jueves, septiembre 29, 2011

El blues del Titán


Mexicanos en GL. 2011

La temporada regular 2011 de Grandes Ligas terminó con un día histórico. Cinco horas en las que las suertes de los equipos se fueron trocando y, como en un guión hollywoodesco, todo cambió cuando faltaba un strike para terminar los juegos. El increíble tobogán de los Medias Rojas le repitió a Adrián González la broma del año pasado: quedar afuera de la postemporada en el últimísimo momento. Son los blues septembrinos que fustigan al Titán.

Por lo demás, 2011 fue el año en el que Adrián se consolidó como superestrella del beisbol. El año en que Yovani Gallardo dio el salto en pos del estrellato, el de la consolidación de Jaime García como lanzador de primera línea, el que demostró que Alfredo Aceves es un caballo de hierro y Joakim Soria es humano, el de la enésima resurrección del inmorible Rodrigo López, el del extraño retorno de Luis Mendoza, el primer año del siglo en el que ningún mexicano debutó en las Mayores, el año que no extrañamos a Oliver Pérez (y tal vez por eso, los pitchers mexicanos tuvieron marca ampliamente ganadora).

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado en la temporada.

Adrián González fue uno de los jugadores más consistentes del fuerte line-up de Boston. Durante buena parte del año lideró las Mayores en porcentaje de bateo, sólo para perder ese liderato ante Miguel Cabrera faltando tres días para el final. Quedó en segundo lugar, con .338, fue tercero en carreras producidas, con 117 y tercero en OPS (porcentaje de embasamiento más slugging, que mide la capacidad ofensiva total de un jugador). Fue líder de todas las GL con 213 hits (rompiendo, por cierto, el record para mexicano que había implantado Vinicio Castilla en 1998). En lo único que quedó por debajo de lo esperado fue en la producción de cuadrangulares. El Titán disparó 27, cuando se creía que superaría los 40 (se adujeron primero, molestias en el hombro y, más tarde, en el codo). Su fildeo, como siempre, de excepción. En septiembre bateó para .318: él seguía empujando mientras su equipo se desinflaba.

Yovani Gallardo confirma todo lo bueno que se dijo de él cuando apareció en el firmamento de Grandes Ligas. Sigue siendo ligeramente inconsistente, pero normalmente es muy dominador. Prueba de ello es que alcanzó, por tercer año consecutivo, la marca de 200 ponches. Es el primer lanzador de los Brewers que lo hace (el de Michoacán estaba empatado con otro mexicano, el histórico Teodoro Higuera). Y prueba de que terminó con el brazo afilado, es que fue designado para abrir la postemporada por Milwaukee. En la temporada regular, 33 aperturas (23 de ellas, de calidad: es decir, lanzó al menos 6 entradas y permitió 3 o menos carreras limpias), para una marca de 17-10, con 3.52 carreras limpias permitidas por 9 entradas lanzadas y 207 ponchados.

Alfredo Aceves fue otra de las figuras de los Medias Rojas que no se deshizo durante las últimas semanas. Las buenas actuaciones del relevista largo de San Luis Río Colorado hicieron que se convirtiera en clamor su paso a la rotación de abridores. El manager Terry Francona dijo otra cosa y quién sabe si estará de vuelta en 2012. El Patón ganó uno de los partidos clave y tuvo un hold en el definitivo, que perdió el cerrador Papelbon. Aceves terminó la campaña con 10-2, 2 salvamento, 3 desperdicios, 11 ventajas sostenidas, efectividad de 2.61 y 80 enemigos ponchados. La oposición le bateó para .204. Sólo al seguro ganador del Cy Young, Justin Verlander, le batearon menos.  

Fernando Salas fue la buena sorpresa entre los peloteros mexicanos. Ganó la posición de cerrador de los Cardenales de San Luis y, en general, tuvo una muy buena campaña. Lamentablemente, perdió el puesto de taponero en el mes de septiembre, tras un par de malas actuaciones. En el año: 5-6, 2.28 de limpias, 24 salvados, 7 desperdicios, 6 holds (ventajas sostenidas en situación de rescate) y 75 ponches.

Jaime García demostró, en términos generales, que la temporada que lo hizo competir por el título de Novato del Año no fue una casualidad. En 2011 volvió a empezar a tambor batiente aunque, en la medida en que avanzó la campaña, se le hizo difícil alargar su estancia en la lomita. Tuvo un muy buen septiembre, con 2.64 de PCL, pero no ganó uno de los juegos claves de su equipo. En el año, 13-7, con 3.56 de limpias y 156 ponches. De sus 32 aperturas, 18 fueron de calidad. Justifica el buen contrato que firmó con los Cardenales.

Joakim Soria tuvo en 2011 la menos buena de sus campañas en Grandes Ligas. El de los Royals siguió en la lista de los cerradores confiables, pero esta vez quedó fuera de la elite. Tuvo 5 ganados, 5 perdidos, 28 salvamentos, 7 rescates desperdiciados (su máximo histórico) y PCL de 4.07 (nunca había tenido más de 2.48). No jugó las últimas dos semanas por una molestia en el tendón de la corva derecha.

Luis Ayala, aprovechando que su cambio de velocidad fue en 2011 el lanzamiento más mortífero para los bateadores contrarios a los Yanquis, hizo muy buenos números en la campaña, aunque se le recordará por su desastrosa actuación del último día, que permitió resurgir a los Rays (y sepultar a los Red Sox). En el año tuvo 2-2, con 2.09 de efectividad y 4 ventajas sostenidas (holds).

Jorge De la Rosa era una de las razones por las que los Rockies de Colorado esperaban llegar a la postemporada. El zurdo regiomontano empezó bien, con 6 aperturas de calidad, pero en su décima salida se rompió los ligamentos del codo, fue sujeto a una cirugía Tommy John y se ha recuperado tan bien que ya pudo tener una sesión de bullpen. Su marca en 2011: 5-2, 3.51 y 52 ponchados.

Rodrigo López. El  mexiquense se incorporó a los Cachorros a finales de mayo y terminó por convertirse en el quinto abridor de la escuadra de Chicago. Fue de manos a más (con un excelente septiembre, en el que su PCL fue de 2.74). Se vio mejor como abridor (14 aperturas, 6 de calidad) que como relevista. Su marca del año: 6-6, con 4.42 de limpias y apenas 54 ponches en 97 entradas lanzadas.

Marco Estrada combinó en el año las posiciones de abridor y relevista, con resultados ligeramente del lado positivo, aunque la mala suerte lo persiguió a la hora de los ganados y perdidos. Acabó con marca de 4-8, con 4 holds y 3 desperdicios, y PCL de 4.08.

Rod Barajas. Fiel a su costumbre, el receptor de los Dodgers vio partida su campaña con un pase por la lista de lesionados y tuvo más poder que porcentaje. Es un titular indiscutible en esa difícil posición, pero está lejos de los mejores. Terminó 2011 con .230, 16 jonrones y 47 producidas.

Jerry Hairston Jr. inició la temporada con Washington y la terminó con Milwaukee. El utility fue, valga la redundancia, de mucha utilidad a los Cerveceros durante las lesiones del camarero Ricky Weeks y la baja de juego del antesalista Casey McGehee. En el año, .270, 5 vuelacercas, 31 carreras producidas y 3 robos.

Luis Mendoza. El lanzador veracruzano, que había fracasado rotundamente en sus anteriores incursiones en GL, tuvo una gran temporada en las menores. Fue elegido “pitcher del año” en la Liga de la Costa del Pacífico. Los Reales lo subieron al equipo grande en septiembre. Tuvo dos salidas, ambas de calidad y salió con la victoria. Su marca de 2011: 2-0, 1.23 de limpias y 7 sopitas de pichón recetadas.

Scott Hairston jugó un poco menos de la mitad de los partidos, cubriendo los jardines para los Mets. Desde mediados de agosto integró parte de la lista de lesionados. Sus números de 2011: .235 de porcentaje, con 7 jonrones, 24 producidas y un robo.

Jorge Cantú sería en los Padres el sustituto de Adrián González, en la primera, en el tolete y en el cariño de la afición. No lo fue y a mitad de temporada le dieron las gracias. Colorado lo contrató pero no le dio juego en Ligas Mayores. Sus números del año: 194, con 3 jonrones y 16 impulsadas.

Francisco Rodríguez, (0-0, un hold y 4.31 de limpias) inició como relevo intermedio de los Angelinos, pero muy pronto se lesionó y no volvió al equipo.

Juan Castro se tomó una tacita de café con los Dodgers, en la que será muy probablemente su última temporada en GL (su decimoséptima, son la que empató al gran Fernando Valenzuela como los mexicanos con más campañas en la Gran Carpa). Apenas bateó 4 hits en 14 turnos, con una impulsada, para un porcentaje de .286.

Alfredo Amézaga jugó 20 juegos con los Rockies en la primera mitad de la temporada y otros tantos con sus amados Marlines de Florida en la segunda. El utility sonorense no se quedó con ninguno de los dos equipos. Su marca de bateo en la temporada lo explica: apenas .184, con 4 producidas.

Ramiro Peña estuvo dos ratitos con los Yanquis, con una operación del apéndice en medio. El infielder jugó poco. Bateó para .100 (que es menos de la mitad de la Línea Mendoza, que establece el mínimo para mantenerse en la Gran Carpa, si uno fildea bien), con un jonrón y 4 impulsadas.

Dennys Reyes logró formar parte del róster inicial de los Medias Rojas, pero se vio horriblemente descontrolado en la lomita y fue removido desde abril. Terminó con 0-0 y 16.20 de carreras limpias.

viernes, septiembre 23, 2011

20 películas del Oeste (Westerns)

Los 20 Westerns que más me han gustado:


1. Antonio Das Mortes (1969). 
2. Unforgiven (1992)
3. McCabe and Mrs. Miller (1971)
4. Little Big Man (1970)
5, Dances With Wolves (1990)
6. The Last of the Mohicans (1992)
7. Los hermanos del Hierro (1961)
8. Pat Garrrett & Billy the Kid (1973)
9. Deus e o Diabo na Terra do Sol (1964)
10. High Noon (1952)
11. The Great Northfield, Minnesota, Raid (1972)
12. Django Unchained (2012)
13. Duel in the Sun (1946)
14. Dead Man (1995)
15. My Darling Clementine (1946)
16. They Came to Cordura (1959)
17. El Tres de Copas (1986)
18. Silverado (1985)
19. Soldier Blue (1970)
20. Jeremiah Johnson (1972)








He de aclarar varias cosas. La primera, que no todas las películas son de vaqueros, porque hay dos de cangaçeiros y otras son más bien de indios y soldados. Tampoco todas son del oeste, porque hay varios northerns; de hecho tengo cierta debilidad por la combinación de pioneros, bandidos, cowboys, indios y frío.  Pero el género, en sentido estricto, es el mismo. La segunda, que hay al menos tres películas clásicas que no aparecen en mi lista. Doy las razones: 1) de entre las muchos films western de Sam Peckinpah, el que más me gusta, de lejos, es Pat Garrett & Billy the Kid, por encima de The Wild Bunch (1969) (La Pandilla Salvaje), que quizá tiene tanta fama por su extraordinario comienzo. 2) Reconozco que Sergio Leone, el autor de Il Buono, Il Brutto, Il Cattivo (1968) (El Bueno, el Malo y el Feo) creó todo un subgénero, el spaghetti western, y tuvo influencia en posteriores directores. La mayor parte de sus pelis son buenas y divertidas pero, de lo excesivamente recargadas, no me parecen tan extraordinarias. 3) Todos hablan maravillas del clásico de John Ford, Stagecoach (1939) (La Diligencia), pero todavía no la he visto. Los fotogramas corresponden, en orden descendente, a los tres primeros films de la lista. 

Postcriptum, febrero 2013. Más pronto cae un hablador que un cojo. Acabo de colocar Django Unchained (2012) en la lista. Un spaghetti southern aún más recargado que las películas de Leone y Corbucci en las que se inspira, y eso lo hizo todavía más extraordinaria. Me parece que es porque, a mi gusto, Tarantino es un genio, y los directores italianos no lo eran.

lunes, septiembre 12, 2011

Nueva teoría del péndulo político


Hace muchos años, en la época en la que todos los periódicos de México decían lo mismo, se pergeñó una teoría para explicar la persistencia autoritaria del PRI en el poder, sin necesidad de grandes represiones.

Según esta teoría, el sistema se regulaba a sí mismo a través de un mecanismo de péndulo político. En el presidencialismo casi absolutista, a un primer mandatario de izquierda seguía uno de centro, después vendría uno de derecha, y de regreso al centro y a la izquierda (siempre dentro de los márgenes, un tanto estrechos, del nacionalismo revolucionario priísta).

De acuerdo a esto, al izquierdista Lázaro Cárdenas, siguieron el centrista Manuel Ávila Camacho y el derechista Miguel Alemán. Regreso al centro, con Adolfo Ruiz Cortines y, supuestamente, a la izquierda, con Adolfo López Mateos (quien cuando menos de declaró de izquierda “dentro de la revolución”). El péndulo parecía funcionar, aunque con oscilaciones menos pronunciadas.

Los problemas de la teoría empezaron con Gustavo Díaz Ordaz, a quien le tocaba –según esto- ser de centro y acabó siendo muy represivo. Y el paradigma se rompió con Luis Echeverría, porque le tocaba, de acuerdo con el péndulo, ser de derecha, pero tuvo fuertes roces con las cúpulas empresariales. Fin de la teoría original del péndulo.

Ver al presidente Calderón eternamente malhumorado, con la persistente nubecita negra que le ronda la cabeza, me hizo pensar en la existencia de otro tipo de péndulo entre los presidentes mexicanos. Oscilan entre la manía y la depresión. Entre Acelerino y Don Pasiflorino. Y si revisamos la historia, la nueva teoría funciona bastante bien.

La última vez que se sucedieron dos presidentes hiperactivos fue en el periodo 1970-82. Al activismo tercermundista de Echeverría y su fe viajera e inauguratoria, siguió la promesa lopezportillista de “administrar la abundancia” petrolera, en un sexenio con golpes de timón y grandes proyectos, que desembocó en una crisis fenomenal. El país entero requería de un freno.

Al acelere de José López Portillo siguió la pasividad de Miguel De la Madrid. Esos años fueron de administración de la crisis, con el reconocimiento de que no habría tal abundancia, y de una depresión económica, que se volvió también anímica para gran parte de la sociedad. Ejemplos máximos de ese inmovilismo fueron el silencio y la inacción presidenciales en los primeros días tras el terremoto de 1985, que devastó la capital. La grisura como virtud política.

Si ha habido un presidente contemporáneo hiperactivo, ese fue Carlos Salinas de Gortari. De la renegociación de la deuda externa a la creación de Solidaridad, de las largas giras semanales a la venta de grandes trozos del sector público, del control de la hiperinflación al activismo que metía ampliamente la mano en cada proceso político. Y en medio de todo, el sueño de la nueva grandeza mexicana, con la vía maestra de ingreso al primer mundo que era el Tratado de Libre Comercio (y, de pilón, nuestra integración en la OCDE). La insurrección zapatista y los crímenes políticos hicieron que el aterrizaje de ese vuelo fuera muy accidentado.

A la manía de Salinas siguió la depresión de Ernesto Zedillo. La económica, de fuerte recesión a partir del “error de diciembre” y la anímica, a partir del señalamiento reiterado de que el sueño primermundista era guajiro, porque somos un país pobrecito. Vamos, ni el Presidente traía cash. Junto con estas depresiones, la política de inacción ante los conflictos: se pudrió el de Chiapas y estuvo a punto de hacerlo el que inmovilizó por meses a la Universidad Nacional, resuelto a paso de tortuga y bajo una gran presión de la opinión pública.  

Tal vez una de las razones detrás del triunfo del candidato Fox a la Presidencia de la República en el 2000 está en que, entre sus muchas promesas, estaba la de ser hiperactivo. Era el que resolvería “en quince minutos” el conflicto chiapaneco, el que regresaría el crecimiento económico a 7 por ciento anual, el que concitaría una alianza nacional. Y una de las razones detrás de la derrota del candidato Labastida era que prometía más de lo mismo, que no parecía entusiasta, que tenía un tufillo delamadridista (con todo lo bueno, pero sobre todo lo malo de aquel presidente).

Sabemos que el presidente Fox resultó bastante distinto al candidato. No fue lo hiperactivo que prometió (hay quienes sospechan del toloache) y terminó asegurando que ya nada más decía puras tonterías. Es decir, bastante depre. Pero su gobierno gozó del bono democrático ante la comunidad internacional. Con él, intentó ni más ni menos que cambiar los ejes de la política exterior mexicana, además del activismo que nos llevó al Consejo de Seguridad de la ONU. Luchó un buen rato por obtener “la enchilada completa” en la migración a EU. Se propuso como eje de desarrollo regional transnacional, a través del Plan Puebla-Panamá. Abrió archivos de seguridad y creó el IFAI. Y su idea refundacional del país llegó al extremo de cambiar el escudo en los documentos oficiales (el águila mocha). Hubo una extraña disonancia entre la grandilocuencia de los propósitos foxistas y sus magros resultados (recordemos otro fiasco: la fiscalía especial para investigar delitos del pasado).

En la campaña del 2006, el más hiperactivo y maniático de los candidatos, el que llamaba a la “purificación total” del país, resultó derrotado por el que prometía menos olas y parecía más tranquilo. Felipe Calderón ha gobernado sin gran entusiasmo. Y, más que deprimido, se le nota enojado con la circunstancia. Su gobierno ha sido de reformas nonatas, depresión económica, locales cerrados (por la crisis, por la influenza, por la violencia) y tercermundismo pleno en la mayor parte de los indicadores. La única característica adicional ha sido -¿cómo decirlo en términos psicológicos?- mortecina. Un sexenio en el que se revirtió la tendencia histórica a la baja en los homicidios y en el que la imagen internacional de México se deteriora. Una etapa nada buena para la autoestima nacional.

Así las cosas, si la nueva teoría del péndulo político funciona, un hiperactivo se perfila hacia el 2012. Entre los aspirantes, hay uno visible en el PRI (y el otro también es activillo) y un maniático en el PRD (y el otro no se queda atrás: juega a ser “el mejor alcalde del mundo”), mientras que para los tres del PAN hay que hacer un esfuerzo para sacarles una débil sonrisa. El nuevo péndulo no traería buenas nuevas para Acción Nacional.

viernes, septiembre 09, 2011

Alboradas lezamescas


Con suerte de escupitajo
y los ojos al revés
se mueve el escarabajo
escamoteando sus pies,
la odisea del jerez
se agota en tantas rendijas
que la luna no se fija
en los campos de pleamar
que vamos a escriturar
debajo de la cobija.


Avanza el icosaedro
con pasos de gamo y trina
musas de metal y cedro
con parsimonia divina.
Se detiene en la cocina,
huele ajos y cebollas,
reborbotear de las ollas
como vuelo de perdiz:
a medida del desliz
el poliedro se desolla.


Sobre la tierra, la cerca;
sobre la cerca, las púas,
encima la noche terca
y el machacar de las grúas,
su sonar de capicúa
ante el cielo montañoso,
a veces aguamieloso,
de Cástor, Pólux y Orión,
la casta de Agamenón
y los grillos prodigiosos.


Estos versitos, escritos de manera semiautomática en los años ochenta, quieren jugar con algunos temas caros a José Lezama Lima y apropiarse de alguno que otro barroquismo.
  

miércoles, septiembre 07, 2011

Biopics: Los primeros meses del Rayo


Al Rayito le hicieron la circuncisión a los pocos días de nacido. Entre Patricia y el doctor Santos –quien de seguro era un champi- me hicieron manita de puerco para que lo aceptara, bajo argumentos de “higiene” y de “no ser macho”. Años después, cuando discutíamos nuestro divorcio y a mí el asunto ya me daba lo mismo, ella admitió que se extralimitó en aquella ocasión. Cuando llegamos al edificio, nuestro piso parecía cunero: en los departamentos vecinos habían nacido otro bebé y unas trillizas. 

Por esos días me hicieron una oferta para tomar un curso del Banco Mundial en Chile. Estaba yo tan embobado con ser padre de un bebé tan bonito que me negué (ayudó en la decisión que no tenía muchas ganas de conocer el Chile pinochetista). Mi abuela Lala le envió al recién nacido, desde Cuba,  una bonita carta que desgraciadamente he extraviado, pero de la que guardo, porque lo escribí en otro lado, una frase. La abuela le pedía al niño que fuera “como Benito Juárez, ese indio recio y corajudo del que yo estaba enamorada (pero no soy tan vieja)”, y el pequeño Rayo crecía, más a lo largo que a lo ancho, como ha sido su tradición. Yo lo llevaba al doctor  (Patricia tuvo algunas complicaciones post-parto) y tengo una imagen mía en mis recuerdos, bambineto en ristre, buscando un taxi en Tlalpan, temeroso de que empezara a llover. De esas fechas es la primera vez que a mi papá quisieron insultarlo gritándole “abuelo”, y él regresó orgulloso, porque se habían dado cuenta de que tenía un nieto. Sus padrinos de nacimiento -es un decir, los testigos en el registro civil de Coyoacán- fueron Eduardo Mapes y Blanca Rio. 

A los pocos meses, volamos a Ciudad Obregón, para que los abuelos maternos conocieran al nieto. La abuela doña Nettie se escandalizó de lo delgado que estaba el niño, e instó a Patricia a que visitara a un pediatra allá. El doctor sonorense dijo que el bebé estaba tapadito porque comía guayaba y no digería bien la leche. Le recetó soya. De regreso, tras oir el relato de la visita, doña Nettie sentenció, refiriéndose despectivamente al pediatra chilango:

-Esos médicos nazis que dejan morir a los niños.

- Ay Nettie, como si fuera a morir de un estreñimiento –reclamó tímidamente Don Manuel.

-Tú qué sabes.

Desde el principio, Rayo fue sumamente despierto y alegre. Muy pronto buscó agarrar los objetos del móvil; también fue rápido para sentarse, gatear y levantarse aferrado a los barrotes de su cuna. Su vibra era de aliviane. En alguna otra ocasión en que tuvo estreñimiento, Patricia –a sugerencia de una amiga- pensó que le convenía tomar, en vez de leche de soya, un preparado de médula carísimo, que sólo vendía el laboratorio, ubicado en el profundísimo sur de la ciudad. Esa vez sí le puse un alto.

En esos tiempos fue cuando saqué, por fin, mi licencia de manejo y compré un auto usado, pagado parcialmente con lo obtenido de la venta sinaloense del madreado Datsun y con un préstamo familiar de mis padres. Era otro Datsun, pero de modelo 1980.

Rayo tendría unos siete meses y estaba en visita con el nuevo pediatra, el doctor Pereira. Éste, al revisarlo, primero exclamó: “¡Qué bien dotado!”, pero luego se corrigió: “Necesita una operación, porque tiene una hernia inguinal”. Si yo decía. La operación, sencilla, se realizó un par de semanas después. Raymundo dejó de gatear con tres extremidades y se le percibía en mejor onda todavía.

Raymundo de bebé era de los que se caían y no lloraba –“por eso me cae bien”, decía Pepe Woldenberg- , de los que disfrutaban si el columpio iba rápido, de los activos pero no molones. Dio sus primeros pasos a los diez meses, un 9 de enero.

Una vez el Rayo estaba sentadito en el reposet. Se veía muy pequeño en el sillón enorme. Yo puse un disco de Bob Dylan, encendí la cámara de video y grabé al bebé mientras el maese Dylan pedía:

May your hands always be busy,
May your feet always be swift,
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift.
May your heart always be joyful,
May your song always be sung,
May you stay forever young.


El video se perdió, pero 30 años después esos buenos deseos siguen vigentes.

sábado, septiembre 03, 2011

Dumb, Dumber & Dumbest

Ver el Campeonato Mundial de Atletismo por la televisión es una combinación de dicha y tortura. Dicha, por la extraordinaria exhibición deportiva. Tortura, porque es muy fácil pasársela haciendo corajes con los comentaristas de Televisa Deportes Network.

Enrique Burak, todos los mexicanos lo sabemos, es un chico aplicado. Un comentarista estudioso, de correcta dicción, aunque con poco talento. Lo acompaña la más grande atleta mexicana de todos los tiempos, Ana Guevara. Parecería en el papel una combinación triunfante. No lo es.

Sucede que Ana no pudo o no quiso tomar un cursillo de locución antes de partir a su aventura periodística en Corea, y se nota demasiado. En los primeros días, el pobre de Burak se desgañitaba con la reseña de los eventos y las descripciones, pasaba el micrófono a Ana... y se hacía el silencio, roto con un par de frases mal armadas y peor pronunciadas. Con el paso del tiempo, las cosas empeoraron, porque se hizo una suerte de simbiosis negativa: Guevara comenzó a hablar más, sin mejorar para nada, y Burak, a cometer errores.

Aceptemos que algunos de los problemas lexicales de Ana se deben a modismos e incorrecciones del habla del noroeste del país ("la primer mujer", "se enseñó a correr") y que la ex velocista tiene problemas para sintetizar el pensamiento (dice varias veces "es la que siempre gana sus competencias" y no se le ocurre decir "ha sido dominante en sus pruebas" o "lleva mucho tiempo invicta"). Eso es peccata minuta. Pero hay cosas imperdonables, especialmente para alguien que ha sido atleta de elite, como decirle corredores a los marchistas o hablar de conseguir un "palmar" (por decir un triunfo) o varios "palmares" (para significar varias medallas). Seguramente Ana ha de haber leído en algún lado que ella tenía un gran palmarés deportivo, la pobrecita se confundió, creyó que palmar es sinónimo de medalla y no distingue que un palmar en una plantación de palmeras y un palmarés es el historial de logros en competiciones y concursos. De pilón, dijo que Jamaica es colonia de la Gran Bretaña, ya en franca competición histórica con Fernando Schwartz -quien alguna vez dijo, en ocasión del mundial de fut del 90, que la arquitectura de Roma es "colonial", supongo que como sinónimo de "antigua"- y con Luis Villicaña -quien en unos Juegos Olímpicos, transmitidos por Azteca, explicó que la diferencia entre las banderas italiana y mexicana es la estrella en el centro-. Por el momento, Ana se lleva el bronce, pero parece que buscará el oro en Londres.

En la reseña de la competencia de 50 kilómetros de marcha, una prueba que pudo haber sido interesantísima con dos buenos narradores, Burak y Guevara se trenzaron en una competencia de errores, a ver quien se llevaba el "palmar", pero lo fundamental es que estaban muy distraídos. No se dieron cuenta de los rebases, ni cuando Bakulin rebasó a Leake para hacerse de la punta, ni cuando mi gallo Nevzhogorod se acercó a Tallent para hacer emocionante la disputa por la plata, ni menos cuando lo rebasó, en la carota de los comentaristas de Televisa, que seguían colocando al australiano Tallent en el segundo lugar. Y vamos, que un rebase en los primeros sitios y en la etapa final de una competencia de 50 K. es algo poco común, que se cocina con tiempo y que toma como un minuto. Burak decía que al líder le faltaban "unos metros" para llegar a la meta y sí... eran como 2 mil metros, pues todavía había otra vuelta. Y al rato, le faltaban "unos metros" y era un kilómetro. Ana, al parecer, nunca se enteró de que Nevzhogorod rebasó a Tallent porque al otro día afirmaba que había conseguido plata para Australia.

Ahora si, como en la película, Burak es dumb y Ana es dumber, el que editó la competencia de marcha se merece el título de dumbest. Me explico. Inicia la prueba y el francés Diniz se pone a la cabeza. Corte. Regresamos cuando ha transcurrido una hora. Los comentaristas nos explican que a Diniz lo descalificaron (no lo vimos), ahora lidera el australiano Deaks. Media hora de ver a Deaks adelante, Bakulin está por rebasarlo y los comentaristas ni lo notan. Corte. Van casi dos horas de competencia y Bakulin va adelante. Nos enteramos que a Deaks le han dado "dos o tres calambres", que no nos muestran., pero sigue en segundo lugar  Vemos un tercer o cuarto calambre de Deaks, pero se repone y sigue marchando. Vuelta a ver a Bakulin otro rato. Corte. Regresamos y nos dicen que el pelotón de persecusión se comió a Deaks, pero no lo vimos, vueltas de Bakulin en solitario. Corte. Faltan tres kilómetros para que termine la competencia (Burak dice "tres minutos"),  nos dicen que Tallent, Nevzhogorod  y el chino Su se despegaron del grupo persecutor (no lo vimos), imágenes de Bakulin, de Tallent y de Nevzhogorod, el rebase que no notan los locutores y el final de la competencia. ¿Qué fue lo interesante? La descalificación de Diniz (que no vimos), el calambre de Deaks que lo alejó de Bakulin (que no vimos), la ruptura del pelotón que determinó los otros dos medallistas (que tampoco vimos). Comparados con el editor, los locutores son Einstein.

¿La cereza en el pastel? Uno pensaba que un nadir de Televisa Deportes había sido cuando el inefable Schwartz le preguntó por tercera vez lo mismo a Carl Lewis, quien había ganado su tercer oro olímpico: "Ar yu japi?". El reportero apodado El Furbi lo superó. Usain Bolt, descalificado en los 100 metros planos, se corona con facilidad en los 200, y en la zona mixta El Furbi lo alcanza y le pregunta -of all things- qué opina del Chicharito Hernández.

jueves, septiembre 01, 2011

Gallardo, tras el gallardete


Mexicanos en GL. Agosto.

La temporada 2011 de Grandes Ligas se acerca al final y los equipos contendientes se separan. Es el caso esperado de los Medias Rojas de Boston (donde juegan Adrián González y Alfredo Aceves). Pero también es el caso de los eternos “ya merito”, los Cerveceros de Milwaukee, que son el equipo más caliente del beisbol después del Juego de Estrellas, que ahora llevan un ventajón sobre los Cardenales. Clave en el repunte de los Brewers ha sido que su rotación abridora, encabezada por Yovani Gallardo, ha vuelto a la consistencia. A como van las cosas, veremos a 7 connacionales, o tal vez 8, en los playoffs.

Aquí, el desempeño del contingente nacional, de acuerdo con lo realizado a lo largo de la temporada.

Adrián González está luchando por la distinción de Jugador Más Valioso, como bujía de los líderes Medias Rojas de Boston. Sin embargo, el Titán tuvo en agosto su mes más flojo de la temporada (se rumoró que debido a una molestia en el hombro). En el mes, bateó para .283 con 5 jonrones y 13 producidas, con lo cual mantiene el liderato en bateo, con .341, pero cayó a segundo lugar en carreras producidas, con 103. Lleva 23 cuadrangulares, 39 dobletes y 91 anotadas.

Yovani Gallardo ha lanzado extraordinariamente durante agosto, y ha sido factor en la ventaja que llevan sus Cerveceros en la división central de la Liga Nacional. En el mes, tuvo cinco salidas, y cuatro de ellas fueron de calidad, para un minúsculo 2.06 de PCL en el periodo. Con su renovada consistencia, llegó por primera vez en su carrera a 15 triunfos. Su marca en el año: 15-8, con 3.37 de PCL y 158 chocolates recetados. (Pero en su primera apertura de septiembre, mientras escribimos, lo cosieron a palos y le propinaron su novena derrota).

Fernando Salas. Podría decirse, viendo las carreras limpias admitidas por cada nueve entradas lanzadas, apenas 1.42 y el mísero porcentaje de bateo de sus rivales (.146), que el de Huatabampo tuvo un agosto extraordinario. No fue así, porque le batearon a la hora buena, perdió un juego y desperdició dos salvamentos (aunque tuvo 4 salvados). En el año: 5-5, 2.30 de limpias, 23 salvados, 3 desperdicios, 3 holds y 64 ponches.

Alfredo Aceves es otra de las claves de la buena marcha de los patirrojos bostonianos. Por las debilidades de una parte de su rotación de abridores, el relevo largo se ha vuelto una posición estratégica y Aceves ha cumplido de maravilla. En agosto ganó 2 juegos y salvó uno, con PCL de 1.15. En la campaña, 9-1, 2 salvamento, 2 desperdicios, 7 ventajas sostenidas, efectividad de 2.63 y 70 enemigos ponchados. La oposición le batea para .206 en el año, el tercer porcentaje más bajo de la liga.

Jaime García ha tenido un agosto para el olvido. De sus cinco salidas, sólo una fue de calidad y en dos resultó apaleado. Dice su manager Tony La Russa, que de beisbol sabe alguito, que Superjaime está cometiendo el error de lanzar al 110 por ciento, cuando debería hacerlo al cien. Se esfuerza demasiado y se desconcentra si un compañero comete un error. En el mes, 0-2, un feo 6.84 de carreras limpias. En la temporada: 10-7, 3.73 de PCL y 132 bateadores ponchados.

Joakim Soria está lanzando lo suficientemente bien para mantenerse como taponero de los Reales, pero su desempeño de este año definitivamente no es igual al de los anteriores. En el mes, 0-1,  con 4 salvamentos, un desperdicio y 5.59 de limpias. En lo que va de la campaña: 5-5, 24 salvados, 7 desperdicios y 4.39 de PCL. Inició septiembre con un rescate más, el número 25, en una entrada lanzada a la perfección.

Jorge De la Rosa, fuera por el resto de la temporada, ha evolucionado muy bien de su operación Tommy John, al grado que es posible que regrese a lanzar en las mayores a principios de la temporada 2012. Su marca en 2011: 5-2, 3.51 y 52 ponchados.

Rod Barajas. El californiano se encendió notablemente en agosto, mes en el que bateó para .357, con 6 jonrones y 19 impulsadas. El receptor de los Dodgers lleva en el año .241, con 15 cuadrangulares y 41 remolcadas.

Luis Ayala ha seguido cumpliendo con los Yanquis, en una temporada más que decente. Por desgracia, Joe Girardi sólo lo usa en situaciones ya definidas de un lado otro. En el año, 1-2, con 1.97 de limpias y dos ventajas sostenidas (holds).

Marco Estrada fungió una buena parte del mes como quinto abridor de Milwaukee, con tres buenas salidas, en las que obtuvo dos victorias y una derrota. Perdió otro juego como relevista. Tiene marca de 4-8, con 4 holds y 3 desperdicios, y PCL de 4.25.

Jerry Hairston Jr. es el tercer cervecero mexicano. El veterano utility vio bastante acción en agosto, en el que bateó para.311 con 4 producidas. En el año, .278, 4 vuelacercas y 28 carreras producidas.

Rodrigo López. El veterano tuvo 6 salidas para los Cachorros de Chicago durante agosto, y sólo una de calidad. Ganó 2 y perdió 3 en el mes, con lo que sus numeritos de 2011 pasan a 4-6, 4.94 de limpias y 40 ponches.

Scott Hairston fue sorprendido por una lesión a medio slump de bateo. El jardinero de los Mets, ahora en la lista de lesionados, lleva .235 con 7 jonrones y 24 producidas.

Jorge Cantú  consiguió equipo, los Rockies de Colorado. Todavía no consigue entrar al roster de Ligas Mayores. Sus números con San Diego: 194, con 3 jonrones y 16 impulsadas.

Francisco Rodríguez, (0-0, un hold y 4.31 de limpias) se mantiene en la lista de lesionados de los Angelinos.

Juan Castro (286 con una impulsada en 2011) lleva rato sin jugar y al parecer se retira.

Alfredo Amézaga regresó al equipo de sus amores, los Marlines de Florida, pero no ha brillado para nada. Su marca en la temporada:: apenas .184, con 4 producidas.

Dennys Reyes (0-0, con 16.20 de carreras limpias) sigue en ligas menores.

Ramiro Peña recientemente se recuperó de su operación de apendicitis, y retoma su juego en las menores. Lleva .080 de porcentaje, con un jonrón y dos remolcadas. Dicen en Yanquis que se reincorporará al róster.