miércoles, mayo 09, 2012

Biopics: De campaña con Arnoldo


Además de organizar los foros temáticos de la campaña de Martínez Verdugo a la Presidencia de la República, me tocó acompañarlo en otra ocasión, a una gira de fin de semana realizada en el estado de Morelos.
 
Salimos de la ciudad de México en el autobús El Socialista –los periodistas iban en El Machete-, que estaba muy bien acondicionado como oficina rodante. Mi tarea principal sería elaborar los discursos que daría Arnoldo. En el camino, me la pasé comentando y machacando mi idea de “austeridad soberana”: sería irresponsable que el partido y su candidato prometieran cosas incumplibles, aun a sabiendas de que no íbamos a ganar; la crisis en la que nos había metido el gobierno de López Portillo no aguantaba una política de expansión desordenada, ni mucho menos crecimiento del Estado, sino que era necesaria una distribución de los recursos escasos con sentido nacional y popular. Cambiar los usos de las divisas que llegaban al país y el sentido del gasto, pero no a través de un aumento. Arnoldo escuchaba y comentaba. Varios otros, entre los que estaba Rolando Cordera, agregaron elementos a la conversación. Me dio la impresión de que Martínez Verdugo era un hombre inteligente y abierto. Horas después lo comenté con Rolando: “Es de verdad el mejor de los candidatos”. Cordera asintió con una sonrisa: “También estoy convencido de eso”, me dijo.

Llegando a los linderos del DF con Morelos, nos recibió una caravana de compañeros del partido. Con ellos fuimos a un ejido, cuyo nombre ya no recuerdo, que era bastión del PSUM. Lo que recuerdo perfectamente es lo chinita que se me puso la piel al bajar del autobús adornado con el escudo de la hoz y el martillo, y escuchar los cohetes chifladores que festejaban la llegada del candidato, segundos antes de que la banda del pueblo entonara la Marcha de Zacatecas. El país estaba cambiando, abandonaba los años grises del partido único, y se abría lentamente a la izquierda socialista. Yo era parte de ese cambio.

El candidato se echó un discurso improvisado ante la asamblea del pueblo y después emprendimos el camino hacia Cuautla. Martínez Verdugo me pidió dos o tres párrafos acerca de la economía que pretendía el partido y los introdujo en un discurso político general. El mitin, con unas 400 personas, fue en el kiosko del centro y de ahí partió una breve y calurosa marcha hacia no sé donde.

En la ruta hacia Cuernavaca, Arnoldo me pidió que preparara un discurso acerca de religión y socialismo.Su idea era recuperar la extraordinaria experiencia social vivida en la capital morelense cuando don Sergio Méndez Arceo era el arzobispo. El “pueblo rechazado” al que hacía referencia Leñero, con las experiencia de Ivan Illich, Erich Fromm y otros pensadores cristianos progresistas que habían contribuido a un experimento pastoral-social en ese estado.

En la noche, en los jardines del hotel, escribí frenéticamente a máquina. El concepto (claramente tomado de la idea del Compromiso Histórico italiano) era la necesaria unidad del pueblo cristiano y el pueblo socialista en función de sus intereses comunes. Revisé el texto con Arnoldo, quien le hizo un par de precisiones y le agregó algunas ideas que él quería decir.  

Al mitin, en la alameda de Cuernavaca, asistieron unas dos mil personas, según mis cálculos –tal vez optimistas- y tuve la impresión de que no escucharon con atención las palabras de Arnoldo. Habían llegado para aplaudir y apoyar. Sin embargo, la prensa lo recogió con mucho interés. Entendí entonces que los medios eran los principales destinatarios de ese discurso.

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