miércoles, julio 15, 2009
Biopics: Un amigo en llamas
Alfonso Vadillo había decidido dejar la facultad y cambiarse a Roma, para hacer unos estudios en el Instituto Gramsci. Se estaba quedando con una gringa que tenía un gato castrado, que Vadillo detestaba, así que se lo robó y nos lo trajo de regalo. Era blanco y grande. Nomás por joder a Vadillo, Mapes le puso “Berlinguer” al gato, “porque lo caparon los gringos” (Berlinguer era el secretario general del PCI). El animalejo resultó ser una compañía divertida.
Pero no sólo trajo al gato, sino también malas noticias. Supo que nuestro amigo Carlos Mársico había tenido un terrible accidente en su casa de Perugia. Le sucedió cuando, en un día helado, estaba repintando una de las recámaras de su departamento. Había puesto un calentador de kerosene en el centro de la pieza, y en algún momento lo rozó con sus manos llenas de thinner; las manos y los brazos se incendiaron y él trató de apagar el fuego en sus pantalones, pero sólo logró que también su pierna se viera envuelta en las llamas. Carlos se revolcaba en el suelo, entre gritos, y acudió una de sus inquilinas de turno, una francesa, a quien se le ocurrió echarle un balde de agua al hombre en llamas, con lo que las apagó (pero también terminó pegándole la tela quemada a la pierna). Estuvo en cuidados intensivos y lo iban a trasladar a Roma.
Acompañé a Vadillo a Roma, y visitamos a Mársico al hospital. No teníamos idea de la gravedad del asunto –Alfonso incluso le había comprado un libro al que puso una dedicatoria chusca, y prefirió arrancar la página-. Carlos estaba como los hospitalizados de caricatura: los dos brazos y la pierna vendados y alzados. Lo acompañaban sus padres (la única vez que los ví y estaban afligidísimos). Él se dio ánimos para bromear con nosotros: “lo bueno fue que se salvó el pirrín y eso es lo más importante”, pero hubo un instante en que lo ví mirar mis manos –yo gesticulaba con ellas- con triste y verdadera envidia.
Mársico tendría que estar en terapia “por lo menos un año” para poder recuperar el movimiento de las manos, nos explicó la mamá, y nos dijo que Carlos no se daba cuenta de lo difícil que había sido para él superar los problemas que le dejó la poliomielitis que adquirió de niño (pero nosotros sí nos dimos cuenta de lo difícil que había sido para ella). Los dejamos mientras ella le encendía un cigarro al hijo, se lo ponía en la boca y se lo retiraba (cosa impensable en los hospitales de hoy, pero muy relajante, en ese momento, para Carlos). Era una imagen conmovedora.
Días después, la familia salió hacia Buenos Aires. Carlos tardaría menos del año en volver a usar sus manos (aunque dos dedos quedaron rígidos) y se daría, incluso, un rol por Sudamérica antes de regresar a Italia.
Yo aproveché que en Roma no hacía tanto frío para quedarme un par de días más. Alfonso Vadillo me presentaba con sus cuates como el hijo que había tenido Marlon Brando con una mexicana mientras filmaba Viva Zapata! Era un extraordinario mitómano. A una gringa le dijo que su nombre era Alfonso Pemex, el gran heredero petrolero de México. A varios italianos, que era descendiente de los emperadores aztecas, y hasta se quejaba amargamente de la renta “ridícula” que pagaba el Estado mexicano a su familia por permitir que los turistas visitaran las pirámides en las que estaban enterrados sus ancestros.
jueves, julio 09, 2009
Biopics: Lecciones de manejo
Lecciones de manejo para conductores nerviosos
Antes de aquel viaje a México había tomado la decisión de aprender a manejar. Ya iba yo con retraso respecto a mis compañeros (a diferencia de muchos, jamás me interesó la mecánica y Víctor me había intentado enseñar dos veces, que terminaron en fracaso: la primera, apreté el acelerador en vez del freno y cruzamos Thiers a ciegas; la segunda, un poli nos cachó y nos sacó cincuenta pesas). Hasta Raúl Trejo –flamante papá- ya sabía manejar. Él me comentó que había aprendido en
El curso constaba de una semana. Llegaba el instructor en la mañana, con un vocho de dos volantes (si el alumno se apendejaba, el maestro usaba el otro) y el curso duraba 5 horas: una al día, de lunes a viernes. El lunes, apenas aprendí a sacar el clutch y avanzar, el instructor me mandó al tráfico de Mariano Escobedo y Marina Nacional. El método para conductores nerviosos consistía en meterlos luego luego en el caos citadino. El martes dimos otro rol hacia Azcapotzalco; el miércoles fue tomar el Periférico a CU y de regreso (ya para entonces yo manejaba tranquilo); el jueves, lección intensiva de glorietas y el viernes, lo más difícil, que es estacionarse, sobre todo en espacios reducidos. Pasé el curso pero, fiel a mi costumbre de posponer todo trámite, me tardé cinco años en sacar la licencia de conducir.
Expectativas presidenciales
Poco después fue la toma de posesión del nuevo Presidente, José López Portillo. Recuerdo particularmente dos comentarios al respecto de parte de mis amigos. Luis Foncerrada se mostraba optimista: “Con Echeverría la economía creció, pero muy a lo loco; López Portillo va a poner orden”. Raúl Trejo era un poco más mesurado: “Lo que comentaba con los cuates es que al menos vamos a tener seis años en los que se podrá hacer política sin que te metan a la cárcel”. Ambos estaban equivocados.
Un rol a Acapulco (y algo más)
La de Foncerrada no habría de ser la única boda a la que asistiera en aquellas vacaciones. También se casaron Julián Tonda (con Lourdes Sánchez) y Hermann Bellinghausen (con Blanca Rico, quien luego desarrollaría una buena amistad conmigo).
En el interin entre las dos ceremonias, Jorge Carreto, Susana Duprat, Patricia y yo nos echamos un breve rol a Acapulco.
Primero pasamos por Agua de Obispo, donde teníamos planeado quedarnos una noche. Dimos una vuelta por el ríachuelo, que corría tranquilo entre rocas. Eran un día y un paraje agradabilísimos. Patricia y yo nos perdimos, convenientemente. Al regresar, nos topamos con que el tío de Carreto había llegado y nos veía con cara hosca, así que mejor nos fuimos directamente al puerto. En el camino, en el Cañón del Zopilote, escuchábamos la música de Santana en el carro de Jorge. Con esa música como soundtrack perfecto del momento, cruzábamos velozmente el territorio bajo las montañas y sentíamos la calidez de la mutua compañía. Me sentía feliz. Hay ocasiones en las que unos minutos de felicidad se vuelven determinantes. Lo he pensado muchas veces, años después.
Patricia y yo tuvimos que adelantar nuestro regreso, porque ella había dicho a las guardianas teresianas que se había ido a Iguala con una amiga, y tenía cita con ella, en México, para que la mentira cuadrara bien. En aquel viaje, me pareció que su carácter disconforme era la expresión de un inconformismo de base con “enorme potencial revolucionario”. Eso quise ver. Además, era diferente a otras chicas que había conocido. Por un lado, era dentista –una carrera que los de economía despreciábamos por mero prejuicio-, pero se decía de izquierda; por el otro, tenía una historia romántica detrás: su último novio, un tal Mingo, había muerto de cáncer unos meses antes de que nos conociéramos.
Poco antes de mi regreso, Patricia me dijo: “te quiero”. Tragué saliva. “Yo también te quiero” –respondí de botepronto. Quedamos que a mi próximo regreso ella me recibiría, pero “eso sí, estarás libre e independiente, y no en esa residencia de aspirantes a monjas”.
miércoles, julio 01, 2009
El dios azteca de las bases por bolas
Junio fue un mes extraño para el contingente mexicano en Grandes Ligas. Los resultados fueron mixtos y un par de peloteros –el toletero Adrián González y el lanzador Edgar, del mismo apellido- lograron récords que lindan entre lo curioso y lo raro. El primero es el dios azteca de las bases por bolas; el segundo, el relevista toletero.
Aquí el seguimiento del contingente, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada:
Adrián González terminó mayo e inició junio a tambor batiente, conectando cuadrangulares a un ritmo que envidiaría Babe Ruth, pero durante el mes los lanzadores contrarios encontraron la fórmula para evitar que el de Tijuana se volara la barda: alejarle la bola. Mejor que se tome una base a que mande lejos la canica, al cabo que, con la lesión de Scout Hairston, era antecedido por esa máquiina de outs llamada Brian Giles y seguido por un Kouzmanoff en pleno slump. Así, Adrián estableció una rara marca en
Yovani Gallardo sigue lanzando de manera extraordinaria. Casi todas sus salidas en junio fueron de calidad y casi todas sus derrotas han sido en duelos de pitcheo. En junio: 3 ganados, 2 perdidos, con un magnífico 2.20 de efectividad. En la temporada –tras su derrota 1-0 el 1º de julio, 8-5, 2.75 de carreras limpias y 114 ponches. Lidera
Joakim Soria tuvo pocas oportunidades de salvamento por la baja de juego de los Reales, pero sigue en la elite de los cerradores. En junio, ganó un juego (que no había podido salvar), desperdició un rescate y consiguió tres, con 1.80 de PCL. En el año, su marca es de 2-0, 10 juegos salvados y 1.93 de carreras limpias.
Alfredo Aceves se ha convertido en pieza clave del bullpen de los Yanquis. Ganó otros 2 juegos en junio, para colocarse con marca de 5-1 y 2.16 de PCL.
Jorge Cantú ha bateado más para el porcentaje que para el poder: .324 en junio, pero con un solo jonrón y 10 producidas. En el año, el tamaulipeco lleva .287, 9 palos de vuelta entera y 49 remolcadas.
Scott Hairston se pasó buena parte del mes en la lista de lesionados, afectando el rendimiento en general de los Padres, pero ya regresó. En junio, .243 con 2 jonrones y 5 producidas. En el año; .309, 9 y 27, además de 6 robos.
Jerry Hairston Jr. El mayor de los Hairston Arellano bajó en su bateo, pero sigue aprovechando su guante y su versatilidad para jugar a diario. En junio, .226, con 6 remolcadas. En la temporada, .249, 7 jonrones, 22 impulsadas y 7 robos.
Rod Barajas superó una lesión en el tendón de la corva y sigue en la receptoría de Toronto. En junio bateó para .224, con 4 jonrones y 12 producidas. Además se robó una base, la segunda en 11 años de carrera. En la campaña, .266, 7 y 38.
Dennys Reyes. El gordito de Higuera de Zaragoza tuvo una tarde aciaga –donde de paso ayudó a su compatriota Jorge de
Jorge De
Juan Castro jugó poco en el mes, a pesar de lo caliente de su bat y lo bueno de su guante. En junio se fue con .313. En la campaña: .347, 1 cuadrangular, 7 impulsadas.
Ramiro Peña es otro joven que ya quedó con el equipo grande de los Yanquis, jugando en la tercera y como campocorto. En junio, bateó para .333 con 3 producidas. En el año, .267, con 7 impulsadas y tres robos.
Edgar González Sabín ha sido ahora probado en los jardines por los desesperados Padres. El hermano de Adrián bateó en junio .195, con un jonrón y 4 producidas. En la campaña: .186, 4 y 11
Augie Ojeda sigue a la baja. El infielder de Arizona bateó en junio apenas para .162; en el año, .234, con un jonrón, 4 producidas y dos robos.
Jorge Campillo sigue en la lista de lesionados, con marca de 1.0 y 4.15 de limpias.
Luis Ayala, tras fracasar varias veces en juegos apretados, fue dejado en libertad por los Mellizos. Se dice que los Piratas lo podrían contratar. En la temporada lleva 1-2, con 4.18 de limpias.
Elmer Dessens regresó a las mayores el mismo día que corrieron a Ayala. Ha lanzado en tres juegos para los Mets, con marca de 0-0 y 4.50 de limpias.
Édgar González no ha brillado en la loma, pero el lanzador de Nuevo León empató un récord extraño de
Alfredo Amézaga (.217-0-2) sigue en la lista de lesionados, al igual que Oliver Pérez (1-2, 9.97), quien se cura de su chafitis aguda jugando en las Menores.
Walter Silva volvió a recibir una oportunidad con los Padres y volvió a fallar. Empeoró su marca del año a 0-1, con 9.35.
Luis Cruz (un hit en dos turnos), Arturo López 0-0 y 19.29 de carreras limpias y Luis Mendoza 0-0, con 36.00 de PCL, siguen en las menores..
martes, junio 23, 2009
Voz Obrera
miércoles, junio 17, 2009
Biopics: El 18 Brumario de Luis Echeverría
La primera boda
Llegué a México sin saber que me esperaba una feria de bodas. Apenas llevaba unas horas en el país cuando recibí la primera, sorpresiva, invitación. Luis Foncerrada se iba a casar en un par de días con una chica a la que había conocido en
Estéfana, la novia de Luis, era una chica de Matamoros, que estudiaba sociología y vivía en una residencia universitaria femenina, manejada por hermanas teresianas. A la boda –que devino en fiesta cacahuatera- asistieron muchas de sus compañeras. Era agradable echarse el rollo –a veces repitiendo consignas del PCI: “el aborto es un drama que se vive en la piel de las mujeres”- ante un público femenino comprensivo e interesado. Mientras yo disfrutaba de mi popularidad, Mapes se ligó a una chaparrita, cuya estatura contrastaba con el cigarrote y el vasote de whiskey que tenía en las manos.
Para mi sorpresa, terminada la fiesta, la novia se regresó a su residencia estudiantil, porque aquella había sido sólo la boda por lo civil. No contaba, según las teresianas.
Un sarro de la chingada
Poco después, Mapes me invitó a hacerle el paro. Iba a salir con la chaparrita, y ella tenía una amiga, qué tal si yo salía con ella. Acepté. Fuimos a
-Tienes un sarro de la chingada.
-¿De veras?
-Si quieres te hago una limpieza.
Quedamos en que fuera a visitarme a la casa. La tarde en que lo hizo, apenas iniciaba su tarea, llegó Mapes algo acelerado, con la idea de que fuéramos a Los Pinos, a intentar hablar con el General Castañeda. Sucede que Echeverría, que estaba a punto de dejar
Patricia insistió en continuar con la limpieza dental, así que zarpamos en el auto de Mapes y ella me quitaba el sarro en los altos. Habrá que admitir que no eran las condiciones óptimas.
Conseguimos una cita con el jefe del Estado Mayor para el día siguiente (lo que quería decir que la que yo tenía con Irma, mi ex novia atleta, tuvo que ser cancelada). Tras una larga espera (en la que hojeé uno de las decenas de periódicos mexiquenses: El Tercer Mundo, con el epígrafe de “Diario del Subdesarrollo”), el General Castañeda nos recibió. Noté que tenía libros liberales en su biblioteca y no supe si era para que los visitantes los vieran, y pensaran que en realidad él era un liberal, o porque realmente los leía. Accedió a consultar con el Señor Presidente para que nos dieran el aumento (efectivamente lo hubo, y casi quedamos tablas, pero el Banco de México sería algo moroso en los pagos).
El caso es que nunca me vi con Irma y que volví a salir con Patricia (y Foncerrada y señora), a Coyoacán.
En Oaxaca y con el PMT
Hubo un buen rol a Oaxaca. Fuimos Eduardo Mapes, Susana Duprat y yo. Aunque, como solía suceder con nosotros, los víajes eran más bien al interior de nosotros mismos, aquel estuvo particularmente alivianado. Una noche nos pasamos los tres brincando de cama en cama, como niños felices. Era padre estar con Susana, porque contagiaba una grata sensación de libertad. Ella recién había terminado la carrera de psicología y trabajaba de orientadora en una secundaria. En aquel viaje nos quedó claro que estaba más que prendada de Jorge Carreto.
Otra cosa que hice fue asistir a un concierto de Óscar Chávez en el Auditorio Nacional, que organizaba el Partido Mexicano de los Trabajadores. El PMT había sido el principal derivado de aquel CNAO (Comité Nacional de Auscultación y Organización) surgido después del movimiento del 68. No era una organización legal –el concepto de registro aparecería un par de años después-, pero sí era tolerada. Fui, más que para escuchar la música, para palpar el ánimo organizativo en la izquierda mexicana. El auditorio se llenó a reventar, y era evidente que la mayoría eran jóvenes de izquierda. Pero cuando Eduardo Valle, El Búho, inició un rollo político en el intermedio, lo abuchearon. “No soy un payaso”, respondió, “sino un luchador social”. Eso bastó para que se callaran y le prestaran atención, aunque fuera por un ratito. A la salida compré el libro ¿Para qué un nuevo partido?, de José Francisco Paoli, en el que explicaba las razones detrás de la creación del PMT.
El 18 Brumario de Luis Echeverría
La situación política del país era bastante distinta a la que se vivía un año atrás.
Entre los que se manejaban estaban un supuesto plan para expropiar viviendas y otro para congelar las cuentas bancarias, luego de la devaluación. Una suerte de guerra sucia que acusaba a Echeverría de procomunista. Se señalaba a grupos empresariales de Monterrey –la famosa conspiración de Chipinque- como los promotores, y su finalidad primera era condicionar el comportamiento del nuevo Presidente.
El más notorio de los rumores que armó la derecha en aquel entonces fue que Echeverría estaba dispuesto a realizar un autogolpe de Estado, el 20 de noviembre de 1976. Su 18 Brumario. Un concepto totalmente absurdo, pero que algunos incautos creyeron a pie juntillas. El hijo de la señora que vivía enfrente de la casa de mis papás fue por ella aquel día “para llevarla a lugar seguro”.
Ese falso 18 Brumario, mis padres fueron al velorio de la señora Pirod, esposa de un amigo de mi papá, y se llevaron a mi hermano. Yo aproveché la situación para ir a la casa con Patricia. La pasamos muy divertidos.
miércoles, junio 03, 2009
El antivoto
Ahora que mucha gente está pensando en abstenerse o anular su voto para protestar por la falta de calidad de los partidos, me vino a la mente una idea a la medida de la situación, que además evitaría que se dispararan el abstencionismo y las boletas en blanco o anuladas.
El proyecto consiste en crear el antivoto, tomando en consideración que aún el ciudadano más molesto con los partidos políticos, tiene alguno que le parece particularmente pernicioso.
Según este proyecto, el ciudadano al llegar a la casilla, puede elegir una boleta blanca para depositar su voto o una boleta oscura, para depositar un antivoto, que se podrá dar a un solo partido político. Al finalizar la jornada, los miembros de la casilla cuentan los votos de cada partido… y también los antivotos, que se descuentan al partido político que los recibe. De esa forma, el ciudadano harto de los partidos y de la clase política, los castiga a todos, no votando por nadie, pero cebándose en uno en particular: el peor de todos ellos.
El 5 de julio saldré a votar. Supongo que sufragaré, sin mucha convicción, por la misma opción que hace tres años. Lo que en realidad me gustaría es tener un antivoto, y ya sé a quién se lo daría.
El mal llamado Partido Verde se ha convertido en lo más cercano a un partido neofascista en este país. Es un grupo de juniors vividores que ha hecho de la pena de muerte su caballito de batalla en estas elecciones, que se ha opuesto militantemente a la despenalización del aborto (votando, incluso, en legislaturas estatales, por prohibirlo incluso en caso de violación) y a cualquier estrategia antidrogas que no sea la persecución hasta del más mínimo consumidor, que apuesta por la privatización de la medicina y la educación -promocionándola con anuncios mañosos-; un partido cuyos miembros destacados son ejemplo de frivolidad y corrupción, que durante una década sobrevivió sólo merced a alianzas oportunistas y ventajistas, que a menudo propone medidas autoritarias para resolver los problemas y que jamás ha movido un dedo, seriamente, a favor del medio ambiente.
Me temo que habrá suficientes incautos –o ultraderechistas de clóset- como para que ese engendro mantenga su registro. Ojalá se le pudiera sepultar con
antivotos.
martes, junio 02, 2009
Adrián, en la ruta del Bambino
Mientras el contingente mexicano en Grandes Ligas sigue creciendo, la mayoría de los peloteros nacionales en la gran carpa tuvo algún problema en mayo. Si alguien destacó fue Adrián González, el slugger de Tijuana que sigue en plan de bombardero y lidera las ligas mayores en cuadrangulares.
Aquí el seguimiento del contingente mexicano, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada (e incluyendo a los paisanos que jugaron para México en el Clásico):
Adrián González durante mayo bajó su porcentaje de bateo, pero se ponchó menos y tuvo dos rachas extraordinarias: a principios de mes, 6 jonrones en 5 juegos y, a fines, 4 partidos seguidos volándose la cerca (y lo hizo de nuevo el 1º de junio). El tijuanense va en la ruta del Bambino, y no exageramos. Al ritmo que lleva, pegaría 63 cuadrangulares en 154 juegos (contra los 60 de Ruth) y terminaría la temporada con 67 bambinazos. Eso no es nada, Adrián batea la mitad de sus juegos en Petco Park, el paraíso sandieguino de los pitchers. 15 de sus jonrones han sido como visitante (donde batea .313, frente a .264 como local): fuera de casa lleva ritmo de 90 vuelacercas en la temporada. De miedo. En mayo bateó para .250 con 11 cuadrangulares y 20 impulsadas. En la temporada lleva .290, con 21 palos de vuelta entera y 41 producidas.
Yovani Gallardo. El lanzador michoacano sigue teniendo salidas de calidad con los Cerveceros. El 25 de mayo se enfrascó en un duelazo de pitcheo con Chris Carpenter, de San Luis. Ambos llegaron a la sexta entrada sin permitir hit, pero se fueron sin decisión (Yovani permitió dos imparables en 8 innings). En el mes tuvo 3 ganados, 1 perdido, un juego completo y un agradable PCL (carreras limpias admitidas por 9 entradas lanzadas) de 2.86. En la temporada, 5-2, 3.18 de carreras limpias y 65 ponches. Lidera
Scott Hairston. El más joven de los Hairston Arellano sigue encendido con el bat, al grado que ya es tercero en el orden de los Padres. Su éxito –y lo que le permite ahora jugar a diario- es que, a su tradicional efectividad contra los zurdos, a quienes les batea
Jorge Cantú bajó notablemente su producción, y con ello los Marlines de Florida han dejado de luchar por el liderato en su división. Se volvió a ver al tamaulipeco desesperado al bat (20 ponches en mayo, frente a 5 pasaportes) y perdió poder. A finales de mes se vieron signos de recuperación. Durante mayo, un pobre .207, con un jonrón y 15 producidas. En la temporada, .271, 8 cuadrangulares y 37 remolcadas.
Joakim Soria terminó abril con una “ligera molestia” en el hombro. A principios de mayo lanzó en tres juegos, en los que –fiel a su consistencia- obtuvo 2 salvados y una victoria, con 2.45 de PCL. La lesión lo marginó el resto del mes y apenas en junio volvió al roster. En el año lleva 1-0, con 7 salvados y 2.08 de limpias.
Jerry Hairston Jr. El versátil hermano mayor de los Hairston Arellano mejoró bastante sus números respecto a abril, jugando para los Rojos. En mayo bateó .294, con 6 jonrones y 14 producidas. Al embasarse más, pudo ya robarse 4 bases. En la temporada, .262, 7 jonrones, 16 impulsadas y 31 anotadas.
Rod Barajas. El receptor californiano está teniendo una de sus mejores temporadas, tanto manejando a los pitchers como en la caja de bateo. Se ha mantenido constante a pesar de la mala racha en la que cayeron sus Azulejos de Toronto. En mayo, .274, con un jonrón y 16 producidas. En la temporada: .285, 3 vuelacercas y 26 remolcadas.
Alfredo Aceves fue reactivado por los Yanquis al iniciar mayo, con muy buenos resultados. El de San Luis Río Colorado ha sido utilizado en 10 juegos como relevo corto e intermedio; sólo en tres de ellos le pegaron. Lleva 3 ganados, 1 perdido, 2 ventajas sostenidas y 2.75 de limpias.
Dennys Reyes. El especialista zurdo de los Mellizos sigue haciendo su labor callada pero efectiva para acabar con amenazas contrarias, si bien en mayo bajó un poco su rendimiento. Lleva 0-1, 1 salvamento y 3.77 de limpias.
Juan Castro está en las mayores por su guante, pero anda irreconocible al bat, al grado que los Dodgers sentaron un rato a Furcal para darle juego al mochiteco. En mayo estuvo formidable, bateando para .382; en el año, .341 con un jonrón y 7 producidas.
Jorge De
Augie Ojeda ha visto bastante acción con Arizona, pero su porcentaje de bateo se desplomó. En mayo su majagua dio sólo .217; en el año, .267 con un jonrón, 4 producidas y un robo.
Ramiro Peña había llegado a tomarse una tacita de café con los Yanquis, pero el novato neoleonés hizo la hombrada de quedarse con la titularidad de la tercera base, hasta que regresó Alex Rodríguez. Ahora pelea un puesto nada menos que con Hideki Matsui, que anda en slump. En varias ocasiones, el manager ha sentado a Godzilla y colocado a Derek Meter como designado y a Ramiro en las paradas cortas. Batea para .242, con 4 producidas, 10 anotadas y dos robos.
Jorge Campillo sigue en la lista de lesionados, tras terminar abril con marca de 1.0 y 4.15 de limpias.
Edgar González Sabín no ha podido recuperar la titularidad en la segunda base de San Diego. El hermano de Adrián batea para .177 con 3 jonrones y 7 impulsadas
Luis Ayala ha sido efectivo cuando hay ventajas o desventajas claras; en juegos apretados ha fracasado rotundamente; por eso los Mellizos lo tienen trapeando innings. En la temporada lleva 1 ganado, 1 perdido, 3 salvamentos echados a perder (dos de ellos, en mayo) y 4.37 de limpias.
Edgar González volvió a las Mayores con los Atléticos de Oakland, tuvo dos salidas. Una aceptable, en la que salió sin decisión y otra muy mala, que le hizo perder su efímero puesto en la rotación de los Atléticos. Su marca, 0-1, con 5.40.
Alfredo Amézaga se volvió a resentir de la rodilla. El utility de los Marlines apenas vio acción en mayo antes de regresar a la lista de lesionados. Su marca de bateo, .217, con 2 impulsadas y un robo.
Walter Silva está truncando su sueño, al mantenerse en la odiosa lista de lesionados. 0-0, con 6.52.
Oliver Pérez, tras volver a fallar en su salida, donde se le vio nerviosísimo, fue colocado en la lista de lesionados. En un principio se pensó que en realidad sufría de “chafitis aguda” y la lesión era para no enviar a las menores a la contratación millonaria de los Mets. Recientemente se comprobó que, efectivamente, el sinaloense tiene algo en la rodilla.
Luis Cruz sigue con su promediazo de .500, por un hit en dos veces al bat. Cochito espera en las menores.
Arturo López es otro mexicano que llegó a los Padres a probar suerte, y no la tuvo. Cuatro oportunidades, en el relevo, tuvo el sinaloense. En tres de ellas lo cosieron a palos. 0-0 y un horroroso 19.29 de carreras limpias.
Luis Mendoza regresó a Texas nada más para que lo apalearan y lo retacharan a menores. El veracruzano tiene 0-0, con 36.00 de PCL.
