domingo, octubre 22, 2006

Biopics: Aguaceros, besos y medallas no intercambiadas

Irma me gustaba. Me gustaba su sonrisa con incisivos de vampiro. Me gustaba su cuerpo delgado y atlético. Me gustaba su forma de vestir. Me gustaba su cabello. Me gustaba que le gustaran el periodismo, la política, el cine y el atletismo, como a mí. Pero sobre todo me gustaba su olor.

Poco a poco nos fuimos acercando. Un trabajo de historia fue el pretexto para ir a la biblioteca central. Luego las islas eran nuestro refugio. Yo también le gustaba, pero una vez que nos estábamos besando (besitos tiernos) frente a Filosofía me dijo “Estoy casada”. Resultó que su casamiento en realidad era un noviazgo con Fernando, “un chavo chiquito, pero muy inteligente”, que le había explicado El Proceso de Welles/Kafka y toda la cosa; un chavo que “quedó desfigurado por las drogas, pero ya se salió”. El cuate, además, tenía una cabaña en el Desierto de los Leones. Conocí los celos hacia una figura mítica, a quien imaginaba muy abrazado a Irma, viendo desde las alturas de su cabaña a la ciudad. (A Fernando lo conocí años después. Sí era intelectual, pero no era ni tan chiquito, sino de mi edad, ni estaba desfigurado por drogas de las que no había salido, sino que tenía marcas de acné). La maldita me lo mencionaba a cada rato y yo estaba empecinado en ganarle la partida.

En esas fechas, a Richard Nixon se le ocurrió bombardear Camboya y se organizó una marcha de protesta para el 17 de mayo que, rara cosa, esta vez no fue reprimida. Éramos como 20 mil, según nuestros cálculos y yo iba junto a Irma. Ella llevaba una blusa amarilla y jeans, recuerdo. Su cabello brincaba mientras corría coreando consignas, y me impregnaba de su olor. El mitin fue frente al Hemiciclo a Juárez (lo que indica que no éramos 20 mil, sino menos de la mitad). Alguien sacó una cajetilla de cigarros, todos agarraron menos yo, que no fumaba entonces. Cuando se hacía de noche, hablaba Pablo Gómez. Yo tenía abrazada a Irma y nos besamos muchas veces. Empezó a caer un aguacero y nuestros besos se deslizaban con la lluvia y como la lluvia. Terminó el mitin y nos fuimos a refugiar debajo de un techo cerca del Palacio Chino. En una tiendita, otros chavos empapados cantaban su propia alabanza, con letra de Violeta Parra: “Me gustan los estudiantes/ porque son la levadura/ el pan que saldrá del horno/ con toda su sabrosura/ para la boca del pobre/ que come con amargura/ caramba y samba la cosa/ ¡Viva la literatura!”. La invité a un café de chinos, pero me dijo que no podía, porque debía regresar a trabajar (era reportera de la Gaceta UNAM). De hecho, ahí estaba su jefe. Me dieron aventón hasta la esquina de Reforma y Río de la Plata. El jefe de Irma me dijo que me iba a empapar más. “No soy burgués”, le respondí, y él dijo alguna frase burlona. Corrí feliz, pero bañado, más que por el diluvio que seguía cayendo, por aquellos besos.

Irma era la campeona nacional de salto de longitud, en una época en la que las mujeres hacían muy poco atletismo. No entrenaba mucho (y yo, en cambio, corría diario, sin entrenador, con otros cuates del equipo de atletismo de la facultad, porque me daba pena ponerme a marchar solo). En el Interfacultades, a Economía le fue muy bien en la rama femenina, y eso que sólo eran cuatro: pero una era Irma y la otra Charlotte Bradley, posterior campeona centroamericana y medallista de plata en Panamericanos. En la masculina, obtuvimos dos de bronce. Una de Chagoyán y otra mía, en una competencia de 5 kilómetros que caminé en más de media hora. El último día de competencias Irma me regala su medalla de oro en 100 metros (una de varias que había obtenido) y yo la rechazo. ¿Qué no ve que yo sólo puedo ofrecerle una vil medallita de bronce?, pienso. Todavía me cuesta trabajo entender las razones de mi negativa. ¿Incapacidad para recibir? ¿Agresividad pasiva para expresar mi enojo porque seguía con el tal Fernando? ¿Narcisismo herido en mil maneras, también porque ella me puede dar un oro y se queda con mucho, y yo no le puedo dar un bronce porque me quedo sin nada?

jueves, octubre 12, 2006

Cómo decir palabrotas en sociedad

Esta es mi traducción-adaptación al español mexicano de "Come dire parolacce in società", un artículo de Umberto Eco aparecido hace años en L'Espresso y después en el libro La bustina di Minerva.
El subtítulo se refiere a un cuate mío muy dado a la prosopopeya y poco a las groserías.

Cómo decir palabrotas en sociedad
(o manual de groserías de José Hernández)

Umberto Eco
(adaptación: FBR)

Veo en la nueva novela de Kurt Vonnegut (Hocus Pocus) que el protagonista decide no usar palabrotas y se limita a expresiones que (en la traducción de Francisco Báez) suenan como: “¡Qué pelo púbico!”, “¡Diríjase a la ultrajada!”, “¡Es un excremento!”. La invitación surge oportuna en un momento en el que los periódicos registran, de parte de los políticos, insultos de carretonero y en el que en las telepantallas aparecen distinguidos señores que se llaman el uno al otro con referencias explícitas a partes del cuerpo normalmente cubiertas de ropa llamada, precisamente, íntima.

Es cierto que en esta misma columna hace un tiempo reivindiqué el derecho de usar la palabra pendejo en ciertas ocasiones en las que es necesario expresar la máxima indignación. Pero la utilidad de la palabrota la da precisamente su excepcionalidad. Usar palabrotas demasiado a menudo equivale a reescribir un concierto con sólo las percusiones, mientras los demás instrumentos callan. Mussolini, en un momento trágico de la historia de Italia, dijo en el parlamento que habría podido hacer de aquella aula sorda y gris un vivac para sus manipulaciones. Si hubiera dicho (y tal era el sentido de su declaración): “Bola de pendejos, podría metérsela a todos por el culo como si nada” o lo habrían tratado como a un loco, o se habrían dado cuenta de que el condicional estaba fuera de lugar, porque el hecho ya se había verificado.

Se ha perdido aquel arte de la injuria, celebrado por Borges (“Señor, su esposa, con el pretexto de tener un burdel, vende mercancía de contrabando”). Pero al menos se debería reencontrar un arte de la perífrasis. He aquí por qué, para uso de los protagonistas de la política y del espectáculo, se presentan algunas expresiones indudablemente elegantes y bien provistas, bajo el velo de cuya elaborada extrañeza, los expertos podrán reconocer la expresión original, mucho más vulgar y común, que esconden, sin por ello eliminar la fuerza locutoria.

“¡Cállese, pelo que surge de la parte anterior del perineo, hecho con el segmento fusiforme del producto final de un complejo proceso metabólico!”

“Para mí tiene el mismo valor que la parte del órgano externo del aparato genito-urinario masculino, con forma de apéndice cilíndrica”.

“Sin haber abandonado su ropa, se deshizo preterintencionalmente de celulosa, queratina, resíduos biliares, moco, células epiteliales desescamadas, lecuocitos y bacterias varias, a causa del espanto”.

“Fulano, en el día de su nacimiento, estaba unido por cordón umbilical con una señora cuyo mester era conducir la poliandria a manifestaciones casi frenéticas”.

“La razón es que tengo una inflamación en la única bolsa de piel de la que proveyó Natura, con todo lo que ella contiene”.

“¡Glándulas de Bartolino y Trompa de Falopio! ¡Perdí el Portafolio!”

lunes, octubre 09, 2006

Léxico Familiar II

Escribe mi hermano sobre el léxico familiar, con otras aportaciones:

Para mi mamá si [en alguna repartición] no te tocaba nada era "ni piña, mamey ni zapote"; cuando te cortabas o te dabas un golpe te hacias una Yaya; si te rascabas se volvía una miasma que, al continuar rascándote se convertiria en un cáncer, según ella.
No era el talón del calcetín sino el carcañal. Ah!!! y mi mamá no dormia... "se embelesaba", o "estaba con embelesos".
Tampoco había trastes, había "cacharros" o "cacharritas".

Pero hay más. Algunas importantes. Como los zangandongos.
Zangandongo es una palabra de origen bantú. Pero yo digo que es más bien el muy español "zángano" combinado son el muy cubano "borondongo". Un zangandongo es un niño grande tratado como niño chiquito o actuando como chiquito. Zangandongo es el niño de nueve años que meten dentro del carrito de super o el adolescente de 16 que juega con sus cuates en el cachumbambé (es decir, en el subeybaja).

Otro ejemplo del barroquismo cubano que mamé es que mis padres decían: "...y soltó una catilinaria...". En México, lejanos a la popularización de los discursos de Cicerón, diríamos que soltó un rollo, o un choro.

Los aparatos no se descomponían, sino que se desconchiflaban. Y si uno estaba cansado, medio madreadón, también la persona estaba "toa desconchiflada". Si un automovilista iba muy lento, mi padre decía: "ese va fríendo maiz". Y para él, un equipo deportivo o un jugador no eran malos, ni maletas: eran mapeangos.

viernes, octubre 06, 2006

Un año de adversidades en la Gran Carpa


Mexicanos en GL. 2006

2006 fue un año de más oscuridad que luz para los mexicanos en Ligas Mayores. Si bien, como suele suceder, varios peloteros tuvieron la mejor temporada de su carrera, para los que estaban consagrados o camino a la fama, resultó más bien año de adversidades. La intermitencia de Loaiza, el bajón de Cantú, el récord negativo de Rodrigo, la segunda parte de la pesadilla para Oliver y el final de Vinicio será lo que recordemos de la campaña regular. Ojalá que en la postemporada, las noticias positivas opaquen a las negativas, que desgraciadamente abundaron.

Esta es la actuación de los connacionales en Ligas Mayores, según sus resultados a lo largo de toda la temporada 2006.

Adrián González. El de Tijuana fue el primer pelotero drafteado en el año 2000. Esto quiere decir que le vieron potencial de gran estrella. Fue hasta 2006 que pudo demostrar que los scouts no se habían equivocado. Jugando la primera base de los Padres de San Diego, bateó para .304, con 24 cuadrangulares y 82 producidas. Cerró la temporada a tambor batiente, con un porcentaje cercano a .400 en el último mes del año.

Dennis Reyes. Parte fundamental del secreto de los Mellizos de Minnesota para ganar la división central de la Liga Americana fue su staff de relevistas. Entre ellos, quien tuvo el mejor porcentaje de efectividad fue el zurdo especialista, el mexicano Dennis Reyes. Jugando a menudo, para sacar uno o dos outs, el gordito de Higuera de Zaragoza fue usado en situaciones complicadas, de las que casi siempre salió airoso. Así lo marca su minúsculo 0.89 de carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas. Los bateadores rivales apenas alcanzaron un promedio de .197. Un año para recordar.

Esteban Loaiza. El 2006 fue para Esteban un año de rachas. Pésimo abril, en el que perdió todos y recibió casi una carrera por inning lanzado; mayo en la lista de lesionados; junio de paulatina recuperación, con tres victorias y un juego completo, julio de decepción, en el que volvieron a pegarle y él a perder; agosto de ensueño, en el que no se la vieron y logró dos blanqueadas; septiembre de dudas, con tres muy buenas actuaciones y tres bastante lamentables. Terminó la temporada regular con 11-9, 4.89 de limpias y 97 ponches. La postemporada será su prueba de fuego con los Atléticos.

Oscar Villarreal. Después de varios años bastante malos, el regiomontano pudo al fin mostrar su valía en la gran carpa. Fue un relevista consistente para los Bravos de Atlanta, que ahora ven en su joven bullpen la clave de un futuro regreso al primer lugar. Como abridor, cumplió. Su PCL de 3.61 en esa combinación, y su record de 9-1 son señales de que va por buen camino.

Alfredo Amézaga. ¿Quién diría, hace seis meses, que las estadísticas de Alfredo Amézaga podían ser comparables con las de Jorge Cantú? Al haberle dado continuidad, los Marlines de Florida se encontraron con un gran utility. Buen fildeador, pero agresivo en la caja de bateo y, sobre todo, en las bases. El de Obregón tuvo, finalmente, un año decente: .260 de porcentaje, 3 jonroncitos, 20 bases robadas, 42 carreras anotadas y grandes atrapadas en los jardines y el infield (jugó siete posiciones defensivas, ni más ni menos). Más hits, más jonrones, más producidas y más robos que en cualquier año de su difícil carrera.

Jorge Cantú. El año sophomore, el terrible segundo año en Grandes Ligas que separa a los grandes de las leyendas le tocó a Cantú en su tercera temporada. Un tobillo fracturado, espasmos en la espalda y una gripe tremenda lo aderezaron. El tamaulipeco tuvo un buen inicio de temporada, un aceptable final y un largo y mediocre intermedio. Los números no mienten: .249 de promedio, con 14 cuadrangulares y 62 impulsadas (es decir, aproximadamente la mitad que el año pasado).

Rodrigo López. La inconsistencia no deja de perseguir al de Tlanepantla. Tuvo sólo siete salidas de calidad y rompió el récord de más derrotas para un pitcher mexicano, al terminar el año con marca de 9-18 (y 5.90 de PCL). A veces estuvo bien y de malas, pero en otras ocasiones estuvo mal y de pésimas. Se las arregló para perder tres juegos cuando fue degradado a labores de relevo. Tal vez salga de los Orioles.

Elmer Dessens. Inició en el relevo intermedio de los Reales de Kansas City, la hizo bien y lo subieron a cerrador. Echó a perder juegos y terminó otra vez en el relevo intermedio, pero con los Dodgers. El ansiado estirón nunca llegó. Terminó la temporada con marca en 5-8, dos salvamentos y 4.56 de limpias. Estuvo a punto de que los Dodgers lo dejaran fuera de su roster de playoffs.

David Cortés. El de Mexicali jugó discretamente con los Rockies de Colorado. Empezó bien, pero fue bajando en efectividad. Los Rockies le apuestan a la juventud y lo dejaron fuera a media campaña. Sus números: 3-1, con 4.30 de carreras limpias.

Edgar González. Se la pasó entre los Diamantes de Arizona y las sucursales AAA. El de San Nicolás de los Garza abrió cinco juegos y en otros 12 entró de relevo. Fue mejor en su regreso que en su primera fase. Terminó con 3-4 y un aceptable 4.22 en carreras limpias. Uno de sus mejores partidos fue el duelo contra Aníbal Sánchez, que perdió 2-0 y en el que el venezolano lanzó sin hit ni carrera.

Oliver Pérez. Dicen que a la oportunidad la pintan calva. Oliver Pérez empezó mal con los Piratas de Pittsburgh, uno de los peores equipos de la Nacional, que primero lo bajaron a AAA, pero luego lo cambiaron a los Mets, el mejor de la liga. Tampoco con los Metropolitanos ha brillado. En la temporada sólo tuvo cuatro salidas de calidad y terminó con cifras horrendas: 3-14 en ganados y perdidos y 6.55 de limpias. Pero las lesiones del cuerpo de lanzadores de los Mets han sido sus grandes aliadas. Cayó Tom Glavine y Oliver regresó de AAA. Se lesionó Pedro Martínez y le perdonaron las palizas. Peleó las plazas de cuarto y quinto abridor con Orlando Hernández y el novato John Maine, y perdió. Pero llegan los play-offs y el Duque también se lesionó. A ver si en una de esas…

Juan Castro. Cumplidor y discreto, primero con los Mellizos y luego con los Rojos –con quienes aseguró un buen contrato de dos años-, el de Los Mochis se quedará como utility de reserva el resto de su carrera, por lo visto. En la campaña bateó .251, con 3 cuadrangulares y 28 producidas.

Vinicio Castilla. Era la esperanza en la tercera base de los Padres de San Diego, pero los años le pesaron y los californianos lo dejaron ir. Se tomó su última taza de café ligamayorista con el equipo de sus amores, los Rockies de Colorado. Tampoco hizo gran cosa, pero tuvo una despedida digna, con una carrera impulsada y en medio del cariño de la afición que fue testigo directo de sus hazañas deportivas. Para la historia, los números de su última campaña: .229, 5 jonrones, 27 producidas.

Jorge de la Rosa. El de Monterrey lanzó algunos buenos partidos para Milwaukee y Kansas City, poco a poco va mejorando, pero sin lucir realmente. Su gran problema sigue siendo el control. Terminó 2006 con 5-6 y 6.49 de carreras limpias (pero mejor en Kansas que con los Cerveceros).

Miguel Ojeda estuvo dos ratitos en la Gran Carpa. Al inicio con Colorado; al final con Texas, con un largo intermedio en la Liga Mexicana. Bateó para .221 con 2 jonrones y 15 remolcadas.

Humberto Cota. Estuvo el año completo, pero vio muy poca acción en la receptoría de los Piratas. Bateó sólo para .190 e impulsó 5 carreritas en 100 veces al bat.

Oscar Robles jugó a ratitos cortos con los Dodgers, y no pudo repetir su buena campaña del 2005. Números mínimos: .152 con 6 anotaciones.

Ricardo Rincón se lesionó desde abril. Apenas lanzó tres entradas y un tercio para los Cardenales, suficiente para que le metieran 4 carreras y acabara con 10.80 de limpias.

domingo, septiembre 10, 2006

11-S Spectacular, spectacular

Hace 5 años, el terror. El texto lo escribí para la revista etcétera. Spectacular, spectacular

El despiadado ataque terrorista contra Estados Unidos dio la vuelta al mundo, a través de los medios electrónicos, en pocos minutos. Por radio, televisión e Internet, los ciudadanos de la aldea global vieron, en vivo y desde el lugar de los hechos, cómo un segundo avión secuestrado chocaba contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, mientras de la primera brotaba una densa nube de humo y cómo, minutos después, cada uno de estos gigantes, con miles de desesperadas personas adentro, se colapsaba y se convertía en polvo.

La tele estuvo ahí. La tele nos lo contó. Y el medio, fiel a su lenguaje, nos presentó los hechos a su manera. Fue el imperio de las imágenes.

Ví la transmisión de CBS durante una hora, la tarde de aquel día terrible. Uno de los más serios conductores de EU, Dan Rather, presentaba las escenas en las que caía un tercer edificio del World Trade Center, tocado por el derrumbe de los colosos. Espectacular. Veálo usted de nuevo.

Lo que ví durante esa hora fue pietaje exclusivo en el que, desde un ángulo magnífico se vio la irrupción del segundo avión sobre la torre. El conductor, apenadísimo, solicitaba disculpas por el lenguaje que usaban los aterrorizados videoaficionados. Repetición de la escena. Wow. Pasamos a otra versión del mismo suceso, el tercer ángulo. Nuevas disculpas de Rather porque también a estos videoaficionados se les salieron groserías y blasfemias. Véalo usted de nuevo. Ah, ya llegaron nuevas escenas de la caída del tercer edificio: una nube de humo avanza velozmente por las calles estrechas, la gente corre. Impresionante. ¿Qué hay aquí? Otra toma del desplome de la torre. Reiteradas disculpas por el lenguaje. Qué bueno que los editores son tan veloces. Veamos ahora la secuencia de cómo, desde distintos ángulos, los aviones se estrellan, los edificios se colapsan, la gente huye. No hay una palabra de análisis. Spectacular, spectacular.

Dice Camille Paglia en su monumental libro Sexual Personae que la historia de la humanidad ha sido la lucha de Apolo contra Dionisio. Apolo representa la simetría, el orden, el racionalismo, la cabeza, la represión. Dionisio, el caos de la naturaleza, las emociones, el cuerpo, la cachondería. Apolo mira hacia el cielo y pone allá a su Dios. Dionisio, hacia la tierra, habitada por decenas de Dioses. Apolo está detrás de la civilización, los rascacielos, la policía, las leyes y también de la tiranía. Dionisio, de la rebelión, las catacumbas, las orgías, la libertad y también de la anarquía.

Interpretando a Paglia: si había un templo de Apolo, eran las Torres Gemelas, mismas que no volarían en llamas hacia el cielo -como señalaría más tarde, un poco sorprendido, el propio Dan Rather-, sino que bajarían a la tierra para fundirse con ella.

La pensadora estadounidense tiene una figura literaria para explicar la cultura apolínea: “El ojo occidental”. Fue precisamente ese Ojo el que dominó las transmisiones, tanto en EU como en el resto del mundo. Fue a través de ese filtro cultural, de la Imagen, que aprehendimos los trágicos sucesos del 11 de septiembre. Spectacular, spectacular.

El énfasis de Paglia en el papel del ojo dentro de la cultura estadounidense, hace pensar en cómo hubiera sido la cobertura si esa tragedia hubiera ocurrido en México. Eso es también pensar en diferencias de fondo entre México y EU. En México también hubiera habido acento en las imágenes, pero muchas de ellas se hubieran dirigido a los sobrevivientes de los edificios derrumbados. Hubiéramos escuchado los testimonios entrecortados y tal vez histéricos de las personas cubiertas de polvo. Llanto, mucho llanto. Una perspectiva más cercana a lo humano. A lo emocional. Muy probablemente, a lo sentimentaloide.

De hecho, esa búsqueda de personas físicas, de carne y hueso, llevó a la televisión mexicana a algunos extremos que rozan con la lógica. Entrevistas con el boxeador Ricardo “El Finito” López, quien se encontraba en Manhattan y con el pelotero Vinicio Castilla, desde Houston -que era casi como entrevistar a alguien en Ciudad Juárez.

Desde otra perspectiva, las televisoras estadounidenses han sido blanco de críticas por las imprecisiones y exageraciones en que cayeron en los primeros días del ataque, que es cuando los resortes tradicionales se ponen a funcionar.

El problema principal, como siempre, fue que la lucha por un mayor rating las llevó a dar una información menos veraz o de plano manipuladora. Lo paradójico es que, en esos momentos, el rating era estrictamente eso, y no el vehículo de ventas que suele ser, ya que se suspendieron los anuncios comerciales. En otras palabras, aun cuando hace servicio social a la comunidad, la televisión comercial responde a sus reflejos.

Así, por ejemplo, la cadena Fox reportó equivocadamente que un quinto avión suicida se dirigía al Capitolio. Y ABC citó a una cadena canadiense que afirmaba que había otros cuatro aviones perdidos en territorio aéreo de EU -fue un error de interpretación: en Estados Unidos se dice que una nave “se pierde” cuando se estrella-. NBC no se quedó atrás y dio gran relevacia a la posibilidad del uso de 747 presidencial, “El avión del Día del Juicio Final”. Al parecer, les encantó el sobrenombre.

La segunda joya habla muchísimo acerca de lo que se ha convertido la televisión en todo el mundo. Una reportera se acerca a un agotado miembro de los equipos de rescate que buscaban sobrevivientes en los escombros de las torres gemelas y le pregunta: “¿Encontró usted pedazos de cuerpo?” (“body parts”). Ahí está pintado el rostro de la tv de principios de siglo: el deseo de una inútil descripción gore. Cuando un rescatista responda: “Mire, pues me encontré un par de brazos, creo que de mujer, un torso quemado, cuatro dedos y la cabeza de una niña”, la tele y nuestros valores humanos habrán tocado fondo. Cuando una microcámara se pueda introducir para tomar esas piezas -y quizá la agonía de un sepultado- será el triunfo final del Ojo Occidental.

Y mientras la tele marcaba las primeras imágenes de la masacre. Los canales de shopping seguían impertérritos. Señora, ¿quiere usted adelgazar?

viernes, septiembre 08, 2006

Biopics: La Edad del Rock

Un día, poco antes de mi ingreso a la UNAM, me vino a visitar Jorge Bush con un cuate suyo, León Ronay, un gordito muy agradable que sabía mucho de rock. Platicamos un rato, León me hizo notar un tremendo jam que se escuchaba muy debajo de unos efectitos de sonido al final de una de las rolas de Their Satanic Majesties Request. De la plática salió que Ronay colaboraba en una revista especializada, "La Edad del Rock", que le pasara algún material escrito por mí y que él lo haría llegar a la redacción. Me adelantó que pagaban en especie: discos importados de la afamada tienda Hip 70.
Era una oferta que no podía rehusar. En ese momento le entregué un número de Análisis, en el que aparecía un ensayito mío, "El Rock influye y se deja influir por la onda política y social". Pocas semanas después me avisaron que el texto había sido aceptado.
Así pues, cuando llevaba menos de dos meses en la universidad, un día voy caminando de la zona rosa a mi casa, por Río Tíber. En sentido contrario viene un chavo greñudo y barbón, vestido completamente de mezclilla. Camina absorto leyendo un periódico impreso en amarillo y negro. Es "La Edad del Rock". ¡Cámara, está leyendo mi artículo! Emocionado, me dirijo al estanquillo más cercano (es la esquina de Tíber y Pánuco) y compro la revistilla. Atesoro el momento: estoy comprando en el kiosko una revista que tiene un artículo con mi firma y por el cual me van a pagar con un disco importado. Camino a casa me leo y releo. Me siento a toda madre.
Un par de días después tomé el pesero para San Angel. Llego a Hip 70, les muestro el artículo publicado y mi credencial. "Orale, pues escoge el disco que quieras". Tomo uno de portada muy loca, con unos elefantes-mariposas, de un grupo africano que se llama Osibisa. Resultó magnífico, de esos que no pierden con el tiempo. Todavía lo tengo.
Quedé con los de Hip 70 que les entregaría otro texto. Hice uno larguísimo: "Rock y Comercialismo", inspirado por alguna burla inteligente del señor Saddy (imitaba a Jimmy Page cargando maletas llenas de dinero). Tuve la mala idea de pedirles que no me lo editaran. Que, si acaso, lo cortaran. Lo cortaron. Aún así me alcanzó para otros dos discazos importados.

lunes, septiembre 04, 2006

La resurrección de Loaiza y el entierro de Oliver

Mexicanos en GL. Agosto

Cuando las Ligas Mayores entran en su larga recta final, dos mexicanos en equipos contendientes brillan de manera inusitada. Uno ha sido una estrella intermitente, apagada casi todo el año, pero que en agosto fue deslumbrante. El otro, un jugador que parecía no dar nunca el estirón, y ahora ha sido muy dominador. Esteban Loaiza y Dennis Reyes. En contraste, la suerte le abrió una oportunidad a la supernova de talento llamada Oliver Pérez, pero el zurdo de Culiacán se hundió todavía más en un hoyo negro. Por otra parte, septiembre será el mes en que los Rockies de Colorado le den a Vinicio Castilla la digna despedida de la Gran Carpa que se merece este gran pelotero. Esta es la actuación de los connacionales en Ligas Mayores, según sus resultados a lo largo de toda la temporada 2006.

Dennis Reyes. El zurdo de los Mellizos de Minnesota tuvo 15 apariciones durante agosto; es decir, intervino en más de la mitad de los partidos. No permitió una sola carrera (de hecho, no lo hace desde el 5 de julio) y su contribución ha sido mayúscula en la pelea de su equipo por la división más dura del beisbol: la central de la Americana. Ganó dos juegos en el mes, con lo que sube su récord de la temporada a 4-0. Lo alucinante es el microscópico 0.89 en carreras limpias admitidas por cada 9 entradas lanzadas. Los bateadores rivales no se la ven: le batean para .180 (para .131 después del Juego de Estrellas). Dennis aprovechó para que los Twins le extendieran un contrato de dos años y un milloncejo de dólares.

Adrián González. El hijo del fundador de los Potros de Tijuana no tuvo un gran agosto. Bateó sólo para .245 con un par de cuadrangulares y 11 producidas. Pero ha tenido un año consistente, y probablemente brillará en postemporada, si su escuadra alcanza a calificar. Sus números a lo largo del año son ahora .291 de porcentaje, con 21 jonrones y 64 remolcadas.

Esteban Loaiza. El de Tijuana demostró que está hecho de otro material y regresó por sus fueros en agosto. Hay que decirlo: fue el mejor jugador de las Mayores en el mes. Tuvo 6 salidas: regulares, las dos primeras; de calidad, las dos siguientes y extraordinarias, las dos últimas. Ganó cuatro de esos seis juegos, lanzando para 1.38 de limpias. Su marca antes del mes era de 4-7, con 6.72 de PCL. Ahora es de 8-7 con un mucho más decente 4.82 en el año. En su resurrección, Loaiza puede ser clave para que los Atléticos de Oakland al fin regresen a la Serie Mundial.

Oscar Villarreal. Las lesiones de los abridores de los Bravos de Atlanta le abrieron al regiomontano la puerta para abrir juegos, y no lo ha hecho mal. Los Bravos lo están cuidando para que sus salidas no sean demasiado largas. Dos de ellas fueron buenas: una la ganó, dejando a los Nacionales en un hit en cinco entradas; en otra dejó el juego empatado a uno y en la tercera fue salvado por su relevo. Actualmente su record es de 9-1 y 4.17 de limpias.

Rodrigo López. El de Tlanepantla está ahora en solitario como líder en derrotas de las Mayores, con récord de 9-14. Sigue siendo inconsistente: sus dos ganados y tres perdidos en el mes fueron justos. Las victorias fueron cuando lanzó bien. Terminó el mes con 6.17 en carreras limpias.

Elmer Dessens. Dedicado al relevo intermedio con los Dodgers, ahora líderes de la División Oeste de la Nacional, Elmer ha tenido altibajos. En el mes perdió un juego, para poner su marca en 5-8, dos salvamentos y 4.30 de limpias.

Jorge Cantú. Dicen que ahora son espasmos en la espalda. El caso es que el tamaulipeco está lejos en 2006 de su campaña estelar del año pasado. Recibe más bases (no muchas), pero se poncha mucho y anda escaso de poder. Dos jonroncitos, 15 producidas y un robo es lo que puede presumir en agosto (el porcentaje mejor nos lo callamos). En la temporada lleva .243, 11 cuadrangulares y 56 impulsadas.

Alfredo Amézaga. Sin duda, es el mejor año de su carrera. No sólo lo ha hecho bien en su fildeo –que para eso lo contrataron- sino que ha sido muy efectivo entre las colchonetas. El sonorense ya superó con creces la Línea Mendoza, y sus 14 estafas han sido, a menudo, muy oportunas. Luego viene el hit que lo lleva a home. Con los Marlines de Florida –que no están eliminados- lleva .271 con 3 jonrones, 14 impulsadas, 34 anotaciones y 14 robos.

David Cortés. El de Mexicali está esperando a que los Rockies lo reactiven. Lleva números de 3-1, con 4.30 de carreras limpias.

Juan Castro. Con los Rojos, el de Los Mochis ha tenido mucho menos acción que con los Mellizos. En el mes sólo tuvo 19 apariciones en el plato. En la campaña lleva .250, con 3 cuadrangulares y 24 producidas.

Vinicio Castilla. A partir del 1º de septiembre, fue reactivado por el equipo de sus amores, los Rockies de Colorado. Jugará en Coors Field, la casa de sus hazañas, los últimos momentos de su carrera ligamayorista. Esperemos que le vaya muy bien y que mejore los números de la temporada 2006: .232, 4 jonrones, 23 producidas.

Oliver Pérez. La suerte se puso del lado del zurdo cuando se lesionaron las estrellas del montículo de los Mets, Pedro Martínez y Tom Glavine. Oliver regresó de AAA, y en su primera apertura lanzó cuatro innings sin hit antes de ser apaleado por los Filis, pero no perdió el juego. Le dieron otra oportunidad, pero en el peligroso Coors Field, de Colorado. Le pegaron 12 hits y le anotaron siete carreras en sólo tres entradas de labor. Willie Randolph le volverá a prestar la pelota, con mano temblorosa, sólo cuando los Mets hayan asegurado su puesto en los play-offs. Tiene un horrendo 2-11, un igualmente espantoso 7.29, casi tantos pasaportes como ponches (y eso que es un ponchador nato) y los rivales le batean por encima de .300. ¿Resurgirá como Loaiza? Al parecer tendrá que esperar bajo tierra hasta el 2007.

Jorge de la Rosa. El de Monterrey lanza bien contra los buenos, como Loaiza y Johan Santana; y pésimo contra los pitchers de medio pelo. Perdió dos juegos en el mes (incluido el duelo con Santana); y en otro dejó ir una ventaja de 10 carreras en la primera entrada. Afortunadamente, trabaja para los Reales de Kansas City, así que seguirá fogueándose (en particular, tiene que superar esas rachas de descontrol tremendo). Tiene ahora 3-4 con un horroroso 7.74.

Edgar González. Fue removido a AAA. Lleva 1-2, con 6.79.

Humberto Cota. Sobrevive milagrosamente en el roster de los Piratas. El receptor sustituto fue 12 veces al bat en el mes, y pegó dos hits. Su promedio es ahora submarino: .198. Ha producido sólo una carrera desde el 24 de abril.

Miguel Ojeda, Oscar Robles y Ricardo Rincón son los otros mexicanos que han visto acción en la temporada.