Tras los juegos olímpicos, en el vecindario se desató la pasión atlética. Medimos con pasos largos la manzana y concluimos que tenía los 400 metros reglamentarios. A partir de allí, se realizaron todo tipo de competencias. Las más comunes eran el semifondo (cinco mil o diez mil metros) y la marcha (Pedraza había demostrado que los mexicanos podíamos).
Corrimos y caminamos tanto que nos hicimos, casi todos, de una condición aeróbica respetable. El mejor fondista era el Coco Almazán; el mejor marchista era yo. Ya tenía futuro deportivo: me imaginaba en la ceremonia de premiación de la Olimpiada de Munich, soltando una lagrimita al momento de ver ondear la bandera nacional.
Por algo había que empezar, y fue por entrar al equipo de los de primero de prepa en la competencia atlética interna del Patria. Nos hicieron como a cincuenta caminar hasta un camión que estaba estacionado en el patio, tocar y regresar como cinco veces (muy corto, habrán sido unos mil metros en total) y gané fácil.
Luego siguió el torneo del Patria. Tres mil metros. Tomé la punta desde el principio y, sintiéndome muy tranquilo, me mantuve con una ventaja ligera para tener aliento para el sprint de la última vuelta. Empiezo a jalar y, para mi sorpresa, veo que tres cuates, obviamente corriendo, me rebasan en los últimos cien metros. Sólo a uno lo descalifican. De otro, se dan cuenta de que no sabía marchar al primer entrenamiento de la selección de atletismo de la escuela.
Habemos seis marchistas en el equipo. Cuatro somos Juvenil B (Macín, Heatly, Lombana y yo) y dos son Juvenil C (Domínguez y Kramer). Los otros Juvenil B son de secundaria y competirán en cinco mil metros. Yo, que tengo más resistencia, competiré en Juvenil C (nacidos del 50 al 52) en los diez mil de la Liga Aquiles Ratti, que reúne a las escuelas privadas.
Entrenamos todos los días después de clases. Caminar y caminar y caminar (a veces en la calle, y algún machín lanza silbidos); correr unos cinco mil metros, luego sprintear en marcha. Caminar y caminar y caminar en el Deportivo Plan Sexenal.
Noto que el movimiento antinatural me roza los güevos y la cola, cuando el kilometraje es excesivo. Medio tarrito de crema Pond’s en las zonas afectadas resulta ser un remedio eficaz.
En el torneo de la Aquiles Ratti, se ve de inmediato que sólo un cuate del Tepeyac y yo tenemos ritmo de competencia. Dejo que se aleje un poco, y luego intento alcanzarlo. Las piernas ya van en automático, no logro acelerar. Quedo en segundo lugar, con una hora y siete minutos. Domínguez y otro del Tepeyac son tercero y cuarto. En Juvenil B, Macín gana de calle.
El siguiente paso es el torneo del Distrito Federal, que se realizará en la Magdalena Mixhuca. La respuesta a eso es entrenar y entrenar y entrenar, con mis zapatos Dunlop, a los que les pinté “Devorakilómetros” a los lados, como parte de un diezmado equipo de la Aquiles Ratti. Me salen ampollas en la planta del pie. Se van quemando y convirtiendo en callos. Luego empiezan a salir en la parte inferior de cada dedo, luego en la superior...
La competencia en el evento del DF es mucho más fuerte. Hay dos que tienen, evidentemente, más calidad que el resto, y nos llegan a lapear hasta dos veces. Peleo a muerte dentro del pelotón, mientras Domínguez se rezaga de fea manera. Por primera vez me doy cuenta, en carne propia, de que la caminata no es sólo resistencia, sino también velocidad: muchos pasos largos por minuto. Termino en séptimo lugar con tiempo de 59 minutos y 56 segundos, y el coach Horacio no está allí para recibirme con una manta (está alegando para descalificar a varios; lo consigue: oficialmente, quedo en cuarto sitio y paso al Prenacional).
Sigo entrenando (pienso, décadas después, que lo hacía como si supusiera que los rivales no estaban redoblando el paso) y voy al Prenacional. En los cinco mil, Macín –que había entrenado con polainas en el Ajusco- hace un carrerón, pierde en el sprint final y termina lesionado. En los diez mil, mi competencia, apenas dan la salida, un loquito sale disparado, pienso que de seguro se va a quemar antes de dos kilómetros. Me dedico, mejor, a seguirle el ritmo al que va en segundo lugar, también bastante rápido. Quien no aguanta el paso a los dos kilómetros soy yo, y veo como el segundo lugar se aleja. Tengo que bajar el ritmo e ir al paso que normalmente me impongo en los entrenamientos. El líder sigue contundente y ya me lleva una vuelta. Otros chavos me rebasan. Voy en cuarto, en quinto, en sexto. Y el aparente loquito me vuelve a lapear. Voy en automático, quiero terminar. El ganador de la competencia me sacó cinco vueltas; el segundo lugar me lapeó en dos ocasiones. Aquellos tienen otro nivel: los demás, salvo algunos rezagados, estamos en la misma vuelta. Termino con un tiempazo: 56 minutos y 52 segundos. Pero es un séptimo lugar, esta vez sin pretextos. Pretendo conformarme pensando que quien ganó de seguro nació en 1950 y lleva años marchando. Me equivocaba, era el primer año como marchista de Raúl González, nacido en 1952 y futuro campeón olímpico.
Yo creía que no, pero 1969 y 1970 fueron mis mejores años en la caminata. Competí hasta 1972, gané medallas en la Aquiles Ratti y en la UNAM, quedé en tercer lugar del “Maratón del Patria” (lo que habla de una mejoría de mis condiciones aeróbicas), coleccioné ampollas y callos que se desarrollaron a lo largo y ancho de mis pies, pero nunca repetí ese tiempo de 56:52.
Un cuarto de siglo después de mi retiro como marchista, estaba yo leyendo en el excusado. Un artículo acerca de los problemas de usar zapatos tenis demasiado grandes: “salen ampollas en la planta del pie. Se van quemando y convirtiendo en callos. Luego empiezan a salir en la parte inferior de cada dedo, luego en la superior...”.
Los Devorakilómetros eran del 8 y medio. Calzo del 8.
miércoles, junio 08, 2005
martes, mayo 10, 2005
Notas para una novela/cuento largo
Las acciones suceden en Casta, una isla del Caribe.
Ahí existe un paradisiaco resort, llamado Casa del Sol.
Casa del Sol es propiedad de la familia Bacó, cubanos de Miami.
Prácticamente todo Casta es propiedad de Casa del Sol; es decir, de la familia Bacó. El aeropuerto, las tiendas de souvenirs, el ingenio azucarero, casi todos los restaurantes, bares y antros. Hay una clara división social.
Casta es una democracia... en la que siempre gana el Partido Nacionalista, apoyado por los Bacó. El presidente actual es el General Farber.
En los campos de golf de Casa del Sol se desarrolla un torneo "de caridad" entre empresarios estadounidenses. Cada uno de los 90 participantes dona mil dólares a los pobres de Casta. Lo que no se publicita es que cada uno apostó 10 mil dólares, que irán al ganador.
La ambición lleva a algunos de los golfistas a corromper a los caddies castenses. Se desata una fuerte pugna entre los gringos.
Al tercer día de la competencia aparece asesinado uno de los caddies involucrados en el escándalo. Es sobrino del General Farber, pero los gringos no lo saben.
Llega el General a investigar, con su séquito de guárdaespaldas vestidos de uniforme militar negro. Los gringos están friqueadísimos, hay sospechas entre ellos -ligadas, entre otras cosas, a celos empresariales-. El jefe de los Bacó regresa de Miami.
En realidad el caddie fue asesinado por motivos políticos. Hay un periodista local investigando el asunto. Farber quiere extorsionar a los americanos sospechosos. Algunos de ellos caen en su trampa. También intenta quitarle algo de poder a los Bacó.
No sé bien cómo seguirle, pero el caso es que el periodista local es el héroe aparente de la novela, aunque los ganones -al final y como siempre- son los caciques Bacó. En la trama aparece un tour de mexicanos que hacen yoga en el resort.
Ahí existe un paradisiaco resort, llamado Casa del Sol.
Casa del Sol es propiedad de la familia Bacó, cubanos de Miami.
Prácticamente todo Casta es propiedad de Casa del Sol; es decir, de la familia Bacó. El aeropuerto, las tiendas de souvenirs, el ingenio azucarero, casi todos los restaurantes, bares y antros. Hay una clara división social.
Casta es una democracia... en la que siempre gana el Partido Nacionalista, apoyado por los Bacó. El presidente actual es el General Farber.
En los campos de golf de Casa del Sol se desarrolla un torneo "de caridad" entre empresarios estadounidenses. Cada uno de los 90 participantes dona mil dólares a los pobres de Casta. Lo que no se publicita es que cada uno apostó 10 mil dólares, que irán al ganador.
La ambición lleva a algunos de los golfistas a corromper a los caddies castenses. Se desata una fuerte pugna entre los gringos.
Al tercer día de la competencia aparece asesinado uno de los caddies involucrados en el escándalo. Es sobrino del General Farber, pero los gringos no lo saben.
Llega el General a investigar, con su séquito de guárdaespaldas vestidos de uniforme militar negro. Los gringos están friqueadísimos, hay sospechas entre ellos -ligadas, entre otras cosas, a celos empresariales-. El jefe de los Bacó regresa de Miami.
En realidad el caddie fue asesinado por motivos políticos. Hay un periodista local investigando el asunto. Farber quiere extorsionar a los americanos sospechosos. Algunos de ellos caen en su trampa. También intenta quitarle algo de poder a los Bacó.
No sé bien cómo seguirle, pero el caso es que el periodista local es el héroe aparente de la novela, aunque los ganones -al final y como siempre- son los caciques Bacó. En la trama aparece un tour de mexicanos que hacen yoga en el resort.
martes, mayo 03, 2005
Beisbol: estadísticas chuscas
Dios salve al beisbol y a su capacidad para generar estadísticas.
Hay algunas que, no por chuscas, dejan de enseñar el carácter de los equipos. En el beisbol se conoce a la gente.
Estas corresponden al primer mes de juego en las Ligas Mayores.
1. Para jalarse los pelos
Promedio de bateo de Tampa Bay con las bases vacías: .324
Promedio de bateo de Tampa Bay con dos outs y hombre en posición de anotar: .256
Promedio de bateo de Tampa Bay con las bases llenas: .083
2. Equipos diurnos y nocturnos
Promedio de bateo de día de San Francisco: .320
Promedio de bateo de noche de San Francisco: .258
Promedio de bateo de día de Anaheim: .204
Promedio de bateo de noche de Anaheim: .268
Promedio de carreras limpias de Filadelfia, de día: 3.25
Promedio de carreras limpias de Filadelfia, de noche: 6.58
Promedio de carreras limpias de San Diego, de día: 5.99
Promedio de carreras limpias de San Diego, de noche: 2.65
3. Batear a la hora buena
Promedio de bateo de los Yanquis en las 6 primeras entradas: .293
Promedio de bateo de los Yanquis a partir de la séptima entrada: .228
Promedio de bateo de Washington en las 6 primeras entradas: .248
Promedio de bateo de Washington a partir de la séptima entrada: .304
4. Igual por una carrerita se gana
Juegos decididos por una carrera
Medias Blancas de Chicago: 13 (10 ganados)
Marlines de Florida: 5 (1 ganado)
Rockies de Colorado: 2 (1 ganado)
Hay algunas que, no por chuscas, dejan de enseñar el carácter de los equipos. En el beisbol se conoce a la gente.
Estas corresponden al primer mes de juego en las Ligas Mayores.
1. Para jalarse los pelos
Promedio de bateo de Tampa Bay con las bases vacías: .324
Promedio de bateo de Tampa Bay con dos outs y hombre en posición de anotar: .256
Promedio de bateo de Tampa Bay con las bases llenas: .083
2. Equipos diurnos y nocturnos
Promedio de bateo de día de San Francisco: .320
Promedio de bateo de noche de San Francisco: .258
Promedio de bateo de día de Anaheim: .204
Promedio de bateo de noche de Anaheim: .268
Promedio de carreras limpias de Filadelfia, de día: 3.25
Promedio de carreras limpias de Filadelfia, de noche: 6.58
Promedio de carreras limpias de San Diego, de día: 5.99
Promedio de carreras limpias de San Diego, de noche: 2.65
3. Batear a la hora buena
Promedio de bateo de los Yanquis en las 6 primeras entradas: .293
Promedio de bateo de los Yanquis a partir de la séptima entrada: .228
Promedio de bateo de Washington en las 6 primeras entradas: .248
Promedio de bateo de Washington a partir de la séptima entrada: .304
4. Igual por una carrerita se gana
Juegos decididos por una carrera
Medias Blancas de Chicago: 13 (10 ganados)
Marlines de Florida: 5 (1 ganado)
Rockies de Colorado: 2 (1 ganado)
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