miércoles, junio 22, 2016

Radiografía del voto en la Ciudad de México



Mi amigo, geógrafo y colega periodístico, Arturo Ramos, El Trosko, hizo unos mapas muy interesantes a partir de los datos de la elección del Constituyente de la Ciudad de México. De ellos, sacó una nota en Crónica, y prepara más, ahora yendo delegación por delegación.

Aquí haré un análisis somero, pero que no pretende ser epidérmico, del caso.





En el primer mapa, en el que cada sección electoral tiene el color del partido que la ganó, podemos ver lo siguiente:
El PAN gana en sus zonas tradicionales, de clase media, media-alta y alta. Los dos primeros grupos socioeconómicos han sido tradicionales bastiones del blanquiazul; la clase alta un tiempo fue del PRI. Ya no.
La implantación de Morena es mayor en el sur y centro que en el norte y oriente de la ciudad. Hay elementos históricos que nos podrían ayudar a entenderlo. El sur de la capital (entendido como tal lo que está abajo del Viaducto Piedad en el mapa) nunca votó más a la izquierda que el norte, pero siempre fue menos priista. Esto se puede traducir como “menos gobiernista”; ahora que Morena está en la oposición, eso se hace más evidente.
El PRD mantiene algunos bastiones en el norte y oriente, pero se desdibuja en casi todo el resto de la metrópoli. A un primer vistazo, pareciera que se trata más de grupos clientelares –o simplemente agradecidos con los programas sociales del gobierno de la CDMX- que de seguidores ideológicos.
El PRI se vuelve partido periférico. Es el partido de las barrancas, las cumbres y el campo. El centro de la capital se ha convertido, de varios lustros atrás, en territorio vedado para el tricolor.


Si analizamos los mapas por partido (el tono varía de acuerdo al porcentaje obtenido; el gris corresponde a menos del 3%), encontraremos que nuestra visión a ojo de pájaro se confirma en algunos puntos. Y otras aristas interesantes.

La comparación más interesante es la que se puede dar entre el PAN y el PRD, porque parecen espejos contrastantes. 

Desde que el PRI perdió la mayoría en la clase alta (lo que llaman los publicistas el grupo socioeconómico A), el porcentaje de votación del PAN ha podido servir como índice del nivel social de la sección electoral, en la Ciudad de México. Hay una fuerte correlación positiva. Esta vez no es la excepción.
 
Lo novedoso es que, desde finales del siglo pasado, cuando el PRD se hizo del gobierno de la ciudad, que ha detentado desde entonces, el partido del sol azteca aparecía como relativamente transversal: aunque tenía porcentajes relativamente más bajo en las zonas ricas y relativamente más altos en las colonias populares, las derivadas (es decir, las pendientes de las curvas) no eran pronunciadas –debido, primero, a la presencia del PRI en las zonas pobres y, más tarde, al crecimiento perredista entre las clases medias-. Ahora hay una fuerte correlación negativa entre nivel de ingreso de las secciones y votación por el PRD. De ahí el efecto espejo.
 
¿Qué significa esto para el PRD? Que hay una fuga del voto clasemediero y de colonias de clase trabajadora, pero no marginadas. Este voto, de acuerdo con la clase social, ha regresado al PAN o se ha ido a Morena.





De aquí se deriva el mapa de Morena. Sus zonas más débiles son las correspondientes a la clase media y alta y las colonias más pobres (salvo una parte del suroriente de la ciudad, que abarca una parte de Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco, y que es morenista); sus zonas más fuertes, son las zonas de clase media-baja y las colonias populares no marginales.

 
El PRI, la imagen lo dice, se ve deslavado. La única sección un poco verde en el centro es la que corresponde a Los Pinos, y hay una multiplicación de islas grises en los bastiones perredistas. En otras palabras, su implantación en la elección de 2015 fue frágil y fragmentada.




¿Conclusiones políticas? Varias. 

El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha dilapidado buena parte del enorme capital político con el que inició (vaya, Mancera triunfó en 2012 hasta en las colonias más panistas), particularmente entre las clases medias, con las que no ha sabido conectar. Los datos de 2016 confirman esencialmente los del año pasado. De paso, no estaría mal que analizaran una copia de este mapa con uno que vea las obras de la PAOT y de constructoras privadas de hoyancos callejeros. Se complica votar por el partido de gobierno cuando la ciudad parece campo de batalla. 

El PAN no pudo capitalizar el desgaste de Mancera. Los electores, a la hora de votar la Constituyente, tienen en cuenta asuntos más ideológicos que cuando votan por delegado, por ejemplo, donde importa más la eficiencia prevista en la prestación de servicios. El choque entre la ideología conservadora de Acción Nacional y el talante liberal de los chilangos pudo haber tenido que ver. Así, la recuperación del blanquiazul fue desigual y combinada. Y su pérdida entre los pobres capitalinos, duradera.

Morena se afianza, pero –a diferencia del leitmotiv de “primero los pobres”, que maneja su líder- lo hace más entre las clases medias depauperadas que entre el proletariado propiamente dicho. Esto puede deberse a dos razones: la primera, es que Morena se maneja más como partido nacionalista que como organización de izquierda; la segunda está en la relación clientelar con el gobierno que, paradójicamente, fue una de las claves del éxito inicial de AMLO, pero ahora el gobierno es del PRD.

El PRD se ha convertido en el partido de los pobres capitalinos. Puede mantenerlos si, además de los programas sociales, lanza propuestas económicas fuertes contra la desigualdad (como el salario mínimo). Pero su problema –paradoja, luego de dos décadas de gobierno- es que la ciudad es menos pobre que cuando la tomó en sus riendas: debe hacer un esfuerzo por recuperar a los sectores medios y medio-populares, si de verdad quiere mantenerse otro sexenio más.

El PRI volvió a la intrascendencia política capitalina. Y esa es una complicación, porque aquí está el asiento de los poderes federales, en manos de un priista.    

miércoles, junio 08, 2016

Glorias olímpicas: Edoardo Mangiarotti



Es difícil, para todo atleta, competir en cinco Juegos Olímpicos, como Edoardo Mangiarotti. Pero él es un caso especial: asistió por primera vez a los de Berlín 1936, luego se perdió dos ediciones, canceladas por la II Guerra Mundial, para regresar cuatro veces más. En el trayecto, superó a Paavo Nurmi como el deportista olímpico más laureado de la historia, con 6 oros, 5 platas y 2 bronces.

Todos los niños de la familia Mangiarotti fueron educados en el amor al deporte. Su padre, quien fuera campeón europeo de espada y compitió sin suerte en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, los entrenaba en varias disciplinas: box, natación, marcha y ciclismo, con el propósito de que, con las habilidades y la fuerza adquiridas, se convirtieran en grandes esgrimistas. Giuseppe Mangiarotti era dueño y director de una academia de esgrima.

Los tres hermanos resultaron buenos tiradores, pero el padre trabajó tiempo extra con Edoardo, a quien le cambió a la guardia zurda. Ya de adolescentes, fueron entrenados por el mítico Nedo Nadi. A la hora de seleccionar el equipo que representaría a Italia en los juegos de Berlín, la sorpresa fue Edoardo, de 17 años. En 1936 debutó la espada eléctrica, y el debut de Mangiarotti fue dorado: Italia se coronó por equipos.

Tras los juegos, Mangiarotti entró a estudiar economía, ganó –por equipos- un campeonato mundial y un tercer lugar, hasta que llegó la guerra. Edoardo fue enrolado como oficial, pero su compañía fue enviada cerca de la frontera suiza. En marzo de 1944, el oficial Mangiarotti decide, junto con sus hombres, cruzar la frontera, luego de inutilizar sus armas. El grupo es enviado a un campo de refugiados militares en Berna.

Allí sucede algo inusual. Edoardo logra contactar con el COI en Ginebra y los dirigentes deportivos le consiguieron la posibilidad de entrenarse y competir los fines de semana. Encerrado en el campo de internamiento de lunes a viernes; esgrimista, los sábados y domingos.

Tras la guerra, Mangiarotti califica para los juegos de Londres 1948 en florete y espada, armas que requieren un muy diferente tipo de destreza. En el equipo de florete consigue la plata; lo mismo sucede en espada (en la escuadra está su hermano Dario) y se lleva el bronce individual en la segunda arma.

En la olimpiada entre Londres y Helsinki, Mangiarotti pierde a su esposa en una inundación, pero gana innumerables títulos. En los juegos de 1952, Edoardo encontrará la gloria: en florete, se llevará la plata individual y por equipos; en espada, encabezará al equipo ganador y también subirá a lo más alto del podio en la competencia individual, con el agregado de que la plata se la llevará su hermano Dario. Al mismo tiempo que compite, el esgrimista escribe para La Gazzetta dello Sport, cosa que hará en todas las olimpiadas hasta 1972.

Para Melbourne 56, los mejores años de Mangiarotti habían pasado (su último oro en campeonato mundial fue en 1953). Sin embargo, en Australia logró el ansiado objetivo de obtener un oro en florete (por equipos); también encabezó el equipo ganador del metal dorado en espada y obtuvo la medalla de bronce individual en esa arma.

Para Roma 1960, Edoardo Mangiarotti tenía 41 años. Llevaba tres sin conquistar un título italiano y la federación de esgrima de su país era un lío. Se decidió formar un triunvirato para encabezarla, que incluyó al multipremiado esgrimista. Así, en aquellos Juegos Olímpicos, Mangiarotti fue abanderado nacional, atleta y dirigente (ya se pueden imaginar la polémica).

El caso es que en la pista cumplió. Fue parte del equipo de espada que se llevó el oro. Era la sexta para un hombre que había iniciado su carrera 7 olimpiadas atrás, y que hubiera conseguido más laureles de no ser por la guerra más terrible que ha conocido la humanidad.

viernes, junio 03, 2016

Un anhelado (pero no soñado) debut



Mexicanos en GL.

mayo

Mayo de 2016 fue el mes en el que finalmente debutó la gran promesa de los Dodgers y del beisbol mexicano, Julio Urías, en medio de gran expectación. Fueron sólo destellos y los nervios pudieron más que el talento natural. Fuera de ello, lo relevante ha sido la calidad constante del Cañoncito Osuna, el poco apoyo ofensivo que han tenido los abridores nacionales y la implosión de Jorge De la Rosa.

Aquí el balance del contingente nacional, ordenado de acuerdo con el desempeño de cada uno en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Roberto Osuna estuvo absolutamente intratable en mayo. Vio acción en 14 juegos y sólo le pegaron 5 hits y ninguna carrera. Le sirvió para ganar dos juegos y obtener 6 salvamentos. El 3 de junio se apuntó otro rescate. El joven sinaloense de los Azulejos se acerca rápidamente a la elite de cerradores. Su marca en el año: 2-0, 1.07 carreras limpias admitidas por cada 9 innings lanzados y 13 juegos salvados.

Marco Estrada o Marco Malasuerte. Ha tenido grandes salidas, pero su equipo no le ha ayudado. 5 de sus 6 aperturas de mayo fueron de calidad (6 entradas o más, 3 carreras limpias o menos), pero sólo en dos de ellas se pudo llevar la victoria. En la última de ellas, blanqueó a los Yanquis durante ocho entradas. El récord del sonorense de los Azulejos en la campaña: 3-2, un excelente 2.43 de limpias y 58 ponches.

Adrián González tuvo un mayo menos malo de los que acostumbra. Su porcentaje mejoró, pero su pólvora de largo alcance no se encuentra, ya ni parece slugger. Un dato interesante es que el Titán batea un impresionante .387 como visitante y un decepcionante .173 como local. El manager Dave Roberts dice que su line-up no funciona en Chavez Ravine por la humedad. ¿Será? El caso es que Adrián tiene .294 de promedio, sólo 5 jonrones y 27 carreras impulsadas.

Jaime García combinó grandes salidas con aperturas mediocres, que le significaron tres victorias y tres derrotas (todo merecido). El zurdo de Reynosa (y de los Cardenales) termina mayo con una marca de campaña de 4 ganados, 5 perdidos, 3.48 de limpias y 58 ponches.

Fernando Salas ha tenido un buen desempeño en el bullpen de los Angelinos, tanto que ahora ya ha servido como preparador de cierre y que obtuvo dos salvamentos en el mes (los primeros en tres años). El de Topolobampo tiene marca de 2-1, 2.45 de limpias, dos rescates y 8 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento).


Oliver Pérez, especialista zurdo de los Nacionales de Washington, sigue siendo útil a su equipo. Tiene 1 ganado, 1 perdido, 6 holds, PCL de 3.07 y 18 chocolates suministrados a los rivales.

Joakim Soria parece haberse reencontrado en mayo, tras un titubeante abril. Ganó un partido en el que le dejaron la olla hirviendo con casa llena y sin outs, y coleccionó holds como preparador de los Reales de Kansas City. El 2 de junio le dieron oportunidad de cerrar y la desperdició. Su marca en lo que va de 2016: 2-2, 3.81 de limpias, 10 ventajas sostenidas, un salvamento y 23 sopitas de pichón.

César Ramos regresó a Grandes Ligas con los Rangers de Texas. En parte como relevista largo y en parte como quinto abridor. Dos de sus tres aperturas han sido de calidad (pero una la perdió). Desde el bullpen ha tenido suerte mixta: salvó un juego con relevo largo y perdió otro, en el dejaron a los tejanos tendidos en el terreno. Lleva 1-2, 3.51 de efectividad, 16 ponches, un salvado.

Miguel González ha logrado quedarse en la rotación de los Medias Blancas de Chicago, que tuvieron un mayo para el olvido. Si vemos las actuaciones del Mariachi en el mes, entenderemos por qué: sin que nunca haya llegado a los siete innings en la loma de las responsabilidades, el de Guadalajara no admitió ninguna vez más de tres carreras limpias, pero eso, o no le sirvió ante un bateo raquítico o sirvió para que el bullpen le tirara el juego ganado. En el año: 0-1, 4.09 de carreras limpias, 28 ponches.

César Vargas ha dejado la esperanza a medias. Tras tres buenas aperturas en abril, tuvo un mayo en el que enseñó la novatez. El poblano de los Padres tuvo dos salidas de calidad (una la perdió, es sabido que los de San Diego no batean), una aceptable, una mala y otra horrorosa. Ahora está en la lista de lesionados. Su marca es de 0-3, 5.03 de PCL y 28 pasados por los tres strikes.

Daniel Castro perdió la titularidad de Bravos de Atlanta, luego de que su bateo se colocó debajo de la Línea Mendoza (el .215 que bateó de por vida Mario Mendoza) y que suele mandar a la banca al mejor infielder. Los de Atlanta le dan la vuelta a sus jugadores batiflojos y no encuentran la cuadratura al círculo, lo que significa que el de Guaymas sí tiene acción. Sus números ofensivos en el año: .196 de porcentaje, 4 impulsadas y un robo de base.

Luis Cessa volvió al equipo grande de los Yanquis de Nueva York, tras un receso en AAA. En el mes lanzó cinco entradas, permitiendo una carrera, lo que mejora su efectividad a 2.57. Lleva 5 ponches.

Sergio Romo se pasó mayo en la lista de lesionados. Trae  0-0, 4 holds y 2.70 de PCL. Un solo ponche.

Yovani Gallardo, al igual que Romo, se la pasó fuera de acción. Lleva 1-1, con  7.00 de PCL y sólo 9 ponches. Se espera su retorno en junio.

Julio Urías fue subido de AAA para suplir al lesionado Tyler Ross. El novato maravilla de los Dodgers estuvo nervioso en su debut. Tal vez demasiadas candilejas. Le metieron tres carreras en la primera entrada y no llegó a los tres innings. Lo volvieron a llamar a principios de junio, y ahora fue en el tercer inning (duró cinco) cuando se desplomó: sus números: 0-1, 9.39 de limpias y 7 ponches.

Jorge De la Rosa
regresó de la lista de lesionados para permitirles a los rivales de los Rockies una sesión de fongueo (el fongue es un bat largo que se usa para entrenar a los jardineros con batazos largos): La velocidad ya no está ahí. Fue bajado al bullpen a trapear innings y desde ahí al menos pudo colgar un par de ceros. Números del de Monterrey: 1-4, 10.08 de limpias y 34 ponchados.  

Arnold León se cansó de la puerta giratoria entre AAA y la Gran Carpa. Pactó con los Azulejos para irse al beisbol de Corea. En el año tuvo 0-0, 7.71, un rescate desperdiciado y dos ponches.