jueves, junio 04, 2015

La reforma de los semivivos


En la novela de ciencia ficción Ubik, de Philip K. Dick, hay un grupo de personas conocido como los semivivos. Son gente que no está viva ni está muerta, que es mantenida en una situación de criogenización, que tiene contacto esporádico con los vivos, pero que normalmente lleva una especie de vida virtual, en un universo creado por su mente semicongelada.

El símil vino a la mente tras el escueto anuncio de la SEP acerca de la suspensión indefinida de la evaluación a los maestros, que es parte nodal de la reforma educativa. Esta queda ahora en una situación como la de aquella novela: está semiviva, criogenizada, en una congeladora verdaderamente fría.

Tratándose de una reforma constitucional, matarla de un plumazo hubiera sido ilegal. Ya sabemos que el gobierno se compromete formalmente  a cumplir y hacer cumplir la Constitución. Se decidió, entonces, pararle el corazón, enviarla a la cámara criogénica y hacer como que todavía existe. Por lo pronto, no resucitará hasta nuevo aviso.

En febrero de 2013, cuando se promulgó la reforma educativa, el presidente Peña Nieto señaló: “avanzamos en la construcción de un marco legal moderno y eficaz, y fortalecemos la rectoría del Estado mexicano en la educación, esencial para superar los retos de este sector estratégico para el desarrollo nacional. Sin duda, éste es un cambio de fondo, que marcará para bien el rumbo de México en las siguientes décadas…”.

Efectivamente, uno de los objetivos centrales de esa reforma era fortalecer el papel del Estado en el ámbito educativo, y arrancar el control a los grupos de poder sindicales, fortalecidos durante lustros por la inacción gubernamental. Suspender la evaluación significa, en palabras llanas, que el Estado mexicano se reconoce como incapaz para llevar a cabo esa tarea.

Ha sido una victoria para la CNTE, y –por su parte- la dirigencia del SNTE, que luego de la detención de su dirigente histórica, Elba Esther Gordillo, había apoyado de dientes para afuera la reforma, ha guardado un piadoso y conveniente silencio, porque la abdicación del Estado también le es útil.

A primera vista, de lo que se trata es de ceder en el principal de los argumentos de la CNTE en la expectativa de que esta organización desista de intentar boicotear violentamente las elecciones del próximo domingo.

Si es así, las autoridades han actuado con una ingenuidad asombrosa: es evidente que la agenda de la Coordinadora va mucho más allá de la evaluación magisterial; de lo que se trata es, en su estrategia delirante, de crear condiciones prerrevolucionarias, y el boicot a los comicios federales, y a todo lo que huela a democracia institucional, es una parte medular. Y la previsible respuesta de la CNTE no se ha hecho esperar.

En otras palabras, el gobierno ha dado todo a cambio de nada.

Hay varias cosas que preocupan particularmente. Una es la decepción que la medida genera en los casi 200 mil maestros –los buenos maestros, los que son mayoría- que se inscribieron al concurso de oposición para lograr una plaza en el magisterio, y en los cerca de 60 mil profesores que buscaban una promoción en el servicio docente. Para ellos, la posposición indefinida de sus esperanzas. Hay que conciliar con los otros, los que secuestran camiones, queman papeletas y congresos locales; los que desquician las ciudades, bloquean negocios, toman casetas de peaje y exigen tener el control político-corporativo de las plazas.

Otra es el mensaje que esto conlleva. De nada sirve estudiar, intentar hacer carrera, manejarse dentro de las instituciones, si con marchas, palos y bombas molotov se puede lograr más. Se puede, incluso, darle la vuelta a la Constitución y llevarla de paseo. Es un mensaje que diversos actores de la vida social –llámense taxistas, solicitantes de tierra o vivienda, caudillos que mandan al diablo las instituciones y un largo etcétera- pueden entender como una invitación a estrangular lo estrangulable, al cabo que así es como en realidad se arreglan las cosas.

Se supone que el objetivo de la renuncia era generar condiciones de tranquilidad para las elecciones. Estas existirán de todos modos en la mayor parte del país. Y de todos modos no las habrá donde la CNTE tiene asentados sus reales. El proceso se llevará a cabo con relativa normalidad. En cualquier caso, lo que hace esta medida es quitar trascendencia al momento electoral.

Me explico. El domingo los mexicanos elegiremos a nuestros representantes en la Cámara de Diputados, cuya principal labor es la aprobación de leyes. Nos importan las elecciones porque nos importa la legislación que emane del Congreso. ¿Pero qué pasa cuando esas normas, aprobadas por diputados y senadores federales y los congresos locales se convierten en papel de estraza con un simple comunicado? ¿Para qué tantos brincos, tanto gasto, tanta parafernalia democrática?

Esto nos lleva a una conclusión dramática. No sólo es la reforma educativa (ya con minúsculas, ni modo) la que ahora está en el reino de los semivivos. Es el propio gobierno federal, que verá disminuida su capacidad para hacer cumplir las otras reformas ya aprobadas, y muy acotada la posibilidad de que la legislatura que se votará el domingo apruebe nuevas reformas de gran aliento.

Decíamos que los semivivos de la novela tienen contacto esporádico con los vivos. Si el gobierno quiere enviar una señal positiva a la sociedad, debe reprogramar a la brevedad las evaluaciones al personal docente; tal vez así puede evitar el proceso de criogenización al que él mismo se está sometiendo.

viernes, mayo 01, 2015

Un debut de ensueño




Mexicanos en GL.

Abril 2015

Regresó la primavera, y con ella el beisbol y nuestro seguimiento de peloteros mexicanos en Grandes Ligas.
Después de un par de años sin caras nuevas, un mexicano debutó en la Gran Carpa, con una mágica combinación de circunstancias. Con 20 años de edad, Roberto Osuna, lanzador de los Azulejos de Toronto, fue enviado de relevo a la lomita en Yankee Stadium, la catedral del beisbol, con un out, la casa llena y el pelotero mejor pagado, Alex Rodríguez, al bat. El mexicano ponchó a A-Rod y sacó el último out en un elevadito. Mejor, imposible.

Abril también vio a Adrián González conectar 3 cuadrangulares en un juego (e imponer marca de 5 jonrones en los tres primeros partidos), a Joakim Soria llegar al lugar donde pertenece, y otro –efímero- debut, el de Arnold León.

Aquí el seguimiento del contingente nacional, de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada (como siempre, incluimos a los paisanos que han jugado con México en el Clásico Mundial) 

Adrián González suele empezar caliente las temporadas. Esta ocasión empezó ardiendo, con una primera semana en la que bateó por encima de .500 y se despachó cinco palos de vuelta entera, acompañados de un swing clásico, muy estético. Tras un mini-slump, volvió a las andadas. El inicialista de los Dodgers termina abril como el pelotero más rendidor de todo el beisbol: .383 de porcentaje, 8 jonrones y 19 carreras producidas. Es líder de cuadrangulares en la Liga Nacional, tercero en producidas, tercero en porcentaje, tercero en dobles. Y, en la crucial estadística de OPS (porcentaje de embasamiento más slugging) encabeza las Mayores con 1.222.

Joakim Soria inició el año como preparador de cierre, lanzando la octava entrada, para los Tigres de Detroit. Suponíamos que era sólo cuestión de tiempo para que reemplazara al veterano Joe Nathan en la posición de cerrador. Pero el tiempo fue cortísimo: Nathan se lesionó, perderá toda la temporada y el de Monclova se quedó con el puesto. Lo ha hecho a la perfección. En las 9 ocasiones que ha tenido oportunidad de salvar un juego, lo ha hecho, y encabeza las GL en esa categoría. Además de sus 9 rescates tiene un juego ganado y una efectividad de 1.69 carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas.

Roberto Osuna, el lanzador del debut soñado, no sólo jugó bien en su primer partido. También lo ha hecho en los siguientes. El oriundo de Juan José Ríos (“el ejido más grande del mundo”, presumen por allá) acumuló en el mes un PCL de 1.38, 15 ponches en 13 entradas lanzadas y 4 holds (ventajas sostenidas en situación de salvamento). Es el cuarto mexicano más joven en debutar en las Mayores, después de Fernando Valenzuela, Aurelio Rodríguez y Karim García. Hay que decir que los tres hicieron carrera larga en la gran carpa.

Marco Estrada parece haber tomado a bien su transferencia a Toronto y al bullpen. El sonorense ha estado intratable en la lomita de los Azulejos, con relevos intermedios y largos. Presume marca de 1-0, un minúsculo 0.84 de limpias y 11 chocolates. Eso le vale tomar un puesto en la rotación de los Azulejos a partir de mayo.

Miguel González lanzó uno de los mejores partidos de su vida frente a sus clientes, los Yanquis neoyorquinos. Ponchó a diez enemigos y admitió sólo una carrera. Esa fue su única salida de calidad de las cuatro del mes (pero ninguna ha sido mala). El Mariachi jalisciense termina abril con marca de 2-1, 3.42 de PCL y 21 ponchetes.

César Ramos pasó de Tampa a los Ángeles de Los Ángeles: en el relevo intermedio sigue funcionando, y bien: su récord en lo que va del año, 0-0,  efectividad de 1.59,  un hold  y 5 ponchados.

Sergio Romo sigue funcionando bastante bien como preparador del cierre para los campeones Gigantes de San Francisco; sólo en una ocasión en el mes le pegaron, y eso le costó una derrota. A cambio, tiene 5 holds, 11 ponches y un más que respetable 2.45 en carreras limpias.

Yovani Gallardo rompió una marca de Fernando Valenzuela en su primer lanzamiento de 2015. Es el pitcher mexicano que ha abierto más partidos inaugurales, con cinco. En la lomita, el michoacano de los Rangers ha estado en plan Yovani: a veces excelente, a veces de plano mal. Su marca de abril: 2 ganados, 3 perdidos, 4.05 de PCL y 26 sopitas de pichón servidas a sus rivales, con dos salidas de calidad.

Oliver Pérez está claramente posicionado como especialista zurdo en los Diamantes de Arizona. Al igual que Yovani, su desempeño ha sido desigual. Se apuntó una victoria, pero no ha sido tan dominante como en los dos años anteriores. Ha admitido 5.68 carreras limpias por cada 9 innings lanzados.

Fernando Salas continúa con su discreto trabajo como relevo intermedio de Los Ángeles angelinos, ha obtenido tres holds, pero también cargado con una derrota en un juego que se fue a extrainnings. Para el de Huatabampo, 0-1, 5.23 y 10 ponches

Jorge De la Rosa no pudo iniciar la campaña con los Rockies debido a una lesión primaveral. Su regreso no pudo ser peor, porque admitió 9 carreras (7 limpias) en apenas dos entradas de labor. Su pelota parecía ir directo a los bates enemigos. Su siguiente salida fue mejorcita y se fue sin decisión. 0-1, con un horrible 11.57 de PCL y 20 ponches.

Arnold León, muy conocido por ser el pitcher que causó la bronca fenomenal entre México y Canadá en el pasado Clásico Mundial, por fin debutó en las Mayores. Se tomó una tacita de café con los Atléticos de Oakland. Lanzó una entrada, admitió una carrera y, a los pocos días, regresó a AAA.

Jaime García había hecho una gran pretemporada cuando, en el último juego, se volvió a resentir de su hombro de lanzar y pasó a la lista de lesionado. Se espera que en algún momento de mayo el zurdo de Reynosa se integre a la rotación abridora de los Cardenales de San Luis… pero quién sabe si el hombro le aguante el resto de la campaña.

jueves, abril 16, 2015

Gûnter Grass... cebollas

El fallecimiento de uno de los más grandes escritores del siglo XX, el alemán Gûnter Grass, da para algunas reflexiones.

Adelanto que de él sólo he leído su “trilogía de Gdansk”, formada por El Tambor de Hojalata, Años de Perro y El Gato y el Ratón, su colección de viñetas titulada Mi Siglo, y algunos artículos periodísticos y entrevistas. Me basta para considerarlo un autor fundamental para entender el siglo pasado, sobre todo a través su juvenil obra maestra, El Tambor de Hojalata.

El destino quiso que Grass fuera uno de los sobrevivientes de su muy particular generación: la de los niños cuya entrada a la primaria coincidió con el ascenso de Hitler al poder y cuya adolescencia coincidió casi exactamente con los años de guerra. Había que ver con ojos de niño o de jovencito todos esos años en los que se gestó el horror, para encontrar metáforas exactas que describieran el absurdo en su cruel integralidad.

Es lo que encontramos en la historia de los chamaquitos cuya diversión es nadar hacia un acorazado polaco hundido cerca de la playa para despojarlo, con ayuda de un ubicuo desarmador, de todos sus tesoros. En la de dos amigos –uno es judío- cuya principal diversión es la fabricación de espantapájaros con el uniforme de la SA (hasta que la guerra los obliga a separarse y también a odiarse: como también termina dividiendo a dos Alemanias).

Es, sobre todo, la historia de un personaje un tanto diabólico, del niño que no quiso crecer –como el alma de su pueblo- y terminó convirtiéndose en la conciencia horrible de un régimen totalitario.

Oskar Matzerath tiene una maldad natural casi tan grande como su inteligencia (no por nada el primer personaje que admira es Rasputín), pero es capaz de romper –con un redoble de tambor, con distintas bandas de excluidos, con su voz vitricida- el orden establecido. Es un falso Niño Jesús, es el parricida que hace evidente la discreta banalidad del mal. Es un ser exitoso por su deformidad, sacrílego constante, carente de ética, jocoso, hipersexuado y amoral. Precisamente por ello es conciencia de sus tiempos. Es el arquetipo del hombre del siglo XX.

También es un aldabonazo en la conciencia del pueblo alemán, que quería pensar, pasada la guerra, que “el nazismo y el fascismo habían sido unos demonios venidos de la noche a mover al crimen a los pobres alemanes, en sí buenos y honrados. Eso era una falsedad”. En ese sentido, la novela es un gran acto desmitificador.

Crear un personaje como Oskar Matzerath, y desarrollar una historia tan delirante,  una historia tan llena de metáforas precisas y dolorosas, es una tarea extraordinaria. Con ella, Grass renovó la literatura europea y contribuyó, hay que decirlo, a que del otro lado del Atlántico se desarrollara el realismo mágico, del que El Tambor de Hojalata es, en cierta medida, predecesor.

Si la literatura es una forma de exorcismo, sin duda las obras de Grass sirvieron para que sacara de sí las experiencias de su primera juventud –es sabido que fue reclutado a los 16 años para las SS- y convirtiera su obra en una denuncia, no sólo del nacionalsocialismo, sino también de toda la hipocresía que le siguió en las dos Alemanias.

Adicionalmente, Grass no cayó en la tentación de simpatizar con la extrema izquierda, sino que fue consecuentemente socialdemócrata el resto de su vida, sin militar por ello en el partido.

Esto le ayudó para tener una visión crítica de la historia. Para no culpar a la realidad de ser lo que es. Para pensar en un socialismo democrático “que es la alternativa ante un capitalismo que tiene la superficie de una superestructura económica formal y los derechos fundamentales liberales, pero en la que corren por debajo la injusticia y la desigualdad”.

Los libros de Gûnter Grass no hablan, más que de paso, de los grandes personajes. Retratan casi siempre al hombre pequeño, al que sufre la historia más que hacerla (o cree solamente sufrirla, mientras también la hace). De eso tratan la mayoría de las viñetas de Mi Siglo, una para cada año.

En Mi Siglo hay un cambio vertiginoso de modas, de inventos, de distracciones, pero se mantienen las relaciones sociales desiguales, se mantiene un cielo gris, y se mantiene una cruel constante: la tecnología termina por estar al servicio de la muerte. Eso no se resuelve siquiera en el alucinante diálogo que Grass inventa entre Erich María Remarque y Ernst Jünger para discutir acerca de la I Guerra Mundial. Hay una suerte de eterna peste en ese libro: a fertilizantes, a escape de automóvil, a Zyklon B. Y ni siquiera la caída del Muro nos salva del pesimismo. Al final queda casi una plegaria, la de la madre resucitada de Grass, quien pide que el siglo XXI no haya tantas guerras.

Grass no deja lugar para el optimismo. Pero, por ello mismo, en todo momento está dando a los lectores ayudas de memoria y metáforas contundentes para que no se dejen llevar por sentimientos epidérmicos y polarizaciones maniqueas: es decir, para que no permitan que los horrores se repitan. Ayudas para seguir siendo humanos.

De otra forma, todos acabaremos yendo al Café de la Cebolla, para escuchar a Matzerath tocar la batería mientras pelamos una y otra cebolla a ver si por fin nos salen las lágrimas.






martes, marzo 17, 2015

Biopics: Il buon giornale



Hay ocasiones en las que la portada de un libro te llama la atención, te imanta por quién sabe qué razones, te hace comprar el objeto y, al cabo de unos años, descubres que ese flechazo resultó ser un momento importante en tu vida. Es lo que me sucedió en una librería de Módena, en febrero-marzo de 1987, cuando mi mirada se desvió a la portada de Il buon giornale (“El Buen Periódico”), un libro escrito por Piero Ottone, quien había sido director del Corriere della Sera en mis tiempos de estudiante en Italia y ahora fungía como capoeditore de La Repubblica, el diario que había cambiado el rostro del periodismo italiano.

El libro tenía un subtítulo muy llamativo: “Cómo se escribe, cómo se dirige, cómo se lee” y Ottone tenía buena fama. Había movido oportunamente el Corriere hacia la izquierda, sin que por ello dejara de ser el referente del stablishment, y había contribuido al proyecto de La Repubblica de Eugenio Scalfari, para convertirlo en el diario más importante del país.

Lo he de haber leído con avidez y como esponja, pues han pasado los años –hace más de un cuarto de siglo lo presté a una periodista, y no lo devolvió- y tengo presentes muchas de sus anécdotas y lecciones, las cuales he aplicado en el oficio al que terminé dedicándome, que es, Gabo dixit, el mejor oficio del mundo.

Relataré, más o menos en desorden, a como los recuerdos, algunos de los puntos de Il buon giornale que se me quedaron para siempre.

Ottone hablaba de los viejos corresponsales, de cuando no había comunicación inmediata con el extranjero, y aquellos mandaban cartas o télex, o al volver contaban sus experiencias. ¿Qué tiene que hacer un corresponsal o un enviado? Relatar como cuando regresas de un viaje y les cuentas las cosas interesantes a tu familia y a tus amigos. Tratas de hacer un relato sabroso, con algún apunte revelador, y no te desgastas en temas trillados: tratas de atrapar lo que descubriste, lo que te platicaron y las sensaciones en frases que puedan decir mucho.

Otro asunto, el del estilo, con el recuerdo del mítico jefe de redacción que pedía que cada frase fuera “sujeto, verbo, complemento, punto y aparte. Si quiere meter una coma, viene y me pide permiso”. Una prevención contra el estilo rebuscado de algunos reporteros que se sienten García Márquez, sin serlo.

Temas todavía más importantes: la precisión por encima de todo. Primero, en el lenguaje: es más conveniente repetir una palabra que, en aras de una supuesta riqueza de vocabulario, transformarla después en falsos sinónimos o en un lenguaje ajeno al lector. Eso es algo que cala en un país donde los hospitales son nosocomios, el agua es el vital líquido, las mujeres son féminas y el Presidente es el Primer Magistrado de la Nación.

Siguiente consejo: no hacer largas citas entrecomilladas al inicio de una nota sin revelar de inmediato quién las dice. El método no crea suspenso, sino fastidio en el lector, y suele ser signo de que el reportero no supo cómo empezar su texto. En el mismo tenor de la claridad, es imperioso no obligar al lector a leer un montón de cosas antes de que empiece a entender de qué se trata el asunto. En otras palabras: la “nota” debe estar en los primeros párrafos.

Ottone trata un asunto fundamental a través de la historia de una hostería clausurada por las autoridades sanitarias a causa de la presunta existencia de ratas. El diario no puede dar por buena, sin más, la presencia de las ratas (a menos de que el reportero las haya visto personalmente): tiene que decir que se trata de una afirmación del inspector de salud. Pero también debe buscar al dueño de la hostería, quien tal vez declare que le cerraron el restaurant porque no quiso pagar una mordida. El buen diario da ambas versiones, y deja al lector la tarea de decidir quién tiene más credibilidad (en este caso, el inspector o el dueño de la hostería).

Esto nos lleva al otro tema capital: el de las fuentes de información. La regla es citarlas, para que el lector sepa cómo nos enteramos del asunto y, también, para que norme su criterio de credibilidad al considerar cuál es la fuente. “Si tu fuente quiere mantenerse anónima, desconfía”, dice Ottone.

Evidentemente hay ocasiones en las que, por razones de seguridad, es necesario no ser explícitos respecto a las fuentes. En esos casos, hay que aproximarse lo más posible a la realidad, para ayudar al lector. Lo que no se debe hacer es escudarse en el anonimato de las fuentes para lanzar versiones interesadas de los hechos. O peor, para dar cuenta de rumores no comprobados.

Otra cosa que dice Ottone es que el lector es como Adán. Es como el primer hombre. O como alguien recién llegado. No está obligado a saber los antecedentes de un asunto, por lo que hay que recordarlos; tampoco, a saber quiénes son los declarantes, por lo que hay que decírselo; mucho menos, a reconocer por sus siglas a personas e instituciones relativamente desconocidas.

Un buen periódico –dice nuestro autor- trata de las personas más que de las instituciones, porque a la gente le interesan las personas. Le interesan los políticos más que los partidos, las historias con las que se puede identificar más que los análisis abstractos.

Ottone admite que no se puede ser siempre objetivos, pero insiste en que hay que intentarlo siempre. Llama a los periodistas a no decir nunca que la objetividad no existe. “Es la coartada de quien quiere contar mentiras”.

Un consejo que me costó trabajo entender -porque lo hice casi a golpes, yo de terco- es el concepto de que "no puedes llevar al público de paseo".

Qué quiere decir esto? Que hay temas de la agenda política y social sobre los cuales los periodistas (o los políticos) pueden insistir una y otra vez, pero que no pegan hasta que la opinión pública está madura para ellos, dispuesta a hacerlos suyos. Entonces pueden volverse un alud incontenible, capaz de cambiar el estado de cosas. Me pasó con el tema de la despenalización del aborto, que no pegó hasta la tercera vez que intentamos ponerlo en el primer lugar de la agenda.

En otras palabras, los periodistas (o los políticos) no son capaces de generar un movimiento social si no están dadas de antemano las condiciones en el ánimo de la opinión pública. En ese caso, pueden intentarlo una y otra vez, para topar con pared una y otra vez.
 

Finalmente, Ottone señala que en los medios de comunicación no hay espacio para la democracia deliberativa: dependen de quien está al mando. Si tiene personalidad, no se limitará a tomar unas cuantas decisiones, sino que le imprimirá a la empresa su propio temperamento, sus peculiaridades personales, al grado que la empresa terminará pareciéndosele (cita varios ejemplos internacionales y yo puedo recordar distintos diarios mexicanos cuyo apellido era el del director que generó un estilo).


jueves, marzo 05, 2015

El búmerang del eufemismo


El jueves 5 de marzo, al menos un par de periódicos nacionales, La Jornada y Ovaciones, tuvieron como encabezado de primera plana que el secretario de Hacienda Luis Videgaray, “Anuncia otro recorte para 2016”.

Surge de inmediato la pregunta: ¿Cómo se puede recortar un presupuesto que ni siquiera ha sido elaborado? ¿Cómo pudieron dos diarios llegar a ese absurdo?

En la redacción de Crónica llegó un adelanto informativo en el mismo sentido. El titular de Hacienda lo habría declarado en Londres, tras la apertura de sesiones del Stock Exchange. Pedí una versión más completa. Ya sabemos que gazapos y tropezones son el pan de cada día de varios altos funcionarios mexicanos, pero esto rebasaba toda lógica. Si era cierto, era un notón, porque hubiera dibujado a un secretario de Hacienda totalmente perdido respecto a su trabajo.

Llegó la versión, y obviamente Videgaray no se refirió nunca a recortes, sino a un dilatado “proceso de ajuste presupuestal”, un rediseño del gasto a partir de la expectativa de menos ingresos petroleros y del eterno miedo de nuestras autoridades económicas a los efectos sobre México de la política monetaria de Estados Unidos. “Continuará apretón presupuestal en 2016”, cabeceamos.

Pero no puedo culpar, en el fondo, a los periódicos que hablaron –incorrectamente- de ajuste. Es más, creo que al menos la mitad de la responsabilidad recae en Hacienda y que, a final de cuentas, le cayó el karma.

Desde hace mucho, pero más notoriamente a partir del sexenio de Miguel De la Madrid, las autoridades –que contralaban verticalmente los medios- se dieron a utilizar, y a la postre imponer, eufemismos en materia económica. Como sabemos, un eufemismo es una expresión suavizada que sustituye a una palabra poco placentera o desagradable.

En términos políticos, se trata de una manipulación del lenguaje. Una víctima civil se convierte en “daño colateral”, una inundación, en un “encharcamiento”, etcétera.
Algunos eufemismos típicos en materia económica son llamar “toma de utilidades” a una baja en la bolsa de valores o afirmar que una empresa “lleva a cabo una restructuración”, para referirse a despidos masivos. Los analistas especializados en economía y finanzas casi no dejan de hablar en ese lenguaje mendaz.

Pero el eufemismo económico más socorrido es “ajustes”, que siempre van en dirección contraria al interés de las mayorías. El PIB se “ajusta” a la baja; los precios se “ajustan” al alza y todo “ajuste” presupuestal equivale a recortes al gasto, preferentemente al de tipo social.

En Londres, Videgaray se refirió a ajustes sin eufemismo. Es decir, al acomodo de los distintos elementos del gasto, adaptándose a las nuevas condiciones externas de la economía.

El problema es que ya no estamos acostumbrados a que nos hablen sin eufemismos. No falta quien escuche “ajuste al presupuesto” y piense en las tijeras, luego no revise y termine escribiendo “recorte”.

En otras palabras, el arma arrojadiza de manipulación lexical lanzada desde el poder fue, en esta ocasión, un búmerang. Merecido se lo tienen.