Terminaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2006, con los que la justa regional cumplió un siglo, y la delegación de México fue ampliamente ganadora, confirmando cada vez más las diferencias respecto a las de otras naciones.
Tradicionalmente, las expectativas de los metodólogos cubanos acerca del rendimiento de las diferentes delegaciones en los juegos multideportivos regionales, eran acertadas. Parece que la crisis en la mayor de las Antillas es tal que ahora hasta en esto fallan. Los especialistas de Cuba consideraban, antes de los Juegos, que México obtendría el mayor número de medallas de oro: hasta 150; que Colombia se afianzaría en segundo lugar con aproxidamente el mismo número de oros que en la edición pasada (87) y que Cuba quedaría en tercero, con 67 medallas doradas, 7 menos que en la edición anterior. En realidad, México superó con creces ese pronóstico, al obtener 167 preseas doradas; Colombia más o menos estuvo dentro de lo previsto, con 91 y Cuba terminó con solamente 51 oros.
México obtuvo 22 medallas de oro más que su récord, logrado en los JCC anteriores, y superó el hito de las 400 medallas totales. Lógicamente, las autoridades deportivas lo celebraron. Quienes siempre ven el vaso medio vacío (en este caso la revista Proceso) hacen notar que el número de competencias fue mayor en esta edición, que en varias pruebas el nivel es bajo y que México no fue el principal aprovechado de esta debacle cubana. Todo eso es cierto, pero omiten intencionalmente varias cosas.
En Santo Domingo se repartieron medallas en 495 pruebas, frente a las 444 de San Salvador 2023. En aquella edición, México obtuvo el 33% de los oros: ahora fue 34%. Colombia se mantuvo con 18% y Cuba cayó del 17% al 10%. Esos 7 puntos porcentuales de caída corresponden, grosso modo, a un punto a favor de México, y 3 puntos a favor de Venezuela y República Dominicana, que tuvo el beneficio de la localía. La cosecha cubana viene de dos caídas anteriores, en las que los beneficiarios principales fueron México y Colombia. Deportes de cierto costo, como el remo y el tiro deportivo, pasaron de la hegemonía cubana a la mexicana; en otros, como el boxeo y la gimnasia artística masculina, el ganón fue Colombia. A Cuba le quedaban ya nada más algunos deportes de fuerza y de combate, y en todos perdió fuelle a favor de venezolanos y dominicanos. En otras palabras, la debacle cubana ha tenido dos etapas: en la primera, perdió oros a favor de México y Colombia; en la segunda, a favor de Venezuela -que venía, a su vez, de varios Juegos a la baja, ligados al desastre económico y social del madurismo, y que aún está lejos de recuperar su nivel de hace dos décadas-. Lo de México es una consolidación, no un espejismo.
Por otra parte, se sabe que se trata de una justa regional y que la región es débil en varios deportes. Por lo mismo, se comparan peras con peras y manzanas con manzanas: el comparativo es entre unos JCC y los anteriores; no es con Panamericanos y mucho menos con Juegos Olímpicos. Se sabe también que no hay éxitos o fracasos completos, por lo que vale hace una revisión somera por deporte. La haremos en el orden de costumbre, usado en balances anteriores.
Empezamos con los deportes importantes del ciclo olímpico. En el atletismo, México se llevó los mismos 7 oros de la edición anterior. Relevante es que los pocos atletas de verdadera élite hayan cumplido: los subcampeones mundiales Uziel Muñoz (bala), Alegna González (marcha) y Erick Portillo (salto de altura), así como los fondistas Eduardo Herrera y Laura Galván. Esta vez no hubo decepciones, pero tampoco se aprecian nuevas figuras.
La natación fue la disciplina que más medallas le dio a México, pero el nivel de los JCC no permite hacerse muchas ilusiones. El equipo cumplió bien, con 22 oros en la alberca y 3 en aguas abiertas. Celia Pulido resultó ser la atleta más premiada en Santo Domingo, con 8 oros, una plata y 2 bronces, pero quien más destacó fue el fondista Paulo Strehlke, quien no sólo ganó las dos competencias en aguas abiertas, sino que se llevó dos oros en la alberca (800 y 1500 metros) y la plata en los 400, lo que para él ha de ser un sprint. Strehlke es el único nadador de élite mundial en el país, por el momento. En el caso de natación artística, México llevó un trabuco (sólo Colombia le compite, y en mixtos) para hacerse de 8 de las 11 medallas de oro en disputa.
En el ciclismo de pista, los resultados fueron inferiores a los de El Salvador, sobre todo en la rama varonil. Yareli Acevedo, número 1 del ranking de resistencia de la UCI, ganó sin problemas el Omnium y el equipo femenil de velocidad sigue siendo de calidad mundial. En ruta, hubo un circuito plano, propio para embaladores, que es como una ruleta. Ahi el bueno estaba corriendo el Tour de Francia. En montaña, Gerardo Ulloa volvió por sus fueros. En BMX, nada qué hacer, como de costumbre.
En gimnasia artística, se mantuvo el nivel del equipo femenil (con el oro por equipos) y no tanto el varonil. En gimnasia rítmica, gran diferencia entre las mexicanas y el resto (por eso habrá que ver cómo se miden en el Mundial de la especialidad) y en gimnasia de trampolín, un poquitín a la baja.
En el boxeo, México quedó otra vez a deber. Cuba continuó perdiendo oros y los que no se llevó Colombia, se los adjudicaron Venezuela y Dominicana. De nuevo solamente una medalla dorada y evidencias de atraso deportivo, con una federación siempre dispuesta a colgarse de algún garbanzo de a libra.
En clavados, México hizo la imitación de China, llevándose todos los oros en disputa, y dándose el lujo de utilizar nuevas parejas en sincronizados. En tiro con arco, muy buenas actuaciones en la modalidad de recurvo y decepcionantes medallas de plata (en el clásico enfrentamiento con Colombia) en el compuesto. En taekwondo, la actuación, de 7 oros, fue ligeramente mejor que hace tres años, pero igualmente queda claro que esa federación no está funcionando como antes y los resultados nos dicen que dejamos de ser potencia media.
Pasando a deportes olímpicos donde México lleva rato sin destacar, hay que subrayar que el tiro deportivo cumplió con creces y asentó su dominio hegemónico, que alguna vez fue cubano. Algo similar pasó en remo, y se mejoró en canotaje (sobre todo por Beatriz Briones, que estuvo en 5 de los 6 oros conseguidos por México). Hubo mejoras en esgrima y se mantuvo la hegemonía en triatlón. Donde no se vieron avances fue en judo, en lucha y en halterofilia. Y en pentatlón moderno, a pesar de que México fue el máximo medallista, hay una clara caída y evidencias de que a México no le convino el cambio de equitación a carrera de obstáculos. Badminton, tenis de mesa, squash, vela y tenis (en un torneíto de bajo nivel) quedaron dentro de las expectativas, así como en equitación, donde la delegación se llevó 6 de las 9 medallas en disputa.
En los deportes olímpicos de conjunto, mucho ruido y pocas nueces. La regla fue que los equipos femeniles tuvieron mejor desempeño que los varoniles, pero el único - y merecido- oro se obtuvo en futbol femenil. De nuevo quedó a deber el volibol de sala. Y esta vez también el basquetbol 3 x 3 y en beisbol estuvimos pésimos.
Pasamos a los deportes no olímpicos, que siempre abundan en estas justas. Hace tres años nos preguntábamos qué pasaría con el racquetbol mexicano tras el retiro de Paola Longoria. Lo que pasó es que siguió el dominio casi absoluto. La delegación estuvo bien en esquí acuático, decente en boliche, logró un oro en patinaje artístico sobre ruedas, metal que no alcanzó en patinaje de velocidad. Hay una baja visible en karate, y esta vez, afortunadamente, no hubo futbol-playa.
Aquí, el análisis de:

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