viernes, julio 21, 2006

Biopics: Análisis y los Cursos de Invierno

De regreso a México me embarqué en otro proyecto protoperiodístico con Raúl y Hermann. Un “periódico”, impreso en mimeógrafo, con pretensiones múltiples. Análisis de la guerrilla en México, de las costumbres de la clase media, de la situación internacional (un larguísimo ensayo de Tina, titulado “El sionismo y los árabes”), crítica de cine, poesía, una suerte de columna crítica y varias cosillas de humor. Como pretendíamos haber superado nuestra etapa más lírica, el periodiquito se llamó “Análisis”.

Lo vendíamos –a un precio absurdo: 40 centavos, y nos costaba 30 el ejemplar- en escuelas y universidades privadas, en la UNAM, en la Zona Rosa y Coyoacán. Años después, en su libro “La Prensa Marginal”, Raúl describiría ese esfuerzo adolescente como un acto de catarsis. En efecto, así era. Pero catarsis individual o no, un policía me correteó en la Zona Rosa: intuyó que estaba distribuyendo material peligroso. Tiramos tres números de 300 ejemplares (de los cuales hemos de haber vendido menos de cien, en promedio).

En esas fechas, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales anunció sus Cursos de Invierno que consistían, esencialmente, en una serie de conferencias de connotados pensadores de izquierda. Raúl y yo, muy puestos, fuimos a todas y a algo más. Los ponentes eran Ernest Mandel, economista belga, el más importante pensador trosquista del momento; Robin Blackburn un profesor inglés, radical, proveniente de la London School of Economics y la norteamericana Susan Sontag, escritora, crítica y filósofa feminista.

Las conferencias fueron en un repleto auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras, ya entonces conocido como el Ché Guevara. Era muy agradable sentirse parte de esa masa de jóvenes inconformes y presumiblemente inteligentes que escuchábamos, entre densas nubes de humo, a las vacas sagradas del pensamiento progresista. También lo era sentirnos parte de la Universidad a la que accederíamos pronto. Y, finalmente, lo era ver a los distintos personajes juveniles que poblaban la UNAM de entonces. Trejo no me perdonaría si aquí omitiera a “la Chava de Negro”, una muchacha de cabellos castaños lacios y largos, de enormes ojos muy maquillados –tremenda cantidad de delineador-, labios carnosos y, por supuesto, indumentaria negra. Esta darketa avant la lettre era un imán distractor para nuestros ojos. Supimos luego que estudiaba en Políticas.

Para nuestra sorpresa, entendíamos casi todo lo que se discutió en esos cursos. La inteligencia de Mandel me sedujo, el activismo radicaloso de Blackburn me chocó y la Sontag era simplemente diferente: era quien tocaba las cosas más profundas, aunque al hacerlo denotaba su desconocimiento de la realidad mexicana (o, para ser más precisos, la gran diferencia cultural de entonces entre la izquierda gringa y la mexicana; una que buscaba, primero, una victoria cultural; la otra que pensaba en la revolución política y económica).

Un momento significativo fue al final del curso, cuando estaban los tres en la mesa. Se generó una discusión sobre crecimiento y ecología. Sontag estaba a favor de lo que hoy llamamos “crecimiento sustentable”, Blackburn, a favor de la industrialización y la modernización, Mandel tenía una posición intermedia, que a mí me parecía entonces la más lógica. El público aplaudió frenéticamente a Blackburn y abucheó a Sontag.

La norteamericana trató de congraciarse con el público –o más exactamente, de encontrar un nicho- invitándonos a una plática filosófica en las “islas” de CU al día siguiente. Asistimos apenas un puñado. Muchas mujeres. De lo que recuerdo, se platicaron generalidades, pero Sontag se sintió aliviada: “he encontrado con ustedes oídos atentos, una comunicación que no pude tener en el auditorio”.

No sé si ella lo sabía, pero la historia –al menos la historia cultural- estaba de su lado.

jueves, julio 20, 2006

"Yo nunca miento"

Pregunta López-Dóriga a López Obrador qué hará si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declara que el presidente electo es Felipe Calderón.

López Obrador responde: "Yo gané la elección. Yo nunca miento".

"Yo nunca miento". Una frase que, creía yo, sólo se encontraba en los juegos mentales con habitantes de Veracia y Mendacia.

¿Qué pasa si uno busca"yo nunca miento" en Google?

Lo que pasa es que aparece un pasaje del Apocalipsis, que dice así:

"Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea:
"¡Yo soy el Amén! Y me llamo así porque enseño la verdad acerca de Dios y yo nunca miento. Por medio de mí, Dios creó todas las cosas. Escucha bien lo que te voy a decir:
'Estoy enterado de todo lo que haces, y sé que no me obedeces del todo, sino sólo un poco. ¡Sería mejor que me obedecieras completamente, o que de plano no me obedecieras!
Pero como sólo me obedeces un poco, te rechazaré por completo.
Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no necesitas de nada. Pero no te das cuenta de que eres un desdichado, un miserable, y que estás pobre, ciego y desnudo.
Por eso te aconsejo que compres de mí lo que de veras te hará rico. Porque lo que yo doy es de mucho valor, como el oro refinado en el fuego. Si no quieres pasar la vergüenza de estar desnudo, acepta la ropa blanca que yo te doy para que te cubras con ella, y las gotas medicinales para tus ojos. Sólo así podrás ver
'Yo reprendo y corrijo a los que amo. Por eso, vuélvete a Dios y obedécelo completamente.
Yo estoy a tu puerta, y llamo;
si oyes mi voz y me abres,
entraré en tu casa
y cenaré contigo.
'Los que triunfen sobre las dificultades y mantengan su confianza en mí, reinarán conmigo, así como yo he triunfado y ahora reino con mi Padre.
Si tienes oídos, pon atención a lo que el Espíritu de Dios les dice a las iglesias' ".

No crea el lector que las negritas tienen referencia alguna con AMLO. Las tiré a la casualidad y la Divina Providencia (o un algoritmo celestial que desconozco) las puso ahí.

martes, julio 11, 2006

Crónicas Mundialistas: El Mundial de la Media Cancha

El Mundial de la Media Cancha

publicado el 10 de julio

Un dato es significativo para definir el Mundial de Alemania: de los nueve goles que se anotaron en las semifinales, el juego por el tercer lugar y la final, sólo dos fueron obra de los delanteros (y eso, substitutos): Grosso, Del Piero, Zidane, Schweinsteiger (2), Petit (autogol), Nuno Gomes, Zidane de nuevo, Materazzi. Ha sido la copa de los mediocampistas. La del control táctico del juego. La de las defensas impasables y los atacantes inopinados.
Por eso también ha sido italiana. La copa de Gattusso. La de Zambrotta. La de Cannavaro.
¿Qué se hicieron los grandes delanteros? ¿Dónde estuvo Milan Baros? ¿Dónde Van Nistelrooj o Shevchenko?
¿Rooney, Ibrahimovic, Pauleta, qué se fizieron? Breves destellos de Ronaldo, Henry, Podolski; la aparición del Niño Torres, la consolidación de Klose. Poco más. Quienes han brillado juegan en otro lado, manejando la media cancha o saliendo desde atrás con balón dominado. Zidane, Grosso, Maniche, Joe Cole, Schweinsteiger, Essien, Osorio, Sorín, el mismo Nedved. Incluso las grandes caídas han tenido lugar en el medio campo. El día en que Ronaldinho desapareció, el día en que Frankie Lampard no pudo. Y ayer, el día en que Zizou perdió la cabeza.
Una final digna de este Mundial. Bien jugada, trabada, pareja, con momentos geniales y pocas oportunidades de gol. Un penal dudoso, igualito al que le dieron a Italia contra Australia. Cobro de Zidane, Francia se echa para atrás e Italia para adelante. En un corner Barthez no sale (¡el Factor Barthez!) aparece la cabeza de Materazzi. Justo empate.
Un segundo tiempo movido. Francia domina, pero sus amenazan suelen terminar en la defensa italiana, que defiende con clase extraordinaria. Zidane sigue en vena, pone ritmo. La Azzurra no lo encuentra. Se da por bien servida llegando a tiempos extra. Los comentaristas, irracionalmente anti-italianos (sobre todo en Azteca) predicen la victoria gala. Entonces el maestro Zidane le da un cabezazo horroroso al pecho de Materazzi. Sin balón. Con alevosía. Recordándonos que ha sido uno de los hombres que más tarjetas han recibido en copas del Mundo. Imagen triste del futbol de hoy: aún quienes tienen categoría incurren en el juego sucio. “Fue provocado”, dicen los comentaristas, como si no supieran que desde la cantera enseñan a los niños defensas a provocar a los niños delanteros (y a éstos, a no hacer caso de las provocaciones).
Zidane es justamente expulsado y la balanza del juego se inclina, ahora, hacia Italia. Pero queda poco tiempo.
Penalties. Italia e Inglaterra eran, hasta ayer, los únicos países con un peor récord que México en juegos decididos desde los doce pasos. Francia, en cambio, ya había eliminado a Brasil en el 86 y a la Azzurra en su camino triunfal de 1998. Pero de alguna forma la salida de Zidane –literalmente por la puerta de atrás- había tornado, sicológicamente, los papeles. Ninguno de los italianos falla. Es de ellos este Mundial de la Media Cancha.

Crónicas Mundialistas: El Péndulo Azzurro y el Factor Barthez

El Péndulo Azzurro y el Factor Barthez

Publicado el 9 de julio

De los 32 que calificaron, ya sólo quedan dos. Es una final inédita, pero ambos equipos han probado las mieles del campeonato (Italia frente a Checoslovaquia, Hungría y Alemania; Francia frente a Brasil). Es también una final justa, porque llegaron quienes mejor jugaron en la etapa de nocaut.

De Italia se dice que juega un partido bueno y otro mediocre. Así pareció al inicio, cuando derrotó a Ghana en un juegazo, empató con Estados Unidos en una guerra en la que no mostró garra, derrotó ampliamente y jugando bien a la República Checa, sufrió innecesariamente con Australia y le puso un baile a Ucrania, matándola cuando quiso.

Le tocaba el juego mediocre contra Alemania y mandó al basurero la peculiar teoría del péndulo azzurro. La fuerza de los teutones estaba en su capacidad de generar juego y de irse directamente a la ofensiva, jugando mucho a ras de pasto. Así pasaron sobre Costa Rica, deshicieron la heroica defensa polaca, arrasaron con Ecuador, borraron del mapa a Suecia y obtuvieron un empate, que pudo ser victoria en tiempo normal, contra la poderosa argentina. Por lo demás, su defensa, tras un inicio trastabillante, parecía a punto. ¿Sería capaz Italia de parar esa máquina?

La Italia tradicional, la del contragolpe, hubiera muerto en el asedio. Pero esa no apareció. En cambio, tuvo el control del balón, se armó desde atrás, tiró mucho a puerta y tuvo la gran virtud de rematar de inmediato a los alemanes, luego de la primera estocada. Lippi le ganó la partida a Klinsi. “Más sabe el diablo…”. Pero también se la ganó a la historia. Italia terminó con cuatro delanteros, para gozo de los tifosi, que siempre quieren ganar, pero prefieren hacerlo así.

Francia ha ido de menos a más. Primero un juego soporífero contra ese valium de camiseta roja que era la selección suiza. Luego, un partido muy peleado, en el que cometieron el error de echarse para atrás tras un gol tempranero, y un sufrido empate con Corea. Más tarde, un dominio claro sobre Togo que tardó en reflejarse correctamente en el marcador. Parecía que Francia no traía nada y que el retiro de Zidane sería más sombrío que brillante.

Luego vino el juego contra España. Zinedine volvió a ser Zizou. Su opuesto, Ribery, terminó por ganarse a pulso la titularidad, enloqueciendo a los españoles, quienes ya se hacían en finales. Thuram ordenaba una defensa, también causando desesperación a los ibéricos. Le dieron la vuelta al juego y ganaron con clase. Vendría la prueba contra Brasil, evidenciaron las carencias de los sudamericanos al grado de que no parecía un equipo. Atravesaban el medio campo brasileño como Pedro por su casa, y por un rato —sobre todo cuando la tocaba Zidane y cambiaba endemoniadamente los ritmos— parecía que los brasileños eran los de blanco. El juego contra Portugal fue feo, trabado, los únicos destellos fueron de los bleus. La victoria también.

Ahora se enfrentan. Será una cuestión de inspiración. Me atrevo a señalar una debilidad francesa. Se apellida Barthez.

Crónicas Mundialistas: Die Deutsche Fußball-Maschine y La squadra del Machiavelli

Die Deutsche Fußball-Maschine y La squadra del Machiavelli

1º de julio


La definición se le atribuye al cañonero inglés Gary Linneker: “el futbol es un juego en el que once hombres juegan 90 minutos, y en el que, al final, Alemania gana”. La selección local necesitó esta vez más de 90 minutos, pero derrotó en penales a la argentina. Uno ve el juego y se dice: “centran mal”, “no improvisan”, “se acompañan torpemente”, “son medio troncos” y, sin embargo, se da cuenta de que son un equipo que ataca y que al mismo tiempo es muy difícil, casi imposible, de batir.
¿Dónde está la clave? No en el estilo, porque ni siquiera está definido. Algunos clubes alemanes juegan con el balón al piso y pases cortos (Standfussball); otros, al estilo inglés, con pases largos y centros a la olla.
Está más bien en lo que el futbol alemán evita y lo que ama. Evita el Querpass o “pase cuadrado”, que es dar la vuelta al balón a tres cuartos de cancha sin buscar adelantarlo y ponerlo en el área o sus linderos (evita un estilo que conocemos bien los mexicanos). Ama el Beinshuss, hacer rompope al adversario (en la marca), y la actitud torgefärlich: ser peligroso frente al arco.
Esos tres conceptos son suficientes, con un grupo de hombres tácticamente disciplinados, físicamente fuertes y resistentes y medianamente dotados de técnica, para crear una maquinaria que juegue los partidos y lo haga bien.
A esto hay que agregarle un toque de filosofía (si no, dejarían de ser alemanes). “La bola es redonda”, dicen, citando a su mítico entrenador Sepp Harberger, para afirmar que es la única certidumbre del juego. Eso significa que no has ganado ni has perdido hasta el momento del Schlusspfiff: el silbatazo final. Por eso nunca se ve a una selección alemana envuelta en pesimismo neitzchiano cuando va abajo en el marcador. La máquina teutona pita y pita, haga frío o calor, sea local o visitante, el partido esté empatado o haya una diferencia de siete goles, porque –como bien sabe Al-Daeyea-, siempre hay lugar para un octavo.
Los equipos latinos pueden ser mejores en el campo, pero siempre es difícil competir contra esa frialdad.
El menos latino entre ellos es precisamente Italia. ¿Quién más puede sentarse a gestionar un partido en el minuto 7 del primer tiempo porque el gol cayó en el minuto 6? El faul táctico como institución (llevado a extremos por los “tanos” de Argentina), empeñar al rival en una lucha furibunda cuerpo a cuerpo y, si se pierde en esta lucha, lanzarse al césped entre gritos de dolor (aquí también los alumnos superaron al maestro). “Si Grecia ganó la Eurocopa, ¿para qué proponer el juego?”, dicen los tifosi. “¿Somos o no coterráneos de Maquiavelo?”, concluyen.
Y sí, coterráneos. Cuando Ucrania propone, Italia dispone. Uno, dos. Nocaut. Y lo hace jugando bonito, con unos contragolpes asesinos, eficaces. Con quiebres, con físico, con técnica y con clase. Pero si un equipo menor se contenta con perder 1-0, ellos también.
Esa clase, sólo comparable con la de los equipos latinos más grandes, es la gran diferencia con la máquina alemana de futbol. Pero el estilo, que no se han podido sacudir, nace de un concepto errado: los italianos como “pequeños” en lo físico y en lo mental, que no pueden competir en campo abierto, que necesitan el contragolpe, la astucia, la pequeña deslealtad. Una lástima, porque cuando se sueltan, a veces parecen un aria de ópera.

Crónicas Mundialistas: Generosos y mezquinos

Generosos y mezquinos

26 de junio

Hay una contradicción de base en el futbol, que se agudiza en torneos como la Copa Mundial. Los aficionados quieren que su equipo despliegue un juego generoso, entregado, propositivo. También quieren que gane. Hay muchas ocasiones en que ambos deseos son incompatibles. Y la contradicción se traduce en sinsabores.
Hay dos tipos de sinsabores. El que sufren los aficionados de la selección que jugó generosamente y fue eliminada. El que sufren los aficionados más o menos neutrales al ver que la selección propositiva, la que les divertía y llenaba el ojo, quedó fuera. El sinsabor que no existe —o si acaso es menor— es el de los aficionados de la selección que jugó feo, pero ganó.
Pensemos en algunas mezquindades y generosidades de la fase de octavos. Veamos, por ejemplo, a Inglaterra, un equipo que juega cada vez más feo y cuyo mediocampo mítico está convertido en precisamente eso: un mito. Pues bien, los fans ingleses cantaron en el estadio sus himnos monárquico-futboleros con gran felicidad. Estaban logrando la hazaña de vencer 1-0 a Ecuador, nada más porque tenían un hombre que le supo pegar al balón y su atacante del lado rival se tardó una eternidad en disparar un gol hecho.
Pasemos ahora a Italia. A los seguidores de la Azzurra les habían prometido que su escuadra jugaría distinto. Como lo hizo en las eliminatorias. Un equipo que sabe defenderse, pero que también va en bloque, alegremente, a la ofensiva. Luego del empate con EU, Lippi se decidió de plano por el viejo sistema y ha obtenido sendas victorias ante equipos que “propusieron el juego”. Contra Chequia jugaron bien; contra Australia, fueron la estampa de la mediocridad. No importa. Los italianos dicen que, total, los Azzurri juegan un partido bueno y otro malo, les toca el bueno en cuartos y se ven ya en una semifinal en la que la diosa Fortuna les puede volver a bendecir.
Dicen que Brasil no es el de antes. Quieren jogo bonito y sólo han visto pinceladas. Con Ghana, la verde-amarelha jugó al gato y al ratón, a sabiendas que los africanos habían ganado los partidos ante quienes los habían atacado y perdido contra los maestros del contragolpe. Los ghaneses tuvieron más el balón, dispararon más (aunque con pésima puntería), rondaron los tres cuartos de cancha durante buena parte del juego, y acabaron goleados. Menos gambetas, más contundencia y la porra brasileña arañando el cielo.
¿A dónde quiero llegar? A una hipótesis terrible. Hay una diferencia sustancial entre ser fan de un equipo de liga y serlo de una selección nacional. De tu equipo local te gusta su estilo, su sello, su manera de ser, lo que representa en tu sociedad. Quieres resultados, pero no sólo, ni principalmente eso. Quieres diversión, espectáculo. Es, por ejemplo, lo que no entendió en los noventa la directiva del Necaxa: eran multicampeones y la afición crecía a cuentagotas. Sólo cambiándose a una sede con hambre de futbol pudieron crecer.
En cambio, de tu selección nacional, te gusta que luzca, pero lo importante es que sea poderosa. Que tu
país gane. Que derrote a los otros. Que el mundo reconozca su poder (futbolístico). Quieres espectáculo, pero no sólo, ni principalmente eso. Quieres resultados. En estos momentos, los aficionados de Ucrania están más contentos con su equipo, tras el partido infame ante Suiza, que nosotros, tras el bien jugado ante Argentina. De poco consuelo es que suecos, ecuatorianos, suizos, y hasta holandeses, hayan perdido con la cara al suelo.
¿Por qué puede ser terrible mi hipótesis? Porque los Mundiales siempre generan tendencias y, en la segunda fase, la mezquidad pagó altos réditos. Porque la mercadotecnia avanza que es una barbaridad, y los clubes pronto serán capaces de vendernos la mezquindad como éxito. Y, enfundados en la camiseta de nuestro equipo, la compremos.

Crónicas Mundialistas: Los bohemios, los cínicos, el patán, el osado y los hermanos en guerra

Los bohemios, los cínicos, el patán, el osado y los hermanos en guerra

Publicado el 23 de junio

La jornada de ayer fue la más intensa que ha vivido, hasta ahora, el Mundial alemán. Las de los dos días anteriores fueron en grupos en donde todo estaba prácticamente definido (porque Trinidad y Angola necesitaban golear para calificar). Tres de los cuatro partidos de ayer eran decisivos y en el otro jugaba la verde-amarelha. Ningún juego defraudó.
El primero fue un drama, bien trabajado por sus participantes. Por un lado, la elegante Italia, instalada en su cinismo (Totti dixit), pero también en su eficacia. Por el otro, la bohemia del grupo que comanda Nedved, capaz de dar un partidazo durante 20 minutos para luego hundirse en su inseguridad existencial. De nada valió que el Virtuoso (tal vez el hombre de mejor desempeño individual en la primera ronda) sudara, peleara balones, corriera, driblara, disparara. A sus compañeros les entró el spleen, ese estado de tristeza melancólica que se puso de moda a principios de siglo pasado y sus riflazos se encontraron con una muralla llamada Buffon.
Italia jugó traicionando un poco al llamado “estilo Lippi” y obedeciendo a su historia futbolística, a la genética del catenaccio. Ni siquiera necesitó que sus goleadores estuvieran inspirados. Desperdiciaron varios contragolpes, pero el último -mortal de necesidad- acabó con las aspiraciones de un equipo que parecía llamado a mucho más y terminó muriéndose de nada en la primera ronda.
Ghana había merecido mejor suerte en su debut ante Italia, pero tenían problemas muy serios con la puntería. Los siguen teniendo, pero dominaron a Estados Unidos de tal manera que no había forma de que perdieran. Los gringos fueron superados en fuerza, en velocidad, en técnica, en táctica. Sucumbieron ante un rival superior que, cuando se pone fino, juega como quisiéramos que Brasil jugara.
El equipo de las barras y las estrellas tiró a puerta un gran total de cuatro veces en los tres partidos que disputó. Tras de que EU fue sometido por rivales superiores y por la distancia entre sus expectativas y su realidad, Bruce Arena manoteó y decidió culpar al árbitro de la derrota. Ni siquiera tuvo la decencia de felicitar al entrenador de Ghana.
El mismo patán Arena había dicho que Australia sería el hazmerreír en la Copa del Mundo, y que no merecía estar ahí. Los Socceroos, en uno de los juegos más emocionantes que se han disputado, demostraron que también allí se había equivocado.
Extrañamente, el duelo Croacia-Australia era de hermanos. Tres de los titulares croatas pasaron su niñez en Australia; siete de los australianos son de ascendencia croata. Y ya se sabe que las guerras más duras son las fratricidas. El juego fue intensísimo, bastante sucio y muy mal arbitrado por un señor inglés que debe poner su flema en otro oficio.
Croacia abrió el marcador con un gol bellísimo de Srna, pero —a diferencia de lo que le sucedió a los checos más temprano— eso no arredró a los australianos. En cambio, fue un acicate. Empataron con un penal justo. El árbitro se comió otros dos penales a favor de Australia, el portero australiano Kalac, a su vez, se comió un tiro suave de Kovac para regresar la clasificación a los balcánicos. Los Socceroos se volcaron al ataque y tuvieron su premio en el gol de Kewell.
A partir de ahí, Croacia se convirtió en una furia a cuadros rojiblancos, tanto por los ataques constantes al área australiana como por las faltas arteras. Hasta el árbitro perdió la cuenta de las tarjetas (yo digo que a Simunic lo expulsó hasta la tercera amarilla). Pero Australia prevaleció. El futbol era el deporte que les faltaba para demostrar que son, en términos generales, la mejor nación deportista del mundo.
Paso brevemente a Brasil- Japón. Un japonés apellidado Tamada cometió la osadía de poner adelante a su país, frente a un scratch du oro que parecía conformarse con poner a prueba los reflejos del portero Kawaguchi. Japón pagó caro la afrenta del joven delantero, porque Brasil de repente volvió a ser Brasil, Ronaldo —con toda la presión de los reflectores encima— volvió a ser Ronaldo y el segundo tiempo fue una fiesta futbolística, pero de un solo lado.
Jornadas como ésta son las que hacen amar el Mundial.

Crónicas Mundialistas: El jeroglífico ghanés y la batalla de Kaiserlautern (Ghana 2, Chequia 0; Italia 1, EU 1)

El jeroglífico ghanés y la batalla de Kaiserlautern

publicado el 18 de junio

A mi gusto, el mejor partido de la primera ronda fue Italia-Ghana. Pensaba que era por el nuevo sistema de los italianos y la buena capacidad de respuesta de los rápidos ghaneses. Después de ver el enfrentamiento entre República Checa y los africanos, me di cuenta de que éstos últimos eran, realmente, quienes habían hecho trepidante aquel partido.
Ghana demostró ayer que los equipos del Africa negra no son nada sencillos. Jugadores fuertes, veloces, sin mucha técnica, que se dedican, primero, a deshacer el juego del rival y después a ver qué pasa en algún contrataque. La diferencia de Ghana con Togo y Angola es que, al igual que Costa de Marfil, ataca con más sentido. La debilidad de los marfileños es su portero.
Esta táctica encimosa puede convertir los partidos en juegos trabados y poco excitantes -pienso sobre todo en los dos que jugó Angola- o en partidos con un vaivén entretenido, con bastantes llegadas de gol -es lo que ha sucedido con los dos que jugó Ghana. En cualquier caso, el asunto se convierte en un jeroglífico para el entrenador rival, un acertijo que sólo un gol tempranero puede resolver.
En el juego contra los superfavoritos checos, el gol tempranero fue de Ghana, y a partir de ahí se volvió un rompecabezas imposible para Bruckner y su equipo. Algunos pensarán, y no mal, que faltaban Baros y Koller en las filas checas, pero aún con la capacidad de armar jugadas precisas, el equipo centroeuropeo nunca pudo encontrar el punto débil en la defensa ghanesa y, en cambio, sufrió con contragolpes cada vez más peligrosos.
Uno pensaría que el medio tiempo serviría para que un viejo lobo de cancha descifrara ese código ashanti, pero no. La segunda mitad fue de los africanos, que acabaron dominando ampliamente, anotando de nuevo y amagando con la goliza. Africa tiene, finalmente, a su protagonista y los checos, tan impresionantes en su debut, se ven en serios problemas para calificar.
El Grupo E se terminó de complicar con el partido entre Italia y Estados Unidos. El equipo de las barras y las estrellas se concentró en la base militar de Kaiserlautern y quiero imaginarme a un malencarado sargento de los Marines gritándole a los jugadores: "¡Señoritas, jugaron contra Chequia con menos valor que el gatito de mi abuela!" Sin ese drill, y sin la obsesión competitiva de la cultura de EU, no puedo explicarme cómo la actitud de un equipo pudo cambiar tanto en cinco días.
Italia propuso, pero Estados Unidos no dejó que dispusiera, aún después de haber adelantado con un buen gol de Gilardino. Ciertamente, una jugada fortuita dio el empate a los gringos, pero el caso es que estaban en el área chica, hablándole de tú a la potencia del sur de Europa.
El juego había iniciado ríspido, entre otras cosas porque ambas escuadras habían utilizado la palabra "guerra" para amenazarse antes del juego. Y se le fue de las manos al árbitro. De nada sirvió que expulsara a De Rossi por un codazo artero, los faules siguieron a diestra y siniestra, en medio de reclamaciones de jugadores y técnicos (Arena se salvó de la expulsión nada más porque la terna arbitral era sudamericana).
Feria de barridas, empujones, cabezazos, sí, pero también un partido jugado con pasión por ambos equipos. Uno más técnico, más capaz de armar jugadas futbolísticas dignas de ese nombre, pero también con problemas para concretar. Luca Toni parecía un granjero perdido en el área, Zambrotta encontraba siempre una pierna ante el disparo, Del Piero entró, buscó la magia y se encontró con que los reflejos del veterano Kasey Keller siguen intactos.
En esa batalla, los estadunidenses pegaron más y se quedaron, justamente, con nueve hombres. El árbitro anuló un gol americano -imagino que porque McBride, en fuera de lugar, estorbaba la visión del arquero- y los abanderados se comieron tres jugadas válidas de la ofensiva italiana, marcando off-side. De hecho, buena parte de la leña que repartió el equipo de EU fue porque sus centrales solían llegar tarde a la marca. Esa misma tardanza es la que a menudo habilitaba a los italianos, aunque los asistentes del réferi levantaran la banderita.
Italia puso más futbol, pero Estados Unidos puso más riñones. El empate es justo. Y el equipo de los vecinos del Norte al menos puede decir que ya consiguió un punto en Europa, ante un grande, y que lo hizo a sangre y fuego.

Crónicas Mundialistas: La fiesta que no fue (México 0, Angola 0)

La fiesta que no fue

Publicado el 17 de junio

Minutos antes del partido entre México y Angola, una ciudad frenética, cargada de chelas, de monchis y de esperanza, buscaba el mejor lugar para ver y festejar la previsible victoria del Tri sobre las Palancas Negras. Camisetas verdes y blancas por doquier, prisa en el rostro, y también sonrisas con vocación de convertirse en felicidad plena.
Esa vocación quedó frustrada con una actuación irregular del equipo, una noche grande del portero Joao Ricardo, una buena dosis de suerte de los de Angola y otra dosis, todavía más grande, de terquedad de Ricardo Antonio LaVolpe.
El planteamiento inicial del técnico del Tri fue muy parecido al que usó en el primer tiempo contra Irán, con dos medios de contención experimentados y de calidad probada, para controlar el medio campo. El único cambio, obligado, fue salir con Sinha como medio creativo de ataque, en vez del fallido experimento con Guille Franco en el primer juego.
Pero Angola no se plantó igual que Irán. A diferencia de los persas, no propuso e intento concentrarse en la defensa, acumulando hombres y cortando el juego. En otras palabras, el medio campo ya estaba dado. Por eso, salvo un lapso breve a mediados de la primera parte, México transitó tranquilo hasta las cercanías del área rival. Y a partir de ahí se complicó.
Mientras Pavel y Torrado se cansaban de recuperar balones, Sinha se cansaba de mandar pases filtrados que se topaban con alguna parte de un cuerpo angoleño y el Guille se cansaba de perder todo lo que le caía cerca: un mal pase, un movimiento equivocado, un tiro infame, un faul en mal momento.
Los minutos corrían y la fanaticada cuyo coro hizo enmudecer de nuevo la grabación del himno nacional en el estadio enmudecía a su vez. Y, a diferencia del partido contra Irán, no eran muchos los gritos y las recomendaciones a larga distancia de los espectadores frente a las teles del país. De pronto, el equipo que a todos nos ha hecho soñar —con la generosa ayuda de los patrocinadores— sólo provocaba tensión, nervios, impotencia.
LaVolpe se tarda en hacer los cambios. El primero no sirve de nada. Entra Cabrito por Sinha y demuestra, por ducentésima vez, que no sabe concluir las jugadas. Consume 75 minutos en sacar del partido al peor hombre del encuentro, su consentido, quien falló una oportunidad clara y un gol hecho (tras un pase extraordinario de Salcido); con el Kikín aumenta la peligrosidad del equipo. El sonido de un rayo coincide con su llegada: ¿será presagio de otro relámpago que desahogue nuestras gargantas o de una tormenta que se avecina en la tarde ya nublada? Poco después, ya con el tiempo como yugo, hace la sustitución más útil: saca a Pineda, un lateral de vocación defensiva al que no le dieron el poco juego que buscó por las bandas, y mete a Ramón Morales.
Con Ramón en los costados, el equipo funciona mejor. Rafa Márquez vuelve a cargarlo en sus espaldas y a demostrar que está en otra liga, en todos los sentidos de la palabra. Serán 15 minutos de un asedio que causa peligros constantes. Ni Bravo ni Fonseca culminan la jugada esperada y aparece, del otro lado, la figura de Joao Ricardo, un portero veterano y sin contrato que vive, en esos minutos de Hannover, el mejor momento de su vida deportiva. Atrapa un centro venenoso, desvía un trallazo de Márquez, se cuelga a una mano del balón centímetros antes de que encuentre la cabeza del Kikín. Sus compañeros lo abrazan cuando el juego termina.
Acaba de caer un aguacero (eso era el rayo, y no otra cosa). Las calles aledañas a Reforma se pueblan de gente vestida de verde, que regresa cabizbaja de la fiesta que no fue. Ni en los alrededores del Angel, ni en las casas, ni en los corazones de los mexicanos. Pero sobre todo no fue fiesta en la cancha, porque algunos de los que podían armarla no estuvieron finos, otros fueron bloqueados por el rival, la suerte y los postes (dos veces) y otros más porque entraron tarde o de plano se quedaron en la banca (o en México, ¿verdad Lozano?).
Por lo pronto me hago dos preguntas: ¿es la inconsistencia signo de genialidad? ¿Pueden ser los rifles de diávolos un "arma secreta"? Y de momento me doy la misma respuesta de hace varios meses: no entiendo a LaVolpe

Crónicas Mundialistas: “El perro de un ladrón manejaría a Inglaterra mejor que Sven”: Lord Ellpus (Inglaterra 2; Trinidad y Tobago 0)

“El perro de un ladrón manejaría a Inglaterra mejor que Sven”: Lord Ellpus

Publicado el 16 de junio

Peter, Lord Ellpus, es cuate mío, gran conocedor de futbol. Desde su mansión en Droitwich Manor, me envía sus comentarios sobre el partido que sostuvo la Escuadra de la Rosa con Trinidad y Tobago. La traducción —que siempre tiene algo de interpretación— es enteramente mí responsabilidad.
“Es mediodía en Nuremberg y la BBC nos muestra la plaza principal de la ciudad, Hauptmarkt, llena de ingleses. La percusión caribeña de metales es interrumpida por el ocasional sonido de un cuerno inglés. Están entrevistando a un chico de Leeds que se tenía que casar hoy, la novia lo botó y se va a consolar asistiendo al juego. Pero ¿qué veo allá atrás? Unos aficionados vestidos con la camiseta de Escocia, celebrando con los trinitarios y echando porras con ellos.
“Seguramente dirán que le van al débil. Pero no creo en esa teoría. Aun si Inglaterra se estuviera enfrentando a Brasil o Alemania, los escoceses gritarían de júbilo si el inglés la manda al cielo en una definición por penales.
“¡Albricias! Wayne Rooney está apto para jugar contra T y T. ¡Hurra!
“El juego ya comenzó y lo más significativo que ha mostrado la transmisión es que nadie le ha avisado a la señora Beckham que la acción está del lado de la pelota.
“Nuestros comentaristas son pésimos. A Yorke le pegó el balón en los güevos. Está rodando por el suelo con sus manos en los calzoncillos agarrándose las bolas, y nuestro comentarista dice: ‘parece que tuvo un golpe en la parte baja del estómago, es un mal lugar para recibir un golpe’. ¿Les prohíben decir huevos en TV?
“El malvado Sven ataca de nuevo. Siempre la misma vieja, cansada táctica… enviar un balón de lejos al área y dejar que Owen y Crouch se las arreglen en una zona infestada de defensas.
“¡Sácalos, pon a Walcott y a Rooney en su lugar y veamos algunos fuegos de artificio, por el amor de Dios! ”Bueno. Ya llegaron los cambios. Lennon y Rooney están cerca de lo que yo sugería, y está funcionando.
“En la primera mitad ellos tenían su área chica retacada de defensas, ya que sabían exactamente cuál era la táctica de Inglaterra… todo el tiempo.
“La capacidad de Rooney para hacer trucos y la velocidad de Lennon provocaron que unos cuantos de sus defensas empezaran a salir, eso al final dejó a Crouch en el uno-a-uno, en vez de que lo asaltaran en masa.
“El segundo gol de Inglaterra es exactamente como ellos deberían jugar, pienso yo. Jugar con las orillas del área como si fuera pinball, ya que tenemos tres, tal vez cuatro jugadores que pueden pegarle con precisión y ritmo desde ese rango.
“Ves a Brasil hacerlo todo el tiempo… la defensa no sabe de dónde va a venir el disparo, y en consecuencia tienen que estar por todos lados.
”Ahh, ganamos. Ahora me encantaría que Sven usara a Walcott en el próximo partido contra Suecia, solo para que el chico muestre lo que puede hacer. Es un brasileño con camiseta inglesa.
“Si jugamos como en el primer tiempo no llegaremos lejos. Si Sven les suelta la rienda, tenemos muy buena oportunidad de avanzar un trecho largo.
”El perro de un ladrón podría manejar a Inglaterra mejor que Sven. Tiene una gran cantidad de jugadores talentosos para escoger, preparadores de primera que los pueden poner en el cenit físico, y luego tiene que dejarlos salir y disfrutar, salvo la defensa, que tiene que coser el área de gol de forma que quede más apretada que el culo de un pato.
”Pancho, creo que este cuarto whiskey (¡escocés, Dios mio!) ha terminado con mis deseos de seguir escribiendo”.

POSDATA del 11 de julio: A partir de este artículo, Lord Ellpus se animó a escribir directamente sus crónicas en el suplemento Crónica Mundialista.

Crónicas Mundialistas: Dos palabras quemantes: Pavel y Nedved (Chequia 3, EU 0)

Dos palabras quemantes: Pavel y Nedved

Publicado el 13 de junio

Debo confesar que padezco de checofilia futbolística. Me encanta ver a la escuadra del viejo Bruckner, con sus caras de malos, su fuerza, su capacidad técnica y táctica, su estilo y su contundencia.
Debo confesar también que, después de algunos años de congratularme porque Estados Unidos se había convertido en un equipo competitivo, desde hace casi exactamente cuatro años deseo que le vaya mal al equipo de las barras y las estrellas. En ello, hay dos personajes que han contribuido de manera destacada: el presumido entrenador Bruce Arena, con su eterna cara de huelepedos y el no menos vanidoso estrellita de la MLS, Landon Donovan, con sus declaraciones de pequeño minuteman futbolístico.
Por eso, el partido entre la República Checa y Estados Unidos tenía un atractivo especial. El duelo entre un trabuco que a veces se autosabotea y un equipo disciplinado, de buenos jugadores escasos de talento, pero con una mentalidad ganadora aparentemente inquebrantable. El duelo, también, entre el futbol que más disfruto y el fut mecanizado con el que Arena y sus asesores pretenden imitar a la Gran Maquinaria Teutona.
Siete horas antes del partido, Lord Ellpus, conocedor inglés del deporte que ellos inventaron, declaró: “Hay dos palabras que quemarán la memoria de cada miembro del equipo estadunidense tras el juego de hoy: Pavel y Nedved”. El lord pronosticó un 3 a 1 bajo la siguiente lógica: “los checos acabarán el juego con dos o tres en la primera mitad, para llevársela suave en el segundo tiempo”. Le falló como por los tres centímetros que separaron el poste de la red en un cañonazo de Claudio Reyna.
Un gol tempranero del gigante Koller abrió a los americanos, que siempre lucharon, que siempre obedecieron a su coach, que mostraron pundonor, pero que se vieron arrollados por una orquesta que conoce la partitura, pero sabe improvisar y que tiene como virtuoso al maestro Pavel Nedved. Dos palabras que queman. Para más inri, Nedved parece, efectivamente, un ejecutante de música clásica.
El marcador refleja justamente lo sucedido en la cancha. Nedved y Rosicky se pasearon a sus anchas por el mediocampo y por las bandas; el primero hizo filigrana y creó muchas jugadas de peligro, el segundo anotó dos goles –uno de ellos de bandera- y estrelló un balón en el larguero. La defensa checa no tuvo mayores problemas, para desesperación del entrenador de EU.
Arena, fiel a su costumbre, criticó a sus jugadores: a Donovan, por no ser agresivo “en lo absoluto”, a Lewis por deshacerse de cualquier manera del balón, a Beasley por “no dar nada”, a Keller por “despejar al medio campo, donde no hay nadie”.
¿Cuántas veces en el partido dispararon los delanteros titulares de EU, Donovan y McBride? No digo a puerta, sino sumándole las desviadas: 0, cero, zip, nada. Cero, 0, zip, nada, es el número de puntos conseguidos por EU jugando en mundiales europeos. Ocho es el número de derrotas. 4, el número de goles anotados; 24 el de goles recibidos. Y se creían con merecimientos de cabeza de serie.
Lo siento mucho por los fanáticos gringos del fut, que quieren ser ciudadanos del mundo en una cultura egocentrista. Merecen mucho más. Pero me da gusto por otros: sufran, Arena y Donovan, revuélquense en el polvo pica-pica de una derrota que los devuelve a su nivel.

Crónicas Mundialistas: Llegar a tiempo a la cita (México 3, Irán 1)

Llegar a tiempo a la cita

Publicado el 12 de junio

Faltan pocos minutos para el inicio del juego entre México e Irán. Los jugadores de ambos equipos están formados para encaminarse al campo. Gonzalo Pineda lanza a su derecha una mirada que quiere ser desafiante, pero que es incapaz de ocultar su nerviosismo. Rafael Márquez tiene la vista al frente: a las escaleras que hay que bajar, y luego subir para llegar a la cita esperada. Se adivina que repasa la estrategia.
En la ceremonia, los mexicanos hacen notar que son diferentes. El saludo colectivo a la bandera cuando se entona el himno nacional es un signo distintivo que va más allá de los epidérmicos como los sombrerotes, los jorongos y, ahora, las máscaras de luchador. Es un signo de comportamiento: de un respeto a los símbolos patrios que raya en la veneración.
Antes de que el árbitro pite, Oswaldo eleva la vista a los cielos y levanta los brazos. Platica unos segundos con su padre. Empieza un juego trabado, en el que se nota un equipo mexicano demasiado excitado, alterado por el torrente de emociones que lo han recorrido en las últimas semanas. Los iraníes parecen asentados, la “conexión alemana” de Karimi y Majdavikia pone rápido en aprietos a la defensa. Poco después un venenoso cabezazo es desviado de manera extraordinaria por Oswaldo. El portero está en el campo.
La atajada es como un parteaguas y, efectivamente, la marea va cambiando y se pinta de verde. Los persas (pero también azeríes, que hay bastantes en Irán) paran constantemente el juego con faltas. Tras una de ellas, Pavel cobra en jugada ensayada, Franco la coloca cerca del segundo palo y ¿quién llega a la cita con el balón? ¡Omar Bravo, el delantero de quien menos se ha hablado a últimas fechas!
Tras un tiro de esquina y un rechace de Sánchez, Golmohammadi se encuentra de repente con el balón en los pies. Lo pone en un lugar inalcanzable, hace honor a las tres primeras letras de su apellido.
Para el segundo tiempo, salen Torrado, exhausto, y Franco –grande en el pase de gol, ausente el resto del partido-; entran Sinha y Luis Pérez, y la escuadra tricolor empieza a parecerse a sí misma. Los de rojo resienten la condición física superior del equipo mexicano, que está picando, haciendo coberturas, asfixiando. Tras la salida obligada de Jared Borgetti y su cambio por Kikín Fonseca, hay todavía más presión sobre Irán, que parece conformarse con el empate.
México no. Hace mucho rato que dejamos el conformismo de las viejas generaciones. Pineda es otro, más incisivo. Márquez –cuya clase brilla por encima de los otros 21- trata de echarse el equipo al hombro. Es una tarea titánica, pero está acompañado. Es cosa de paciencia.
Y es el voluntarismo del Kikín, las ganas perennes de quien juega siempre a todo pulmón, el que inicia el segundo gol mexicano. Fonseca estorba al guardameta iraní, quien hace un despeje descompuesto que su defensa no puede conservar: es de Zinha, y en el hueco, otra vez, al momento exacto de los goleadores Omar Bravo llega puntual con su destino: acompañar al Cabo Valdivia, a Luis García y a Luis Hernández como anotadores de un doblete mundialista.
Falta la cereza en el pastel. El gol más bonito del juego. Zinha inicia una jugada, Méndez la lee a la perfección y el segundo jugador más bajito de todos los que acudieron a Alemania la culmina con un cabezazo certero. Los iraníes se sienten abandonados por Alá, poco a poco van bajando los brazos. La victoria es nuestra.
Al final del partido, las cámaras enfocan, entre la tribuna mexicana, una urna cubierta de un paño con mensajes familiares positivos. Don Felipe Sánchez ha asistido, en sus cenizas y en espíritu, al debut mundialista de su hijo. Él también llegó a su cita en Nuremberg. No sólo en las ceremonias los mexicanos demuestran ser especiales.

lunes, julio 10, 2006

Los italófobos en su derrota


Ahora resulta que Zinedine Zidane, pobrecito, fue provocado por Materazzi.

Desde la cantera, a los niños defensas se les enseña a provocar a los niños delanteros.
Y a los niños delanteros se les enseña a no caer en provocaciones.
En todos lados.

Veo malos perdedores por todas partes. Sobre todo en TV Azteca.
Valdano hizo el ridículo. Hay un campeón del mundo y él dedica sus "valdamientos" (porque ya no son pensamientos) al elogio del crack expulsado por dar un cabezazo totalmente antideportivo. El crack que Valdano llevó al Real Madrid.
Y Menotti todavía sangra por la herida que le causo Italia en 1978, cuando derrotó a Argentina en el Mundial. Imagino que los generalotes de la Junta Militar lo regañaron: "Señor Menotti, aceptamos que usted sea rojo sólo si la albiceleste gana".
Don César, creyendo que los televidentes no tenemos memoria, vuelve a su metáfora del ángel que ronda la cancha y se posa en algún bendito. En Zidane y su cabeza (o cabezota).
Aguirre les dijo que Italia llegaría a la final. Se rieron de él. Con la complacencia de Joserra dos grandes has-beens se burlaron de quien es hoy-hoy-hoy el mejor técnico de España.

El Vasco dijo de Zidane que se portó como niño de 12 años -para indignación de mi hija, y de otros doceañeros-. Claro, a los 13 aprenden las mañas y cómo soportarlas con pundonor.

Durante todo el torneo -bueno, las veces que los vi- se la pasaron burlándose de Italia, por jugar con un solo delantero.
A ratos lo hizo con dos. A ratos con tres. Y en un lapso genial, con cuatro. Así destazó a la máquina teutona.
Francia jugó la final con un solo delantero. Domenech fue tan tímido que, cuando metió a Trezeguet, sacó del campo a Henry. Pero de ese detalle se olvidan.

A los francófilos les pido que vean la repetición del condenado partido, se den cuenta de quien tenía el control del balón (Italia 55%) y quien tuvo más oportunidades reales de gol (no llegaditas pendejas al área rival).

Pueden decir, con todo derecho, que Cannavaro parece un joven Mussolini y que la Azzurra les caga. Lo que no se vale es decir que no merecían ganar la copa del mundo.


Y sí, Cannavaro parece un joven Duce.

martes, julio 04, 2006

Entre la comedia y el drama


Mexicanos en GL. Junio


Mientras el mundial de futbol acaparaba la atención, los peloteros mexicanos en ligas mayores siguen con un año poco prodigioso. En junio, hubo momentos de comedia, como cuando Loaiza manejaba su Ferrari más rápido que una bola de Randy Johnson, pasó la noche en chirona y salió a lanzar mejor que cuando completo. Pero también de drama, cuando el pitcher estrella de Pittsburgh, Oliver Pérez -mal y de malas porque en las raras ocasiones en que salió dominante no obtuvo ayuda de su equipo-, fue degradado a AAA,



Oscar Villarreal. A pesar de que en junio no ganó un solo juego, y en cambio cargò con una derrota; a pesar de que no se quedó con el puesto de cerrador de Atlanta, Oscar Villarreal sigue siendo el pelotero mexicano más destacado en las Grandes Ligas. Durante el mes tuvo 9 apariciones en las que lanzó para 3.46. Actualmente su record es de 7 ganados con 1 perdido y 4.02 de limpias.

Rodrigo López. Dos salidas de calidad, dos ganados, dos perdidos y un juego sin decisión es el saldo de Rodrigo en junio. Nada del otro mundo, pero también la confirmación de que el mexiquense ya revirtió su mal principio de temporada. El de los Orioles, quien lleva 5 ganados, 9 perdidos y 6.32 en carreras limpias.

Dennis Reyes. El gordito de Higuera de Zaragoza tuvo un gran mes. Hizo 11 salidas en junio y sólo en una ocasión permitió carrera. Ahora los Mellizos lo están usando como preparador del cierre. Su marca de 1-0, con un magnífico 1.29 de limpias, habla por sí sola.

Adrián González. El pelotero hecho en Tijuana se consolidó en San Diego, con un mes en el que su bat despertó, conectado 6 cuadrangulares. Batea en la temporada para .279, con 11 jonrones y 31 producidas.

Elmer Dessens. El sonorense ha lanzado muy bien este año, salvo cuando lo ponen en situación de salvamento, porque entonces le tunden. En el mes ganó un juego, perdió dos, salvó otro, echó a perder dos rescates y trapeó limpiamente una respetable cantidad de entradas. Lleva 4-7, con un salvado y mejoró a 4.09 de limpias.

Esteban Loaiza. Tras regresar de la lista de lesionados –y de un infame inicio de temporada- el de Tijuana hizo noticias en cadena. Ganó 3 juegos para los Atléticos de Oakland –uno de ellos, poco después de salir de la cárcel, donde pasó una noche por conducir su Ferrari en estado de ebriedad; el otro, su primer juego completo en dos años-. A cambio, cuando no estaba crudo, perdió dos partidos (uno de ellos porque se tardaron un mundo en sacarlo). Su marca actual es de 3-5, con 6.39 de limpias (la quinta derrota corresponde al mes de julio).

Jorge Cantú. El tamaulipeco regresó al line-up de Tampa Bay, tras más de un mes en la lista de lesionados, y ha respondido al bat y con el guante, sin alcanzar los niveles quemantes que se esperaban: 3 cuadrangulares, 15 producidas y .281 desde su regreso, para un total en la temporada de .286, 4 jonrones y 26 impulsadas.

David Cortés. El de Mexicali vio poca acción en junio, y salvo en una ocasión en que Florida lo molió a palos, colgó los ceros requeridos. Terminó el mes con 3-0, y 3.46 de limpias, pero inició julio con una derrota.

Vinicio Castilla. Tras un mayo cercano al desastre, el veterano oaxaqueño mejoró al bat en el cálido junio, ayudado por unos cuantos días de descanso que le concedieron los Padres. Con el guante sigue siendo una garantía. Batea para un modesto .238, con 4 palos de vuelta entera y 23 producidas.

Alfredo Amézaga. Pasó buena parte del mes como jardinero central de los Marlines de Florida, luego pasó a la segunda base. El utility está en la mejor temporada de su no muy brillante carrera ligamayorista, con .240 de bateo, dos jonrones, 10 remolcadas y muy buenas 6 colchonetas robadas.

Oliver Pérez. Para Oliver el drama no termina. En junio acumuló 5 victorias seguidas. En tres ocasiones le llovió leña, pero en las otras dos perdió duelos de pitcheo. Sigue teniendo problemas enormes con el control (que es un asunto más de la cabeza que del brazo) y con los cuadrangulares recibidos. Cuando su marca llegó a 2-10, los Piratas decidieron bajarlo a AAA. Con Toledo ya ganó un juego. La rehabilitación de Oliver, un grandísimo prospecto, es algo que deseamos con fervor.

Juan Castro. El discreto infielder de Minnesota, fiel a su costumbre, perdió la titularidad a mitad de temporada. Comparte el puesto y entra a menudo de emergente o para trabajo defensivo. Batea .236, con 2 vuelacercas, 17 producidas y un robo.

Edgar González. El pitcher ganador del duelo histórico contra EU en el Clásico Mundial fue finalmente subido al roster de Arizona. Ha iniciado dos partidos y los ha perdido ambos. Pero el segundo fue una salida de calidad.

Jorge de la Rosa. Tras participar con relevista intermedio, el regiomontano abrió dos juegos para los Cerveceros este junio. Perdió el primero y en el segundo tuvo que salir por ampollas en los dedos. Se encuentra en la lista de lesionados. Su récord: 2-2, con 8.60 de limpias.

Humberto Cota. Sigue de backup en la receptoría de Pittsburgh, jugando los sábados –que suele ser el día de descanso del titular- sin mayor lustre. Al bat, lleva .227 con 4 producidas.

Miguel Ojeda y Oscar Robles siguen esperando que los llamen de AAA, y Ricardo Rincón que su hombro termine de sanar.