martes, marzo 12, 2013

México en el Clásico Mundial de Beisbol 2013

La novena mexicana de beisbol quedó eliminada en la primera ronda del Clásico Mundial de Beisbol. Por primera vez no pasó a la segunda ronda. Y, para más inri, tendrá que eliminarse para acceder al evento de 2017. A pesar de ello, dio un gustazo a la afición con su victoria sobre Estados Unidos y –opino- fue un equipo más digno que el que nos representó hace cuatro años.


La sorpresa italiana. Italia 6, México 5

El primer juego, contra Italia, estaba presupuestado como victoria. El equipo italiano resultó mucho mejor a lo esperado, pero no por ello era superior al mexicano. La derrota se escribió a partir de errores evidentes en el manejo de la escuadra.  Un mal uso del hit-and-run (una estrategia sobrevalorada, que casi nunca funciona) frustró un posible rally, que hayan mandado a tocar a Ramiro Peña sin out, cuando el regiomontano estaba encendido (la llamada “pelota pequeña” no funciona más que en circunstancias especiales), el uso obligatorio (del librito no escrito) de lanzador de la 7ª, preparador y cerrador, independiente de cómo  estén los lanzadores y tonterías del tipo de lo sucedido en la última entrada:  vamos perdiendo. Iniciamos la entrada con hit, y lo que se le ocurre al manager es otro toquecito para que haya un out. Dejo para el final la más obvia: poner a un infielder en los jardines, aún en los momentos en los que se requiere es fildeo, exclusivamente. Édgar González, que no es jardinero, fildeó mal dos batazos y se convirtió en el chivo expiatorio. El culpable de fondo de la derrota fue el manager Rick Rentería.


El Coco de los gringos. México 5, Estados Unidos 2

A diferencia de lo ocurrido en el primer juego, en el enfrentamiento contra el equipo de Estados Unidos, todo funcionó a la perfección. Una apertura estelar de Yovani Gallardo. Carreras anotadas mediante batacazos (un precioso cuadrangular de Adrián González entre ellos), disciplina en el plato y cambios de lanzador a la hora precisa se combinaron para que México venciera a una novena estadunidense que jugó muy bien, particularmente a la defensiva, robándole varios hits a los mexicanos.  Por supuesto que lo fundamental fue que los mexicanos le encontraron la bola temprano al nudillero R.A.Dickey, que traía el prestigio de su reciente premio Cy Young, pero nada en el brazo.
 


La debacle. Canadá 10, México 3

Este fue un juego que empezó mal, pero terminó peor. México tuvo suerte de recibir nada más cuatro carreras en la primera entrada, porque Marco Estrada lanzó de manera desastrosa. Luego el partido se compuso y una serie de severos errores mentales evitó que le diéramos la vuelta al partido. El primer relevista canadiense no traía absolutamente nada, recibe dos hits sin sacar out. De nuevo le conectan, e inexplicablemente el coach manda a home al lento Karim García, quien corría desde segunda. Karin choca con el cátcher canadiense, pero éste no lo toca; el sonorense, en vez de pisar jom para anotar, se regresa a la caseta, sin que nadie desde allí le diga que pise y anote. En vez de tener una carrera, hay un out. En esa entrada nos acercamos 4-3, pero perdimos a Karim y quizá ahí también se escapó la idea de ganar, porque todo fue cuesta abajo (por segunda vez consecutiva, Dennys Reyes tiene un pésimo Clásico Mundial). La gran bronca del final estuvo divertida (y se demostró que Eduardo El Mosco Arredondo es pimentoso hasta para los trancazos), pero tenemos que admitir que derivó de la frustración de un equipo por no ganar el partido que lo hubiera puesto en el primer lugar del grupo (y que, al perderlo, lo mandó al último).


Un primer balance

El juego contra las estrellas de Estados Unidos nos muestra de las posibilidades y capacidades del equipo que se armó. Las dos derrotas, evidenciaron las carencias. A mi gusto, fue una escuadra superior a la de 2009, que sólo pudo ganarle a rivales muy inferiores (y no siempre) y cayó con facilidad y amplitud ante los buenos, pero inferior a la de 2006, que hizo un gran papel. La inicial falta de cooperación de la Liga Mexicana de Beisbol, que no quería prestar jugadores, influyó negativamente. Más todavía, la designación de Rick Rentería como manager, la carencia de jardineros, la necedad de que jugaran todos y, aparentemente, la existencia de favoritismos.

El futuro del Clásico Mundial


El Clásico Mundial de Beisbol es apasionante, pero tiene limitaciones obvias. La principal, que se juega antes de la temporada de verano, lo que deriva en negativas de jugadores a participar, en las reglas absurdas sobre cantidad de lanzamientos y, sobre todo, en que los peloteros suelen estar lejos de su nivel máximo. Así como está, interesa, pero no puede ni soñar en ser un equivalente en el beisbol del Mundial de Futbol –que, quiero pensar, es la meta de MLB-. La única solución que se me ocurre, por ahora, para mejorarlo es que se juegue en noviembre, sin límites mamones, y que las eliminatorias sean en primavera.

miércoles, marzo 06, 2013

Biopics: En el diván II


Cuba.

Otro de los primeros temas que vi en las sesiones de psicoanálisis es el de mi compleja relación con Cuba, la tierra de mis padres (entre otras cosas, porque es parte fundamental de mi relación con ellos).
Nunca me he sentido cubano en lo más mínimo. En ello influye que mi papá todo el tiempo, y muy claramente en mi primera infancia, haya recalcado mi mexicanidad (lo que también me hizo trazar una línea imaginaria que me separaba de él y de mi mamá). De niño yo era bien patriota. Sin embargo, y por razones obvias, tengo aspectos de cubanidad, entiendo la forma de ser de ese pueblo, conozco su jerga, su comida (he de decir que odio las “viandas” como el boniato, la yuca y la malanga y aborrezco el ajo) y su música de una manera que sólo otro mexicano hijo de cubanos puede hacerlo. Me complace el barroquismo en el lenguaje, amo el beisbol y me interesan la vida y la historia de Cuba. Pero hasta ahí.
En la época de la terapia psicoanalítica, había elementos en esa relación que me turbaban. Me molestaba que los cubanos hablaran tan alto, que nunca se callaran (como mi mamá y mis tías), que tuvieran posiciones y discusiones políticas grotescas (desde los miamitas que decían que Carter era comunista, hasta los isleños que hacían la apología ciega de su sistema), que alegaran por cualquier cosa y que su ocupación principal fuera criticar a otros cubanos. Me cagaba el poder ser identificado, de cualquier forma, con esas actitudes, por el mero hecho de la nacionalidad de mis padres.
El tema psicoanalítico salió a relucir por aquello de las fronteras (entre la vida y la muerte, la primera y fundamental; entre la sumisión y la rebeldía, la segunda). ¿No tendría yo esa sensación fronteriza? Mi respuesta esencial era que no. Pero luego me decía: “qué extraño grupo nacionalista es el mis compañeros del MAP, con gente como Woldenberg, Gershenson, Whaley, Bellinghausen y Stephan-Otto”, sin contar personajes como el querido Carlos Pereyra, hijo de argentinos, incapaz de comer un buen plato de chicharrón en salsa verde, o Fito Sánchez Rebolledo, hijo de españoles, que defendía el artículo 82 de la Constitución, que le impedía legalmente ser Presidente, arguyendo diferencias que yo era incapaz de ver (y he de decir que alguna vez, en la colonia Roma, asistí a una discusión al respecto entre los grandes amigos que eran Pereyra y Fito, en la que el Tuti fue contundente, a mi juicio). ¿No era nuestro nacionalismo izquierdista una suerte de sobrecompensación?
En todo esto, por supuesto, tiene que ver cierto nacionalismo mexicano trasnochado, según el cual hay mexicanos de cepa y de segunda. Este tipo de nacionalismo, que abreva de inseguridades históricas, se reproduce en gente de toda la gama ideológica, y resulta, ocasionalmente, en situaciones molestas, sobre todo si uno es el involucrado. A mi me resultan chocantes desde el tarado que te pregunta si tú también festejas el 16 de septiembre, hasta el que insiste en subrayar el origen de un extranjero nacionalizado mexicano, sea chileno, argentino o libanés.
La cuestión, al fin y al cabo, era quedar cómodo con la cubanidad que me toca. La terapia abrió el problema pero no lo resolvió en el momento. Fueron los años, la mayor comprensión del legado de mis padres, ver la vida con más gracia y más calma. También, posiblemente, mi evolución política.
Una vez, a finales de los años noventa, estaba yo en una mesa con Taide mi esposa, mi amigo el cantautor Alejandro García Virulo y un asistente de él, Alejandrito. Platicamos alegremente por horas. Al regresar a casa, Taide me dijo: “parecía que estaba yo con tres cubanos”. Por primera vez, -y ayudó que la frase viniera de ella- lo tomé como un halago, que hablaba de mis orígenes, mi empatía y mis capacidades camaleónicas, no como algo que mermara mi mexicanidad. Ya estaba viendo las cosas con cierta objetividad.
Hoy puedo manejar con orgullo mi estirpe isleña. Pero eso sí, la selección cubana de beisbol me sigue pareciendo profundamente antipática.

viernes, marzo 01, 2013

Biopics: La salida del unomásuno



A principios de diciembre de 1983 recibí una llamada de Luis Ángeles. Me dijo que algo muy grave había sucedido en el unomásuno y me citó –junto con otros colaboradores- al Sanborns de San Antonio.
En esa reunión, nos explicaron que el periódico unomásuno, aunque su concepto fundacional era el de una cooperativa, en realidad era una sociedad anónima y el director del diario, Manuel Becerra Acosta, se hizo de la mayoría de las acciones. Con ese argumento, se enfrentó directamente al sindicato, que encabezaba el caricaturista Magú y generó condiciones para una ruptura entre él y el resto de los directivos del periódico.
Nos habían citado para ver si nos solidarizábamos y jalábamos con ellos. Adelantaron que tenían la idea de montar un nuevo proyecto periodístico, ese sí más democrático. Sería muy probablemente un diario.
La decisión para mí fue muy sencilla. Luis Ángeles me había invitado a colaborar, Luis Ángeles se iba; ergo, yo también debía hacerlo. Adicionalmente, me quedaba claro que los movimientos de Becerra Acosta habían sido bien vistos –sino es que telecomandados- por el gobierno de Miguel de la Madrid, todavía molesto por las huelgas de junio y sin duda poco acostumbrado al nivel crítico del unomásuno. Hubo una tercera consideración, más pragmática. En el uno yo era un colaborador de segundo nivel, sin día fijo de publicación; en cualquier otra publicación que hiciéramos, ya estaría al nivel de los demás. Todos los que fuimos invitados nos fuimos con la disidencia, encabezada por Carlos Payán y Humberto Mussacchio.
El 4 de diciembre, al día siguiente de nuestra salida, apareció en la prestigiosa página 3 del diario, un artículo con mi firma. Era uno que se había quedado sin publicar, de esos en los que Granados Chapa se sentaba por días y días. Ese solo hecho era muestra de que el unomásuno había sido vaciado de sus plumas más reconocidas.
Pasaron los días y muy rápidamente se notó la caída en la calidad del que fuera el mejor diario del país por poco más de un lustro. El unomásuno pasó a ser un diario regularsón, luego fue de plano malito. Años más tarde, con la salida de Becerra Acosta y en una situación financiera crítica, el unomásuno devino en un pasquín ilegible, que nadie compraba.
A quienes decidimos salir de ese diario, don Benjamín Wong, director de la revista Punto, muy amablemente nos ofreció sus páginas. Yo de inmediato acepté su oferta, y empecé a publicar todas las semanas.
El grupo, de medio centenar de personas al principio, empezó a reunirse periódicamente en las oficinas de Nexos en Montes Urales. Se gestaba La Jornada.