El oro olímpico en el hockey sobre hielo fue
por muy largo tiempo monopolio de la Unión Soviética. Se lo llevaron desde 1964
hasta 1976. La URSS repitió en 1984 y 1988. El Equipo Unificado lo obtuvo en
1992. Hay una excepción en esa seguidilla que duró tres décadas. La llaman el
Milagro en el Hielo.
Una de las razones que explican la amplia dominación soviética fue la insistencia del Comité Olímpico Internacional en mantener el carácter amateur de los Juegos. La otra, que la principal liga profesional del mundo está en plena temporada cuando se realizan los Juegos Olímpicos de Invierno: Sólo hasta Nagano 1998 la NHL abrió una breve ventana para que sus jugadores pudieran competir representando a sus naciones.
No era el caso en Lake Placid 1980, y la URSS, campeona mundial, era la gran favorita para llevarse el título. Se suponía que la plata sería para Checoslovaquia, entonces en la órbita soviética. Las cosas sucederían de manera diferente.
El torneo se realizó en dos fases, ambas vía round robin. Tras la primera, calificaban a la fase final los dos primeros lugares de cada uno de los dos grupos. En la segunda, los calificados jugaban entre sí, pero manteniendo el resultado contra el equipo de su mismo grupo.
En el grupo A, la URSS dominó fácilmente, ganando todos sus partidos. Se dio el lujo de meterle 16 goles a Japón y 17 a Países Bajos. El otro clasificado resultó ser Finlandia. En el grupo B, Estados Unidos dio un campanazo al derrotar a Checoslovaquia y logró un agónico empate con Suecia. Este fue suficiente como para que clasificara, junto con los escandinavos.
El 22 de febrero se llevó a cabo el primer partido de la fase final. Estados Unidos contra la Unión Soviética. EU tenía una escuadra compuesta principalmente por universitarios becados para jugar hockey. Los profesionales estaban en sus equipos. Se esperaba una fácil victoria de la URSS.
Los primeros en anotar fueron los soviéticos, a los 9 minutos de juego. EU empató, pero la URSS se volvió a ir adelante y amenazó repetidas veces con ampliar la ventaja. Hacia el final del primer periodo, los estadunidenses lograron el empate con un error del portero. Estaban jugando al estilo moderno -ofensivas con más uso de las bandas- y, cosa extraña, hacían muchos cambios: muy pocos jugadores duraban más de un minuto en el hielo.
Para el segundo periodo, la URSS bancó a su portero titular y anotó un gol más, para irse adelante 3 a 2. En el tercero y último, una jugada de poder (un jugador soviético castigado por faltas) permitió a los estadunidenses empatar. Para entonces, el equipo de EU se veía mucho más preparado físicamente que el soviético… había servido la estrategia de periodos cortos de juego. Faltando diez minutos para el final, Mike Eruzione anotó en una jugada en la que el portero suplente se perdió ante su propia defensa. Lo que vendría después sería un frenesí soviético con disparos desde todos los ángulos. Uno pegó en el poste, otro fue rebotado por el portero, varios salieron cerca de la meta. Los ataques, desesperados al final, resultaron infructuosos. Ganó EU de milagro.
En los dos últimos partidos, la URSS destripó a Suecia, pero Estados Unidos derrotó a Finlandia, con lo que se quedó con el oro: La plata fue para los soviéticos, pero los jugadores estaban tan frustrados que decidieron no grabar su nombre en la medalla, como se acostumbraba. Pasaría más de un lustro para que la URSS perdiera otro partido de hockey, y más de una década para que los norteamericanos les volvieran a ganar. Eso hace que el Milagro en el Hielo sea todavía más legendario.

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