martes, junio 23, 2009

Voz Obrera

Voz Obrera
-A Raúl Trejo
Se cansa una de tanto trabajar, sí, me siento con profunda poca gana, ah turbada, acalorada de mente, chirriada. No puedo palabras hilar, con ganas de incoherenciar y escribir pochotl, tráfago, balbuceos. O se me cortan las palabras hoy no porque puedo decir esto que digo y acordarme sin acobardarme (los compañeros tienen crisis de locura, duro trabajar con fósforo no cura la locura). En la noche me viene en pensar en aplausos, se me olvida la sonrisa que me lanza Xavier en el descanso, a virgencita ruego no se me vaya lucidez, güesos siento torcidos y sin voluntad. Oh. Ahora cómo hago a decir poemas que me traduce mi hermano. Y en la madrugada me despierto con extraña palabra en la boca: Lubiam, ¿qué querrá decir lubiam? Mil atolondramientos haciendo la casa luego, malhaya la hora en que me perdí. Cosas nuestras de la vida ¿qué le vamos a hacer? Puesto que aquí estamos, pues, con los pies que no nos aguantan, muy poco deseo de llegar a la casa, moverse. Y a los compañeros les dan ataques de risa, ahjajajajaja a mí a veces qué desolado. Estamal malmuimalcarajo. Carguita que nos diste al hombro. Palabras nos pueden no salen, y también sueño con correítas que se tienden, ¿horcas? Pa los frijoles ¿verdad? Creo que Lubiam tenía como cincuenta años y murió con los huesos hechos polvo. Sí. Patrón a ofensas no llegan, dice. Yaún no sabemos cuál ha sido nuestra culpa, pasan años y desconocemos, nutrimos culpita extraña. Semanas mano engarrotada de Lupe, ni moverla ni hacer su cama podía, nadamás tele y tamaños ojotes. A mí también me duelen. El seguro de vida, ptrón, sólo caso mueran trabajadores fábrica, accidente o eso, dice tras la jaulita de cristal. A José lo corrieron, enloqueció y mentó madres, hambre, pero por mientras hubo fiesta primero de mayo, ques mi cumpleaños, representante de la CTM hermoso discurso y miradas sin luz de la Lupe, qué hacía miles de esfuerzos. Fósforos no querían encenderse. Gacha labor, pero pues ni modo, rotos güesitos, vaya. Tan mala como leer el periódico. Un mucho ingrata labor de fábrica y la música Eeees Radio Felicidad a todo volumen, tonada de moda sigues ritmo, timbeas, hasta cuando caminas por la calle. Siquiera fuera Radio AI, guapa choza. Págase poco peor fuera nada, algo se come, alcanza para tv y picnic con los domingos la familia. Una camisita de holanes padre, y Xavier se atraganta con mis pechos. No en otro lugar hay trabajo, casi tres años, desde de la escuela hasta hoy. Cuotas sindicales por nosotros y por Lubiam, qué horribles gritos cuando se desplomó. Me vienen me vienen y no los puedo aguantar, corre corre y díle que no grite. Aquí no se habla de libertad. Harta la tristeza de mi hermanita que yo he visto en sus ojos, malmuimalmalquédelcansancio. Embalar cosa, vemos visiones, a arruinarlos los aparatos y los digestivos y los huesos y nada, apenas el sabor picosito de la pecsi calma en los intervalos, yo meto las manos en muslos y me rasco las medias. Compulsión dice Celina que ella tantos años, oh. Me cae que oigo aplausos, Xavier dice que los controles de la tierra, computadora planeta están en manos de él. Le miro los labios, que susurran, ensordece Radio Felicidad. Patrón en consulta democrática felicidad como estación dice que sacó. Chin ya no hilo bien. Bienmuyviendebohilar porque si no no, es la maldicióndelavida, sabe a cigarro aplastado. Señor Patrón usté es muy hijo de su madre pero sabe que nos da de comer, José decía atole yo no sé, la verdad. Al rato fósforo necesidad del cuerpo. Patrón por los pocos pesos nos quita vida, pero qué se le va a hacer ¿nada? Medicinas gratis, eso sí, por conquista dice el representante sindical, porque si no trabajamos y luego quién, o comemos cómo. Celina y las veteranas sentadas sobre las cajas a la hora del lonch están como muertecitas, dormitan una sobre otra, pasando la comida. Lupe fuma sobre la caja de cartón con tamaño solesote sobre la cabeza, yo le huyo al Xavier, y al Miguel, que también ¿por qué no? Son horas terribles porque una se siente nadie y luego ves a las viejas ahi tiradas, engarrotadotas, turpes las manos Lope. Tres fueron los hijos del obrero Lubiam, también se sentó, antes que yo, en cajas estas de cartón para lonchar, ay qué jeroglífico vida. Por los centavos de la máscara ahorrados pocos Lubiam se deshizo por dentro gases en los güesos y venas y todo, lubiam palabra extraña en boca, ¿vida querrá decir y no como el patrón? Celina no fue al entierro, miedo dice. A los demás, que su marido no estaba dispuesto a dejarla ir, eso dicen ella y dos. Yo sí fui, gritos histéricos viuda cuando bajaba la caja, cuando caía la primera palada de tierra. Ahistaba el nudo conmigo, y yo apenas si conocía al señor. Que pena penita tan grande me dimos todos. Y hoy, saliendo del trabajo, que José me da un papelito escrito a máquina, así muy serio. Es por Lubiam, me dice.
A los compañeros de la fábrica
La muerte del compañero Lubiam deja en claro que las condiciones de trabajo que tenemos que soportar son inhumanas. Por lo tanto, exigimos:
-Que se dote a todo el personal de mascarillas, para no andar inhalando gases tóxicos que nos hacen viejos prematuros y nos matan.
-Que se permitan descansos de quince minutos por cada dos horas trabajadas, de manera que podamos recuperarnos, aunque sea un poquito.
-Que se instale un comedor en donde nos vendan, a buen precio, comida higiénica y no tengamos que andar tragando una torta y un refresco sentados sobre unas cajas.
-Que se nos respeten los días de vacaciones y que podamos decidirlo nosotros, y que no sea cuando al patrón le dé la gana.
-Que se pague a las compañeras trabajadoras lo mismo que a los hombres. No se vale que a trabajo igual haya salarios diferentes.
-Que se prohíba severamente a los jefecillos y subjefecillos tratar a los obreros de "tú" cuando saben que nosotros no podemos darles el mismo trato.
-Que podamos elegir libremente a nuestro representante sindical. Miguel Ángel no hace nada.
En esta fábrica falta la dignidad, como mínimo se debe reconocer la importancia de nuestro trabajo. El patrón siempre necesitará trabajadores; nosotros producimos, no como don Romualdo, el señor Palomino o Miguel Ángel.
Brigada Lubiam, para que los Lubiams desaparezcan
Llevo tres leídas y una copiada de este papel, mi categoría es inferior a la de Xavier y tenemos los mismos trabajos. En la tarde me la pasé viendo a Celina y a las otras veteranas, aparentan más años de los que tienen, es cierto y en realidad muy mal. Me han dado varias veces ganas de romper el papelito, no sé por qué, igual no he podido y hasta lo copié. Será que Lubiam era un nombre de mi mente que apenas algunas veces oí, pero su nombre y su cara me visitaban en las noches, acompañados de música estridente. Las facciones de José han cambiado, es otro el que gritaba tan duro en la fábrica. Hay que morirse para nacer o qué. A ver si mañana hablo con Xavier desto. Lo malo es que va a creer que me lo quiero volver a ligar y miedo no me falta. Pero hay que hablar, José tiene razón. No. Ese papelito no lo rompo.
México, 8 de septiembre de 1975

miércoles, junio 17, 2009

Biopics: El 18 Brumario de Luis Echeverría

La primera boda

Llegué a México sin saber que me esperaba una feria de bodas. Apenas llevaba unas horas en el país cuando recibí la primera, sorpresiva, invitación. Luis Foncerrada se iba a casar en un par de días con una chica a la que había conocido en La Vaca Negra de la glorieta de Insurgentes. La ceremonia se iba a llevar a cabo en su casa, y resultaba que ya no vivía lejísimos, en Las Arboledas, sino muy cerca, en la esquina de Ejército Nacional y Circuito Interior (de hecho, de las ventanas se podían ver los autos acercándose y tomando la curva).

Estéfana, la novia de Luis, era una chica de Matamoros, que estudiaba sociología y vivía en una residencia universitaria femenina, manejada por hermanas teresianas. A la boda –que devino en fiesta cacahuatera- asistieron muchas de sus compañeras. Era agradable echarse el rollo –a veces repitiendo consignas del PCI: “el aborto es un drama que se vive en la piel de las mujeres”- ante un público femenino comprensivo e interesado. Mientras yo disfrutaba de mi popularidad, Mapes se ligó a una chaparrita, cuya estatura contrastaba con el cigarrote y el vasote de whiskey que tenía en las manos.

Para mi sorpresa, terminada la fiesta, la novia se regresó a su residencia estudiantil, porque aquella había sido sólo la boda por lo civil. No contaba, según las teresianas.


Un sarro de la chingada

Poco después, Mapes me invitó a hacerle el paro. Iba a salir con la chaparrita, y ella tenía una amiga, qué tal si yo salía con ella. Acepté. Fuimos a la Residencia Universitaria Femenina, y había un hervidero de mujeres. A Eduardo se le iban los ojos. Él salió con Patricia y yo con su amiga, la Guamuchil. Al poco rato, la chaparrita ya no parecía tan antipática, y Mapes seguía revoloteando (como si su idea fuera salir con las setenta chavas). En un determinado momento, ella –que acababa de terminar la carrera de odontología- me dijo:

-Tienes un sarro de la chingada.

-¿De veras?

-Si quieres te hago una limpieza.

Quedamos en que fuera a visitarme a la casa. La tarde en que lo hizo, apenas iniciaba su tarea, llegó Mapes algo acelerado, con la idea de que fuéramos a Los Pinos, a intentar hablar con el General Castañeda. Sucede que Echeverría, que estaba a punto de dejar la Presidencia, había transferido nuestras becas al Banco de México y en Banxico nos dijeron que no había manera de aumentarlas –habían perdido 40 por ciento de su valor con la devaluación del peso- y hasta nos regañaron “por venir hasta acá”.

Patricia insistió en continuar con la limpieza dental, así que zarpamos en el auto de Mapes y ella me quitaba el sarro en los altos. Habrá que admitir que no eran las condiciones óptimas.

Conseguimos una cita con el jefe del Estado Mayor para el día siguiente (lo que quería decir que la que yo tenía con Irma, mi ex novia atleta, tuvo que ser cancelada). Tras una larga espera (en la que hojeé uno de las decenas de periódicos mexiquenses: El Tercer Mundo, con el epígrafe de “Diario del Subdesarrollo”), el General Castañeda nos recibió. Noté que tenía libros liberales en su biblioteca y no supe si era para que los visitantes los vieran, y pensaran que en realidad él era un liberal, o porque realmente los leía. Accedió a consultar con el Señor Presidente para que nos dieran el aumento (efectivamente lo hubo, y casi quedamos tablas, pero el Banco de México sería algo moroso en los pagos).

El caso es que nunca me vi con Irma y que volví a salir con Patricia (y Foncerrada y señora), a Coyoacán.


En Oaxaca y con el PMT

Hubo un buen rol a Oaxaca. Fuimos Eduardo Mapes, Susana Duprat y yo. Aunque, como solía suceder con nosotros, los víajes eran más bien al interior de nosotros mismos, aquel estuvo particularmente alivianado. Una noche nos pasamos los tres brincando de cama en cama, como niños felices. Era padre estar con Susana, porque contagiaba una grata sensación de libertad. Ella recién había terminado la carrera de psicología y trabajaba de orientadora en una secundaria. En aquel viaje nos quedó claro que estaba más que prendada de Jorge Carreto.

Otra cosa que hice fue asistir a un concierto de Óscar Chávez en el Auditorio Nacional, que organizaba el Partido Mexicano de los Trabajadores. El PMT había sido el principal derivado de aquel CNAO (Comité Nacional de Auscultación y Organización) surgido después del movimiento del 68. No era una organización legal –el concepto de registro aparecería un par de años después-, pero sí era tolerada. Fui, más que para escuchar la música, para palpar el ánimo organizativo en la izquierda mexicana. El auditorio se llenó a reventar, y era evidente que la mayoría eran jóvenes de izquierda. Pero cuando Eduardo Valle, El Búho, inició un rollo político en el intermedio, lo abuchearon. “No soy un payaso”, respondió, “sino un luchador social”. Eso bastó para que se callaran y le prestaran atención, aunque fuera por un ratito. A la salida compré el libro ¿Para qué un nuevo partido?, de José Francisco Paoli, en el que explicaba las razones detrás de la creación del PMT.


El 18 Brumario de Luis Echeverría

La situación política del país era bastante distinta a la que se vivía un año atrás. La Tendencia Democrática de los electricistas, que había aglutinado a tantos grupos obreros y sindicales a su alrededor, había sido reprimida. El diario Excelsior había sufrido un golpe interno, sus directivos habían sido sustituidos y muchos de sus mejores periodistas habían tenido que dejarlo y ahora era un periódico informe, chato y pro-gubernamental. José López Portillo había ganado, compitiendo en solitario, las elecciones presidenciales (el Partido Comunista presentó como candidato independiente a Valentín Campa y se autoadjudicó el millón completo de votos anulados que hubo). Pero, sobre todo, había una derecha muy activa en un frente inédito de lucha ideológica: el de los rumores –que había estado practicando desde los inicios del sexenio de Echeverría.

Entre los que se manejaban estaban un supuesto plan para expropiar viviendas y otro para congelar las cuentas bancarias, luego de la devaluación. Una suerte de guerra sucia que acusaba a Echeverría de procomunista. Se señalaba a grupos empresariales de Monterrey –la famosa conspiración de Chipinque- como los promotores, y su finalidad primera era condicionar el comportamiento del nuevo Presidente.

El más notorio de los rumores que armó la derecha en aquel entonces fue que Echeverría estaba dispuesto a realizar un autogolpe de Estado, el 20 de noviembre de 1976. Su 18 Brumario. Un concepto totalmente absurdo, pero que algunos incautos creyeron a pie juntillas. El hijo de la señora que vivía enfrente de la casa de mis papás fue por ella aquel día “para llevarla a lugar seguro”.

Ese falso 18 Brumario, mis padres fueron al velorio de la señora Pirod, esposa de un amigo de mi papá, y se llevaron a mi hermano. Yo aproveché la situación para ir a la casa con Patricia. La pasamos muy divertidos.

miércoles, junio 03, 2009

El antivoto

Ahora que mucha gente está pensando en abstenerse o anular su voto para protestar por la falta de calidad de los partidos, me vino a la mente una idea a la medida de la situación, que además evitaría que se dispararan el abstencionismo y las boletas en blanco o anuladas.

El proyecto consiste en crear el antivoto, tomando en consideración que aún el ciudadano más molesto con los partidos políticos, tiene alguno que le parece particularmente pernicioso.

Según este proyecto, el ciudadano al llegar a la casilla, puede elegir una boleta blanca para depositar su voto o una boleta oscura, para depositar un antivoto, que se podrá dar a un solo partido político. Al finalizar la jornada, los miembros de la casilla cuentan los votos de cada partido… y también los antivotos, que se descuentan al partido político que los recibe. De esa forma, el ciudadano harto de los partidos y de la clase política, los castiga a todos, no votando por nadie, pero cebándose en uno en particular: el peor de todos ellos.

El 5 de julio saldré a votar. Supongo que sufragaré, sin mucha convicción, por la misma opción que hace tres años. Lo que en realidad me gustaría es tener un antivoto, y ya sé a quién se lo daría.

El mal llamado Partido Verde se ha convertido en lo más cercano a un partido neofascista en este país. Es un grupo de juniors vividores que ha hecho de la pena de muerte su caballito de batalla en estas elecciones, que se ha opuesto militantemente a la despenalización del aborto (votando, incluso, en legislaturas estatales, por prohibirlo incluso en caso de violación) y a cualquier estrategia antidrogas que no sea la persecución hasta del más mínimo consumidor, que apuesta por la privatización de la medicina y la educación -promocionándola con anuncios mañosos-; un partido cuyos miembros destacados son ejemplo de frivolidad y corrupción, que durante una década sobrevivió sólo merced a alianzas oportunistas y ventajistas, que a menudo propone medidas autoritarias para resolver los problemas y que jamás ha movido un dedo, seriamente, a favor del medio ambiente.

Me temo que habrá suficientes incautos –o ultraderechistas de clóset- como para que ese engendro mantenga su registro. Ojalá se le pudiera sepultar con antivotos.

martes, junio 02, 2009

Adrián, en la ruta del Bambino


Mientras el contingente mexicano en Grandes Ligas sigue creciendo, la mayoría de los peloteros nacionales en la gran carpa tuvo algún problema en mayo. Si alguien destacó fue Adrián González, el slugger de Tijuana que sigue en plan de bombardero y lidera las ligas mayores en cuadrangulares.

Aquí el seguimiento del contingente mexicano, siempre de acuerdo con el desempeño acumulado en la temporada (e incluyendo a los paisanos que jugaron para México en el Clásico):

Adrián González durante mayo bajó su porcentaje de bateo, pero se ponchó menos y tuvo dos rachas extraordinarias: a principios de mes, 6 jonrones en 5 juegos y, a fines, 4 partidos seguidos volándose la cerca (y lo hizo de nuevo el 1º de junio). El tijuanense va en la ruta del Bambino, y no exageramos. Al ritmo que lleva, pegaría 63 cuadrangulares en 154 juegos (contra los 60 de Ruth) y terminaría la temporada con 67 bambinazos. Eso no es nada, Adrián batea la mitad de sus juegos en Petco Park, el paraíso sandieguino de los pitchers. 15 de sus jonrones han sido como visitante (donde batea .313, frente a .264 como local): fuera de casa lleva ritmo de 90 vuelacercas en la temporada. De miedo. En mayo bateó para .250 con 11 cuadrangulares y 20 impulsadas. En la temporada lleva .290, con 21 palos de vuelta entera y 41 producidas.

Yovani Gallardo. El lanzador michoacano sigue teniendo salidas de calidad con los Cerveceros. El 25 de mayo se enfrascó en un duelazo de pitcheo con Chris Carpenter, de San Luis. Ambos llegaron a la sexta entrada sin permitir hit, pero se fueron sin decisión (Yovani permitió dos imparables en 8 innings). En el mes tuvo 3 ganados, 1 perdido, un juego completo y un agradable PCL (carreras limpias admitidas por 9 entradas lanzadas) de 2.86. En la temporada, 5-2, 3.18 de carreras limpias y 65 ponches. Lidera la Liga Nacional en porcentaje de bateo de los contrarios: un mísero .202.

Scott Hairston. El más joven de los Hairston Arellano sigue encendido con el bat, al grado que ya es tercero en el orden de los Padres. Su éxito –y lo que le permite ahora jugar a diario- es que, a su tradicional efectividad contra los zurdos, a quienes les batea .393 ha agregado un bateo más que decente contra los derechos (.282). El problema para los Padres es que Adrián le pega mejor a los derechos. Escotito bateó para .300 en mayo, con 4 jonrones y 11 producidas. En la campaña: .331, 8 cuadrangulares, 23 impulsadas.

Jorge Cantú bajó notablemente su producción, y con ello los Marlines de Florida han dejado de luchar por el liderato en su división. Se volvió a ver al tamaulipeco desesperado al bat (20 ponches en mayo, frente a 5 pasaportes) y perdió poder. A finales de mes se vieron signos de recuperación. Durante mayo, un pobre .207, con un jonrón y 15 producidas. En la temporada, .271, 8 cuadrangulares y 37 remolcadas.

Joakim Soria terminó abril con una “ligera molestia” en el hombro. A principios de mayo lanzó en tres juegos, en los que –fiel a su consistencia- obtuvo 2 salvados y una victoria, con 2.45 de PCL. La lesión lo marginó el resto del mes y apenas en junio volvió al roster. En el año lleva 1-0, con 7 salvados y 2.08 de limpias.

Jerry Hairston Jr. El versátil hermano mayor de los Hairston Arellano mejoró bastante sus números respecto a abril, jugando para los Rojos. En mayo bateó .294, con 6 jonrones y 14 producidas. Al embasarse más, pudo ya robarse 4 bases. En la temporada, .262, 7 jonrones, 16 impulsadas y 31 anotadas.

Rod Barajas. El receptor californiano está teniendo una de sus mejores temporadas, tanto manejando a los pitchers como en la caja de bateo. Se ha mantenido constante a pesar de la mala racha en la que cayeron sus Azulejos de Toronto. En mayo, .274, con un jonrón y 16 producidas. En la temporada: .285, 3 vuelacercas y 26 remolcadas.

Alfredo Aceves fue reactivado por los Yanquis al iniciar mayo, con muy buenos resultados. El de San Luis Río Colorado ha sido utilizado en 10 juegos como relevo corto e intermedio; sólo en tres de ellos le pegaron. Lleva 3 ganados, 1 perdido, 2 ventajas sostenidas y 2.75 de limpias.

Dennys Reyes. El especialista zurdo de los Mellizos sigue haciendo su labor callada pero efectiva para acabar con amenazas contrarias, si bien en mayo bajó un poco su rendimiento. Lleva 0-1, 1 salvamento y 3.77 de limpias.

Juan Castro está en las mayores por su guante, pero anda irreconocible al bat, al grado que los Dodgers sentaron un rato a Furcal para darle juego al mochiteco. En mayo estuvo formidable, bateando para .382; en el año, .341 con un jonrón y 7 producidas.

Jorge De la Rosa llevaba una temporada rarísima. Salidas de calidad que no ganaba porque eran duelos de pitcheo o porque sus relevistas le tiraban la victoria. Inició mayo en el mismo tenor, con dos juegazos frente a Florida y Pittsburgh que no pudo ganar. Luego pasó lo de costumbre: el de Monterrey volvió al descontrol y la inconsistencia, dos salidas desastrosas en las que fue masacrado (una con carreras de caballito; la otra, a palos) y una tercera discreta, pero también resuelta en derrota. Su marca del mes, 0-4, con 6.75 de PCL; en el año 0-6, con 5.43.

Augie Ojeda ha visto bastante acción con Arizona, pero su porcentaje de bateo se desplomó. En mayo su majagua dio sólo .217; en el año, .267 con un jonrón, 4 producidas y un robo.

Ramiro Peña había llegado a tomarse una tacita de café con los Yanquis, pero el novato neoleonés hizo la hombrada de quedarse con la titularidad de la tercera base, hasta que regresó Alex Rodríguez. Ahora pelea un puesto nada menos que con Hideki Matsui, que anda en slump. En varias ocasiones, el manager ha sentado a Godzilla y colocado a Derek Meter como designado y a Ramiro en las paradas cortas. Batea para .242, con 4 producidas, 10 anotadas y dos robos.

Jorge Campillo sigue en la lista de lesionados, tras terminar abril con marca de 1.0 y 4.15 de limpias.

Edgar González Sabín no ha podido recuperar la titularidad en la segunda base de San Diego. El hermano de Adrián batea para .177 con 3 jonrones y 7 impulsadas

Luis Ayala ha sido efectivo cuando hay ventajas o desventajas claras; en juegos apretados ha fracasado rotundamente; por eso los Mellizos lo tienen trapeando innings. En la temporada lleva 1 ganado, 1 perdido, 3 salvamentos echados a perder (dos de ellos, en mayo) y 4.37 de limpias.

Edgar González volvió a las Mayores con los Atléticos de Oakland, tuvo dos salidas. Una aceptable, en la que salió sin decisión y otra muy mala, que le hizo perder su efímero puesto en la rotación de los Atléticos. Su marca, 0-1, con 5.40.

Alfredo Amézaga se volvió a resentir de la rodilla. El utility de los Marlines apenas vio acción en mayo antes de regresar a la lista de lesionados. Su marca de bateo, .217, con 2 impulsadas y un robo.

Walter Silva está truncando su sueño, al mantenerse en la odiosa lista de lesionados. 0-0, con 6.52.

Oliver Pérez, tras volver a fallar en su salida, donde se le vio nerviosísimo, fue colocado en la lista de lesionados. En un principio se pensó que en realidad sufría de “chafitis aguda” y la lesión era para no enviar a las menores a la contratación millonaria de los Mets. Recientemente se comprobó que, efectivamente, el sinaloense tiene algo en la rodilla.

Luis Cruz sigue con su promediazo de .500, por un hit en dos veces al bat. Cochito espera en las menores.

Arturo López es otro mexicano que llegó a los Padres a probar suerte, y no la tuvo. Cuatro oportunidades, en el relevo, tuvo el sinaloense. En tres de ellas lo cosieron a palos. 0-0 y un horroroso 19.29 de carreras limpias.

Luis Mendoza regresó a Texas nada más para que lo apalearan y lo retacharan a menores. El veracruzano tiene 0-0, con 36.00 de PCL.

jueves, mayo 21, 2009

Biopics: Entre Keynes y la devaluación


Luego de que Carlos Mársico regresó a Perugia, me quedé solo en el departamento, muy dispuesto a estudiar para el examen de Teoría Económica II, que pensaba presentar en poco más de un mes. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que un día llego el Time, al que estábamos suscritos gratuitamente gracias a los métodos de Mársico, y traía una noticia espeluznante: el peso mexicano se había devaluado abruptamente frente al dólar. Pasó de $12.50 a casi $20 por dólar.

Esta noticia, que a muchas personas de generaciones posteriores parece perfectamente normal, para mí era totalmente sorpresiva. La devaluación era un fenómeno para estudiarse, pero que sucedía en otros países. Cuando yo nací el peso estaba a $12.50 y la paridad se había mantenido inamovible toda mi vida. Lo peor es que aquello lanzaba una sombra de incertidumbre sobre el futuro de nuestras becas, porque de seguro estaban tasadas en pesos.

Para mi tranquilidad relativa, había cobrado hacía poco y tenía algunos ahorros. No tantos como Castañares, quien pasó por Módena por su última beca, ya casi en camino de regreso a México, porque él ya había terminado sus estudios.

Así las cosas, con una nubecita de preocupación en la cabeza, me dediqué a preparar Teoría Económica. Otra preocupación se sumaba, y es que el maestro Massimo Pivetti tenía fama de exigente: se decía que un tipo hizo un examen perfecto y Pivetti le dio 28 sólo porque lo notó “un poco dubitativo”. Tal vez por eso no éramos más de una decena los estudiantes de sus clases.

El núcleo duro del curso de Pivetti era la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, de John Maynard Keynes, aderezada por el famoso ensayo de Hicks sobre la curva IS/LM y otros más, tanto los que reconducían la teoría keynesiana a la ortodoxia neoclásica, como los que la alejaban de ella. El pedo es que para entender a fondo todos los ensayos, había que entender perfectamente a Lord Keynes y, la verdad, la Teoría General es un libro bastante confuso y confundidor. Si no tienes claro el orden, que Keynes presenta en su capítulo 3, se te hace bolas todo el engrudo.

Yo estudié, estudié y estudié y se me hizo bolas el engrudo. Una tarde, desesperado, bajé al café de Lina y llamé por teléfono a Paolo Silvestri –quien ya había aprobado el examen- para decirle, quejoso, que no agarraba la hebra. Paolo, sin explicarme nada, me dio un tip excelente: separa cada una de las funciones en una gran página, haz las curvas y escribe la explicación de cada una de ellas, así como las distintas interpretaciones de sus posibles movimientos, luego que las tengas todas, armas el rompecabezas.

Más que otra cosa, fue un trabajo de orden mental, para reconstruir el desorden sólo aparente de la obra keynesiana. En efecto, la función de la preferencia por la liquidez determina, junto con la oferta (exógena) de dinero, la tasa de interés; la función de la eficiencia marginal del capital (que también tiene componentes políticos) determina, junto con la tasa de interés, el nivel de inversión y la función de la propensión marginal al consumo determina, junto con el nivel de inversión, el nivel de producción y empleo. La consecusión lógica de estas funciones me permitió, años después, cuando era profesor en la UNAM, explicar suscintamente a Keynes en un par de largas lecciones.

Después de entender, finalmente, a Keynes, quedó claro por qué Hicks y compañía lo pudieron reinsertar en su corriente (por ejemplo, Keynes no explica cómo se crea en la mente del público la tasa de interés esperada). En esas condiciones, la lectura de los otros ensayos fue coser y cantar. Salí airoso del examen, con un 27, a pesar de la dureza de Pivos.

Algunos de esos días de estudio también fueron de rol. Fui con Paolo y Anna a una cabañita que tenían los papás de él en Riccò, en la montaña modenesa. Era época de hongos y nos pusimos a buscar. También fuimos a Villa, casa de campo de los padres de la Dandi –recogíamos fresas silvestres y ella cocinaba maravillas a partir de la nada-. Veía mucho a Paolo y Anna, y poco a Claudio –quien, al igual que Daniele, estaba haciendo la naia, el servicio militar; Claudio pasó el verano en L’Aquila, pero sus conocimientos de matemáticas, y por tanto, de artillería, lo regresaron a Módena, donde era la sede de esa arma-. También por ese entonces Carreto regresó de Kenya, donde había pasado el verano, y contó sus aventuras –que están recogidas fielmente en Las Posibilidades del Odio, la novela de María Luisa Puga; lo gracioso es que los editores le dijeron a la Hija de Puga que la única parte no creíble de su novela era la del estudiante mexicano que rolaba con su cuate lúo… era la única parte de no-ficción.

A finales de octubre mi billete de avión cumplía un año. Mi opción era pagar una lana para viajar más tarde o usarlo antes de la fecha límite. Dudé, porque estaba muy a gusto en Italia, pero la preocupación por el futuro devaluado me empujó a ir a México.

-Con gusto yo tomaba tu boleto –me dijo Paolo, el día antes de mi partida.

-Con gusto yo te lo daba, pero está a mi nombre –respondí.

En el viaje de regreso nadie se tomó la molestia de ver la foto de mi pasaporte. Eran otros tiempos. Paolo hubiera podido hacerla.

lunes, mayo 18, 2009

Santomé y Avellaneda en la colonia Juárez

El sior Toño, el sior Patiño (Abuelo de Miguel) y yo solemos comer en un restaurante cerca del trabajo. Hace unos meses recaló allí, en un horario similar al nuestro, una pareja. Él, calvo y de bigotito calado, muy serio, rondando la cincuentena; ella, al menos veinte años más joven, espigada, morena, de buena formas y también muy seria. Ambos, con ropa y actitud de oficinistas menores. Daba la impresión de que iniciaban un romance. Los bautizamos como Santomé y Avellaneda, en honor a los protagonistas de La Tregua, la novela de Mario Benedetti.

También Santomé y Avellaneda se hicieron habituales del lugar. Y más de una ocasión alguno de nosotros logró robarle una mirada, y hasta una sonrisa, a la seria y guapa Avellaneda, lo que generaba en Santomé la reacción inmediata de tomarla del talle, para mostrar que la poseía y para impedir que se escapara.

Un viernes, a mitad de la junta de redacción, Toño -quien descansaba ese día- me llamó por teléfono. Me dijo que estaba con su esposa en el restaurant habitual y que había visto a Santomé "con sus retoños". Tras la junta, Patiño y yo fuimos a comer y, efectivamente, allí estaba Santomé con dos muchachos adultos, parecidos a él y que le decían papá. Patiño y yo nos preguntamos si -como en la novela- uno lo estaba ayudando con su jubilación y el otro era un gay de clóset. Esa única ocasión Santomé se dirigió a nosotros y nos deseó buen provecho.

Volvieron Santomé y Avellaneda a frecuentar el restaurante, y nosotros a robar juguetonamente un instante la atención de la joven mujer. Fueron también el último día que abrieron los restaurantes, antes de las medidas de emergencia por la epidemia de influenza los cerraran temporalmente. Avellaneda, extrañamente, iba de jeans y llevaba cubrebocas; Santomé tenía puesto su trajecito.

La epidemia de influenza pasó, los restaurantes reabrieron. No hemos vuelto a ver a Avellaneda (pero sí a Santomé, saliendo apurado, junto a uno de sus hijos). Y ahora que ha muerto Benedetti me preocupa que uno de sus personajes quiera empecinarse en seguir los pasos de la novela.

martes, mayo 12, 2009

Réquiem por el Necaxa

El descenso del Necaxa a la segunda división (eufemísticamente llamada "Primera A") me ha traído sentimientos encontrados. Es como conocer que una tragedia le ha sucedido a una ex-novia, a la que ya no queremos, pero de la que guardamos algunos buenos recuerdos.

Necaxa fue el primer equipo de futbol al que yo le fui, por una combinación de azar y decisión propia. La decisión es que no me identificaba ni con el América -el equipo de los ricos-, ni con el Atlante -los "prietitos"-, ni con las Chivas -equipo de provincia de un nacionalismo que me parecía ultramontano. En cambio, el Necaxa fue fundado por el Sindicato de Electricistas, clase media trabajadora y moderna. El azar, que mi primera asistencia al estadio haya sido a ver un Necaxa-Monterrey y que las oficinas del club hayan estado a cuadra y media de mi casa.

Me tocó aquel famoso Necaxa "caganchesco", el equipo "de los quince minutos". El primer adjetivo está relacionado con el torero Cagancho, que igual daba un faenón que salía entre cojinazos (y a quien se le atribuye la frase genial: "Trabajo que no da para levantarse a las diez, no es trabajo"). Así el Necaxa, que un domingo daba un partidazo y al otro, una exhibición infumable. O que iba perdiendo 2-0 y en los últimos quince minutos le daba la vuelta al marcador. El Necaxa de Morelos, Fal, Benhumea, Dellacha, Fumanchú Reynoso, Giacomini, Baeza, el Morocho Dante Juárez, el del grandísimo Chato Ortiz, el de Peniche (y luego vendrían otros como el Piolín Mota, Javan Marinho, Pancho el Trompo Majewski -quien alguna vez habitó la que hoy es mi casa- o el rudo Carlos Albert). Los caricaturistas dibujaban al equipo como un foquito, similar al ayudante de Ciro Peraloca.

Si algún momento selló mi infantil pasión necaxista fue el partido contra el Santos de Sao Paolo (mejor conocido como "Santos de Pelé", que era -en una época de escasa migración de futbolistas- prácticamente la selección brasileña. El duelo fue el 5 de febrero de 1961 (yo tenía 6 años y lo ví en la tele), en el estadio de CU a reventar, como parte de un Torneo Pentagonal. Necaxa inició ganando 2 a 0, Santos lo empató, Necaxa se fue arriba 3-2 y los brasileños le volvieron a empatar. En la agonía del partido, Dante Juárez anotó el definitivo: un 4-3 imborrable en la memoria.

Continué siendo aficionado del Necaxa hasta que, en 1971, la directiva adeudaba varios meses de sueldo a los jugadores y éstos empezaron a organizar un sindicato de futbolistas, encabezados por Mota y Albert. Al estilo mexicano, la directiva prefirió deshacer al equipo y acabar con la carrera de los futbolistas que permitirles ejercer sus derechos. Lo vendieron y el nuevo empresario le cambió nombre y uniforme: Atlético Español. Desaparecieron a mi equipo.

Conozco sólo una persona, Rafael Rangel El Mob, que de necaxista pasó a aficionado del Atlético Español. El resto desertamos en masa -yo coqueteé un rato con los Cañeros de Zacatepec, para asentarme, hace unas tres décadas y para toda la vida, como orgullosamente Puma de la UNAM-.

Cuando, tras el fracaso económico y de taquilla, los empresarios españoles regresan nombre y uniforme del Necaxa, unos cuantos regresan al redil -pienso en Pepe Woldenberg, Rafa Pérez Gay, JC Vargas-; la mayoría jamás volvemos. "¡Ese no es el Necaxa, es el Atlético Español disfrazado!" exclamaba yo ante los resignados que regresaban al estadio, para acompañarse del cubetero y otros cuatro gatos, porque Necaxa nunca volvió a ser lo que fue.

Volvió a ser campeón, sí, pero ya de la mano de Televisa y con un estilo que generó un neologismo: "necaxear". El necaxeo consiste en no dejar jugar al rival, anotar un golecito y destruir todo intento de futbol con tal de conseguir la victoria. Se creía que las victorias traerían público, pero el futbol de clubes no es tan exitista: exige espectáculo y una suerte de identificación sociocultural. Por eso acabaron yéndose a Aguascalientes, para ver si el localismo podía ser identificación suficiente.

Descendieron jugando sin cojones -al cabo casi todos los jugadores tienen contrato con Televisa-. vergonzosamente, haciendo malos simulacros de esfuerzo profesional. Descendieron arrastrando el prestigio, alguna vez orgulloso, de la camiseta rojiblanca de los Once Hermanos. Ojalá ésta, que para mí es la segunda muerte del Necaxa, sea la definitiva. Y sea más fácil recordar aquel partido en que los Electricistas -de aquella época tan lejana de los "Hidrorayos" y otras mamadas mercadotécnicas- derrotaron al equipo invencible -llevaba 20 victorias seguidas en juegos internacionales-, al mítico Santos de Pelé.

¡Aaaaah! ¡Aquel sublime cuarto gol de Dante Juárez!