19 impulsadas y dos robos de base, pero pega para sólo .164.

Marco Estrada se mantiene en la lista de lesionados. En el año: 4-4, 5.32 de limpias y 82 ponches.

Ramiro Peña estará fuera de acción el resto de la temporada. El utility de Atlanta termina el año con .278, 3 jonrones y 12 producidas.

Jerry Hairston Jr. paga cada vez más cara su veteranía. El utility de los Dodgers batea, en el año,  para .265, con un jonrón y 11 producidas.

Luis Mendoza. El de Veracruz, tras tres meses más que regulares, tuvo un julio de dar grima. Primero dos aperturas muy malas, que lo sacaron de la rotación; después, un relevo largo igualmente desastroso. En el mes, una derrota y un horrendo 14.00 de carreras limpias. En el año: 2-5 y 5.21, con 52 ponches recetados.

Luis Cruz logró aprovechar la crisis en el infield de los Yanquis para colarse en el róster de los Bombarderos del Bronx. Siguió fildeando bien, pero su bate nunca despertó. El día, en una barrida, el Cochito se lesionó. Estuvo menos mal en julio que en los meses anteriores, aún así no superó la barrera de .200. En el año, .145, un jonrón, 11 remolcadas y un robo.

Édgar González nomás no sale de su lesión. Su marca del año: 0-1 y 7.50 de carreras limpias. 

jueves, julio 11, 2013

Biopics: La hepatitis


A fines del verano de 1984 era yo delegado al congreso del sindicato. Pero en la cola del registro me sentí muy débil. Me senté un rato y decidí volver a casa. En el camino, tocado por una intuición, pasé por una clínica y me hice un análisis de bilirrubina. Los resultados, al día siguiente, confirmaban que estaba mucho más alta que la que llegó a tener Raymundo: yo tenía hepatitis.

El primer día lo pasé muy mal. Al siguiente, Rayito fue transferido a compartir la cama conmigo (Patricia se había ido a otro cuarto). Recuerdo aquellos como días muy chistosos, pasados enteramente en la cama. En las mañanas nos la pasábamos haciendo y deshaciendo rompecabezas (“rompesdecabezas”, decía él). De Plaza Sésamo, de El Secreto del Nimh y de otros temas infantiles. Duro y dale con los rompecabezas, hasta que llegaba la hora de la tele: Odisea Burbujas, El Tesoro del Saber y luego los videos de rock (hay que decir que los ochenta fueron una gran década para los videos), algún otro programa, platicar, cenar y el niño se dormía. Entonces yo me ponía a leer y continuaba con la labor eterna de chupar paletas de dulce (se decía, o se dice, que eran fundamentales contra la hepatitis).

Yo iba de entrada a la enfermedad, y Raymundo de salida. A los pocos días lo dieron de alta. Pasé cerca de mes y medio solo y en cama. Pasadas las décadas, recuerdo esos días con mucho más placer que molestia o desesperación.

Por una parte, la hepatitis me permitió disfrutar, como nunca más lo he podido hacer, la postemporada de las Grandes Ligas. No sólo ví todos los juegos, sino que pude llevar tranquilamente el box-score de cada uno de ellos, y hacer sesudos análisis que concluían en la necesaria coronación de los Tigres de Detroit. En esa Serie Mundial le iba a los Tigres de manera descarada: me gustaba el equipo, que tenía a Aurelio López, el Buitre de Tecamachalco, como relevista estrella, y me cagaban los Padres, cuya rotación abridora era abiertamente racista y derechosa. La rotación de San Diego implosionó de manera impresionante (sobre todo el desagradable Eric Show),  Detroit se llevó la Serie 4-1 y, para más gozo, Aurelio ganó el quinto y último juego.

Otra cosa que hice tendido en aquella cama, fue revisar las galeras de un librito mío que publicaría Martín Casillas, El FMI y su Relación con México. Era una suerte de folleto que explicaba a grandes rasgos cómo funcionaba el Fondo Monetario Internacional, lo que implicaban las Cartas de Intención que firmaba México a cambio de los créditos y los problemas para servir la deuda externa. Concluía en que lo conveniente era una negociación colectiva de la deuda. El caso es que la edición salió empastelada (es decir, con algunas páginas donde no debían) y no tuvo grandes ventas. Meses después yo le insistía a Casillas que yo había revisado bien las galeras, y él, que no.

Mientras estaba yo convaleciendo apareció La Jornada, el 19 de septiembre. Patricia me hizo el favor de llevar mi colaboración para uno de los números 0 y para los primeros que ya circularon (el internet que tenemos hoy era algo que sólo podía imaginar la ciencia-ficción). Los escribía a mano, y luego los pasaba a máquina (para eso sí me levantaba). Uno de aquellos textos escritos con la hepatitis tenía un nombre muy bueno: “Ultimo tren a Silicon Valley”. Hablaba de que las crisis económicas traen consigo un cambio en las industrias que jalan el resto de la economía: era evidente que ahora el capital se dirigía a la informática y que ésta guiaría el desarrollo en el futuro. Por lo tanto, México debía de hacer un esfuerzo, no en ensamblar computadoras, ni en ponerse a producir turbinas, sino software. Si no tomábamos ese “último tren”, el futuro que nos alcanzaría no sería halagüeño. A casi tres décadas de distancia, tengo la impresión de que quien sí tomó el último tren a Silicon Valley fue la India.

Pero lo mejor de aquel descanso obligado fue la oportunidad de leer muchos libros que estaban esperándome en la imaginaria. De ellos, hay dos que me parecieron extraordinarios. Uno, la gran biografía de Stalin, por Isaac Deutscher (menos monumental que la de Trostky, pero más incisiva). El otro, Narciso y Goldmundo, de Hermann Hesse, que creo haber leído a la edad correcta y que me conmovió por su sensibilidad y su sabiduría: la eterna contradicción –más aparente que real- entre lo racional y lo estético, entre el pensamiento y la acción, se resuelve de una manera maravillosamente madura.

Durante la segunda mitad de mi convalescencia, recibía a menudo la visita de mi padre. Charlábamos animadamente y él se fumaba con gusto un cigarro. En una de esas, yo –que había dejado de fumar desde que caí enfermo, pero ya me sentía mejor- le pido uno; él hace una mueca, se culpa de haberme “heredado” la adicción y, ante mi insistencia, me lo da.

A fines de octubre, Patricia decidió ir con Raymundo a Acapulco –nos tocaba la semana del famoso Transcondovac- y se estuvo allí cuatro días. Creo que fue una buena decisión, sobre todo tomando en cuenta que estaba embarazada. En esos días, armé un rompecabezas de 3 mil piezas, que es algo que no he vuelto a hacer en mi vida, ni pienso volver a hacer jamás.

martes, julio 02, 2013

Muchos brazos, pocos bates



Mexicanos en GL.

Junio 2013

El mes que acaba de terminar ha sido uno de los más productivos para los lanzadores mexicanos en muchos años. En conjunto, los nueve pitchers mexicanos que estuvieron activos en junio, tuvieron 24 aperturas, de las cuales 17 fueron de calidad; lanzaron 178.2 entradas y tuvieron una excelente efectividad promedio de 2.87; los cerradores salvaron 6 juegos. La marca colectiva de ganados y perdidos (12-10) es engañosa, porque la ley fue que a los lanzadores nacionales la ofensiva no los apoyara o el relevo les tirara el juego. En cambio, entre los jugadores mexicanos de cuadro, la cosa estuvo realmente triste.

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado en la temporada (como siempre, se incluyen los mexico-americanos que estuvieron en el equipo de México en el Clásico Mundial).

Sergio Romo  tuvo poca actividad en junio, pero en casi todas sus apariciones el cerrador de los Gigantes estuvo intratable. Sólo aceptó una carrera en el mes, que le costó una derrota; a cambio, tuvo 5 salvamentos. Su marca del año: 3 ganados, 3 perdidos, 2.32 de limpias y 19 salvamentos.

Jorge De la Rosa anda en plan de su apodo en EU: Conquistador. En junio, tuvo 6 aperturas para los Rockies, 4 de ellas, de calidad. No lo acompañó la suerte a la hora de las decisiones: no ganó ni siquiera el partido en que dejó en un hit a los Azulejos. En el mes, tuvo 2-1, con 2.97 de limpias; en el año: 8-4, con 3.09 y 65 ponches. Es el mexicano con mejor WAR (la nueva estadística que mide victorias para su equipo por encima de un reemplazo), con 3.8, lo que significa que los Rockies siguen en la lucha gracias al regiomontano. Reportan que de nuevo le salieron ampollas en el pulgar.

Adrián González tuvo un junio muy poco productivo, en el que bateó para .248, con sólo 3 jonrones y 8 impulsadas. Un slump a mediados de mes afectó al primera base de los Dodgers. Aún así, sus números del año son buenos: .296, con 10 cuadrangulares y 48 carreras producidas

Miguel González fue el mejor lanzador mexicano en el mes. Sus 5 salidas fueron de calidad. Ganó 4 de ellas y en otra no tuvo apoyo ofensivo y cargó con la derrota. El derecho de los Orioles tiene marca de 6-3, con 3.77 de efectividad y 68 sopitas de pichón despachadas.

Óliver Pérez. El reencontrado zurdo de Culiacán volvió a tener un buen mes para los Marineros de Seattle, en el que salvó el primer juego de su carrera (y se le maneja como posibilidad para el puesto de cerrador, si es que no es traspasado a un equipo contendiente). En junio: 0-1, con un salvado y 3 holds (ventaja sostenida en situación de salvamento), con 1.74 de PCL. En el año: 2-2, 1 rescate, 4 holds, 1.52 de efectividad y 43 ponches (en menos de 30 entradas lanzadas).

Jaime García fue sometido a cirugía y se perderá el resto de la temporada. Quedó con marca de 5-2, 3.58 de limpias y 43 ponchados.

Yovani Gallardo va en montaña rusa este año. Durante junio tuvo una racha impresionante, en la que colgó 18 ceros seguidos; pero al final de mes (y entrando julio) lo han molido a batazos. En el mes que analizamos, tuvo 2-2, con 2.32 de efectividad; pero en el año: 6-8, 4.78 de carreras limpias y 82 enemigos ponchados. Es posible que un equipo contendiente lo quiera adquirir para la segunda mitad de la temporada.

Luis Mendoza siguió acumulando salidas de calidad, pero no victorias. De sus 5 aperturas en junio, 3 fueron de calidad, pero sólo en una ganó el juego. El bullpen de los Reales se encargó de echarle a perder las otras dos (con lo que lleva 5 posibles victorias del veracruzano tiradas al basurero): en el mes, 1-2, con 3.41 de carreras limpias; en el año: 2-4 y 4.16, con 49 chocolates recetados.

Fernando Salas ya está en proceso de rehabilitación y a punto de regresar al bullpen de los Cardenales de San Luis. El récord del sonorense: 0-2. 3.86 de efectividad, un hold y 2 rescates desperdiciados.

Alfredo Aceves tuvo dos apariciones en junio, dos ocasiones que lo llamaron de Pawtucket a Boston. En ambas tuvo salidas de calidad y se llevó la victoria. Pero, cuando Clay Bucholtz fue a la lista de lesionados, los RedSox prefirieron poner en el roster al novatito Webster, que ha sido apaleado.  El Patón en junio: 2-0 y 1.64 de PCL; en 2013: 4-1, 5.05 de efectividad y 24 ponches.

Cèsar Ramos se mantiene en el relevo intermedio de las Rayas de Tampa Bay, perdió un juego en junio, mes en el que lanzó par 3.95. En la temporada: 1-2, 4.03 de PCL, un salvado, un hold y 29 ponches.

Marco Estrada tuvo sólo una mala salida en junio, antes de engrosar la lista de lesionados. En el año: 4-4, 5.32 de limpias y 82 ponches. Lo bueno de su descanso obligado es que ya no encabeza las mayores en cuadrangulares recibidos.

Ramiro Peña tuvo que poner fin a su año de ensueño; una jugada riñonuda en la tercera base le desgarró el hombro. Fue operado y estará fuera de acción el resto de la temporada. Termina el año con .278, 3 jonrones y 12 producidas.

Luis Ayala parece haber superado su “trastorno de ansiedad” y se encuentra en ligas menores. Su marca: 1-1 y 5.40 de PCL.

Scott Hairston continúa bateando poco, pero al menos con poder. El jardinero de los Cubs lleva 6 cuadrangulares y 16 impulsadas, pero pega para sólo .160. Además tiene dos robos de base.

Jerry Hairston Jr. paga cada vez más cara su veteranía. El utility de los Dodgers batea, en el año,  para .265, con un jonrón y 11 producidas.

Luis Cruz finalmente fue dejado ir por los Dodgers, tras una temporada que ha sido el espejo negativo de la anterior. El Cochito bateó para Los Ángeles un miserable .127, un vuelacercas y 6 empujadas. Se declaró agente libre y capaz que sí encuentra equipo en Grandes Ligas.

Édgar González pasó el mes lesionado. Su marca del año: 0-1 y 7.50 de carreras limpias.

viernes, junio 28, 2013

Biopics: Haciendo bilis


1984 fue un año biliar, como se comprobará más tarde.  La Facultad de Economía contribuyó en ello.

Durante años hubo en la Facultad un pleito casado entre los “reformistas” (nosotros) y los “vándalos” (pertenecientes a diversos grupos extremistas). Tras el nombramiento de Pepe Blanco como director, los vándalos intentaron hacerle la vida de cuadritos. Luego vinieron las elecciones para el Consejo Técnico y el Universitario. Los profesores, muy democráticos, decidimos que nuestros consejeros fueran electos por representación proporcional. Los estudiantes ultras, en cambio, impusieron el sistema de que el ganador (la planilla ganadora) se lleva todo. Hicieron una campaña muy sucia, y sin embargo, gracias sobre todo a los votos de posgrado, perdieron. La planilla estudiantil que encabezaba nuestro compañero Rubén Álvarez, el Negro, resultó ganadora…  sin embargo, Pepe Blanco no quiso aprovechar esa inesperada mayoría para impulsar cambios importantes, como nuestra idea de limar algo de marxismo atávico al plan de estudios y sustituir materias por otras de política económica. Tenía miedo de las movilizaciones y desmanes que podrían causar los vándalos y, hay que decirlo a su favor, el rector de entonces, el doctor Serrano, quería navegar en una calmada grisura y no deseaba olas, aunque fueran a su favor.

Este es sólo el prolegómeno para lo que importa, que es una grillita dentro de una grillita igual de chiquita. La Facultad tenía varios seminarios y nosotros, durante años habíamos sido hegemónicos en el que algún tiempo había sido el más importante: el Seminario de Desarrollo y Planificación. En aquellos años, el Seminario estaba perdiendo alumnos frente a otros, que se pusieron de moda, en especial, el de Economía Matemática. Algunos colegas migraron también para allá y, de repente, se vio que había un equilibrio entre “reformistas” y “vándalos” en Desarrollo y Planificación, lo que se reflejó en el Consejo que decidía sobre planes y programas de estudio, y sobre la contratación de profesores de asignatura y auxiliares.

Infelizmente, fui elegido para ese Consejo, que se reunía más de lo debido, y que se enfrascaba en discusiones bizantinas, larguísimas e improductivas… porque el equilibrio de fuerzas impedía cualquier decisión. El pedo era que había que estar, para que no nos mayoritearan. De lado nuestro, recuerdo que, además de mí, estaba una profesora joven, Santiaga Ánima, que se la pasaba haciendo deshilados –unos trabajos preciosistas- y no intervenía. Del lado de los adversarios estaban Teté Ceceña, la hermana de Consuelo y Magdalena Galindo. Era un martirio debatir con esas mujeres, y en particular con Magdalena, de voz monótona, experta en sofismas y portadora de mala leche en cantidades industriales.

Se imaginarán, si tienen una pizca de malicia, que los debates más largos eran sobre las plazas. Típico, un profesor “nuestro” se iba de sabático y ellos querían colocar a uno “suyo” como sustituto; yo alegaba que la demanda al seminario iba a la baja y que no sería necesario abrir el grupo, y ellas que no, con un choro larguísimo envuelto en ideología. También querían que a grupos minúsculos (con un profesor de ellos) se les asignara un ayudante (de ellos) porque la materia es compleja y hay muchos controles de lectura y bla bla bla y ya es bien noche y Santiaga sigue haciendo su deshilado y la hermana de Magdalena –igualmente desagradable- lee en un rincón mientras la espera (alguna vez César Chávez, quien después sería diputado del PRD, me dijo que la peor pesadilla del mundo sería despertar con ella y ver en la esquina a la hermana diciendo: “Bravo, Magda, lo hiciste muy bien”). Nada más de acordarme percibo que se me agranda el hígado, porque me mantenía, disciplinado, en esa estúpida trinchera (y el único que me echaba porras era el buen Fallo Cordera) y era una pérdida horrorosa de tiempo.   

Al término del semestre caí enfermo de hepatitis. Tenía la bilirrubina cerca de mil. Siempre he pensado que las discusiones del Colegio del Seminario influyeron más que la vez que le chupé el dedito sangrante a Raymundo… a quien le dio hepatitis antes que a mí.

miércoles, junio 19, 2013

Biopics: Cosas de tregua



Tal vez el improbable lector piense que, entre los traumas personales, la crisis económica, la frustración política y, encima de eso, las tragedias que viví de cerca, los años que reseño fueron totalmente negros para mí. No es el caso. Hubo varios momentos y elementos que significaban una tregua, y algo más.

El Rayo

Raymundo crecía y, además de guapo y fuerte, era simpático, inteligente y vivaz. Hablaba mucho, y con muchos errores. Mira uno kíkaro: Mira, un helicóptero. Te bullicaste: Te equivocaste. ¿Qué dice el oj?: ¿Qué horas son, qué dice el reloj?
Una vez me pregunta:
-¿Papá, los gatos muerden?
-Los gatos arañan.
-¡Te estoy hablando de un gato, no de una naraña!
En la mesa:
Yok-Yok con un amigo rana
-Ya no quiero más albón.
-Albóndiga.
-Sí, ya no quiero más albón.
-Albóndiga.
-¡Dije albón, dije albón!
Como pueden ver, al Rayito le gustaba alegar. Un día le dije: “eres alegoso”. Su respuesta:
¡Yo no me llamo así, me llamo Raymundo!
Siempre lo llevaba a la Feria del Libro Infantil y Juvenil, y que lo invitan a la cabina de Radio RIN Infantil. Le preguntan su nombre, y lo dice muy bien.
-¿Y cómo se llama tu papá?
-Se llama Frasquito Báez.
Al Rayito le gustaban mucho los cuentos. Por esos años su favorito era Yok-Yok, un muñequito simpático que venía en unos libros caros. También leía mucho unos de Disney que venían acompañados de un cassette que los contaba, y una campanita decía cuándo había que cambiar de página. Imité el método, grabando –con la ayuda de una campanita casera- las aventuras del Rey Mono, unos libros chinos baratísimos. Esas grabaciones las llegó también a usar Camilo –quien por cierto, en esos días nos enteramos que venía en camino, un motivo de felicidad.
También era fan de los carritos. Hacíamos complicadas carreras con varios competidores a lo largo del departamento. Al niño, por supuesto, le solían tocar los mejores vehículos, y a mí el camión que se volteaba –y había que retrasarlo una cuarta por el accidente.
En el verano tomó clases de natación. Yo lo acompañaba al vestidor y decíamos, cuando se le arrugaban de tanto estar en el agua, que tenía “dedos de pato”.
Muchos momentos de felicidad con mi hijito. Tregua.

Punto

El semanario Punto, que dirigía Benjamín Wong, cubrió con eficacia mi necesidad de escribir y publicar de manera cotidiana, tras la salida del unomásuno y la desaparición de Solidaridad. La publicación era, en lo esencial, una colección de columnas de opinión –muchas, de refugiados del uno- y yo, además de mi columna semanal sobre cualquier tema, me encargaba de la “sección de economía”, que era una plana que yo hacía de cabo a rabo.
Punto estaba a pocos minutos a pie de la casa y, una tarde a la semana, yo iba a las oficinas a entregar mi material, a platicar con el personal y con don Benjamín, un periodista con muy buenas ideas (me ayudó a hacer mis pininos como editor) y un solo defecto: él ponía las cabezas y no sabía cabecear. En una ocasión, Pepe Woldenberg hizo un texto jugando con el nombre de un espía descubierto por EU y el de una marca de whiskey. Wong platicó la respuesta al juego (que era el nombre Johnny Walker) en la cabeza. En otra ocasión, yo quise comparar la Serie Mundial con las elecciones gringas, y Wong puso una cabeza estrictamente de beisbol. En fin. Pero aprendí mucho y me divertí.


Maca y Mónica

Mónica Speckman había sido alumna mía, y luego se convirtió en mi adjunta (sabía mucho de los temas, pero le ganaba su timidez). Sobre todo fue, en esos meses, alguien con quien pude sostener largas conversaciones acerca de todo. Su papá, un señor que tenía una historia interesante, era dueño de la librería donde compré las historias de Yok-Yok. Las conversaciones estaban salpicadas con asuntos de psicoanálisis, porque ambos estábamos en terapia (y la mamá de ella era psicoanalista). Estaba casada con un comunista chileno sorprendentemente parecido a Humberto Zurita y en esos tiempos esperaba un bebè (o estaba por quedar embarazada). Alguna vez intentamos hacer una reunión de parejas con Patricia y con su marido, pero en realidad quienes éramos amigos éramos ella y yo. Sé que dejó la economía y ahora es psicoanalista, como su mamá.

María Cruz Mora, Maca, ha sido una de mis más grandes amigas. Era esposa de Fallo Cordera y también trabajaba en la Facultad. Solíamos visitarnos a nuestros respectivos cubículos (yo más al de ella), platicar por horas y horas y fumar como chacuacos. De política, de nuestras familias, de historia, pero sobre todo, de la vida. Creo que conocimos con pelos y señales la vida de cada uno, sus dudas, sus miedos, sus amores, sus despechos, sus tics. A ella le dolía mucho lo mucho que habían sufrido sus progenitores, sobre todo su padre, en la Guerra Civil Española. Yo le decía: “Piensa, Maca, si Franco y los fascistas no hubieran ganado, tus padres no se habrían conocido y tú no existirías”. Ciertamente, corrían tiempos complicados y estoy seguro que esas conversaciones nos ayudaban a sobrellevarlos mejor. Nos divertíamos mucho en ellas. Maca es una de las personas más lindas que he conocido.

En mi cubículo del CEDEM
La videocasetera

La modernidad de la videocasetera (una Beta, por supuesto) llegó a la casa en 1984. En los dos años anteriores habíamos ido poquísimo al cine, entre otras razones porque entonces sí se prohibía la entrada de bebés a las salas. Lo siguiente fue conseguir un video-club, porque ni modo de comprar las películas, que eran carísimas.
Vadillo me recomendó uno, que había fundado un amigo suyo, Carlos Sevilla, en la colonia Narvarte. Se llamaba Tiempos Modernos y funcionaba de la siguiente manera. Al hacerte socio “comprabas” una peli y te cobraban por el servicio de trueque semanal de películas de los socios. Obviamente había muchos más casetes que socios, y la oferta –sobre todo del lado semi-culturoso- era buena. La ventaja, que los videoclubes comerciales de los años siguientes no tenían, era que el préstamo era semanal y el cargo si te pasabas una semana o dos más era mínimo.
Los casetes eran de todo tipo: originales, copias tomadas de la tele y piratones. A menudo, filmados sobre filmado: una vez se acabó la peli y lo que siguió fue la grabación de TV del famoso rollo de López Portillo de la defensa del peso como perro; otra, en medio de Lo que el Viento se Llevó, pasó una alerta sobre cierto huracán que se avecinaba a las costas de Texas. Pero el chiste es que por fin podíamos pasar una noche viendo un filme interesante.
  
Claudio en México

En el verano llegó de visita a México mi querido amigo Claudio Francia (ya había estado aquí antes, con un sobrino, pero casi no lo vi porque yo estaba en Sinaloa). Se quedó casi todo el tiempo en casa de Carreto (un par de días en mi casa). También se echó un rol norteño, volando a a la capital chihuahuense y tomando el famoso tren Chihuahua-Pacífico. De su visita recuerdo con gusto un par de reuniones-fiestas en casa de Mapes, una ida al beisbol al clásico Tigres-Diablos, la legendaria perdida que se dio cuando pidió un auto prestado y recaló en Iztapalapa y, sobre todo, las interesantes, y vitales conversaciones políticas y existenciales que sostuvimos.  

Los Juegos Olímpicos del 84

Ya saben que tengo debilidad por los Juegos Olímpicos. Los de Los Ángeles en 1984 no fueron la excepción, y los disfruté mucho, a pesar de la ausencia del bloque soviético, la consiguiente victoria arrasadora de la delegación estadunidense y las cantidades industriales de propaganda nacionalista reaganiana –a la que Televisa hizo eco y bocina- que acompañaron esos juegos.
¿Mis principales recuerdos? La inauguración, que estaba bien chafa hasta que aparecieron decenas de pianos tocando Rapsodia en Azul. El primer día, la fuga de Raúl Alcalá en el ciclismo de ruta –y mi indignación con Sonny Alarcón, quien se preocupaba de que lo acompañara un italiano, cuando el problema es que una fuga de dos tiene pocas probabilidades de éxito-. En los días siguientes, mi apoyo al Albatros alemán Michael Gross –único obstáculo para la barrida de los tritones gringos-, mi admiración para Greg Louganis –Sonny calificaba los clavados según si salpicaban agua o no-, los triunfos arrasadores de Carl Lewis, la emoción incontenible con el 1-2 de Canto y Raúl González en los 20 kilómetros de caminata (la afrenta de Moscú estaba vengada) y con el oro de Raúl en los 50 k, la pelea que le dio medalla a Héctor López (que vimos Pablo Pascual, Xavier Cabrera, Pepe Zamarripa y yo en una tele minúscula que tenía Chamarrita en su cubículo) y la final, en la que perdió el oro.
También hice tremendos corajes con los periodistas y narradores. Ya comenté de Sonny. En Televisa hacían un resumen super elogioso para los gringos con un tipo tan pro-yanqui que a la arquera mexicana Aurora Bretón le decía Orora Bretton. Ninguno se dio cuenta de lo bien que iba el luchador Daniel Aceves, hasta que sacó su medalla. En el caso de Youshimatz fue peor: no sabían cómo se medían los puntos en la carrera australiana y el mexicano había calificado con pocos puntos, pero ganándole una vuelta a los rivales: afirmaron que pasó de panzazo y no transmitieron la final, donde obtendría el bronce. Fue la primera vez que, aunque con menos horas de pantalla, Canal 13 derrotó a Televisa en la calidad de su transmisión olímpica: una tendencia que duraría dos décadas.